jueves, 23 de septiembre de 2021

PRIMERAS COMUNIONES 1967. FUENTE ÁLAMO.

 

Aquel día 30 de mayo de 1967 fue  un día especial en Fuente Álamo, no solo para la quincena de niños y niñas que ese día recibieron por primera vez la comunión, sino también, como años atrás y los posteriores, para el pueblo en general. La ilusión especialmente la tenían los primeros comulgantes, pero también familiares y vecinos, que se vestían de fiesta. La visita de las autoridades eclesiásticas y civiles le daba glamour a la aldea y casi toda la gente del pueblo quedaba inmortalizada para la posterioridad a través del objetivo de la cámara del fotógrafo Sánchez. Los niños decidieron por unanimidad o más bien los padres, que se vestirían de marinero, o quizás fue la moda la que les llevó a tomar esa decisión. Ese traje venía de algunos de sus hermanos y serviría para otros amigos o familiares, por eso no era conveniente cambiar la moda. Todas las niñas lucían su vestido blanco, su diadema en el pelo o corona, velo, guantes y un bolsito lleno de encajes, cintas y lazos, donde iban guardando el dinero con que los familiares y vecinos las obsequiaban a cambio de la estampita.


Este año les tocaba a los niños y niñas nacidas en el año 1960, sin embargo alguno de ellos había nacido en 1959. Entre los niños estaban: Antonio Luis Aguilera Valverde, Eduardo Aguilera Cervera, Francisco Arévalo Martín, Antonio Expósito Pérez, Juan Aguilera Pérez, Francisco Ángel Aguilera Pérez, Juan Aguilera Pérez “Valenzuela”, José Luis Montes Cobo; y entre la niñas: Mercedes Pérez Pérez, Mercedes Fuentes Aguilera, Carmen Cano Carrillo, María Luisa Pérez Aguilera, Josefa Jiménez Pérez, Mercedes Escribano León, María del Carmen Ochoa Vera.…

Por parte de los maestros D. José Oria Rodríguez para los niños y Dª Ángeles García Claver para las niñas y el cura D. Antonio Marín Sánchez (1966-1971).

En otros capítulos dedicados a este acontecimiento ya hemos descrito el acto tanto religioso como festivo, a lo que nos remitimos, dado que eran muy similares de un año para el otro en esta década de los 60. El acto religioso central, la tradicional chocolatada y dulces tomados en la Escuela y el arroz cardoso en la casa para familiares más allegados. 


Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, pues aquí hemos dejado alguna de ellas.




Nuestro agradecimiento a Mercedes Pérez Pérez, José Luis Montes Cobo, Antonio Expósito Pérez, Antonio Luis Aguilera Valverde, Mercedes Fuentes Aguilera… por haber cedido las fotos y os animo a todos los que aún no lo habéis hecho, para que enviéis vuestras fotos y estampilla de recuerdo para completar el álbum.




domingo, 19 de septiembre de 2021

EL HÉROE DE LA CORNICABRA. ANTONIO MORENO GARCÍA “TARARA”

 


                   La transmisión oral nos cuenta que durante una fase de la Batalla de la Cornicabra-Albarizas, que se desarrolló entre el 28 y 30 de abril de 1938, se ordenó la retirada de las tropas republicanas (Cía de la 76ª Brigada Mixta) que estaban situadas en la cima del montículo más elevado de la zona. Haciendo caso omiso, bien porque no escuchó la orden  o porque era consciente de ello, un soldado del cuerpo de zapadores permaneció en su puesto de ametralladora, en concreto el torredonjimenense Antonio Moreno García, nacido en 1909, alias “Tarara”, quien se quedó solo. Cargó la ametralladora y siguió disparando, consiguiendo mantener la posición y detención del avance de las tropas nacionales, entre las que se encontraban en primera línea, el Primer Tabor de Regulares de Ceuta nº 3, integrante del Ejército africano de Franco. Cuando los “desertados” oyeron la “máquina” disparar, se volvieron y regresaron a sus posiciones, provocando la retirada de los atacantes. 


