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miércoles, 1 de junio de 2016

TRÁGICO ACCIDENTE EN LA EMIGRACIÓN DE FUENTE ÁLAMO. FRANCISCO MALAGÓN CASTILLO.



    Fue triste y doloroso para todo el pueblo y especialmente para su familia, la muerte trágica de uno de los jóvenes más trabajadores y aplicados en sus estudios que tuvo la aldea. Había nacido en Fuente Álamo el 3 de abril de 1952 en el seno de una familia humilde y religiosa, hijo de Pedro y de Pilar. Vivió su infancia y juventud en una casa que la familia tenía en El Cerro, si bien a principios de los años 70 se marcharon a Alcalá la Real, en concreto a la Calle Real. Como hemos dicho era buen estudiante; se le propuso costear una carrera, y de hecho sus estudios de bachiller le fueron sufragados en la SAFA. Le recuerdo, aunque vagamente, tocando la campanilla en las eucaristías procesadas en la iglesia de Fuente Álamo, siguiendo la tradición de sus abuelos maternos, Pedro y Eugenia, quienes eran los sacristanes del pueblo.
Francisco Malagón Castillo, falleció a los 21 años de edad a consecuencia de un trágico accidente ocurrido en una noche de la primavera del año 1973 (mayo). Sería sobre las 12 y cuarto de la noche, por lo que la mayoría de los viajeros dormitaban, aunque Antonio Aguilera Valverde iba despierto y pudo ver el suceso con la exactitud que le permitió la noche. Juan Ibáñez estaba sentado por la mitad del autobús, durmiendo. Juan Pérez Hinojosa iba despierto y sentado sobre el caparazón que recubría el motor del autocar, hablando con el conductor, y así evitar que éste pudiera dormirse, al tiempo que reposaba unos chorizos que habían comido en un bar de carreteras de la provincia de Jaén. En aquellos años se viajaba de otra forma, la gente se podía levantar y sentarse junto al conductor. Nuestro malogrado paisano ocupaba el asiento individual situado a la izquierda del conductor. En aquel autocar de la empresa de Pepe de Charilla viajaba un grupo 15 ó 20 emigrantes fuentealameños destino al Norte de España (Burgos) para trabajar en el acondicionamiento y construcción de carreteras. El accidente tuvo lugar en una recta de la Mancha, en la antigua Nacional IV a la altura de Valdepeñas, y según recuerda José Pérez Pérez, a la derecha se podía ver la escultura de un ángel (1). Allí ocurrió el impacto con un camión tráiler marca Pegaso procedente de las llamadas por entonces Vascongadas, que viajaba cargado de azulejos destino a Sevilla. El camión circulaba de frente, mientras que un turismo Seat 850, 4 puertas, color amarillo intentó adelantar al autocar, pero como el tráiler venía en sentido contrario, su conductor dio un volantazo para evitar el turismo y se cruzó en la carretera, el turismo se metió debajo en la caja del camión y el chofer del autobús en un intento de evitar el choque frontal tuvo que dar  otro volantazo a la derecha en un instinto de salvarse, chocando el autocar con su parte derecha con la caja del camión. Como consecuencia, Francis quedó atrapado con la puerta del autobús y el asiento. El techo del autocar saltó hacia arriba y se fue hacia atrás y esa fue la salvación de los demás viajantes. En el  accidente también influyó el que la carretera estaba mojada, según comenta Juan Ibáñez. También pudo tener consecuencias más graves si hubiese llegado otro vehículo por detrás, pues el camión se cruzó de carril, quedando éste totalmente atravesado en la carretera, según relatan algunos de los viajeros accidentados.

