Mostrando entradas con la etiqueta CREENCIAS Y RELIGIÓN EN FUENTE ÁLAMO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CREENCIAS Y RELIGIÓN EN FUENTE ÁLAMO. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de enero de 2017

PÁRROCOS DESDE LA POSTGUERRA EN FUENTE ÁLAMO



         Los fuentealameños, por lo general, han sido y  son un poco agnósticos desde mi punto de vista, y más los hombres que las mujeres. En épocas, como la II República y durante la Guerra Civil, algunos demostraron el ateísmo propio de aquellos tiempos, llevando a sus últimas consecuencias el Art. 3º de la Constitución de 1931, que  recogía que “El Estado español no tiene religión oficial”. Se cuenta que en estos tiempos, la otra imagen que había de San Antonio de Padua, tallada en madera, fue atada con cuerdas y arrastrada por el pueblo y mojada en el pilar, a la vez que se le decía “como eres Santo no te ahogarás”, y según se cuenta finalmente quemada para hacer unas migas, “acto vandálico” muy corriente en la época republicana.
Su feligresía perteneció desde su creación, así como las ermitas de los partidos rurales de Charilla, Ermita Nueva, Val de Granada, las Caserías y Hortichuela, a la parroquia de Santa María la Mayor, que estaba situada en la explanada de la Fortaleza de la Mota, y que al ser quemada por los franceses en 1812, fue traslada a la Iglesia de Consolación, así sus documentos relativos a bautismos y matrimonios, que no fueron destruidos por el referido incendio. Posteriormente en 1893 pasó a depender de la Parroquia de San José de la Rábita, inscribiéndose allí todos los asientos sacramentales relativos a los fuentealameños.
Han sido muchos los párrocos que han predicado y oficiado la eucaristía en la iglesia de Fuente Álamo desde su construcción en el siglo XVIII, salvo el intervalo de la Guerra Civil, que fue utilizada como granero o como prisión. Con una simple consulta de los archivos parroquiales, podríamos puntualizar el tiempo y su sucesión. Los asientos que se conservan en la Parroquia de San José datan de 1893, sin que sepamos donde se conservan los anteriores a esta fecha, aunque, como hemos dicho, se encuentren seguramente en la Parroquia de Santa María la Mayor. Este trabajo está fundamentado en base a los recuerdos propios y los trasmitidos por los fuentealameños y abarca a partir de la Guerra Civil hasta nuestros tiempos.
La doctrina católica se ha ido predicando por misioneros o por sacerdotes que a lo largo del tiempo han pasado por el mundo rural fuentealameño. Traían los aires dogmáticos que corrían en cada época. Los hemos visto con sombrero, con sotana, con alzacuellos, sin sotana y con chaquetilla vaquera. Algunos siguiendo los cánones eclesiásticos de los años 50, negaban el matrimonio católico a los fuentealameños porque “se habían llevado la novia”, (ante tal negativa le respondió Pablo, en el bar de Domingo Aguilera, que si él no quería le daba igual, que “curas había para apestar”); hubo otros de corte más liberal en los años 90 del siglo pasado que llegaron a renunciar al celibato y abandonó el sacerdocio para casarse.
Muchos fuentealameños recuerdan en esos años 40, 50 y 60 como los párrocos venían desde San José de la Rábita. Para ello, Pedro González “Cañuelos” o el alcalde pedáneo José Pedro, solían mandar con un mulo a uno de sus hijos. Se les veía asomar por la Piedra Gorda, al párroco a lomos de la bestia y al mulero con el cabestro en la mano y el mulo a la reata. Así, después de la Guerra Civil aparece como párroco D. Diego Galán Martos, quien fue sucedido en el cargo por D. Emilio Gondra Cigorraga en agosto de 1940 hasta 1944, quienes tuvieron bastante trabajo, pues tuvieron que cristianizar a los fuentealameños que la II República y la Guerra Civil les dejó la libertad de optar.
Luis Cano Nieto, recuerda después de la Guerra Civil a D. Manuel  Armenteros Guerrero (1944-1953). Aunque otros como Antonio Aguilera e Iluminada Valverde nombran a Don Santiago Cozar López (1953-1958) como el cura que les casó en 1958. Don Cristobal Merino Almagro (1959-1966) debió ser el cura que casara a Santiago Cano y María Haro en el año 1959, y no lo hizo porque los novios se retrasaron y se marchó a San José de la Rábita. Tuvieron que echar mano a nuestro cura local Don José Zamora Jiménez, el hijo de Blas, quien fue el que al final les echó las bendiciones; si bien el hermano de Santiago le reprochó aquel desplante diciendo que curas había muchos… Con Don Cristóbal hicieron mi hermana Loli y sus amigas en 1961 la Primera Comunión, así como mi hermano Antonio en 1963. En 1962 también caso a Feliciano Ibáñez y Justa Aguilera.
Desde mediados de los años sesenta, el párroco que procesaba misa en Fuente Álamo, se llamaba D. Antonio Marín Sánchez (1966-1971). Fue el último cura que usó sotana en Fuente Álamo. Junto con los maestros D. José o D. Leovigildo y el alcalde José Pedro, representaban la autoridad en el pueblo. Con él hice la Primera Comunión en 1969, pero mis recuerdos son un tanto vagos, pues sólo tenía 6 años, de tal forma que tuve que aprender a leer en el catecismo. Mi continuidad o asiduidad a la eucaristía, al igual que otros trece niños que hicimos la primera comunión aquel año, no sería más de tres o cuatro veces después de comulgar por primera vez.
D. José Lomas Maya (1971-1973), nacido en Noalejo (Jaén), el 19 de febrero de 1945, realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Jaén y en el de Granada. Fue ordenado sacerdote en Jaén el 11 de julio de 1971. Entre otros puestos ocupó los de párroco de Campillo de Arenas y Noalejo, de la Asunción de Martos y fue vicario episcopal y párroco de Santa María y San Pablo de Úbeda (hasta 2003). Falleció en Jaén, a la edad de 67 años; en el momento de su muerte, el 12 de Junio de 2012, era párroco de San Bartolomé de Jaén y consiliario de la Agrupación de Cofradías de la capital jienense.  Llegó a Fuente Álamo a primeros de los años setenta, donde trajo aires predemocráticos, ya sin sotana. Supo unir a la juventud fuentealameña entorno a la Iglesia, de quienes obtuvo un apoyo multitudinario para intentar evitar su traslado, que fue manifestado con la exhibición de pancartas ante el Obispo de Jaén durante su visita a Las Caserías de San Isidro, sin que se consiguiera dicho propósito. Fuente Álamo fue su primer destino, estando vinculado al pueblo hasta que se marchó, allá en el año 1977. 
