lunes, 25 de noviembre de 2019

GENTE DE FUENTE ÁLAMO EN EL AÑO 1950. MARIA DEL CARMEN LÓPEZ GONZÁLEZ


Este trabajo está dedicado a mi primo Antonio Pérez Rueda,(anónimo) recientemente fallecido, gran seguidor de ese blog, que con sus acertados comentarios me dio tanto ánimo para seguir contando la historia del pueblo de sus ascendientes y con el que tan identificado se encontraba. Echaré de menos sus comentarios críticos y sobre todo su apoyo, aunque espero que allí donde esté me siga, como yo le seguiré recordando.  Entre otras muchas cosas, echaremos de menos sus comentarios escritos, pues a partir de ahora seguirá enviándome mensajes pero estos solo yo podré leerlos, sabiendo que en cada uno de los artículos que escriba, allí estará su sabio consejo. Un abrazo Tiarrón.
Dejo aquí dos de sus muchos comentarios:
Hola Domingo: mentiría si dijese que no soy un lector avezado (tómese en el contexto de persona que gusta disfrutar de la lengua cervantina, pero también alejado de pedanterías como "traga libros" para demostrar lo que jamás conseguiré; escribir de forma tan solvente y didáctica como la que tu plasmas en cada episodio que nace del teclado, con la innegable ayudada de esas personas de las que emanan los recuerdos y vivencias que narras; luego, las plasmas magistralmente en el blog.
He entrado en varias ocasiones en tus "annales" y no había noticias. Imaginaba que estarías tejiendo una alfombra para así volar y adentrarnos en esos relatos agrios en ocasiones, e irónicos-sarcásticos en otros. Huelga decir que no conozco a los personajes que nos muestras, pero intento colarme en sus interiores y recrear esas vivencias que les llevaron a contar sus realidades para que más tarde tu no las mostraras de forma hilvanada y cronológica.
Estaba esta noche sentado en el sofá, junto a un libro de poesía escrito por un amigo. La tecnología que nos atrae como un imán llamó y abrí el terminal móvil. Con un simple dedo apareció Fuente Álamo. Solemne, con una Torre incitándome a otear lo que deseaba mostrarme. No pude resistirme y heme aquí, en lo alto de ella. Me encontré una historia sobre un sombrero valiente y altivo, pero al mismo tiempo humilde y comprensivo: la lectura no tenía ni rastro de aspavientos (creo que alguna vez he usado el término "estilo Pérez Galdós"); me adentré cada vez más hasta llegar al final. No podía desengancharme de JIPIJAPA y la forma de narrar esa historia: Encaramado como si a un árbol estuviese, era imposible bajar o subir, extraño, algo inaudito que solo se consigue con el sombrero de Paco el Sargento: El Miliciano Mágico como cuando lo lucia en el Frente de Jaén (igual que mi abuelo materno) y el biógrafo que lo recogió cuando un remolino de aire frío intentó llevárselo para siempre después de la tragedia fratricida y jamás hubiéramos conocido sus hazañas si no existiera este blog tan chivato . Un cordial Saludo. Antonio”.
 “Admirado Domingo: si nada más adentrarnos en este capítulo, la imaginación, madre de musas y luces nos llevan a imitar al valiente Dédalo, para desde el cielo poder contemplar esos árboles, plantas y frutas a las que los poetas cantaron desde tiempos remotos, tú, cantor de historias de Fuente Álamo, nos dejas disfrutad de ellos con un lirismo y realismo que una vez acabado el viaje, sólo nos queda dejarnos caer como el hijo de Icaro, con el corazón palpitante y compungido. Gracias por seguir creyendo que la belleza pura existió en otros tiempos en Fuente Álamo. Un abrazo.”

