El apellido Vera es uno de los más renombrados
y que más ha perdurado en el tiempo en la Aldea de Fuente Álamo. Casi todos los
fuentealameños o gran parte de nosotros tenemos un antecedente o antepasado de
la saga, y lo que es más llamativo, muchos de nosotros estamos enlazados por la
sangre o por cadenas genéticas y lo desconocemos e incluso mantenemos
desacuerdos o diferencias con gente de nuestra propia sangre. Tanto es así que
me atrevo a decir que más del 50 por ciento de las actuales casas de vecinos de
Fuente Álamo son descendientesde los
Vera. (Daniel de Antonia Vera Moreno, Mariana, Antonio y Francisco de Antonio
Pérez Vera, Mercedes Ramírez de Juliana Vera Jiménez,Paqui Pérez de Hipólita Aguilera Vera,
Antonia de Asunción Pérez Vera, Manuel de Isabel Pérez Vera, Mercedes de José
Vera Torres, Antonio Aguilera Valverde nieto de José Benito Aguilera Vera, Julia
Pérez Vera hija de Sancha Vera, Victoria Pérez Vera de Cándida Pérez Vera, más
otras muchas generaciones posteriores como José, Raquel, María Dolores,
Antonio, Rafael Aguilera, Josefa Jiménez, Julia Vera…)
Los años 50 y
60, incluso los 70 del siglo pasado, la Dehesilla fue el bastión más fuerte de
los Vera, con Quintín Vera Gutiérrez y sus cuatro hijos, entre ellos Domingo y
sus cinco hijos, entre ellos María; y
Valentina y su hijo Francisco García Vera; Rogelio y su hijo Antonio
Vera Aguayo a quien propiamente se le denominaba “Vera” o “Tío Vera” y su
esposa Leona Vera.
También
vivieron en la Dehesa hasta que emigraron en los años 40 los miembros de otra
línea de los Vera, pero del mismo tronco. Era la familia formada por Lorenzo
Vera Castillo (1875), apodado “El Nano”
casado con Adoración Carrillo Ruiz (1885) “Tía Adora” quien ejercía de matrona
en Fuente Álamo en aquellos tiempos de preguerra y postguerra. Gestionaron un
pequeño horno de pan en una pequeña casilla en la Joya de Pernías, llamada Casa
de Los Nanos, hoy totalmente desaparecida, al igual que la familia, al menos de
la zona de Fuente Álamo. Sus hijos eran: Pablo (1906), Ángeles (1912)
(Almedinilla), Josefa (1914) (Barcelona), Pedro (1916), Francisco (1918)
(Miranda de Ebro), Antonio (1920), Lorenzo (1923). Pablo Vera Carrillo, casado
con María Sampedro Cano Mesa (1909), con la que tuvo 6 hijos: Ángeles (1933),
Matilde (1936), Francisco (1937), Luis (1939), Juan y Adoración. Vivieron en
las Revueltillas, todos nacidos en Fuente Álamo, excepto Adoración. Pablo
“Paulos”, como hemos dicho, sería el último en abandonar Fuente Álamo, emigró a
Castro del Río mediados de los años cuarenta, se marcharon atraídos por sus
primos los hijos de su tío Francisco Vera Castillo, en concreto su primo Rafael
Vera Guardia.
…
Partiendo del
padrón de 1825, del que podemos decir que es el primero que considera a Fuente
Álamo con entidad propia, pues en el padrón de 1801 a la gente que habitaba lo
que después fuera su partido, se les anota dentro del partido de campo de La
Rábita o de las Caserías. Así tenemos como base o tronco el formado por el
matrimonio de Francisco de Vera,
nacido en torno al año 1773 e Isabel
Montañés nacida sobre el año 1790.
Por situarnos en el tiempo y el espacio, en el padrón de 1837, Francisco
de Vera aparece como jornalero viviendo en uno de los cortijos de la Dehesa junto a su familia.
Pero ya en el padrón de 1825 del que hemos partido, aparece inscrito el
matrimonio con sus 5 hijos: Antonio de
15 años, Isabel (no consta edad), Francisco de 8 años, Josefa (no
consta), Rosario (no consta edad) y
Antonia (no consta edad).
En el padrón de
1833 su hijo Antonio ya no aparece con la familia, pienso que por error tampoco
se inscribe a su hija Josefa y se cambia el nombre de Rosario por Rosalía.
Mientras tanto,
en 1837 en la Dehesa (cuna de los Vera) seguía viviendo Francisco con su esposa
Isabel y sus hijos: Isabel de 24 años, Francisco de 22 años, Josefa de 20 años,
Rosalía de 17 años y Antonia de 14 años. Antonio se había casado con Manuela
Aguilera Reyes, y se habían instalado en el Cortijo de Loma de Zalamea, pero
debió fallecer joven, pues en este padrón de 1837 Manuela ya era viuda
haciéndose cargo de sus tres hijos: Francisco, María y José y sus dos hermanos
huérfanos: Benito y José.
También hay que
recalcar que después de 1837 no tenemos padrones hasta 1878, por lo que
perderemos algunas líneas. El Registro Civil comenzó a funcionar a partir de
1870 y los Archivos Parroquiales su consulta es un tanto complicada. No
obstante hemos conseguido seguir las líneas principales que continuaron
asentadas en la Aldea.
Serían los
hijos: Antonio, Francisco y Antonia los que continuaron con la saga en Fuente
Álamo. Los demás hijos no aparecen más en los padrones de Fuente Álamo, bien
porque se trasladaron a otras localidades o bien porque pudieron fallecer
prematuramente.