D. Bernardo Velasco Valenzuela (1973-1975) en su breve paso, creó un clima de integración de los niños en la misa, asimismo produjo una cierta revolución en la forma de decir las misas, llamando la atención a los feligreses cuando dejaban de prestar atención al sermón. Fue el primero que dijo una misa fuera de la iglesia, en concreto en la Explanada de la Escuela, y animó a los niños a ir a misa (nosotros éramos los monaguillos y los que pasábamos el cepillo). Unió en aquel verano de 1975, junto a Doña Concha delegada de la Extensión Agraria, a todo el pueblo para colaborar en la limpieza del mismo; en aquella época que en cada rincón había un muladar. Incluso se atrevió a gastar en aquella época alguna broma, preguntando a M.B. si la mujer que le acompañaba era su esposa, diciéndole que le acompañaba en el sentimiento.
Le sustituyó D. Antonio Sánchez Garzón (1975-1977), con quien en alguna ocasión jugamos al fútbol en la explanada de la escuela, pero fue en un corto espacio de tiempo.
D. Juan Quiles Clajer (1978-1989) estuvo en la parroquia más de una década, siendo el párroco que más tiempo ha permanecido en ella.  Se marchó creo que a Arjonilla. Recuerdo que nos llamaba “fuentelameros”. Tuve la suerte de tenerlo como profesor de religión en el Instituto de Bachillerato “Alfonso XI”. Se acercó a la taberna y con ello a los hombres de la aldea, llevando a cabo aquello de que si la montaña no iba a Mahoma, Mahoma iba a la montaña. Hasta se atrevió a jugar a los chinos, “pida Ud. primero D. Juan…”
D. José Antonio García Romero (1989-1991) quien debió casarme, al no poder venir D. Juan Quiles; haciéndolo el párroco de la Iglesia  de Santa María la Mayor de Alcalá la Real a nuestra iniciativa.
Hubo un periodo de interinidades hasta que llegara con aires modernísimos, chaquetilla vaquera, D. Giner Mata Amaro (1991-1994), quien tomó la decisión de dejar el sacerdocio, decisión por supuesto muy respetable, pero en las aldeas cercanas donde predicaba fue motivo de comentarios y la consiguiente polémica con las Religiosas de La Rábita por algún comentario seguramente mal interpretado. Debió bautizar a mi hija mayor, pero le sustituyó otro párroco en aquel día de fin de año de 1991.
D. Julio Ángel Delgado Navas (1994-1999) fue conocido por sus misas polémicas, quejándose de la poca participación y escasa colaboración de sus feligreses. Por no haber llevado el laurel que él había pedido, dijo en forma de metáfora, que si él ahora no quería, no salía San Antonio de Padua en procesión.
D. José Villén Gallego (1999-2000)
D. Antonio Ramírez Pardo (2001-2007)
D. Juan Ángel Delgado (2007-2010)
Otro buen párroco que predicó en la Aldea durante un lustro fue D. Manuel Luís Anguita, (2010-2014) quien organizó varios viajes culturales y religiosos, dejando buenos recuerdos. Ahora desde la Parroquia de la Virgen de las Angustias tiene siempre presente nuestra Aldea, conservando y cuidando nuestros archivos parroquiales.
El 19 de Septiembre 2014 se incorporó para la eucaristía nuestro nuevo párroco D. Manuel Ángel Castillo Quintero (2014-2015) que un año después nos abandonaría.
D. Javier Delgado Patón es el párroco que actualmente procesa los actos religiosos, aunque a menudo es sustituido.
Actualmente, el párroco quiere poner cierto orden entre sus feligreses, y el día 26 de Diciembre de 2015, impuso la norma de la que llegase tarde le negaba la comunión. Hay que decir que desde hace tiempo la eucaristía se viene practicando con intermitencia y ausencias prologadas.
Hay que hacer mención a las personas que colaboraron como sacristanes, monaguillos o simples seglares con la iglesia. Eugenia Bailón fue la sacristana hasta que falleció por los años 70, al igual que su marido Pedro Castillo Palomino, apodado como “Pedro XIV”.
La Hermandad de la Virgen del Rosario, asociación de tipo religioso encargada de organizar las fiestas mayores y el mantenimiento de la Iglesia de San Antonio de Padua. Cada año nombra a sus hermanos/as mayores; anteriormente salían voluntarios, o en caso contrario, se hacía por orden del que nunca lo había sido. Podía haber algún caso que por diversos motivos rechazaba el nombramiento, entre ellos el tener luto por la muerte de algún familiar, pero por lo general cada uno asumía el cargo el año que era “echado”. Actualmente existen dificultades para su elección, dada la escasa población joven que se mantiene en la aldea.
Hasta finales de los sesenta también existió la Hermandad de la Santa Cruz, que desapareció por motivos de la emigración.
Otras pequeñas hermandades las formaban la de la Cruz de Clavijo y la de la Cruz de la Setilla, que han celebrado sus respectivas fiestas en honor a las respectivas cruces hasta tiempos recientes el 11 de mayo.
La religiosidad en la Aldea la representó en los años de la Postguerra, en su máxima extensión Dª Casilda Sierra Monteñez y D. Francisco Serrano del Mármol, quien al fallecer donó parte de sus propiedades agrícolas que poseía en Fuente Álamo a la Fundación Sagrada Familia (SAFA) y según se dice dejó dicho que era para que los niños del pueblo pudieran estudiar carreras, así entre otros estudiaron José Zamora Jiménez. Que tengamos conocimiento, como curas originarios de la Aldea solo tuvimos al mencionado hijo de Blas Zamora, quien después dejaría el sacerdocio. Fue catedrático de latín en Sevilla, donde reside actualmente, disfrutando de su jubilación. Formó parte del Tribunal nº2 de Madrid en el año 1979 para la provisión de plazas en el Cuerpo de Profesores Agregados de Institutos Nacionales de Bachillerato turno restringido.
  
