jueves, 1 de octubre de 2020

LOS ANGUITA DE FUENTE ÁLAMO



             En el padrón de 1801 confeccionado para la cortijada Ortichuela y su campo,  en concreto en el Partío de la Viñuela[1], se  inscribe a  Juan de Anguita en Los Retamales (pienso que puede hacer referencia a la zona de Fuente Álamo de El Ruedo,  en la parte baja de la aldea, dirección al Barranco Muriano), junto con su hijo Francisco de 11 años de edad. Sin que esté totalmente contrastado, Francisco de Anguita (1790), casado con Feliciana Aguilera pudo ser ese hijo de Juan de Anguita y el padre de Antonio Anguita Aguilera. No tenemos constancia  de la presencia por primera vez de los  Anguita en Fuente Álamo (como partido de campo ya constituido), pero es cierto que las partidas de nacimiento consultadas de 1888 de Antonio Anguita Aguilera y Ana López Carrillo, dicen que eran vecinos de las Grajeras. En 1874 su hija María Mercedes ya vive en Fuente Álamo. Sin embargo, en el Padrón de 1878 de Fuente Álamo, se recoge a Antonio Anguita Aguilera, 48 años, pegujalero, casado con Ana López Carrillo, 47años, con sus hijos: Clotilde, 15, Eugenio, 14, Leocadio, 7 y Enriqueta, 6, ya inscritos en Fuente Álamo. Aún así, hay que tener en cuenta que desde 1837 no se conservan padrones hasta este año de 1878, por lo que no podemos constatar el asentamiento inicial o si por el contrario siempre han estado viviendo en Fuente Álamo, aunque su origen pueda ser grajereño. Lo que sí está contrastado es  que Ana López Carrillo era fuentealameña tanto por línea paterna como materna.


Entre Antonio Anguita Aguilera, hijo de Francisco y Feliciana  y Ana López Carrillo, hija de Antonio José y María, (fuentealameños en el padrón de 1825),  formaron la saga de los Anguita-López en Fuente Álamo: María Mercedes 1854, Juana 1856, Clotilde 1863, Antonio Eugenio 1865, Francisco  1870, Leocadio  1871 y Enriqueta 1872. Pero sería María Mercedes, Juana, y Antonio Eugenio los que dejaron su estirpe durante más de dos siglos en Fuente Álamo, estirpe que aún perdura. Clotilde se casaría con Francisco Carrillo Padilla  y se instalarían en las Caserías. Leocadio era soltero y tenía como deficiencia una sordomudez, fue tristemente asesinado en la Guerra Civil por el bando republicano en 1937. En el padrón de 1910 reaparece inscrito (digo reaparece porque en los padrones anteriores no se recoge)  Francisco Anguita López casado con Serafina Pérez, con su hijo Adrian de 5 años.

Ha sido una familia que ha tenido gran influencia en la política y en la vida social de Fuente Álamo; ya el patriarca Antonio Anguita Aguilera (1830)  fue alcalde liberal, al menos que tengamos constancia, entre 1881 y 1883.  Así mismo dos de sus yernos: Cándido Aguilera López (1854) casado con Juana Anguita (1856) también fue  alcalde liberal 1886 y 1887 y  Juan Pedro Castillo Galán (1845), casado con María Mercedes Anguita, en 1897 fue también alcalde.

Su nieto Matías Cesáreo Aguilera Anguita,  nacido el 25 de febrero de 1892, hijo de Juana Anguita, fue alcalde un poco tiempo desde la finalización de la Guerra Civil en abril de 1939, por lo que se puede considerar como el primer alcalde del Régimen. Falleció el día 6 de febrero de 1978 en plenos albores de la democracia. Otro nieto, hijo de Clotilde, Juan Carrillo Anguita (9/05/1891), alias “Reberte”, casado con Piedad López Martín, fue Alcalde de la Ribera Baja desde febrero de 1936 hasta abril de 1939 y Presidente del Comité del Frente Popular. También sus biznietos,  Francisco Ibáñez Castillo, (1898) hijo de Antonia Castillo Anguita fue alcalde;  Vicente Aguilera Castillo, nacido el 14 de agosto de 1900, hijo de Segunda Castillo Anguita, ejerció el cargo de Alcalde pedáneo durante dos periodos, el primero desde 1932 hasta 1934, -pienso que el periodo exacto pudo ser desde abril de 1931 hasta noviembre de 1933; y el segundo, desde las Elecciones Generales del 25 de febrero de 1936, (en las que fue Interventor del PSOE), hasta la terminación de la Guerra Civil en abril de 1939; más recientemente su también  biznieto Pedro Pareja Anguita (1934) se presentaría por el Partido Socialista Obrero Español en las primeras elecciones municipales de la democracia en el año 1979, resultando elegido como uno de los representantes de las aldeas, y convirtiéndose en el único concejal originario de Fuente Álamo que ha ejercido en la Corporación de Alcalá la Real. Su tataranieto Manuel Jiménez Aguilera ha sido el último pedáneo que ha tenido la aldea. Incluso generaciones posteriores caso de Sergio Palomino Miranda ha sido recientemente candidato a la Pedanía.