Vamos a
estudiar en este capítulo los descendientes de Antonio Vera Montañés 1809, quien se había casado en los años 30
del siglo XIX con María Manuela Aguilera Reyes (1810) con la que tuvo como
hijos a Francisco 1831, María 1833, José 1835. A su cargo: Antonia, Ana, Benito
1820 y José 1823 (hermanos de Manuela). De ellos María y José continuarían la
saga en Fuente Álamo, especialmente en la Dehesilla. José Vera Aguilera 1835 casado con Francisca Gutiérrez López 1833[1] tuvieron como hijos a Antonio 1860, Rogelio
1864, Valentina 1866, Quintín 1869, Ángel 1873. De ellos Rogelio, Valentina y
Quintín dejarían sus raíces plantadas en la Dehesilla donde proliferaron nuevas
ramas, otras semillas fueron buscando terreno donde germinar en Las Grajeras o
La Rábita. Quintín Vera Gutiérrez (1865) casado con Expectación Viana Fuentes[2] (1868)
tuvieron como hijos: Francisca, Leona 1895, Natividad 1897, Domingo 1899, Andrés y Gerónimo.
…
Será María Vera Expósito[3],recientemente fallecida, hija de
Domingo Vera Viana(1899) y de Paula
Expósito Romero (1902), con quien conozcamos esta rama de los Vera y a la que
dediquemos este capítulo. María nació en la Dehesilla de Fuente Álamo en los
años previos a la Guerra Civil, en concreto el 3 de junio de 1934. Allí
permaneció durante 32 años, donde nacieron sus dos hijos mayores, hasta…
CONTINUARÁ….
[1]Antonio Vera Gutiérrez
1860
& Josefa Pérez Escribano 1860: Rosenda 1884, José 1887, María Leona 1888,
María Sampedro 1890, Gregorio 1892, Romualdo. Rogelio Vera Gutiérrez 1862 &
Eufemia Aguayo Gutiérrez 1867: María 1883, Antonio 1890. Valentina Vera Gutiérrez1866 & Manuel
García Burgos 1869: Francisco 1889, Manuel 1887, Antonio 1892. Quintín Vera Gutiérrez 1865 &
Expectación Viana Fuentes 1868: Francisca, Leona 1895, Natividad 1897 Domingo
1900, Andrés, Gerónimo. Ángel Vera Gutiérrez
1873
& Josefa Ruiz García 1877.
[2]Romualdo Vera Pérez.
&
Laureana Torres:José 1924. Antonio Vera Aguayo
1890 & Leona Vera Viana
1891: n. Justo 1937. María Vera Aguayo
1883 & José Pérez: Cándida. Francisco
García Vera 1888 & Valeriana Cano 1889: Patrocinio 1916, Antonio 1919,
Isidro 1921, Felisa 1926, Isidora 1928. Francisca
Vera Viana & José Mª Gutiérrez: María, Gregorio, Justo, Serapio,
Alfredo, Paquita, Celedonio, Antonio. NatividadVera Viana 1896 & Juan Pérez
Pérez 1894: María 1921, Juan de la Mata 1923, Ana 1926, Manuel 1932, Hipólita
1934. DomingoVera Viana 1899 & Paula Expósito R. 1902: Aurelio 1924, Andrés
1925, Teodora 1927, Marín 1927, María 1934, José 1935. Andrés Vera Viana & Teodora: Gloria, Domingo, Piedad, Gabriel,
Francisca. Gerónimo Vera Viana. (Grajeras)
& Juana: Adela, Fermín, Paula, Bibiana, Antonia, Gerónimo, Helia, Antonio.
[3]María Vera Expósito (19[3]4) & con José Ochoa Aguilera 1932. Juan (1958), María del
Carmen (1960), Josefina (1968) y Domingo
(1970).
En
este mundo globalizado donde las distancias no existen y los medios de comunicación nos acercan a cualquier lugar
del mundo, ha sido posible reencontrarnos con un fuentealameño, que como otros muchos estaba en un
recóndito rincón de la geografía española. Este encuentro, casi fortuito, se ha
producido a raíz de una noticia publicada en un diario local de Ibiza:
“NouDiari” de 4 de enero de este año, y que me había facilitado un colaborador.
Hacía referencia a un tal Crescencio Aranda Aguilera, de 88 años, con la gratísima noticia de que había sido la primera persona en
recibir la vacuna contra el Covid-19 en la Isla de Ibiza. La crónica decía que
era natural de Jaén, de profesión conductor y que residía en la isla desde los
años 70, habiendo trabajado 28 años como profesor de autoescuela, por lo que lo conocía mucha gente de la Isla. Con todas estas pistas, me
lo pusieron fácil y pronto asocié su nombre a los Aranda de Fuente Álamo.
Me puse a investigar, y al momento conseguí
identificarlo plenamente, comprobando que se trataba de Crescencio, conocido
por entre nosotros como “El Chofer”.
Crescencio
no solo ha tenido el honor de ser el primer fuentealameño en ponerse la vacuna
del Covid en Ibiza, sino que ya tenía el honor de ser el primero que había
llevado el coche a motor a Fuente Álamo,
además de prestar con él un servicio público y servicio de correos, en
aquellos años tan necesitados de medios de transporte. Sería finales de los
años 50 cuando Crescencio adquirió en Priego de Córdoba un coche de segunda
mano que había hecho durante algún tiempo la ruta Priego de Córdoba a Córdoba
capital y que ya le quedaban pocos años de vida.
Aunque
Crescencio tiene su origen en las Albarizas, partido de Las Caserías de San
Isidro, su gran contribución hace que se le considere como fuentealameño
relevante. Aparte de habitar más de un
lustro en la Aldea, siempre mantuvo
comunicación con los fuentealameños y
sus raíces familiares siempre le tuvieron vinculado a nuestra aldea, pues ya
desde jovenzuelos fue Hermano Mayor de las fiestas, trasladándose como hemos
dicho para vivir poco después de finalizar el servicio militar sobre finales del
año 1958 ó principios de 1959, estableciéndose en una casa de las Escalerillas.
