domingo, 4 de octubre de 2015
sábado, 19 de septiembre de 2015
APODOS O NOMBRAJOS DE FUENTE ALAMO.- II PARTE
Los naturales de Fuente Álamo, llevamos el sobrenombre o gentilicio de “fuentealameño”, a diferencia de los habitantes de Fuente Álamo de Murcia que son “fuentealameros”. El sufijo “eño” es más adecuado para la formación de gentilicios, aquí les hemos ganado la patente.
Como dije
en la primera parte de la publicación, con este trabajo no quiero que nadie se
sienta ofendido o menospreciado en su persona, ni en la de su familia y si
alguien se sintiera como tal, con el simple hecho de comunicármelo
inmediatamente, se rectificaría la publicación. Quiero insistir que todas las
personas que se reflejan en esta publicación tienen para mí el máximo respeto y
el hecho que se le llame por el apodo a alguien, es para mí un trato de cariño
y no de ofensa. Quien me conoce sabe que no me gusta utilizar este recurso y
cuando lo he hecho ha sido con la sana intención de distinguir; de otra parte,
se pierde mucho tiempo en las conversaciones para hacer referencia a alguien,
sino se identifica por su apodo. Los apodos son nuestras sombras, forman parte
de nuestra historia y nuestra identidad, perdurando incluso después de nuestra
muerte, pues también se heredan. Llevan intrínseco las características o
cualidades generales de una estirpe, así como los prejuicios y los estereotipos
de ella, como sí todos los que se apodan “Torres” o “Borrachos” fueran iguales,
para lo bueno y para lo malo. De hecho, en la Facultad me apodaban “Maradona”,
que por cierto se me olvidó decirlo en la anterior publicación, por eso
apodarse “Maradona” ¿es bueno o malo? ¿Fue bueno, pero ahora no tanto? Ya no me
queda ni un solo rizo en el pelo, por eso ya no puedo apodarme “Maradona”, y
además al balón le doy ahora con la uña. Hay apodos que el tiempo los va
borrando y con esta publicación vamos a intentar refrescarlos.
Si digo
Juan Ibáñez Sánchez, seguro que casi nadie le conocería, pero si digo “El
Andaluz” todos sabemos de quien se trata. Apodo que le viene de cuando estuvo
trabajando en la provincia de Burgos, en Agüera de Montija, con una cuadrilla
de Ávila, y al ser el único andaluz se lo puso fácil al capataz, siendo Falito
“Pandehigo” y otros, los encargados de difundirlo. La mayoría de los
sobrenombres suelen venir de sus orígenes o de referencias geográficas:
“Tajos”, “Cornicabras” “Terreras” “Floríos”, “Cañuelos” “Arroyo”, “Canales”,
“Calonge” “Coscuo”, “Granaino”, “Campiñas”, “Caniles”, “Coruña”, ”Castillero”,
“Praillero” o “Bañero”, aunque pienso
que este último más bien le venía a Antonio Vega de sus antepasados bañeros que
cuidaban a los bañistas en los Baños de Ardales. El de “Coruña” no le viene a
Manuel Jiménez por la ciudad, sino del equipo de fútbol. Por cierto a José
Aguilera Cervera le viene lo de “Cholo”, por un antiguo jugador del Deportivo
de la Coruña. A Rafael Aguilera, le viene lo de “Coscuo” por haber vivido en el
Coscojar y lo de “Granaino” por haber nacido en Granada, lugar donde tuvo que
ser trasladada su madre debido a un parto difícil.
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| Foto de la familia Padilla Vera |
Entre los
más curiosos podemos encontrar el de “Domagatos” y “Rompecaenas”, que fueron
atribuidos a Andrés Vera Ochoa por su vecino original, Justo Gutiérrez, “El Tío
Bicho”, apodo que le viene por la utilización de esa expresión o calificativo
para denominar a sus amigos, con aquella tranquilidad pasmosa como lo decía.
Algunos
como José Aguilera “Macarrón”, dice tener el honor de haber bautizado con el
apodo de “Gargajito” al maestro del pueblo de los años 50, D. Manuel, pues
escupía en el suelo y antes de que el sol secara la saliva tenían que estar
allí todos los alumnos.
“Jarrilla”
surgió, estando trabajando en el acondicionamiento de las carreteras en el
Norte, cuando mi tocayo, como le gustaba llamarme, Domingo Martín le dijo a mi
vecino, Antonio Moyano “Seco”: “Moyano, por qué no te pagas ya, una jarrilla de
estas”, pues a Antonio le costaba sacar el monedero del bolsillo. Siendo
rebautizado, Domingo, pues ya poseías el de “Celtas” o “Celtíbero”.
El de “Carrilano”, se lo pusieron a Ceferino
Aguilera en 1959, la primera vez que se fue a trabaja a las patatas, a un
pueblo de Burgos, Espinosa de los Monteros, donde había buenas combinación en
el tren de vía estrecha y se marchaba cada vez que podía a Balmaseda casa de su
hermana Urbana, circunstancia que aprovecharon Antonio Jiménez “Añillos” y Manuel
“Arévalo”, y comenzaron a decir que siempre estaba de carrileo y de ahí que se
hiciera famosa la canción “Carrileo”, que la cantaba con Rafalillo “Perote”:
“Si vamos al carrileo, turululuululu esto sí
que son fideos, turulurulu echadnos unos cuantos, lo que hemos ganao en la
Renfe se ha quedao, tururlu, que turululu, que turulu cuatro patatas cuatro
monchetas las mañicas no tienen tetas. Turululu, turululu”
Estando
en La Rábita, en una verbena, el amigo Esteban González, ligó, y Juan Aguilera
“Agüelajo”, le bautizó. Le puso “Tuno”, por su habilidad para conquistar las chicas. Una noche de frío y haciendo
mérito a su apodo, estando en el “Bar la Patata Brava”, Esteban, le dijo a su
amigo Andrés Vera “Domagatos”, y antes de salir con la moto hacia Fuente Álamo:
“Andrés porque no nos comemos una patata brava y nos la llevamos calentica en
la barriga”. ¡¡Hay que “Tuno”!! Quién no
se acuerda del baile de la Yenka, pues en Fuente Álamo, quedó representado por
Rafael Aguilera “Yenkas”, y buen bailarín que era.
