lunes, 12 de septiembre de 2016

ACTO DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO “BAÑOS DE ARDALES DE FUENTE ÁLAMO”


Como sabéis el pasado día 3 de septiembre se presentó en la Escuela de Fuente Álamo, mi libro “Baños de Ardales de Fuente Álamo”, en un acto muy emotivo para mí, donde estuve acompañado de tantos amigos y familiares, además de una buena actuación musical a cargo de Ana María Pérez, Pedro Domínguez y Domingo A. Pérez, donde al final pudimos degustar un ponche casero preparado por mi hermana Loli Pérez, en colaboración con la Asociación de Vecinos “La Torre de Fuente Álamo” y la visita a una pequeña exposición referente a la época de funcionamiento de los referidos baños, finalizando el acto con la firma y dedicatorias a los amigos. Aquí dejo el discurso pronunciado, porque creo que todo esto también forma parte de la historia de Fuente Álamo.
“Buenas tardes a todos los asistentes, todos amigos, todos familia, casi todos fuentealameños, de Alcalá o de aldeas vecinas. Muchas gracias por haber venido, sobre todo aquellos que venís de fuera y que habéis hecho ese pequeño esfuerzo por estar hoy aquí. Tengo que agradecer también a la Fundación SAFA el haber cedido el local, a la Asociación de Vecinos “La Torre de Fuente Álamo” por su colaboración y a la Cooperativa Ntra. Sra. del Rosario por haber cedido las sillas. Me hubiese gustado que también estuvieran aquí algunos de nuestros representantes políticos que, si bien no les he invitado personalmente, tampoco lo he hecho con muchos de los que estáis aquí, y sin embargo estáis; porque hoy con las nuevas tecnologías quien quiere estar está. De hecho le he mandado un whatsapp a Monolín a título general por si quería estar aquí, no sé si lo habrá recibido. Bueno,  Antonio, si está ahí, pero este hubiese estado de todas formas. También agradecer a los que no han podido estar hoy aquí y les hubiese gustado, especialmente mi hermana Mercedes, mi amiga Mari Carmen, mi prima Belén, mi vecina Loli y otros muchos que… no voy a seguir nombrando porque sé que son muchos y que se me olvidará alguno. Como no, agradecer a mi tío Pepe, que está ahí, a mi madre que tanto apoyo me da…
 No sé si la ocasión merece tanto ni si las expectativas que cada uno tenga se verán cumplidas, lo que sí sé es que cuando se hace algo con gusto y con las ganas de difundir una parte de la historia y de la cultura de Fuente Álamo, con dos reglones que se escriba, merece la  pena y da mucha satisfacción. De verdad.
En primer lugar tengo que decir que lo que presento hoy, más que un libro en  sí, es una recopilación de datos recogidos de los Manuales de Hidrografía, un estudio de los pocos manuscritos de los médicos de baños que prestaron sus servicios en el balneario de Fuente Álamo y un poco de crítica o cosecha propia.
Hoy estamos aquí bajo el pretexto de mi libro o como le queramos llamar, pero lo que yo realmente quise, cuando tuve la idea de presentarlo públicamente, era poner en práctica una idea que tenía desde hace tiempo: el estar rodeado de tantos amigos y familiares y compartir con vosotros este momento y difundir un poco de nuestra cultura, que se escuchase por ahí que Fuente Álamo existe. De hecho, en Almería y en otros lugares, mucha gente se está enterado dónde estamos gracias a todo esto.
Como veréis, hoy vamos a presenta el primer libro que se ha escrito sobre un tema relacionado con la aldea de Fuente Álamo. La idea me surgió por la curiosidad de saber qué se había escrito o qué se sabía de los Baños de Ardales  y, después de dos años de recopilación de datos, aquí los presento, para que esa curiosidad sea  resuelta para vosotros, como digo en el prólogo del libro. Recuerdo que de pequeñillo me decían mis padres o la gente del pueblo que el agua de Ardales era buena para la pupas.  Lo que si he pretendido es llevaros a casi dos siglos atrás para que cada uno se pueda imaginar cómo funcionó aquel balneario, dicho sea de paso, algo mediocre y no de mucho lujo, porque solían acudir gente del campo para curarse, no por ello menos digna.
El libro está compuesto por un Prólogo en el que cuento mi primer contacto con los Baños, donde ya quedé impresionado; seguido de una pequeña introducción en la que se recogen los principales balnearios de la Provincia de Jaén; un estudio de la evolución de los Baños, desde su auge a su declive;  después una recopilación de lo que los Manuales de Hidrografía y demás textos dicen de ellos; seguido de la transcripción de los manuscritos elaborados por algunos de los médicos que pasaron por los Baños; y terminando con algunas biografías de los Médicos o nombres de  propietarios  que estuvieron en Fuente Álamo. Al final se recoge un pequeño resumen de la geografía e historia de la Aldea. Aquí quise hacer una pequeña trampa que se ha convertido en una errata referente al número de habitantes del pueblo y que quiero que se descubra, para ver quién se ha leído el libro al completo. Es una broma y se trata de una errata pura y dura.
