domingo, 1 de marzo de 2026

INCÓGNITAS SOBRE EL CUADRO DE LA VIRGEN DE LAS MERCEDES DE FUENTE ÁLAMO. LUIS DE MELGAR (mayor).


                El lienzo que representa a la Virgen de las Mercedes y al Niño ubicado en la Iglesia de San Antonio de Padua de la aldea de Fuente Álamo, (actualmente en el taller de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada) es obra atribuida  a don Luis de Melgar y Valladolid[1] (mayor), hijo de Luis de Valladolid y de Clara del Sol de Melgar. Nacido en Granada, es bautizado en la Iglesia de San Pedro y San Pablo, no constando la fecha de su nacimiento, si bien, en base a que contrae matrimonio en el año 1685, debió nacer a mediados del siglo XVII[2]. Se casó con Mariana García del Barco Roldán, viuda de Salvador de Tapia e hija  de Blas y Tomasa Roldán, con la que tuvo cuatro hijos: Luis (menor), Juan Agustín (fraile), María y Mariana. Será su hijo Luis quien continuará en el oficio de pintor dorador.  En cuanto a su fallecimiento, sabemos que otorgó testamento, ya enfermo, el 8 de mayo de 1736 y que se dio su hijuela (partición de bienes) el 19 de agosto de ese mismo año, lo que nos lleva a la conclusión de que pudo fallecer por esa fecha[3].  En la calle del Pintor, en el padrón de  1725 en Alcalá la Real aparece inscrito tanto Luis de Melgar, como su hijo Luis, quien se establecerá en Valdepeñas de Jaén. En padrones posteriores (1753) ya no aparecen censados en Alcalá la Real.    

 
A don Luis se le atribuyen otras representaciones de la Patrona de Alcalá la Real, como la recientemente restaurada y conservada en la Iglesias de Santa María la Mayor, la conservada en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Alcalá la Real, dos pequeños lienzos pertenecientes al Convento de la Encarnación de Monjas Dominicas y algunas que pertenecen a familias particulares. También, por las características de la obra y sus similitudes, puede atribuírsele otra imagen de la Virgen de las Mercedes, que se conserva restaurada en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fuente Tójar (Córdoba).
 Entre otras muchas obras que debieron elaborarse en su taller de Alcalá la Real, sabemos a través de su testamento de 1736 los encargos pendientes o los últimos trabajos realizados. Así al mercader alcalaíno Juan Muñoz Puerta Molinos entregó un lienzo de vara y media de largo y vara y cuarta de alto aprox. 1,25 cm. x 1,04 cm. de la hechura de Jesús Nazareno con su marco dorado todo y para el Santo Cristo de metal; para el mercader de Priego don Vicente Cavillo Gámiz un lienzo de Ntra. Sra. de Concepción de tres varas de alto poco mas y dos de ancho con el marco dorado y estofados[4] los campos y no se había ofertado y valía cuatrocientos y cincuenta reales de vellón lo menos; y cuatro lienzos de vara y media de largo, y lo mismo de ancho con marcos dorados estofados y plateados que valían trescientos reales. Y porque estos cuatro no fueron a su gusto le debía dar otros cuatro de diferentes hechuras con marco dorados y estofados que valían cada uno a doscientos y cincuentas lo menos. Para la Cofradía de Ntra. Señora del Rosario y para rematarla de todo, le debía de dar dos lienzos, y para ello es del cargo de dicha Cofradía el entregar el oro para los marcos. En la Iglesia Mayor del Carmen de Montoro (Córdoba) 
doró el Retablo de ella y sale le deben doscientos reales, los cuales aplicó a doscientos y diez que debía a la hija  de Don Francisco Meléndez;  tiene un vale suyo de trescientos reales.

...

        Son varias las incógnitas en torno a la obra de la Virgen de las Mercedes de Fuente Álamo, las cuales seguramente se queden siempre sin despejar, entre ellas la propia autoría. Aunque hay bastantes indicios que  señalan a D. Luis, en base al estudio comparativo con otras obras suyas o atribuidas a él,  también hay algunas dudas, como la que tiene el profesor de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada D. Luis R. Rodríguez Simón, también basadas en esas mismas comparativas.
               Quizás nunca sabremos cómo y cuándo llegó al destino actual, o quién la llevó o la donó, pese a que en alguna ocasión hemos jugado con hipótesis imaginarias[5]. Lo que sí sabemos es que fue creada con anterioridad a la construcción de la propia ermita que la cobija, que es del siglo XVIII. Tampoco descartamos la posibilidad de que la donase los benefactores D. Francisco Serrano y su esposa Dª Casilda Sierra en los años 40 del siglo XX, cuando donaron las Imágenes elaboradas en escayola de San Antonio de Padua o la Virgen del Rosario. En este caso debió de venir ya con el agujero por impacto de bala de la Guerra Civil. Hipótesis poco probable.