Listado cronológico de párrocos que ha pasado por Fuente Álamo después de la Guerra Civil hasta ahora:

D. Diego Galán Martos
D. Emilio Gondra Cigorraga (agosto-1940-1944)
D. Manuel Armenteros Guerrero (1944-1953)
D. Santiago Cozar López (1953-1958)
D. Cristóbal Merino Almagro (10-1959- 2-1966)
D. Antonio Marín Sánchez (3-1966 – 9-1971)
D. José Lomas Maya (11-1971 a 8-1973)
D. Bernardo Velasco Valenzuela (8-1973 a 8-75)
D. Antonio Sánchez Garzón (10-1.975 a 12-1977)
D. Juan Quiles Clajer (01-1978 a 9-1989)
D. José Antonio García Romero (9-1989 a 6-1991)
D. Giner Mata Amaro (6-1991 a 6-1994)
D. Julio Ángel Delgado Navas (9-1994 a 9-1999)
D. José Villén Gallego (9-1999 a 6-2000)
D. Antonio Ramírez Pardo (2000-2007)
D. Juan Ángel Delgado (2007-2010)
D. Manuel Luis Anguita (2010-2014)
D. Manuel Ángel Castillo Quintero (2014-2015)
D. Javier Delgado Patón (2016- )

lunes, 28 de marzo de 2016

SEMANA SANTA 2016 EN FUENTE ÁLAMO




       La Semana Santa 2016 en Fuente Álamo ha trascurrido como en años anteriores, quizás con menos gente. Por lo que aquí os dejo el enlace. http://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com.es/2015/04/semana-santa-en-fuente-alamo.html