….
Los
inicios de Crescencio fueron difíciles, como los de cualquier otro niño de la
guerra. Nacido el 1 de julio
de 1932, nunca pudo ir a la escuela, porque su padre había sido considerado
socialista antes de la Guerra y por eso su madre no pudo apuntarlo a la escuela
de las Caserías de San Isidro. Su padre, al casarse con Dionisia, se estableció en el Cortijo de las Albarizas de las Caserías, lugar donde más fuerte impactó la guerra propiamente dicha. Triste
acontecimiento que le quiso arrebatar a su padre, si no es porque pudo huir y
llegar hasta Alcalá la Real, a donde poco después de algunos avatares pudo
trasladar a toda la familia. Después de la Guerra, en 1942, su padre construyó una casa al lado
de la carretera dirección de Fuente Álamo, donde se estableció la familia. Pero
el destino le tenía reservado el tener que
hacerse cargo de la familia siendo un niño, pues su padre murió a los 38 años
de edad cuando él tan solo contaba con 13
años.
A
finales de los años 40 o principios de los 50 del siglo XX fue Hermano Mayor de
la Hermandad de San Antonio de Padua junto a su amigo Antonio Anguita Montañés. Al principio no estaba muy convencido al ser muy joven, pues
tenía tan solo 16 ó 17 años y entendía que aquello era cosa de hombres,
pero su madre le dijo que lo hiciera por su padre, que lo había dejado dicho, y
entonces no pudo negarse. Le preparó para el acontecimiento y lo
fue organizando su tío abuelo Matías Aguilera, hermano de su abuelo Crescencio.
Su madre y Experta Montañés adornaron la iglesia con la ayuda de Eugenia “La
Sacristana”. Aquel año, que pudo ser de 1949.
La
fiesta comenzó con un pasacalle por la aldea a cargo de un grupo de la Banda Municipal de Alcalá la Real. Tocaron en la casa
del Alcalde, del Organizador de la fiesta Matías Candio, en la Taberna de
Domingo Aguilera… La misa en honor a San
Antonio de Padua se celebró poco antes del medio día, presidida por los dos
hermanos mayores, Crescencio y Antonio Anguita, acompañados de las Hermanas
Mayores de Las Flores, que aquel año eran las hijas de Matías. La misa fue
oficiada por D. Manuel Armenteros y la procesión presidida por las autoridades,
en aquel año el alcalde y el párroco. Como ya hemos comentado, fue acompañada por el grupo de
la Banda Municipal de Alcalá la Real, que se le permitió, con la autorización
del Párroco, que en el acto de la misa se interpretase la Marcha Real en el
alzamiento de banderas en un arco. Posteriormente, el grupo de la Banda
Municipal pasó a acomodarse en las
cercanías de la Fuente y del Bar de Gregorio Aguilera “Goro”, que una década después regentaría el propio Crescencio.
La gente bebía y bailaba en los alrededores de
la fuente y debajo del parral que había a la entrada de la taberna, y conforme
la noche caía se introducían en el interior de la taberna y continuaban
la verbena hasta bien pasada la media noche.
Los
Hermanos mayores comieron en el Cortijillo de Experta y tuvieron la deferencia
de llevarle la comida al cura, quien paraba en casa de los sacristanes. El
párroco, al ver que le habían llevado plátanos de postre, exclamó: ¡Qué buena
atención, esto es postre de cura!
Cuando
aún era un jovenzuelo, “se llevó” a su mujer Eugenia Sánchez López que tenía 18
años, hija de “Lunares”. Él solo tenía 19 años y
vivieron unos 6 años con su madre.Después se establecieron independientes en la zona Cañahonda, donde hicieron unas pequeñas reformas a una casa, permaneciendo allí algo
más de un año. Tuvo la suerte de ser su quinta la primera en aplicar la
excedencia de cupo y él uno de los agraciados, sirviendo tan solo tres meses en
infantería en San Fernando Cádiz, de la quinta del 1953. De su quinta son
Marcelino Pérez Aguilera, José Ochoa Aguilera, José González Palomino
“Cañuelos”, Juan Díaz Díaz “el Chato del Guardilla”, José García Moya “Pinea”.
Tuvo cuatro hijos: Enrique, nacido 1954, Juan de la Cruz en 1958, quien murió a los 9
años de edad en Priego de Córdoba después de dos operaciones a causa de un tumor cerebral,
acontecimiento que fue muy llorado entre los fuentealameños, porque era un niño
muy gracioso. Antonio nació el 23 de agosto de 1963 en Fuente Álamo, pero a los
20 días de haber nacido se marcharon de Fuente Álamo. Años después
de morir su hijo Juan de la Cruz, nació
María del Carmen en 1969, y que fue la alegría que recompensó algunas de las
tristezas, tanto a su mujer como a él. Recientemente, también ha fallecido su
hijo Enrique, cerca de los 65 años. Esto supuso
otro azote de la vida, que unido al fallecimiento de su esposa en 1983, también a edad
temprana, le han ido dejando mella.
Como hemos dicho, el acontecimiento más
importante fue el hecho de llevar a Fuente Álamo el primer coche, aunque después o simultáneamente,
coincidiera con el coche de Julio Aguayo “El de
Sinforiano”, que tenía un Ford. Aunque no recuerda bien y solo puede pronunciar
la marca del coche como “Rosner” o Rornes, o algo similar, sí recuerda que le
costó 30.000 pesetas y que apenas con dos o tres años de servicio lo tuvo que
vender para la chatarra por menos de la mitad; utiliza la expresión “el coche era malo, pero yo era mucho peor
conductor, pues no sabía ni lo que era un cacharro, y por eso no sabía tratarlo
muy bien”. Cree que era de fabricación francesa. Lo vendió para la chatarra
al chatarrero que tenía un taller de motos en Alcalá la Real.