 Tal y como aparece representado en un mapa de época, entre las propiedades que eran de la familia y donde tenían la casa familiar, eran el Ruedo, parte baja de la aldea, en concreto la casa de Luis Montes, quien se la compró a  Crescencio Aguilera Anguita y Francisco Carrillo Anguita (hijo de Clotilde Anguita) el 15 de junio de 1940 y el 9 de octubre de 1940, según escrituras facilitadas por la familia Montes. A día de hoy parte de la zona siguen en manos de descendientes de 5 ó 6 generación.

Son muchas las historias de cada una de las familias, pero una de las más trágicas fue la muerte de Dionisio Aguilera Anguita (1896) casado con Mercedes Vico Ruiz, (1898). Hijos: Matías  1915, Gregorio 1917,  (soldado, falleció en la Guerra Civil),  Francisco 1919, José  1920, Ventura, 1923,  otra Leocadia, Leocadia, 1926. Dionisio murió cuando nació su hija Leocadia (Rubia) en 1926. Ocurrió cuando fue a invitar a su cuñado al bautizo, y  se ahogó en el  Río Guadalcotón.  Aquel día  cayó una tormenta muy grande, llevaba una burra que no podía o no quería pasar y al tirar  con el caballo, la burra lo arrastró y se los llevó el río. Es curioso que poco  antes había nacido otra niña  a la que le pusieron Leocadia y que murió; al nacer la siguiente, le volvieron a poner el mismo nombre, según nos cuenta su nieto José, con los mismos papeles. Creo que el nombre de la niña le vino heredado de su tío Leocadio Anguita, quien como hemos dicho también, su muerte fue trágica e injusta, tal y como fue relatada en otra entrada de este blog. Por otra parte, es curioso que Dionisio aparezca inscrito en el Registro Civil doblemente en 1890 y en 1895.

Otro de los miembros que siempre permaneció en Fuente Álamo fue Antonio Anguita Ibáñez, si bien contrajo matrimonio con la valdegranadina Expectación Montañez Carrillo. También sus hermanas Ana y Clotilde Nieves que casaron con los hermanos Pareja Vega: Pedro y Juan. Por parte de María Mercedes Anguita sus tres hijos: Antonia, Isacio y Segunda dejaron y aún perdura, una de las sagas más proliferas.


Actualmente en la aldea como hemos dicho siguen viviendo muchos de sus descendientes, pero sería demasiado largo nombrarlos a todos. El apellido en sí, solo lo siguen conservando los hijos de Antonio Anguita Montañez: Antonia y Francisco y la hija de Justa Anguita: Feliciana.



[1] Padrones del Siglo XIX de Francisco Toro Ceballos-Isabel y Carmen Toro Muñiz. Fuente Álamo no existía con entidad propia. Agradecer nuevamente a Francisco Toro su colaboración.

lunes, 14 de septiembre de 2020

VACACIONES DEL COVID-19. VERANO-20

   Hoy por fin se me acaban las “vacaciones” del Covid; diferentes y adaptadas a la nueva situación. Tengo el triste récord de no haber visitado ningún bar de copas (ni el de Fuente Álamo, que ya es decir), y menos aún los restaurantes. Tengo el triste récord de no haber hecho ningún viaje a otros lugares. Tengo el récord de no haber visitado a familiares y amigos del pueblo, aunque he tenido que romperlo en lo estrictamente necesario para ver a mi madre y hermanos, y para hacer las faenas necesarias en el campo (varetas, suelos…).  Me hubiese gustado acompañar a mis paisanos en la actuación de Mélody Lorca el 26 de agosto; de haber estado el sábado 12 de septiembre en la reinauguración del bar en el Centro Social, bajo la nueva dirección de José González. Me hubiese gustado acompañar a mis amigos Juan José, Mari Carmen y Elena en la despedida de su padre José Carrillo Jiménez; de mi pariente Juan en la despedida de su madre Guadalupe Jiménez Funes; así como  de nuestro querido Marcelo Bermúdez, cuya  noticia nos dejó a todos con ese frío en la piel y sin poder haber abrazado a Paqui, a sus hijos y hermanos.


Pero no todo ha sido negativo, aunque sí condicionado por el virus. Mi vínculo con Almería, me ha permitido expandirme unos días, buscar “zonas libres” de virus y pasear por la playa con mascarilla. He podido, aunque con mascarilla también, pasear en bicicleta, y volver enmascarillado a la Alcazaba de Almería, siguiendo la ruta marcada.