    Durante la mañana del Viernes Santo tuve la suerte de hacer con mi familia un “vía crucis” particular, por las calles de la Aldea, recorriendo los barrios más típicos, que casualmente coincidió con las 13 estaciones de penitencia: Piquera, Centro Social, Cantera, Cortijillo, Calle Sacristán, Cerro, Era de Lázaro, Era de Manolito, Zona de la Mina, Escalerilla, Casa de Pedro, Fuente, Iglesia, Escuela y Casa de Mariana (mi madre). Por unas calles casi desiertas, nos acompañaron en el recorrido algunos perros que con sus ladridos, nos recordaron que éramos forasteros. La primera estación la hicimos en casa de mi hermana Loli, en la Piquera, donde pudimos degustar unos ricos pestiños. Continuamos nuestro viaje y nos encontramos con unos vecinos británicos: Kevin y Sue, preparando el remolque de caballos, y nuestra vecina Mercedes “La Correa” a quien su hija Ángeles la estaba peinando para la ocasión, cerca del Centro Social, donde hicimos otra estación, para leer algunos de los carteles antiguos fijados en su tablón de anuncios, así como para contemplar las preciosas vistas en dirección a La Rábita. Llegamos a la zona de la antigua Cantera, donde hay instalado un panel indicativo con el letrero de “FUENTE ÁLAMO”, que reluce flamantemente, y que nos recuerda dónde nos encontrábamos. Llamamos a nuestra vecina Paquita, pero no respondió a nuestro requerimiento, seguramente estaba de viaje con sus hijos. Continuamos nuestro especial recorrido, ahora acompañados del perro de Juan y Feliciana, que no sé cómo se llama pero que fue muy amable y nada peligroso. Al subir camino del Cortijillo, decidió abandonar el recorrido, pero nosotros seguimos hasta coronar la zona donde Expectación vivió, pudiendo observar las preciosas vistas dirección a Las Grajeras, así como algunas gallinas y gallos, seguramente sucesoras de aquellas gallinas de Expecta que antaño acamparon libremente y a sus anchas por El Cortijillo. Bajando nos encontramos con una jauría de perros que decidieron ladrarnos al compás,  como si quisieran hacernos un acompañamiento musical al paso. Llegamos al final de la Calle Sacristán y subimos dirección al Cerro, donde conversamos con nuestros vecinos Quisco “Richar”, Sergio y Javier de Mandurria, asimismo pudimos disfrutar de las vistas hacía las Aldeas de Priego de Córdoba... Hicimos una nueva parada estacional casa de mis tíos Nono y Filo, donde de nuevo degustamos unas tapas típicas de Semana Santa, aquello del bacalao y los crustáceos. Pero no pudimos aprovisionarnos mucho, porque nos quedaba bastante recorrido. Así que llegamos a la Era de Lázaro, con sus magníficas vistas a las Chozas de Vizcántar; luego bajamos hasta encontrarnos la casa de Feliciano y Manuel, con quienes charlamos unos momentos y les dimos las felicitaciones para su hija y nieta Estefanía. El camino continuó hasta llegar a la Era de Manolito, hoy de Antonio Carrillo, donde hicimos una parada para descansar, al mismo tiempo que escuchábamos una especie de saeta canina interpretada por los perros de Carrillo. Habíamos llegado casi a la Zona de la Mina desde donde se observan unas vistas magníficas de la Hortichuela y otra más cercada de La Torre. Nos quedaba el pronunciado descenso de calvario por las Escalerillas. No estaban los vecinos Luis y Consuelo, ni Antonio Carrillo y Conchi,  pero sí a un vecinillo llamado Dani, quien nos informó de su paradero. Llegamos a la Casa de Pedro Vega, hoy abandonada, pero en la que aún permanecen restos de antiguas lámparas de luz eléctrica pública. Descendimos hasta La Fuente, donde quisimos refrescarnos y aliviar nuestras penas, pero no pudimos, pues apenas tenía agua. Así que continuamos hasta la Iglesia de San Antonio de Padua, llegando por fin a la Casa del Señor, donde recordamos el día que estábamos viviendo. Continuamos hasta la antigua Escuela, y subimos por el callejón hasta la Casa Mariana, quien nos estuvo enseñando sus flores y nos ofreció cobijo y comida.