 En el estado actual del trabajo realizado en el Taller de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada dirigido por el Prof. D. Luis R. Rodríguez Simón y llevado a cabo por sus alumnos de los cursos 2023-2024, 2024-2025, 2025-2026 (cuatrimestrales), y el próximo curso 2026-2027 que queda hasta su total restauración,  al limpiarla de suciedad y de residuos  y al recobrar parte del colorido y barnices, se ha despejado levemente la incógnita sobre su autoría. Podemos afirmar que no aparece firmada por su autor. Por otra parte a diferencia de las otras representaciones de la Virgen de las Mercedes atribuidas a Luis de Melgar, en este caso el autor sí que le pone título a su obra, apareciendo la inscripción “Nª Sª DLAS MERCEDES”  e incluso el año de su creación  “Aº de 17-8”. La actuación humana por acción u omisión, la climatización (humedad, frío, calor), los insectos y el paso del tiempo se encargaron de borrar a medias el año y nos han dejado con la incógnita de saber el año exacto de su creación. Este puede ir desde 1708 a 1798. Aquí entran de nuevo las hipótesis, ya que si el cuadro pertenece al Barroco tardío, debería poder fecharse entre 1708 a 1758. Si el autor es Luis de Melgar Valladolid (mayor) solo puede ser desde 1708 a 1728, pues falleció en 1736. Si el autor es Luis de Melgar Valladolid (menor)  debería ser de 1728 a 1778, teniendo en cuenta que prolongó su actividad al menos hasta los años 70 del siglo XVIII. Sin embargo, todo esto son conjeturas.


Con la pérdida cromática, las imágenes difuminadas, los cortes o agujeros en el lienzo, producidos por lo comentado anteriormente; ni su propio autor la reconocería como obra propia, por lo que si tuviésemos la oportunidad de contar con su opinión en cuanto a la autoría, seguramente la negaría, por vergüenza ajena, o en este caso propia, al no haberla conservado en su poder, con lo que  seguiríamos teniendo la misma duda en cuanto a su atribución.

No se entiende muy bien cómo a pesar todas estas transgresiones, la imagen ha sobrevivido, aunque en este lamentable estado. Por suerte, gracias a los trabajos en la Facultad de Bellas Artes de Granada se está recuperando con el tratamiento dado al lienzo. Podría pensarse que guarda algo de divino, o que algún ángel de los que deberían aparecer en la parte inferior la cuida, porque en lo que respecta al ser humano, solo ha recibido la omisión o la acción negativa con el corte que presentaba el lienzo en la cabeza de la Virgen o con el tiro sobre la medalla que cuelga sobre el vestido de la Virgen. Aunque es cierto, como hemos comentado ya, que a finales del siglo pasado se cambió su ubicación. Se trasladó desde uno de los muros laterales del templo hasta el fondo, lugar que ocupa actualmente, quizás algo menos húmedo y más aireado al estar cerca de la entrada, pero no pensando en su conservación, sino para postergarlo a un lugar de menor relevancia. 


No pretendemos utilizar esta publicación como plataforma reivindicativa, puesta ya en marcha, de lo que habrá tiempo y lugar adecuado, sino para dar a conocer que en la aldea de Fuente Álamo “se conserva” una obra de arte cuyas dimensiones con el marco son  93×75 cm. y sin marco de 84 cm. (vara) de alto x 67 cm. de ancho (pudiera estar recortado), lienzo enmarcado en cuatro listones de madera con borde labrado y un travesaño trasero, que representa a la Virgen de las Mercedes y su Niño, pintada en óleo, con escasos barnices y cuyo valor en su día pudo estar  entre los 250 reales o 300 reales (precio medio de sus obras según el testamento de su posible autor).  Analizar la iconografía o historia del cuadro es tarea de los profesionales. Mi opinión se queda sobre el estado de conservación y lo que me sugiere la imagen, destacando la ternura que expresa la cara de la Virgen, y la distracción divina del Niño, poco más puedo aportar. En estos casos siempre tenemos el comodín de los amigos, por lo que me he permitido solicitarla a expertos.

Aquí os dejo el análisis pictórico del cuadro “Ntra. Sra. de las Mercedes y el Niño” de la Iglesia de San Antonio de Padua de Fuente Álamo, de la profesora de Historia del Arte, Dª Piedad Sánchez Vico:


 

FICHA TÉCNICA


 

TÍTULO: NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES Y EL NIÑO


AUTORIA: SE ATRIBUYE AL PINTOR D.LUIS DE MELGAR Y VALLADOLID (mayor) natural de Granada (16--/1736), hijo de Luis Valladolid y Clara del Sol. El pintor nace en Granada a mediados del siglo XVII, y es bautizado en la Iglesia de San Pedro y San Pablo, y en cuando a su fallecimiento sabemos que otorgó testamento, ya enfermo, el 8 de mayo de 1736 y que se dio la hijuela el 19 de agosto de ese mismo año, lo que nos lleva a la conclusión de que falleció por esa fecha.