He visto procesional a San Antonio de Padua por las calles de Fuente Álamo, a quien le hemos pedido, lo que ya todos sabéis y he podido contemplar en silencio y nocturnidad a Fuente Álamo desde el Barranco Muriano.   

 He seguido trabajando en las publicaciones sobre Fuente Álamo, preparando nuevas entregas.

             He  mandado algún relato corto a concursos locales, sobre el consabido tema, teniendo como referencia a nuestra aldea.

 He rebuscado entre libros polvorientos en los archivos del Registro Civil de Alcalá la Real y aquí sí que agradezco el haber hecho doble uso de la mascarilla. Esta investigación ha sido muy laboriosa, pero a la vez ha muy gratificante y pronto todos o casi todos los fuentealameños podréis saber quien eran vuestros antepasados de hace más de dos siglos. Os llevaréis verdaderas sorpresas, pues comprobareis la red que teje los vínculos familiares y como muchos de nosotros tenemos lazos de sangre, sin que lo supiéramos. Pero eso lo dejo para otra ocasión y siempre esperando vuestra colaboración con aportación de fotografías y documentación. Haceros saber que este trabajo solo tendrá fruto si estáis interesados en ello y previa petición, que podrá hacerse en el lugar reservado para comentarios en el blog o privadamente por whatsapp, messenger o bien esperar a su publicación en papel,  cada uno de vosotros podréis conocer a sus antepasados de más de 200 años atrás, solo hace falta tener la suficiente curiosidad y el querer encontrarse consigo mismo.  

martes, 1 de septiembre de 2020

LA PILA BAUTISMAL DE LA IGLESIA DE SAN ANTONIO DE PADUA DE FUENTE ÁLAMO.

 


A mediados del pasado mes de agosto, dos jóvenes accedieron con llave a la Iglesia de San Antonio de Padua de Fuente Álamo y se llevaron, según ellos,  y por orden del Párroco de la Iglesia del Salvador de Alcalá la Real, la pila bautismal.

Se desconoce su destino y, claro está, la Iglesia dispone de sus propiedades y las utiliza a su propio interés, según las necesidades requeridas. Quizás solo haya sido un traslado provisional o una simple restauración. También podrían haber decidido retirarla por motivos de Covid-19, pues solo se recomienda el Bautismo en caso de emergencia o amenazas de muerte. Pero en este caso, tampoco sería de mucha utilidad en su nuevo destino.


 También es cierto que en los últimos años ha tenido escaso servicio debido a que los bautismos no se han oficiado en la aldea, al no existir apenas natalidad,  pero, no menos cierto es que al ser una donación de la Hermandad, debería haberse consultado o informado a dicha asociación religiosa sobre el destino o el objeto de su traslado. Por desgracia, no todos  los enseres, mobiliario, utensilios de culto, cuadros de imágenes… están teniendo un uso o visita frecuente, pero no por ello se debe “desmantelar” la Iglesia de Fuente Álamo, pues todo forma parte de un conjunto histórico artístico que debemos preservar, tanto como  su simbología de culto religioso y sagrado. Esa pila representa para muchos fuentealamoños/as, su primer contacto con el Cristianismo, forma parte de una tradición, y es un símbolo para nuestra comunidad religiosa. Por eso debe estar y permanecer por los siglos de los siglos en su lugar de origen.  Y si nadie lo remedia, tendremos que volver al barreño de toda la vida, como el de la foto.


Los bautizos eran el primer acto religioso de bienvenida y presentación en familia de los niños recién nacidos. Una vez finalizado el acto sacramental, los niños esperaban en la explanada de la iglesia y con la palabra “roña, roña, roña…”, solicitaban reiteradamente a los padrinos que echasen caramelos o monedas y no que fuesen tan roñosos. Después se  hacían reuniones familiares celebradas en la casa, donde los protagonistas aún seguían siendo los padres y en menor medida los padrinos, que solían ser los hermanos mayores de los padres o los abuelos.

 El nombre habitual y más usado a lo largo de la historia con el que fueron nominados en la pila bautismal de la Iglesia de San Antonio de Padua de Fuente Álamo, ha sido el de Antonio y Antonia. Para distinguir los Antonio es necesario utilizar el pseudónimo o apodo. Sin embargo el nombre de la patrona “Rosario” se ha usado en pocas ocasiones.


En el siglo XIX: Padrón  1825: Antonio/a 45, José/fa, 36, Francisco/a 20, Juan, 28,  María 61. Padrón  1878: Antonio/a 39, José/fa 38, Francisco/a 29, Juan/a, 21,  María 18

En el siglo XX: Padrón  1909: Antonio/a 34, José/fa 42, Francisco/a 16, Juan/a, 27,  María 40. Padrón  1924: Antonio/a 56, José/fa 48, Francisco/a 35, Juan/a, 37,  María 30. Padrón  1931: Antonio/a 62, José/fa 59, Francisco/a 30, Juan/a, 43,  María 43.

