sábado, 5 de enero de 2013

RECOGIDA DE ACEITUNAS EN LOS AÑOS 70 EN FUENTE ÁLAMO


 


                       Sería un día cualquiera de un fin de semana de finales del mes de diciembre o primeros de enero del inicio de los años 70…. Por la noche, la madre preparaba la merienda del día siguiente, con la hortera llena de remojón, el pandehigos, el chorizo, salchichón, pan, aceite, bacalao y las naranjas, el agua, ah! y la bota de vino o “agua de la borrachera”, todo esto metido en la talega o en la capacha; mientras tanto, el padre preparaba todos los materiales necesarios para la recolección: varas, faldos, sacos, criba, espuertas…
               Por la mañana temprano se cinchaba la mula con el aparejo y se cargaban la criba y los faldos. La familia se trasladaba a pie al tajo, incluida la cabra y el perro, ah!, y a media tarde solía aparecer la abuela Antonia. Una vez en el corte, cada miembro de la familia se desplazaba a su lugar de trabajo, el padre y los hijos a tender los faldos a los olivos, la madre y las hijas a recoger una a una las aceitunas que habían caído maduras al suelo, en las soleras. El más joven se subía al olivo y la más joven recogía los salteos y el nene, era la mascota o el comodín, pues tenía que ir a por los sacos, a por el agua, a por el vino, a por la capacha de la merienda, ect… y además tenía que vigilar la cabra, la mula, y que el perro no se comiese la merienda.
               Una vez vareado el olivo se recogían los faldos, y la aceituna se echaba en los sacos, que eran trasladados, a hombros por el padre, hasta el lugar dónde estratégicamente se había colocado la criba, que a media tarde se ponía en funcionamiento, mediante dos hijos menores, uno en la parte superior echaba con una espuerta las aceitunas y con sus ramones y otro, de rodillas, en la parte inferior, quitaba del esportón los ramones, piedrecillas y hojarascas que escapaban de la criba. Una vez limpias las aceitunas se volvían a meter en los sacos que eran atados y cargados de tres en tres en la mula para su transporte al molino. Se podían recoger en aquellos años 200 ó 300 kilos.

               POR ACEITUNEROS PROFESIONALES



 La jornada duraba siete horas, sin contar la media hora para la merienda, se iniciaba con el traslado de los aceituneros a pie hasta el tajo, a las diez en punto, el manigero daba la orden del comienzo de la actividad, cada cuadrillas se situaban en su hilera respectiva, se procedía al tendido de los faldos y el cerramiento de la tronconera, el más ágil, como Manuel Castillo “Manes” o  en la mayoría de los casos el más joven, trepaba el olivo y con el varillo en mano comenzaba a dar palos, mientras que abajo, dos aceituneros con vara larga por el exterior del olivo daban golpes, y un tercero con vara más pequeña por el interior limpiaba y tiraba las aceitunas del interior, una vez avareado el olivo, se cogían un aceitunero a cada extremo de los faldos y los recogían, rejuntándose las aceitunas en un extremo, el más veterano se quedaba apurando, el olivo se tenía que quedar totalmente limpio, en caso contrario, el dueño podía volverte atrás para que tirases las que quedaban. Se ramonaba y cogidos dos o tres aceituneros a cada lado del faldo se levantaba en peso y se introducía la aceituna en sacos, que les abría un tercero, y marchando para otro olivo.

               Las mujeres, mientras tanto, en cuadrillas de 6 ó 7 y algún menor en los salteos, y una a una, recogían las aceitunas que caían al suelo, introduciéndolas en una espuertilla de esparto, que una vez llena, era vaciada por el menor, en un saco. Una mujer podía recoger en un jornal un saco de 50 ó 60 kilos.  En esos años fue llegando nuevos sistemas de recogida como era el barrido con escobón de varetas, o rejuntando montones con las manos.