El libro contiene 10 fotos en color y otras cuantas en blanco y negro, unas 120 páginas, con su portada y contraportada, pero lo más importante es lo que pone en el lomo y ya diré porqué.
 En su interior hay una fotografía en la que se me puede ver con una maqueta construida en base a unos planos de superficie elaborados en 1868. De esta forma, es posible observar cómo pudo ser el edificio en alzado, aunque muchos de los que estáis aquí lo recordaréis. Eso también tiene su trabajo.
No voy a desvelar, como es evidente, todo el contenido del libro para que el que tenga curiosidad lo lea o al menos lo hojee u ojee, pues ya sé que hay mucha gente mayor, que por desgracia no podrán hacerlo, y otros que no entenderán muchas de esas palabras técnicas.  Yo tampoco entendía muchas, pues no soy ni médico, ni químico ni geólogo, pero hoy con las nuevas tecnologías tenemos unas herramientas que fácilmente nos sacan de las dudas, y ya sé lo que son las leucorreas, metrorragias, escrofulismo…
Sé que os estarán surgiendo muchas preguntas y dudas, y la que más es para qué sirven estas aguas o que poderes curativos tienen y si es posible ponerlo de nuevo en funcionamiento, cosa que no trato en el libro. Yo puedo dar mi opinión, que seguramente no es la que esperabais, creo que es necesaria más agua y volver a hacer nuevos análisis para ver si esas aguas han perdido sus propiedades. De todas formas ya sabéis que con los avances en medicina, los medicamentos curan hoy enfermedades que en otras épocas eran curadas a bases de estas aguas medicinales, y que aunque esto no lo cuento en el libro, fue una de las principales causas, me refiero a los medicamentos sobretodo el descubrimiento de la penicilina, la que fue acabando con la curación con aguas medicinales. Las aguas de Ardales tenían fundamentalmente un poder curativo de enfermedades cutáneas y venéreas, como eran los herpes, escrofulismo, y sobretodo enfermedades o anomalías  propias de las mujeres, leucorreas, menorragias, metrorragias, que están  relacionadas con los flujos vaginales o las menstruaciones, de hecho eran las mujeres las más asiduas a los baños, hasta 4/5 partes, según algunas estadísticas. Lo que sí os invito, claro una vez que hayáis leído el libro, a una tertulia o mesa redonda, a celebrar aquí o donde digáis y poner todo los puntos de vista y comentarlos y hacer propuestas. En fechas a concretar…
El libro está puesto a precio prácticamente de coste, y quizás me pille los dedos, pues hasta ahora se han editado 100 ejemplares que ya están solicitados, y para evitar que alguien se pudiese quedar hoy sin libro he hecho otros tantos. Tengo que decir que no he registrado los derechos de autor ni el depósito legal para abaratar costes y hacerlo como una especie de regalo-donación, por lo que se entiende la  contribución del que lo adquiera como una donación.  He querido acompañarlo del marca-páginas de adquisición voluntaria, que supone un donativo, el cual irá a parar a la rehabilitación de la Torre de Fuente Álamo; por lo que el acto en sí  también tiene un carácter solidario que venimos explicando y  explicaremos con detalle en la página de Facebook “Amigos Torre de Fuente Álamo”.
Pero lo mejor de este acto sin duda será la actuación musical de mis hijos, porque Pedro también lo es, a quienes también tengo que agradecer su colaboración en la corrección de textos, y el ponche de mi hermana Loli, al que todos estáis invitados. Después haremos las dedicatorias y entrega de libros y compartiremos unos momentos de charla. Podéis ver también esta pequeña exposición que complementa el acto y que la he preparado con mucho cariño.
Solo me queda agradecer nuevamente a todos aquellos que estéis interesados por la cultura entorno a cualquier tema de esta Aldea, a aquellos que habéis venido no solo por ese interés, sino por mí, que sé que sois algunos y esos se agradece doblemente. Sois vosotros los que me dais la fuerza para seguir.
Tengo que decir, finalmente, que ya estoy elaborando un nuevo trabajo, así como una serie de biografías de fuentealameños, que hoy expongo bocetos de algunas, y aquí viene lo de la importancia del lomo de este libro. Así que a lo mejor  dentro de algún tiempo nos veremos de nuevo; ya estáis invitados. Muchas gracias”.