De ahí le viene el sobrenombre de “El Chofer”
y a su mujer por afinidad “La Chofa”. El coche de nueve plazas prestó un gran
servicio público, pues trasladaba a enfermos; a parturientas en el interior de
su coche. Alguna durante el trayecto de casi una hora por aquella carretera de
baches y piedra desde Fuente Álamo a Alcalá la Real, dio tiempo y lugar a
aligerar el parto, pues cuando llegaron al hospital sobre las 11 de la noche,
solo tuvieron las Hermanitas de la Caridad que cortar el cordón umbilical y
sacar por separado del coche a la madre e hijo; en otra ocasión transportó a la
matrona Dª Prudencia desde Alcalá la
Real para asistir a parturientas como Paquita Capilla. También llevó a
espectáculos taurinos a Priego de Córdoba, como a Marcelino Pérez, a su esposa
Mariana Pérez, y a Dolores Ávila, con la mala suerte de que no pudo subir la
carretera de las Amoladeras y los pasajeros se tuvieron que apear en el cruce
del Arroyo del Salado y subir a pie. Llevó a ver los toros al Corpus de Granada
a Brígido Ruiz y su esposa Ventura Aguilera, acompañados de su hija Josefa. Fue
en 1960 hasta Fuente Vaqueros con un grupo de amigos de Antonio Anguita para la
pedida de mano de Paquita. Trasladó a trabajadores a la recolección de aceituna
a la Campiña Cordobesa, que como no podía ser de otra manera el coche le dejó
casi tirado, y tuvo que hacer noche en el cortijo con los aceituneros. Al día
siguiente aunque renqueando llegó al taller más próximo, que estaba en Andújar,
de tal manera que su familia y la aldea
estuvieron 48 horas sin saber nada de él, temiéndose un grave accidente.
El
coche lo estacionaba al lado de la Cruz, cerca
los niños jugaban a las cajetas con las cajetillas de cerillas. Su
generosidad hacia los niños le costó una gran reprimenda por parte de sus
madres. Un día estaba un grupo de niños muy ilusionados alrededor del coche, entre
los que se encontraba su hijo Enrique y Juan Aguilera, hijo de Cascorro, y
decidió darles un paseo en el coche, llevándolos hasta Alcalá la Real. Allí, les compró un helado o chupachús que valían una gorda o dos y
marcharon de vuelta a Fuente Álamo. Pero aquello que fue un simple gesto de
generosidad (o de locura visto después) hacía los pobres niños ilusionados, se
convirtió a su regreso en una reprimenda por parte de sus madres. Y es que al
regreso vio como unas madres estaban llorando, otras gritaban de alegría, incluso su mujer, le echó una regañina. Ante
todo el follón o lío que se montó, Crescencio pensó después que el disgusto que
hizo pasar a las madres quedó compensado con
la alegría e ilusión con la que volvieron los niños. No paró aquel día ni a ver a su madre que vivía en las Albarizas
al lado de la carretera. Los niños siempre estaban alrededor del coche y a
veces temía que pudiera pillar alguno y hacerle daño. De hecho, había un comentario
de algunos conductores, que decía: “lo malo de los coches es cuando se paraban
para luego echarlos andar”; pero él respondió: “que peor es cuando
andan y no se pueden paran”, quedando esto en el anecdotario y como gracia entre sus compañeros.
Cuando
se quedó sin coche compró una moto de la marca Sadrían por 16.000 pesetas, en
el año 1963.
Después
de más de dos años de conductor y al quedarse sin coche, alquiló, o más bien se
le traspasó por la cantidad de 15.000 pesetas, la Taberna de Brígido, que
regentó durante unos tres años. Fue tabernero en unos años de posguerra
avanzada, todavía quedaban algunos resquicios de las diferencias, que él
intentó que a consecuencia de alguna mala bebida pudieran aflorar
. Siempre dejó claro
que en su taberna no se trataban asuntos políticos
y se respetaba a todos, así se lo hizo saber a
sus familiares Aranda como Vicente Aguilera el ex-alcalde republicano, quien
fue un gran amigo y le enseñó a jugar al
dominó. No recuerda ningún altercado en su taberna. Sin embargo su taberna era
el lugar de descanso de la Guardia Civil, y en alguna ocasión también se
convirtió en “oficina” de declaraciones, pero sin consentir ningún mal trato,
al menos en su presencia. La taberna
era también habitáculo, pues al lado del
mostradorcillo tenía el dormitorio, y los propietarios vivían en la parte
superior del edificio. En ella no solo vendía bebidas, sino también productos
para la casa como lejía, jabón, azafrán… lo
que era una tienda de campo. Lo que más vendía era el vino, a 6 gordas o
céntimos el vaso. Solía vender botellas de vino de medio litro en las mesas. También cerveza, que como no había neveras
las refrescaba en el pilar que tenía en frente de la taberna. Organizaba bodas,
entre otras la de Antonio Anguita y Paquita Capilla en 1960. Durante el tiempo
que estuvo como tabernero recuerda que fiaba, pero no tiene mal recuerdo de que
le dejaran mucho a deber. Recuerda que los días que llovía la gente no iba al
campo y se le llenaba el pequeño local, con 5 ó 6 mesas jugando a las cartas.
Aún recuerda algunos de sus clientes y el más gracioso y el que tenía mejor
bebida era Mateo Pérez. No tenía tele y sí tenía una radio, que apenas se
escuchaba.
