domingo, 16 de noviembre de 2014

EL FINAL DE GUERRA CIVIL EN FUENTE ÁLAMO. LOS PRIMEROS MESES DE “PAZ”.



        A partir de abril de 1939, los nacionales que habían huido o se habían visto obligados a abandonar la aldea (unas 25 familias según la lista que entregó el concejal socialista del Ayuntamiento de Alcalá la Real, D. Salvador Frías Pino, al Alcalde pedáneo de Fuente Álamo, Vicente Aguilera Castillo), regresaron a ella, montados en mulos y agitando banderas al grito de: “Franco sí, Comunismo no”.
 El regreso fue paulatino, algunos volvieron hasta dos años después, pues tras tres años de exilio ya se habían adaptado a otro sistema de vida, (caso de la familia Ibáñez Castillo); regresaron desde Alcalá la Real, Almedinilla, El Cañuelo, Baena, Castro del Río, ect... Comenzaría una nueva convivencia difícil de llevar, relativamente pacífica, pero con ajustes de cuentas y denuncias, donde los perdedores fueron detenidos y represaliados en la misma aldea o algunos fueron encarcelados y llevados a campos de concentración (de Zamora) a espera de su imputación y posterior detención preventiva. Sus esposas y familias tuvieron que convivir con los que les habían denunciado, rogándoles día a día para que informasen bien o avalasen la “buena conducta” de sus maridos, siempre bajo determinados favores. Es el caso de Matías Pérez, el cual comunicó a su esposa, que bajo ningún concepto entregase dinero, ni otras prebendas al entonces Alcalde pedáneo de Fuente Álamo, Daniel Aranda, pues tarde o temprano saldría de prisión. En otros casos el objetivo no siempre se conseguía, pues anteriormente al inicio del llamado Movimiento Nacional habían sido humillados con las formaciones y revistas diarias (tres de ellos, incluso, detenidos durante 3 meses y uno asesinado) y una vez caída Alcalá la Real fueron obligados a abandonar la aldea y dejar sus posesiones en manos de los rojos, por lo que estaban bastante resentidos.
 En Fuente Álamo podemos hablar de dos grupos de fuentealameños: los que fueron vencidos al inicio y  resultaron vencedores al final (nacionales) y los dominadores al principio, que fueron vencidos (republicanos). En el primer grupo estarían los nacionales que tuvieron que huir y que volvieron vencedores y en el segundo los republicanos que durante toda la Guerra se quedaron en Fuente Álamo y que al final fueron vencidos, unos represaliados y otros encarcelados. Con esta entrada intentaremos que Fuente Álamo también tenga su propia memoria histórica, que todos debemos conocer, de la que debemos aprender, para que no vuelva a suceder.
En la primera celebración del Día de San Antonio después de la Guerra Civil, el 13 de Junio de 1939, se cuenta que aquellos que la ganaron, en concreto algunos de los que estuvieron a punto de morir en manos de los milicianos como Juan León Castillo, Juan Gutiérrez Pérez y su hijo Matías, detenidos 3 meses, organizaron la fiesta y le ofrecieron una misa al Santo, en agradecimiento a la suerte que corrieron.
 Cuando volvieron a Fuente Álamo recuperaron las tierras que habían sido colectivizadas durante la Guerra Civil, pero perdieron las trojes que habían dejado llenas de trigo después del verano de 1936, así como los mulos (alguno apareció en Alcaudete, adonde se llevó el grano y el aceite de Fuente Álamo para abastecer a las tropas, unas 16.000 arrobas de aceite del molino de Francisco Serrano), los aperos de labranza y demás objetos, así como ganado de carne y las cabras guardadas en el corral-leñera de Faustino. Antonio “Marineta”, quien antes de marcharse tenía pollos y pavos y cuando se inició la Guerra “los repartió” y se marchó, comenzó a reclamar sus aves al volver tres años después. En casa de Matías Aguilera Anguita “Matías Candio” se identificaban los objetos y se devolvían a sus propietarios. Se juntaron todos los objetos y enseres apropiados por los rojos,  como camas, colchones, sillas, e incluso una bicicleta, que Joseillo Carrillo se la quiso dar a Juan Sánchez Ibáñez siendo un niño, pero su padre no le dejó que la cogiera porque no era suya. A los pocos días, cuenta, que se la quedó el tal Matías. No hubo pocos casos de nacionales que reclamaban los objetos como suyos, y acababan por quedárselos y llevarlos a sus casas. Según Juan Ibáñez: “En el patio de La Torre se encontraban arados, maquinillas, gradas y demás aperos de labor utilizados por la “Colectivización”, y para repartírselos después, los nacionales se liaron a tirones de los ubios, diciendo cada uno que le pertenecían”. También se repartieron los mulos reclamados por sus supuestos propietarios, pues se habían requisado más de siete yuntas, que eran cuidados en el molino de Pedro González “Cañuelos”, donde había unos pesebres. El cuidador era un tal Cerrillo, que era de Cuesta Blanca. En los corrales-leñeras de Faustino Fuente se guardaban cabras, Blas Zamora quiso llevarse alguna cabra que se encontraba encerrada allí, y se lo impidió la esposa del ex-alcalde republicano, diciendo que no era suya. Varios objetos y enseres  fueron sustraídos de los cortijos y casas, como el robo de una cama del Cortijo de la Cornicabra, que Félix Carrillo quiso atribuir a Antonia Pérez Vera, que lo negó rotundamente. Mateo Pérez Lizana, una vez detenido, reconoce que se había llevado una máquina de coser de la casa de Antonio Aguilera, que luego devolvió a su propietario, o Fernando González Arjona reconoce que unos milicianos rojos le entregaron una cuna, cuatro sillas y una tinaja, que devolvió al dueño del cortijo de Clavijo; Vicente Ramírez Valverde dice que “se marchó a Alcalá la Real, pero que una vez liberado por los nacionales,  encontró su casa saqueada a la vuelta, sin saber expresamente quienes fueron”. También está el caso del molino de aceite de Francisco Serrano del Mármol, o el molino de harina de Faustino Fuentes, quienes una vez terminada la Guerra se apresuraron para recupéralos. Así, el 12 de abril de 1936, presenta denuncia Don Paco, quien manifiesta que a mediados de Agosto de 1936 le fue incautada la fábrica de aceite y sus tierras. También se recuperaron otras tierras incautadas, dos fincas de Don Juan Díaz Aguilera denominadas los Cortijos Alto y el Coscojal, otra de Don Francisco Córdoba denominada el Baño y la Vega de de la Fuente de la Encina y de un Cortijo Clavijo, propiedad de la beneficencia municipal de Alcalá la Real, en los cuales se colocaba unos banderines rojos para indicar que estaban incautadas.
Los republicanos fueron sometidos a procedimientos sumarísimos de urgencia, comenzando por el Alcalde Pedáneo, Vicente Aguilera Castillo, quien fue detenido el 8 de abril de 1939 en Alcaudete, pocos días después de finalizar la Guerra y enjuiciado en el procedimiento Sumarísimo de Urgencia nº 44723. El 20 de Agosto de 1940, se le recibe declaración en calidad de imputado, manifestando tener 40 años de edad, casado, de profesión ganadero, reconociendo que desde el año 1931 estaba afiliado a la U.G.T. y que el año 1932 fue tesorero; ocupando el cargo de Alcalde de la Aldea de Fuente Álamo desde el año treinta y dos, hasta el treinta y cuatro y después desde las elecciones del 25 de febrero de 1936 al apoderarse las masas del Frente Popular, el cargo lo desempeñaría hasta la terminación de la Guerra en abril de 1939. Fue condenado por un delito de Auxilio a la Rebelión Militar en Sentencia de 29 de mayo de 1943 a la pena de 20 años de prisión, de la que cumplió 6 años en prisión y 6 años de destierro en Lora del Río.


