domingo, 19 de septiembre de 2021

EL HÉROE DE LA CORNICABRA. ANTONIO MORENO GARCÍA “TARARA”

 


                   La transmisión oral nos cuenta que durante una fase de la Batalla de la Cornicabra-Albarizas, que se desarrolló entre el 28 y 30 de abril de 1938, se ordenó la retirada de las tropas republicanas (Cía de la 76ª Brigada Mixta) que estaban situadas en la cima del montículo más elevado de la zona. Haciendo caso omiso, bien porque no escuchó la orden  o porque era consciente de ello, un soldado del cuerpo de zapadores permaneció en su puesto de ametralladora, en concreto el torredonjimenense Antonio Moreno García, nacido en 1909, alias “Tarara”, quien se quedó solo. Cargó la ametralladora y siguió disparando, consiguiendo mantener la posición y detención del avance de las tropas nacionales, entre las que se encontraban en primera línea, el Primer Tabor de Regulares de Ceuta nº 3, integrante del Ejército africano de Franco. Cuando los “desertados” oyeron la “máquina” disparar, se volvieron y regresaron a sus posiciones, provocando la retirada de los atacantes. 


                Esta es la versión mantenida por el nieto del “Tarara”, Eugenio Moreno, quien ha indagado en el pueblo de Torredonjimeno y ha podido corroborarla escuchando el testimonio oral de los ancianos militantes del Partido Comunista  que conocieron a su abuelo. Antonio era reconocido en el pueblo como un héroe de guerra, de hecho recibió  una condecoración que pudo ser  la Medalla al Deber o la Medalla al Valor que otorgaba la Republica a sus héroes[1]. Esto nadie lo pone en duda en el pueblo, ni tampoco sus familiares.

               Otros hechos que corroboran la versión afirman que Antonio Moreno, como muchos perdedores, fue objeto de burla en el pueblo de origen. En alguna ocasión, la Guardia Civil le arrestó bajo el lema: “aquí está el héroe”, con evidente sorna.

                Otras versiones dicen que fue un miembro de la familia Fuentes, que era teniente de la Brigada de Alcaudete (76ª Brigada Mixta). También se comenta que salieron huyendo los miembros de este destacamento, siendo obligados a regresar por un capitán con pistola en mano. Así lograron mantener el lugar y  contener el  avance con la ametralladora de este sitio, y a la postre ganar la batalla. 


Esta batalla no ha sido objeto de estudio, o al menos han sido infructuosos mis intentos de encontrar bibliografía al respecto, pues tan solo he encontrado referencias a los partes oficiales de guerra en los días posteriores a su desenlace. Esto puede ser debido a su coincidencia temporal con el inicio o reanudación de uno de los ataques más importantes de la guerra en el llamado Frente de Aragón, (donde murió entre otros muchos el fuentealameño Vicente Vera Moreno). Sin duda alguna tuvo mayor repercusión para el devenir de los acontecimientos que el Frente Sur, donde solo se producían pequeñas batallas o escaramuzas para mantener las líneas, como de hecho así fue hasta el final de la guerra. La falta de literatura también pudo deberse a que las derrotas no forman parte de las batallas. Hay que decir que aunque fue en defensa de posiciones y no se conquistó terreno, se trató de una de las pocas victorias conseguidas por el Ejército de la República, salvando la magnitud de las otras acciones bélicas, como la Batalla de Guadalajara o la toma de Teruel (pese a que pronto se perdió de nuevo) o en menor escala la Batalla de Pozoblanco, (donde murió el fuentealameño Antonio Puche), esta fue quizás la mayor victoria republicana. También supuso la subida de moral del ejército republicano tras la derrota sufrida unos veinte días antes en el Cerro del Molino (Ribera).


 Por todo ello, no estamos de acuerdo en considerar esta batalla, que según cifras oficiosas causó más de 300 muertos, una simple escaramuza, como a veces ha sido catalogada.  Actualmente estamos trabajando en su documentación de dicho acontecimiento, y ya  son más de 300 folios redactados los que posiblemente alguna vez vean la luz pública.  Como anticipo veremos ahora como estaba constituido el puesto de resistencia que defendió Antonio Moreno. Hemos hecho una reconstrucción aproximada siguiendo las normas que había dado el Ejército Republicano, ello no quiere decir evidentemente que fuese exacto a lo establecido en la norma, ni que la orografía de terreno se adaptase perfectamente a lo establecido en la circular, pero creo que nos hemos aproximado un poco.

Con la signatura C.1877,23,2 / 6 se encuentra registrado en el Archivo Militar de Ávila un documento que recoge la transcripción de unas Instrucciones sobre la Organización del Terreno, dadas por el Ejército Republicano a sus tropas (81ª Brigada Mixta E.M.), y que fueron proporcionadas al Ejército Nacional por un evadido. Dichas instrucciones se distribuyeron entre las fuerzas nacionales (Divisiones 31ª, 32ª, 102ª y 112ª y otras divisiones, que serían las que atacaron) dos meses antes del inicio de la operación (23 de enero de 1938) y por tanto estaban en vigor en aquel momento en el Ejército Rojo.