Fuente Álamo 3 de septiembre de 2016

lunes, 29 de agosto de 2016

JUAN IBÁÑEZ SÁNCHEZ “EL ANDALUZ”



Nació en Fuente Álamo, en una casa adosada a la Iglesia, en el seno de una familia medio acomodada, un 14 de marzo de 1928. Hijo de Lorenzo y de María, es el tercero de los hijos varones y dos hermanas, si bien una niña llamada Puri, murió a corta edad en plena Guerra Civil en Castro del Río. La madre de su padre era Francisca Jiménez Jiménez, quien su marido, según cuenta, la abandonó. Recuerda que su abuela tenía unas  Imágenes de Santos que ella misma vestía. La familia vino a menos, pues sus antepasados dilapidaron el capital (al parecer mediante los juegos de azar) y él desde que era un joven tuvo que trabajar junto con sus hermanos para el sustento de la familia.
Tiene buenos recuerdos de la niñez, antes de que la Guerra Civil dividiera la aldea en dos partes, pero lo que más recuerda de esos trágicos momentos fue cuando pocos meses después del inicio de la Guerra, su madre le impidió presenciar, como uno de los muchos niños que había allí alrededor de aquella algarabía, la quema de la imagen de San Antonio. Recuerda también, cómo en los primeros días del inicio de la Guerra, vio morir un caballo en la Plaza de la Fuente, consecuencia de un tiro que le habían pegado en la puerta de la casa de Juan “Ninas”, al parecer los rojos, desconociéndose el motivo o la causa. Pero su último recuerdo de Fuente Álamo mientras lo abandonaba, al verse  obligada su familia a marcharse, camino del molino de la Torre, dirección al Cortijo del Coto, fue cuando quiso pillar un colorín, y su padre le dijo “anda y tira para adelante” y no le dejó que pudiera pillarlo. Su buena memoria nos hace recordar pequeños detalles de su infancia.
Como hemos dicho, su familia fue una de las muchas que tuvieron que dejar Fuente Álamo a los pocos meses de iniciarse la Guerra Civil, si bien su abuela Francisca se quedó en Fuente Álamo y le contó que en su casa paraban los milicianos. Tuvieron que hacer un largo peregrinaje, que les llevó hasta el Cortijo del Coto, donde les acogió su tío Rafael Sánchez, quien paraba en la Gorriona. Recuerda que para que no le pillasen los rojos, cuando bajaban a comer subían sus primos al pecho para avisarle, y por la noche les llevaban al Cortijo Lopera. Antes de que anocheciera, su tío Rafael y Rafalíco Zalameas se colocaban, cada uno con un retaco, en la puerta de la entrada y decían que por allí no pasaba nadie. Entonces habló su padre con los Carboneros y se fueron con Rafalico Zalameas y sus hijos al cortijo de Lopera y de Pernales de Brácana, y desde allí a Cuesta Blanca. Estando allí, faltó poco para que les pillasen, y pasaron un día o dos en  la Campana debajo de una chaparra. Se fueron con su tío José Sánchez. Ellos, que tenían un mulo, se lo llevaron a Castro del Río, donde pasaron toda la Guerra. Allí no se escuchaba nada, tan sólo dos bombas cayeron cuando al parecer los aviones iban de paso. En Castro conocieron a Don Alfredo, con quien trabajaban. De Fuente Álamo, estaba allí Joaquín y Justa, quien sería la mujer de José el de la Cabrera. Allí se murió una hermana suya, siendo Justa la que le hizo la mortaja.
A primeros de mayo del 1939, volvieron a Fuente Álamo acabada la guerra.  Recuerda que en la casa de Matías Candio, se rejuntaron todos los objetos y enseres de los fascistas que los rojos se habían apropiado, como camas, colchones, sillas… y recuerda que había una bicicleta, la cual Joseillo Carrillo “Terreras” le ofreció, pero que su padre no dejó que la cogiese porque no era suya, teniendo que devolverla finalmente.
 Cuando se acabó la Guerra, traían los mulos cargados de trigo a la panadería de Fuente Álamo y repartían el pan sólo a los fascistas, quedando el resto para los rojos. Reconoce que ellos tuvieron suerte, pero que era una cosa mal hecha.
Cuando se hizo un mozuelo estuvo 6 años conduciendo un carro y arando con su tío Cayetano Frías, con quien vivía en el Cortijo de Montenegro. Tres años antes de irse a la mili y tres años después de volver. Pero como sólo le pagaba 10 pesetas, se tuvo que ir al Cortijo del Coscojar donde le pagaban 16,93 pesetas.
Se fue a la mili con 21 años, y  estuvo 22 meses en Lérida.  Su  quinta es la del 49, de la que forman parte otros fuentealameños como Luis Cano Nieto (Seu d’Urgell), Antonio Aguilera Valverde (Alhucemas-Villa Sanjurjo), Santiago Cano Muñoz (Seu d’Urgell), Antonio Anguita Montañez (Voluntario en la Legión), Juan Jiménez Pérez, Francisco Expósito Nieto, Manolito González Palomino (Lérida) y Emilio Malagón Ochoa (no se incorporó al ser hijo de viuda). Manolito coincidió con él y otro amigo suyo apodado “Pestazos” que también estuvo sirviendo en la primera compañía de armas pesadas. 