Son
muchos los recuerdos que aún guarda de aquella época, en donde no solo estuvo
de tabernero, de cochero oficial, sino que también trabajaba en el campo en
tiempos de aceituna cuando José Pedro era encargado de Cortijo de Coscojar. También era albañil, y entre otras viviendas, construyó la
casa de su amigo Marcelino Pérez. Fue una vida muy intensa y como él dice de
muchas fatigas y calamidades.
En
septiembre
de
1963 decide buscar nuevos rumbos en la Aldea del Esparragal de Priego de
Córdoba, atraído por un primo segundo, llamado Pepe, hijo de Claudio su tío
abuelo. En esta aldea prieguense regentó una tienda como la de Fuente Álamo,
donde recuerda que Antonio Puche le mandaba pequeños electrodomésticos para su
venta, también trabajó en el campo y como conductor de autobuses de una empresa
de su primo. De allí se fueron a vivir a Priego de Córdoba y se colocó en la misma autoescuela que se había
sacado el carnet, como profesor de autoescuela, aunque aquello todavía no
estaba legalizado, era la Autoescuela Rosales, que tenía oficinas en Alcalá la
Real y en Priego de Córdoba. Es un hecho que
no se explica, pues apenas sabía leer y escribir y ni tan siquiera tenía el
certificado de escolaridad. Se había sacado el carnet de primera y después por
su cuenta el carnet especial para conducir autocares, sin que incluso lo
supiera el propietario de la autoescuela. Este carnet especial le habilitaba para
darse de alta en Industria y así lo hizo su jefe sin consultarle, aunque
primeramente solo tenía una especie de permiso para dar clases sin ser un
título oficial, pero aprovechando la nueva regularización que transfirió la
competencia de Industria a la Dirección General de Tráfico, tuvo que realizar
en 1968un
curso de reciclaje y obtuvo el Título Oficial de Profesor de Autoescuela. Después
siguió trabajando como conductor de autobuses que hacían la “línea pirata”
desde Priego de Córdoba hasta Barcelona, en aquellos años de tanta emigración.
En Priego estaría viviendo unos 5 ó
6 años hasta que según él: “me echó el
hambre y las faltas”. En 1969 cogió rumbo a las Islas Baleares, no antes de
sufrir una de las varías pérdidas prematuras que le golpearon durante su vida:
la muerte de su hijo Juan de la Cruz, a quien durante más de 6 meses le
dedicaron tanto su mujer como él todo el tiempo necesario para su cuidado.
Se desplazaron por muchos
hospitales de Córdoba, Sevilla y Granada,
donde un día sí y otro no, hacía compañía a su mujer, lo cual hizo que incluso descuidase el trabajo, aunque siempre tuvo el apoyo de
su jefe. Una vez que se marchó a Palma de Mallorca estuvo sin regresar 18
meses, pues se había colocado de conductor de autobuses de la “Empresa Tranvía”.
Ahorró para pagar a todos los que le debía,
pues según él le debía a “los que estaban
en misa, y a los que se quedaban fuera”. Su mujer ahorró 50.000 pesetas y
pagó todas las deudas. En Palma de Mallorca estaría unos tres años.En 1972 en uno
de sus regresos de vacaciones quiso conocer la isla de Ibiza, de la que
tanto se hablaba en aquellos tiempos de los hippies, y le gustó tanto que allí se quedó hasta estos días. Poco a poco se fue llevando a la familia,
primero se aventuró su hijo Enrique siendo un adolescente y posteriormente a
toda la familia. En Ibiza se asentaron y allí han hecho sus vidas. Comenzó como
conductor de autocares en la empresa “Viajes Anibal”, donde estuvo seis años
hasta que ejerció definitivamente la profesión que le habilitaba el
título que había obtenido, como Profesor de Autoescuela. Fueron casi treinta
años de experiencia profesional: seis meses en Autoescuela Ibiza,
otros siete meses en Autoescuela Peña Arriaga y 28 años en Autoescuela Botella,
así que sería imposible saber la vueltas
que le dio a la Isla de Ibiza como copiloto.
Ahora vive con sus dos hijos (tiene 6 nietos y
2 biznietos) y como residente en un hogar de ancianos, donde reconoce que no lo
han pasado muy bien con el virus, pero afortunadamente tuvo el honor de ser el
primero en ser vacunado en la isla de Ibiza.
Sin
conocerlo físicamente, pues apenas contaba yo con un año de edad cuando la
familia decidió marcharse del pueblo, me parece que le conozco desde siempre,
en mi casa y entre los vecinos, siempre he oído hablar del "Chofer",
lo que me hace que sea un persona cercana y así me lo ha demostrado en los tres
meses que llevamos charlando. Como él me dice: “cuando se acuerdan de mí, no sería tan
malo”.
Se siente ahora a gusto con la vida que lleva,
después de tantos palos que le dio. La memoria la conserva casi intacta, pero
reconoce que ya va teniendo algunos fallos y sus recuerdos son “a trompiscones”. No le interesa la
televisión, aunque sí la radio, y la
política nunca le ha interesado. Detrás de este hombre solo he visto:
amabilidad, respeto, colaboración, educación, agradecimiento, trasparencia,
serenidad… y con respecto a los que fueron sus vecinos y paisanos en Fuente
Álamo solo guarda muy buenos recuerdos, de los que se acuerda de todos o casi
todos los que le fuimos nombrando.
¡¡¡GRACIAS POR TODO, “CHOFER”!!! ¡AMIGO
CONDUCTOR…!
El coche
de nueve plazas prestó un gran servicio público, pues trasladaba a enfermos; a
parturientas caso de...en
el interior de su coche. Durante el trayecto de casi una hora por aquella
carretera de baches y piedra desde Fuente Álamo a Alcalá la Real, dio tiempo y
lugar a aligerar el parto, pues cuando llegaron al hospital sobre las 11 de la
noche, solo tuvieron las Hermanitas de la Caridad que cortar el cordón
umbilical y sacar por separado del coche a la madre e hijo...