El padrón municipal de vecinos (presentes y ausentes) y transeúntes que se inscribieron a día 31 de diciembre de 1950 en Fuente Álamo, comienza la relación por orden alfabético, a diferencia del padrón del año 1960, que lo haría por barridas y cortijadas. El primero de la lista es  Sinforiano Aguayo Ruiz, continuando con su esposa Pastora Pérez Jiménez y sus 5 hijos hasta el momento: Julio, Francisco, Feliciana, María y Josefa, todos ellos habitantes del Cortijo de las Pozuelas. Finaliza con la inscripción de Araceli Zuheros junto con su hijo Marcelino Ramírez, quienes habitaban una casa de la zona de los Huertos, en el barrio de la Fuente.
Refleja  una población de derecho de 1.145 habitantes (564 varones y 581 hembras) y una población de hecho de 1.070 habitantes, o lo que es mismo, 202 cabezas de familia, que pudiera equivaler a casas o cortijos habitados. Hay que de decir que hemos encontrado un par de inscripciones duplicadas como la de Bonifacio Aguilera y su esposa Bibiana Ramírez, que pueden ser compensadas por algunas omisiones. Incluso podemos decir hoy, que un varón quedó sin contabilizar: Anastasio Mesa Cano, quien se encontraba todavía  oculto en un zulo en el Cortijo de la Encina Baja, si bien sí consta inscrita su esposa Adoración González Cano y sus dos hijos Anastasio y José. También hemos encontrado numerosos errores en los nombres y apellidos,  por ejemplo: a Matías Cándido Aguilera le reseñan como Antonio,  a Cipriano García Zamora por Ceferino, a Cipriano Ávila García le llama Sinforiano, a Sancha se le concibe como Concepción, a  Encarnación Jiménez por error se le pone el apellido de Anguita…
En la década de los años 40 se produjo un aumento considerable de población (en el Padrón de 1940 habían inscritos  876 habitantes),  alcanzándose el punto demográfico más alto de toda la historia de Fuente Álamo,  tendencia que no continuaría, produciéndose un descenso durante la década siguiente de los años 50 debido fundamentalmente a la emigración. Así,  comenzaría a disminuir la población hasta el punto de que en seis años disminuirían 69 habitantes (padrón de 1956) y en una década, unos 218 habitantes (padrón de 1960), descenso  que ya no pararía hasta nuestros días.
Sin hacer un estudio profundo sobre las causas que produjeron aquel aumento demográfico, pienso, que una vez salvado el llamado y mal recordado año de hambre (1945), se reactivó la producción agraria, lo que produjo la entrada en funcionamiento de tres panaderías a plena actividad: la de Faustino y sus dos hijos Rafael y Antonio, la de Valeriano Muñoz Ramírez, y la de  Valerio Osuna Medina; y dos molinos aceiteros: el de D. Francisco Serrano y el de Pedro González - Antonio Ramírez. El hambre se fue paliando con la ayuda del racionamiento de queso americano y la leche en polvo, al tiempo que se mejoraba la asistencia sanitaria, logrando disminuir la mortalidad, aunque todavía se daban numerosos casos de mortalidad infantil como el niño Demetrio González Ibáñez, algún otro.
Es incremento poblacional  se debió también a que durante esta década de los 40 regresaron los que se salvaron de la Guerra, los presos republicanos (incluido  el alcalde pedáneo que volvió del destierro) y los exiliados en 1936 del bando nacional. Todo ello produjo la activación del proceso reproductivo, de hecho, es fácil comprobar cómo familias que durante cuatro años habían paralizado la natalidad por motivos obvios, la reaunudan con nuevos hijos en esta década de los cuarenta. Pero también hemos comprobado a muchas familias, llegadas quizás temporalmente en busca del trabajo que ofrecían los campos fuentealameños, y que no consolidarían su asiento en la década posterior. Así, a título de ejemplo tenemos los cabezas de familia como Valeriano Vico Zamora, Ramón Ruiz López, Eduardo Rey Aguilera, Rafael Rodríguez Aguilera, José Pérez Armenteros, Pablo López García, Valeriano García Muñoz, Casimiro García Pérez, Francisco Cantero Guardia, Antonio García García, José González Pérez, Manuel Pérez Bermúdez, Antonio Expósito López, José Cano Fuentes, Juliana Cano Fuentes, José  Cano Nieto… Son nombres que no los encontramos inscritos en Fuente Álamo en la década anterior ni posterior. Hasta algunos señoritos fijaron su residencia en sus cortijos de Fuente Álamo, como D. Francisco Sánchez-Cañete y su esposa Dª Julia Sánchez Salazar con sus hijos Vicente, Francisco, Mercedes, Julia, Josefa y otra hija más. También llegaron familias de otras profesiones como el carpintero Antonio Atienza Moya y su esposa Dominga González Serrano con su hija Francisca, llegados desde La Rábita. Por lo aquí visto, no siempre los  fuentealameños fuimos emigrantes, también fuimos receptores. Llegaron obreros del campo desde el término de Almedinilla, Montefrío e incluso de Valenzuela (Córdoba) como Luis Gomarín Ucles, al casarse con la fuentealameña Ana Pérez, que se establecieron en la Dehesilla. Gregorio Martín Moyano y Amalia Pérez, pudieron también llegar de la Campiña Cordobesa, estableciéndose en la zona de la Fuente de la Encina.
Todos los cortijos estaban superpoblados: Los Floríos, Las Pozuelas, El Salao con la familia Arenas Pérez y la familia Expósito Nieto. En zonas amplias como La Colonia, La Dehesa o El Peñón no había ni un solo cortijo por habitar.
 Las necesidades de convivencia y supervivencia hacían que se produjeran refundiciones familiares, es decir, que se juntaran viudos con viudas con sus respectivas familias, y con la posibilidad de ir incrementando la natalidad, pese a que tuvieran que soportar  el temido  “cencerraje” dado.
En la nueva escuela que se había construido en 1948 impartiría clases en el curso inaugural 1949-50 Don Manuel López Martín en un aula unitaria y multigrado, repleta de alumnos y alumnas. El maestro, con el alcalde pedáneo, que debió ser Daniel Aranda Villén y el párroco D. Manuel Armenteros Guerrero, constituían la Autoridad aldeana. La familia Aguilera Calvo formaban una unidad influyente, constituida  por el padre Antonio y Francisca, con sus todavía hijos solteros Domingo y Rafael y sus otros hijos emancipados Antonio Aguilera Calvo, casado con Ángeles Ibáñez, José Pedro en segundas nupcias con Fermina Castillo, Juan Manuel con Crescencia Pérez y  Luis con Aurora Frías. Todos vivían aún en la Aldea hasta que en años venideros algunos decidieran buscar otros aires. Mientras que otras familias, entre ellas los Pérez Lizana con Matías, casado Antonia Pérez,  José casado con Bernarda López y  Mateo casado con Josefa Bolívar con sus  8, 7 y 7 miembros respectivamente aun sin emancipar, formaban uno de los clanes más necesitados, que tenían que buscar el día a día, hasta que la emigración le fue abriendo caminos, al igual que a otras muchas familias.