 En el Consejo de Guerra seguido en el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia bajo Causa núm. 44.636 del Juzgado Militar núm. 1 de Jaén, fueron procesando conjuntamente Matías Pérez Lizana, Mateo Pérez Lizana y Fernando González Arjona, por el delito de Auxilio a la Rebelión y condenados por Sentencia dictada el 11 de mayo de 1940, a la pena de doce años y un día de reclusión temporal, como autores responsables de un delito de auxilio a la rebelión militar, sin circunstancias. Matías Pérez Lizana, afiliado a la U.G.T. de cuya organización al principio de la Guerra fue Presidente, unos  diez y seis meses; Mateo Pérez Lizana, afiliado a la U.G.T. de cuya organización fue Secretario y Fernando González Arjona, afiliado a la UGT de cuya organización fue Vicepresidente en 1938,  los tres encartados, fueron directivos de le Casa del Pueblo de Fuente Álamo, que funcionaba como Frente Popular.
               José Pérez Lizana en el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia nº 59228/1939 fue sentenciado el 8 de Septiembre de 1943, a la pena de seis años y un día de prisión mayor, por un delito de excitación a la rebelión militar, acusado por estar afiliado a U.G.T antes del 18 de julio, ser familia de un dirigente rojo de la Aldea y hacer propaganda de ideales rojos. Pero no se demostró que realizara ningún hecho específicamente delictivo a parte de la reseñada propaganda. Pese a que  el Ministerio Fiscal solicitó pena de reclusión perpetua a muerte por haber servido de interprete del  sordomudo Leocadio Anguita López, “Parraco” y que fue asesinado por un jefe de una unidad militar republicana, instalada en fábrica de Don Paco, no se llegó a demostrar tal hecho y tampoco fue condenado por ello.
            En el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia nº 15. 839 por rebelión militar son enjuiciados Antonio Moreno Vera, Guillermo García Zamora, José Pérez López,  Marcelino Ramírez Zuheros, Antonio Cano Ruiz, José Pérez Roldán, y José Fuentes García, fundamentalmente por ser los últimos dirigentes del Comité del Frente Popular pertenecientes a la U.G.T a través de la Sociedad Obrera de Trabajadores de la Tierra «La Espiga Floreciente» de Fuente Álamo, afiliada a la  FNTT-UGT, en concreto, Antonio Moreno Vera, Secretario; Guillermo García Zamora, Vocal, aunque dice que no llegó a tomar posesión del cargo, José Pérez López, Vocal, le pusieron porque los dirigentes se marcharon al frente, Marcelino Ramírez Zuheros, afiliado a la U.G .T. desde que se inició la Guerra, llegando a ocupar el cargo de Vice-secretario, en su declaración no lo reconoce; Antonio Cano Ruiz, después del Movimiento se afilió, ocupando el cargo de Tesorero, en su declaración manifiesta que no llegó a tomar posesión del cargo; José Pérez Roldán, afiliado después de iniciarse el movimiento, ocupando en cargo de Vicepresidente;  y José Fuentes García, natural de la Grajeras y vecino de Las Grajeras, con posterioridad al Alzamiento se afilió a la U.G,T. desempeñando el cargo de vocal en el sindicato de colectivización de tierra de Fuente Álamo. Todos ellos estuvieron en prisión preventiva desde 25 de mayo de 1939 y finalmente absueltos y puestos en libertad el 20 de diciembre de 1939, pero obligados a permanecer en un Batallón Disciplinario de Trabajadores.
               Francisco Alba Serrano, es enjuiciado en el procedimiento Sumarísimo de Urgencia nº 16.509. Se procesa conjuntamente con Juan Funes Mesa, iniciándose la instrucción de la causa el 9 de mayo de 1939. No se enjuician a Victoriano Expósito Romero (a) Rana; Justo Gutiérrez Vera (a) Pipo; Teodoro Pérez Sáez (a) Pavillo, encartados en la misma causa, pero no en todos los hechos, por estar encuadrados en el Ejército Rojo y no habiendo regresado todavía. El 21 de julio de 1937  Manuel López de la Rosa,  de 43 años de edad, labrador, natural de Alcaudete, fue asesinado en el lugar llamado Carril de Santa Casilda. Los presuntos partícipes, aunque no quedó demostrado que fueran autores materiales, fueron: Francisco Alba Serrano, Vicente Vera Moreno  y Valentín Olmo del Sabariego. El 1 de marzo de 1940 se dicta sentencia en la  que se condena a Francisco Alba Serrano a la pena de muerte, como autor responsable de un delito de adhesión a la rebelión militar, con las agravantes apreciadas.