En la obra no se aprecia con claridad la firma ni la fecha exacta de su ejecución y, en consecuencia, no es posible concluir sobre su autoría. Podría ser obra del citado autor o de su entorno familiar o laboral. Se sabe que en su taller de Alcalá la Real se producían obras para las aldeas vecinas y para la propia la ciudad. Estas se pintaban en serie con algunas variaciones por encargo de personas, cofradías, hermandades etc.

     Luis de Melgar y Valladolid fue un pintor y decorador de retablos y escenas religiosas con una trayectoria artística muy vinculada a Alcalá la Real. Son muchos los trabajos de los que es autor o se le atribuyen, aunque por el año de la restauración podrían ser obra de su hijo D. Luis de Melgar Valladolid (menor) entre ellos nos consta que en 1759 trabajó en la restauración del Retablo de la Capilla de los Ángeles en la Catedral de Jaén. En 1769 realizó el dorado del Retablo del altar de San Benito de la Iglesia de San Ildefonso de Jaén por 14.000 reales. También sabemos que en 1771 figura como restaurador del Retablo Mayor de la iglesia de Santa María la Mayor en Torreperojil (Jaén).

ESTILO: BARROCO TARDIO  (1680-1750)- posible influencia colonial-


LOCALIZACIÓN: IGLÉSIA DE SAN ANTONIO DE PADUA.ALDEA DE FUENTE ÁLAMO. ALCALÁ LA REAL (JAÉN)

 

CRONOLOGIA-DATACIÓN DE LA OBRA: 1680-1750 (finales del siglo XVII-primera mitad del siglo XVIII)

La datación es aproximada y se sustenta en los materiales y en su contexto histórico-artístico y social.

Gracias a la reciente restauración de 2025, llevada a cabo por el profesor D. Luis R. Rodríguez Simón y sus alumnos del taller de restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada, podemos apreciar nuevos indicios para su posible datación o autoría.

En la parte frontal inferior derecha de la obra se aprecian los símbolos A⃝ que podrían corresponder a la abreviación de la palabra Año tal y como se usaba en el barroco.

También se intuye una fecha: 17_8, no obstante estas observaciones  podrían corresponderse con partes de los trazos de la caligrafía original al escribir el nombre de la Virgen N.S de las Mercedes o podrían también ser parte de la firma del autor.

En conclusión, con estas cuestiones sin respuesta unívoca lo que podemos asignar a la obra es una aproximación en la fecha y en la autoría.

 

TÉCNICA: ÓLEO SOBRE LIENZO (posible soporte pictórico: caballete)

Esta técnica pictórica mezcla pigmentos con aceite de linaza u otros y se aplica sobre un lienzo tensado.

Es una técnica que seca muy lentamente pero permite crear bellas veladuras y transparencias y consigue colores muy intensos y duraderos.

 

MEDIDAS:   84 x 67 cm. -formato vertical-

Es posible que su tamaño original se haya visto reducido, bien por el encargo al que obedeció, persona concreta o cofradía o por restauraciones anteriores a la última de 2025.

 

TEMA: RELIGIOSO. DEVOCIÓN MARIANA DEL CULTO MERCEDARIO

Culto popular propio de Alcalá La Real y sus aldeas vecinas donde hay una fuerte tradición de advocación mercedaria y donde existe, desde 1615, una de las primeras cofradías de Andalucía.

 

FUNCIÓN DE LA OBRA

Concebida para la veneración de los fieles, la Virgen de las Mercedes es patrona de pueblos, cofradías y hermandades de Andalucía.

Cumple su función devocional de reforzar la fe mercedaria para la que fue creada y, al margen de su interés artístico, es reflejo del contexto histórico y social de su época y en consecuencia tiene un gran valor documental y patrimonial para la aldea de Fuente Álamo.

 

CONTEXTO HISTÓRICO Y ARTÍSTICO

BARROCO TARDÍO-XVIII-

EL barroco de los siglos XVI y XVII tiene una localización muy precisa en Italia y más concretamente en Roma pero, entrado el siglo XVIII, se aparta de la exuberancia italiana y adopta formas más academicistas.

A finales del siglo XVII, España muestra una cierta estabilidad política con la corte de los Habsburgo (Austria) y con el posterior reinado de los Borbones (Francia). Con el reinado de Fernando VI (1746-1759) se produce una importante recuperación económica y un cambio por el gusto artístico dentro de lo que se llamó el primer reformismo borbónico.