Se trataba de una sociedad con más del 99 por ciento de los varones activos dedicados a las tareas propias del campo y el cien por cien de las mujeres a sus labores y además a las del campo. Solo quedaban unos cuantos que, como complemento, tenían otras actividades, así  Antonio Cano Ruiz también regentaba una taberna, Modesto González Arjona o Pedro Perálvarez Pimentel “Pericanas” se dedicaban con su burra a vender por los cortijos cualquier tipo de producto necesario en aquella época.  Julio La Rosa Talavera era el zapatero,  José Puche Ramírez, mecánico de radios y televisiones, otros como Luis y Juan Díaz Díaz “Los Guardillas” o Antonio Castillo Padilla “Caejo” amenizaban con sus instrumentos los bailes populares, mientras que Pedro Casillo Palomino y Eugenia Bailón Serrano ejercían de sacristanes. Incluso teníamos a un militar en Marruecos: Cayetano Nieto Aguayo. De la quinta del 50 estaba Juan Aguilera Cano “Cascorro”, José Jiménez Pérez, Antonio Montes López, entre otros.
La familia más numerosa la formaba Ceferino Aguilera Castillo y Urbana Cano con 12 miembros,  si bien faltaba todavía por venir algún hijo más. Le seguía Marcelino Pérez Mesa “Torres” y Dolores Aguilera con 11 miembros, al igual que Joaquín Pérez González y Sancha Vera con otros 11 miembros, incluidos los progenitores.
En ese año de 1950 y finales del anterior, debieron nacer entre otros: José Aguayo Cano, Juan Pérez Hinojosa, Juan Gomarín Pérez (1949), Luis Aguilera Pérez, Vicente Padilla Pérez, Ceferino Aguilera Cano, Arturo Aguilera Castillo, (1949) Custodio Vera Pérez (1949) Juan Muñoz Nieto, Mercedes Vera Pérez, Rafael Aguilera Castillo, Mercedes Vera Pérez, Custodia García Peña, Dominga Pérez Vera, María Josefa Aguilera Fuentes, Custodio Aranda Fuentes, María del Carmen López González (*)…
….
(*) Respecto a esta última, por poner algún ejemplo de referencia, nació en Fuente Álamo en este año de 1950 cuando por entonces su padre, Don Manuel, impartía clases como maestro y mientras que su madre, Patrocinio,  estaba dedicada a las tareas agrícolas de la familia y al cuidado de sus hijos. Es la cuarta hija de los seis hermanos, quienes gracias al sacrificio y a la ayuda familiar pudieron todos realizar unos estudios y sacar respectivas sus carreras.
Recuerda su infancia  en aquella casa-escuela donde repartía el necesitado queso americano, racionándolo y pesándolo en una balanza, al igual que la leche en polvo; pues era en su casa, la escuela, donde se almacenaba y repartía. Recuerda a sus vecinas mayores, Flora y Tía Pepa, quien le enseñó a coser. Esta siempre andaba pensando en su hijo Vicente, que murió en la Guerra Civil en el frente,  aunque  estaba convencida de que  alguna vez volvería.  En Fuente Álamo hizo sus estudios de primaria tutelados por su padre, teniendo de compañera de pupitre a María Fuensanta Ruíz, de quien recuerda como en una ocasión le negó la goma de borrar, diciéndole que le comprara una su madre que era más rica. No entendiendo muy bien ella el concepto de riqueza, tuvo que preguntarle a su madre si aquel calificativo era verdadero. En el año 1958 tomó su Primera Comunión en la Iglesia de San Antonio de Padua, junto a María Josefa Aguilera Fuentes, entre otras niñas. También recuerda la sana competencia o algún tipo de relación más directa que existía entre su familia y la familia Ruiz.  Cuando tenía unos  9  años de edad, en concreto en octubre de 1960, su padre fue destinado a Maracena, marchándose la familia a vivir a Granada, y prosiguiendo sus estudios primarios en el Colegio Calderón dirigido por las Hermanas de la Caridad, donde estudiaban sus hermanas mayores. Estudió y finalizó sus estudios de bachiller en el Instituto público “Ángel Ganivet” de Granada.
 De su  adolescencia recuerda que tanto los periodos vacacionales de Navidad como los de Verano, regresaba al cortijo familiar del Peñón, colaborando en las tareas agrícolas a la vez que impartía clases de verano a algunos niños de Fuente Álamo. En estos periodos trabajaba en la recolección de la aceituna y en la siega,  así nos cuenta como su madre le regañaba a ella para dar ejemplo a los demás trabajadores, y de esta forma conseguía que no se durmiesen en la elaboración de tareas. Pero también recuerda aquellos amores de la adolescencia con un chico muy apuesto de Fuente Álamo, las verbenas y sus mejores amigas María Josefa Aguilera Fuentes y Mercedes Vera Pérez.
Después de finalizar sus estudios de enseñanzas medias, inició la carrera, licenciándose en Medicina por la Universidad de Granada, y especializándose en Anestesiología, Reanimación y Clínica del dolor. Allí conoció a su marido Juan José, natural de Granada y descendiente de los Fernández de Córdoba “El Gran Capitán”, quien hizo la misma especialidad. En 1980 iniciaron su actividad profesional, consiguiendo ambos, después de algunos intentos, la plaza en propiedad en la sanidad pública, ejerciéndola, su marido unos meses en Mahón y después ambos en el mismo Hospital de Santa Bárbara en la ciudad de Puertollano (Ciudad Real),  como Adjunta y Jefe de Sección durante más de 35 años. A estos hay que sumar 4 años de internista en el Clínico de Granada, hasta su reciente jubilación, como Jefa de Sección. Tuvo alguna vez la tentación de regresar a Andalucía, en concreto a Almería, pero fue descartada y allí se asentó definitivamente.
 Actualmente su vida transcurre en Madrid y, de vez en cuando, hace un viaje a Granada. Es madre de dos hijos, a los que dedica su tiempo completo. Sigue añorando desde la distancia a su Fuente Álamo natal, a sus vecinos y amigas, que tanto aprecio tenían por su  familia.