Aparte de la muerte de Francis, hubo varios heridos graves como Juan Pérez Hinojosa, cuya cabeza se introdujo entre los barrotes del volante quedando atrapada entre ellos, y otros muchos sufrieron heridas leves como Juan Aguilera Cervera, quien recibió varios puntos o grapas, o Antonio Aguilera Valverde, quien iba sentado sobre el medio del autobús y recibió un golpe en la nariz con el cenicero del respaldo del asiento. Algunos resultaron ilesos, pero casi todos con pequeños cortes producidos por los cristales o con hematomas como Juan Ibáñez Sánchez, Feliciano Ibáñez Sánchez, Juan y Miguel La Rosa Rodríguez, José Pérez Pérez, Rafalillo Castillo “Pandehigo”, Juan Aguilera Cano “Cascorro”, Emilio Malagón Ochoa, Luis Valverde Pérez, el Agüelo de Puertollano, Chele de Dorotea, cuñado de la Boni, o el propio padre del fallecido Pedro Malagón Ochoa, “Pere”, ect…. Por el lugar del accidente pasó un primer coche, y su conductor no quiso montar a los accidentados porque no quería que lo mancharan de sangre; la Guardia Civil después les diría que si hubiesen tomado la matrícula, no hubiese conducido más, según manifiesta Juan Ibáñez. Antonio Aguilera cuenta que cuando vio que Juan Pérez Hinojosa no hablaba, comenzó a pedir ayuda para bajarlo y él lo alargó a los que estaban abajo. Pararon un coche y se fue con él al hospital de Valdepeñas. Cuando llegaron al hospital, vieron que había olvidado su carnet de identidad, por lo que la Guardia Civil le pidió los datos. En el cuartel, al otro día, le hicieron unas preguntas sobre cómo habían ocurrido los hechos. Los accidentados fueron evacuados en distintos coches a varios hospitales de la zona, tal y como comenta José Pérez, quien coincidió en el hospital con la esposa del conductor del turismo. Chele, “el cuñado de la Boni”, comentó que al conductor del turismo, quien falleció en el acto, no se le conocía nada de la cabeza. Al ser un choque lateral los que iban situados a la derecha sufrieron el impacto más violento. El autocar se quedó en el lugar y todas las maletas esparcidas por el suelo. Sólo se quedaron allí Juan Ibáñez y Emilio Malagón, hasta que llegó una máquina retroexcavadora para arrastrar el autobús, que a pesar de todo, arrancó a la primera, llevándolo a un aparcamiento cercano. Juan Ibáñez se fue con el conductor de la retroexcavadora hasta hospital, donde le preguntaron si el accidentado grave era familiar, diciendo que era su amigo.
 Francisco no murió en el acto, estuvo cuatro o cinco días en la UVI del hospital, según manifiesta Juan Pérez, quien también tuvo que quedarse en el hospital al menos un mes más. Juan dice que le dijeron (él no recuerda, pues estaba inconsciente) que en su estancia en el hospital, Francis le decía: “Juan no chilles, que yo estoy peor que tú y no me quejo”, pues estaban en la misma habitación.
El mismo día del accidente a Juan Ibáñez y a Emilio Malagón, les dijo Pepe Charilla, que si querían volver no les iba a cobrar nada y  que podían ir a ver a sus familiares. Al otro día fue otro autocar y les trajo a todos a Fuente Álamo, excepto a Juan Pérez y a Francisco Malagón. Estuvieron 3 ó 4 días en Fuente Álamo y después del sepelio de Francis se marcharon de nuevo a Burgos, eso sí, ahora en tren.

(1) En el Cerro de las Aguzaderas, 2 km al norte de Valdepeñas y visible desde la antigua Nacional IV (actual A4), el Ángel de la Victoria y la Paz, un monumento dedicado a «los mártires de nuestra cruzada», obra de Juan de Ávalos. La obra consistía en la figura de un ángel de 15 m de altura con una espada en forma de cruz de 10 m realizada en chapa de cobre repujada recubriendo una armadura interior de hierro, y dos hitos de 25 m de alto que representan una puerta de la paz. El 18 de julio de 1976, 40.º aniversario del Alzamiento Nacional, un atentado con bomba del FRAP destruyó parcialmente el Ángel. Finalmente se dejó la escultura como había quedado, adecentándose los alrededores. Con el tiempo el Ángel fue deteriorándose, perdiendo la espada y quedando solo la empuñadura en forma de cruz.

viernes, 27 de junio de 2014

INMIGRACION Y ACOGIDA EN FUENTE ÁLAMO. FRANCISCA CAPILLA RODRIGUEZ “DE ANSELMO”. DE FUENTE VAQUERO A FUENTE ÁLAMO.