El barroco tardío en Andalucía (1680-1750) presenta una estética recargada con matices más detallados y delicados en la ornamentación que en periodos anteriores del barroco. 

Por su ubicación fronteriza Alcalá la Real siempre ha tenido una importancia estratégica en el ámbito social, político, cultural y artístico.

El clero, la nobleza y la burguesía urbana, financiaban la actividad artística que en su mayoría eran de marcado carácter religioso. La economía de la época sigue siendo agrícola basada en el cultivo del olivo y los cereales y aunque no son suficientes para financiar grandes obras si lo son para  financiar pequeños proyectos religiosos y ornamentales de carácter local.

La iglesia es el principal mecenas de estas obras y quien tiene un mayor interés en promover la devoción intensa y la exaltación de los santos a través de las imágenes y retablos.

La pintura que nos ocupa es una versión popular del barroco tardío de la imagen de la Virgen de las Mercedes y el Niño.

 

DESCRIPCIÓN FORMAL

 

COMPOSICIÓN: La obra se caracteriza por su composición estática, equilibrada y de presentación frontal, simétrica y cerrada. Las figuras ocupan prácticamente todo el espacio.

En el eje central se observa el diálogo gestual entre la Virgen y el Niño reforzado por la inclinación de sus cabezas en un mismo sentido. El fondo oscuro acentúa la importancia de las figuras y concentra la atención del fiel.

El cortinaje crea un marco teatral que aporta profundidad, un recurso muy utilizado en el barroco y que, de forma simbólica, separa lo profano de lo divino. No se trata de una escena narrativa sino de una imagen de culto destinada a la contemplación y la oración.

El uso de la orfebrería y la imaginería procesional, muy propia de las cofradías locales, refuerzan la puesta en escena.

La composición presenta el carácter teatral y emotivo, propio del barroco que busca implicar al espectador ante la conmovedora escena que ven sus ojos.

 

PINCELADAS: La pincelada es suelta pero a la vez contenida en finas capas. La obra presenta un modelaje suave sin fuertes contrastes. Esta técnica pondera la eficacia devocional frente a la perfección pictórica.

 

CROMATISMO: Otro recurso propio del barroco es el uso decorativo del color, que predomina sobre el dibujo. Abundan los tonos cálidos basados en colores rojos, ocres y dorados muy asociados a la realeza.

Los mantos de la Virgen y del Niño han sido elaborados con motivos florales a modo de bordados, lazos y joyas propias de la ornamentación devocional del barroco tardío.

Su reciente y precisa restauración de 2025 permite apreciar perfectamente la policromía y con ello las características estéticas de la época.


VOLUMEN: En esta obra el volumen no se consigue por la organización espacial sino por la utilización del claroscuro, los cortinajes y la vestimenta. Los mantos de la Virgen y el Niño proporcionan la apariencia de volumen y movimiento necesarios.

 

ICONOGRAFIA: La Virgen, coronada y en majestad, está situada en un plano superior para poner de manifiesto su poder; un poder que no es terrenal sino espiritual y intercesor entre Dios y los hombres.

Mantiene la cabeza inclinada hacia el Niño en un gesto de protección y ternura maternal. Su rostro, de líneas idealizadas, forma ovalada, nariz recta y ojos almendrados aportan un dramatismo propio de las imágenes votivas. Su expresión es serena y melancólica.

En su lado izquierdo sostiene un cetro o vara que es el símbolo regio del poder y la autoridad ya que la Virgen es la reina del cielo. Al pie de su manto luce una medalla como símbolo de distinción social.

El Niño, coronado y en un plano inferior, tiene su cabeza inclinada en simetría con la Virgen, su madre.

Viste cuello de lechuguilla o gorguera, un adorno textil propio de los siglos XVI y XVII muy frecuente en el barroco. Se trata de una prenda hecha de lino blanco, rígido y plisado con ondas que sugieren las hojas de una lechuga, de ahí su nombre popular. Aunque en el siglo XVIII esta moda ya está en desuso se replica en las imágenes sagradas como atributo de distinción social. El color blanco de la gorguera simboliza la pureza, inocencia y santidad del Niño.

En la parte derecha del vestido del Niño pende una campana que simboliza la humanidad y ternura propias de un niño. En  la cultura popular las campanas se usaban para alejar el mal de manera que con ellas el Niño protege a los fieles.  En la parte izquierda de su vestido cuelga  una cornucopia con cinco campanillas que invitan a los fieles a la oración y al recogimiento. En el centro de su pecho luce una medalla que, en este caso, simboliza protección y amparo.

La medalla y la corona son símbolos reales ya que el Niño es el rey celestial.