                   En cuanto a las esposas, madres o hermanas de los republicanos, fueron humilladas públicamente (como era frecuente en tantos otros lugares) y se les hacía tomar el potente purgante de aceite de ricino mientras, peladas, les hacían pasear por las calles del pueblo semidesnudas con la burla de una algarabía que les seguía. Entre ellas a Tía Pepa Moreno (esposa de Eusebio Vera Castillo por los hechos cometidos por su hijo Vicente Vera Moreno, quien murió en el frente de Teruel y presuntamente partícipe en el mismo caso de Francisco Alba Serrano), y sus hijas Josefa Vera Moreno, “La Pepilla” y Sancha Vera Moreno (esposa de Joaquín Pérez González), Dolores Cano Ruiz (esposa del alcalde Vicente Aguilera), Antonia Pérez Vera (esposa de Matías Pérez, presidente del Comité), Florentina Nieto Peinado (esposa de Antonio Cano Ruíz, tesorero), Encarna Martos “La Perejila” (esposa de Rafael Moreno Ibáñez “Perote” presidente antes del inicio de la Guerra), Francisca Padilla, (Antonio Castillo Padilla, “Caejo”, vocal y a quien se señala que fue a la tienda de Casimiro Vázquez). Como anécdota o gracia, si es que la tiene, cuentan los más viejos de la aldea que la más lista, fue la Paula (esposa de Juan Antonio Ávila Serrano “el Zorrero”), pues guardó la melena cortada y se la puso después. Las demás tuvieron que taparse la cabeza con pañuelos negros. Seguramente la lista fue más grande, pero no poseo más datos respecto a las mujeres, pues sólo se han obtenido de oídas, aunque seguramente fueron algunas más y sirva este recordatorio para hacerle su homenaje  por tan grave humillación.
               Los republicanos, conforme iban siendo detenidos, eran llevados a campos de concentración en Zamora. Aunque en la documentación consta así, la verdad es que no está totalmente contrastado, si bien la denuncia de un paisano se hace desde allí, y se indica que en dicho campo se encuentran los detenidos a espera de juicio: Vicente Aguilera Castillo, Matías Pérez Lizana, Mateo Pérez Lizana, José Pérez Lizana, Fernando González Arjona, y otros son detenidos y llevados Alcaudete desde donde son trasladados a la prisión provincial de Jaén:  Antonio Cano Ruiz, Antonio Moreno Vera, Guillermo García Zamora, José Pérez López, Marcelino Ramírez Zuheros, José Pérez Roldán, y José Fuentes García. Otros aparecen declarando o más bien denunciando desde el Campo de Concentración de Zamora: Eusebio Vera Moreno, que después estuvo preso en Alcalá, pero no consta su enjuiciamiento, al igual que Rafael Moreno Ibáñez, Joaquín Pérez González, Domingo Vera Viana, quien consta que estuvo preso en la cárcel de Alcalá la Real,  Vicente Vera Moreno, pues falleció en el frente en la Batalla de Teruel, Antonio Castillo Padilla, “Caejo”, (a quien se señala que fue a la tienda de Casimiro Vázquez). Justo Gutiérrez Vera, fue encausado en la Causa núm. 1.009/39 y condenado a muerte, cuyo nombre consta en el monolito del Cementerio de Alcalá la Real y cuya causa está pendiente de consulta en los archivos.
Otros huyeron a Francia como un hijo de Arévalo, o Marcos Moreno, quien perteneció, según cuentan en el pueblo, a la Guardia Personal de Juan Negrín.
Con los encarcelamientos durante la posguerra, también se produjeron abusos sexuales (o al menos intentos) sobre las mujeres de los condenados mientras estaban sus maridos presos, con promesas falsas de liberarlos. O en otros casos la prepotencia de los nacionales hacía más fácil el acceso carnal sobre las mujeres. Son muchos los casos conocidos en Fuente Álamo, o al menos las sospechas fundadas, pero en base a preservar el “honor” de las personas no se hará mención a ello.
No se haría justicia total sin nombrar aquellas veintitantas familias que al inicio de la Guerra, desposeídos de sus bienes se vieron obligadas a abandonar la Aldea: Lorenzo Ibáñez Jiménez (Castro del Río), Faustino Fuentes Aguilera (Almedinilla), Francisco Ibáñez Castillo (Baena) Pedro González Ruiz (El Cañuelo de Priego), Francisco Jiménez Calvo (Alcalá la Real), Matías Aguilera Anguita ( Alcalá la Real), Crescencio Aguilera Anguita (Alcalá la Real), Leocadio Anguita López, (Alcalá la Real), Antonio Aguilera Aguilera, (Almedinilla), Genaro Fuentes Moyano (Alcalá la Real), José Carrillo Rufián, (Alcalá la Real), Daniel Aranda Villén, (Alcalá la Real), Vicente Ramírez Valverde, (Alcalá la Real), Rafael Sánchez Arenas, José Sánchez Arenas, Ángel Pérez la Rosa, Juan Gutiérrez Pérez (Lucena), Matías Gutiérrez, Juan León Castillo, Blas Zamora, Antonio Ramírez, del Cortijo de la Cornicabra, (Alcalá la Real), seguramente se quedará alguna en el camino.