Entre ellas podemos destacar las normas que debían tenerse en cuenta para una buena defensa basadas en el Reglamento para la Organización y Preparación del terreno para el combate. Según dichas instrucciones un Punto de Resistencia consistía en la creación de un obstáculo activo y por consiguiente con la finalidad de proteger contra los ataques por sorpresa, manteniendo el asaltante bajo el fuego, para lograr así detener o retardar su avance. Debía tener como forma geométrica la de aproximadamente un rombo, cada lado alrededor de 200 metros, con la diagonal menor de la misma longitud, la línea principal de resistencia estaría marcada por esta diagonal y situada en la pendiente de la loma y a una distancia de la cresta topográfica no superior a los 50 metros; próximamente a esta retaguardia (cresta) y a sus flancos, se situarán dos ametralladoras (una de ellas era la utilizada por Antonio Moreno) en forma conveniente para realizar las cruces de fuego con los puntos de resistencia inmediatos; concentraciones sobre los intervalos y fuegos de flanco; los emplazamientos de estas ametralladoras y sus obras serán las primeras que se ejecuten en la posición; en la línea principal de resistencia se establecerán las organizaciones defensivas necesarias para que permitan la actuación de dos pelotones que pertenecieran a dos de las tres secciones de la Compañía. Estas serán las obras que se ejecuten en segundo lugar de la posición.


            La línea de resistencia estará situada próxima al vértice anterior del  rombo y la compone la organización defensiva para que sea guarnecida por un pelotón con dos F.A. Estas son las obras que en tercer lugar se efectuarán en la posición.

            La línea de vigilancia estará constituida con puestos de centinelas y escucha en número variable, según el efectivo de la compañía. La línea de sostenes estará situada en la contrapendiente de la posición y a distancia no superior de cien metros de la cresta. Normalmente les guarnecerá un pelotón; estas son las obras que hay que ejecutar en cuarto lugar.

            La línea de reserva estará situada próxima al vértice posterior del rombo y contendrá la tercera sección de la Compañía; las obras correspondientes a la misma se ejecutaran en último lugar, pero antes que ellas deben ser hechas las correspondientes a los observatorios y P.C. de la Compañía así como las correspondientes a la de trasmisiones y a la trinchera continua y en zigzag de la línea principal de resistencia.

            A medida que el tiempo lo consienta, seguirán ejecutando las oportunas obras de mejora de las ya construidas, así como la construcción de ramales, pozos, etc.


Con este perfecto sistema defensivo, unido a la triple alambrada de espino (parte de ella pudimos recoger del lugar, 83 años después en perfecto estado) que rodeaba el Cerro, y el acto heroico de Antonio Moreno  “Tarara”  devino totalmente imposible el acceso.

 

Con la visita al lugar el pasado 14 de septiembre, Eugenio Moreno, nieto de Antonio Moreno García “Tarara”, ha visto cumplido un sueño y yo encantado de que así haya sido. Mi agradecimiento.




[1] En el Diario oficial nº 71 de marzo de 1938, Orden Circular nº 4.488 se desarrolla el Decreto de 23 de enero de 1938, estableciéndose las recompensas que podrán otorgarse con motivo de la actual campaña, resolviendo y aprobando las normas que habrá de ajustarse la concesión de aquellas. Barcelona 22 marzo de 1938.

Sexta.- Medalla del Deber. Esta condecoración, se concederá por méritos o servicios de guerra notoriamente destacados, siendo indispensable el haber permanecido, como mínimo, tres meses en territorio de operaciones, figurar en tres hechos de armas y haber tomado parte en alguna fase de ellos desde puestos de gran peligro o incorporación a fuerzas armadas, desarrollando con acierto su cometido, cuando de jefes, oficiales o sargentos.

Séptima.- Medalla del Valor. Se otorgará por hechos y servicios verdaderamente extraordinarios, en las mimas condiciones señaladas por la concesión de la “Medalla del Deber”, siendo indispensable que el propuesto se encuentre en posesión de ésta última.

 







jueves, 2 de septiembre de 2021

RECUERDOS Y AÑORANZAS DEL CERRO DE FUENTE ÁLAMO DE LAS NIETAS DE TEODORA VERA




                                                                                                                                                                                                                       Hace unos días recibí este bonito mensaje:

“Hola Domingo,

Somos tres hermanas de la provincia de Barcelona que hace tiempo leemos tus artículos sobre Fuente Álamo.

Entre ellos varios dedicados a miembros de nuestra familia algunos de los cuales nos han emocionado enormemente, como el que dedicaste a nuestro tío Rafael Cano Vera “Rafalín” tan querido por nosotras y que su pérdida a temprana edad nos dejó un gran vacío en nuestros corazones, la mención que hiciste  del fallecimiento de nuestra amada abuela Teodora Vera Expósito y los más recientes dedicados a los Vera de la Dehesilla de Fuente Álamo, donde nombras a muchos de nuestros antepasados como nuestros bisabuelos Domingo Vera y Paula Expósito y el también emotivo artículo dedicado a nuestra tía María Vera Expósito, (aunque realmente era tía de nuestra madre siempre la llamemos tía María pues era una mujer a la que queríamos mucho), fallecida este mismo año.