                                                  Marzo de 2026




[1] 

[2] Datos obtenidos de su testamento de 8 de mayo de 1736 ante el escribano Monte Lezcano.. Consultado el Archivo Diocesano de Granada el pasado 15 de febrero, después de hacer un barrido de más de 50 años  (1625-1675)  no hemos encontrado su partida de bautismo.

[3] A pesar de que hemos consultado los archivos parroquiales tanto de Santo Domingo de Silos como de Santa María la Mayor, no hemos encontrado ni la partida de su matrimonio ni la de su fallecimiento.  En cuanto al fallecimiento, el primer libro comienza en  1859. Hay un índice que incluye la fecha de 1736 pero no aparece en  ningún año ni anterior ni posterior. En cuanto al matrimonio, el primer libro que existe comienza en 1753, y no hay más índices.

[4] Técnica en madera policromada.

[5] https://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com/2022/06/enigmas-sobre-cuadro-de-la-virgen-de.html 

martes, 17 de febrero de 2026

UN FUENTEALAMEÑO EN EL INSTITUTO DE BACHILLERATO “ALFONSO XI” (PROMOCIÓN 1977-1981).

 

       Finalizado el curso 1976-77, la mayoría de los que habíamos aprobado el 8º curso de la EGB en el Colegio Nacional Comarcal nº 3 solicitamos beca para continuar los estudios de bachillerato en el Instituto Nacional de Enseñanzas Medias “Alfonso XI”. Otros pocos lo hicieron para la Formación Profesional en la SAFA y el resto se incorporaron al mundo laboral emigrando a las costas catalanas o continuaron en las faenas del campo, uno, José Carlos, se hizo músico. Creo que ninguno se fue “a apedrear perros” como de broma nos auguraban los maestros. Fuimos doce los nuevos bachilleres, casi la mitad de los que nos habíamos graduado escolarmente: María Josefa Vela de la Rosa, María del Carmen Viana Vera, Julián Ángel Zafra Padilla, Ángeles Quesada, Ana María Rosales Martín, Francisco Manuel Serrano Carrillo, Carmen Nieto Rueda, Mateo Rueda Garrido, Amparo León, Consuelo Ávila Morales, José Manuel García Mesa y yo,  Domingo Pérez Pérez. Tuvimos la suerte alfabética de caer casi todos en el mismo grupo (francés A), a excepción de Consuelo Ávila, José Manuel García y Amparo León (B de francés), aunque por motivos de horario en la salida de transporte escolar a Mateo Rueda le cambiaron a ese grupo. Aquella coincidencia se acentuó aún más cuando María del Carmen Viana y María Josefa Vela tuvieron la suerte de ser compañeras de mesa, y así lo exteriorizaron de tal forma que la tutora les preguntó a qué venía tanto júbilo. Pero aquella alegría de haber caído en el mismo grupo o incluso como compañeros de pupitre era más fruto del miedo a lo desconocido que al compañerismo en sí, que también lo había. Eso quedó patente en lo  pronto que  hicimos nuevos amigos o compañeros que venían de otros colegios, fundamentalmente de la SAFA. Cada uno eligió a sus nuevos amigos, yo me quedé con Luis Ramón, aunque con todos tenía muy buena relación, especialmente con las chicas. Algún gracioso me llamaba: “Domingo el melenas, el terror de las nenas”. Nada más alejado de la realidad, salvo que lucía una tupida melena. 

Al describir las diversas sensaciones que se experimentan esos primeros días de bachiller, se lleva un gran porcentaje el miedo a lo desconocido o a la novedad del acontecimiento que se nos venía encima. Iniciábamos una etapa para la que se nos había prevenido teóricamente, pero creo que no nos habíamos formado lo suficiente, entre otros motivos por el absentismo escolar durante la recolección de la aceituna, pues algunos nos habíamos salido de forma intermitente durante la temporada.  Qué era aquello de las matemáticas de probabilidades o combinaciones, de unos números primos, de la trigonometría, que sonaba a un aparato de medir el trigo, o el logaritmo neperiano, para pesar peras o nésperas,  o lo de matrices…,  o aquello de tomar apuntes sobre la explicación o dejarnos a nuestra voluntad la programación para estudiar o para hacer los deberes en casa. Se acabó el paternalismo del maestro. También había mucha carga de responsabilidad que provocaba que a veces nos bloqueáramos, pues ya éramos lo que se llamaba verdaderos estudiantes, aunque para otros éramos “borregos” del primer curso.

Por preparación y formación creo que eran superiores los alumnos que venían de la SAFA, diferenciados como alcalaínos auténticos, a los que veníamos del Coto, la mayoría aldeanos; pero conforme el curso avanzaba nos fuimos reponiendo del susto inicial y subiendo puestos académicos, que se reflejaba en el boletín de notas.