Las primeras cosechas recogidas por los nacionales traían el trigo al molino y repartían el pan sólo para ellos y el resto que sobraba para los rojos. Juan Ibáñez reconoce que ellos tuvieron suerte, pero que era una cosa mal hecha. El racionamiento en el pan, el aceite, ect…, no era igual para los vencidos que para los vencedores y si sobraba alguna ración de pan, iba a parar a boca de estos últimos, pasando hambre los vencidos, cuyas familias tenían que ir a comer a los dos centros de reparto: El Molino y la Solana. Las diferencias eran tales que, como ya hemos contado, en los cortes de siega había dos cántaros de agua: uno para los rojos y otro para los fascistas. 

martes, 4 de noviembre de 2014

UN DIA DE ESCUELA EN “EL COTO” EN LOS AÑOS 70. EL TRANSPORTE ESCOLAR EN FUENTE ÁLAMO.



          Sobre las ocho y media de la mañana, oíamos una voz, y digo una voz porque solamente necesitábamos en aquellos tiempos una llamada de nuestros padres, para dar un salto de la cama, levantarnos y vestirnos. Seguidamente nos lavábamos la cara como los gatos, nos tomábamos un tazón de leche de cabra con sopas de pan o de leche condensada, cuando la cabra carecía de ella. Recogíamos la “cartera” del mismo sitio que la habíamos dejado la tarde del día anterior, porque los deberes por entonces no existían o eran otros. Cuando desde nuestras casas escuchábamos el motor de “La Chacharreta”, calculábamos rápidamente, el tiempo que tardaba desde La Piquera hasta La Fuente, (que era desde donde daba la vuelta), para salir corriendo y cogerla en una de las dos paradas que había: La Piquera o La Fuente.
 Sobre las nueve de la mañana partía desde Fuente Álamo “el autobús” con unos 30 ó 40 niños y niñas para realizar un trayecto tortuoso y lento que duraría una hora para recorrer tan sólo 12 kilómetros y recoger otros 20 niños y niñas de los cortijos. Hay que decir que número de viajeros escolares disminuía considerablemente durante la campaña de la aceituna, por razones obvias. La primera parada la realizaba en la Casa de la Huerta, para recoger a la niña del Cortijo del Llano (Mercedes Pérez) y Domingo Ortega (de Rayo); la segunda en Las Revueltillas, donde algunos días, no todos, se recogía a Antonio Expósito y a las niñas de Andrés Vera, (que después se vinieron a vivir a Fuente Álamo). La siguiente era una verdadera parada, pues en El Peñón se incorporaba un grupo importante de colegiales: Inés, Romualdo, Josefa, María del Carmen, y algún año después Juan Carlos y alguno que otro que se me olvidará. Había una segunda parada en El Peñón a la altura de la casa de Esteban, dependiendo del autobús y el día, pues allí se incorporaban los nenes de Justo (Pepe, Justo, Elena…), Juan y María del Carmen Vera y Antonio Pérez (de Eugenio), quienes podían andar perfectamente de 2 a 3 kilómetros en subida hasta alcanzar la parada, que era provisional. Esto era para evitarle al autobús una parada-arranque y subida en brusco, de manera que el conductor buscaba una parada en un falso llano que había un poco más adelante del referido cortijo; pero a la vuelta como era cuesta abajo, sí se les podía dejar más abajo y más cerca de sus casas, “eran tiempos en los que se miraba por la salud de los niños, a la vez que por la vida de los motores de los autobuses”. Continuábamos la ruta sin parar durante 1 km aproximadamente por aquella quebradiza carretera, al principio de piedra con sus baches, que fue alquitranada sobre mediados los 70, hasta llegar al punto kilométrico 4, establecido en Las Pozuelas, donde ocasionalmente se bajaban o montaban unas niñas de Julio de Las Pilas. El recorrido ahora iba a ser más corto, pues tras unas curvas aparecía una recta, poco antes de llegar a La Setilla, donde los hijos de Marín y Trinidad (Juan Manuel y Merce) se incorporaban. A partir de aquí ya no iba a haber más paradas hasta lo más alto de Las Albarizas, y no porque no hubiese niños en las zonas, sino porque la carretera ascendía y el motor del autobús sufría por el esfuerzo, teniendo que subir los niños hasta donde se llaneaba la carretera, es decir en lo alto de Las Albarizas. Se hacían algunas excepciones los días de lluvia y barro. Allí se montaban las niñas de Juan Pulido, el del cortijos