    El Viernes Santo, después de la degustación de los platos típicos tradicionales, sobre las 17 horas se hizo el verdadero Vía Crucis en la propia Iglesia de San Antonio, con el recorrido de  las 15 estaciones interiores, además de la participación de algunas mujeres de fuentealameñas y la colaboración especial de dos hermanas religiosas de Cristo Rey. 
    Por la tarde, gracias a una escapada recordé lugares que no había visitado desde que era un niño. Aunque perteneciente al término de San José de la Rábita, lo vemos tan cerca de frente, que siempre tiene uno la tentación de visitarlo; se trata del Cerro de Juan Cano, donde quedan restos de trincheras de la Guerra Civil y de la Casa Encantanda. Numerosas historias nos contaron sobre ella, como aquella de la Vieja de los Higos con la llueca. La búsqueda de espárragos no fue muy fructuosa, solo encontré 10 ó 12 muy endebles y un olivo acebuche, que espero que rebrote en mi maceta. Coroné el cerro y disfruté de sus pinares y de las vistas en circunferencia, sobre todo dirección a Fuente Álamo. Aparte de las plantas autóctonas, pude ver un gazapillo, unas palomas torcaces, un nido enorme, y un ave rapaz que no llegué a identificar, así como un mochuelo.
   El resto de la tarde la dediqué a charlar con mis amigos en el Bar Padi. Con José y Kevin, jugué un chinchón y perdí.  Con Vicente Martín tomé un gintonic y charlé con Feliciano Ibáñez, quien cuenta con 92 años de edad, y su mujer Justa, ambos celebrando el cumpleaños de ésta, el octogésimo creo recordar. También compartí unas cuantas horas con otros muchos vecinos y amigos: Vicente Padilla, Quisco Aguilera, Daniel Fuentes, Lee e Irene Young, Vicente Cervera, Vicente Ibáñez, Juan Aguilera Viana…

Conforme la tarde caía, aproveché para visitar a mis familiares cercanos, especialmente a mi tío Pepe…