Quizás esté generalizado unas percepciones propias,  que a lo mejor  no debieron ser las de los demás compañeros. Pudo ser fruto de mi timidez abonada con tufo de adolescente aldeano, que hacía que los que veníamos de las aldeas tuviéramos que superar no solo el miedo a lo nuevo, sino también el complejo de inferioridad, y otras piedras mochileras como el compaginar los estudios con el trabajo o el no poseer verdadero hábito de estudio, pues ni siquiera disponía de mesa de estudio ni habitación propia para poder concentrarme. A veces, incluso, tenía que estudiar en el campo mientras llevaba una cabra a pastar y en vacaciones en vez de recuperar lo atrasado, trabajaba en la recolección de aceitunas y en otras tareas familiares. 

Recuerdo los primeros exámenes del primer trimestre que se convocaron antes de la Navidad, el de Religión, Música y la entrega de trabajos artísticos de Dibujo. En el examen de Religión, tuve una revelación, aunque prometí no desvelarlo. Para preparar el de Música, me vine unas horas antes el domingo de la recolección de la aceituna familiar desde el Barranco Muriano. Los trimestrales continuaron después de Reyes, y todo salió bien, aprobé todas las asignaturas del primer trimestre, lo cual reforzó mi autoestima y pensé que a lo mejor valía para estudiar.

    De cada uno de mis compañeros de 1º de BUP (curso 1977-78) tengo muy buenos recuerdos, pero especialmente de Pedro José Pérez Cano, cuya cabeza privilegiada nos abandonó hace algunos años. Por su generosidad no solo a la hora de prestarme apuntes, sino por facilitarme en alguna ocasión de extrema necesidad que me copiase de él en los exámenes. De mi compañera de mesa, sé que se llamaba Encarnita, y que era pelirroja, pero a la que no he vuelto a ver. También de mi compañero de fatigas y amigo de toda la vida, Luis Ramón, con quien sigo en contacto. De mis amigas por las que sentía especial atracción. Alguno se me olvidará pero creo éramos estos: Juan Carlos Higueras Román, Luis Ramón Hinojosa Martínez, Cristóbal Jiménez Bravo, Antonio López Cobo, Custodio López Molina, Antonio López Ruano, Francisco Mesa, Francisco Javier Moya, Esperanza Muros Gámez, José Manuel Nieto, Carmen Nieto Rueda, Francisco Javier Navas Carrillo, María Dolores (Loli), José Antonio Pérez Arroyo, Pedro José Pérez Cano (q.d.e.p.), Domingo Pérez Pérez, Encarnación Pérez Serrano, Francisco Javier Piñol Le Sourn, José Antonio Porras, Ángeles Quesada, Ana María Rosales Martín, José María Rueda (r), Francisco Javier Sánchez-Cañete (q.d.e.p.), Francisco Manuel Serrano Carrillo, Vallecillos (Frailes), Vela Ávila, María Josefa Vela de la Rosa, María del Carmen Viana Vera y Julián Ángel Zafra Padilla.

El cuerpo directivo estaba formado por D. Ramiro Avivad Castañeda  como director, D. Ramón Sánchez Navas, jefe estudios y D. Juan Borrego como vicedirector. De los profesores tengo especial recuerdo, de unos más que de otros, pero creo que todos intentaron educarnos de la mejor manera posible y pese a que ya se estaba imponiendo ese aperturismo educativo, este primer año éramos todavía lo que nos llamaban los de cursos superiores: “borregos” en muchos aspectos. Algunos los profesores nos decían que no les tratásemos de “Don”,  aunque a mí me costaba todavía. Eso sí, había un gran respeto hacia el profesorado.

A María Carmen Villoslada García, “la Villoslada” profesora de Lengua y Literatura, la recuerdo por el especial cariño que me tomó, pues todos los días era el único al que sacaba a la pizarra, aunque a veces me intercambiaba o duplicaba con Francisco Javier Moya. Desconozco el motivo, pero deduzco que puedo ser para quitarme algunos complejos y sobretodo la timidez y los nervios. Pero aquello que debía ser bueno, produjo un efecto contrario en mí, pues la exposición pública no la llevaba muy bien por aquello del complejo al ridículo, o no sé a qué, y me provocaba más nerviosismo y ansiedad. El hecho de salir a la palestra que me llevaba a hacer dibujitos en la pizarra y hasta bajar las calificaciones llamó la atención de la profesora, preguntándome el porqué, a lo que le respondí, y ahora me sorprendo de la respuesta que le di, que ella sabría. Como anecdótico quedará aquella travesura que le hicimos de ponerle la tiza en el borde alto de la pizarra para cuando la cogiese poder verle parte del muslo con el estiramiento de la falda, fechoría de la que se percató en el primer intento y dijo “que ella no estaba allí para hacer monerías” y mandó a alguien que se la bajase, la tiza.