Después de licenciarse, estaría otros 6 años en el Cortijo del Coscojar de mulero. Recuerda que los muleros del Coscojar eran: su hermano Feliciano Ibáñez y él, Francisco Expósito, Pepe Aguilera “Florio”,  Víctor de Cañahonda,  Juanele “Cuilla”, Antonio Cano “Rubio Ramalilla”, Lore “Tabarrón” y Nardo de las Caserías. El  mulero mayor era Víctor, que era quien cortaba la besana y era el manigero de los muleros. Zamora y Matías Candio eran los manigeros de los obreros y José Pedro, el que fuera alcalde pedáneo, pesaba los kilos y los pagaba todos los días. También estuvo de cagarrache en el Molino de Don Pago. En una temporada lo estuvo explotando Julián y Bonifacio Aguilera, después sería Rafael Jiménez, con quien estuvo 7 u 8 temporadas. Eran compañeros Silverio Salazar, su hermano Alberto, Francis el de Clavijo, Miguel el Zapatero y Manuel Carrillo “Terreras”. Tenían que estar 18 horas casi continuas.
A estos años les siguieron un periplo de al menos 20 años de emigración, en los pinos, las patatas, y en la carretera, Burgos, Santander, Logroño… Nunca emigró al extranjero.  La primera vez que emigró fue en el año 70, una vez que murió su padre (1969), a un sitio que se llamaba San Antonio, donde recuerda que había una cristalera, que impedía pasar los camiones grandes y el capataz los denunciaba.
En su experiencia en la rehabilitación de carreteras, reconoce que  tenía una buena técnica a izquierdas a la hora de repartir gravilla sobre el alquitrán.  Recuerda a compañeros  como Juan Ramírez “Mandurria”, que junto con unos pocos se los llevaron a la Lectrora, a Santa María de Cayón. Ismael, que era el encargado, les dijo: “vosotros ya no sois de la cuadrilla, sino de la Panera”, que era de la misma compañía. Otros años volvieron, pero algunos no lo hicieron porque tuvieron conflictos, y a Chele le dijo Ismael que se montara en la Caldera que venía de Santa María de Cayón o de un pueblo de abajo, y le respondió que no se subía porque “eran muy caritativos”, que habían despedido a otro compañero y no le habían dado nada. Feliciano Pérez y Antonio Jiménez se fueron y él les dejó 1.000 pesetas. Hablaron con el patrón Lauro y les dio permiso para marchar,  le pidieron la cuenta a Ismael y, cuando se marchaban, quería abrirle las maletas para ver si se llevaban algo, negándose ellos rotundamente. Estaban 12 horas diarias, aunque si llovía se los llevaba a casa. Si hacía bueno por la tarde iba a recogerlos, todo esto sobre el año 1971. Su Feliciano se fue después porque estaba trabajando en el campo con Luis Montes “Pacheque”. Allí se estaba muy a gusto, hora que trabajabas, hora que pagaban. Estando la cuadrilla en un sitio que se llamaba La Horca (Burgos) llegó el capataz, y les preguntó si no había trabajo o es que no les apetecía; aunque se podían poner a la sombra hasta que no llegara el camión. Un día hacía mucho calor y Pedro Malagón estaba enfermo y le dijo el patrón que le daba lástima y que  si no fuera por los camiones, lo llevaba a la casa. Estando en el Puerto del Escudo, se lió a llover y los metieron en los coches y en los camiones para que no se mojaran.
 Fue uno de aquellos que tuvo la desgracia de sufrir el trágico accidente de 1973, ya relatado, del que resultó afortunadamente ileso. Él iba sentado a la mitad del autobús. Fue en Valdepeñas. Él no vio lo que pasó, pues iba durmiendo. Tuvo que quedarse en el hospital, donde le preguntaron si era familiar y dijo que él era amigo de los accidentados. Después de la comunión de su sobrino Feliciano se fueron otra vez.
Después estuvo en Burgos en las patatas unos 5 años. De estos años de emigración le viene el apodo de “El Andaluz”, en concreto, cuando estuvo trabajando en la provincia de Burgos, en Agüera de Montija, con una cuadrilla de Ávila. Al ser el único andaluz, se lo puso fácil al capataz, siendo Falito “Pandehigo” y otros, los encargados de difundirlo.
Se puede considerar el soltero de oro de Fuente Álamo, si bien tuvo una novia no formal (que también forma parte de una de las historias aquí contadas), llamada Antonia Pérez Bolivar, quien reconoce que intercambiaron correspondencia durante un poco tiempo, pero que  la emigración rompió la relación. Él dice que tal relación apenas existió.