de los Reventones (María del Carmen y Mercedes), los niños de Lorenzo del Cortijo de los Cierzos (Lorenzo y Aurora), los del Cortijo de Amelio hijos de Felipe Valverde y Teófila, (Andrea, María del Carmen, Juan Antonio, Rosario), los niños mayores de José de la Tabernilla (José Luis), el hijo de Tomás Zurrón (Miguel Ángel), los hijos de Nazario (Marcelino y Dolores), del Cortijo del Coscojal Alto también venía andando hasta allí, José Luis (piano), con su buena cartera de cuero. Desde Cañada Honda, subían los hermanos Antonio y José. En el cortijo de Dionisia vivían los hermanos Cobo: Francis y Antonio. En el cortijo de las Albarizas vivió un poco tiempo Paquillo que también se incorporada en esa parada. Desde Las Albarizas Bajas bajaban los hijos de Galindo: José Antonio. Todos ellos tienen un gran mérito pues tenían dos horas más de clase de gimnasia, todos los días a primera y a última hora. Una vez que el autobús bajaba y cesaba de rugir, se dejaba caer hasta la altura del Cortijo del Toro, donde los hijos de Custodio y Dorotea (José y algún hermano menor) se montaban, pero ya casi con tres cuartos de hora de ventaja para dormir. El autobús seguía su ruta hasta el Bermejo, donde los Lara Peinado (Fernando, María José, Paquita y Antonio), las niñas de Custodio Peinado y los niños de su hermano Antonio (Visitación y los Rubios) serían los últimos en incorporarse y los primeros a la vuelta en bajarse, aunque la mayoría de las veces hacían el trayecto de pie. Sin embargo fueron más afortunados en aquel día de invierno de 1970 del que ahora hablaremos.
   Después de este tortuoso viaje en el que daba tiempo a estudiar dos o tres temas de Ciencias Sociales, el autobús desembocaba en la carretera de Priego y recorría unos 5 kilómetros ininterrumpidamente hasta llegar sobre las 10 de la mañana a los Colegios Nacionales Cormarcales “El Coto”. El viaje era agotador, fatigoso, al igual que la descripción que acabo de hacer, pero lo he hecho a propósito con el fin de hacer un pequeño homenaje a todos esos niños, y si me he olvidado de alguien, que me perdone y mediante los comentarios me lo puede hacer saber. No puedo dejar de hacer mención algunos de los niños que he nombrado que tristemente se han bajado del autobús de la vida, como Miguel Ángel Zurrón, Antonio Nieto, Juan Manuel, cuyos apellidos no recuerdo y que era hijo de Marín y Trinidad, Visitación Peinado y su prima hija de Custodio Peinado, Juan Carlos Carrillo, Juan Antonio Valverde, espero de no olvidarme de nadie.
Creo que los niños de Fuente Álamo siempre fuimos más desafortunados que los de otras aldeas, y digo esto porque debido a la carretera estrecha de piedras y baches, la empresa de transportes siempre mandaba el peor de los autobuses, desde la Chacharreta, con aquel morro alargado, sus asientos-sofá de madera forrados de eskay donde nos sentábamos 4 niños  y sus ventanillas correderas, donde el privilegiado que la pillaba podía sacar la cabeza y brazos, aunque estaba prohibido.  Cuando falleció Chacharreta, fue sustituida por aquel autobús con la parte frontal y trasera redondeada, que conducía Manolo, el hermano de Miguel Contreras, y que ya sí tenía asientos individualizados y unos escondites peligrosos en la parte de atrás. Después apareció la Setra Seida, pero la pequeña.
Un invierno del año 1970, (curso70-71) el autobús que transportaba a los alumnos desde el colegio de Alcalá la Real quedó atrapado en la nieve en el cruce de Fuente Álamo con la carretera de Priego, y el conductor abandonó no sólo el autobús, sino a los niños y niñas de edades comprendidas entre 7 y 14 años, quienes tuvieron que andar siete kilómetros cubiertos de nieve. Los más pequeños, incluso estuvieron a punto de la congelación. Si bien para algunos niños mayores fue un motivo de alegría, llegando a jugar con la nieve, para los más pequeños, fue un día que tardaron en olvidar, y si bien hubo leves quejas por parte de los padres, ello no supuso ningún tipo de sanción al conductor, ni a la empresa  Autocares Contreras; eran años en los que el conformismo actuaba como una venda en los ojos de la gente, sólo los maestros señalaban y decían “esos eran los pobres niños que dejaron abandonados en la nieve”.