miércoles, 30 de octubre de 2019

ANTONIO CASTILLO PADILLA: HISTORIA DE LA YEGUA BLANCA DEL CORTIJO ARRIBA


       Antonio conocido en el pueblo como “Caejo”, padre de familia de trabajadores del campo y de oficio esparteros. Músico de afición, con su acordeón amenizó las fiestas fuentealameñas de los años 50. Nació en el Castillo de Locubín en 1906, hijo de Francisco Castillo Aguayo y de Petronila Padilla Rueda naturales de Castillo de Locubín y Fuente Álamo, respectivamente. Casado con Francisca Padilla García, con la que tuvo cuatro hijos. Tenía como rasgos característicos una  estatura 1.660 cm., pelo negro, barba poblada, cejas al pelo, color sano, ojos pardos y como señas particulares: una cicatriz en la cabeza.
            En el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia nº  56313 es enjuiciado a raíz de la denuncia  del hijo del  labrador del Cortijo de la Fuente la Encina Alta “Cortijo de Arriba”. Dice de Antonio que es un sujeto de mala conducta, pues con anterioridad al 18 de julio de 1936 pertenecía al Partido Socialista, concretamente de la Directiva; que al venir la Revolución se lanzó a la calle y, provisto de una escopeta, intervino en todos los robos y saqueos cometidos en la Aldea de Fuente Álamo; y que fue uno de los que participaron en el saqueo de la Iglesia y la quema de los Santos; que fue a su casa, se llevó una yegua y que hasta la fecha ignora su paradero.
            En el informe, “a la carta”, de la Falange Española se dice: que conociendo el lugar donde se encontraban las Imágenes de la Iglesia, que habían sido escondidas por personas de orden, fue en unión de otros a dicho lugar, apoderándose de ellas y quemándolas.
            En el Auto de procesamiento de 16 de mayo de 1940 se reseña que con anterioridad al 18 de julio de 1936 pertenecía al Partido Socialista, siendo miembro de la Directiva. Al venir la Revolución se lanzó a la calle y, provisto de una escopeta, se puso de parte del marxismo. Tomó parte muy activa en los robos y saqueos de los domicilios de las personas de derechas entre los que se encuentran D. Vicente Aguayo Serrano, del que se llevó una yegua. Fue uno de los que más se distinguieron en la destrucción de la Iglesia y quema de los Santos. Más tarde ingresó en el Ejército Rojo. Está conceptuado como peligroso.
            En su declaración indagatoria judicial del día 16 de mayo de 1940, manifiesta que con anterioridad al 18 de julio del 36 pertenecía al Partido Socialista y de cuyo partido era de la Directiva. Preguntado si es cierto que al venir la Revolución se lanzó a la calle con una escopeta contesta que sí. Preguntado si es cierto que intervino en robos y saqueos contesta que sí. Preguntado si es cierto que intervino en la requisas de los domicilios de las personas de derechas entre ellas la casa de Vicente Aguayo Serrano, llevándose un yegua, contesta que sí. Preguntado  si es cierto que intervino en la destrucción de la Iglesia y quema de los Santos contesta que sí. Preguntado si es cierto que ingresó en el Ejército Rojo contesta que sí.
            Por lo que en Sentencia de 22 de julio de 1941, resultando probado que era afiliado al partido socialista antes del 18 de julio, de cuya organización fue directivo, miliciano y que a partir de esta fecha, prestó servicios de control, requisas, guardias y tuvo intervención en la destrucción de la Iglesias del anejo; se le condena a la pena de doce años y un día de reclusión temporal, como autor responsable de un delito de auxilio a la rebelión militar sin circunstancias, con las accesorias de inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena.
            Solicita el indulto el 12 de noviembre de 1945. El 29 de julio de 1946 el fiscal informa favorable  a la concesión del indulto, cuando ya había cumplido parte de la condena.
….
            Nos encontramos ante un nuevo caso de condena injusta, pese a reconocer Antonio todos los hechos que se le imputan. No pudo haberlo hecho sino coaccionado o mal asesorado, o por lo contrario en un acto de valentía impropio de aquellos tiempos de terror.
            La acusación principal fue el haber pertenecido al Partido Socialista y haber formado parte de su directiva. Antonio era Vocal de la Cooperativa afiliada a la U.G.T. poco antes del inicio de la Guerra Civil (en concreto el 10 abril de 1936), que intentaba arrendar el Cortijo de Clavijo para la Colectividad fuentealameña. La otra acusación era también la genérica para todos fuentealameños que habían pertenecido al bando perdedor y era la de haber participado en destrucción de la Iglesia y quema de los Santos, cosa que también reconoce. Pienso que hubiese dado igual, pues los otros acusados que no lo reconocieron, también fueron condenados a la misma pena. La sentencia ya estaba dictada, pues en un acto multitudinario, el hecho de estar por allí ya te condenaba.
            Curiosamente no resulta probado el hecho específico por el que fue denunciado por un vecino, que no fue otro que el apoderarse de su yegua, y que también reconoce. Es aquí donde más se puede sacar la conclusión de que si bien la acusación pudo ser cierta, no lo hizo él solo, como un vil cuatrero, sino en grupo y siempre cumpliendo las órdenes dadas y nunca en beneficio o aprovechamiento propio. La famosa yegua, al parecer blanca, ya apareció en el expediente abierto contra el entonces Alcalde Pedáneo D. Vicente Aguilera, que en función de su cargo se le pudo dotar de ese medio de transporte. Así Casimiro Vázquez Aguayo dice que dicho encartado, refiriéndose al Pedáneo, se presentó cuando el declarante estaba detenido en unión de otros que formaban un grupo de unos veinte o veinticinco en el cuartel de la guardia civil de San José de la Rábita montando una yegua que le robo a Cipriano Aguayo, cuyo valor en aquella fecha se elevaba a dos mil pesetas.
            Decíamos que tampoco fue él solo, pues José Vera Torres nos relata que el inicio de la Guerra le sorprendió cuando contaba once años de edad. En aquellos días estaba guardando cochinos en el Cortijo Arriba o Fuente de la Encina Alta, que labraba Cipriano, cuando llegaron unos 14 ó 15 hombres de Fuente Álamo, armados con garrotes, hachas, etc.  y  le dijeron: “Nene, ¿tú qué haces aquí?  Ahora mismo te vas y que guarde el tío éste, los cochinos con los güevos”.  A los cuatro días volvieron otros cuantos de Fuente Álamo, entre ellos Paco el apodado “El Verraco”, Tío Vera, Tío Arévalo, los hermanos Antonio y Manuel Castillo apodados “Caejo”, y “Tiromierda” y le preguntaron el por qué todavía no se había marchado. Manuel Castillo le dijo:  “Te voy a dar una patada y vas a pegar en la cañada, allí en lo hondo de los olivos”, a lo que su hermano Antonio, (nuestro encausado) le dijo: “Fíjate bien en el nene, que al nene le pegarás la patada, pero al padre, quizás no se la pegues”, y le dijo: “Vete a tu casa porque la cosa está muy mal” y dice recordándolo: “Mira tú, si estaría mal, que los cuatro días reventó la ballena”.  Aunque no recuerda si se llevaron la yegua, sí recuerda que con aquella yegua iba él a comprar tabaco a Las Grajeras, y que tenía que gastar mucho cuidado para que no le tirase entre los olivos. Como hemos visto, fue Antonio el que tuvo un cierto acto de humanidad con aquel niño-hombre, aconsejándole que se fuera a su casa porque las cosas no estaban bien.
            Para concluir, paradojas de la vida, la yegua, que fue requisada a un vecino considerado de derechas o nacional, y siendo montada por el Alcalde republicano en sus desplazamientos propios del cargo; pudo servir para salvar la vida de otra persona de los llamados de bien o de derechas, D. Francisco Sánchez-Cañete de Córdoba conocido en Fuente Álamo como “Francisquito”, según nos cuenta José, el hijo del Alcalde pedáneo: “su padre reventó una yegua  corriendo para llegar a tiempo a Alcalá la Real desde Los Martillos, (donde había una comandancia de la zona roja), y se presentó diciendo que el Sr. Sánchez-Cañete no había hecho nada”.
            Es posible que este fuera el trágico desenlace y a la vez heroico de la yegua blanca del Cortijo Fuente de la Encina, pues como declara su propietario después de la Guerra, aún no había aparecido.
            Como complemento a esta historia, su hermano Manuel también dio con sus huesos en la cárcel:
            Como anécdota que refleja el desencanto que aquella guerra produjo en las familias fuentealameñas, se dice que cuando regresaba Antonio del presidio, al asomar por la zona de la Piedra Gorda, la gente del pueblo fue a anunciarle la buena noticia a su esposa Francisca, quedando en shock y sin reacción, diciendo tan solo: “Y yo estoy aquí”.