En unos
tiempos que todo el mundo era colega, el bueno de Juan Gomarín se quedó como
“Colega” de toda la vida y para toda la vida. Curiosamente,
Custodio González Gutiérrez, se ganó a pulso el sobrenombre de “Bodeguero”, por
el buen vino que hacía, pese a no ser Fuente Álamo zona de viñedos.
Juan Vera, en una desavenencia familiar,
siendo un niño se ocultó en el pajar de su cortijo, “De ahí lo de Niñoperdido y
hallado…”.
En la
primera parte dijimos que por regla general las mujeres solían heredar el apodo
del marido, sin embargo hay casos que suelen ser al contrario, así Lorenzo
Pérez, se le conoce como Lore “El Misto”, por herencia de parte de su mujer o a
Pedro “El Bañero” como Pedro “Corneto”, por parte de su mujer de Las Grajeras.
Ahora me surge una duda si es “Misto” ó
“Mixto”. Todavía quedan muchas cosas que aprender la historia continuará…
sábado, 5 de septiembre de 2015
ESTANCIA ESCOLAR EN “EL COTO” EN LOS AÑOS 70 DE LOS NIÑOS DE FUENTE ÁLAMO.
En los inicios de los años
70, cuando los niños de Fuente Álamo fuimos reubicados en los Colegios
Comarcales Nacionales “El Coto”, sobretodo los primeros días, el miedo o temor
mezclado con la ilusión contenida estaban latentes en cada uno de nosotros. Nuestros
compañeros mayores fuentealameños, en un intento de prevenirnos, nos habían
infundido esos miedos respecto a la recepción que
los niños alcalaínos nos iban hacer, la cual no iba a ser precisamente
afectuosa. Pienso que nos consideraban más atrasados, como si viniésemos de
unas zonas rurales subdesarrolladas, y por ello nos miraban con cierto aire de
superioridad, sobre todo a nivel personal. En lo
educativo, por parte de los profesores, nos bajaban un curso de forma general,
sin atender al caso concreto, como si todos fuentealameños estuviésemos menos
preparados. Sin embargo, en conocimientos y en aplicación, pienso que aquí sí
dábamos la talla, y no había tanta distancia de por medio. De todas formas, a
medida que pasaba el tiempo y se estrechaban las relaciones, se iban disipando
las supuestas diferencias entre nosotros. http://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com.es/2014/09/inauguracion-del-coto-por-los-escolares.html
Para protegernos, la
formación de pandillas era la mejor defensa, pues no todos teníamos un primo
alcalaíno en el Primer Grupo llamado Jesús Aroca. De todas formas cuando no
tenías problemas, los mayores, caso de Enrique Zuheros y Jesús Aguilera, me los
buscaban y me decían que le dijese a Manuel de las Mimbres su apodo de
“Colorín” y yo iba y se lo decía, saliendo corriendo, sabiendo que tenía buen
respaldo detrás de mí. Las típicas pandillas se agrupaban por aldeas
o por alcalaínos, aunque estos en menor medida, pues no les era necesario. La
verdad es que consciente o inconscientemente, ya se intentó separarnos en las
clases, pues sobretodo el Primer Grupo estaba integrado principalmente por
alcalaínos.
Para protegernos, la
formación de pandillas era la mejor defensa, pues no todos teníamos un primo
alcalaíno en el Primer Grupo llamado Jesús Aroca. De todas formas cuando no
tenías problemas, los mayores, caso de Enrique Zuheros y Jesús Aguilera, me los
buscaban y me decían que le dijese a Manuel de las Mimbres su apodo de
“Colorín” y yo iba y se lo decía, saliendo corriendo, sabiendo que tenía buen
respaldo detrás de mí. Las típicas pandillas se agrupaban por aldeas
o por alcalaínos, aunque estos en menor medida, pues no les era necesario. La
verdad es que consciente o inconscientemente, ya se intentó separarnos en las
clases, pues sobretodo el Primer Grupo estaba integrado principalmente por
alcalaínos.
Una vez ya ubicados y
hecha esta introducción, veremos en esta entrada nuestra estancia escolar en un día cualquiera de los años 70.
Jornada
lectiva.-
Después del tortuoso viaje en el transporte
escolar, previo a la entrada a las clases, (ya recordado en otra entrada): se
ordenaba formación, separados por sexo. Eso sí, se formaba si no llovía, pues
si lo hacía, formábamos de forma irregular en el porche. Esto se hacía en el
patio y por cursos, en una fila india
perfectamente alineada, pues ya se
encargaba D. Juan Uris de decir a gritos, con cara de enfadado,
espurreando saliva y con defectuosa pronunciación de la “erre”: “Línea recta,
todos los puntos en la misma dirección.” El acceso a las aulas era ordenado y
por cursos de menor a mayor. Las clases comenzaban a las 10 h. de la mañana,
interrumpidas por un recreo de media hora desde las 11.30 h. hasta las 12 h.,
en el que escasamente te daba tiempo para comprar por un duro una torta a Rafael,
“El Conserje”, y continuaban de 12 h. a
13 h. Un descanso de 2 horas, para almuerzo y distracción y a las 15 h. se
reanudaba la jornada lectiva hasta las 17 h. Salíamos ya, no de forma tan
ordenada, cada uno en dirección al autobús de su aldea, esperándonos de nuevo
el tedioso regreso, el cual tratábamos de hacer ameno, a diferencia del viaje
de las mañana, donde veníamos adormilados.