                Esta es la versión mantenida por el nieto del “Tarara”, Eugenio Moreno, quien ha indagado en el pueblo de Torredonjimeno y ha podido corroborarla escuchando el testimonio oral de los ancianos militantes del Partido Comunista  que conocieron a su abuelo. Antonio era reconocido en el pueblo como un héroe de guerra, de hecho recibió  una condecoración que pudo ser  la Medalla al Deber o la Medalla al Valor que otorgaba la Republica a sus héroes[1]. Esto nadie lo pone en duda en el pueblo, ni tampoco sus familiares.

               Otros hechos que corroboran la versión afirman que Antonio Moreno, como muchos perdedores, fue objeto de burla en el pueblo de origen. En alguna ocasión, la Guardia Civil le arrestó bajo el lema: “aquí está el héroe”, con evidente sorna.

                Otras versiones dicen que fue un miembro de la familia Fuentes, que era teniente de la Brigada de Alcaudete (76ª Brigada Mixta). También se comenta que salieron huyendo los miembros de este destacamento, siendo obligados a regresar por un capitán con pistola en mano. Así lograron mantener el lugar y  contener el  avance con la ametralladora de este sitio, y a la postre ganar la batalla. 


Esta batalla no ha sido objeto de estudio, o al menos han sido infructuosos mis intentos de encontrar bibliografía al respecto, pues tan solo he encontrado referencias a los partes oficiales de guerra en los días posteriores a su desenlace. Esto puede ser debido a su coincidencia temporal con el inicio o reanudación de uno de los ataques más importantes de la guerra en el llamado Frente de Aragón, (donde murió entre otros muchos el fuentealameño Vicente Vera Moreno). Sin duda alguna tuvo mayor repercusión para el devenir de los acontecimientos que el Frente Sur, donde solo se producían pequeñas batallas o escaramuzas para mantener las líneas, como de hecho así fue hasta el final de la guerra. La falta de literatura también pudo deberse a que las derrotas no forman parte de las batallas. Hay que decir que aunque fue en defensa de posiciones y no se conquistó terreno, se trató de una de las pocas victorias conseguidas por el Ejército de la República, salvando la magnitud de las otras acciones bélicas, como la Batalla de Guadalajara o la toma de Teruel (pese a que pronto se perdió de nuevo) o en menor escala la Batalla de Pozoblanco, (donde murió el fuentealameño Antonio Puche), esta fue quizás la mayor victoria republicana. También supuso la subida de moral del ejército republicano tras la derrota sufrida unos veinte días antes en el Cerro del Molino (Ribera).


 Por todo ello, no estamos de acuerdo en considerar esta batalla, que según cifras oficiosas causó más de 300 muertos, una simple escaramuza, como a veces ha sido catalogada.  Actualmente estamos trabajando en su documentación de dicho acontecimiento, y ya  son más de 300 folios redactados los que posiblemente alguna vez vean la luz pública.  Como anticipo veremos ahora como estaba constituido el puesto de resistencia que defendió Antonio Moreno. Hemos hecho una reconstrucción aproximada siguiendo las normas que había dado el Ejército Republicano, ello no quiere decir evidentemente que fuese exacto a lo establecido en la norma, ni que la orografía de terreno se adaptase perfectamente a lo establecido en la circular, pero creo que nos hemos aproximado un poco.

Con la signatura C.1877,23,2 / 6 se encuentra registrado en el Archivo Militar de Ávila un documento que recoge la transcripción de unas Instrucciones sobre la Organización del Terreno, dadas por el Ejército Republicano a sus tropas (81ª Brigada Mixta E.M.), y que fueron proporcionadas al Ejército Nacional por un evadido. Dichas instrucciones se distribuyeron entre las fuerzas nacionales (Divisiones 31ª, 32ª, 102ª y 112ª y otras divisiones, que serían las que atacaron) dos meses antes del inicio de la operación (23 de enero de 1938) y por tanto estaban en vigor en aquel momento en el Ejército Rojo.