Si no es mucho atrevimiento, nos gustaría aportar nuestro granito de arena a este Blog para la reconstrucción de una aldea, para nosotras nunca olvidada.

Te mandamos unas líneas que resumen lo que para nosotras significó, significa y significará Fuente Álamo y te adjuntamos algunas fotos.

Nos despedimos no sin antes agradecerte la labor que haces y animarte a seguir, pues con tus artículos acercas un poco más Fuente Álamo a mucha gente a la que como a nosotras no se nos olvida nuestro PUEBLO.

Gracias por tu tiempo.

Manoli, Adeli, Mari Expósito Cano, hijas de Mercedes Cano Vera.”

     En seguida les di respuesta positiva, como no podía ser de otra manera, pues era yo el agradecido, al saber que mi trabajo estaba siendo reconocido y valorado por personas que llevarán siempre en su memoria nuestro pueblo y que en alguna etapa de su vida formaron parte de su historia y lo más importante, que siguen queriendo ser parte activa, siendo muestra de ello, el cariño que ha puesto en estas letras:

 “El cielo de un azul tan intenso que sorprende, tejados de casitas que siguen la pendiente, hileras de olivos que cubren todo lo que mis ojos alcanzan a ver, el sol del atardecer calentando mi cara y yo, privilegiada, en el mirador más hermoso del mundo, el patio de mi abuela, con sus paredes encaladas, blanco perfecto.

Los lugares donde pasamos nuestra infancia nos dejan huella, marcan nuestros corazones.

Como cada verano, al empezar a sentir el cosquilleo en el estómago, no solo por la subida de sus calles empinadas, sino también por la emoción de haber llegado a Fuente Álamo, nos olvidábamos de los más de 900 km. que habíamos recorrido.

Llegar al Cerro, encontrar esperándonos a nuestras queridas tía y abuela, fundirnos en un abrazo, cruzar la verja verde que nos adentraba a nuestro hogar por unos meses.

Recuerdos….. saludos de mujeres que trasmitían espiritualidad, serenidad, paz. Aventuras compartidas con los niños y niñas del pueblo que nos acogían, no sin cierta curiosidad, como si fuéramos una más de Fuente Álamo.

Nombres que evocan nuestra infancia: la Mari de Ventura, Martina y Núria hijas de Santiago el alcalde, Javi y Mari de la Luci, Vicente el de la Justa, Paco el de Braguetas, Maria Eleni, Bea hija de Paco el del bar, Quini el de la Mariqui que junto a mi hermana Manoli decidieron que no podía haber ningún gato sin bautizar en el Cerro y gato que cogían, gato que bautizaban en la pila de detrás de casa de la Adora y tantos otros con los que compartimos juegos de la infancia.

En Fuente Álamo era fácil practicar el tan de moda ahora Mindfulness, estar presente, disfrutar totalmente del momento en que te encuentras.

Allí éramos conscientes de cada uno de nuestros sentidos. Oír el canto de los gallos al amanecer, la bocina del vendedor ambulante que acercaba sus productos a las puertas de las casas. 

Oler el pan recién hecho cuando bajábamos al horno, la tierra mojada al regar las flores cada noche.

El gusto de los higos que recogíamos de la higuera cercana a la casa.

Ver el cielo estrellado una noche en la que el calor nos regaló poder dormir al raso.

Sentir los tiernos abrazos de nuestra abuela.

Las cosas más sencillas se gravaban en nuestras mentes como experiencias especiales.

El agua fresca del porrón, cruzar el patio al mediodía, no sin antes ponernos los sombreros de paja (para evitar preocupar a nuestra abuela), lavar la ropa a mano en la pila, sentarnos a la “fresca” en las sillas tan típicas del pueblo.

Con el fin del verano llegaba el dolor de la despedida, ese nudo en la garganta al subirnos al coche y dejarlas a las dos allí de pie junto a la verja y que una vez comenzaba la partida se convertía en llanto desconsolado. Solo quedaba esperar a que los meses pasaran rápido para volver…

Nosotras también nos sentimos parte de Fuente Álamo, sino de nacimiento sí de corazón”.

Manoli, Adeli, Mari Expósito Cano, hijas de Mercedes Cano Vera





 

https://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com/2021/07/los-vera-de-la-dehesilla-de-fuente.html



domingo, 8 de agosto de 2021

PRIMERA COMUNIÓN EN FUENTE ÁLAMO. AÑO 1962

 


            El año 1962, en cuanto a la celebración de la Primera Comunión, fue grandioso tanto por el número de niños y niñas que recibieron por primera vez al Señor, como por el acto festivo-religioso en sí. En total se reunieron 17 nuevos comulgantes (6 niñas y 11 niños), donde los niños casi duplicaron a las niñas en el inicio de la fe.


Aquel acto solemne del 23 de mayo de 1962 fue  oficiado por el cura D. Cristóbal Merino Almagro (1959-1966). Durante el curso 1961-1962 fueron preparados tanto los niños como las niñas por un solo maestro
: D. José Oria Rodríguez, quien apenas llevaba un par de cursos en la Aldea. Sin embargo, como hemos dicho en otras ocasiones, serían los alumnos más aventajados los que prepararían a los niños y niñas, así como catequistas venidos de Alcalá la Real.