Asentimos
escolar.
Fueron muchos años, (en mi
caso 7 cursos), muchos maestros y muchas anécdotas, y sobre todo muchas
ausencias “justiciadas”, la mayoría por “enfermedad”, otras para las tareas
agrícolas y las llamadas rabonas, que eran difíciles de practicar, pues Alcalá
quedaba a unos cuantos metros de camino y siempre cabía la posibilidad que te
detectasen en el trayecto. Pero a veces, en invierno sobretodo, hasta apetecía
la asistencia a clase por el mero hecho de estar al calor de aquellos
radiadores a base de agua calentada por calderas, situados en número de 6 u 8
en las paredes laterales de las clases.
La mayoría de los
escolares fuentealameños, a los 12 ó 13 años, dejaban de asistir a la escuela
para incorporarse al mundo laboral o a las tareas de la casa. Se aprovechaba
fundamentalmente la época de la recogida de la aceituna para abandonar
progresivamente la escuela. Así, durante los meses de diciembre, enero o
febrero se dejaba de ir; después, se hacía un amago de incorporación, y en los
meses de mayo o junio con el “boom” de la emigración a la hostelería de las
costas catalanas, se abandonaba definitivamente la enseñanza. Serían muchos
niños y niñas que en los años 70 conforme cumplían 11 ó 12 años dejaron la
escuela y se marcharon a trabajar a Pineda de Mar, Calella, Tossa de Mar, Playa
de Aro, ect… Se podrían enumerar, pero la lista sería muy larga, y en una línea
entrarían los que completaron la E.G.B. Fui uno de los pocos afortunados en
completar los estudios, pese a mis semi-ausencia en la temporada de aceitunas,
tal y como se reflejaba en el boletín de notas.
Eran épocas en las que las
estrecheces económicas y la falta de motivación transmitida por parte de los maestros
y encubierta en cierta forma por nuestros padres, hacían que el fracaso escolar
en Fuente Álamo fuera de un 95 o más por ciento, donde su población eran
fundamentalmente jornaleros del campo.
Los
maestros.
Mis maestros de la E.G.B.
en “El Coto” fueron D. Obdulio (2º), aquel gordito y mayor, con el que aprendí
las tablas de multiplicar, que siempre echaba el pie izquierdo al andar y se
tomaba en clase todas las tardes su cafelito; eso sí, después de su siesta. A
Veguilla le hizo chutar un penalti en la misma clase, para las diversión de
todos, y sobretodo la suya, a la vez que decíamos todos: “Chuta Veguilla”; D.
Juan Uris Selles (3º y 4º), aquel valenciano que vino en el año 1972 con su
disciplina militar a la hora de formar y nombrarnos con grado militar, que en vez
de andar por clase, desfilaba. Nos hacía más importantes y nos llenaba de
valores, y nos contaba que Sergio, un jugador del Valencia de aquellos años,
había sido alumno suyo. A partir de 5º E.G.B. se distribuyeron los maestros por
asignatura y se crearon clases mixtas.
D. Antonio Pérez Baeza y Dª Consuelo (5º); D. Víctor, D. Emilio (E.F.), D. Domingo
Murcia Rosales, D. Joaquín Martín Villanueva, D. Antonio Serrano Barrios y D.
Francisco Gallego Marchal (6º, 7º, y 8º), y dos más que no recuerdo sus nombres
que daban Ciencias Sociales (5º) y Francés (6º, 7º y 8º). De todos y cada uno
tengo buenos recuerdos.
El
comedor y las comidas.
Las comidas no eran tan
malas, pues las hambres eran mayores, aunque a algunos se les atragantaban los
macarrones. Los “platazos” sobre la cara del comensal era una práctica usada
por el maestro encargado del comedor, el mismo que según se dijo en aquel
momento, mató o se le murió un caballo de su cuadra y un día nos lo dio en
filetes, con aquel olor que provocaba náuseas. Recuerdo los boquerones
requemados con aquel aceite, que fueron tapados debajo de las servilletas por
Jesús Aguilera, siendo estas inspeccionadas de vez en cuando por el maestro
encargado, el cual también a veces hacía la revisión de platos cuando se
entregaban. Las sopas de letras insípidas y aquellos cocidos con fideos o arroz
que antes de entrar al comedor, el olor, te cantaba el menú. En aquella mesa,
los comensales éramos: Jesús Aguilera, Enrique Zuheros, José Aguilera Cervera,
Francisco Aguilera Valverde, quien les relata y otros dos niños de otra aldea
que no recuerdo. Siempre tuvimos envidia de los buenos postres que se daban en
el Primer Grupo, como eran los flanes,
yogures, y en Navidad hasta un mantecado, hecho que no dudaban en recordarnos
nuestros compañeros.
La leche que no nos daban
en el comedor nos la vendían al precio rebajado de un duro, pienso que de
manera ilegal. Así, entre las 4 y 4,30 horas, las cocineras pasaban clase por
clase, y el que tenía un duro, podía comprarse un botellín de ¼ de litro de leche Puleva.
Los
castigos.
Eran de los más variados,
recuerdo que D. Obdulio poseía una tabla de madera que tenía escrito a
bolígrafo “La Milagrosa” o “La Dolorosa”, con la que repartía a diario; eso sí,
una vez que se despertaba de su siesta y se tomaba el buen café que el
compañero Lizana le traía desde el Bar Los Canarios. Un día, repartió tantos
palos en la mano, como números de la tabla de multiplicar nos equivocamos. A la
pregunta de 7x4, contesté temblando 28, pues ni siguiera estaba seguro de que
mi respuesta era correcta, pues inconscientemente intentaba decir el número más
bajo posible, por lo de los palos.
Una tarde, Don Antonio
Pérez Baeza tuvo que ausentarse un rato, y al volver, le fue facilitada la
lista negra, por lo que decidió que tenía que repartir “galletas”, pero para
ello, nos dijo que necesitaría una fábrica, por lo que pensó que era mejor
repartir una a cada uno de los niños que el encargado le había anotado en la
lista, entre los que me encontraba. No obstante, a “Lorito de Villalobos” y
“Gordito de las Mimbres” les hizo mucha gracia la “gracia” del maestro, valga
la redundancia, y no pudieron resistir la risa, lo que evidentemente les costó
repetir, porque al maestro le quedaban según él, dos más, pero de las gordas,
lo que provocó que la risa se convirtiera en tristeza, pero nunca llanto.
Estos castigos eran de
risa, pero el tortazo que D. Joaquín le dio en la nuca a un niño que,
aprovechando la inercia o la velocidad con la que bajaba las escaleras le
provocó una pérdida de equilibrio y un deslizamiento en plancha, no nos provocó
ninguna risa a los que pudimos presenciar el espectáculo, y es que en los
tiempos actuales sería de Juzgado de Guardia. El resultado sería disuasorio,
pero las ganas de salir de la escuela, siempre nos traicionaban y podían más.
El cepillo de limpiar la pizarra salía
volando, en muchas ocasiones desde la mano de la Srta., e impactaba en la
cabeza de alguno, caso de la de José Anguita.
Uno de los castigos no
violentos, pero a veces difícil de cumplir, eran los impuestos por parte de D.
José Garnica, director del Segundo Grupo, y consistía en mandar libretas enteras a escribir, así durante
los recreos, teníamos totalmente prohibido hacer visitas a los amigos y
paisanos de otros Grupos, pero no siempre se cumplían las normas y las sanciones
podían ser distintas según el director del centro. Si eras del 2º Grupo te
podían caer 4 ó 5 libretas escritas a mano, otra cosa es que luego te
identificase para pagar la sanción, lo cual para algunos resultaba más penoso
que un simple pescozón. Otro castigo no violento, era el utilizado por D.
Domingo Murcia, que iba colocando a los alumnos que habían hecho alguna
travesura en una fila de mesas al final de la clase, lo que él llamaba la Real
Academia de la Lengua, y de la que me libré de milagro, pues le pedí permiso
para pedir “un saca” y me preguntó que si era a “mi compa”; gesticulando
moviendo la cabeza y diciendo que a ver
si me tenía que poner en la famosa Real Academia.
lunes, 24 de agosto de 2015
EL CASO DE ANTONIO ARENAS AGUILERA “EL PORRUO” DE FUENTE ÁLAMO.
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| Foto donada por José Luis Arenas |
Hace
poco tiempo, leyendo la página Web del historiador jiennense Luis Miguel
Sánchez Tostado encontré que con el nº 20: “El crimen de la Fuente Pozuelo”
(Alcalá la Real, 1985), editada en el Diario de Jaén el 22 de abril de 2001, se
hacía mención a un taxista del Alcalá la Real, por lo que inmediatamente relacioné
el año con el taxista. Después, pude comprobar que el caso también fue recogido
en su libro “Crónicas del Crimen”. Con la ayuda de esta magnífica publicación,
datos judiciales, con los conocimientos propios y con información obtenida de
la gente de Fuente Álamo, no pretendo descifrar el caso, pues ya está todo
descifrado, pero sí dar a conocer el gesto solidario de un fuentealameño, que
le costó la vida.
Todos aquellos que conocimos a
Antonio, sabemos lo extrovertido y bromista que era. Siempre estaba sonriendo y
preparado para gastar bromas, algunas tan disparatadas que incluso llegaron a
ocasionar alguna desgracia, como fue la gastada a Luisito, que, con
ánimo de asustarle, le echó encima el Renault 4L, causándole lesiones, y por la
que también pagó.
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| Foto donada por José Luis Arenas |
Era
bastante emprendedor, y Fuente Álamo en aquellos años 60, solo te daba la
opción de montar una tienda o un bar, emigrar o trabajar en el campo. Él optó
por montar en la Piquera un bar-tienda y un salón de baile, “Salón Porruo”,
donde con la ayuda de su esposa Rafaela, que era quien realmente la regentaba,
se organizaron bastantes verbenas en los años 60, hasta que a mediados los 70,
cerró el negocio y se marchó a Alcalá la Real, donde continuó con la actividad.
Pero su verdadera profesión era la de taxista, no solo de trayectos cortos,
sino también largos. En el 4L y después con su DKV llevaba 8 ó 9 trabajadores
emigrantes fuentealameños al Norte o a cualquier parte de España.
Ya
hemos comentado en varios artículos, las fiestas que se formaban en su salón.
Recuerdo perfectamente aquella taberna, con forma rectangular alargada, el
mostrador situado a la izquierda de la entrada, el salón entero ocupado por
mesas, en las que se jugaba al dominó y al juego de cartas; a la derecha de la
entrada y al fondo cuando llegaron los televisores, instaló uno en blanco y
negro. También, en aquella parte, cuando había música en directo, se instalaba
el conjunto musical en un pequeño escenario a ras de suelo. Pero todo esto es
irrelevante al tema que nos ocupa hoy, su desgraciada pérdida. Como dije, en aquel
verano del 85 fue el tema de conversación, junto con otra pérdida también
sonada, pues nuestro “Correo” de toda la vida, Matías Bailón, también nos dejó
a temprana edad, éste por causas naturales.
Intentaré contar el suceso de una
forma sencilla, sin entrar en detalles, pues como he dicho, la trágica historia
está muy bien detallada y recogida en el libro “Crónicas del Crimen” de Luis
Miguel Sánchez Tostado.
Para
comenzar, y como de todos es sabido, el autor principal de los hechos también era
conocido entre nosotros, y además paisano, pues había nacido y se había criado
en el Cortijo de Amelio en la Setilla. Un joven introvertido, un poco raro, con aquella voz
grave que daba incluso mala espina, y al que pronto perdimos la pista, pues
marchaba a “trabajar” los veranos a Palma de Mallorca, volviendo los inviernos.
Recuerdo la última vez que le vi, en una fiesta de fin de año en el Salón del
Trompero, cruzando tan solo escasas palabras. J. A. V. T. no
solo tuvo el castigo de la justicia, sino también el repudio de su propia
familia, puesto que ya ha fallecido, descanse en paz, al igual que sus padres, una familia honrada y trabajadora, a quien tanto daño le
hizo.
El destino quiso que dos fuentealameños se
encontrasen en aquella calurosa noche de julio, y que ese mismo hecho de ser
conocidos entre ellos fuera la causa principal de la muerte de uno de
ellos.
Antonio regresaba de Madrid tras haber llevado a una familia de Torredonjimeno, y a unos 300 metros de la Venta de San Juan, a pocos kilómetros de Las Ventas del Carrizal, en concreto la Fuente Pozuelo, vio como un camión que estaba embarrancado con las ruedas trasera hundidas en el terraplén y las delanteras al aire, se encontraba con las luces encendidas y el motor en marcha. Antonio, de momento conoció el camión de una empresa familiar de Alcalá la Real, por lo que decidió en un acto de solidaridad pararse para ver lo que le había ocurrido, llevándose la desagradable sorpresa de que los conductores, no eran quienes imaginaba, pues se encontraba allí el también conocido por él, hijo de sus amigos de la Setilla, a los que tantas veces había llevado en su taxi desde dicho Cortijo hasta Alcalá la Real. Seguramente, teniendo conocimiento de los antecedentes que ya se rumoreaban sobre J. A. y sus peripecias por Palma de Mallorca, no fue lo suficientemente precavido, pues como todos sabemos, Antonio era “un echaopalante”, lo cual pudo ser otra de sus cualidades que lo traicionara. Pues la primera actitud que tomó el homicida al reconocer a su paisano, mientras se ocultaba en la cabina de camión, fue el decirle a su acompañante: “Dile que siga”, pero Antonio no entendió muy bien por qué no querían ayuda, así que dio marcha atrás al taxi y se bajó, reaccionando rápidamente J. A. al sentirse descubierto. Se bajó del camión y apuntándole con una escopeta recortada, le dijo que levantara las manos, pero Antonio seguía sin entender nada y pidió explicaciones, a lo que J.A. le decía que caminara y callase, y que tirase por ahí, y acto seguido le disparó por la espalda a unos 3 metros de distancia, impactándole la plomada en el hombro derecho, cayendo al suelo dando grandes alaridos. Antonio intentó protegerse en el tronco de un olivo, pero el asesino se aproximó de nuevo y le disparó en la cabeza a pocos centímetros de distancia, pues ya no estaba dispuesto a que le delatase. Antonio murió agazapado sobre el tronco de un olivo con la cabeza destrozada y haciendo con el dedo índice y pulgar la señal de la cruz, acto que se ha interpretado de diferentes maneras.
Antonio regresaba de Madrid tras haber llevado a una familia de Torredonjimeno, y a unos 300 metros de la Venta de San Juan, a pocos kilómetros de Las Ventas del Carrizal, en concreto la Fuente Pozuelo, vio como un camión que estaba embarrancado con las ruedas trasera hundidas en el terraplén y las delanteras al aire, se encontraba con las luces encendidas y el motor en marcha. Antonio, de momento conoció el camión de una empresa familiar de Alcalá la Real, por lo que decidió en un acto de solidaridad pararse para ver lo que le había ocurrido, llevándose la desagradable sorpresa de que los conductores, no eran quienes imaginaba, pues se encontraba allí el también conocido por él, hijo de sus amigos de la Setilla, a los que tantas veces había llevado en su taxi desde dicho Cortijo hasta Alcalá la Real. Seguramente, teniendo conocimiento de los antecedentes que ya se rumoreaban sobre J. A. y sus peripecias por Palma de Mallorca, no fue lo suficientemente precavido, pues como todos sabemos, Antonio era “un echaopalante”, lo cual pudo ser otra de sus cualidades que lo traicionara. Pues la primera actitud que tomó el homicida al reconocer a su paisano, mientras se ocultaba en la cabina de camión, fue el decirle a su acompañante: “Dile que siga”, pero Antonio no entendió muy bien por qué no querían ayuda, así que dio marcha atrás al taxi y se bajó, reaccionando rápidamente J. A. al sentirse descubierto. Se bajó del camión y apuntándole con una escopeta recortada, le dijo que levantara las manos, pero Antonio seguía sin entender nada y pidió explicaciones, a lo que J.A. le decía que caminara y callase, y que tirase por ahí, y acto seguido le disparó por la espalda a unos 3 metros de distancia, impactándole la plomada en el hombro derecho, cayendo al suelo dando grandes alaridos. Antonio intentó protegerse en el tronco de un olivo, pero el asesino se aproximó de nuevo y le disparó en la cabeza a pocos centímetros de distancia, pues ya no estaba dispuesto a que le delatase. Antonio murió agazapado sobre el tronco de un olivo con la cabeza destrozada y haciendo con el dedo índice y pulgar la señal de la cruz, acto que se ha interpretado de diferentes maneras.
Los dos jóvenes continuaron su marcha hasta
Martos, pero cambiando de vehículo, ahora sería el propio Citroën CX del
difunto, que fue abandonado bajo un olivo a la entrada de Martos, con
importantes daños en la carrocería y con las huellas borradas del volante. En
la zona cercana se halló enterrada la escopeta con culatín y cañones recortados
calibre 12, una cinta de cassette, un paquete de tabaco, una pistola de fogueo
calibre 8, un talonario de recibos del taxi y una toalla. El asesino durmió
plácidamente en la casa de los abuelos de su compañero de viaje, donde lavaron los
pantalones ensangrentados y al día siguiente volvieron en autobús a Alcalá la
Real.
El
autor de los hechos fue desenmascarado en 4 días tras una buena actuación de la
Guardia Civil de Alcalá la Real y la Brigada de Investigación Criminal de la
Comandancia de Jaén, quienes en el volante del camión pudieron detectar una
huella latente, que fue comparada con las de los delincuentes habituales de
Alcalá la Real, al principio sin mucho éxito. Finalmente, un policía local de
Alcalá puso a la Guardia Civil tras la pista al informar que aquella noche un
joven de 18 años rompió una farola a la entrada de la discoteca “Belle Epoque”,
por lo que aportaron los datos del joven, coincidiendo las huellas con una
coincidencia exacta de hasta 35 puntos característicos, por lo que no dejaba
lugar a dudas. J. A.V.T. fue detenido cuando ya iniciaba su huida y en los
interrogatorios después de contradicciones y evasivas, reconoció los hechos, si
bien su compañero de viaje y encubridor, ya los había grabado detalladamente en
una cinta de cassette, diciendo que se había dejado llevar por J. A.,
pidiendo perdón a sus padres. Pero ya era tarde, y había encubierto el delito
en el que tuvo escasa participación, llegando incluso en un momento a temer por
su vida, pues escondió fuera del alcance de J. A. un tercer cartucho que
quedó sin percutir.
Sin entrar en demasiados detalles de la noche
de autos, y para que no nos perdamos, los dos jóvenes se encontraron en la
Discoteca “La Belle Epoque”. J. A. le propuso dar aquella noche varios
golpes, uno de ellos sería simular haber tenido un accidente, de modo que su
compañero se tumbase en la calzada, para que él encañonara y atracara a los que
parasen para socorrerle. Para ello, previamente cogieron una escopeta que tenía
guardada J. A. en un Seat 850 abandonado y que había sustraído días
antes de una furgoneta de un cazador de Alcalá la Real. Pero al pasar por la
puerta de Talleres Hermanos Navarro, encontraron allí un camión estacionado
para ser reparado de tubo escape y de radiador y con las llaves en la guantera,
por lo que cambiaron el plan y sin tener claro a dónde ir, decidieron ir a casa
de los abuelos del compañero de la noche, que vivían en Martos. A unos 3 kms. hicieron
su primera parada para llevarse unas cervezas del chalet “La Vistilla”, hasta
que llegaron al lugar de los hechos donde pararon para beber agua, pero con la
mala suerte para todos de que el camión embarrancó.


J.A.V.T. fue condenado a 26 años, 8 meses y 1 día de reclusión por un delito
asesinato; a 2 años, 4 meses y 1 día por otro delito de tenencia ilícita de
armas; a 6 meses de arresto mayor por utilización ilegítima de vehículos a
motor; 2 años de privación de la facultad de obtener el permiso de conducir y a
30.000 pesetas de multa por imprudencia temeraria. Una vez en prisión se dedicó
al tráfico con heroína y fue sorprendido con numerosas dosis y condenado a 2
años, 4 meses y 1 día. En total fueron más 32 años de cárcel de lo que cumplió
menos de 12 años, pues en abril de 1997 fue puesto en libertad. Su compañero de
aquella noche fue condenado a 6 años y 1 día por encubrimiento, a los 5 años se
le concedió la condena condicional. Los dos murieron al poco tiempo de salir de
prisión, J. A. fue hallado muerto en una bañera de su casa y su encubridor
se suicidó ahorcándose en un olivo.
Las copias de fotografías has sido tomadas del libro “Crónicas del Crimen” de Luis Miguel
Sánchez Tostado, que fueron obtenidas del Sumario que se siguió en la Audiencia
Provincial de Jaén y del Cementerio Municipal de Alcalá la Real.
sábado, 1 de agosto de 2015
NOMBRAJOS O APODOS DEL PASADO, DEL PRESENTE Y PARA EL FUTURO EN FUENTE ALAMO.- I PARTE
Antes de
nada, decir que “Los Pernacos” son oriundos de Las Grajeras y nunca lo fueron
de Fuente Álamo. Pues, pese a que nuestros vecinos grajereños, con mucha
habilidad han querido atribuirnos dicho gentilicio, ellos bien saben que
Percano existió y vivió en Las Grajeras.