                   

                 El estudio sobre las migraciones quedaría incompleto sin hacer referencia a Fuente Álamo como lugar de inmigración temporal, así como un pueblo de acogida o adopción, bien como consecuencia de uniones matrimoniales o bien por la llegada de familias que encontraron en Fuente Álamo otra forma de vida. Fueron o son ahora vecinos, que vinieron fundamentalmente de aldeas próximas (Sabariego, La Rábita, Las Grajeras, Mures, Sileras, Caicena…) y que se integraron perfectamente al casarse con fuentealameños o fuentealameñas. Con el paso del tiempo, el acogedor recibimiento, la llegada de los hijos y otros muchos factores, les hicieron sentirse como auténticos fuentealameños, sin que por ello tuviesen que renunciar a sus orígenes.
               En los años sesenta, las familias de etnia gitana llegaban para trabajar como temporeros en la recolección de la aceituna, alojándose en la Mina, en el Cortijo Cerro del Almendro o en la Casilla de Isabel (en centro del pueblo). Recordaremos apodos de las familias como “Pecholebrillo” o “Tirillas” o el niño Regaliz (aquel que le arrancó a Julito La Rosa, las tiras decorativas del gorro de la murga de Navidad).
El pueblo recibía la visita temporal de indigentes como Juan Rico Rosa, que acudía durante cortos periodos de tiempo en verano en busca de lo que él llamaba “algún trabajillo” como meter paja. Solía dormir debajo de la higuera de Casa de la Tórtola, o en la barbería de Manino.  El gusto al vino le traicionaba y por una “peseteja” cantaba aquella canción de: “Alcaudete es un pueblo no muy grande, pertenece a la provincia de…”;  eso sí,  si se le molestaba, te apedreaba.
               También para la recolección de la aceituna, llegaron en los años setenta familias procedentes de La Pedriza, Venta de los Agramaderos o de Fuente Grande, que se alojaban en la casa de José ó Manuel González “Cañuelos” o en el Baño de Ardales, siendo los últimos moradores de lo que en otros tiempo fue tan prestigioso balneario. ¿Quién no se acuerda de Palmira, Rafael y su familia? ¿Y de la familia de Vale León?, ¿Y de Triana y sus hijos Curro, Vale, El Cherif, Fabiola…? ¿Quién era Julepa? ¿Y la familia bautizada en Fuente Álamo como los Tarantos: Antonio y José de Fuente Grande?
               Otras familias  vinieron y estuvieron viviendo en Fuente Álamo durante un largo o corto periodo de tiempo; así recordaremos a la familia del carpintero Antonio Atienza, que vinieron de La Rábita y se instalaron en la casa que después sería de la Galla; la familia Rosales, que se criaron en el Cortijo de la Vega; la familia Montes, que estuvieron de “caseros” en la Casilla de Sierra; la familia de Notanfeo, que vivieron en la Casilla Magarzo, o de la familia de apodo Tambora que habitaron el Baño. También en los años 80 se instaló en Fuente Álamo, el conocido como “Vecino Manolo” de Priego con su prole: Juan Manuel, Dani, los mellizos…., que compraron una parcela de tierra en el Llano y vivían en la casilla que actualmente es de Antonio Expósito; y así algunas familias más, que sería largo recordar y que de alguna forma dejaron su huella entre nosotros.
                Actualmente, la inmigración, procedente de Marruecos, es también temporal y vienen para la recolección de la aceituna, alojándose en casas vacías de la aldea y en cortijos deshabitados.
               La llegada “turística” de familias inglesas, mayores de edad, se produjo a principio de este siglo XXI. Fueron reacondicionando viviendas que en la mayoría de los casos, los fuentealameños habían vendido para instalarse en Alcalá la Real. Actualmente, una docena de casas están habitadas por familias británicas. El idioma y la diferencia cultural hacen, salvo algunas excepciones, que les esté costando integrarse y sentirse como auténticos fuentealameños. Algo que quizás, tampoco  pretendan,  prefiriendo conservar su idiosincrasia y sus costumbres, que siempre debe ser respetado.
               Entre los apellidos que se han ido arraigando en Fuente Álamo aparecen los de Gomarín, Capilla, Callejas, Zafra, Moral, Olmo, De la Torre, León, Ochoa, Miranda, Zuheros, Osuna, Trujillo, ect…, y que se fueron fundiendo con los de Pérez, Aguilera, Cano, Fuentes, Vera, Jiménez o con un apellido que en otros tiempos fue bastante usual en Fuente Álamo: Moreno.