domingo, 13 de octubre de 2019

AMOR POR UN PUEBLO O POSTUREO CON UN PUEBLO: FUENTE ÁLAMO


Desde hace poco  tiempo atrás, venimos comprobando el resurgir del amor a nuestro pueblo, FUENTE ÁLAMO. Con ello no quiero decir que anteriormente no existiera, sino que creemos que estaba apagado o interiorizado, y que ahora ha llegado el momento de sacarlo de paseo con orgullo, poniéndolo por bandera como el mejor pueblo del mundo mundial; así sea secula seculorum.
El ejemplo más claro y reciente han sido las fiestas populares en honor a la Virgen del Rosario, que tanta difusión han tenido en la redes sociales y tan buenos comentarios “de viva voz” se han vertido sobre tal acontecimiento. Ese reencuentro de los que venimos de fuera, esa solidaridad entre los que están dentro, esa participación multitudinaria, esa llegada o “quedada” de tantos fuentealameñ@s que el destino los puso en diversos puntos de la geografía española o europea, esa concurrencia de representantes políticos que apenas se veían otros años, esa solidaridad participativa de mujeres vestidas de faralaes que tanto colorido le han dado a la fiesta, alegría que con sus bailes a la verbena y blancura con su escobiche a las tapias de la Torre, esos costaleros voluntarios hasta lo alto de El Cerro,  esa Hermandad desvivida para que todo saliera bien, repartiendo ese arroz generoso y otros muchos detalles que habrán pasado desapercibidos...  entre ellos la entrega simbólica de diplomas a fuentealameños llegados de afuera.
Me pregunto a qué puede deberse o si se trata de un simple espejismo, y al mismo tiempo que dejo aquí unas posibles respuestas y la puerta abierta para que cada uno lo valore como crea conveniente. Puede ser debido a que se está hablando mucho de la “España Vaciada” y ahora nos acordamos de llenarla de golpe en unos días de fiesta. Puede ser debido a que últimamente se está trabajando duramente por los pocos fuentealameños que habitan la aldea, para que la hospitalidad sea real y efectiva. Puede venir del compromiso que los políticos alcalaínos están mostrando con la aldea dada la precampaña de elecciones generales o las elecciones a alcalde pedáneo (más cercanas a los fuentealameños), y con ello, el oportunismo de estar presente en los actos, y que esto arrastre a las masas. Puede ser la necesidad de ver a nuestros familiares que dejamos en el pueblo. Será debido a que queremos mostrarnos en las redes sociales en el escenario de nuestra infancia…  Todas estas son respuestas con poco sentido o mucho según el interés con que se mire. Lo que si pienso realmente es que se necesitaba de una mecha que produjera esa explosión, y en eso se ha ido trabajando estos años atrás. Aunque pensamos que todavía no es momento de valoraciones, sí creo, porque así ha habido personas que me lo han transmitido, comunicándomelo personalmente, que el trabajo realizado en las publicaciones del blog,  de las reivindicaciones sobre la Torre, entendido como icono o pretexto para llamar la atención sobre nuestra aldea en general,  de las publicaciones en papel, de publicitaciones a través de camisetas y en resumen  de los impulsos que le estamos dando en  las redes sociales con el grupo Fuentealameñ@s o Amigos Torre de Fuente Álamo en facebook o el grupo de Fuente Álamo en whatsapp, está haciendo que la conexión de los que están fuera y los que están dentro sea más directa y produzca un mayor interés por las cosas que pasan en el pueblo y produzca ese amor por lo propio y a la vez mantenga latente la llama que prendió hace unos años aquella mecha, de situar Fuente Álamo en el mundo mundial.
Me queda la pequeña duda, de si a veces el escenario nos da igual, y anteponemos el interés propio al general y lo que realmente nos importa es el vernos más guapos ante nuestros paisanos, haciéndole ver lo bien que nos va, que es verdad que nos sube la autoestima, pero  a la vez nos pone una venda en los ojos y no llegamos a profundizar y preocuparnos de los problemas reales de la aldea, sobre sus vecinos mayores, sobre su cultura, sobre su patrimonio, sobre sus actividades y proyectos futuros. Todo esto no lo digo por nuestros paisanos residentes, que salvo excepciones, casi todos están involucrados; el interés por la cultura y en general por las cosas de tu pueblo es una cosa y el postureo con tu pueblo es otra distinta, que se resumen en el interés por sí mismo. Prueba que se puede ver en las redes sociales es la cantidad de fotos y videos que hemos subido con nuestra imagen y los amigos, y las pocas o ninguna que hemos dedicado al mostrar nuestro patrimonio o las personas mayores, también puede ser debido a que en las fiestas populares el apartado reservado a la cultura es escaso y lo importante es la diversión y la convivencia vecinal y familiar. Seguramente si se hubiese creado un apartado cultural dedicado a un concurso fotográfico, la presentación mayoritaria hubiese sido fotografías donde nos mostramos a sí mismo o con nuestros amigos, dejando aparcado el entorno fuentealameño (patrimonio, flora, fauna…).  Pongo otro simple ejemplo hace poco se publicó uno o él único libro sobre Patrimonio Cultural Material de Fuente Álamo, y en estos días de reencuentro con lo nuestro, se nos ha olvidado recoger algunas de reservas hechas en su día. Afortunadamente la edición está cumpliendo las expectativas con el apoyo de los de siempre. Pero esa piña en torno al fin común, hay que hacerla real y efectiva y no de cara a la galería, si es que queremos dar un verdadero impulso para que Fuente Álamo se conocido en el mundo mundial, provocando un punto de atención a las Instituciones;  en cambio el postureo solo sirve para que uno sea conocido en ese mundo global artificial y poco afectivo.