El tradicional chocolate y dulces caseros fueron tomados en la Escuela. El acto fue acompañando visualmente y a la captura de salir en alguna instantánea por multitud de familiares y amigos, quedando inmortalizados por un fotógrafo oficial. Previamente se hizo una fotografía de grupo en el repecho de acceso a la Escuela: sacerdote, maestro, monaguillo y demás autoridades eclesiásticas de SAFA, junto con los niños y niñas y Aquilino Martín. Así mismo, los niños cuyos padres quisieron o disponían de medios, se hicieron un retrato individualizado.

En las respectivas casas esperaban familiares para comer el arroz caldoso con conejo.

Por parte de las niñas, fueron protagonistas aquel día: María Dolores Pérez Pérez, Lucía Pérez Vera, María Lourdes Pérez Castillo, María Pareja Vera, Mercedes Vera Pérez y  Lourdes Aguilera Cano;  y por parte de los niños: Antonio Cano Vera, Juan López Aguilera, Antonio Aguilera Pérez, Domingo Martín López, Juan Aguilera Cervera, Enrique Aranda Sánchez, José Pareja Jiménez, Andrés Escribano Moyano, Antonio Ibáñez García, José Carrillo… En general los niños y niñas nacieron en 1954, aunque también acudieron algunos  nacidos entre 1953 y 1955, incluso en 1951, debido a alguna circunstancia que impidió que la hicieran con los de su tiempo.

Todas las niñas lucían su vestido blanco, su diadema en el pelo o corona, velo, guantes y un bolsito lleno de encajes, cintas y lazos, donde iban guardando el dinero con que los familiares y vecinos las obsequiaban a cambio de la estampita.

Por otra parte, los niños por lo general iban vestidos de traje, compuesto de chaquetilla y pantalón con camisa blanca. Algunos iban más informales con pantalón corto y chaquetilla, pues todavía no se habían puesto de moda los trajes de marinero, o de almirante.

Los más atrevidos visitaban a los vecinos para que le proporcionasen el correspondiente donativo (una gorda o una perrilla) a cambio de la estampita. La dedicatoria solía venir impresa, pero en algunos de los casos eran los familiares los que caligráficamente ponían la inscripción.

En algunos casos, para evitar gastos mayores o porque las circunstancias así lo querían, celebraron la comunión dos hermanos a la vez, que fueron los hermanos María y José Pareja Jiménez, eso evitó agotar las estampitas, pues se podía sobrescribir, uno y otro nombre. 

Para ese día tan especial Marcelino Pérez se trasladó en moto directamente  a la emisora de “Radio Atalaya” de Cabra para solicitar que le dedicasen a su hija María Dolores la canción de “Su Primera Comunión” de Juanito Valderrama.

Pero todo no sería tan especial, pues Antonio Ibáñez, tuvo que acudir al sepelio de su tío Ricardo, con el traje de primera comunión.  

Posdata, yo asistí al acto en el seno de mi madre.

 

Nuestro agradecimiento a María Dolores Pérez Pérez y a la familia Aranda Sánchez por haber facilitado las fotografías.

 En esta semanas hemos recibido nuevas fotos de Puri Pérez, María Expósito, Lola Aguilera, José Luis y Francisca Arenas... a quienes agradecemos su colaboración.



lunes, 26 de julio de 2021

MARÍA VERA EXPÓSITO (1934-2021). RECUERDOS DE LA DEHESILLA DE FUENTE ÁLAMO

  En alguna ocasión hemos hecho referencia a que nuestras vidas se quedan un tanto incompletas, no solo porque no hemos realizado todo aquello que nos hubiese gustado, sino porque no hemos podido transmitir todos nuestros conocimientos a generaciones futuras. Con María Vera, me han quedado pendientes algunos ratos de charla. Hace unos días me enteré que  el pasado 15 de mayo  nos había dejado y que San Isidro Labrador la había recogido en su seno.  Aunque soy consciente de que a su familia le ha quedado un hueco mucho más grande,  a mí, aparte del sentimiento de perder a una amiga colaboradora y seguidora de mis publicaciones, me queda también una obra inconclusa, aunque gracias a unas hojas manuscritas que me entregó hace algún tiempo y las muchas conversaciones que mantuvimos, intentaré acabar,  contando con estas letras póstumas aquella parte de la obra de su vida en Fuente Álamo. En aquellas notas nos contaba sus recuerdos y vivencias de aquellos años 50 y 60 del siglo pasado, que hemos transcrito casi literalmente. Sin su gentil colaboración no hubiese sido posible el estudio de árbol genealógico de una parte de los Vera, de la que María era un miembro más, cuya cuna estaba en la Dehesilla de Fuente Álamo.

    María Vera Expósito era hija de Domingo Vera Viana (1899) y de Paula Expósito Romero (1902), quienes tuvieron también como hijos a: Aurelio 1923, Andrés 1925, Teodora 1927, Marín 1927, María 1934, José 1935, y alguna otra como Desideria, que no sobrevivió.