Del profesor de Matemáticas, D. José García Esteo, “Pepín”, recuerdo cierta apatía o pocas ganas, y muchos conocimientos matemáticos que no eran transmitidos o que nosotros no nos enterábamos o no los captábamos, sobretodo porque las matemáticas no eran mi fuerte, ni el de muchos compañeros. La clase permanecía en un silencio absoluto mientras impartía la teórica, que a veces se interrumpía por un ataque de tos o por una calada al cigarro, nadie hacía preguntas y existía una calma tensa. Comenzaba una vez que había rellenado su quiniela de futbol y alguna vez con su broma seria nos preguntaba qué pondríamos en el Real Madrid-Elche, por ejemplo. Era la primera clase del día, y cuando era la del lunes, la resaca de fin de semana y la morriña tempranera hacía que no nos enterásemos ni de combinaciones, ni del número de primo. 

D. José Luis López García, alias “Chelui” profesor de Ciencias Naturales. Carterilla en mano cada día entraba a la clase, se sentaba y seguidamente pasaba lista, levantando la vista sobre las gafas para identificar al nominado. Buen profesional, pero muy preguntón, un día sí otro no, iba preguntando uno a uno la lección que había explicado el día anterior. Tenía el buen olfato de saber a quién le tenía que preguntar y por tanto a quién pillar, pues los que mostraban la cabeza levantada y visible, era a los que no tenía que preguntar. Recuerdo que una vez que no me lo sabía, utilicé esa táctica. Pero también, en alguna ocasión pude salvar a mi compañera de mesa y a la de delante, apuntándole la respuesta correcta, si es que la sabía ese día. Yo creo que él no quería enterarse de quién era el apuntador.  Me dio el único sobresaliente del bachillerato.

María del Carmen (…) Navarro, profesora de Historia, alias “Chumiñilla” tutora e hija de Carmen Navarro Cortes. Algo seria para ser tan joven, y además aquellas gafas tan grandes le hacían mayor y que a menudo se le bajaban y tenía que recolocárselas. Luis Hinojosa a la pregunta de si en la Edad Media había gafas, le respondió que él no estuvo allí. Tuvo que interceder como tutora por mí en dos ocasiones manifiestamente injustas, de lo cual siempre le estaré agradecido. Una en Dibujo y otra en Educación Física.

Manuel Quesada Colmenero, profesor accidental de Francés, alias “Topollª”, o al menos así le apodaban algún grupo de chicas. Su especialidad era la Filosofía, pero al no haber suficientes profesores de francés, le fue asignado nuestro grupo para impartir sus escasos conocimientos de la lengua extranjera. Al decir “Oui” le salía a lo campechano y para preguntar algo decía “Quees que ce?”. Le salvó el libro que le presté de mi tío Quisco cuando emigraba a Francia, muy básico pero suficiente para nuestro nivel y el suyo. Aquellos paseos con bota campera por la clase mientras explicaba producían un taconeo rítmico militarizado que te daba su ubicación exacta.

D. Antonio Campaña Expósito, profesor de Dibujo, alias “Patillas”, también lucía una mosca. Muy exigente, elevando el nivel de la asignatura, cuando el dibujo para algunos de nosotros había sido siempre una “María”, aunque él desde el primer día quiso dejar claro, que no era así. Esas circunstancias producían fracaso escolar, a lo que se unía la exigencia de tanto material de dibujo técnico y artístico, lejos del alcance de familias como la mía, teniendo muchas veces que hacer filigranas para imitar con rotulador negro aquellos sofisticados rotring. No solo eso, sino  que en alguna ocasión tuve que utilizar la técnica del cristal de la ventana para copiar las láminas de un compañero, con la mala suerte de que en una recuperación se percató de que mis láminas y las de mi compañera Carmen Nieto Rueda coincidían perfectamente, y nos suspendió a los dos para septiembre. Lo que no llegó su perspicacia fue a descubrir que yo las había copiado de Pérez Cano y le dejé las mías copiadas a Carmen, pero al no saber quien había copiado a quién, a los dos nos mandó para septiembre. Carmen se declaró culpable, pues me dijo que me salvara yo, porque ella no iba a seguir el próximo curso y aquí es donde intervino la tutora para decirle que yo no había copiado y por tanto era injusto el suspenso para mí. Al final se le ablandó el corazón y me levantó el castigo. La verdad es que el único que me engañé fue a mí mismo, pero las necesidades me obligaron. No hemos tenido después el gusto de intercambiar impresiones.