Como hemos visto se le puede considerar un muy buen trabajador. Es una persona afable al trato, familiar y hogareño. No se molesta por muchas bromas que le gasten. Juan es toda una institución en la Fuente, le gusta la charla con los amigos y vivir la vida tranquilamente. Nunca le han gustado los vehículos a motor, si bien una vez tuvo un ciclomotor marca Peugeot, que apenas utilizó. Siendo pues buen caminante, nunca ha permitido que en sus paseos por las orillas de la carretera le montase nadie en su coche, ni siquiera osaba mirar al conductor, solamente levantaba la mano y seguía hacia delante. 

sábado, 30 de julio de 2016

EXPRESIONES Y DICHOS MÁS UTILIZADOS EN FUENTE ÁLAMO. II PARTE.



      Aparte de todas aquellas palabras recogidas en la anterior publicación y muchas más mal pronunciadas, que no mal dichas, hay expresiones o frases hechas por fuentealameños como Cristino Mesa: “Un vamos, toda la vida de Dios han sido dos de pan y una de queso…” con la que el dueño del Cortijo de la Erilla recriminaba a los albañiles que le habían hecho una reforma en el cortijo, entre ellos Justo Gutiérrez, pues se habían comido el queso que guardaba en la orza, en la proporción de dos de queso y una o ninguna de pan. “Cuchar la Jongona”, como diría Mariquilla de Flora, o el típico “Cago hostia” de Juan Aguilera, o aquello que decía José Ramírez: “Te lo dice Pepe…” o la de Luis Montes: “Me cachi en los mengues…”, con aquel sosiego con el que lo decía. Aquella frase “Yo ya sé pa mi apaño”, con la que se despidió Antonia Pérez Vera de la escuela de adultos, cuando aprendió a poner escasamente su nombre. “Redios, Redios, ni los propios” que exclamó aquel padre fuentealameño, cuando se encontraban segando mano a mano con su hijo, al coincidir, sin saberlo, una sonora ventosidad propia con otra sorda de su hijo, para quien tal acto estaba muy mal visto, por lo que no tuvo otro remedio que aprovechar la ocasión. Aquí no funcionó el dicho “Ningún hijo es feo, ni le huelen los…” También aquel dicho que Francisco Pérez González, si le venía alguna adversidad: “No pasa na, vendo una cabra”. Hablando de cabras, también se puede escurrir el bulto de la manera que lo hizo Antonio Ortega “Rayo”, cuando le recriminó Pepe Aguilera “Mercé” que sus cabras le habían comido los olivillos, respondiendo Antonio: “Échale la culpa a la chica, que la grande no ha sido”.
También hay muchas expresiones que se suelen utilizar por toda la zona y otras autóctonas de Fuente Álamo. “Meter la burra de culo”, esta expresión se emplea para manifestar que algo se ha hecho mal. “Más ennortao que la cabra de Cristino”, “Más loco que la Lea”, para calificar a alguien de alocado. “Más apañao que un jarrillo de lata”, esto no solo lo son los fuentealameños/as, sino otros muchos y muchas. “Más guarro que la Leles”, que no tuve el gusto de conocerla, pero seguramente existió. “Viajas más que Amalia” ya quedó explicado en este blog su sentido, “Más perro que la chaqueta de una guarda”, cuando alguien es “vaguete”, “Más de campo que un arao”, “Dar peos a una lata hasta que se bolle”, es para mandar a alguien a que cumpla un misión imposible.  “Olivos al cinco de oros”, para aprovechar el terreno se plantaban cuatro olivos y uno en el centro, y así sucesivamente. “Vas arder como un pajar”, “Dar palos hasta en el cielo de la boca”, son amenazas imposibles de cumplir. “Has metio el chocho en los fideos”, recriminación que se hace cuando alguien se equivoca. “Más oscuro que la boca de un lobo”, ”Se está poniendo el cielo panza burra”, “Tiñosa oscura, lluvia segura”, o “Tiñosa con montera, agua espera, quiera Dios o no quiera”, son expresiones para decir o predecir el tiempo, o frustraciones cuando el viento era molesto para la colocación de los faldos de aceitunas y Pedro Cervera decía: “Cómo le pegue una patá en los güevos al viento, verás”. “Anda y traspón por el Tajo Grajo” como maleficio deseado. “Ya traspuso por la Piedra Gorda”, expresión de duelo, cuando alguien de Fuente Álamo hacía el último viaje camino el cementerio de San José de la Rábita. Así otras muchas que se pueden ir añadiendo, pues “No se puede estar en misa y “replicando”, yo diría, repicando. “Lo tiró como una espuerta de barro”, que respondía al gesto de tirar algo al suelo de un golpe seco y de forma totalmente desentendida. “Fumas más que un tío sacando estiércol” cuando alguien paraba muy a menudo de trabajar para hacer descansos; en este ejemplo, era debido a que el olor de la cuadra hacía que se interrumpiese continuamente la faena para tomar aire. Daremos una pausa y decimos: “No corras, ni trillando”. Hay que recordar que uno de Fuente Álamo, “perdió todas sus tierras plantadas de olivos de cuatro pies”, lo mismo por eso se le marcharon. Otras veces hacemos los refranes o supersticiones a nuestra medida y decimos: “Quien tira la sal, tira el capital”