Hecha esta exposición, llegamos al personaje de nuestra historia, como ejemplo de integración y cuya biografía la dividiremos en dos partes por razones sistemáticas: una primera parte, dedicada a la etapa anterior a su llegada a Fuente Álamo y otra a partir de su adopción como fuentealameña, no resultándole fácil su adaptación, como después veremos.
 Francisca Capilla Rodríguez, nació en Fuente Vaqueros, pero el destino quiso que su vida estuviera unida a otro pueblo con nombre de fuente: Fuente Álamo.
Natural de Fuente Vaqueros, aunque nació en el Hospital de San Juan de Dios de Granada, el  8 de julio de 1939. Dada la fecha de nacimiento el nombre le vino dado, para recordar a su tío Francisco, hermano de su madre, al que mataron en la recién terminada Guerra Civil, sin que se hallara el cadáver. Hija de Anselmo y Nieves. Es la 5ª niña de seis hermanos: Carmen, Josefa, Encarnación, Nieves, ella y Miguel. Como hemos dicho, tiene el privilegio de haber nacido en el mismo pueblo que Federico García Lorca y además, en una calle cercana a la de la familia del poeta, llamada Ronda del Cuarto en el nº  14. Sus padres llegaron a conocer al poeta cuando era niño; recuerda que su madre le contaba que estuvo en la escuela con Federico, hasta que se marchó a estudiar a Almería y que era un niño muy bueno, que llegaba con ropa nueva y muy bonita y volvía a su casa sin ella porque se la había dado a un pobre que tenía frío. Cuando se marcharon del pueblo, la casa de los padres de Federico, fue comprada por su primo Paco Capilla.
 Estuvo en la escuela hasta segundo curso y aprendió a leer un poco con el libro “Hemos Visto al Señor”, pero como la maestra Sra. Carmen pedía una voluntaria para ir a comprarle pescado, ella iba tan contenta al mercado de abastos que estaba enfrente de la casa que tenían sus padres. No pudo aprender mucho, porque la escuela no le gustaba y estaba, más bien, de moza de la maestra. Su segunda maestra se llamaba Doña Pilar, pero con ésta no estuvo de sirviente. La Primera Comunión la hizo de corto porque sus padres no tenían dinero para un vestido largo.
A edad temprana dejó la escuela y se puso a servir en una casa, donde también cuidaba a una niña. Después comenzó a trabajar en la vega, en la remolacha, donde los tractores iban cortándola y sacándola y ellas la limpiaban con una hoz y la cargaban. Con unos 12 ó 15 años, recuerda que en los inviernos iba con sus sillillas, braserillos y unas enagüillas o faldillas a trabajar en el tabaco negro,  unas matas grandes, que eran cortadas por los hombres y se colgaban con ramales. Ellas se las acercaban y los hombres las ataban con unas cuerdas y hacían manillas o paquetes y durante todo el invierno se ponían a secar, después las mandaban al Centro a Málaga. Durante el verano trabajaba en el tabaco rubio. Su padre tenía dos secaderos de tabaco y 20 majales de tierra. También trabajó arrancando lino. Hecha ya una mozuela, dejó de desojar tabaco negro y rubio y se puso a bordar velos de tul y mantillas, con otras 4 ó 5 mozuelas del pueblo.
A quién sería su marido, Antonio Anguita Montañes, fuentealameño, lo conoció a través de un primo de él, llamado Francisco Pareja y apodado “El Zangano”, que también era primo de Librada, quien compró un bar y una casa en Fuente Vaqueros, al lado de la casa de sus padres. Su marido fue a ayudarle en una feria de ganado, y se conocieron. Recuerda que a Fuente Vaqueros iban gentes de todos partes, hasta de Sileras, y de un pozo que tenía su abuela paterna les daban de beber a los cochinos, todavía le recuerdan esto, algunos silereños. Recuerda que en Fuente Vaqueros hacían el Corpus Chico, una feria muy grande, que es poco parecida actualmente. Su marido fue en alguna ocasión en bicicleta desde Fuente Álamo para verla.
Se casó el 29 de octubre de 1960 en la misma iglesia de Fuente Vaqueros que había hecho la primera comunión, aunque renovada tras un derribo. El cura se llamaba Don Eduardo y era amigo de su abuela Carmen, pese a ello no quería casarla, y le decía a su abuela, que ella no debería consentir que se casara su nieta, pues sólo llevaban un año escaso conociéndose. Además, él era de otro sitio y le llevaba mucha edad (12 años), por lo que tenía que llevar un certificado de Jaén; el cual presentó su marido un día antes de la boda, con la firma su padre.

A partir de su boda cerraría una etapa de su vida en Fuente Vaqueros y abriría una nueva en Fuente Álamo, que llega hasta nuestros días, aunque nunca olvidará al pueblo que le vio nacer…   Continuará próximamente.