En definitiva fueron muchas horas, muchos días y muchos años, (en concreto, yo  7 cursos) viajando en aquellos autobuses. Muchas experiencias, que con el paso del tiempo las vemos con otra perspectiva, ahora inimaginables, pues no parábamos de hacer travesuras: no nos sentábamos, sacábamos los brazos y cabeza por las ventanilla, cogíamos las ramas de los almendros, olivos, retamas, gayumbas, ect… que se encontraban en las orillas de la carretera, comíamos chupachups, cosa prohibida por lo del palillo, masticábamos chicles que luego pegábamos debajo del asiento, nos peleábamos (sobre todo en el último asiento), cantábamos canciones de Camilo Sesto y otros, jugábamos a las cartas o cromos, guiñábamos a las niñas e incluso nos enamorábamos. Algunas de estas infracciones, de vez en cuando, el conductor las veía por el retrovisor interior y nos imponía un castigo, que era más peligroso todavía, y consistía en ponernos de rodillas cerca de él, al lado la palanca de las marchas, o en otras ocasiones, nos bajaba del autobús para que hiciéramos el trayecto andando, ¿eh Vicente, te cuerda? O aquel intento fallido del conductor llamado Isidro, que nos decía que éramos “más bajos que la escarihuela” y nos impuso de sanción el bajarnos del autobús en la Hoya Vásquez, muy cerca de Fuente Álamo, a lo que accedimos con mucho gusto, pero cuando vio que lo hacíamos realmente, salió corriendo detrás de nosotros para impedirlo. Aunque, es cierto que, no consiguió atraparnos a todos, pues alguno salió corriendo por los olivos. ¿Cuánto sufría aquel conductor, que no solo tenía que estar pendiente del tráfico, sino que también debía prestar atención a 40 ó 50 energúmenos? Cuando ya no podían con nosotros subía al autobús Miguelito y no daba un buen rapapolvo, que de poco servía. 

sábado, 18 de octubre de 2014

RINCONES O LUGARES ESPECIALES EN FUENTE ÁLAMO. IV



EL CERRO DE LA CORNICABRA.-

Con motivo de una visita que hicimos a mis tíos María y Tomás,  que por entonces vivían en el Cortijo de la Cornicabra de Narciso, tuve una impresión a los 7 u 8 años que se me grabaría. Fue al observar un soldadito, creo que de cemento o yeso, en el caballete del tejado del Cortijo de la Cornicabra de Antonio Ramírez. La imagen se me quedó grabada, por lo extraño de ver un muñequillo, para mí un juguete, en lo alto de un tejado. La curiosidad de la edad hizo que preguntase lo que representaba, y sólo encontré respuestas vagas y un tanto esquivas, que solo me decían que allí había habido una guerra. Muchos años estuve preguntándome cuándo y cómo pudo transcurrir aquella batalla, quienes habían sido los beligerantes, pero sin llegar todavía a preguntarme el por qué. A todo ello encontraba respuestas que se habían obtenido de oídas y que me decían que había sido en la Guerra Civil y que los contendientes eran los nacionales y los rojos, pero sin concretar la fecha, ni quien había ganado, ni cuantas bajas había habido… la información era muy general y transmitida de oídas de unos a otros. Ante esto decidí encontrar respuestas en los libros de historia, pero ninguno hacía mención al hecho o lugar concreto.
 Este verano, después de muchos años, tuve el privilegio de escalar hasta lo más alto del Cerro de la Cornicabra. Pude comprobar cómo se encontraba aún rodeado de piedras que formaron las trincheras, aunque por algunas zonas aparecían ya vencidas por el paso del tiempo, que ha tenido más fuerza que las bombas y las balas.
 La recopilación de información me llevó hasta finales de marzo de 1.938, que fue cuando tuvo lugar la batalla más importante. En su cerro siempre estuvo situada una posición del ejército rojo, que intentó ser conquistada por el ejército franquista, ocasionándole más de 300 bajas. El lugar se convirtió en un camposanto militar, por lo que siempre ha albergado ese misterio que aún no se ha resuelto, como es el saber quiénes y cuántas personas fueron enterradas en aquellas tierras; todas ellas solo recordadas por los niños de la época poco años después de finalizada la guerra, cuando por encima de los cadáveres enterrados paseaban y careaban los cochinos y cabras. Por fin encontré algunas respuestas a mis preguntas, pero todavía no he encontrado la respuesta al por qué.