domingo, 5 de abril de 2015

SEMANA SANTA EN FUENTE ÁLAMO



        La Semana Santa en el Fuente Álamo de los años 60 y 70 era muy similar y se reproducía en serie año tras año, con la misma austeridad. Pese a que comentaban muchos en la aldea que el que pagaba bula, podía comer carne, yo nunca conocí a nadie que lo hiciese o que la pagase, entre otras cosas porque si no había dinero para comprar carne, para qué se iba a pagar la bula. Cuentan que en casas más adineradas se hacía.                                            
La Semana Santa consistía sobre todo en ayunar el Viernes Santo, pues esto estaba al alcance de ricos y pobres; tampoco se podía mostrar ningún tipo de alegría o júbilo, ni se podía cantar, lo que provocaba a su vez que el soniquete de una canción se metiera aún más en la cabeza y que no podías cantar en voz alta. Tampoco se podía escuchar música en la radio, y la tele solo emitía misa. Los niños no nos podíamos pelear ni insultar y menos aún cometer pecados, por lo que la semana se nos hacía un verdadero calvario; y en cuanto a lo gastronómico, que era lo mejor, los platos típicos del Viernes Santo eran: el potaje de garbanzos y habichuelas, tortilla de espárragos trigueros o de collejas, bacalao rebozado, y flan o arroz con leche de cabra. Pero lo que era la pasión cada uno llevaba su penitencia como podía.
          También era tradicional que las vecinas  invitasen a tomar una copilla de Arresoli de café, que Pilar Cabello hacía tan rico, acompañado de una magdalenas cocidas en la panadería de Antonio Fuentes o de unos pestiños caseros. De esta manera, unas 10 ó 15 mujeres hacían el vía crucis de casa en casa, mientras que los hombres en el bar jugaban a la brisca, porque al subastado o al tute no se podía “cantar las cuarenta”. Eso sí, el Viernes Santo era el único día respetado para el trabajo. Repito que con ello no quiero decir que no existiera una verdadera fe católica, pero al no estar representada en procesiones, cada uno la llevaba a su manera.
Aquella tranquilidad incitaba a reflexionar, entre los jóvenes esto se traducía en la realización de largos paseos por la zona de la Torre o hasta la Era de Clavijo, en participar o presenciar el tradicional partido de fútbol, en jugar a juegos como el quemao o matao en la carretera de la Torre o en las Eras, que aunque estaba prohibido ese día “matar”, era el momento de apuntar con la pelota al niño o niña que te caía mal. También se podía pasear en bicicleta o después  montar en motos y recorrer las aldeas vecinas.
  En los años 80 y 90, con los nuevos aires liberales,  lo que hasta entonces era una semana luctuosa y de reflexión por la muerte de Jesús, se convirtió en una fiesta más, donde se podía ir a discotecas a bailar. Recuerdo que algunas discotecas todavía no abrían, por lo menos en Viernes Santo, pero el “Agujero” de Fuente Álamo comenzó abrirse esos días en la década de los 80; aunque muchos jóvenes preferían salir de la aldea y hacer el vía crucis en el Land Rover largo color blanco de Jesús Aguilera, recorriendo desde Almedinilla, Fuente Grande, Alcaudete, Castillo de Locubín y Alcalá la Real. Pero en lo religioso, la participación era más bien escasa y se reducía a una misa. Una vez fuimos a Priego de Córdoba sobre el año 1981, Eduardo, Rafalín, que en paz descanse y un servidor a tomar algo, pero dado que los bares permanecían cerrados, nos vimos atrapados en las calles por una procesión, en un día lluvioso y de barro, que hacía que los costaleros no pudieran mantener la imagen equilibrada. Nuestra colaboración no hizo otra cosa que desestabilizar más el paso, por lo que nuestra buena voluntad, junto a otros muchos, no era necesaria. Se oía decir que normalmente la imagen las podían llevar 8 ó 10 personas y allí estaríamos 40 ó 50  mal avenidos.
 En la aldea, durante la Semana Santa, se veían en la calle y en los campos, espárragos y flores silvestres (jaramagos, amapolas, avena…), olía a hierbas, y las lacenas de las casas a pestiños y magdalenas recién hechas guardadas en una canasta de varetas. También se sentía que algo trágico había pasado o podía pasar,  mi madre decía: “siempre tiene que pasar algo malo en estos días señalaos”. Por contar algunos, más fruto de la casualidad que del día en sí, recuerdo un viernes santo de aquellos años setenta, en el que Juan José Carrillo o Antonio Jiménez lanzó una piedra, o más bien un pequeño trozo de ladrillo con filos cortantes, que impactó sobre la ceja de Julito La Rosa, que le convirtió en mártir aquel Viernes Santo, más bien parecía el Ecce Homo, por la cantidad de sangre que surtía desde la ceja, pero fue duro y no derramó ni una sola lágrima, ni incluso cuando le daban los puntos sin ningún tipo de anestesia,  como si se tratase del mismo Jesucristo. Aquello que mi madre auguraba de manera tan fatalista, no tenía por qué ser así, pero en mi caso, otro Jueves Santo del año de 1980, en concreto el 3 de abril, lo recuerdo especialmente por la lesión que sufrí en un tobillo jugando al tradicional partido de fútbol en la era de Clavijo. El lugar estaba lleno de piedras por lo que se lo puse muy fácil a la providencia divina. Del esguince fui curado por el Cabrero de los Chopos, tras lo cual, fui llevado en aquel Land Rover de la familia conducido por mi hermano Antonio y mi amigo José Aguilera “Cholo”. Sigo pensando que me hubiese ocurrido igualmente cualquier otro día.
La Semana Santa, es una buena época para buscar espárragos trigueros, y recuerdo bien otro Viernes Santo, sería el de 1971, porque mi madre guardaba luto de mi abuelo Matías recién fallecido, y para “salir de aquel luto”, nos dispersamos toda la familia por los cerros del Peñón y Cornicabra en busca del espárrago perdido. Un Viernes Santo más.
Durante la Semana Santa del año de 1980, estando en la recolección de la aceitunas en la zona de Lucena, la cuadrilla fuentealameña formada por Silverio Salazar, Antonio Pérez “Nono”, Juan Aguilera “Agüelajo”, y yo mismo, coincidimos con una cuadrilla de Puente Genil, bastante atea. El mayor de ellos decía: “La Semana Santa en Puente Genil, era muy pesada, pues todo el día estaban con los muñecos para arriba y con los muñecos para abajo”. A mí aquella expresión me chocó bastante, no concebía que se pudieran comparar a la Imágenes con muñecos. Todavía no lo concibo, porque el respeto a las tradiciones, cultura y sobre todo religiosidad debe existir, así como el respeto al ateísmo y al descanso que ese hombre necesitaba para ir al otro día a trepar aceitunas.

En los noventa, los que no se quedaban en el pueblo, se iban procesionar a Alcalá la Real o a Priego de Córdoba. A principio de siglo XXI, con la llegada de aquellos jóvenes que se alojaban en la escuela, la Semana Santa tomó otro sentido para la gente mayor, y el salir en Vía Crucis por la calles de Fuente Álamo supuso el vivir la pasión de otra forma diferente, mucho más participativa, sobre todo por parte las mujeres. Los hombres, mientras tanto, esperaban la procesión en la puerta del Bar de Paco, diciendo que era la “Procesión del Silencio”, por el número de personas que iban en procesión, sin acompañamiento de  ningún tipo de instrumento de percusión o viento metal y menos aún de ellos. Algunos de aquellos jóvenes, recientemente,  recuerdan su paso por aquellos años por la aldea, aquí dejo un cometario en el blog de Alfredo Bueno: “Hola, me llamo Alfredo y estuve en Fuente Álamo en la Semana Santa de 2001 colaborando en las fiestas religiosas. Éramos un grupo de chicos y chicas que íbamos con un fraile que realizó las misas de la Semana Santa ya que según recuerdo el párroco llevaba varias iglesias de pueblos cercanos como La Rábita y en cada uno de ellos fuimos un grupo de gente. A mi me tocó Fuente Álamo y la verdad es que recuerdo con mucho cariño a la gente de allí por lo bien que nos trataron, alojándonos en el edificio de las escuelas, invitándonos a merendar y a desayunar... Tengo algunas fotos de aquellos días. Muchísimas gracias a todos los vecinos de Fuente Álamo”.