... el acontecimiento más
importante fue el hecho de llevar a Fuente Álamo el primer coche, aunque después o simultáneamente,
coincidiera con el coche de Julio Aguayo “El de
Sinforiano”, que tenía un Ford. Aunque no recuerda bien y solo puede pronunciar
la marca del coche como “Rosner” o Rornes, o algo similar, sí recuerda que le
costó 30.000 pesetas y que apenas con dos o tres años de servicio lo tuvo que
vender para la chatarra por menos de la mitad; utiliza la expresión “el coche era malo, pero yo era mucho peor
conductor, pues no sabía ni lo que era un cacharro, y por eso no sabía tratarlo
muy bien”. Cree que era de fabricación francesa. Lo vendió para la chatarra
al chatarrero que tenía un taller de motos en Alcalá la Real. De ahí le
viene el sobrenombre de “El Chofer” y a su mujer por afinidad “La Chofa”. El
coche de nueve plazas prestó un gran....
La
familia Aranda de Fuente Álamo, si bien su progenitor nunca llegó a vivir en la
aldea, procedía del Castillo de Locubín. Se habían asentado en torno a 1915 en
Fuente Álamo, en concreto en el Cortijo de Clavijo, como los arrendadores al
Ayuntamiento de Alcalá la Real, y por ello fueron conocidos como “Los Clavijeños”.
Arrendamiento que le puso fin el inicio de la
Guerra, al igual que la dispersión de la familia. Se trataba de una familia muy
numerosa, donde la madre, María Dolores Villén Tirado, nacida en 1874, había
quedado viuda antes de su llegada a Fuente Álamo. Había estado casada con José Aranda Ramos, con quien tuvo 11
hijos, más los 6 hijos que aportó su marido al matrimonio de otras nupcias,
formaron una familia de 17 hermanos. Se cuenta que ya en el funeral de la primera mujer, se
escuchó: “José, se tiene que casar con
María Villén”. Cuando se casó María Dolores tenía 18 años, y como hemos
dicho, su marido llevó tres hombres y tres mujeres al matrimonio, de tal manera
que una de estas ahijadas era dos años menor que su madrastra.
En el padrón de Fuente Álamo de 1924 aparecen
inscritos: María Villén Tirado, viuda,
con sus hijos: Manuel 1901, Miguel 1903, Daniel 1904, Enrique 1907, María 1908,
Carlos 1909. Cuando falleció la madre estuvieron en su funeral todos los hijos y ahijados, a
excepción de Enrique y otro hermano que ya habían fallecido. Otros hermanos mayores
eran Francisco, Julián, Salome, Ana y
Gertrudis, quienes se quedaron en el Castillo de Locubín.
El
efecto llamada hizo que otra de sus hijas llamada ANA, nacida en 1899,siguiera los pasos de la familia en 1930
permaneciendo en Fuente Álamo hasta el inicio de la Guerra Civil, casada con
Miguel González Jaén (1893) con quien tuvo dos hijos:
José González Aranda (1921) y Cipriana González Aranda (1923), asentados posteriormente
en Alcalá la Real.
MANUEL, nacido 1901 en el Castillo de
Locubín (como todos sus hermanos), era el hermano mayor de los que llegaron a
Fuente Álamo y quien hizo de padre y llevó realmente en arrendamiento el
Cortijo de Clavijo. Casado en 1923 con
Eulalia Rueda Bravo nacida 1909. Aparece
inscrito en el padrón año 1924 cuando contaba con 23 años de edad, y se refleja
que se encontraba en filas. La Guerra Civil separó las familias y su mujer
prefirió quedarse en el Castillo de Locubín, en vez de acompañar a su marido en
Alcalá la Real, y ello para evitar represalias hacia sus padres. Tuvieron 5
hijos: María, Francisco, Josefa y Manuela.
DANIEL nació el 23 de noviembre de
1904 en el Castillo de Locubín, casado con la fuentealameña Magdalena Fuentes
Moyano, nacida 1907, y con la que tuvo 8 hijos: María Dolores (1930), Manuel
(1932), Mercedes (1934), José (1935), Daniel (1938), Magdalena (1942), Miguel
(1944) y Custodio (1949). Sería quien se asentara definitivamente en Fuente Álamo,
llegando a tener gran relevancia en los años posteriores a la Guerra
Civil. Fue alcalde pedáneo en la
Postguerra (el 13 de junio de 1943 hay constancia de su ejercicio), cargo que
compaginó con el de Presidente de la FE en Fuente Álamo. Vivió en el cortijo
del Goro o Cuatrovientos y en una casa en el centro de la aldea, en el barrio
de La Piquera, donde regentó una pequeña taberna, donde se organizaban bailes y
su hermano Miguel llevaba un espectáculo de títeres. Gobernó la Aldea en una
época difícil, devastadora, donde casi una
veintena de fuentealameños se encontraban en presidio y solicitaban a través de
sus familiares los avales necesarios para su excarcelación mediante la
concesión de indultos. El alcalde tenía que certificar que los firmantes de la
solicitud eran personas de orden.
Durante este periodo regresaron los presos
republicanos, entre ellos el alcalde republicano. En esa época se inició
la emigración en la aldea, tanto las temporales como las definitivas, que
fueron generalizadas, como en otros muchos pueblos de Andalucía, incluso Daniel
y su familia marcharon unos años a
Alcaudete, para labrar un cortijo. Fue socio fundador y desempeñó uno de los
cargo en el Consejo de Vigilancia de la Cooperativa Agrícola Nuestra Sra. del
Rosario (1959). Murió el 24 de mayo de 1961. Sus restos descansaron en el
Cementerio de San José de la Rábita hasta que la familia decidió trasladarlos al Cementerio de Alcalá la Real junto a su esposa Magdalena.