LAS ERAS DE LA TORRE

            Separadas por la carretera de las Amoladeras del recinto que rodea La Torre, fueron durante mucho tiempo lugar de ocio y juegos, además de cumplir la función que era propia de una era. Eran tres las eras, dos contiguas, divididas por un pequeño terraplén, y otra la de Domingo Aguilera, separada unos 100 metros de las anteriores. Como hemos dicho, servía sobre todo la del medio para jugar a juegos relacionados con la pelota: fútbol y el quemado fundamentalmente. En las primaveras renacían las hierbecillas y las piedras quedaban recubiertas, así mismo germinaban entre los restos de pajas los granos de cereales que había quedado perdidos después de sacar las cosechas, todo lo que hacía que no rebotasen las pelotas y amortiguasen los golpes de las caídas sobre la piedras. En los restos de la paja que quedaban, nos dábamos buenos revolcones antes de que la lluvia la pudriese.
        Su función principal era servir para sacar las cosechas, así que los pequeños cosecheros iban depositando los haces de cereales en sus inmediaciones, esperando su turno y a que las condiciones favorables del viento ayudasen a separar el grano de la paja. Si a consecuencia de la inexistencia de viento no se podía continuar con las labores o cuando el largo día de verano se dejaba caer, los cosecheros se solían acostar en la parva o debajo del olivo o higuera más cercana para evitar el robo de grano. Con la botella de aguardiente debajo el aparejo, se levantaban temprano para trabajar con la fresca y siempre que el viento se lo permitiese. Alguna que otra noche dormí, de muy niño, en aquellas eras.
Los últimos recuerdos que guardo es la ubicación de la cosechadora de Francisco Pérez González, siendo un pionero la utilización de esta maquinaria en Fuente Álamo, desapareciendo de su entorno: mulos, trillos, tiros, bielgos, horcas, palas, escobones, cuartillos, rasero, cribas, harneros, arpiles, narrias, angarillas de pinchos, sogas, aparejos, serones…

             LAS TRES FUENTECILLAS

Sería a primeros de los años setenta cuando la empresa de Juan Pérez Vera “Capullo”, por encargo del Ayuntamiento de Alcalá la Real, construyó en La Fuente un pequeño aljibe. En la caseta se instaló un motor-bomba para bombear agua hasta surtir o casi surtir a tres fuentecillas ubicadas en sitios estratégicos. Recuerdo que cuando se paraba, con la autorización del alcalde Santiago Cano que te dejaba la llave, se pulsaba un botón rojo y arrancaba con aquel ruido característico elevando el agua hasta las fuentecillas. Estaban colocadas en lugares estratégicos: una enfrente de La Escuela, otra en la cuesta que accede al Cerro, donde estaba la tienda de ultramarinos de Mariana (que después se instaló en la parte baja del camino por dificultad para emanar agua)  y la tercera en La Piquera, donde se inicia la calle Sacristán. Los vecinos acudían con sus cubos y cántaros a la fuente más cercana, siendo numerosas las disputas por coger turno. Fue el primer acercamiento del agua de la fuente a los barrios. Las fuentecillas estaban estructuradas en tres partes: una parte superior con forma de arco de campanario de hierro fundido pintado en verde, en cuyo interior se encontraba el mecanismo y una tapadera en la parte posterior, y de cuya parte frontal salía un caño que emanaba agua tras pulsar un botón dorado y había grabado sobre la carcasa metálica: “agua potable”, que los niños traducíamos como “agua potaje”; una parte media de ladrillo visto y hormigón, que hacía el cuerpo; y la parte inferior que era el desagüe con barras metálicas.
Esta obra fue acometida por el constructor fuentealameño Juan Pérez Vera, consistente en la introducción de una tubería en una zanja de aproximadamente medio metro de profundidad, hecha a pico y pala,  que iba desde La Fuente hasta La Piquera, en cuyas excavaciones se encontraron restos de  chatarra de la Guerra Civil.

sábado, 4 de octubre de 2014

GENTE DE FUENTE ÁLAMO POR EL MUNDO (GRANADA): JOSÉ AGUILERA CANO “PEPE AGUILERA”