               Las aceitunas ya envasadas en sacos eran trasportadas, primero en mulos y a mediados de los 70 mediante tractor hasta el cargadero, donde estaba situada la criba y de ésta pasaban al camión para su transponte al molino.
               La puntualidad era uno de los principios, Eusebio Vera, no pudo pegar un día al impedirlo el señorito Paquito Sierra, a decirle “Vera, hoy no pegas”, respondiendo Eusebio, “Adiós, señores” procediendo a marcharse.
               Algunos días las mujeres se quedaban “cociendo la olla” y ello era porque la recogida del suelo estaba avanzada o porque el viento no había cumplido aún su misión y la tarea de la mujer no estaba todavía en el tendido de faldos, sino exclusivamente en la recolección, y en donde existían diferencias en los salarios del hombre de la mujer e incluso del menor hasta que finales de los años 70 se le prohibió trabajar sino tenía los 16 años. De esta forma que el salario a principios de los años setenta rondaba las 300 pesetas y se fue incrementado y en concreto en el año 1976 el hombre podía ganar entorno a las 600 pesetas, la mujer 550 pesetas y el menor 500 pesetas, que fue mi primer sueldo.
               Existen trucos o artimañas  como “Hacer la gata”, que consistía en que una cuadrilla retrasaba a propósito la faena, para evitar doblar al final de la hilera a otra cuadrilla, porque al saltar a nueva hilera, en ésta había algún olivo de mala casta, como carrasqueño, picudo u hojiblanco, que estaban más duros de varear.
               La media hora de la merienda no solo servía para comer, sino para realizar toda una serie de bromas o luchas entre jóvenes. Emilio Malagón tardaba 10 minutos en merendar.
               Existían tres palabras mágicas que pronunciaba el manijero y que eran dichas en voz alta para que se enteraran todas las cuadrillas: “Vamos a pegar” pronunciada a las diez en punto; “Vamos a la merienda”, a la una y media; y “Vamos nos” o mejor dicho “Vamonooos” a las cinco y media en punto.

               La jornada de trabajo se completaba con la “rebusca”, de tal forma que terminadas las siete horas de trabajo, quedaba una hora más, hasta que ya anochecía, para recoger las aceitunas que quedaban después de la recolección y que se iban a quedar en el campo, de tal forma que estaba regulado que una vez terminada una finca se podía repasar y las aceitunas que se recogieran eran para cada persona, así se podían recoger una esportilla de 6 u 8 kilos por persona, y eran las mujeres y los jóvenes, pues parece ser que para el hombre este trabajo no estaba bien visto. La rebusca se generalizaba una vez terminados toda la campaña en todos los “estajos”, y con el fin de evitar robos, era obligatorio el pago a la Hermandad de Labradores de una cuota semestral para el Servicio de Policía Rural o lo que se llamaba Guardas Rurales, como Mateo y otros que fueron desapareciendo en esos años.

            El arremate una vez terminada la temporada el señorico invitaba a los trabajadores a una comida y bebidas, que podía consistir en un arroz con carne, o invitación a buñuelos o churros con chocolate. El domingo día 29 de marzo de 2.009 se celebró una conmemoración de la “Fiesta del Arremate” en el centro social de Fuente Álamo, el programa de actividades incluyó una muestra de vareo de olivos y recogida de aceituna; una cata de aceite con rebanadas de pan fuentealameño; una visita guiada a la Cooperativa Nuestra Señora del Rosario y la degustación de un almuerzo con el “remojón” tradicional. La cita estaba enmarcada dentro del programa “Municipalia” de la concejalía de Cultura, que pretendía recuperar las viejas tradiciones de las aldeas y que comprendía de cuatro fiestas anuales, denominadas “de las Eras”, en verano; “de la Vendimia”, en otoño; “de la Matanza”, en invierno y la “del Arremate”, en primavera. Colaboraban todas las aldeas y cada año sería una de ellas la encargada de su celebración.


 

3 comentarios:

  1. Yo me acuerdo,cuando empezamos a llevar guantes,que las mujeres mayores nos decian "gato con guantes no caza"pero al año siguiente todas tenian guantes Jajajaja, QUE TIEMPOS!!!!

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  2. Yo también me acuerdo que cuando se nos quedaban las manos heladas echábamos piedras en la lumbre y después nos calentábamos con ellas al cogerlas. Y "la Paquera" nos la metía debajo de sus axilas para calentarnoslas.

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  3. Pues si antes se trabajaba menos y se divertía uno muchísimo más que ahora que tiempos aquellos

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