En un corte poblacional del censo de 1993, de 249 censados mayores de 18 años, encontramos 26 Antonio/a, seguido de 23 Francisco/a.

En tiempos más recientes, los nombres “raros”, extranjeros o de telenovelas se han ido apropiando de la aldea al igual que de otros lugares de España, siguiendo los cambios normativos. Lejos quedaron los nombre de primeros de  SXX recogidos en el censo de 1909: Remigio, Longino, Serafina, Casimiro, Tiburcia, Venancio, Ciriaco, Modesto, Sandalio, Gabino, Hermógenes, Leona, Leocadio, Leonardo, Pancracio, Aquilino, Benigno, Matiana, Eustaquio, Dámasa, Agapita, Misericordia, Bernarda, Librado…  





sábado, 15 de agosto de 2020

II. NIÑOS DE FUENTE ÁLAMO DE LOS AÑOS 60 Y 70. SUS JUEGOS.

   

Foto: Jesús Aguilera-1966

      Tanto en la entrada  anterior https://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com/2020/08/ninos-de-fuente-alamo-en-los-anos-60-y.html como en esta continuación, reflejamos algunos de los juegos y diversiones practicados en Fuente Álamo con la intención de conocer mejor a los niños de mediados de los  60 hasta mediados de los 70. El hecho de que no se mencionen mucho las distracciones y juegos de las niñas en la época reflejada, es debido a que con edades más tempranas que los niños se hacían verdaderas mujeres, y sus juegos estaban pensados en los costureros, en el punto de cruz o bordado y en faenas propias de la casa. Que las niñas jugaran en la calle estaba mal visto en aquella época; la igualdad, como muchas otras cosas de esos tiempos, era impensable.

            Durante los calurosos veranos de mediados los años sesenta, una de las distracciones o la diversión principal de los niños fuentealameños, consistía en localizar alguna alberca o visitar el arroyo del Salado, que por entonces hasta llevaba peces, pero ahora casi ni agua para darse un buen chapuzón. Caminaban dirección Las Amoladeras abajo, descamisados, buscando refrescarse en un lugar sin prohibiciones, pues estaba prohibido bañarse en los estanques del Ruedo, en la alberca de la Sagradera, en el estanque de Ardales y en todos los lugares que pudiera suponer un peligro de ahogamiento o corte de digestión. Era una época en que la mayoría de los niños, no sabíamos nadar y teníamos que aprender en albercas o pequeños estantes a medio llenar, como era el estanque de Sinforiano en el Llano, el de Santiago en el Barranco Muriano o la piscinilla de Marcelino. Si te arriesgabas a bañarte en algún estanque prohibido, como el del Ruedo, y tenías la mala suerte de que te cogía el guarda Juan Aguilera “Gazpacho”, te crujía el hato, aunque en este caso no había hato, pues estabas desnudo, hasta que conseguías engancharte al borde y salir corriendo, con o sin ropa. Esto se lo pueden preguntar a Quisco Pérez “Cantares” y a algún que otro más. Tiempo después, solamente podías ir a bañarte con los hijos del alcalde José Pedro, que era el encargado. Por cierto, qué fría estaba el agua del estanque del Ruedo.  En otra ocasión, ya en el mes de junio de 1970, aprovechamos incluso el recreo de la escuela, para ir a darnos un chapuzón en la alberquilla de la Sangradera, que guardaba Feliciano Carrillo, quien al percatarse de que cuatro o cinco niños estábamos allí zambullidos, cogió nuestras ropas, y tuvimos que identificarnos uno a uno a cambio de poder recuperarlas, llevando la lista de bañistas a la maestra Doña Toñi, quien nos impuso el consiguiente castigo, aquel de las manos en cruz. ¿Os acordáis, José, Pedri…?

La confección de tirachinas, arcos de fechas y hondas era manual, personal y transmitida de generación en generación. Así, casi todos los niños en Fuente Álamo, teníamos nuestro propio tirachinas, elaborado con materiales reciclados, como era las gomas de las recámaras de las bicicletas, el cuero de los zapatos rotos, la guita de atar las morcillas y una vareta de olivo en forma de horquilla simétrica. El arco de la fecha era una vara de olivo o almendro que se doblaba hasta darle forma arqueada, tensada con una cuerda de los capachos del molino, que se ataba a cada extremo, siendo las fechas unas varetillas de olivo terminadas en punta o algún carrizo al que se le acoplaba una punta metálica. La honda se hacía de pleita de esparto, con doble cordón cosido en el centro y con una obertura en uno de los extremos para meter la mano. Cada vez que la girábamos para tirar una piedra, pensábamos cómo pudo David derribar a Goliat, con aquel juguete.