Su hija mayor, María Dolores, nacida en 1930, marchó a
Buenos Aires (Argentina) finales del año 1954, casada con Jesús
Santiago Pérez Castillo nacido en 1925, miembro de la familia conocida como
“Los Parracos”, panaderos de Alcalá la Real, si bien antes habían regentado la
Venta Fantasía. Emigró cuando
aún se encontraba soltero por lo que María Dolores tuvo que casarse a través de
poderes concedidos por su marido y ser representado por un hermano. Les fueron
bien las cosas en Ultramar. Tuvieron dos hijos, Daniel Santiago (1956)
y María del Pilar (1958), nacidos ambos en Buenos Aires. Regresaron el 26 de
julio de 1972 a Madrid.Manuel, fue conocido por el sobrenombre
de “El Cabo”. Casado con una silereña, emigró a Alemania, donde hizo parte de
su vida.
Daniel ejerció su
profesión en la Benemérita en la provincia de Jaén (La Carolina, Guarromán y
Jaén capital). Aún tiene su segunda residencia
en Fuente Álamo, casado con la también fuentealameña Clara Carrillo Pérez, con
la que tiene dos hijos: Pilar y Miguel Ángel. Mercedes fue la que más tiempo residió en la aldea, en concreto en
el Cortijo del Llano de Fuente Álamo, al casarse con Antonio Pérez Jiménez, con
quien tuvo 3 hijos: Antonio, Manuela y Mercedes y Daniel. José, dedicado a la agricultura, siempre estuvo estrechamente
relacionado con la gente de la aldea donde tiene sus posesiones, pese a residir
en la cercana aldea de Las Caserías de San Isidro al casarse allí. Magdalena casada con un grajereño de
apellidado Leiva. Miguel también
prestó servicio en la Guardia Civil sobre todo en la provincia de Granada. Es
el único de los hermanos que ha fallecido. Custodio
emigró a Barcelona, donde está haciendo su vida.
ENRIQUE, nacido también en el Castillo de
Locubin en 1907, se casó en 1931 con Dionisia Aguilera Nieto (1908), nacida en Las
Caserías, pero con raíces fuentealameñas. Cuando conoció a Dionisia tan sólo
tenía 17 años y estuvieron 8 años de noviazgo hasta que Enrique regresó de
filas. Se casó con 25 años en el año 1931 y tuvieron 7 hijos: Crescencio 1932; Hipólita 1939 casada en 1972 con el extremeño Manuel Cayetano
Zamora 1940 que conoció gracias a un anuncio en la prensa escrita,
comunicándose a través de cartas y conociéndose personalmente en Madrid, donde
regentaron en Leganés el bar del hogar de los pensionistas, tuvieron una hija,
Gema 1974. A finales de los años 70 regresaron a Alcalá la Real; Antonio 1942, electricista de
profesión, regentó establecimientos en Alcalá la Real: “Electricidad Aranda”. Casado
con María del Carmen Murcia. Hijo: Leopoldo 1978; y Magdalena 1944 que murió joven, además de otros tres hijos que
fallecieron a temprana edad. En 1942 compró una parcela de 3 hectáreas e hizo
una casa en las Albarizas al lado de la carretera de Fuente Álamo. Murió en el
año 1945 con tan solo 38 años de edad aquejado de una enfermedad que le obligó
a dejar el Cortijo que las Albarizas que por entonces labraba.
Será
con el hijo mayor de Enrique, con quien sigamos el hilo conductor con el que
comenzamos. Crescencio no solo ha tenido
el honor de ser el primer fuentealameño en ponerse la vacuna del Covid en
Ibiza, sino que ya tenía el honor de ser el primero que había llevado el coche
a motor a Fuente Álamo, además de
prestar con él un servicio público y servicio de correos, en aquellos años tan
necesitados de medios de transporte. Sería finales de los años 50 cuando
Crescencio adquirió en Priego de Córdoba un coche de segunda mano que había
hecho durante algún tiempo la ruta Priego de Córdoba a Córdoba capital y que ya
le quedaban pocos años de vida.
Aunque Crescencio tiene su origen en las Albarizas,
partido de Las Caserías de San Isidro, su gran contribución hace que se le
considere como fuentealameño relevante. Aparte dehabitar más de un lustro en la Aldea,siempre mantuvo comunicación con los
fuentealameñosy sus raíces familiares
siempre le tuvieron vinculado a nuestra aldea, pues ya desde jovenzuelos fue
Hermano Mayor de las fiestas, trasladándose ....
CONTINUARÁ
Gracias a todos los que habéis colaborado y habéis hecho que esto sea posible: María del Carmen, María José, Daniel Santiago, Gema, Miguel Ángel... y especialmente mi agradecimiento a Crescencio.
El árbol familiar de los Aranda, se personalizará y se enviará a todos aquellos que lo solicitéis, sin perjuicio de que una vez completo se pueda publicar en algún libro dedicado a las familia de Fuente Álamo.
Os Dejo aquí un álbum fotográfico familiar para quien quiera pueda añadirse.
Dejo
aquí dos párrafos de nuestra próxima publicación sobre los Aranda de Fuente
Álamo:
"En este mundo globalizado donde las
distancias no existen y los medios decomunicación nos acercan a cualquier lugar del mundo, ha sido posible reencontrarnos con un fuentealameño, que como otros muchos estaba en un
recóndito rincón de la geografía española. Este encuentro, casi fortuito, se ha
producido a raíz de una noticia publicada en un diario local de Ibiza:
“NouDiari” de 4 de enero de este año, y que me había facilitado un colaborador.