Nació en la Dehesilla de Fuente Álamo en los años previos a la Guerra Civil, en concreto el 3 de junio de 1934. Allí permaneció durante 32 años, donde nacieron sus dos hijos mayores, hasta que las circunstancias, como a otros muchos fuentealameños, le hicieron tener que emigrar a Cataluña en 1966, colocándose en el Balneario de Vichy en Caldas de Malavella. Seis años después se estableció en Salt de Gerona, donde vivió hasta unos años después de enviudar,  momento en que rehízo su vida junto a Gerónimo Vera, su primo hermano, al que cariñosamente siempre le han llamado Mito. Con él regresó a Alcalá la Real y ha sido inmensamente feliz durante los últimos 19 años de su vida.

Sus recuerdos quedaron grabados a fuego y atrapados para siempre en aquella su Dehesilla natal. Durante su infancia, una vez finalizada la Guerra Civil tuvo que ser acogida por sus tíos Francisco Vera “Tío Vera” y Leona Vera, para no pasar hambre y dificultades, pues a su padre lo habían ingresado en la cárcel por el solo hecho de haber pertenecido a los que pensaban de forma diferente. Cuando regresó del cautiverio, el cabeza de familia, conocido por Domingo “Quintín” en honor a su abuelo, gestionó las salinas del Barranco de las Grajeras y la sal les ayudó a salir adelante y a dar alimento a las seis bocas. También repartía con su mula, pan por los cortijos. Recuerda que por entonces llovía mucho y el Barranco del Arroyo apenas podía cruzarse para ir al aguadero donde había un paso hacia La Rábita y San José. A veces se clavaban las bestias en el barro y tenían que acudir los vecinos para sacarlas…

Entre las muchas anécdotas sobre sus vivencias durante aquellos años tan duros, nos contó que siendo una niña, su abuelo Quintín vio en ella la capacidad de aprender rápidamente, y con la ilusión de que su nieta en un futuro pudiera llegar a ser panadera, le pagó algunas clases con un maestro, que por aquel entonces se trasladaba por los cortijos con la intención de enseñar a los niños unos mínimos conocimientos necesarios para labrarse un futuro, y que por las circunstancias  de la época no tenían la oportunidad de ir a la escuela. Aprendió a leer, escribir, y las cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Recordaba con mucho cariño y agradecimiento, consciente del sacrificio económico que supuso en los tiempos de escasez por los que estaban pasando en aquel momento. Su abuelo se dio pronto cuenta que María era muy despierta, capaz de aprender con facilidad y atrevida para realizar tareas complicadas sin miedo al fracaso.

Su prodigiosa memoria y su buena caligrafía hicieron  que escribiera en unas hojas de papel los  recuerdos que tenía de todos sus vecinos de la Dehesa y que ahora transcribimos casi literalmente aquellas notas que redactó y me hizo llegar:


 
En la Erilla vivía Cristino Mesa, quien tras enviudar se juntó con una mujer llamada Catalina que vino con su hijo Costorillo. Lo que nunca se había visto en Fuente Álamo fue a Cristino con un buey aparejado, lo cargaba de aceitunas, leña y otras cosas, también lo llevaba de reata, porque lo normal era tener mulos o caballos. También tenían de vecinos a Juan Antonio Ortega, apodado Rayo, y sus hijos. Un poco más arriba vivía Pablo Vera “Paulillos el Nano” y su mujer María Sampedro Cano Mesa, hermana de Urbana de Clavijo, que se marcharon a Castro del Río. En Cortijo del Llano había una familia bien situada formada por Antoñillo y María. Y frente estaba la Casilla de Paquito Sierra, donde vivían de caseros Saturnino Díaz y sus hijos apodados Los Guardillas, uno tocaba el clarinete.

 En la Loma y la Casa de Cano vivía Antonio Cano casado con su hermana Teodora y Francisco García Vera apodado Verraco. Al lado vivía  Vicente Arévalo.

Me crié en la casa de Juanillo “Torres”, siendo vecina de Manuel “Torres”.  Allí nacieron algunos de tus tíos.  La mujer de Juan “Torres”, Natividad, era hermana de su padre. Las casas estaban juntas, con entrada separadas, pues era la casa de mi abuelo Quintín. Un poco más cerca de Clavijo vivía su tío Antonio Vera Aguayo y su tía Leona Vera Viana.

La fiesta de la Cruz Clavijo se celebraba el  20 de mayo, era la más soñada de las cruces, con sus puestos de turrón, su música… De aquella fiesta salieron muchas parejas de novios…  Después se rezaba la novena a la sombra del cortijo, donde todas las tardes venía gente desde los Bujeos, los Cerinos, los Florios… Los caminos eran de barro y mucho polvo en verano. En aquellos años en el Cortijo de Clavijo vivía una gran familia y era el centro o refugio de todos los que pasaban por allí. Ceferino y Urbana merecen un homenaje.

Llegó la luz a Dehesilla, no recuerdo si en los años 50 ó 60, no había televisión pero sí radio y se ponían todos a escuchar en los inviernos en la mesa camilla. Eran tiempos de muchos apuros sin agua corriente y pocos recursos.

Un poco más alejado pero dentro de la Dehesa estaba la casa de Custodio y su esposa Hipólita Aguilera Vera y sus hijos. En la parte de arriba del camino vivía Zoilo, que era de las Grajeras. El camino llegaba hasta la Casa de Huerta donde vivía Gregorio Aguilera, y la familia Aranda. En las Revueltillas vivía José Pérez “Tabolo” y su hermano Andrés Vera. En el Peñón la familia de Rafael Pérez “Tío Monjes”, y los hermanos Pérez La Rosa: Paco y Antonio, vecinos de Esteban García, quien tenía hortalizas y todos los vecinos sobre todo la juventud les ayudaban a desgranar maíz y habichuelas y después un rato de baile con una criba y a veces con un laúd que se traía un vecino para divertirnos.

La carretera que conducía a Alcalá la Real era peligrosa por los “desretideros” pasaba por las Pozuelas donde vivía dos vecinos: Sinforiano y Fernando Padilla. Desde allí se podía bajar hasta a la Solana, que era un cortijo muy grande, que tenía panadería. El camino enlazaba hasta las Pilas del Cortijo de la Fuente de la Encina donde vivía Vicentillo Cano, allí estaba el lavadero de Las Grajeras y de los alrededores. El Cortijo de la Fuente de la Encina “Arriba” rompió a arder un 11 de agosto, así que Inés de los Floríos el 15 de agosto fue alumbrarle a la Virgen, afortunadamente no ardió gracias a que  acudieron todos los vecinos…eran tiempos de unión”.

Con estas notas que nos dejó le queremos agradecer a título póstumo su aportación a la historia de Fuente Álamo. Ahora como notas biográficas solo diremos que estuvo casada con José Ochoa Aguilera (1932-1997) con quien tuvo cuatro hijos: Juan (1958), María del Carmen (1960), Josefina (1968)  y Domingo (1970), a quienes agradezco su colaboración, siendo continuadores de la saga Vera por aquellas partes de la geografía española donde se hallen. Ellos me han comunicado algunas actitudes de su madre, como su generosidad,   ayudando siempre a todo aquel que le pedía ayuda o consejo. Era muy querida y respetada por todos sus vecinos, a los que les tenía siempre su puerta abierta para cualquier necesidad, y para los que nunca tuvo un "no" como respuesta. Fue una mujer luchadora y valiente hasta el final, que supo levantarse cada vez que la vida la doblegó. Ellos se sienten muy orgullosos de todo lo que les ha transmitido a través de su ejemplo, con respeto y sin imposiciones. 

Alguno de sus hijos mayores, caso de Juan,   todavía guarda recuerdos de su infancia del día a día en la aldea, como cuando en alguna ocasión acompañaba a su madre a lavar la colada al arroyo, un punto de encuentro obligado para las mujeres de la Dehesa, en el que charlaban mientras lavaban. Y que siendo un niño muy curioso, quiso imitarlas,  poniéndose a lavar junto a su madre, con sus pequeñas manitas en el agua helada, y que en una ocasión un hombre que pasaba por allí lo vio lavando y le reprimió por considerar que esa tarea era propia de mujeres y que él no debía hacerlo.  También nos cuenta cuánto le gustaba acompañar a su abuelo Domingo, subido en una mulilla, de aldea en aldea o de cortijo en cortijo, llevando pan a los vecinos y los encargos que le hacían, para ganar algo de dinero.


A mí me quedará el recuerdo de una aficionada a la lectura y apasionada por las historias de su pueblo, siempre expectante de la publicación en papel de libros sobre Fuente Álamo, que le alimentaban sus recuerdos. No sé si ella supo que era conocida en el pueblo cariñosamente como “María la Lista”, pues siempre destacó en los conocimientos y en las inquietudes y que su abuelo Quintín como hemos dicho pronto supo descubrir y apuntalar, aunque solo fuera para que su nieta el día de mañana fuera panadera. El saber era su gran pasión. El pueblo pierde una enamorada de su cultura, esas que tanto se echan de menos y tan necesarias son para transmitir nuestras historias de generación en generación.




jueves, 22 de julio de 2021

PRIMERAS COMUNIONES EN EL AÑO 1966 EN FUENTE ÁLAMO

                 

El año 1966 fue un año especial en la celebración de las Primeras  Comuniones en Fuente Álamo. Aquel 23 de mayo de 1966 fue particular por muchos motivos: se estrenó cura, se editó una estampita o recuerdo de la Primera Comunión genérica de Niños y Niñas de las Escuelas de Sa.Fa para ese día en concreto, nos visitaron otros representantes religiosos, fue una celebración paritaria (8 niños y 8 niñas), fue la despedida de la familia Ochoa Vera, quienes emigraron a Cataluña; recibió Paqui Malagón como regalo la primera muñeca de cartón que pudo llegar a la aldea… 


 Fueron en total 16 niños (8 niñas y 8 niños) los que comulgaron por primera vez de la mano del párroco D. Antonio Marín Sánchez  (1966-1971), recién llegado a la Aldea. Previamente, durante el curso escolar, fueron preparados mediante la catequesis impartida a los niños por el maestro  D. José Oria Rodríguez y  las niñas por  Dª Carmen Rodríguez García (descendiente de los De Córdoba), primera maestra en llegar a Fuente Álamo. Realmente era uno de los alumnos o alumnas mayores y más aventajadas quien adoctrinaba en la fe cristina y los preparaba para recibir la primera comunión. José Aguilera Cervera recuerda que también por las tardes les daban catequesis en casa de María Ramírez.


En este año la celebraron, por lo general, los niños nacidos en 1959 y, excepcionalmente, algunos nacidos en 1958 y 1960. Entre la niñas: Francisca Malagón Funes (1958) Antonia Haro Bermúdez, Antonia Salazar Anguita, Luisa Cano Carrillo, María del Carmen Ochoa Vera, Custodia García Cuenca, Isabel Pareja García…; Entre los niños: Gregorio Martín Arévalo, Emilio Malagón Castillo, Jesús Aguilera Fuentes, Enrique Zuheros Aguilera,  José Aguilera Cervera, Manuel Jiménez Aguilera... 


Mi agradecimiento a Francisca Malagón Funes, Jesús Aguilera Fuentes, y María de Carmen Ochoa Vera por las fotografías enviadas. Aprovecho para animar a todo el que quiera salir vestido de comunión, que remita su foto recordatorio, para ir incluirla en el libro. Queremos hacer el mayor reportaje fotográfico posible, en donde estén incluidos todos o casi todos los fuentealameños.




sábado, 17 de julio de 2021

LOS VERA DE LA DEHESILLA DE FUENTE ÁLAMO. II PARTE.

 

  El apellido Vera es uno de los más renombrados y que más ha perdurado en el tiempo en la Aldea de Fuente Álamo. Casi todos los fuentealameños o gran parte de nosotros tenemos un antecedente o antepasado de la saga, y lo que es más llamativo, muchos de nosotros estamos enlazados por la sangre o por cadenas genéticas y lo desconocemos e incluso mantenemos desacuerdos o diferencias con gente de nuestra propia sangre. Tanto es así que me atrevo a decir que más del 50 por ciento de las actuales casas de vecinos de Fuente Álamo son descendientes  de los Vera. (Daniel de Antonia Vera Moreno, Mariana, Antonio y Francisco de Antonio Pérez Vera, Mercedes Ramírez de Juliana Vera Jiménez,  Paqui Pérez de Hipólita Aguilera Vera, Antonia de Asunción Pérez Vera, Manuel de Isabel Pérez Vera, Mercedes de José Vera Torres, Antonio Aguilera Valverde nieto de José Benito Aguilera Vera, Julia Pérez Vera hija de Sancha Vera, Victoria Pérez Vera de Cándida Pérez Vera, más otras muchas generaciones posteriores como José, Raquel, María Dolores, Antonio, Rafael Aguilera, Josefa Jiménez, Julia Vera…)


Los años 50 y 60, incluso los 70 del siglo pasado, la Dehesilla fue el bastión más fuerte de los Vera, con Quintín Vera Gutiérrez y sus cuatro hijos, entre ellos Domingo y sus cinco hijos, entre ellos María; y  Valentina y su hijo Francisco García Vera; Rogelio y su hijo Antonio Vera Aguayo a quien propiamente se le denominaba “Vera” o “Tío Vera” y su esposa Leona Vera.

       También vivieron en la Dehesa hasta que emigraron en los años 40 los miembros de otra línea de los Vera, pero del mismo tronco. Era la familia formada por Lorenzo Vera Castillo (1875), apodado  “El Nano” casado con Adoración Carrillo Ruiz (1885) “Tía Adora” quien ejercía de matrona en Fuente Álamo en aquellos tiempos de preguerra y postguerra. Gestionaron un pequeño horno de pan en una pequeña casilla en la Joya de Pernías, llamada Casa de Los Nanos, hoy totalmente desaparecida, al igual que la familia, al menos de la zona de Fuente Álamo. Sus hijos eran: Pablo (1906), Ángeles (1912) (Almedinilla), Josefa (1914) (Barcelona), Pedro (1916), Francisco (1918) (Miranda de Ebro), Antonio (1920), Lorenzo (1923). Pablo Vera Carrillo, casado con María Sampedro Cano Mesa (1909), con la que tuvo 6 hijos: Ángeles (1933), Matilde (1936), Francisco (1937), Luis (1939), Juan y Adoración. Vivieron en las Revueltillas, todos nacidos en Fuente Álamo, excepto Adoración. Pablo “Paulos”, como hemos dicho, sería el último en abandonar Fuente Álamo, emigró a Castro del Río mediados de los años cuarenta, se marcharon atraídos por sus primos los hijos de su tío Francisco Vera Castillo, en concreto su primo Rafael Vera Guardia.

Partiendo del padrón de 1825, del que podemos decir que es el primero que considera a Fuente Álamo con entidad propia, pues en el padrón de 1801 a la gente que habitaba lo que después fuera su partido, se les anota dentro del partido de campo de La Rábita o de las Caserías. Así tenemos como base o tronco el formado por el matrimonio de Francisco de Vera, nacido en torno al año 1773 e Isabel Montañés nacida sobre el año 1790.  Por situarnos en el tiempo y el espacio, en el padrón de 1837, Francisco de Vera aparece como jornalero viviendo en uno de los  cortijos de la Dehesa junto a su familia. Pero ya en el padrón de 1825 del que hemos partido, aparece inscrito el matrimonio con sus 5 hijos: Antonio de  15 años, Isabel (no consta edad), Francisco de 8 años, Josefa (no consta), Rosario  (no consta edad) y Antonia (no consta edad).