       LES DEJO CON UNOS DIVERTIDOS VÍDEOS, MUY ÚTILES PARA ESTOS DÍAS. 


         FASES EN LA RECOLECCIÓN DE ESPÁRRAGOS SILVESTRES:


OBSERVAR
APUNTAR


CORTAR
TRIUNFAR









sábado, 6 de abril de 2013

CREENCIAS, FE Y RELIGIÓN EN FUENTE ÁLAMO.


Los fuentealameños, por lo general, han sido y  son un poco agnósticos, más los hombres, que las mujeres, y en épocas, como en la II República y durante la Guerra Civil, algunos demostraron el ateísmo propio de la época, llevando a sus últimas consecuencia el Art. 3º de la Constitución de 1931, que  recogía que “El Estado español no tiene religión oficial”. Se cuenta que en estos tiempos, la otra imagen que había de San Antonio, tallada en madera, fue atada con cuerdas y arrastrada por el pueblo y mojada en el pilar, a la vez que se le decía “como eres Santo no te ahogarás”, y según se cuenta finalmente quemada para hacer unas migas, se le atribuye el “acto vandálico”, muy corriente en la época republicana, entre otros a Vicente Aguilera Castillo, que era el alcalde  y a Matías Pérez Lizana,  el secretario, quienes después de la Guerra tuvieron que “penar” por “sus pecados”.
Hubo un cierto tiempo, entre los años 40 y 80 del siglo pasado, en que los fuentealameños, sobretodo las  mujeres, creían o tenían fe en los “santos”, fundamentalmente en el Santo Custodio o el Santo Manuel. Estos “falsos santos” o curanderos, tuvieron bastante seguimiento y devoción por parte de las fuentealameñas, suponiendo esta fe, un tanto ciega, en algún caso, hasta la ruptura sentimental, al decirle al novio, que ese día había ido a ver al Santo Manuel y no a él. A Fuente Álamo venía un “santo”, llamado José Sánchez González, o “Santo Pacheque”, pues era familia y trabajaba en la recolección de aceitunas con Luis Montes González. Se cuenta y el mismo llegó a decirlo, que algunos “milagrillos” había hecho, la verdad es que tenía cara de buen hombre. Según Costorillo, todo lo que le predijo a él, se está cumpliendo, era su tío, y cuenta que en la Hoya del Salobral, en la pequeña cueva donde rezaba el Santo Custodio, vio como su tío, hizo andar a un enfermo que estaba cojo.
También se  creía y en algunos casos, se sigue creyendo en otros santos o más bien, curanderos, como Solanillo de las Chozas, al que se acudía para curarse del “mal de ojo”, quien recurría a oraciones a la Virgen o al Señor o a otro tipo de rituales, para alejar el mal.
Los fuentealameños procesan devoción a de San Antonio de Padua, su patrón, a quien las mujeres le decían una oración para pedirle un buen marido:
San Antonio, bendito,
dame un marido
que no fume tabaco
ni beba vino.
San Antonio, bendito,
ya me lo has dado,
jugador y fumador
y enamorado.