sábado, 3 de agosto de 2019

TOMÁS DE CÓRDOBA RUIZ. ÚLTIMO PROPIETARIO DEL BALNERARIO DE FUENTE ÁLAMO. II PARTE


   En la ciudad de la Alhambra, morando en un ático con vistas al Hotel Palace, al Carmen de los Mártires, al Auditorio Manuel de Falla, a la Fundación Rodríguez Acosta, a alguna Torre de la Alhambra…y vista lateral a Sierra Nevada, en el conjunto del Barrio del Realejo, nos aguardaba sentado en su butacón nuestro anfitrión. Después de un saludo directo, pronto me sentí acogido por toda la familia, lo cual me facilitó mucho el trabajo. Estaba rodeado de pinturas, grabados, esculturas de creación familiar y objetos arqueológicos, pues es  estudioso y gran aficionado a esta materia; así como de libros, entre los cuales  tuvimos el gusto de ojear y hojear, además de palpar sus tapas de piel de libre, al que considera el más apreciado de la biblioteca: “Constituciones Synodales de la Abadía de Alcalá la Real” hechas por D. Pedro de Moya, impreso por Heylan en la Real Chancillería. Granada de 1626.  Pero a la vez le pillamos coqueteando y navegando con las nuevas tecnologías, pues al lado tenía una tableta electrónica. Aún ha llegado a tiempo para manipular estos aparatos, y los que quedan por venir, pues su curiosidad por la cultura le lleva a querer seguir avanzando con estas herramientas. El arte, la cultura, la música… forman parte de la unidad familiar, representada por su esposa: la pintora y escritora Dolores Montijano y sus hijos. También se enorgullece de tener entre sus amigos al poeta Rafael Guillén y otros artistas granadinos.
Nos transmite gran fortaleza a través de su enfática voz, aunque con algún escape de aire producido por la falta provisional de los dos incisivos superiores.  Al “cuerparrón” que no aparenta más de 70 años, solo le pone el achaque de las piernas, en algún momento de la conversación. Su calva brillante está conjuntada con una memoria y lucidez, que más de uno  quisiéramos tener a su edad nonagenaria, si es que acaso llegásemos. El complemento de la calva está en su perilla blanca, que le hace más interesante y a la vez conserva parte de la herencia familiar de su abuelo.  Quizás lo delate su elocuencia, pues quiere contarnos tantas cosas, que hace que en alguna ocasión se vea traicionado y no le venga el recuerdo inmediato o la instantaneidad de las palabras,  lo que produce que nos lo vuelva a repetir para hacer énfasis.
Su memoria trasladada unas cuantas décadas atrás nos ayudará al estudio que aquí abordamos,  y para lo cual concertamos una cita en la referida vivienda familiar. Así, con la serenidad que le ha dado el tiempo, pero a la vez con la ligereza mental conservada, me fue contando y proporcionando documentación y fotografías referentes al Balneario de Ardales de Fuente Álamo, como último de los De Córdoba que aún posee su propiedad.
Tomás nació en Alcalá la Real un 22 de febrero de 1929; hijo de Francisco y de María de las  Mercedes Ruiz Belbel, ambos vecinos y naturales de  Alcalá la Real. Su padre era conocido en Fuente Álamo como “Paquito de Córdoba”.
Criado en el seno de la familia acomodada de los De Córdoba, fue educado en el Colegio de Cristo Rey de Alcalá la Real, donde en mayo de 1936 hizo la Primera Comunión con las monjas de dicha congregación. Prosiguió sus estudios en escuelas nacionales, siendo su tutor D. Francisco Berbel Ramírez y D. Tiburcio Rodríguez Nebreda, quienes le impartieron la enseñanza antes, durante y después de la Guerra Civil. Recuerda como profesor de latín a D. Emilio Gondra Cigorraga conocido como “Emilín”, quien según le contaron llegó a  jugar en el Real Oviedo; era de origen vasco y  llegó a Alcalá la Real en la Guerra Civil como capellán de los batallones que se establecieron en la ciudad de la Mota, y estuvo de párroco de Fuente Álamo. Continuó  su formación en las Escuelas de la Sagrada Familia con el maestro  D. Pascual Baca hasta segundo curso de bachiller, momento en el que le mandó su padre al Colegio de Teólogos y Juristas en la Abadía del Sacromonte, siendo por entonces el Rector Don José Jiménez Casquet.
La Guerra Civil le sorprendió con tan sólo 7 años de edad. Tuvo que presenciar escenas duras, como cuando José Poblador Colás “Pacho Villa”, junto con tres milicianos de la FAI, le pusieron las bayonetas a su padre sobre la barriga y se lo llevaron a la cárcel. Fue detenido junto con su hermano Jerónimo, quien quedó preso, a diferencia de su padre, que fue liberado. Recuerda que cuando se lo llevaron sólo le pudo preguntar: “¿Papá, dónde vas?”.
Etapa que le dejó muy marcado, y aunque no era el tema de estudio a tratar, le escuchamos diferentes testimonio que nos fue contando al respecto. Continuó relatando un bombardeo sobre Alcalá la Real que le cogió en la puerta del Casino junto a su amigo Manuel Garrido, a quien le impactó un trozo de teja en la frente y lo evacuaron al hospital. El salió corriendo y se refugió en la casa que la  familia León tenía en el Llanillo. Dicho bombardeo derribó la casa de quien después sería su suegro; allá en la Calle Marines, justo en frente del Casino, a donde al parecer iba dirigida la bomba. Se acuerda, y nos lo cuenta, del nombre de algunos militares o falangistas que entraron en Alcalá la Real con las tropas ocupacioncitas, como el Batallón Pérez del Pulgar, que se integró en la 4.ª Bandera F.E.T. Granada, la centuria falangista al frente de la cual estaba José Rosales “Pepiniqui”, hermano del poeta Luis Rosales o el Capitán Funes de Alcaudete del 2º Batallón de Lepanto nº 5, que tenía el cuartel en la  Calle Veracruz, en la Casa Núñez. 
Después de este paseo por aquella triste infancia, le quisimos reconducir por el tema central del trabajo: su relación con la aldea de Fuente Álamo y el Balneario de Ardales. Nos contó que sería en septiembre de 1939 a lomos de una yegua montada por su padre, cuando se produjo su primera llegada al Balneario y, por ende, a las tierras que la familia poseía en Fuente Álamo. Posteriormente, por temor a los “hombres de las sierra”, en concreto a Juan Palomino Sáez “Hojarasquilla” y a Cencerro, su padre no quiso llevarle más asiduamente. A los catorce años de edad le compraron una bicicleta, pues pese a la riqueza de la familia no poseían vehículo a motor. Su abuelo y  bisabuelo iban en coche de caballos y su padre a montura; él iba en bicicleta a Fuente Álamo.
Con 18 ó 19 fue Delegado de Auxilio Social de Alcalá la Real, nombrado por  el Gobernador Civil de Jaén, a propuesta del alcalde D. Valeriano Castillo Benavides que vivía en calle Veracruz y  era pariente de su padre. Recuerda que le llamaban “Luis Candelas” por la capa que llevaba. Llevaba la contabilidad y administración. Los comedores los llevaba María Lourdes Frías. Estaría allí trabajando unos 10 años.
   Estudió una carrera de comercio, que comprendía contabilidad, caligrafía, mecanografía y derecho mercantil. Trabajó para una empresa alemana de Hannover llamada Asela-Manussa, que suministraba coches y plásticos en Barcelona y en el Levante. Dentro del equipo marketing, recorrió toda España y Alemania haciendo estudios de mercado. Fue, además, delegado para la zona de Andalucía Oriental, lo que hizo que agotase unos cuantos vehículos: dos Seat 600,  un Renault-8, un R9 y un R12, al tiempo que tuvo dos accidentes en Lérida y Barcelona, en uno de ellos perdió los dos dientes incisivos superiores. Después trabajó para Intelhorce de Málaga unos 15 años  y para una empresa alemana, siendo delegado  en cuatro provincias de  Andalucía. 
   Las  ganas de contarnos sus experiencias hacían que volviésemos a divagar y que nos perdiésemos en la conversación, por lo que de nuevo le insinué que se centrara en el tema principal  y  que siguiera contándonos su relación con la aldea de Fuente Álamo y sus gentes. Nos contó que cuando murió su padre en 1970 se tuvo que hacer cargo de las tierras familiares, trasladándose a Fuente Álamo durante la campaña de la aceituna. Se quedaba con la familia Rosales en la Vega de la Encina Baja (allí iba un maestro de San José a darle clases a las hijas de los caseros), en la Sangradera con la familia de Feliciano Carrillo, o también en el Baño con la familia Vega.  Por entonces los Rosales, Antonio Vega “Bañero” o Feliciano Carrillo “Terreras” eran los encargados de las tierras de la familia. También llevaba la labranza de las tierras de su hermano José María, hasta que su sobrino Francisco cumplió los 18 años.  Pero lo que mejor recuerda eran aquellos arremates de aceituna en la Taberna de Domingo Aguilera.
Según nos  contó un miembro de la familia Rosales, y lo corrobora nuestro entrevistado, en esos tiempos iba en una Moto Vespa a Fuente Álamo. En el camino que conduce  a la Vega solo había una estrecha vereda, por lo que tuvieron que cargar la moto (apenas sin caballos)  a lomos de los mulos en más de una ocasión. En otra ocasión había nevado mucho y como la Vespa  tampoco tenía cadenas, tuvieron que subirla en bestia hasta el carril de la Solana.
En alguna ocasión intentó solicitar subvenciones públicas para la nueva puesta en funcionamiento del Balneario, pero no tuvo suerte y el tiempo se ha encargado de todo lo demás: la pérdida de los pilares romanos, el edificio en ruinas y unas aguas que pese a todo conservan sus propiedades. Quiere conservar la propiedad del Balneario de Árdales porque se trata de una herencia familiar, pero ahora solo puede tocar las antiguas escrituras públicas y la pila de agua bendita, que sigue conservando en su vivienda familiar.
Los recuerdos de aquel balneario en desuso y de recreo familiar de su infancia,  con su merendero, sus cuatro columnas de piedra, sus pilas de agua “frescal” y la sulfurosa, sus habitáculos…,  los tiene intactos;  estos le llevan también a una de las puertas de entrada a las habitaciones, sobre la que colgaba una pintura al óleo del famoso pintor prieguense Adolfo Lozano-Sidro.

domingo, 14 de julio de 2019

PROPIETARIOS DEL BALNEARIO DE FUENTE ÁLAMO: FAMILIA “DE CÓRDOBA”. I.PARTE

De entre los escasos datos encontrados en los tratados generales de aguas minerales de España referentes a los dueños de los Baños de Ardales de Fuente Álamo, encontramos como primer propietario a Don Joaquín Suárez, “vecino de Alcalá la Real”, que fue quien en 1827 comenzó a beneficiar las aguas, construyendo los baños (canalización y pilas).  Don Diego Suárez Barriga, abogado residente en Sevilla, sería quien en 1831 levantó el edificio primitivo, posteriormente reformado. A él pertenecían las aguas, baños y hospedería. Don Miguel Suárez Barriga, hermano del anterior y vecino de Sevilla, era el propietario en 1846, y tenía como administrador a Don Manuel de Córdoba y Torres, residente en Alcalá la Real. A partir del estudio de los informes, manuscritos y diversos documentos públicos, hemos encontrado como propietario a D. Francisco Javier de Córdoba Baquero, sucesor de su padre Manuel de Córdoba. Por último, analizadas las escrituras públicas conservadas por la familia que nos ha facilitado D. Tomás de Córdoba Ruiz, nieto de Francisco Javier, hemos podidos identificar a sus sucesivos propietarios, también miembros de la familia De Córdoba, y a la cual siguen perteneciendo actualmente. 