En Fuente
Álamo como en otros muchos pueblos rurales, los apodos, motes, alías,
nombrajos, seudónimo o sobrenombres se utilizaron y utilizan con mucha
frecuencia. Nuestro querido Antonio Anguita Montañés, siempre prefirió el de
alias y que su nombre de pila y apellidos fuesen seguidos de alias:
“Braguetas”. El alias se utilizó mucho en los expedientes iniciados después de
la Guerra Civil donde aparece el nombre seguido de su alias: “Pistolas”,
“Tabolo”, “Pescuezo”, “Alameas”, “Pipo”, ect…
La mayoría de las veces los apodos son
utilizados para distinguir a las personas, y las menos con carácter ofensivo o
despectivo. Normalmente suelen ser sobrenombres heredados, pero su origen
primitivo viene dado por muchos y variados factores que vamos a intentar
descifrar o analizar.
Antes de nada con este trabajo no quiero que
nadie se sienta ofendido o menospreciado en su persona, ni en la de su familia
y si alguien se sintiera como tal, con el simple hecho de comunicármelo
inmediatamente, se rectificaría la publicación. Quiero insistir que todas las
personas que se reflejan en esta publicación tienen para mí el máximo respeto y
el hecho que se le llame por el apodo a alguien, es para mí un trato de cariño
y no de ofensa. Quien me conoce sabe que no me gusta utilizar este recurso y
cuando lo he hecho ha sido con la sana intención de distinguir. Los apodos son
nuestras sombras, forman parte de nuestra historia y nuestra identidad,
perdurando incluso después de nuestra muerte, pues también se heredan. Llevan
intrínseco las características o cualidades generales de una estirpe, así como
los prejuicios y los estereotipos de ella, como sí todos los que se apodan
“Torres” o “Borrachos” fueran iguales, para lo bueno y para lo malo.
Como no
sería de otra manera comenzaré por los propios, así por herencia familiar
materna me viene el de “Borracho”. Matías Pérez Lizana, mi abuelo, fue “bautizado”
con este apodo, sin embargo según cuentan solamente se embriagó una vez pero
seguramente de aquella manera y fue la noche anterior de marchare a la mili,
bebió tanto que no quería o no podía ni “incorporarse al llamamiento”, lo que
fue tema de comidilla en la Aldea, y se lo puso fácil al bautizador. Por línea
paterna heredé “Torres”, que desconozco el origen, pero que seguramente por su estatura
no le vendría; mi bisabuelo Manuel Pérez Pérez “Torres”, ya lo llevaba, sin
embargo como se puede ver, tampoco tiene que ver con su apellido doble, que se
ha repetido en varias generaciones. Mi primo Antonio, me dice: “Eres un Torres
legítimo”, pero yo no sé si eso es bueno o malo, pues el apodo como hemos dicho
nos encasilla y nos hace que los demás nos vean como una representación del
mismo. Ahora todo el mundo comprenderá mi interés por la Torre de Fuente Álamo
y los lazos que me unen a ella. Por lo que si te interesa esta publicación y
deseas seguir leyéndola, firma la petición.
Continuamos con mi bisabuela paterna, la madre
de mi abuela Dolores, llamada María Sánchez Cano, apodada “Pocarrisa”, creo que
se puede entender fácilmente el origen del apodo. Por parte de mi padre
Marcelino, apodado “Manino” nos viene lo de “Maninillos”, apodo que mi padre
nunca supo su origen, pero seguramente fue una derivación familiar de
Marcelino. En mi casa, entre mis hermanos, de pequeños y con el fin de hacernos
rabiar nos moteábamos: “Papueca” “Pasta” “Pepino”, y yo me quedé con:
“Capitines”, “Quevedo”, “Profe”, “Peque”, “Trapecio”, “Rollito Mingri”,
“Pericanas” y alguno otro que no me habré enterado. “Capitines”, por mi abuela
Lola, “Quevedo”, por mis hermanos, “Profe”, por mis alumnos de la escuela de
verano, “Peque”, por los panaderos, “Trapecio” por el “Cali”, “Rollito Mingri”,
por el “Whisky”, y “Pericanas”, de pequeñillo, por derivación de Pérez, y de
parte de mis tíos.
Entre la
familia de mi abuelo Matías, sus dos hermanos fueron apodados, José Pérez
Lizana como “Tabolo”, alias que se reflejó en la causa seguida contra él
después de la Guerra Civil, desconozco su origen, pero seguramente viene de la
fusión entre el verbo “estar” y el sustantivo “bolo”. Mateo Pérez Lizana
“Cigarrica”, siempre se buscaba que el mote fuera en consonancia con la persona
en sí, Mateo, a diferencia de sus hermanos que eran hormiguitas, siempre
representó el papel de cigarra, sin preocuparse muchas veces del invierno, pero
ello no quiere decir que fuera mejor, ni peor, fue incluso más generoso y vivió
la vida de otra manera. A los hijos de estos le llegaron otros apodos, unos
heredados y otros adquiridos: “Tamarón”, “Cantares”, “Mangui”, “Cabezas”
“Canalla” “Grillo”, que curiosamente este último no le viene del insecto, sino
de su primer aparato audífono, que le pitaba como un grillo.
Hechas
estas consideraciones, comenzaremos diciendo que por lo general las mujeres no
suelen ser apodadas, sino que solían heredar los del marido, pero en femenino:
“Manina”, “Borracha”, “Caeja”, “Pacheca” “Baguetosa”, “Tamarona”, “Maturrona”, “Galla”,
“Carpintera”, “Mista”, ect… otras sí tenían los propios como “Perejila”,
“Berejena” “Pincha” “Bocaabierta”, “Chata”, “Paquera”, “Romera”, “Olivia”,
“Bollolla”, “Tijereta”, “Malita”, “Ramalilla”, “Churrimpla” ect…
Los hijos
suelen heredar el del padre pero en diminutivo, así de “Caniles” le viene a
José Pareja el de “Canilillos” Algunos no solo heredaron el apodo, sino que
adquirieron uno propio y se juntaron con dos, así Antonio Aguilera Valverde
“Chopo” ya poseía por herencia “Gazpachillo”. Es curioso que otros fueron
heredados sin tener nada que ver las familias, simplemente por similitud o
parecido es el caso de Ángel Moreno “Perote” y Carlos Anguita, “Chochetas”
quien heredó de aquel el apodo de “Kubala”.