Recortamos expresiones y decimos: “contrimás se arrima…” por cuanto más se quiere, o “lo menos” en vez de por lo menos, “pa tó” en vez de “para todo”,  “ca” por cada, “da quí” por desde aquí, “to er santico día” por “todo el día”. Ese “Nene, venacapacá”, fuentealameño, que equivale a un “Come here” de nuestros vecinos ingleses, pero con más genio.  “Socorro acuir to er mundo”, por S.O.S, “al laico” por al lado, “está cebao” por estar gordo, “está seco” por estar delgado o decimos que “habla recio”, para decir que está hablando alto…
Se utilizan muchas palabras que ya están en desuso, como el añadir a los verbos el prefijo “a” y decimos “acarrear” por carrear, ablentar por aventar. Sin embargo decimos “bollar el coche” por abollar, que también existe “bollar” pero significa otra cosa.
A las abuelas antes para nombrarlas se anteponía el sustantivo “mama” o “papa” al nombre propio: “Mama Antonia”, “Papa Sandalio”…, o a los tíos y tías y se decía “Tío Monje” o “Tía Pepa”… No sé porque se ha ido suprimiendo lo de “chacha” o “chache”, (“Chacha Sencie” o “Chache Juanele) por tita o tito, seguramente por los tiempos modernos que vinieron.
Cuando alguien dice: Voy “ase” mi tita …” , está utilizando la expresión parecida a la francesa de “chez..”, que significa  “en casa de”.  Sin saberlo, nuestra riqueza lingüística coincide con un idioma tan culto como el francés.
El otro día escuché esta frase: “Otavía no se ha comío las almondigas, ni la acendría y ya se ha limpiao el jocico con la ruilla”. Como éstas las que quieras.
 Recuerdo que esta publicación no es una crítica, pues nada se tiene que reprochar, e incluso habría que valorar esa idiosincrasia que nos hace diferentes y esa transmisión oral de nuestros antepasados. Solo quiero dar a conocer, más bien recordar, la utilización de algunas expresiones y palabras utilizadas en el día a día en nuestro pueblo, siendo consciente de que son una mínima parte de las utilizadas y de que no se trata de un estudio profundo de la lingüística fuentealameña, y como me ha apuntado mi amiga Mari Carmen, hubiese sido más fácil poner las palabras bien pronunciadas y acabaríamos antes, para terminar diciéndome: ¿Es qué hay alguna bien dicha?
A continuación reseñamos una serie de palabras o términos que se utilizan en la aldea y que pueden coincidir con los que se utilizan en otros muchos pueblos, sin ser una lista exhaustiva y sólo a título de ejemplo, que se puede ir completado “por to´s uste’s, o vusotros”, si “sus” da la gana o si os apetece:
Abanto patuo: expresión para descalificar a alguien en forma de broma.
Ablentar: también se puede decir aventar el trigo
Acarrear: transportar en carro.
Acuesta: llevar algo o alguien subido en nuestras espaldas
Andurrial: lugar retirado
Apontocar: apoyar sobre algo
Arregostar: acostumbrar 
Arrendar: imitar o hacer burlas a otro (o hacer arriendos).
Borombillos: llevar alguien en los hombros
Buscar la navajilla: escaquearse en el trabajo en el campo
Cardancha: Cardencha
Carrañaca: instrumento navideño de palo con estrías
Cascaravito de billota: cascara de bellota que se utilizaba como dedil para recoger aceitunas
Carámbalo: trozo de hielo
Cachucho: Cualquier recipiente pequeño (En Fuente Álamo)
Chilancos: cilancos
Chuchurrío: mustio
Crujir el hato: pegarle a alguien
Destajo: lugar de trabajo en la recolección de aceitunas o siega.
Enmallaico: niño hambriento
Ennortao: sin norte, alocado.
Encriscollar: elevar el cuello
Egollante: califica a una persona desagradable en el trato,
Esento: travieso, pillo, revoltoso. El sustantivo es esentura y podemos usarlo como sinónimo de travesura.
Esgobernar un pie: torcedura de tobillo
Fumar: hacer un descanso en el trabajo. “Vamos a echar una jumailla…”
Gallillo viejo: orificio que comunica con la tráquea, por donde suele introducirse accidentalmente pequeñas partículas que producen tos.
Hacer la gata: en la recolección de la aceituna, parar intencionada y disimuladamente al final de la hilera para que otra cuadrilla doble antes, con el fin de que cojan una hilera más dificultosa.
Hacer la maleta: Sinónimo de emigrar
Hilá: hilada o hilera de olivos
Jarapos: trapos o harapos
Jerga: Conjunto de utensilios necesarios para la recolección de la aceituna o la siega (faldos, varas, sacos, ramales…)
Jonguillao: dícese de una cosa cuando está deformada o aplastada.
La vística!: expresión de asombro
La orden, machooo!: expresión de más asombro
Lengua zapatua: estado áspero que se queda la lengua.
Mamia: cabra con una sola teta
Murga “regaera”: murga navideña informal
Muliar: muladar, lugar donde se arroja basura y heces de animales.
Pecho: terreno pendiente
Pingo: salto brusco que da un mulo o caballo
Pingolé: juego de niños, unos salta sobre otros
Pintar: sembrar cereales o leguminosas.
Pirina: especie de gallina pequeña o enana.
Piquera, pajareta: puerta por donde se introduce la paja al pajar
Pleita de esparto: base de esparto para hacer objetos o utensilios de esparto
Porfiar: aportar o desafiar
Posla (portland): superficie lisa hecha de cemento
Raleta o realeta: Cagueta, heces de cochino blandas
Rajuñar: arañar o rasguñar
Renegrura: gran oscuridad
Registros: recortables de las cajetillas de cerillas que se utilizaba para jugar como cromos
Roña, Roña: palabra que se aclamaba para solicitar a los padrinos de los bautizos los caramelos.
Ruilla: servilleta o rodilla
Remanecer: hacer referencia al lugar de donde se es natural o nacido.
Senagüillas: Enaguas pequeñas para la mesa camilla.
Tornas: intercambio de trabajo por trabajo sin dinero de por medio
Tufo: se refiere al flequillo
Turruntera: terreno dificultoso, quizá  por torrentera
Vará de aceitunas: temporada de recolección aceitunas.
Verraquera: Barraquera
Zamanza palos: quiere decir una buena paliza.
Zarcillo: colgante que se pone en las orejas.    
            Hay un montón de palabras recogidas en el diccionario del Real Academia de la Lengua Española, que tuvieron un gran uso en Fuente Álamo y en otros pueblos, pero que actualmente ya no se usan como:
Gaveta: cajón o recipiente de albañilería
Artesa: recipiente cuadrilongo  de madera
Besana: primer surco que se abre en la tierra.
Ubio: yugo
Zafa: utensilio para lavarse, se recoge por la Real Academia pero en otros lugares se le llama, jofaina