MANUEL DE CÓRDOBA y TORRES

 Nació a principios del siglo XIX en Alcalá la Real, hijo de Manuel de Córdoba y de Manuela de Torres. Su padre consta inscrito en el padrón de Alcalá la Real de 1801, donde se refleja que vivía en la Calle Veracruz y que era soltero. Se casó con la sevillana María Francisca Baquero Fernández a finales de los años 30 del siglo XIX, con la que tuvo tres hijos: María de la O, Manuela (1840), y Francisco Javier (1843). Las dos hijas consagraron sus vidas a Dios dentro de la orden religiosa de las Madres Dominicas, profesando en el Convento de la Encarnación de Alcalá la Real (desde el año 1858). Tomaron como nuevo nombre religioso el de Sor María de la O de Santa Rosa y Sor Manuela de San Miguel. Francisco Javier sería el encargado de administrar las fincas familiares. 
Son escasos los datos que hemos encontrado sobre su personalidad,  obtenidos básicamente de las escrituras públicas guardadas por la familia y de los testimonios de sus descendientes. Según su biznieto Tomás de Córdoba, su bisabuelo solía viajar a menudo desde Alcalá la Real a Sevilla en base a su cargo de administrador de la posesiones de una familia sevillana de la nobleza (Marqués de la Granja), y nos dice que sus padres le contaron que también debió ser militar de carrera, pues recuerda las medallas o galardones que encontraron en la casa familiar de la calle Veracruz de Alcalá la Real. 
Criado en el seno de una familia profundamente religiosa, siendo Hermano Mayor restauró la Ermita de San Marcos que acoge la imagen de la Virgen de la Cabeza, tal y como rezaba en una placa. Así mismo donó los barrales y una pequeña imagen en plata de la Virgen de la Cabeza, según nos informa su referido biznieto. 
            En 1838, Don Lorenzo de Sousas como administrador principal  de  D. Tulio O’Neill (residente en Paris), Mariscal de campo de los Ejércitos Nacionales, padre y legítimo administrador y curador de su menor hijo don Juan Antonio O’neill y de Castilla, Márquez de la Granja, Caltójar, Valdeoseras,  Conde Benagiar; otorgó y confirió amplio y bastante poder a D. Manuel de Córdoba (vecino de Alcalá la Real) para que pudiera administrar sus propiedades en Alcalá la Real, Martos y Castillo de Locubín. En 1847 es ratificado dicho poder por D. Lorenzo de Sousas.
Según consta en el Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones de Ultramar.  Diccionario literario-tipográfico de Pascual Madoz y l, Sagasti. Segunda Edición  (1846), Manuel era el administrador de los Baños de Árdales, que por entonces eran propiedad de Diego Suarez.
En una escritura pública que se otorgó en 1902 (a la muerte de Francisco Javier de Córdoba, su hijo), se describe que  Manuel compró a la familia sevillana de los Suarez las tierras de Baños de Ardales (pudo ser a finales de los años cuarenta del siglo XIX o principio de los cincuenta), con hipoteca constituida en garantía de las 4.250 pesetas que constituían el precio aplazado de venta, y de las que debían satisfacerse 2.500 pesetas a finales de septiembre de 1852 y el resto en junio de 1853. Los vendedores fueron los hermanos Suarez, en concreto Félix Suarez Barriga, en representación de sus hermanos Miguel, Diego,  Amparo, Juana y Esperanza. Diego ejercía la abogacía, como hemos dicho anteriormente. La finca estaba grabada con un censo a favor de Propios del Ayuntamiento de Alcalá la Real que le resultaba del título y que fue redimido según consta de la escritura de 31 de enero de 1857 otorgada por el Juez de primera instancia de Jaén D. Rafael de Vargas y Vélez ante el escribano Mayor de Rentas D. José Almendros.
Manuel tenía otro hermano llamado Francisco de Córdoba y Torres,  nacido en 1809. Adquirió en Fuente Álamo terrenos de la zona de la Torre en 1860, heredados posteriormente por su sobrino Francisco Javier en 1891. Falleció el 6 abril de 1891 y estuvo casado con María Dolores Rosales López con la que no tuvo descendencia.
Cuando Manuel falleció el 10 de mayo de 1855, (su esposa Francisca lo había hecho poco antes: el 26 octubre de 1854), sus tres hijos heredaron los Baños de Ardales y demás posesiones. Al ser menor de edad, Francisco Javier (11 años) y al haber tomado los hábitos de monja sus dos hermanas, debió ser su tío Francisco quien gestionara el Balneario hasta la mayoría de edad de Francisco Javier.

FRANCISCO JAVIER DE CÓRDOBA y BAQUERO


 Nació el 4 de diciembre de 1843 en Alcalá la Real. Era el único hijo varón fruto del matrimonio entre Manuel y María Francisca.
Francisco Javier, a la muerte de su padre en 1855, y siendo aún un adolescente, heredaría los Baños de Ardales conjuntamente con sus dos hermanas.
            Se  casó a los  21 años de edad, el 10 de septiembre de 1864, con Dª María del Carmen Villuendas Arjona, instalándose el matrimonio en una casona situada en  la calle Espinosa, por la zona del Juego Pelota de Alcalá la Real, según nos informa su nieto Tomás.
En 1868 confecciona, como propietario del balneario,  la Memoria de los Baños Hidrosulfurosos de Fuente Álamo, que firma conjuntamente con el agrimensor,  quien era también alcalde o teniente alcalde de Alcalá la Real D. Eusebio Rodríguez Ramos, y que había diseñado un plano del Balneario. En 1877 aparece como propietario, firmando el informe manuscrito de esa temporada, junto con el alcalde de Alcalá la Real D. Gregorio Abril y Ávila  y el Médico Director D. Luis Ramón Trinidad Gómez de Torres. En los informes de las temporadas de 1878 y 1879 también aparece como propietario. En 1895 y en 1897 aparece como propietario del Balneario en la publicación de la Gaceta de Madrid.
Francisco Javier, al fallecimiento de su tío Francisco en 1891, se había convertido, gracias a los bienes heredados o transmitidos en venta real, en un gran terrateniente con numerosas yuntas de labranza y con tierras en el término de Alcalá la Real, en concreto en la zona de la Mata con 100 fanegas aproximadamente, en el Cortijo del Rosalejo con otras 100 fanegas, Fuente de la  Encina Baja de 353 fanegas (su hermana Manuela lo había comprado el 21 mayo 1864 a D. José Albarracín Pérez de Vargas y D. José María Valenzuela y Lassús, Marques de Puente de la Virgen), las tierras de Ardales de unas 400 fanegas, además de las tierras en la Pontanilla, las Peñón de los Empiristas, San Bartolomé... En Fuente Álamo, sus propiedades abarcaban desde la salida de la aldea dirección al Balneario, incluido el molino de aceite (construido y explotado por él mismo a finales de siglo XIX), la Torre y los Baños de Ardales, hasta los límites con la Colonia.
 Él sería quien, al haberse ordenado monjas sus hermanas, explotaría el balneario hasta su fallecimiento.
Falleció el 27 de febrero de 1902  y, según  testamento que había otorgado el 25 septiembre 1895, los hijos de Francisco Javier y María del Carmen (ya fallecida) heredarían las tierras de Árdales y por ende su Balneario: Manuel, Francisca, Eulalia, María del Carmen, María Teresa (fallecida al momento de abrir testamento y casada con Adolfo Carrillo Luque), Asunción (Monja dominica), Tomás (sin descendencia) y Francisco (Paquito de Córdoba). La zona específica del balneario la heredaron Francisca y Asunción.
En su testamento ordena que su cuerpo, vestido con ropa y colocado en una caja de madera, sea sepultado en el cementerio público de esta Ciudad.