Entre ellas podemos destacar las normas que debían tenerse en cuenta para una buena defensa basadas en el Reglamento para la Organización y Preparación del terreno para el combate. Según dichas instrucciones un Punto de Resistencia consistía en la creación de un obstáculo activo y por consiguiente con la finalidad de proteger contra los ataques por sorpresa, manteniendo el asaltante bajo el fuego, para lograr así detener o retardar su avance. Debía tener como forma geométrica la de aproximadamente un rombo, cada lado alrededor de 200 metros, con la diagonal menor de la misma longitud, la línea principal de resistencia estaría marcada por esta diagonal y situada en la pendiente de la loma y a una distancia de la cresta topográfica no superior a los 50 metros; próximamente a esta retaguardia (cresta) y a sus flancos, se situarán dos ametralladoras (una de ellas era la utilizada por Antonio Moreno) en forma conveniente para realizar las cruces de fuego con los puntos de resistencia inmediatos; concentraciones sobre los intervalos y fuegos de flanco; los emplazamientos de estas ametralladoras y sus obras serán las primeras que se ejecuten en la posición; en la línea principal de resistencia se establecerán las organizaciones defensivas necesarias para que permitan la actuación de dos pelotones que pertenecieran a dos de las tres secciones de la Compañía. Estas serán las obras que se ejecuten en segundo lugar de la posición.


            La línea de resistencia estará situada próxima al vértice anterior del  rombo y la compone la organización defensiva para que sea guarnecida por un pelotón con dos F.A. Estas son las obras que en tercer lugar se efectuarán en la posición.

            La línea de vigilancia estará constituida con puestos de centinelas y escucha en número variable, según el efectivo de la compañía. La línea de sostenes estará situada en la contrapendiente de la posición y a distancia no superior de cien metros de la cresta. Normalmente les guarnecerá un pelotón; estas son las obras que hay que ejecutar en cuarto lugar.

            La línea de reserva estará situada próxima al vértice posterior del rombo y contendrá la tercera sección de la Compañía; las obras correspondientes a la misma se ejecutaran en último lugar, pero antes que ellas deben ser hechas las correspondientes a los observatorios y P.C. de la Compañía así como las correspondientes a la de trasmisiones y a la trinchera continua y en zigzag de la línea principal de resistencia.

            A medida que el tiempo lo consienta, seguirán ejecutando las oportunas obras de mejora de las ya construidas, así como la construcción de ramales, pozos, etc.


Con este perfecto sistema defensivo, unido a la triple alambrada de espino (parte de ella pudimos recoger del lugar, 83 años después en perfecto estado) que rodeaba el Cerro, y el acto heroico de Antonio Moreno  “Tarara”  devino totalmente imposible el acceso.

 

Con la visita al lugar el pasado 14 de septiembre, Eugenio Moreno, nieto de Antonio Moreno García “Tarara”, ha visto cumplido un sueño y yo encantado de que así haya sido. Mi agradecimiento.




[1] En el Diario oficial nº 71 de marzo de 1938, Orden Circular nº 4.488 se desarrolla el Decreto de 23 de enero de 1938, estableciéndose las recompensas que podrán otorgarse con motivo de la actual campaña, resolviendo y aprobando las normas que habrá de ajustarse la concesión de aquellas. Barcelona 22 marzo de 1938.

Sexta.- Medalla del Deber. Esta condecoración, se concederá por méritos o servicios de guerra notoriamente destacados, siendo indispensable el haber permanecido, como mínimo, tres meses en territorio de operaciones, figurar en tres hechos de armas y haber tomado parte en alguna fase de ellos desde puestos de gran peligro o incorporación a fuerzas armadas, desarrollando con acierto su cometido, cuando de jefes, oficiales o sargentos.

Séptima.- Medalla del Valor. Se otorgará por hechos y servicios verdaderamente extraordinarios, en las mimas condiciones señaladas por la concesión de la “Medalla del Deber”, siendo indispensable que el propuesto se encuentre en posesión de ésta última.

 







jueves, 2 de septiembre de 2021

RECUERDOS Y AÑORANZAS DEL CERRO DE FUENTE ÁLAMO DE LAS NIETAS DE TEODORA VERA




                                                                                                                                                                                                                       Hace unos días recibí este bonito mensaje:

“Hola Domingo,

Somos tres hermanas de la provincia de Barcelona que hace tiempo leemos tus artículos sobre Fuente Álamo.

Entre ellos varios dedicados a miembros de nuestra familia algunos de los cuales nos han emocionado enormemente, como el que dedicaste a nuestro tío Rafael Cano Vera “Rafalín” tan querido por nosotras y que su pérdida a temprana edad nos dejó un gran vacío en nuestros corazones, la mención que hiciste  del fallecimiento de nuestra amada abuela Teodora Vera Expósito y los más recientes dedicados a los Vera de la Dehesilla de Fuente Álamo, donde nombras a muchos de nuestros antepasados como nuestros bisabuelos Domingo Vera y Paula Expósito y el también emotivo artículo dedicado a nuestra tía María Vera Expósito, (aunque realmente era tía de nuestra madre siempre la llamemos tía María pues era una mujer a la que queríamos mucho), fallecida este mismo año.

Si no es mucho atrevimiento, nos gustaría aportar nuestro granito de arena a este Blog para la reconstrucción de una aldea, para nosotras nunca olvidada.

Te mandamos unas líneas que resumen lo que para nosotras significó, significa y significará Fuente Álamo y te adjuntamos algunas fotos.

Nos despedimos no sin antes agradecerte la labor que haces y animarte a seguir, pues con tus artículos acercas un poco más Fuente Álamo a mucha gente a la que como a nosotras no se nos olvida nuestro PUEBLO.

Gracias por tu tiempo.

Manoli, Adeli, Mari Expósito Cano, hijas de Mercedes Cano Vera.”

     En seguida les di respuesta positiva, como no podía ser de otra manera, pues era yo el agradecido, al saber que mi trabajo estaba siendo reconocido y valorado por personas que llevarán siempre en su memoria nuestro pueblo y que en alguna etapa de su vida formaron parte de su historia y lo más importante, que siguen queriendo ser parte activa, siendo muestra de ello, el cariño que ha puesto en estas letras:

 “El cielo de un azul tan intenso que sorprende, tejados de casitas que siguen la pendiente, hileras de olivos que cubren todo lo que mis ojos alcanzan a ver, el sol del atardecer calentando mi cara y yo, privilegiada, en el mirador más hermoso del mundo, el patio de mi abuela, con sus paredes encaladas, blanco perfecto.

Los lugares donde pasamos nuestra infancia nos dejan huella, marcan nuestros corazones.

Como cada verano, al empezar a sentir el cosquilleo en el estómago, no solo por la subida de sus calles empinadas, sino también por la emoción de haber llegado a Fuente Álamo, nos olvidábamos de los más de 900 km. que habíamos recorrido.

Llegar al Cerro, encontrar esperándonos a nuestras queridas tía y abuela, fundirnos en un abrazo, cruzar la verja verde que nos adentraba a nuestro hogar por unos meses.

Recuerdos….. saludos de mujeres que trasmitían espiritualidad, serenidad, paz. Aventuras compartidas con los niños y niñas del pueblo que nos acogían, no sin cierta curiosidad, como si fuéramos una más de Fuente Álamo.

Nombres que evocan nuestra infancia: la Mari de Ventura, Martina y Núria hijas de Santiago el alcalde, Javi y Mari de la Luci, Vicente el de la Justa, Paco el de Braguetas, Maria Eleni, Bea hija de Paco el del bar, Quini el de la Mariqui que junto a mi hermana Manoli decidieron que no podía haber ningún gato sin bautizar en el Cerro y gato que cogían, gato que bautizaban en la pila de detrás de casa de la Adora y tantos otros con los que compartimos juegos de la infancia.

En Fuente Álamo era fácil practicar el tan de moda ahora Mindfulness, estar presente, disfrutar totalmente del momento en que te encuentras.

Allí éramos conscientes de cada uno de nuestros sentidos. Oír el canto de los gallos al amanecer, la bocina del vendedor ambulante que acercaba sus productos a las puertas de las casas. 

Oler el pan recién hecho cuando bajábamos al horno, la tierra mojada al regar las flores cada noche.

El gusto de los higos que recogíamos de la higuera cercana a la casa.

Ver el cielo estrellado una noche en la que el calor nos regaló poder dormir al raso.

Sentir los tiernos abrazos de nuestra abuela.

Las cosas más sencillas se gravaban en nuestras mentes como experiencias especiales.

El agua fresca del porrón, cruzar el patio al mediodía, no sin antes ponernos los sombreros de paja (para evitar preocupar a nuestra abuela), lavar la ropa a mano en la pila, sentarnos a la “fresca” en las sillas tan típicas del pueblo.

Con el fin del verano llegaba el dolor de la despedida, ese nudo en la garganta al subirnos al coche y dejarlas a las dos allí de pie junto a la verja y que una vez comenzaba la partida se convertía en llanto desconsolado. Solo quedaba esperar a que los meses pasaran rápido para volver…

Nosotras también nos sentimos parte de Fuente Álamo, sino de nacimiento sí de corazón”.

Manoli, Adeli, Mari Expósito Cano, hijas de Mercedes Cano Vera





 

https://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com/2021/07/los-vera-de-la-dehesilla-de-fuente.html



domingo, 8 de agosto de 2021

PRIMERA COMUNIÓN EN FUENTE ÁLAMO. AÑO 1962

 


            El año 1962, en cuanto a la celebración de la Primera Comunión, fue grandioso tanto por el número de niños y niñas que recibieron por primera vez al Señor, como por el acto festivo-religioso en sí. En total se reunieron 17 nuevos comulgantes (6 niñas y 11 niños), donde los niños casi duplicaron a las niñas en el inicio de la fe.


    Aquel acto solemne del 23 de mayo de 1962 fue  oficiado por el cura D. Cristóbal Merino Almagro (1959-1966). Durante el curso 1961-1962 fueron preparados los niños  por D. José Oria Rodríguez, quien apenas llevaba un curso en la Aldea y las niñas por Dª Carmen Rodríguez García, que por alguna circunstancia no aparece en la foto de grupo. Sin embargo, como hemos dicho en otras ocasiones, serían los alumnos más aventajados los que prepararían a los niños y niñas, así como catequistas venidos de Alcalá la Real. Al acto religioso comparecieron representantes de la Sagrada Familia como el padre Sebastián Talavera.

El tradicional chocolate y dulces caseros fueron tomados en la Escuela. El acto fue acompañando visualmente y a la captura de salir en alguna instantánea por multitud de familiares y amigos, quedando inmortalizados por un fotógrafo oficial. Previamente se hizo una fotografía de grupo en el repecho de acceso a la Escuela: sacerdote, maestro, monaguillo y demás autoridades eclesiásticas de SAFA, junto con los niños y niñas. Así mismo, los niños cuyos padres quisieron o disponían de medios, se hicieron un retrato individualizado.

En las respectivas casas esperaban familiares para comer el arroz caldoso con conejo.

Por parte de las niñas, fueron protagonistas aquel día: María Dolores Pérez Pérez, Lucía Pérez Vera, María Lourdes Pérez Castillo, María Pareja Vera, Mercedes Vera Pérez y  Lourdes Aguilera Cano;  y por parte de los niños: Antonio Cano Vera, Juan López Aguilera, Antonio Aguilera Pérez, Domingo Martín López, Juan Aguilera Cervera, Enrique Aranda Sánchez, José Pareja Jiménez, Andrés Escribano Moyano, Antonio Ibáñez García, José Carrillo, Victoriano Ramírez… En general los niños y niñas nacieron en 1954, aunque también acudieron algunos  nacidos entre 1953 y 1955, incluso en 1951, debido a alguna circunstancia que impidió que la hicieran con los de su tiempo.

Todas las niñas lucían su vestido blanco, su diadema en el pelo o corona, velo, guantes y un bolsito lleno de encajes, cintas y lazos, donde iban guardando el dinero con que los familiares y vecinos las obsequiaban a cambio de la estampita.

Por otra parte, los niños por lo general iban vestidos de traje, compuesto de chaquetilla y pantalón con camisa blanca. Algunos iban más informales con pantalón corto y chaquetilla, pues todavía no se habían puesto de moda los trajes de marinero, o de almirante.

Los más atrevidos visitaban a los vecinos para que le proporcionasen el correspondiente donativo (una gorda o una perrilla) a cambio de la estampita. La dedicatoria solía venir impresa, pero en algunos de los casos eran los familiares los que caligráficamente ponían la inscripción.

En algunos casos, para evitar gastos mayores o porque las circunstancias así lo querían, celebraron la comunión dos hermanos a la vez, que fueron los hermanos María y José Pareja Jiménez, eso evitó agotar las estampitas, pues se podía sobrescribir, uno y otro nombre. 

Para ese día tan especial Marcelino Pérez se trasladó en moto directamente  a la emisora de “Radio Atalaya” de Cabra para solicitar que le dedicasen a su hija María Dolores la canción de “Su Primera Comunión” de Juanito Valderrama.

Pero todo no sería tan especial, pues Antonio Ibáñez, tuvo que acudir al sepelio de su tío Ricardo, con el traje de primera comunión.  

Posdata, yo asistí al acto en el seno de mi madre.

 

Nuestro agradecimiento a María Dolores Pérez Pérez y a la familia Aranda Sánchez por haber facilitado las fotografías.

 En esta semanas hemos recibido nuevas fotos de Puri Pérez, María Expósito, Lola Aguilera, José Luis y Francisca Arenas... a quienes agradecemos su colaboración.



lunes, 26 de julio de 2021

MARÍA VERA EXPÓSITO (1934-2021). RECUERDOS DE LA DEHESILLA DE FUENTE ÁLAMO

  En alguna ocasión hemos hecho referencia a que nuestras vidas se quedan un tanto incompletas, no solo porque no hemos realizado todo aquello que nos hubiese gustado, sino porque no hemos podido transmitir todos nuestros conocimientos a generaciones futuras. Con María Vera, me han quedado pendientes algunos ratos de charla. Hace unos días me enteré que  el pasado 15 de mayo  nos había dejado y que San Isidro Labrador la había recogido en su seno.  Aunque soy consciente de que a su familia le ha quedado un hueco mucho más grande,  a mí, aparte del sentimiento de perder a una amiga colaboradora y seguidora de mis publicaciones, me queda también una obra inconclusa, aunque gracias a unas hojas manuscritas que me entregó hace algún tiempo y las muchas conversaciones que mantuvimos, intentaré acabar,  contando con estas letras póstumas aquella parte de la obra de su vida en Fuente Álamo. En aquellas notas nos contaba sus recuerdos y vivencias de aquellos años 50 y 60 del siglo pasado, que hemos transcrito casi literalmente. Sin su gentil colaboración no hubiese sido posible el estudio de árbol genealógico de una parte de los Vera, de la que María era un miembro más, cuya cuna estaba en la Dehesilla de Fuente Álamo.

    María Vera Expósito era hija de Domingo Vera Viana (1899) y de Paula Expósito Romero (1902), quienes tuvieron también como hijos a: Aurelio 1923, Andrés 1925, Teodora 1927, Marín 1927, María 1934, José 1935, y alguna otra como Desideria, que no sobrevivió.

Nació en la Dehesilla de Fuente Álamo en los años previos a la Guerra Civil, en concreto el 3 de junio de 1934. Allí permaneció durante 32 años, donde nacieron sus dos hijos mayores, hasta que las circunstancias, como a otros muchos fuentealameños, le hicieron tener que emigrar a Cataluña en 1966, colocándose en el Balneario de Vichy en Caldas de Malavella. Seis años después se estableció en Salt de Gerona, donde vivió hasta unos años después de enviudar,  momento en que rehízo su vida junto a Gerónimo Vera, su primo hermano, al que cariñosamente siempre le han llamado Mito. Con él regresó a Alcalá la Real y ha sido inmensamente feliz durante los últimos 19 años de su vida.

Sus recuerdos quedaron grabados a fuego y atrapados para siempre en aquella su Dehesilla natal. Durante su infancia, una vez finalizada la Guerra Civil tuvo que ser acogida por sus tíos Francisco Vera “Tío Vera” y Leona Vera, para no pasar hambre y dificultades, pues a su padre lo habían ingresado en la cárcel por el solo hecho de haber pertenecido a los que pensaban de forma diferente. Cuando regresó del cautiverio, el cabeza de familia, conocido por Domingo “Quintín” en honor a su abuelo, gestionó las salinas del Barranco de las Grajeras y la sal les ayudó a salir adelante y a dar alimento a las seis bocas. También repartía con su mula, pan por los cortijos. Recuerda que por entonces llovía mucho y el Barranco del Arroyo apenas podía cruzarse para ir al aguadero donde había un paso hacia La Rábita y San José. A veces se clavaban las bestias en el barro y tenían que acudir los vecinos para sacarlas…

Entre las muchas anécdotas sobre sus vivencias durante aquellos años tan duros, nos contó que siendo una niña, su abuelo Quintín vio en ella la capacidad de aprender rápidamente, y con la ilusión de que su nieta en un futuro pudiera llegar a ser panadera, le pagó algunas clases con un maestro, que por aquel entonces se trasladaba por los cortijos con la intención de enseñar a los niños unos mínimos conocimientos necesarios para labrarse un futuro, y que por las circunstancias  de la época no tenían la oportunidad de ir a la escuela. Aprendió a leer, escribir, y las cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Recordaba con mucho cariño y agradecimiento, consciente del sacrificio económico que supuso en los tiempos de escasez por los que estaban pasando en aquel momento. Su abuelo se dio pronto cuenta que María era muy despierta, capaz de aprender con facilidad y atrevida para realizar tareas complicadas sin miedo al fracaso.

Su prodigiosa memoria y su buena caligrafía hicieron  que escribiera en unas hojas de papel los  recuerdos que tenía de todos sus vecinos de la Dehesa y que ahora transcribimos casi literalmente aquellas notas que redactó y me hizo llegar:


 
En la Erilla vivía Cristino Mesa, quien tras enviudar se juntó con una mujer llamada Catalina que vino con su hijo Costorillo. Lo que nunca se había visto en Fuente Álamo fue a Cristino con un buey aparejado, lo cargaba de aceitunas, leña y otras cosas, también lo llevaba de reata, porque lo normal era tener mulos o caballos. También tenían de vecinos a Juan Antonio Ortega, apodado Rayo, y sus hijos. Un poco más arriba vivía Pablo Vera “Paulillos el Nano” y su mujer María Sampedro Cano Mesa, hermana de Urbana de Clavijo, que se marcharon a Castro del Río. En Cortijo del Llano había una familia bien situada formada por Antoñillo y María. Y frente estaba la Casilla de Paquito Sierra, donde vivían de caseros Saturnino Díaz y sus hijos apodados Los Guardillas, uno tocaba el clarinete.

 En la Loma y la Casa de Cano vivía Antonio Cano casado con su hermana Teodora y Francisco García Vera apodado Verraco. Al lado vivía  Vicente Arévalo.

Me crié en la casa de Juanillo “Torres”, siendo vecina de Manuel “Torres”.  Allí nacieron algunos de tus tíos.  La mujer de Juan “Torres”, Natividad, era hermana de su padre. Las casas estaban juntas, con entrada separadas, pues era la casa de mi abuelo Quintín. Un poco más cerca de Clavijo vivía su tío Antonio Vera Aguayo y su tía Leona Vera Viana.

La fiesta de la Cruz Clavijo se celebraba el  20 de mayo, era la más soñada de las cruces, con sus puestos de turrón, su música… De aquella fiesta salieron muchas parejas de novios…  Después se rezaba la novena a la sombra del cortijo, donde todas las tardes venía gente desde los Bujeos, los Cerinos, los Florios… Los caminos eran de barro y mucho polvo en verano. En aquellos años en el Cortijo de Clavijo vivía una gran familia y era el centro o refugio de todos los que pasaban por allí. Ceferino y Urbana merecen un homenaje.

Llegó la luz a Dehesilla, no recuerdo si en los años 50 ó 60, no había televisión pero sí radio y se ponían todos a escuchar en los inviernos en la mesa camilla. Eran tiempos de muchos apuros sin agua corriente y pocos recursos.

Un poco más alejado pero dentro de la Dehesa estaba la casa de Custodio y su esposa Hipólita Aguilera Vera y sus hijos. En la parte de arriba del camino vivía Zoilo, que era de las Grajeras. El camino llegaba hasta la Casa de Huerta donde vivía Gregorio Aguilera, y la familia Aranda. En las Revueltillas vivía José Pérez “Tabolo” y su hermano Andrés Vera. En el Peñón la familia de Rafael Pérez “Tío Monjes”, y los hermanos Pérez La Rosa: Paco y Antonio, vecinos de Esteban García, quien tenía hortalizas y todos los vecinos sobre todo la juventud les ayudaban a desgranar maíz y habichuelas y después un rato de baile con una criba y a veces con un laúd que se traía un vecino para divertirnos.

La carretera que conducía a Alcalá la Real era peligrosa por los “desretideros” pasaba por las Pozuelas donde vivía dos vecinos: Sinforiano y Fernando Padilla. Desde allí se podía bajar hasta a la Solana, que era un cortijo muy grande, que tenía panadería. El camino enlazaba hasta las Pilas del Cortijo de la Fuente de la Encina donde vivía Vicentillo Cano, allí estaba el lavadero de Las Grajeras y de los alrededores. El Cortijo de la Fuente de la Encina “Arriba” rompió a arder un 11 de agosto, así que Inés de los Floríos el 15 de agosto fue alumbrarle a la Virgen, afortunadamente no ardió gracias a que  acudieron todos los vecinos…eran tiempos de unión”.

Con estas notas que nos dejó le queremos agradecer a título póstumo su aportación a la historia de Fuente Álamo. Ahora como notas biográficas solo diremos que estuvo casada con José Ochoa Aguilera (1932-1997) con quien tuvo cuatro hijos: Juan (1958), María del Carmen (1960), Josefina (1968)  y Domingo (1970), a quienes agradezco su colaboración, siendo continuadores de la saga Vera por aquellas partes de la geografía española donde se hallen. Ellos me han comunicado algunas actitudes de su madre, como su generosidad,   ayudando siempre a todo aquel que le pedía ayuda o consejo. Era muy querida y respetada por todos sus vecinos, a los que les tenía siempre su puerta abierta para cualquier necesidad, y para los que nunca tuvo un "no" como respuesta. Fue una mujer luchadora y valiente hasta el final, que supo levantarse cada vez que la vida la doblegó. Ellos se sienten muy orgullosos de todo lo que les ha transmitido a través de su ejemplo, con respeto y sin imposiciones. 

Alguno de sus hijos mayores, caso de Juan,   todavía guarda recuerdos de su infancia del día a día en la aldea, como cuando en alguna ocasión acompañaba a su madre a lavar la colada al arroyo, un punto de encuentro obligado para las mujeres de la Dehesa, en el que charlaban mientras lavaban. Y que siendo un niño muy curioso, quiso imitarlas,  poniéndose a lavar junto a su madre, con sus pequeñas manitas en el agua helada, y que en una ocasión un hombre que pasaba por allí lo vio lavando y le reprimió por considerar que esa tarea era propia de mujeres y que él no debía hacerlo.  También nos cuenta cuánto le gustaba acompañar a su abuelo Domingo, subido en una mulilla, de aldea en aldea o de cortijo en cortijo, llevando pan a los vecinos y los encargos que le hacían, para ganar algo de dinero.


A mí me quedará el recuerdo de una aficionada a la lectura y apasionada por las historias de su pueblo, siempre expectante de la publicación en papel de libros sobre Fuente Álamo, que le alimentaban sus recuerdos. No sé si ella supo que era conocida en el pueblo cariñosamente como “María la Lista”, pues siempre destacó en los conocimientos y en las inquietudes y que su abuelo Quintín como hemos dicho pronto supo descubrir y apuntalar, aunque solo fuera para que su nieta el día de mañana fuera panadera. El saber era su gran pasión. El pueblo pierde una enamorada de su cultura, esas que tanto se echan de menos y tan necesarias son para transmitir nuestras historias de generación en generación.