Bicicleta de José Luis Montes

Con estas “armas” realizábamos otra de las distracciones del verano, como era la de buscar nidos de tórtola entre los extensos olivares. Si se daba caza a la madre, la crianza de los tórtolos se continuaba en la casa, aunque siempre se dijo que traía mala suerte, pero era sólo para los supersticiosos. También se correteaba a los perdigones, con o sin recompensa. Eran épocas en las que la protección de la naturaleza no era tan necesaria, y la caza era algo natural; todavía no habían llegados a los campos de Fuente Álamo los insecticidas, plaguicidas, herbicidas, etc., y todos los niños tenían de 30 a 40 trampas, llamadas “costillas” en lugares donde los zorzales y demás pájaros insectívoros pudieran ver el cebo y caer atrapados entre alambres. Esta caza se realizaba en los otoños, cuando regresaban los zorzales y comenzaba a madurar la aceituna  y fundamentalmente durante los fines de semana o los días sin escuela. Así se iban colocando las trampas en hileras salteadas de olivos, en lugares de monte donde habían escarbado los zorzales buscando insectos, en árboles frutales o en agüeros, pero casi siempre en un lugar donde se pudieran vigilar, pues, si bien en aquellas épocas no estaba prohibido por las leyes, si era fácil que otros niños, no sólo se llevasen la presa, sino también la trampa.

Cuando nos llevaban de excursión en la escuela a los Baños de Ardales, con el maestro Don Leovigildo, nos enseñaba (o nos hacía aprender) durante el trayecto, canciones propias de la época franquista, así en 1.969, cantábamos aquello de: “En pie camarada, siempre adelante…” pero las canciones populares las guardaremos para otra ocasión.

No siempre se jugaba, sino que a veces las diferencias por los juegos se convertían en peleas, así a primeros de los años  setenta, las peleas entre barrios se generalizaron sobre todo entre los niños de las aldeas y de los cortijos, con quienes siempre existieron diferencias por aquello de sentirse superiores. En cierta ocasión se libró una batalla a pedradas entre el Cerro y la Fuente, o lo que es lo mismo, entre los partidarios de “Gorillo” y los de Jesús; eso sí, no hubo ningún herido.

A primeros de los años 70, las bicicletas BH fueron sustituyendo a las antiguas Orbea que eran de ruedas más grandes y de las que ya quedaban pocas y la mayoría sin frenos, las varillas metálicas estropeadas, los guardabarros perdidos y la suela del zapato de freno, hasta el punto de que a veces llegaba la cubierta de la bicicleta hasta la planta del pie, que se ponía ardiendo. La primera BH en llegar a Fuente Álamo fue un regalo a Pepe Luis Montes de su abuelo, quien fue a mercarla a Alcalá. La bici de Paco Arenas era plegable y de piñones fijos, y vino de la Costa Brava, le siguieron la roja de Benito y la azul de José Antonio. La mía era naranja y me la compraron ya en 1974, creo que por unas 4.500 pesetas, le siguieron otras, hasta casi una veintena. Eran bicicletas con una dinamo que producía luz delantera y trasera, frenos de cable, guardabarros y portabultos, con manillar en forma de “U”. A veces, se prestaban para dar paseos a cambio de onzas de chocolate.

Después de la lluvia, cuando las calles estaban embarradas, se jugaba al clavo, que consistía en marcar sobre el barro unos recuadros dobles, especie de rayuela, e ir lanzándolo por turnos, desde una línea inicial, para intentar clavarlo en las diferentes casillas. Según lo lejano que estuviese, la dificultad era mayor y  ganaba quien primero hiciere el recorrido.

La tita era un trocillo de ladrillo o de azulejo triangular, que se colocaba a cierta distancia, junto con los “registros” o “cartones” recortados de cajetillas de cerillas. El juego consistía en derribarla y lanzarla lo más lejos posible con una tejuleta o con una plancha de hierro que cada jugador había preparado, llevándose los “registros” el jugador que pusiera el tejo más cerca de ellos sin que la tita estuviese por medio. Este juego era muy similar a la petanca, pues se podía alejar el tejo del contrario con un golpe del tejo de otro jugador.

Los juegos de pelota no estaban en la mente de los niños fuentealameños, ni a su alcance hasta ya entrados los años setenta, y aparte del fútbol que ya trataremos en otro apartado, se limitaban al “juego de matar” o “el quemado”, que era un ritual habitual sobre todo los Viernes Santos, los equipos  ya eran mixtos, y los niños se mezclaban con las niñas.

sábado, 8 de agosto de 2020

NIÑOS DE FUENTE ÁLAMO EN LOS AÑOS 60 Y 70. SUS JUEGOS

Foto: Jesús Aguilera

Intentaremos conocer, fundamentalmente a través de sus juegos, cómo eran los niños y niñas fuentealameños en las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado. Anteriormente a estas décadas e incluso en ellas, no existieron niños, sino que nacieron ya hombres. En todo caso, los juegos y las diversiones propios de los niños quedaban para los “ratos libres” que pudieran dejarles las faenas de la casa o del campo. La escuela era algo secundario, las tareas escolares no existían, y solamente podían estudiar los hijos de las  familias “más acomodadas”, dígase los González, los Ramírez, los Ruiz, etc., salvo que algún niño de las familias pobres destacase e iniciase los estudios de teología, que eran sufragados por la familia Serrano-Sierra, y que evidentemente algunos con el tiempo abandonarían. Antes de los años sesenta, incluso a primeros de estos, la mayoría de  los niños y niñas servían en las casas o cortijos de familias más pudientes: trabajaban en sus campos, se dedicaban a cuidar de hermanos menores, a carear los mulos, las cabras, los cochinos o los pavos... Se trataba de un trabajo remunerado por la comida, a la vez que les servía de distracción y, en algún caso que otro, de diversión. Se entretenían luchando para ver quién era el más valiente, quien tenía el mulo más veloz, la cabra que mejor trompaba y ganaba a las otras, el perro más valiente para las peleas, etc.  El tener una pequeña navaja o trinchete en el bolsillo, suponía tanto disponer de un utensilio como de un juguete. Era una situación propia de la posguerra aquella que para engancharse, no había que tener otro motivo que el pintar dos rayas en el suelo representando al padre de cada uno; el ser más atrevido y pisar la raya del otro, ya era motivo suficiente para liar la pelea. 

En los años sesenta había que diferenciar muy mucho los juegos de los niños y de las niñas, sobre todo porque no se podía participar en los juegos de ellas, de lo contrario te podían tildar de “mariquita” o cosas así, y si eran  las niñas las que se mezclaban en los juegos de los niños, las calificaban de “marimandona”.

Las niñas jugaban en grupos de 3 ó 4 a la rayuela, que se pintaba con tiza en el pequeño patio de entrada a la escuela, a la comba, a la cinta elástica, a los cromos o en algunos casos a las muñecas, aunque menos, porque no se tenían, a menos que vistiesen un palo con cuatro trapos. Alguna afortunada como Paqui Malagón, con mucho sacrificio de sus padres, pudo disfrutar a los 10 años de una muñeca de cartón, que aún conserva después de más de 50 años. El juego favorito de las niñas era saltar a la comba con la soga de esparto que servía para  cinchar los mulos, a la vez que cantaban canciones populares.

Foto: Paqui Malagón

Los niños se agrupaban en pandillas, con un cabecilla al frente, y se formaban por barrios: Cerro, Piquera, Fuente, Cortijos…, A veces necesitaban asociarse para poder jugar a juegos colectivos, eran grupos de 5, 6 o más niños. Cada grupo jugaba al juego elegido entre todos y el hecho de que se cambiase de juego dependía del cansancio o el gusto de los perdedores.

La conducción de aros de llanta de bicicletas, guiados por un gancho de alambre o por una vareta de olivo, el clavo, el trompo, la tita, los cartones o registros, el escondite, policías y ladrones, la lata, el lápiz corrido, el burro mondado, etc.  y sobre todo los pistoleros, intentando imitar a los héroes valientes americanos de las series que se emitían por la tele, como Bonanza, Cimarrón, Daniel Boone y demás Western, formaban un amplio elenco donde elegir.

Foto: Jesús Aguilera

 Las ganas de emular a los héroes americanos nos llevó a tener un día a la feliz y fugaz idea, (aunque no sé de quién fue), de asaltar la tienda de juguetes que Antonio Anguita “Braguetas” tenía en la casa que actualmente es de Mariana. Entramos por la piquerilla que tenía por el cerro, de tal suerte que mientras yo vigilaba sentado en la puertecilla de entrada, los niños mayores daban el atraco llevándose pistolas y espadas de pasta o plástico duro, sombreros de pistoleros y de soldados de plástico. El disfrute fue corto, apenas unas horas, pues la operación estuvo siendo vigilada en todo momento por Bonifacia Escribano, la vecina de arriba, quien dio la voz de alerta y fuimos identificados uno a uno, teniendo que deponer las armas y entregarnos al propietario de las mismas como viles delincuentes y con el consiguiente castigo paterno. ¿Te acuerdas, Jesús Aguilera?

Foto: Jesús Aguilera

La falta de juguetes hacía que el ingenio trabajase y se construyesen carretillas con dos palos, cuatro tablas que se unían a los dos palos, un clavo o cualquier barra metálica que servía de eje y una rueda de hierro, incluso las dentadas de un trillo. Se hacían tómbolas formadas con un trozo de viga colocada verticalmente, un clavo que sujetaba una ruleta de cartón dividido en varias porciones pintadas con diversos colores y un alambre fijo. Se hacían instrumentos musicales como una batería o tambor, con dos cajas de cartón, dos latas de aceite de motor y unas tapaderas de cocina metálicas. Las guitarras se hacían con una tabla, cuatro puntillas y cuatro hilos de plástico, y a cantar aquello de “Porque no engraso los ejes me llaman abandonao…”

Nuestros columpios eran una soga atada por sus dos extremos a una rama fuerte de una higuera,  olivo, tablón o viga con un punto de apoyo elevado en el centro, así era nuestro balancín; el novamás de nuestro ingenio y las ganas de diversión, nos llevó a doblar unos álamos en el barranco de la Erilla, para ello hubo que atar una soga a la copa del álamo y tirar hasta que doblegase poco a poco sin partirse, de forma que la comba que se produjo en ellos, hizo que con nuestro peso, subiesen y bajasen como el  mejor columpio de la feria de Alcalá la Real.

Foto: Nuría Cervera

También había juegos que se practicaban en los trancos de las puertas de las casas y en la tierra de las calles, como era jugar con pequeños muñecos pistoleros o camiones de plástico, donde las carreteras se hacían sobre la tierra empolvada de la calle. Recuerdo que mi hermano “encontró” debajo de olivo un camión de plástico con bombonas de butano, con el que pude jugar unos minutos. Me lo dio al terminar la jornada de aceitunas sobre las cinco y media y a las siete, estaban los dueños en mi casa para recogerlo, pues adivinaron quien pudo tener tal suerte, al ser Los Cierzos, el lugar de paso y donde se encontraban recogiendo aceitunas. El camión resultó ser de Manolín, un primo de Enrique Zuheros.

            Durante los calurosos veranos de mediados los años sesenta,...CONTINUARÁ.. 

sábado, 1 de agosto de 2020

LOS CASTILLO DE FUENTE ÁLAMO

El apellido Castillo está muy extendido en toda la zona de Alcalá la Real y, casualmente, en el Castillo de Locubín, desde donde proviene una de las ramas de los Castillo de Fuente Álamo: los Castillo-Padilla. Hemos intentado establecer las líneas sucesorias de los Castillo de Fuente Álamo siguiendo los padrones municipales que se conservan, pero debido a que existen vacíos al haber transcurrido, en alguno de los casos, más de 30 años entre la confección de un padrón y otro, no hemos conseguido enlazar todas las ramas, por lo que no sabemos si pudieran venir del mismo tronco. La consulta en Archivos Parroquiales o en el Registro Civil es demasiado laboriosa, quedando la puerta abierta para continuar hasta completarla con el tiempo.
Las diferentes ramas se han ido extendiendo a lo largo de los siglos hasta nuestros días. En cuanto a la denominada “línea fuentealameña”,  tenemos constancia de su existencia desde antes de que se formara el partido de campo de Fuente Álamo, pero dentro de su territorio. Así encontramos que en el padrón de 1753[1] elaborado para el partido de campo de la Rábita, aparece inscrito Juan Castillo Valverde de  40 años, por tanto debió nacer en el año 1713. Fue  labrador del Cortijo del Coscojal y las Caserías, casado con Juana Ureña, con  3 hijos y 3 hijas. Así mismo en el padrón de 1767, aparece también inscrito Juan Castillo Valverde, ya con 55 años,  casado y con sus  hijos varones: Blas, 20 años, Juan, 15 años, Antonio 14 años, Nicolás 10 años y Miguel 6 años.  Posee  4 yuntas y  tierras arrendadas. En el padrón de  1801 aparece inscrito su hijo, Miguel Castillo en el cortijo del Coscojar con sus dos hijos varones: Nicolás de 12 años e  Ylario de 6 años. También aparece inscrito otro de los hijos de Juan, llamado Nicolás (1757) con sus hijos: Juan, 20, Luis, 9, Diego 7, Antonio, 5.
A partir del padrón de 1825 hemos seguido la línea sucesoria de los Castillo que llega hasta nuestros días con Juan Castillo (hijo de Nicolás), casado con Antonia Romero. En dicho padrón es el apellido más renombrado, con 14 Castillos:
 -Vicente Cano y María Mercedes Castillo, h, José, 2.[2]
-Juan Díaz con Antonia Castillo, h, Clara, María y Juan, un año.
-Juan Gallardo con Florencia Castillo[3], h, Manuel, 13, María, Juan, 8, Joaquina y Antonia.
-José López con María Castillo (es Carrillo), h, Juan, 17, María, María Mercedes e Isabel.
-Juan Castillo y María Mesa, sin hijos.
-Miguel Castillo y María Viana, h, Cecilia, Manuela y Juan, 20.[4]
-Nicolás Castillo, 32, soltero.[5]
-Juan Castillo con Antonia (es Romero) de Abril, h, Gregoria, Francisco, 12, Antonio, 10, María, Pedro, 6 y José, 2.[6]
 Esquema del árbol sucesorio a partir de Juan Castillo y Antonia Romero, que llega hasta nuestros días. 
-Juan de Mesa con María Castillo, h, María, Gregorio, 20, María Cecilia, Feliciana, Antonia, Josefa, Isidra, Francisca e Ignacio, 2.[7]
-Antonio Bermúdez con Teresa Castillo, sin hijos.[8]
-Nicolás Castillo con María Romero, sin hijos.[9]
-Diego Castillo con Antonia Moyano, h, María, Juliana, Antonia y Juan, un año.[10]
-Antonio Castillo con Isabel Galán, h, Antonio, 9, Bicenta, Vicente, 6, María y Francisco, un año.[11]
-José Lizana con Clara Castillo, sin hijos.

Durante estos tres siglos ha habido varios miembros de la familia que han ocupado el  cargo de Alcalde Pedáneo de Fuente Álamo: Juan Pedro Castillo Galán, Francisco Ibáñez Castillo, Vicente Aguilera Castillo, Manuel Jiménez Aguilera, o el caso, Antonio Alba Muñoz, casado con María Mercedes Castillo. Otros prestaron servicios en la Guardia Civil: Hilario Castillo Pérez, quien las circunstancias también le obligaron a alistarse en la División Azul. Otros miembros de la familia Ibáñez Castillo también prestaron sus servicios en la benemérita.
El único hijo Antonio Alba Castillo llamado Francisco Alba Serrano (1906) fue víctima de la Guerra Civil.
El 10 de febrero de 1965, Leoncio Castillo Martín participa como  socio fundador de la Cooperativa Metalúrgica San José Artesano en Alcalá la Real.
A pesar de la escasa población de Fuente Álamo, son muchos los vecinos  que aún conservan sus casas en la pedanía, descendientes de los Castillo: Rafael Aguilera Castillo, Luis y Francisco Ángel Aguilera Pérez, Antonio Ibáñez García, Juan y Vicente Aguilera Cervera, Encarnación Castillo Serrano, Luis, Dolores y Paulino Aguilera Cano, Antonia y Dolores Aguilera Pérez, Justa Aguilera Cano, Juan Ibáñez Aguilera, Jorge Aguilera Ochoa…



[1] Hemos seguido la publicación “Alcalá la Real. Padrones del  XVIII”  de Francisco Toro Ceballos-Isabel y Carmen Toro Muñiz (2019). (Pág. 137 y ss). Agradecemos a Paco Toro su colaboración.
[2] Antepasados de los Cano-Arévalo que habitaron en el Cortijo de las Pilas. Padrón  de1878: Vicente Cano Cuenca,(28) pegujalero, con María Arévalo López, 31,  María de la Cabeza, 5, Sixta, 3, y Justa, 6 meses.   Padrón 1888: Vicente Cano Cuenca, 40, con María Arévalo López, 38. María de la Cabeza, 15, Sixta, 13, Justa, 10, Josefa, 8, Francisco, 5 y José, 2.
[3]Padrón de 1837: Florencia Castillo, viuda, pobre de solemnidad, 52, h, María Gallardo, 22 y Joaquín, 12.
[4]En el padrón de 1801 elaborado para el partido de la Rábita, consta que labraba en el Cortijo del Coscojar.
[5] En el padrón de 1801: Nicolás Castillo: Juan, 20, Luis, 9, Diego 7, Antonio, 5
[6]Padres de Pedro Castillo Romero y abuelos de Juan Pedro Castillo Galán. Saga de los Castillo de Fuente Álamo. Por error se pone Antonia de Abril, cuando era Antonia Romero. Padrón de 1801: Nicolás Castillo, Juan, 20, Luis, 9, Diego 7, Antonio, 5
[7]Propietarios del Cortijo de Ignacio Mesa
[8]Padres de  mi tatarabuela María Micaela Bermúdez Castillo. Fue alcalde de Fuente Álamo en 1837.
[9] Padrón de 1801: Nicolás Castillo, Juan, 20, Luis, 9, Diego 7, Antonio, 5.  Padrón 1767 Juan Castillo Valverde, 55 a casado hijos: Blas, 20, Juan, 15, Antonio, 14, Nicolás, 10, Miguel, 6, 4 yuntas tierras arrendadas.
[10] Padrón de 1801: Nicolás Castillo, Juan, 20, Luis, 9, Diego 7, Antonio, 5
[11] Padrón de 1801: Nicolás Castillo, Juan, 20, Luis, 9, Diego 7, Antonio, 5