TOMÁS DE CÓRDOBA VILLUENDAS

Nació en Alcalá la Real en 1882, hijo de Francisco Javier y de María del Carmen. Se casó en marzo de 1903 con Dª Trinidad Belver Guerrero con la que no tuvo descendencia. Murió en 1928 a la temprana edad de 46 años. 
Desde 1902 hasta 1928 sería Tomás de Córdoba Villuendas quien gestionara el Balneario de Ardales, pues su hermana Sor Asunción de Córdoba Villuendas le vendió en 1902 su parte de tierras del Baño por 1.250 pesetas, incluido el Balneario. Por tanto, Tomás sería el último propietario que explotara y regentara el balneario de una forma activa, aunque ya en declive. Así reza en escritura pública del repartimiento de la herencia de Francisco Javier, que “la tercera parte proindiviso con el resto adjudicado a las herederas Sor Manuela de San Miguel y Sor María de la O de Santa Rosa de Córdoba Baquero, de la Casería nombrada Baños de Ardales, con cuatro fanegas de tierra o sea una hectárea cuarenta y dos áreas y sesenta y cuatro centiáreas de dotación, plantados de olivos y álamos y en ellas enclavado un establecimiento de baños fríos sulfurosos, constituido por una edificación con dos puertas y patio central, habitaciones para los bañistas, de ellas,  las destinadas a pobres fuera del recinto, pero adosada al edificio, y el director, locales de baños, pilas y cuadras. Linda toda la finca al Este y Norte con la vereda real, al Sur con el olivar de los hijos de Doña Teresa de Córdoba Villuendas y al Oeste con los de estos y de D. Francisco de Córdoba, antes todos los terrenos propios de Don Francisco Javier de Córdoba”.
Tomás participó activamente en la política local dentro del partido conservador, y tal y como nos cuenta su sobrino Tomás, era generoso en el pago de votos, pues era el que más caros  los pagaba, a duro.
Al morir Tomás en 1928 sin descendencia, pasó su herencia a sus hermanos. La desaparición de Tomás vino a coincidir con el declive casi total del Balneario, que coincidió desde mi punto de vista con la entrada en vigor del Real Decreto, de fecha 25/4/1928, que aprueba el Estatuto de la Explotación de Manantiales de Aguas Minero-medicinales.

FRANCISCO DE CÓRDOBA VILLUENDAS
Nació el 31 de enero de 1886 en Alcalá la Real, siendo hijo menor de Francisco Javier y de María del Carmen Villuendas Arjona.
Se casó en Murcia con María de las  Mercedes Ruiz Belbel con la que tuvo  siete hijos: Jerónimo, Manuel, María Eulogia, María Teresa, Francisco, José María y Tomas de Córdoba Ruiz.
Francisco se dedicó fundamentalmente a la explotación de las tierras familiares, pero también, con Cayetano Sierra, regentó una tienda de muebles y camas. Fue el representante en Alcalá la Real y  Alcaudete de la empresa  “Unión Española Explosivos” dedicada a la producción  de abonos de labranza.
Francisco compró a su hermana Francisca la parte del Baño que ésta había heredado de su hermano Tomás,  pasando la propiedad a aquel. Sin embargo, el balneario ya no tenía actividad y solo servía de recreo para la familia y de habitáculo para los trabajadores de las tierras, donde también se encerraban los animales de carga.
Antes de la Guerra Civil, Eustaquio Moreno le cuidaba las tierras de  la Vega. Durante el periodo que duró la contienda, sus tierras fueron incautadas y pasaron a formar parte de la Colectividad. En el Balneario se estableció, formando parte de la retaguardia, una brigada del Ejército Republicano, que según nos cuenta Tomás de Córdoba Ruiz, lo dejaron todo arrasado, e incluso se perdió la campana de la pequeña ermita. Sin embargo, la pila de agua bendita la sigue conservando él.
Cuando terminó la Guerra, fue él quien nombró al primer alcalde del Régimen en Fuente Álamo: José Carrillo Rufián;  a su hijo Feliciano  le encargó las funciones de guarda de sus tierras. El último casero que tuvo en el Baño fue Antonio Vega “El Bañero”.  En el Cortijo de la Vega el encargado era José Rosales.
Francisco, una vez acabada la contienda y devueltas sus posesiones incautadas (no así el abono de la cosecha previa a la Guerra Civil), arregló el balneario para recreo familiar y el mantenimiento como cortijo de labranza. En aquellos tiempos la familia iba a beber agua de la frescal, y usar aguas gaseosas y  sulfurosas para curarse; al tiempo que la gente del pueblo acudía para curar sus enfermedades cutáneas y venéreas. También se hacían visitas escolares (la mía fue en el curso de 1969).
Murió el 16 de octubre de 1970; su hijo José María lo haría poco antes, el 7 septiembre de 1970.
A su muerte se hizo cargo de las tierras su hijo Tomás de Córdoba Ruiz,  pasando a ser propietario del Baño de Ardales, si bien el balneario ya estaba en un estado de ruina casi total, por lo que procedió a retirar las tejas y venderlas en Sevilla para que sirvieran de tejados anticuarios.

TOMÁS DE CÓRDOBA RUIZ: ÚLTIMO PROPIETARIO DEL BALNERARIO.
En la ciudad de la Alhambra, morando en un ático con vistas al Hotel Palace, al Carmen de los Mártires, al Auditorio Manuel de Falla, a la Fundación Rodríguez Acosta, a alguna Torre de la Alhambra…y vista lateral a Sierra Nevada, en el conjunto del Barrio del Realejo, nos aguardaba sentado en su butacón nuestro anfitrión. ....CONTINUARÁ
Ese trabajo está dedicado a Tomás de Córdoba Ruiz, por su especial colaboración y por haberme ofrecido su amistad, al igual que toda la familia.