En el padrón de 1833 su hijo Antonio ya no aparece con la familia, pienso que por error tampoco se inscribe a su hija Josefa y se cambia el nombre de Rosario por Rosalía.

Mientras tanto, en 1837 en la Dehesa (cuna de los Vera) seguía viviendo Francisco con su esposa Isabel y sus hijos: Isabel de 24 años, Francisco de 22 años, Josefa de 20 años, Rosalía de 17 años y Antonia de 14 años. Antonio se había casado con Manuela Aguilera Reyes, y se habían instalado en el Cortijo de Loma de Zalamea, pero debió fallecer joven, pues en este padrón de 1837 Manuela ya era viuda haciéndose cargo de sus tres hijos: Francisco, María y José y sus dos hermanos huérfanos: Benito y José.

También hay que recalcar que después de 1837 no tenemos padrones hasta 1878, por lo que perderemos algunas líneas. El Registro Civil comenzó a funcionar a partir de 1870 y los Archivos Parroquiales su consulta es un tanto complicada. No obstante hemos conseguido seguir las líneas principales que continuaron asentadas en la Aldea.

Serían los hijos: Antonio, Francisco y Antonia los que continuaron con la saga en Fuente Álamo. Los demás hijos no aparecen más en los padrones de Fuente Álamo, bien porque se trasladaron a otras localidades o bien porque pudieron fallecer prematuramente. 


Vamos a estudiar en este capítulo los descendientes de Antonio Vera Montañés 1809, quien se había casado en los años 30 del siglo XIX con María Manuela Aguilera Reyes (1810) con la que tuvo como hijos a Francisco 1831, María 1833, José 1835. A su cargo: Antonia, Ana, Benito 1820 y José 1823 (hermanos de Manuela). De ellos María y José continuarían la saga en Fuente Álamo, especialmente en la Dehesilla. José Vera Aguilera 1835 casado con Francisca Gutiérrez López 1833[1]  tuvieron como hijos a Antonio 1860, Rogelio 1864, Valentina 1866, Quintín 1869, Ángel 1873. De ellos Rogelio, Valentina y Quintín dejarían sus raíces plantadas en la Dehesilla donde proliferaron nuevas ramas, otras semillas fueron buscando terreno donde germinar en Las Grajeras o La Rábita.  Quintín Vera Gutiérrez (1865) casado con Expectación Viana Fuentes[2] (1868) tuvieron como hijos: Francisca, Leona 1895, Natividad 1897, Domingo 1899, Andrés y Gerónimo.


Será  María Vera Expósito[3], recientemente fallecida, hija de Domingo Vera Viana (1899) y de Paula Expósito Romero (1902), con quien conozcamos esta rama de los Vera y a la que dediquemos este capítulo. María nació en la Dehesilla de Fuente Álamo en los años previos a la Guerra Civil, en concreto el 3 de junio de 1934. Allí permaneció durante 32 años, donde nacieron sus dos hijos mayores, hasta… CONTINUARÁ….



[1] Antonio Vera Gutiérrez 1860 & Josefa Pérez Escribano 1860: Rosenda 1884, José 1887, María Leona 1888, María Sampedro 1890, Gregorio 1892, Romualdo. Rogelio Vera Gutiérrez 1862 &  Eufemia Aguayo Gutiérrez 1867: María 1883, Antonio 1890. Valentina Vera Gutiérrez 1866 & Manuel García Burgos 1869: Francisco 1889, Manuel 1887, Antonio 1892. Quintín Vera Gutiérrez 1865 & Expectación Viana Fuentes 1868: Francisca, Leona 1895, Natividad 1897 Domingo 1900, Andrés, Gerónimo. Ángel Vera Gutiérrez 1873 & Josefa Ruiz García 1877.

[2] Romualdo Vera Pérez. & Laureana  Torres: José 1924. Antonio Vera Aguayo 1890 & Leona Vera Viana 1891: n. Justo 1937. María Vera Aguayo 1883 & José Pérez: Cándida. Francisco García Vera 1888 & Valeriana Cano 1889: Patrocinio 1916, Antonio 1919, Isidro 1921, Felisa 1926, Isidora 1928. Francisca Vera Viana & José Mª Gutiérrez: María, Gregorio, Justo, Serapio, Alfredo, Paquita, Celedonio, Antonio. Natividad Vera Viana 1896 & Juan Pérez Pérez 1894: María 1921, Juan de la Mata 1923, Ana 1926, Manuel 1932, Hipólita 1934. Domingo Vera Viana 1899 & Paula Expósito R. 1902: Aurelio 1924, Andrés 1925, Teodora 1927, Marín 1927, María 1934, José 1935. Andrés Vera Viana & Teodora: Gloria, Domingo, Piedad, Gabriel, Francisca. Gerónimo Vera Viana. (Grajeras) & Juana: Adela, Fermín, Paula, Bibiana, Antonia, Gerónimo, Helia, Antonio.

 [3] María Vera Expósito (19[3]4) & con José Ochoa Aguilera 1932. Juan (1958), María del Carmen (1960), Josefina (1968)  y Domingo  (1970).