Ect, ect, ect,…
Ah! me acabo de acordar de otra que decía: "Escupes más que una bicha en un majano"
Ya está disponible. No te quedes si él y colabora con la publicación.

miércoles, 29 de junio de 2016

EL HABLA EN FUENTE ÁLAMO. I PARTE.



     Aunque el habla o la pronunciación de algunas palabras en Fuente Álamo es muy similar a la de los pueblos de su entorno, siempre hay matices que la diferencian, como ciertas entonaciones características que se han producido por la transmisión oral, y algunas deformaciones en la pronunciación que se han ido gestando a lo largo del tiempo. Esto es debido fundamentalmente a que la transmisión oral no ha ido unida a la transmisión escrita, dada la alta tasa de analfabetismo de nuestros antepasados. Recuerdo que de niño, cuando preguntaba a mi madre qué íbanos a comer me decía: “hoy clanflainas, en lugar de chanfainas; sin saber ni ella ni yo, lo que eran realmente, pero habiendo deformado ya la palabra. Hoy yo por lo menos sí sé cómo se escribe y pronuncia, aunque todavía no sé a que saben.
 A esto hay que unirle el hecho de haber ido recogiendo palabras y entonaciones de los lugares por donde hemos pasado, y que han influido en nuestra riqueza lingüística: la emigración, que fue ampliando, enriqueciendo y variando nuestro acervo lingüístico. Eso sí, siempre le resultó al fuentealameño, pedantes y cursis los intentos de “hablar fino o finolis” de aquellos que volvían de la emigración, pues solíamos meter “la patas” y se nos pillaba en algún fallo o error lingüístico grave, como aquello de “segúnmente”, el “bacalado de Bilbado”, o que en Madrid los perros hacían “guadus”. Sin saberlo, habíamos caído en la ultracorrección.                                                                              Hay que decir que no todos nos adaptamos lo mismo a la pronunciación del lugar donde habíamos emigrado, incluso éramos bastante reacios sobre todo a aprender el catalán. Pero a veces sí que utilizábamos expresiones o palabras sueltas del catalán o del Norte de España, como aquello de “la mare de deus”, “adeu”, “cuyons”, “voy a plegar”, o “la órdiga”, que se emplea cuando algo te sorprende. Digamos que “me cago en la órdiga” es una palabrota suave. También del francés: “Olalá” o Ça bien? con el que me saluda mi vecino Daniel.
Muchas veces ese “habla materna” nos ha llevado a cometer errores de pronunciación “garrafales”, otras veces simplemente se producen variaciones dialécticas. Recuerdo que en una ocasión, y esto me marcó muy mucho, cuando estudiaba 2º de BUP, en una clase de Geografía Económica y Humana, cometí una “grave falta de pronunciación”. En ese empeño de suprimir de mi discurso cualquier “d” en cualquier posición de la palabra en que se encontrase, dije a la profesora Doña Carmina que: “Japón había surgido de la na”, comenzando la profesora a dar votes, como una histérica, haciendo aspavientos y a llevarse las manos a la cabeza, alarmada, a la vez que repetía: “de la nada, de la nada, de la nada…”, impidiendo que pudiera completar mi argumentación a la pregunta que me había hecho sobre la economía del País del Sol Naciente. Lo mismo se me hubiese escapado también “¡hay ca una!”.
Esto no quiere decir que todos los fuentealameños hablen y cometan los mismos errores en pronunciación; hay casos más extremos, sobretodo entre los mayores, pero conforme se ha ido aprendiendo a leer y escribir, los fallos han disminuido, influyendo en esa corrección los nietos o los hijos, ya más estudiados. Esta publicación no es una crítica, pues nada se tiene que reprochar, e incluso habría que valorar esa idiosincrasia que nos hace diferentes y esa transmisión oral de nuestros antepasados. Quiero dar a conocer, más bien recordar, la utilización de algunas expresiones y palabras utilizadas en el día a día en nuestro pueblo, siendo consciente de que son una mínima parte de las utilizadas y de que no se trata de un estudio profundo de la lingüística fuentealameña.