También se veneran pequeñas imágenes de la Virgen, que por grupo de familias, más bien de mujeres, se la van pasando de casa en casa, por un turno establecido. Es una pequeña imagen, dentro de una ermitilla de madera, con una pequeña rendija en la parte posterior, por donde introducíamos “gordas” o como mucho, una peseta, en los años 60, a la vez que le hacíamos plegarias a la Virgen.
La religiosidad católica, en cierta forma impuesta, propia de la época franquista y la devoción que se tenía a la Virgen del Rosario, hicieron que en 1959, al constituirse la cooperativa agrícola, adoptase el nombre de la patrona del pueblo Nuestra Señora del Rosario, iniciándose los actos de constitución de la misma con una oración en honor a la Virgen, sin que resultara paradójico que algunos de los agricultores que participaron en aquella oración, en tiempos de la II República se habían declarado profundamente ateos.
También Fuente Álamo tiene calles o plazas relacionadas con la religión como la calle Sacristán, en honor a Luis Valverde, “el Sacristán”, que le sirvió de sobrenombre, pese a que nunca lo fue y  el apodo le vino por otros motivos.
El hecho de que la escuela, desde 1948 fuese propiedad de la fundación Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia (SAFA), hizo que el adoctrinamiento en la educación cristiana en Fuente Álamo, fuese doble, el propio del franquismo y el propio de la institución religiosa que la dirigía. La religión católica se procesaba en la propia escuela, donde el alumno más aventajado daba la catequesis a los que niños que iban a hacer la primera comunión, y donde el maestro D. José Oria explicaba la ubicación de Dios, con gestos, dando vueltas a las manos, a la vez que preguntaba, ¿dónde estaba Dios?, respondiendo Francisco, que Dios estaba dando vueltas.
Los actos religiosos son normalmente fusionados, por no decir confundidos, con los actos festivos y lúdicos, que son numerosos a lo largo del año, desde la Navidad, pasando por la Semana Santa, la Romería de la Virgen de la Cabeza, Las Flores de Mayo, la Romería de San Isidro, San Antonio, hasta la fiesta mayor en honor a la Virgen del Rosario. La Navidad se celebraba casi al margen de la religiosidad, y se representaba con el canto de villancicos por la murga, en casas o cortijos. La Semana Santa, en Fuente Álamo, consistía en ayunar el Viernes Santo, y nos decían que no se podía mostrar ningún tipo de alegría o júbilo, con cantos o escucha de música, que no podíamos pelearnos, y a comer los platos típicos del Viernes Santo, como era el potaje de garbanzos y habichuelas, tortilla de espárragos trigueros o de collejas, bacalao rebozado, y flan o arroz con leche de cabra, pero lo que era la pasión cada uno llevaba su penitencia como podía, pues en la misa eran 15 ó 20 mujeres, los demás a las procesar en Alcalá la Real o en Priego de Córdoba. Con ello no quiero decir que no exista una verdadera fe católica, sino que cada uno la lleva a su manera. También, hasta los años 70, se le daba más solemnidad a los actos religiosos y las jóvenes se vestían incluso de mantilla en las Flores de Mayo.


También se tiene cierta devoción a la Virgen de la Cabeza, que en pequeños grupos y en romería acuden el último domingo del mes de abril, al Cerro del Cabezo en Sierra Morena. No con la intensidad propia de los alcalaínos, los fuentealameños acuden el 15 de Agosto a venerar la Virgen de las Mercedes, patrona de Alcalá la Real,  si bien, la Virgen solamente ha acudido una vez en su historia a Fuente Álamo el día 12 de septiembre de 2010, siendo multitudinaria su acogida por sus vecinos.
Sean más o menos creyentes, todos los fuentealameños contribuyen cuando se le requiere para ayudar o colaborar con la iglesia, así con las pequeñas aportaciones de los hermanos y con la iniciativa de Pepi Jiménez, se han podido restaurar recientemente las figuras de San Antonio, de la Virgen del Rosario y el Sagrado Corazón de Jesús, finalmente en 2012.
La llegada de familias inglesas o los matrimonios con extranjeros que profesaban religiones distintas a la católica, ha hecho que exista cierta diversidad religiosa en Fuente Álamo. Por otra parte los fuentealameños por lo general son receptivos y escuchan cuando llegan a la aldea  los Testigos de Jehová, aunque sea sólo por cuestión de educación y no devoción.
    MISTERIO DE LA CRUZ DEL ROCASTRO.-  Durante la noche de un día de los años 70 apareció misteriosamente una cruz de piedra en la parte superior de un montículo situado al lado de la higuera de Francisca “La Pasta”. La autoría no se supo nunca, pero todo el mundo sospechaba o apuntaba a Matías Aguilera Anguita, “Matías Candio” pues era quien todas las tardes, en sus últimos años, acudía a rezar situándose de rodillas frente a dicha cruz. La leyenda cuenta que sobre los años 20 ó 30 una niña se encontraba en dicho lugar y una piedra comenzó a rodar y la aplastó, y que se debió a una imprudencia de un labrador, mientras araba, aunque el misterio seguirá sin desvelarse, creo que fue otro el motivo.
    HISTORIA DE LOS GATOS QUE SE HICIERON ATEOS.- Cuenta que el señorito del Coscojar Alto, apodado “Caracordel” al parecer viene del  apellido Caracuel, era muy religioso, al sentarse a la mesa rezaba y daba gracias al Señor por los alimentos, mientras que sus gatos se colocaban a su alrededor, esperando las migajas. Comoquiera que el Sr. Caracordel  tuvo que hacer un viaje, dejó al encargado del cortijo, al cuidado de sus gatos. El cortijero le quiso gastar una broma y continuó con la ceremonia ante la mesa, rezando igual que su amo, pero con la excepción, de que  al decir la palabra “amen”, comenzaba a gritar y a pegar a los gatos, espantándolos. Cuando volvió el Sr. Caracuel, continuó con la misma ceremonia, de tal forma, que al terminar con la palabra “amen”, saliendo todos los gatos en estampida, sin explicarse el motivo de dicha reacción, diciendo: “Dios mío, estos gatos se han vuelto ateos”.