Manuel Vega Zegrí, cariñosamente para nosotros “Curilla”, profesor de Religión. Era por entonces el cura de Consolación. Considerada la asignatura como una de las “Marías”, el curso transcurrió con el agnosticismo propio que te dejaba el hecho de una asignatura obligatoria, pero que no puntuaba para nota media y que sabíamos que nadie iba a suspender. Recuerdo las partidas de dominó con él en el Bar Rocío que estaba enfrente del Instituto. Le pedí que me oficiara el sacramento de mi matrimonio y así lo hizo. https://pacomartinrosales.blogspot.com/2021/02/obituario-manuel-vega-zegri.html 


    Ricardo San Martín Vadillo, alias  “Ricardín”, profesor ocasional de Historia de la Música, su especialidad era la asignatura de la Lengua Inglesa. Pasó igual que con el profesor de francés, al no haber nadie especializado en la asignatura de  música, le fue asignada. Conocimos por primera vez la vida y obra de los clásicos de la música, pero creo que durante el curso no escuchamos ni una sola nota musical. Era su primer año como profesor y su acento castellano con tantas “eses” para nuestro andaluz rajado y traga finales de palabras, era chocante y bien sonante, sobre todo cuando en aquellos tiempos donde todavía el hablar andaluz no era bien visto en la enseñanza académica. Se me quedó grabado cuando al final de un examen dijo: “¡Quién me suspenda este examen, un par de boinazos les doy!”, con aquel acento burgalés.

Gregorio Torres, profesor de Educación Física, la verdad es que él no estaba para correr mucho, la teórica tampoco, así que dos horas de gimnasia a la semana sin calentamiento y a correr (1.500 m. ó 100 m) y los días de lluvia a saltar en una colchoneta, que pongo nota. Otra de las injusticias fue que me intercambió la nota con la de Juan Cantero que era peor que la mía, porque sin querer al salir de la portería a coger un balón choqué con él cuando se encontraba corriendo los 100 metros lisos en la pista de futbol sala.


    Como colofón o resumen del BUP y COU transcurridos entre los años de 1977 a 1981, tiempos iniciales de la Transición, dónde por primera vez nos enseñaban la historia con la objetividad y el compromiso propio de aquellos tiempos de cambios sociales y políticos, llegaron profesores como Rafael Pedrajas, Pablo Alcázar o Vicente el de Geología y algún otro,  cargados de una perspectiva marxista o de la izquierda española incipiente. Anecdótico aunque ahora se vea así, fue aquella mañana del 24 de febrero de 1981, cuando Rafael Pedrajas llegó con un transistor en mano, y diciéndonos que no sabía si tenía que hacer las maletas o no, y que en aquellas circunstancias no podía impartir la clase. Recuerdo que estuvo con la oreja pegada al transistor durante toda la hora que duró aquella clase magistral de la historia. Otro de los acontecimientos que ocurrió en aquellos años fue el derribo de la estatua que “homenajeaba al soldado caído”, por parte de mis compañeros de curso y de Instituto, a los que pudimos acompañar el día del juicio en el Palacio Abacial. También aquellas corridas delante de los grises y el refugio en Consolación…


    Como recuerdo de mi paso por el Instituto guardo una de aquellas camisetas con rayas rojas y blancas con el número 10, (otras la rayas eran azules y blancas). Con ella defendí los colores del “Alfonso XI” en dos ocasiones, una ante un Instituto de Jódar, les ganamos, (en este caso, les jodimos) 3 a 1, pero en la siguiente fase nos reventaron como al lagarto,  un Instituto de la capital. Teníamos un buen capitán, Juan Carlos Higueras, quien jugó en el Alcalá y en el Castillo. También tengo en mi haber la actividad ecológica de plantar un árbol en la parte de enfrente del Instituto al lado de una fuente y que hasta hace poco lo he visto mover sus ramas, desconozco si ya ha desaparecido. Por último y sin pretender ser pretencioso, creo o estoy casi seguro de que fui el único de mi promoción que nunca fui a una repesca, pues evité la Física y Química de D. Ramiro, que en una evaluación suspendió a toda la clase. Fui el único alumno de la promoción que en 3º de BUP tenía Ciencias Naturales y Matemáticas, con la Historia, pero sin la Física y Química.

Solo tengo agradecimiento a todos mis profesores y compañeros, a quien espero que no se hayan molestado por los motes cariñosos y por lo hechos anecdóticos contados.

    Uno de los pocos honores de los que también me siento orgulloso y contrariado a la vez, es el de haber sido pionero entre los fuentealameños que pudieron finalizar el Bachillerato en aquel Instituto público, pues hacía casi una década que ningún paisano era bachiller, y por el hecho de que se abriera un camino. Contrariado porque debimos ser algunos más.  
    Ahora ya tengo algunos de los logros que se dice que hay que conseguir en esta vida: el árbol del Instituto y algún que otro olivo plantado, cuatro libros escritos y dos hijos, que me ha superado tanto intelectualmente como personas.