En ese afán de recortar la pronunciación de las palabras, los fuentealameños hemos llegado a casos extremos con la supresión casi total del fonema “d”, no solo la del final de las palabras, sino sobre todo la de sílabas intermedias, caso de “bail”, en vez de badil, “suor” por sudor, “caío” por caído “rueo” por ruedo, “rebaillas” por rabadillas, o la del principio de palabra, como “onde esta’s” y así un sinfín de palabras que todos nosotros conocemos. A veces, incluso  suprimimos “dr” y decimos “pae” o “mae” en vez de padre o madre, o cuando las palabras empiezan por el prefijo des, “esollar” por desollar, y hasta doblemente como “esnuar” por desnudar. Pero no solo lo hacemos con la “d”, también con la “r”: “velo” en vez de verlo, “paece” por parece;  incluso la n en “berejena” y a veces tan exageradamente “b” como “tamién” por también; quitamos la “y” de muy y decimos “mu bien”, que en este caso está “mu mal dicho”. En otras ocasiones, sin embargo, añadimos sílabas, consonantes o vocales y decimos “amoto” en vez de moto, “trompezar” por tropezar, “asín” por así, “escarrigüela” por carrihuela; o las cambiamos por otras “efaratar” por desbaratar. Muchas veces distorsionamos las palabras y las deformamos hasta extremos insospechados llegando a “dalear”, la palabra hasta ser admitida como un vulgarismo del verbo ladear, pero lo que no cuela “otavía”, es “almondiga” por albóndiga, “acendría” por sandía, “estréberes” por trébedes, “muliar” por muladar, “naiden” por nadie, “Alminilla” por Almedinilla, “ruilla” por rodilla, “billota” por bellota, “pisebre” por pesebres, “cuncursilla” por curcusilla  “porfiar” por desafiar… Yo he oído decir hasta “mortelada”, por mortadela, “estógamo”, por estómago.
A veces incluso les quitamos la “d” a los nombres propios  o apellidos y rebautizamos a las personas; en vez de decirle Padilla, decimos “Paillas”, “Caejo” por Cadejo o en vez de Matías Cándido decimos Matías “Candio”, o lo hacemos a nuestro gusto y decimos “Costo”, “Costorillo”,  por Custodio, así como o “Luardo” por Eduardo o “Lonardo” por Leonardo, sin embargo un nombre que está bien dicho como “Mandurria” va el Ayuntamiento de Alcalá la Real y la cambia y pone Calle Bandurria, que también está bien dicho pero no hace honor a Manuel “Mandurria”. Tenemos la costumbre de poner el artículo “la” o “el” delante del nombre propio y decimos “La Conchi”, o “La Loli”, para que no “me se” enfade o “El Quisco”.
El afán de recordar nos hace que la terminación de las palabras con las consonantes “s” o “d” o “z” no se pronuncia. “lapi”, por lápiz, “cali” por cáliz…
Los fuentealameños sin embargo, a diferencia de los alcalaínos o prieguenses, no seseamos, ni tampoco ceceamos, como los castilleros o mureños.
Utilizamos el sufijo diminutivo “illo” o “ico” en vez de “ito”: así decimos “pequeñillo” que no está mal dicho, en vez de pequeñito. Y algunas veces hasta inapropiadamente como para disminuir los efectos de “mismo” o “exactamente”,  “ahora mimitico…” o me da  “exatamentico igual”
La “f” la solemos sustituir por la “j”, y en vez de decir Fuente Álamo, lo hacemos más nuestro y decimos “Juente Álamo”, o “se jue” en vez de se fue…
La “hue” o la “bue” la pronunciamos a veces como “güe”, “güevos” por huevos, “güeso” por hueso, “güeno” por bueno, agüelo por abuelo y si exageramos decimos “Agüelajo”, o “güele” por huele, llegando la deformación incluso a la raíz del verbo “oler” para decir “goler”.
“Haiga”, sin embargo, pese a que estar mal dicho,viene del castellano antiguo y que ha previvido en las zonas rurales, lo correcto es haya. “Hogaño”, está bien dicho, viene del latín “hoc anno”, este año, son tan cultas que parecen incorrectas, así como “vide”, palabra del castellano antiguo y culto
 Decimos yerba, que también está bien dicho, pero los demás “hie” los convertimos en “ye, y decimos “yerro” en vez de hierro, “yelo” en vez de hielo…
La “h” inicial la aspiramos y la sustituimos por la “j” así decimos “jarapos” por harapos, “jongona” por hongona o “jocico” por hocico…
La “v” por la “g” “gorver” por volver. “degober” por devolver. Decimos “Regoltillas” en vez de Revueltillas, para denominar al cortijo que fue de Francisco Expósito.

Esto no se acaba aquí, así que podéis añadir unas cuantas más…