Hacía referencia a un tal Crescencio Aranda Aguilera, de 88 años, con la gratísima noticia de que había sido la primera persona en
recibir la vacuna contra el Covid-19 en la Isla de Ibiza. La crónica decía que
era natural de Jaén, de profesión conductor y que residía en la isla desde los
años 70, habiendo trabajado 28 años como profesor de autoescuela, por lo que lo conocía mucha gente de la Isla. Con todas estas pistas, me
lo pusieron fácil y pronto asocié su nombre a los Aranda de Fuente Álamo.
Me puse a investigar, y al momento conseguí
identificarlo plenamente, comprobando que se trataba de Crescencio, conocido
por entre nosotros como “El Chofer”.
….
"Crescencio
no solo ha tenido el honor de ser el primer fuentealameño en ponerse la vacuna
del Covid en Ibiza, sino que ya tenía el honor de ser el primero que había
llevado el coche a motor a Fuente Álamo,además de prestar con él un servicio público y servicio de correos, en
aquellos años tan necesitados de medios de transporte. Sería finales de los
años 50 cuando Crescencio adquirió en Priego de Córdoba un coche de segunda mano
que había hecho durante algún tiempo la ruta Priego de Córdoba a Córdoba
capital y que ya le quedaban pocos años de vida".
Seguimos
trabajando con los sucesores de los Aranda de Fuente Álamo, para lo que pedimos
vuestra colaboración…
Crescencio en la Academia de Profesores de Autoescuela de Madrid.
Como
he ido anunciado desde hace algún tiempo, estoy preparando el árbol genealógico de casi todos los
apellidos más antiguos de Fuente Álamo. Actualmente estoy investigando o
siguiendo las distintas líneas del
apellido Aranda del Fuente Álamo de
procedencia del Castillo de Locubin. Son algunos de sus descendientes los que
están colaborando con la aportación de fotografías y datos, pero necesitamos
que sean todos o al menos la mayor parte de ustedes los Aranda, los que
colaboren con este trabajo. Por eso ahora pido su colaboración…
¡¡¡ARANDAS,
CONTRIBUID A LA RECOPILACIÓN DE LA HISTORIA DE FUENTE ÁLAMO”!!!
Aquí
dejo un pequeño fragmento de la próxima publicación dedicada a los Aranda de
Fuente Álamo:
“La familia Aranda de Fuente Álamo, si bien su
progenitor nunca llegó a vivir en la aldea, procedía del Castillo de Locubín.
Se habían asentado en torno a 1915 en Fuente Álamo, en concreto en el Cortijo
de Clavijo, como los arrendadores al Ayuntamiento de Alcalá la Real, y por ello fueron conocidos como “Los Clavijeños”.
Arrendamiento que le puso fin el inicio de la
Guerra, al igual que la dispersión de la familia. Se trataba de una familia muy
numerosa, donde la madre…”
Carreteras,
caminos, veredas, calles de tu Fuente Álamo echarán de menos tus pisadas, antes
ligeras, últimamente algo más lentas. Esa huella también la dejaste marcada en
otros lugares del norte de España, donde aquellos extremeños te renombraron
como: "El Andaluz" y que te haacompañado e identificado hasta sobreponerse y difuminar tu nombre de
pila: Juan o Juanito de Lore.
Formabas
parte del paisaje fuentealameño, se echarán de menos tus saludos con media mano
alzada, de espaldas y sin mirar al conductor que con el claxon te saludaba...Tu estancia entre nosotros también se echará
en falta, aportando siempre conocimientos, experiencia, saber escuchar y
soportar todo tipo bromas.Las tertulias
de la Plaza de los Álamos sin tu participación serán menos ilustrativas.Pero esto no puede sonar a despedida, sino a
un hasta siempre, pues ya sembraste el saber estar entre nosotros y eso perdurará
eternamente entre los que tuvimos la suerte de conocerte, entre tus familiares,
vecinos y amigos. Sigue haciendo camino:
“Andaluz” …
A
Juan Ibáñez Sánchez le dedicamos una publicación hace unos años, donde nos
contaba sus experiencias, y que ha sido una de las más vistas leídas por todos
ustedes.
El primer día de la novena de San
Isidro, fue contratada Francisca Capilla
Rodríguez por el Padrón de los Labradores para trabajar indefinidamente los
campos fértiles de la eternidad. Aunque ella estaba bastante preparada y
curtida, pues ya tenía las manos bien encalladas y la espalda curvada de cortar
tabaco, lino, recoger aceitunas…, tanto en los campos terrenales de Fuente Vaqueros
como de Fuente Álamo, todos rogábamos para seguir disfrutando de su experiencia
entre nosotros; aunque ella ya había cogido el hato y, como buena trabajadora
del campo, no podía negarse a la llamada de su Patrón. Porque a los buenos
trabajadores, una vez cumplida su misión en la tierra, los necesita San Isidro
para cultivar los campos verdes de la esperanza y siembren semillas que aquí
recogeremos. Ese es el consuelo que deben tener sus hijos, nietos, amigos,
vecinos de su Fuente Álamo. Pero no solo San Isidro se acordó de ella para
trabajar sus campos, también desde algún tiempo atrás, la Virgen del Rosario la
quería tener a su lado como ejemplo de madre, o San Antonio de Padua como
compañera de camino en sus predicaciones, y el Sagrado Corazón de Jesús para
ayudarle a alimentar pasión, a quienes
tanta devoción tenía. Fue San Isidro finalmente quien la convenció.
En sus últimos días quiso despedirse de
nosotros con dedicatoria especial a sus hijos, pues sabía que no podía
renunciar a esa especial llamada. Vaya
Usted con Dios, Paquera, hasta siempre.
Como
todos sabéis a Francisca Capilla Rodríguez, le dedicamos dos capítulos en la
página de nuestro pueblo y que aquí dejo los enlaces: