miércoles, 4 de octubre de 2017

MARIANA PEREZ PEREZ “LA MARI DE MANINO”


             
  Vino a nacer en Fuente Álamo el 22 de Marzo de 1932 en plena Segunda República, una etapa revolucionaria, donde los obreros del campo, como su familia, intentaban cambiar las cosas. Fue concebida en aquella fase de descanso del guerrero, pues su padre aprovechó un permiso militar para engendrarla, incorporándose nuevamente a filas para no volver a verla hasta su licenciamiento en noviembre de 1933, cuando contaba con la edad de año y medio.
            Hija de Matías y Antonia, nieta por línea paterna de Amador y Dorotea y por línea materna de Sandalio y Antonia, es la mayor de seis hermanos. Ejerció de mujer de la casa, pues estuvo “huérfana de padre” prácticamente 11 años. En sus primeros años de vida su padre estuvo sirviendo en el ejército en África, donde pretendía seguir enrolado, de no ser por la insistencia mediante misivas de su madre para que volviese con su esposa e hija. Después, durante los años convulsos de Guerra Civil, fue reclutado en la filas del ejército republicano y posteriormente hecho prisionero hasta el año 1943 en que fue excarcelado.
            
   En los avatares de la Guerra Civil, siendo una niña de 4 años y medio, tuvo que huir junto con su familia a zona de La Rábita, donde los niños fueron acogidos en el local de la escuela. Posteriormente, junto con su madre y su hermano José, de tan solo un año de edad, se marcharon a unas cuevas de Las Grajeras cerca de unos familiares apodados “Pescuezos”, donde perdieron o le sustrajeron una zalea o cuero curtido que conserva la lana de una oveja. Recuerda que cuando era pequeña, con unos cinco años de edad, junto con su madre, tuvieron que venirse desde el cortijo que sus abuelos tenían en El Peñón hasta Fuente Álamo, cruzando por zona de vigilancia en plena Guerra Civil y escondiéndose entre los troncos de olivos. Al ser detectadas por los milicianos en la zona de la Hoya de Vázquez, fueron advertidas o “regañadas” de que la próxima vez que cruzaran lo indicaran con trapos blancos. También recuerda los bombardeos en la zona de Fuente Álamo, durante los cuales tenían que refugiarse en la Mina o en la Cueva del Tío Amor.
               Pasada la guerra, vivió la peor etapa de su vida, pues no disponía de la protección de su padre, que se encontraba en prisión, y la familia estuvo sometida a continua humillación por su pasado “rojo”, a expensas de la escasa caridad de los vencedores. Pasaron mucha hambre, a veces paliada en uno de los dos centros de reparto y racionamiento de comida: El Molino y el Cortijo de la Solana. También para mitigar el hambre, llevaba a Dª Casilda Sierra, productos buscados en el campo como espárragos o collejas a cambio de pan,  pero en ocasiones se quedaba esperando la recompensa. Si la Señorica no  tenía nada a cambio, le preguntaba que “si de verdad se lo daba de todo corazón”, respondiendo Mariana que sí, y marchándose con el consiguiente disgusto y el estómago vacío, sin recibir nada a causa de su “generosidad”.            En una ocasión, cuando era niña y guardaba pavos, le mandó su padre a comprar pepinos a la Dehesa, a casa de la familia apodada Verraco; sin embargo, le anocheció desde Clavijo, por lo que su padre le reprendió. Era ya demasiado tarde para tomar gazpacho. 
Aprendió a leer y escribir con D. Manuel López, eso sí, en los ratos que le dejaba libre y no le mandaba tareas particulares de su campo o de su casa; asimismo con las enseñanzas recibidas de su padre. Recuerda esconderse en un arcón para no ir a la escuela, siendo encubierta por sus amigas Encarna y Aurora, si bien tardando tiempo en encontrarla. En aquellos años, en la taberna de Francisco El Pelón, se representaban teatrillos, participando como actores las hijas de Matías “Candio”, Aurorita, Pedro y sus hermanas Librada y Enriqueta. Aún recuerda unas de las estrofas cantadas, y decía así:


 Mariana, replicaba:

 Ya verás cuando me ponga,
 mis pendientes y mi collar,
y mis guantes tan elegantes
y mis enaguas todas bordás.

Pedro Pareja respondía:

Todos los chicos del pueblo,
Tienen envidia de ti.
Por llevar la ropa la más salerosa
Que ha salido aquí.

Mariana Pérez continuaba:

Perico, Perico,
si sientes mareos,
Avisa al médico…

             Celebró su Primera Comunión con cierta solemnidad, en el sentido que Doña Casilda Sierra Montañez era quien invitaba a los niños y niñas a una merienda consistente en un hornazo, que era un pan con un huevo cocido duro dentro, y una taza de chocolate, que se solía tomar en la antigua escuela.
             

       En unos años difíciles, a la temprana edad de 20 años, se fue a vivir con su novio Marcelino, quien con la extracción de yeso, habilitó una habitación que le había prestado su padre. Pronto quedó embarazada, y él se tuvo que incorporar al ejército, en el Cuerpo Caballería de Sevilla, donde prestaba servicio cuando nació su primera hija. Después se echaron las bendiciones y los siguientes cuatro hijos le vinieron uno detrás de otro; así, en el periodo corto de ocho años, nacieron los cinco.
 Si bien reconoce que sus hijos no llegaron a conocer aquella hambre despiadada, sí conocieron las faltas y la carencia de necesidades, que bien pudieron ocasionar la pérdida de una de sus hijas. Ella, muchas veces, sabía engañar y sustituir, y hacer con los garbanzos del cocido, una “ropa vieja”, por decir algo. Ante preguntas insistentes de sus hijos sobre qué iban a comer aquel día, siempre existía aquella respuesta evasiva de “chanfleinas”, que alimentaban en la imaginación y distraía la mente. Supo mitigar las esperas alrededor de la lumbre para coger las cortezas de las migas y repartirlas en su debido momento; pero, sobre todo, sabía consolar, con aquellas palabras de “eso no es na”, que les servía a sus hijos para no preocuparse ante cualquier percance o caída.
               Dedicó su vida a las labores de campo, segando y recogiendo aceitunas en la cuadrilla, primero de su padre y cuando se casó como pareja de su esposo, pues antes cada mujer tenía llevar como pareja de trabajo a un hombre. Las tareas agrícolas las compatibilizaba con el cuidado de cinco hijos y con las faenas propias de la casa. Regentó el corto tiempo de dos años una tienda de ultramarinos situada en la calle que sube al cerro, donde anteriormente estuvo establecido el negocio por Mariana Cobo.
               Como casi todas las mujeres fuentealameñas en los años setenta, emigró en el verano de 1974 a la Costa del Maresme, para trabajar en la hostelería en la localidad de Pineda de Mar.  También se desplazó a Francia (Perigueux) para la recolección de la fresa en el año 1979, donde tuvo que enfrentarse no solo a la tarea diaria, sino también al idioma. Ante el requerimiento insistente del patrón para que dejasen la faena y se fueran allí, a causa de un diluvio, con la expresión francesa “là-bas” “là-bas”…, entendieron que les llamaba para hacer la colada, y además con la que estaba cayendo.
               En sus ratos libres se dedica, pues era y es muy aficionada, a la jardinería, a plantar y trasplantar flores en sus macetas o pequeño jardín. Siempre crió aves de corral, conejos y palomas para el consumo familiar; de los perros no es muy amiga, pues no los deja entrar a la casa, utilizando las palabras “picho, fuera”. Tampoco es enemiga, siempre tiene a su alrededor uno o dos adoptados que le prestan compañía.
               Representa la mujer tipo, en una sociedad machista donde el patriarcado era lo que imperó; así, fue educada en las labores de casa y en aquella sociedad que para tomar cualquier decisión tenía que pasar por el filtro del padre y después del marido.  Pasó por malos momentos, mediados los años 50, como la pérdida de una hija de tan sólo un año de vida, y con la trágica muerte de una cuñada, que vivió directamente in situ. Posteriormente, la muerte de su marido Marcelino fue lo que más le marcó, debiendo reestructurar su vida de nuevo y seguir adelante. La diabetes hereditaria, las cataratas, juanetes  y una intervención quirúrgica en el colon, son sus contrariedades más graves.  
       
               Son muchas las anécdotas y vivencias ocurridas: ha tenido la oportunidad de saludar personalmente a Pedro Almodóvar, pero también se quedó sin ver la actuación de El Puma, pues, en plena Fiesta de la Espuma, se quedó atónita cuando una señora le dijo que por aquel tubo saldría “Eh puma”, cosa que veía un tanto inverosímil. Su campechanería le llevó a pedirle a un vecino del pueblo de su hija que le abriese la olla exprés, quedando asombrado el vecino al no saber de qué se trataba aquel artefacto.
               Ahora, a su edad, (85 años) cuando sus dolencias se lo permiten, le gusta el baile y la diversión. Siempre ha participado de forma activa en todos los eventos o actos culturales y lúdicos celebrados en la aldea, y en donde se le ha requerido su presencia. Su buena memoria hace que siga transmitiendo sus experiencias vividas y colaborando en el recuerdo y la recopilación de las tradiciones y coplillas de otras épocas.
               Se puede acabar diciendo que es una buena vecina, que supo y sabe evitar disgustos propios de una vida social tan intensa como es el vivir puerta con puerta y hacer una vida vecinal tan entrelazada como es la propia de una aldea como Fuente Álamo. Como hijo, qué puedo decir yo?  


lunes, 11 de septiembre de 2017

VIVENCIAS EN TORNO A LOS ÁRBOLES DE FUENTE ÁLAMO. III PARTE


PÁGINA EN PROCESO DE REVISIÓN
 
ÁLAMO NEGRO DEL TERRERO 

CHAPARRA DEL PEÑÓN (Quercus coccifera)
GRANADOS DE LOS CALLEJONES (Punica granatum)


MORAL DE LA CABRERA (Morus alba)



lunes, 14 de agosto de 2017

PEDRO PAREJA ANGUITA “PERIQUÍN”. ÚNICO CONCEJAL ORIGINARIO DE FUENTE ÁLAMO



Era un buen amigo, pese a que nuestras edades estaban separadas por  tres décadas. Con él compartí bastantes momentos de charla, entre cigarrillo y cigarrillo, en aquellos bares de los años  80 y 90 de nuestro Fuente Álamo, donde la política se vivía de forma más intensa y cuerpo a cuerpo. Hace unos meses entablamos una larga y distendida charla telefónica, donde repasamos muchos recuerdos de aquellos tiempos pasados, y hablamos del presente y del futuro que nos quedaría por ver y vivir. Me contó algunas de sus dolencias, pero todo achacable a la edad, y cómo mantenía cierta actividad recreativa en el hogar para mayores. Quedó pendiente el que algún día nos viéramos y programar una publicación, eso sí, sin fotografías, pues un incendio en su piso de Alcalá la Real, lo dejó sin los documentos y recuerdos fotográficos. Nos vimos, aunque creo que no me reconoció,  ya solo fue posible intercambiar miradas, sin ninguna palabra por su parte.
….
  Le animaron y fue escogido, como independiente, para formar la lista encabezada por D. José Marañón Barrios, que se presentaría por el Partido Socialista Obrero Español en las primeras elecciones municipales de la democracia en el año 1979. Pese a que él era solo un militante de la UGT, y como me reconoce, nunca militó en ningún partido político, resultó elegido  como uno de los representantes de las aldeas, convirtiéndose en el único concejal originario de Fuente Álamo que ha ejercido en la Corporación de Alcalá la Real. Me recordaba que fueron cuatro años intensos donde la política se hacía de forma diferente e ilusionante pues todos eran nuevos en aquella incipiente democracia, y que pese a la mayoría súper absoluta del Partido Socialista que les daba para hacer todo lo que se propusiesen, tenían mucha presencia en la calle y en el día a día. Coincidimos que en aquellos años uno de los logros más importantes para la aldea fue la construcción del campo de fútbol, en cuyas negociaciones, participó activamente.
 Pedro nació por el día de San Pedro, en concreto el  27 de  junio de 1934, en Fuente Álamo, en la Casa de Enfrente, cortijo anejo situado casi enfrente de la aldea, en su costado derecho mirando al frente. Allí se habían instalado definitivamente sus padres, que lo habían comprado a Fernando Vera, junto con una fanega de tierra comprada a  Amor. Su padre, Juan Pareja Vega, provenía del Arroyo del Alamoso, zona de la Venta de los Agramaderos y su abuela paterna de Lojilla. Su madre, que se llamaba Ana Anguita Ibáñez, se crió en el Cortijo las Viñas, por la Torre de la Silla enfrente de  Alcalá la Real, pero con antecedentes familiares fuentealameños.
Durante la larga conversación, hicimos un repaso por sus antecedentes familiares y me contó que su padre, que había fallecido en 1954, tenía como hermanos varones a los apodados “Pescuezos”: Pedro, José y Francisco, y tres hembras. Su tío Pedro fue vecino de Fuente Álamo en una casa de Las Escalerillas. Estando casado también con una hermana de su madre,  tuvieron 3 hijos: Francisco, la primera mujer de Lázaro y Trinidad. Después, la casa se la dejó a Julianillo el Meón, que vivía antes en el Cortijo de Ardales, ya que no tenía hijos. Se los llevaron los sobrinos y murieron en Palma del Río. La casa se la vendieron a José Arenas “Porras” y otra a Pedro Vega “El Bañero”. 
Otro fuentealameño, José Pareja “Caniles”, era su primo hermano, hijo de José “Pescuezo”. La mujer de su tío José se llamaba Juliana y tenía raíces fuentealameñas. Era hermana de Antonia Vera, la mujer de Sandalio.
Su madre Ana tenía como hermanos a Antonio, padre de Antonio Anguita “Braguetas y la mujer de su tío Pedro. Como primos de su madre estaban Francisco Ibáñez, el del Praillo, Rafalillo  Moreno Ibáñez “Perote”, Lorenzo Ibáñez “Lore”, Segunda Castillo López, Matías Aguilera Anguita “Candio”…
He elegido esta retahíla de parientes, para identificar sus raíces y  para que se pueda ver lo intensa y larga que fue la conversación.
….
Nació dos años antes de la Guerra, pero no recuerda nada de ella, solo sabía lo que le habían contado, y como su padre se fue primero con su tío José a Las Grajeras, y después se pasó a la zona nacional, tuvo que salir huyendo para Priego de Córdoba. Se fue de noche, cuando vivían en la Casa de Enfrente y no volvió hasta el año 1940, pues allí tenía una hermana que le acogió. Sus cuatro hermanos: Librada, Enriqueta, Dolores, Juan y él se habían quedado en Fuente Álamo, con su madre, y  sus tíos Pedro y José le ayudaron.
Fue a la escuela con unos 8 ó 10 años con D. Manuel, quien fue su único maestro. En aquellos años 40, en la taberna de Francisco El Pelón, se representaban teatrillos, participando como actores las hijas de Matías “Candio”,  Aurorita, Pedro y sus hermanas Librada y Enriqueta. En unas de las estrofas cantadas, participaba Pedro y Mariana Pérez y decía así:
 Mariana, replicaba:
 Ya verás cuando me ponga,
 mis pendientes y mi collar,
y mis guantes tan elegantes
y mis enaguas todas bordás.

Pedro Pareja respondía:

Todos los chicos del pueblo,
Tienen envidia de ti.
Por llevar la ropa la más salerosa
Que ha salido aquí.

Mariana Pérez continuaba:

Perico, Perico,
si sientes mareos,
Avisa al médico…

 Al tiempo de hacer  la Primera Comunión, estaba guardando animales, pero recuerda que la hizo con un traje y le dieron de comer un hornazo en la escuela. Se acuerda del cura D. Manuel Armenteros, quien venía desde San José de la Rábita  a lomos de un mulo. También se acuerda del queso americano y de la leche en polvo que repartían entre las familias. En la casa donde vivió Marineta, enfrente de la actual escuela, le dieron clases, y después, a partir de 1949,  en la escuela nueva.
De su quinta había once fuentealameños. Recordaba a  Francisco Pérez “Capitan”, José Ramírez “Charraga”,  Miguel La Rosa “Zapatero”, Antonio Haro, Benito Aguilera “Forio”, Nazario Pérez, José Ibáñez...  Estuvo en Algeciras, solo  durante seis meses, pues tuvo la suerte de salir excedente de cupo. Se fue a la mili en 1956 con 21 años; hasta esa fecha no había salido de Fuente Álamo. Trabajaba con su padre, en los Praillos, donde sembraban grano y legumbres. No se fue a trabajar fuera hasta que se casó y arrendó un cortijo en Higuera de Calatrava, donde estuvo 7 años. Se fue dos temporadas a Francia a las manzanas. Cuando vino de Calatrava compró la casa a Juan Pérez “Capullo” en  1971 donde ha vivido hasta que hace unos años se trasladó a Alcalá la Real.
Antigua Casa de Pedro
Se casó el 19 de septiembre de 1960 con  Dolores Fuentes Vera, con quien ha vivido a su lado casi sesenta años, pues no han tenido hijos. Esto les ha permitido vivir de forma liberal,  sin las ataduras y las obligaciones propias de los padres, teniendo siempre el afecto de los sobrinos y hermanos.
Hombre presumido y elegante, con el pelo bien pintando para disimular las canas, y que  lo envolvía en un aire señorial, sobre todo cuando iba conduciendo aquel Renault 12 color verde claro reluciente. Serio y poco hablador, a veces ponía cara de póker, como buen aficionado que era;  pero a la vez era bromista con los amigos de confianza, para los que no tenía reparo en tirarle de la camisa o del  cinturón, a la vez que les decía “rin ran…” o inventarle un apodo apropiado, sobre la marcha.
Foto cedida por su sobrino Casimiro

Era conocida su afición al toreo y los jugos de cartas. Con su merecida jubilación, que el trabajo y la falta de un riñón le concedió, y como no podría ser de otra manera, después de una partida entre los amigos, el pasado 2 de agosto, le sorprendió un ictus que le paralizó medio cuerpo y que acabaría llevándoselo el día 12, sin mucho sufrimiento, para descansar definitivamente, dejando un buen recuerdo entre familiares y amigos, entre los cuales me considero. 

miércoles, 2 de agosto de 2017

VENGANZAS Y CONTRAVENGANZAS: “TIO DE LOS HIGOS” CONTRA “PIPO”. EPISODIOS DE LA GUERRA CIVIL EN FUENTE ÁLAMO.



En Fuente Álamo, más que una guerra con víctimas mortales, que hubo alguna, lo que ocurrió realmente fue una guerra de venganzas, unas desatadas con más virulencia que otras. La humillación más grave que produjeron los rojos sobre los nacionales, fue el despejarlos de sus tierras y el provocar su huida a otras zonas, teniendo que abandonar su vivienda y en algún caso, a su familia. Se cuenta que  algunos fueron maniatados y se les obligaba a formar y pasar revista cada día. Tres de ellos fueron apresados durante un corto periodo de tiempo, tras el cual fueron puestos en libertad. A otro, el hecho de regresar para ver sus tierras y al ser considerado espía, le costó la vida en mano de los militares. Era una venganza contra el caciquismo que imperaba en la aldea, de los pobres contra los algo más ricos, porque a los verdaderos terratenientes no los tuvieron a su alcance, pues se refugiaron en sus localidades de origen y no en sus posesiones.
 En cambio, la humillación de los nacionales sobre los rojos, una vez finalizada la guerra, fue de mayor intensidad: con denuncias poco fundamentadas o en alguno de los casos, falsas, que siguieron a procesos inquisitoriales sumarísimos, ingresos en campos de prisioneros o en prisión, despojo de sus bienes, hambre, vejaciones a sus esposas,  incluso el pago con sus vidas en algunos casos. Era una venganza contra la humillación que habían padecido al inicio de la guerra. Claro ejemplo de ello es la siguiente historia:
Unos años antes de iniciase la Guerra Civil, Rafael Z. P. vecino de Alcaudete, conocido por “El Tío de los Higos” se había establecido en Fuente Álamo con el fin de cultivar las tierras de Buenaventura Sánchez-Cañete en el llamado Cortijo Ventura o Coscojar Bajo, que por aquel tiempo era propiedad de Juan Díaz Aguilera. Tierras que a los pocos meses del inicio de la contienda tuvo que abandonar al ser incautadas para la colectivización de las tierras en Fuente Álamo.
 Gregorio G. V., aunque natural de Las Grajeras, trabajaba en Fuente Álamo y su familia estaba vinculada a la Dehesa de Fuente Álamo. Conocido como “Pipo”, era uno de los tres hermanos que formaban la familia. Se trataba de un joven de 24 años, albañil y campesino, que en el año 1931 se había afiliado a la U.G.T.; si bien, al año siguiente, causó baja para darse de alta en la Patronal, debido a que Rafael le había hecho promesa de trabajo y se encontraba en mala situación económica, según declara.
Durante el movimiento obrero de la II República (posiblemente de 1934), Rafael había sido llevado por el mulero Benigno Pérez al Tribunal Mixto de Martos por incumplimiento de las bases, enfrentándose a una multa de 1.500 pesetas. Para evitar la sanción, Rafael preparó a dos testigos falsos, uno de los cuales era Gregorio, bajo la promesa de abonarles 500 pesetas para los dos, promesa que luego incumplió.
 Al inicio de la Guerra, fundamentalmente durante el mes de agosto y primera quincena de septiembre, Rafael, sufrió varios saqueos en su cortijo por parte de los milicianos o miembros de Comité del Frente Popular. En sus declaraciones dice que fueron, entre otros, los hermanos “Pipo”; en otras causas denuncia a los  hermanos Cano Mesa y a otros más, por saqueos al cortijo. En otro expediente contra su hermano Justo, comparece Juan, el día 16 de mayo de 1939, y denuncia que: “Gregorio, Justo y Francisco Alba, al día siguiente de ser puesto en libertad, se presentaron en mi cortijo del Coscojal Bajo, saqueándolo mientras me tenían encañonado, abusando muchísimo, y llevándose después más de 50 gallinas y lo que cogieran en la casa, siguiendo los saqueos al referido cortijo con bastante frecuencia, llevándose gallinas y cuanto quisieron, en una de las ocasiones encañonaron a mi hija niña entonces de 7 años para que no pudiera ir avisar a los vecinos, pues se creyó la niña iban a matar a su madre, tal era la actitud que tenían esos canallas mientras saqueaban”.
 El incumplimiento de las bases del campo por parte de Rafael, más el incumplimiento de la promesa de las 500 pesetas y la del ofrecimiento de trabajo, unido a su tendencia derechista, produjeron un cóctel molotov llamado venganza, cuya mecha fue el estallido de la Guerra Civil.  Así, los hermanos “Pipo”, acompañados de otro miliciano y mandados según ellos, por el Alcalde Pedáneo, fueron al referido cortijo que explotaba Rafael con una orden de citación ante el Comité en la Casa del Pueblo de Fuente Álamo. Rafael que estaba en las faenas de la era, les dijo que se fueran, que después iría él para allá, y así ocurrió, una vez que terminó lo que tenía entre manos. Fue interrogado por el Alcalde y otros miembros del Comité e informado de que había una denuncia contra él por fascista y que tendría que ser trasladado inmediatamente a Alcalá la Real para responder de ese cargo. Al atardecer, ya casi de noche, cuando se disponían a trasladarlo a Alcalá, escoltado por los hermanos “Pipo” y otro, que se habían ofrecido voluntarios; una pistola en mano Marcos “Playa”, miliciano encargado de los presos en San José de la Rábita, impide el traslado y obliga a meterlos en la iglesia de Fuente Álamo, que se había convertido en cárcel.
 De todo ello, queda claro que en principio Rafael acude al llamamiento,  y después de ser interrogado es detenido;  aquí vienen las contradicciones, pues en una declaración de Rafael del día 16 de mayo de 1939 habla de 6 días de detención, y en otra de 3 de junio de 1939 habla de quince días. Pero no es esa la única contradicción en sus declaraciones, pues el 6 de agosto manifiesta: “Que cuando le dijo que tenía que hablar con él que se marchara para la Casa del Pueblo, el declarante dijo que bien esperara un poco o que marchara que él iría por allá. Que el declarante quedó solo y cuando terminó lo que tenía entre manos marchó a la casa del Pueblo de Fuente Álamo que está situada frente a la Taberna de Francisco El Hijo de Amor …” y en la del 16 de mayo de 1939 dice: en ocasión de ir el que denuncia a la casa del pueblo de la Aldea de Fuente Álamo para que le dieran un salvo conducto”. Por lo que se deduce que no fue detenido el 8 de Agosto de 1936 y llevado a presencia del Alcalde tal y como se consigna en la sentencia por la que es condenado Gregorio, sino que fue citado o acudió él voluntariamente. Si bien en otra ocasión, según declara Gregorio, fue escoltado por orden del Alcalde.
 Como hemos visto en esta exposición, tenemos un claro ejemplo de las venganzas y contra-venganzas personales que trajo como consecuencia la Guerra Civil en Fuente Álamo.
En la participación de “Pipo” en la citación, en los saqueos del cortijo, en el ofrecimiento voluntario para su traslado a Alcalá, o tal y como Rafael declara: los hermanos Pipo mientras le tomaba declaración el Alcalde Pedáneo estaban constantemente intimidádnosle con indirectas de que iban a matar a un fascista, que si iba matar a tres fascistas aquella noche y que todos ademanes lo que hacían desenvainando un puñal de que eran portadores”, se pueden ver los signos de una primera venganza a raíz del comportamiento que Rafael tuvo con él antes de la Guerra Civil. Después de terminada la Guerra, una de las veces que Gregorio pasó por Alcaudete, fue visto por Rafael, quien dio orden a uno de los municipales del Ayuntamiento para que le detuviesen, presentado denuncia contra él e iniciándose la contra-venganza.
Sin que a Gregorio se le conozca otros hechos que fueran el de ser uno de los primeros en lanzarse a la calle armado de escopeta y el  de ser  Presidente de las Juventudes Socialistas y como tal actuó; y que según los hechos probados de la sentencia:  “en unión de un hermano suyo y otro miliciano detuvieron el 8 de Agosto de 1936 a D. Rafael., llevándolo a presencia del Alcalde que le interrogó entre las amenazas de muerte que proferían el procesado y su  hermano, después de lo cual estos sacaron al detenido (era de noche) y bajo el pretexto de trasladarlo a Alcalá, quisieron llevárselo, pero ya fuera del local se encontraron con otro con un tal Marcos Playa que pistola en mano les obligó a volver y dejar al detenido en la cárcel”; por todo esto fue condenado a reclusión perpetua, no habiendo quedado mínimamente probado que participara en su detención, si bien, pudo intervenir en su conducción, cumpliendo órdenes de la máxima autoridad local. Su hermano Justo, quien sí estuvo implicado en otros hechos, que también pueden ser motivo de estudio, fue condenado a pena de muerte. Con lo que la contra-venganza se llevó a cabo en su máxima expresión.

Es público que en una ocasión, mediados los años cuarenta, Rafael volvió a Fuente Álamo con motivo de las fiestas de San Antonio de Padua, y encontrándose al que había sido Alcalde Pedáneo durante la Guerra, le hizo un comentario despectivo, sacando pecho como vencedor, le dijo: -¿Todavía no te has muerto, cojo? No reparó en que gracias a dicha autoridad, y según comentario de gente mayor, pudiera él estar con vida; una desgracia que hubiese sido tan injusta, como el cumplimiento de los deseos proferidos. Es más y es mi modesta opinión, si Pipo hubiese querido llevar a cabo su venganza hasta el último extremo, gozó de muchas oportunidades y no lo hizo, cosa diferente es, que tuviese motivos suficientes para llegar a ese extremo. ¿Puede quedar una última venganza sin cumplir, por el tiempo pasado injustamente en prisión y tener la falta de un hermano? Pienso que después de esta publicación, no debe quedar venganza alguna pendiente de cumplir, pues lo que se ha intentado es hacer la justicia que en su día les faltó a uno y a otro.

lunes, 10 de julio de 2017

HOMENAJE A LOS ÁRBOLES DESAPARECIDOS DE FUENTE ÁLAMO. PARTE(2)


PÁGINA EN PROCESO DE REVISIÓN            

CIPRÉS DE LAS AMOLADERAS (Cupressus)




 “PAN DE PASTOR” VARIEDAD DE ÁLAMOS




HIGUERA DE LA FAMILIA MALAGÓN (ficus carica)



ÁLAMO NEGRO DEL TERRERO 

miércoles, 21 de junio de 2017

LA CRUZ DEL COSCOJAR BAJO. EPISODIOS DE LA GUERRA CIVIL EN FUENTE ÁLAMO



Algunas veces nos encontramos en los campos fuentealameños pequeñas cruces talladas en piedra o hechas a base de mortero o yeso, encaladas recientemente o en un estado más abandonado. Las asociamos a su connotación religiosa y festiva del Día de la Cruz (3 de mayo), que tuvieron  gran auge en otras épocas, pero no reparamos en el motivo por el cual se instalaron en ese determinado lugar. Hemos tratado en alguna ocasión la Cruz del Rocastro, la Cruz de Clavijo, la Cruz de la Setilla, la Cruz de la Cornicabra, o la Cruz de la Cuesta, estas últimas asociadas a las fiestas del mes de mayo que en su honor se celebraron o celebran ahora de forma intermitente. La primera de ellas es un misterio sin resolver, pero desde mi punto de vista, relacionado con la Guerra Civil.
 Un año después de terminar la Guerra Civil, Franco promulgó un decreto para la construcción del Valle de los Caídos, extendiéndose por todos los pueblos y lugares de España la idea de erigir un monumento dedicado a los “caídos por Dios y por la Patria”. En la Plaza de la Fuente, al lado de la alberca, se construyó una enorme cruz de cemento, con tres escalones a su alrededor. Dicha cruz, aparte de representar el catolicismo que acogió al Franquismo o viceversa (nacioanalcatolicismo), rendía homenaje cristiano a sus víctimas e intentaba acabar con el ateísmo que imperó en la aldea durante la Segunda República, recrudecido durante la Guerra Civil con la quema de Imágenes y la transformación de la iglesia en granero y en cárcel provisional. Esto afianza la idea de que esa cruz se construyó en esos años de posguerra, pues no hubiese sobrevivido a los envites del anticlericalismo de la Segunda República.
Uno de esos casos es la Cruz del Cortijo del Coscojar Bajo. El porqué está allí, qué simboliza, cuándo se instaló, quién la instaló, son preguntas que creo haber encontrado parcialmente con el estudio de los expedientes de la Guerra Civil. Asociada a ella está la muerte, siempre de gente inocente, al igual que ocurrió con Jesucristo; idea que el Franquismo llevó a sus últimas consecuencias con el lema: “Caídos por la Patria y por Dios”. En este caso, creo que fue para dignificar la muerte de un inocente que la Guerra Civil lo dejó en el Bando Republicano y quería pertenecer al Bando Nacional, o al menos eso se creyó cuando los vencedores la levantaron en aquel lugar. Pero esa cruz también debió de homenajear como mínimo a otras dos víctimas mortales más, que seguramente por los antecedentes familiares también fueran igualmente cristianas, sin que se sepa la suerte que corrieron los otros partícipes integrantes del grupo.
Pienso que finalizada la Guerra Civil, celebrados los juicios sumarísimos y condenados los “culpables”, se decidió levantar por los ganadores aquella cruz como símbolo de una barbarie puntualmente ocurrida en aquel lugar. A la vez que lo “sacralizaba”, se rendía homenaje a una víctima allí enterrada. Recientemente, casi 80 años después, se ha rendido homenaje en el monolito levantado en el Cementerio de Alcalá la Real con la inscripción de sus nombres a los hermanos Eugenio y Paulino, otras dos víctimas inocentes, contra los que ni siquiera hubo pruebas concluyentes de su participación directa de aquella muerte igual de inocente.


En los inicios de la Guerra Civil, y meses antes de la ocupación de Alcalá la Real por las tropas nacionales, un grupo de milicianos a cuyo mando estaba Juan Mesa Cano “Lagares”, habían acampado en el Cerro del Allozo con el fin de controlar el paso por la Carretera que iba a Almedinilla desde Alcalá la Real. En los primeros días del mes de agosto de 1936 o primera quincena de septiembre, según se tenga en cuenta una declaración u otra, avistaron a un hombre que caminaba carretera arriba, a cuyo encuentro salió un grupo de 7 ó 8 hombres armados con escopetas. Le dieron el alto, y en una curva de la carretera le perdieron de vista, llegando a visualizarlo de nuevo por Las Lagunillas. Puesto que parecía que intentaba huir, le siguieron, llegando a dispararle 4 ó 5 veces y alcanzándole en una pierna. Parte del grupo –según declaraciones, se quedaron a unos 50 metros y dos de ellos se acercaron al herido y le remataron. Después se acercaron los otros integrantes del grupo y comprobaron que aún estaba con vida, ya que a la vez el herido gritaba, según comentarios: “qué habéis hecho conmigo”. Le recogieron la documentación y once duros que llevaba, que después se los entregaron a su jefe “Lagares”. También le encontraron unos vales de una tienda de Algarinejo, unos documentos que decían que se llamaba Manuel y que era de Algarinejo. Supusieron que tendría unos cincuenta años. Asimismo portaba un revólver de siete disparos, uno de ellos disparado. Le quitaron los zapatos y lo enterraron en el cortijo de la Solana o de Ventura, sin que se sepa el lugar exacto. Una hora después, llegó el alcalde de Fuente Álamo y otro grupo de fuentealameños, lo desenterraron para identificarlo y le quitaron una pelliza, enterrándolo de nuevo. Al identificarlo pudieron comprobar que tenía poco pelo, por lo que creyeron que se trataba de un cura y así se comentó entre los milicianos, pensando en algún momento, que lo que tenían que hacer era tirarlo a unas zarzas por ser cura.

Aunque hayamos descubierto algo, todavía quedan muchos interrogantes enterrados allí, pues se dice que no se llegó a identificar nunca a esta persona, quién era,  adónde iba o qué intentaba hacer, por qué llevaba unos vales de una tienda de Algarinejo, once duros y un revólver. Según la documentación hallada, el hombre se llamaba Manuel, era de Algarinejo, y tendría unos 50 años de edad, según las declaraciones. Al parecer intentaba pasarse al Bando Nacional establecido en Alcalá la Real. Lo que no creo posible es que fuese un sacerdote, pues llevaría algún símbolo religioso y una biblia en vez de un revólver, aparte de que el único indicio de sacerdocio era que no tenía pelo. Aunque dado el anticlericalismo reinante, no se sabe lo que pudo ser mejor para salvar a aquel  pobre hombre. Lo único que ha quedado es el símbolo en forma de cruz, porque ni siquiera se ha confirmado la fe que procesaba, ya que al parecer solo intentaba pasar al otro bando.

viernes, 2 de junio de 2017

MANUEL ARÉVALO DIAZ “AREVALILLO”. EMIGRACIÓN A CATALUÑA



        Emigró, pero dejó enterrada una raíz bien profunda en su Fuente Álamo natal, a donde cada vez que puede, regresa para regarla y hacer que brote savia nueva, recargándose de energía y vida. Para ello se construyó una casa en el solar que fuera antaño la vivienda familiar. Disfrutando cada día, cada hora y cada momento de su estancia aldeana, “andurreando” por aquellos caminos y veredas, cerros y llanos que tantos recuerdos le traen de su infancia y madurez;  se le puede ver, también, ataviado con traje de gala para disfrutar de las fiestas populares. Le tira mucho su pueblo dónde ha vivido media vida y le cuesta despegarse, aunque las circunstancias han hecho que no pueda regresar definitivamente, y estas no son otras que, sus hijos, sus nietos y ahora su pequeña biznieta.
Es conocido entre nosotros por “Arevalillo”, haciendo  honor al apellido paterno y distinguiéndolo como el menor de la saga. Representa al emigrante fuentealameño, trabajador, que ha recorrido media España y parte del extranjero; toda una vida de sacrificio y lucha, que ahora se ve recompensada, con la merecida jubilación. Es una persona cordial, flaca, risueña al golpes; si bien su rostro y su bigote refleja cierta seriedad, es amable al trato y siempre abierto a cualquier pregunta que se le formule, para contestarla sin tapujos y sin los miedos que reinaban en otras épocas vividas por él, así me contó, la triste historia de la familia Gálvez de Fuente Álamo y de otras historia ocurridas injustamente en la época de la Posguerra, ect. Se encuentra totalmente integrado en cualquier círculo de amigos, andaluces, catalanes, pues para él es igual. Lo mismo tiene jugar una brisca de compañeros en el bar de Fuente Álamo, o a lo que él llama “la butifarra” en el centro social de Villafranca del Penedés, en andaluz o en catalán, como se quiera o com tu vulguis.
Es el menor de una familia que formaron entre su padre Vicente Arévalo Moya y su madre Benigna Díaz Serrano, ambos viudos. Su madre aportó a la nueva unión dos hijos: Antonio y Gregoria, y su padre llevó a María y Vicente. Luego nacieron tres hijos: Ventura, María y él.  Su padre era 20 años mayor que su madre, por lo que la Guerra Civil le sorprendió con una edad avanzada y no tuvo que incorporarse. Se quedó en la Dehesa de Fuente Álamo, lo que dio lugar a que naciera él, el 16 de agosto de 1938, en plena Guerra Civil. Antes sus padres habían vivido en Cañahonda, y después de la Dehesa se vinieron a Fuente  Álamo. Siguiendo con los antecedentes familiares, su hermano paterno tuvo que refugiarse, como más de 500.000 españoles republicanos, en Francia, dónde le esperaba un campo de prisioneros. Su nombre era Vicente Arévalo Castillo. Recuerda que le contó que una noche hubo un bombardeo y pudo escapar. El destino quiso, posiblemente, que no fuese deportado a los campos de exterminio nazi como ocurrió a otros muchos españoles. Francia le acogió y se quedó allí, residiendo en Chateau Ban. Cayó herido o enfermo y, durante su convalecencia en el hospital, conoció a quien sería su mujer, con la que tuvo un hijo. Su hermano materno Antonio estuvo sirviendo en San Roque (Cádiz) tres años y regresó enfermo del pulmón, muriendo joven. Murió en la Dehesa. Esto fue después de la Guerra, cuando el tendría 10 ó 12 años, pues recuerda que estuvo yendo cada día andando 24 kilómetros para llevarle un trocico de pan al hospital de Alcalá la Real. 
Cuando él nació, su familia vivía en la Dehesa. Sus vecinos eran Paco, apodado “Verraco”, con sus hijos: Isidro, Antonio, Felisa e Isidora. A 200 metros vivían Los Torres, que se fueron a la Campiña y se quedó con la casa Luis Gomarín. También era vecino Domingo Vera... Un poco más alejado, en la Casilla de Sierra, vivía Saturno “El Guardilla”, Antoñillo del Llano, Antonio Ortega “Cojo Rayo”,  Zoilo y Custodio. 
Nunca fue a la escuela, se lo prohibió una piara de cochinos que tenía que guardar, de la ganadería de Ángel Custodio “Costo de la Dehesa”. El maestro que le enseñó lo básico se llamaba Francisco Perálvarez “Pericanas”, que era de los llamados “maestros garroteros”, que iban enseñando por los cortijos, a quien le pagaban muy poco porque no había ni para ellos. No hizo la Primera Comunión, porque entonces no se hacía. Vivió en la Dehesa hasta que tuvo unos 15 años, época en la que se vinieron a Fuente Álamo.
De aquellos años de la dura Posguerra, recuerda como la Plaza de la Fuente se convertía cada mañana en un comercio de los trabajadores, donde acudían los dueños de los cortijos, y elegían: “tú, tú y tú  y a tanto”, por lo que tenían que “reventar” trabajando para que el día siguiente le llamasen otra vez. Estuvo escardando en el Cortijo del Sapillo. Siendo un niño estuvo también en  la Campiña Cordobesa guardando cochinos con Juan “Torres”, donde le atacó, según piensa, el paludismo, pues recuerda las fiebres muy altas, el constante tiritar, que le hacía revolcarse hasta que caer al suelo. Resume aquellos años como: “Mucho trabajo y comida poquita”.
Emigró por primera vez cuando tenía unos 17 años, correría el año 1955.  Se fue con un grupo de fuentealameños a la provincia de Burgos para reforestar el monte mediante la plantación de pinos. Trabajaban a destajo o al jornal,  ganando 9 duros cada día. También trabajó en el cultivo de patatas, en una sierra de Burgos. En la provincia de Santander trabajó en la construcción y acondicionamiento de carreteras, también estuvo un poco tiempo trabajando en el Túnel de Engaña. Recuerda que por allí había mucho loco y estaban asustados. Se marchaban de Fuente Álamo en abril y volvían entre septiembre y octubre. Durante todos estos años coincidió en estos trabajos con muchos fuentealameños: los hijos de Joaquín de la Sancha, los hijos de Juanele, los hermanos Perotes, los de Mateo “Cigarrica”, los de Matías “Borracho”, los hermanos Manolo, Custodio y Antonio Jiménez, los de Antonio Castillo “Caejos”, Marce “el Mixto”, su cuñado Domingo Martín, Antonio “Moyano”, Juan “Cascorro”, José Pasadas, José “Macarrón”, los hermanos Feliciano, Alberto y Juan “ Los Lores”… casi todo el pueblo en edad laboral.
También emigró a Alemania, cerca de Colonia, donde estuvo tan solo unos 3 meses, pues le afectó el cambio de clima y cayó enfermo con una pulmonía.
Pero su peor experiencia fue cuando emigró a La Almoraima-San Roque (Cádiz). Sería por el mes septiembre, cuando Pedro Ortega “Trasperlista” preparó una cuadrilla de fuentealameños, entre los que iban los hijos de Antonio Castillo “Caejo”, para ir a recolectar algodón. Pero las lluvias impedían el trabajo en la plantación, pues no se podía recoger el algodón mojado. El poco dinero que llevaban tenían que guardarlo para poder regresar, así que estuvieron comiendo membrillos unos quince días. Intentaron coger unos tomates, pero el dueño de la tomatera les tiraba piedras con una honda. Al final se tuvieron que venir en tren hasta Alcaudete y desde allí andando hasta Fuente Álamo, porque no tenían más dinero. Cuando llegó, tenían en su casa unas cortecillas de tocino, que se las comió con tantas ganas, que más bien se las tragó. Llegó muerto de hambre y con el estómago raído por el ácido de los membrillos.
En aquellos años no todo era trabajar, también había tiempo para las “diversiones”. Recuerda que en una Navidad hicieron una comparsa formada entre otros por Antonio Anguita “Braguetas”, Amador “Cigarrica”, Costo “Remendao” y los hijos de Cefe. Cuando se encontraban cantando en la casa de Pedro “Catorce”, los hijos del Zapaterillo, que era por aquel tiempo el guarda de las tierras de Don Paco, echaron por debajo de la puerta una cubeta de agua, al tiempo que se apagó la luz, por los que las hijas de Pedro salieron corriendo y se subieron a las cámaras, entonces como Antonio “Braguetas” había estado en la legión, empezaron a zarpazos, Costo “Remendao” con la carrañaca y los Zapaterillos con una carabina, así que se lió una buena gresca. Después se fueron cada uno a sus casas y, al día siguiente, cuando estaba trabajando en la aceituna en Cuatrovientos, se presentó la Guardia Civil y le preguntaron si había participado en la murga, conduciéndole luego al cuartel. Tuvieron que presentarse cada noche durante quince días en el cuartel de la guardia civil de San José de la Rábita.
También recuerda que compró una bicicleta Orbea modelo 88 en Cañahonda, y cuando fue a por ella, le acompañó Isidoro Vega Ávila. Desde el Bermejo venían los dos montados, pero al llegar a la alcantarilla, Navarro ya no frenaba, y en la curva antes del cruce de la Revoltillas, saltaron el terraplén, cayendo en los olivos de la Rectura. Cuando él se recuperó, lo primero que hizo fue preguntarle a Isidoro si le había pasado algo, a lo que Isidoro con aquel tartamudeo característico le respondió: “me parece que…, me se han roto los dientes”. Isidoro por entonces estaba en la mili, pero tuvo suerte y sólo se le movían algunas piezas. Cogieron la bicicleta y se fueron andando hasta Fuente Álamo.
Después, sobre el año 1960 ó 1961 se compró por 20.000 pesetas una moto marca Ossa modelo 160. En ella se subían sus dos hijos, su mujer y una canasta llena de trapos, desde el lavadero de Fuente álamo hasta la Dehesa. Luego se sacó todos carnets de conducir en las Conejeras-Granada.
No hizo la mili, se libró al estar a cargo de la familia. Para ello, como sus padres no estaban casados, tuvieron que casarse.
 Se casó con 24 años, el 9 de octubre de 1961 con Gertrudis Pérez Vera, la cual ha formado felizmente parte de su vida desde entonces. No hicieron boda. Se juntaron y después se echaron las bendiciones.
            Emigraría temporalmente unas 15 temporadas. La primera vez que se fue a Barcelona trabajó en la construcción con Juan Ramírez “Mandurria”, en el año 1960. Después estuvo trabajando en el aire acondicionado. En el año 1974 hizo un curso de fontanería por la PPO junto con su amigo Marcelino Pérez.
Hizo un paréntesis en la emigración de 5 años, en los que estuvo de encargado de las tierras de Francisco Sierra. Vivían en la Casilla de Sierra, en la Dehesa, hasta que en 1974 emigró con toda la familia definitivamente a Barcelona. Los llevó Antonio Arenas “Porruo”, sus tres hijos tenían edades de 12, 9 y 6 años respectivamente. Buscó trabajo en una empresa de autobuses, compañía Tranvía del Ayuntamiento de Barcelona. Después estuvo tres años conduciendo los autobuses de la capital, pero no le gustaba y le dijeron que había una plaza de camionero en Villafranca del Penedés. En una noche pintaron la casa y al día siguiente se llevaron a los niños, que estaban en  Torre Baró, en casa de su hermana Gregoria, a  Torrelles de Foix. Comenzó ganando 45.000 pesetas, pero trabajaba noche y día. Ha estado en la misma empresa casi 40 años, hasta que con 64 años se ha jubilado.
Sus tres hijos se casaron y se quedaron a vivir por la zona; el mayor se colocó de mecánico en la  misma empresa que trabajaba él, el menor ha seguido con la profesión de camionero, Antonio, en una se colocó en empresa. Tiene 6 nietos y una biznieta.
En cuanto al tema de Cataluña,  cree que el problema recae en los gobiernos, que se han llevado el dinero. Considera que están encalabrinados, sobre todo los jóvenes, pues casi todos quieren la independencia. En Villafranca, como en otros pueblos catalanes hay muchos andaluces, y ahora también de todas las nacionalidades: africanos, peruanos, árabes... pero nadie de Fuente Álamo. Villafranca está entre Tarragona y Barcelona, a 50 km de cada una, en la comarca del Penedés.
Era muy aficionado a la caza, afición que ahora no puede practicar. Recuerda cómo en sus inicios compraron entre un grupo de fuentealameños una máquina para montar cartuchos. En aquellos años hasta mediados los años 70 no había cotos en Fuente Álamo, todo era libre. Afirma con cierta añoranza: “Entonces sí que había caza”. Compró su primera escopeta de un cañón de martillo, que echaba lumbre cuando disparaba, a Custodio Jiménez “Remendao”, pues éste tenía que entregarla en el cuartel de la Guardia Civil.
Ahora sus aficiones son el salir a caminar hasta el mediodía y jugar a la butifarra en el hogar a las cuatro. Sus compañeros de partida son catalanes y andaluces, con los que habla en uno u otro idioma, pues aprendió catalán cuando trabajaba de conductor de autobuses en Barcelona. Ve la tele en catalán o en castellano. Sus 3 hijos y sus nietos hablan perfectamente el catalán.

Ahora solo espera pacientemente su próximo regreso… ya está aquí.