Algunos
fuimos rebautizados varias veces, acumulando varios apodos: “Aniti” y
“Boliche”, “Cagachín” y
“Cabecinegro”, “Periquín y Follones” o “Nenillo” y “Quince”, que le viene a
Antonio Expósito, por su generosidad: “¡Cómo te voy a dar un cigarro, si me
quedan menos de quince!” Otros acumularon hasta tres o cuatro: “Granaino”,
“Coscuo” y “Agüelica” o “Titaníos”,
“Gordito” y Chato, o “Seco”, “Cañuelos” y “Raboardiendo” o “Bombi”,
“Apargatilla”, “Botija” y “Coneja” tal y como es conocido por sus amigos,
nuestro buen vecino Vicente Padilla. De José Antonio Serrano casi nadie sabe
que antes de ser “Chivani” fue “Sony Pruit”, que le vino por su afición a
aquella serie de camioneros. Por cierto, lo de “Chivani”, le viene como anillo
al dedo, un tío echao pa lante, como el torero, dicho sea de paso a quien tanto
aprecio tengo.
En alguna
ocasión se utilizaron los motes para hacer dichos populares y que ha quedado
para la historia “Jamás hubieron en Fuente Álamo otros niños tan traviesos como
Capullo el de Sancha, Charraga y Macarrón”, que pudo ser debido a la veracidad
del hecho o a la resonancia acústicas de
la elle y la erre y al juego de palabras.
En otras
ocasiones se repetía la patente como el caso de “Mandurria” y para
distinguirlos había que añadirle si era el nuestro o el otro, refiriéndose a
Juan Vera Ramírez, “Calandría” que era de Fuente Álamo, como el nuestro y a
Manuel Callejas “Guitarrón”, que vino de las Pilas de Fuente Soto, como el
otro. O la de “Verraquete” con la del “Verraquete de la Dehesa” que nada tienen
que ver.
Otros
fueron muy hábiles y aprovecharon un descuido para atribuir a otro
fuentealameño que le acompañaba, un apodo que estaba destinado para él, así
Juan Aguilera Cano “Cascorro” atribuyó el de “Ciriaco” a su amigo Crescencio,
diciendo a los cuatro viento: ¡Mira, mira, lo que le han dicho: Ciriaco!
Siempre ha habido algunos aficionados a bautizar, y siempre que pueden llaman por
el mote, los hay otros que no quiere que se les llame por el nombrajo, pero la
gente es tan injusta, que basta que se te dé algo, para insistir sobre ello. Ha
habido muy buenos “curas” en Fuente Álamo, ahora se me viene a la memoria el
bueno de Pedro Pareja, “Periquín” quien siempre tenía uno adecuado para cada
uno.
A veces
los nombrajos van degenerando y de un cariñoso “Agüeito”, como Juan Aguilera
llamaba a su abuelo Vicente, ha quedado en “Agüelajo”, o de Vicente a
“Vizorras”, Matas a “Maturrones”, Támara a “Tamarón”, de Pepín a “Pepines”,
Manolín a “Tirolín”, Feliciano a “Siano”, Manuel a “Manes”, Porras a “Porruo”,
Vicentillo a “Tillo”, Ceferino a “Perino”, Pedro a “Pedraco”, Pedro a “Perete”,
Pedro a “Periquín”, Pedro a “Perote”, Pedro a “Petri”, Gutiérrez a “Pierres”,
Aurelio a “Macario”, Julio a “Braulio”, Valverde a “Chiverde”, Juan
Rafael a “Juanrifle”, Manolín a “Lin” o “Lindo”, Terreras a “Terreriras”,
Custodio a “Costorillo”, Cano a “Caniche”, de Pancho Villa a “Panchova”, o
Padilla a “Pailla”, que curiosamente no viene por ser su apellido, sin embargo
el de “Candio” si bien de Cándido que era el padre de Matías. Pero el de
“Cali”, que tampoco le viene del cáliz de la misa, sino de una deformación de
cabestro, cuando siendo un niño Antonio Jiménez, le pedía a Manolillo
“Huertas”, el “calistro” en vez de cabestro del mulo. “Titaníos” viene de una
deformación de quita nidos, cuando Daniel Fuentes, “Gordito”, que también lo
era de pequeño, acusaba a un amigo suyo de que le había quitado un nido de
pájaro. El de “Chempo”, se le atribuyó a José Pérez, al invertir el orden de
las sílabas, cuando tenía la Tabernilla, si no querías ponche, te daba
“Chempo”. “Todito” viene de una necesaria reforma de la cooperativa de todo,
todito. Algunos hasta de doble degeneración, como Burrali, que debería de venir
de burra, pero viene de ciclomotor lento. Aniti, de llamar de pequeño a su
hermana Ana. Macarrón, no viene de la pasta, sino de travieso o macarra.
Si digo
Juan Ibáñez Sánchez, seguro que casi nadie le conocería, pero si digo…
CONTINUARÁ….
En la segunda parte creo que no quedará títere con cabeza, y la primera en caer,
seguramente, será la mía, pero aprenderemos a llevar de una forma más divertida
la convivencia. Por cierto ¿quién será el que canta? En la próxima entrega descifraremos
su origen.
Posdata: Por
fin he dado a conocer a todo el mundo de donde viene mi interés por La Torre de
Fuente Álamo.
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