            Como vimos en la anterior entrada la infancia de Pepe no fue muy fácil, pero la vida en general tampoco lo fue. Cuando contaba con 12 años volvió su padre del destierro de Lora de Río, donde había estado criando melones. Se acuerda de que su padre tenía unas cabrillas y hacían unos quesos, que eran el sustento de la familia y cómo alguna vez tuvo que llevarlos con una borriquilla a San José para regalarlos a la Guardia Civil. Recuerda cómo la pareja llamaba a su casa por la mañana para que se levantase su padre y les hiciera las migas, y cómo jugaba al dominó con ellos, por lo que le decían por donde se tenía que meter con las cabras. Cree que todo esto lo hacía su padre para evitar que le pudieran decir algo los señoricos y sobre todo para no volver a pasar el calvario que ya había sufrido.
La primera vez que salió de Fuente Álamo tendría unos 19 años y fue a Burgos a abrir hoyos para plantar pinos, en concreto a Valdeajos y a Moradillo del Castillo, donde estuvieron entre otros los hijos y el padre Antonio Castillo “Caejo”, Marce Ramírez Zuheros, que era el cocinero, y su hermano Juan, que tuvo que hacerle alguna vez la tarea porque él se encontraba mal del estómago. Le pagaban 12 duros diarios a destajo, y según el terreno hacía más o menos unos 100 hoyos pequeños. Después se fue a Burgos con la empresa “Avelino Torres”, a trabajar en las carreteras y a cargar piedras en una cantera, y paraban en la Abadía, en una vaqueriza de Villarcayo (provincia de Burgos) donde le guisaba el casero y estaban entre otros Feliciano Pérez Vera y los hermanos Antonio, Custodio y Manuel Jiménez. El contratista tenía tierra y una vaqueriza, por lo que trabajaban también en sus tierras.
Es de la quinta del 54 (nacidos en 1933), junto con Pepe Ramírez González, del cortijo de la Cornicabra, Feliciano Pérez Vera,  Antonio Jiménez Pérez, Antonio Puche Ramírez, Juan Aguilera Cano “Juanito, el panadero”, Manuel Aguilera, el marido de Urbana, otro del Cortijo del Allozo… que hicieron el gasto de los quintos en el molino de aceite de Cornicabras. Hizo la instrucción en Camposoto en San Fernando, y después la mili en Rota, en unos polvorines, donde estuvo 18 meses, pues se vino 2 meses antes con permiso limitado por haber sido instructor. Fue en el año en que estaba a punto de iniciarse la Guerra del Sidi Ifni, por lo tenía que estar disponible. Dicen en el pueblo que como no pudo aprender a escribir, un compañero en la mili le escribió una carta y en ella decía “recuerdos para papa y abrazos para Brígido”. De esto dice que no se acuerda.
Cuando se licenció (1956) se fue a trabajar Huelma con su tío Pepe, que le pagaba menos de lo que le correspondía según le dijo el encargado, pues después de hacer la faena de segar tenía que cuidar los mulos, así que le tuvo que decir a su tío que le estaba explotando y que: “me raya la sangre, pero me estás robando”. Antes había estado su madre en el cortijo, y cuando iban los tratantes a comprar grano, su tío les decía que su madre era la criada. Su tío cogió buenos cortijos y luego compró uno: el cortijo La Mata.
 Poco después se fue a Barcelona, donde estuvo trabajando en una fábrica de hacer viguetas y después en aislamiento térmicos, forrando las tuberías. Estuvo en Barcelona 12 años, solo vino una vez para casarse. Por la amistad que tenía con Antonio Puche hizo que éste fuese a Barcelona en 1962 a hacer unos cursos de televisión, donde estuvo uno o dos meses, le dio una habitación y no le costó nada pues la mestressa tenía buena relación con él.
    Conoció a su mujer Carmen en una visita que hizo a su hermana Carmela a Granada y vino de Barcelona expresamente para casarse. Se casó en 1967 con 34 años en la Iglesia San Miguel Bajo del Albaicín, y el gasto fue en el Restaurante “Los Manueles” por la calle Elvira. Fue mucha gente de Fuente Álamo: Venturilla, Feliciana, Consolito, más amigos y sus familiares. Al año siguiente de estar casado (1968) pidió la cuenta, y después de tantos años volvió a Granada a casa de su suegro. Tardó un poco tiempo en encontrar trabajo, y acabó colocándose en la construcción en la empresa “Nevamar”, que tenía las oficinas en la calle Párraga.
 Lleva viviendo en Granada 45 años. Tiene 8 hijos, 6 varones y 2 mujeres, su hijo mayor nació en Barcelona, se lo trajo muy pequeñito en los brazos, y el más pequeño tiene ya 33 años, por lo que hay una diferencia entre los 8 hermanos de 13 años. Cuando su mujer enfermó y él tenía que estar trabajando, tuvieron que llevar a Javier, Antonio y María Carmen a Fuente Álamo, a casa de sus hermanos, le contaban que los niños eran traviesos y se iban a bañar a Las Vegas. Están casados, excepto dos, bueno uno tiene una relación de pareja de hecho. Todos están trabajando, nunca han estado en el paro, trabajan en carnicerías, de pintores o en la construcción. Tiene 9 nietos.
Tiene cierto rencor a los políticos. Se declara de izquierdas del PSOE, de Felipe González, y no quiere el fascismo, porque le miraron muy mal en el pueblo. Aunque la situación vaya a mejor no votará a la derecha, pues no puede con las sin razones cometidas.
Le gusta jugar al dominó, su padre les enseñó a él y a su hermano, pues hay tradición en la familia. Es aficionado a los toros desde que iba a la Monumental y a la plaza de España. El futbol en Barcelona no le costaba nada porque el niño de la “mestressa” le daba el carnet para ir al Neu Camp, pero su equipo es el Real Madrid. Le gustan los partidos de fútbol buenos, y que gane el Granada y sobre todo España, pero no se considera un forofo. Le gusta la música de Manolo Escobar, Juanito Valderrama y Antonio Molina, que de joven era su favorito, y cuando cantaba en la radio salía corriendo a escucharlo en la casa de Domingo Arroyo.
En Granada le tienen por buena gente, le llaman “Aguilera”. Nadie le conoce por “Macarrón”, aunque ya no le importa que le llamen así. En el barrio de La Chana es conocido por todos, pues se reconoce callejero.
Se considera creyente, (de los del medio), ahora cree más que antes porque se le han dado algunos casos. Cuando su mujer cayó enferma, fue al curandero de Los Chopos, quien le dijo que “Dios querrá y que iba a tener mucho jaleo con los médicos”, y al final se curó, por eso cree en el Santo Manuel. Solo fue una vez y vio en la clara de los olivos una mujer y una niña y se le acercaron, y de pronto se le puso al Santo Manuel la cara morada, piensa que “esto es porque hay un algo”. Dice que solo le habían visto así su hermana Dolorcillas, el chófer y él.
         Actualmente, a sus 81 años de edad, tiene algunas cosillas como asma, una hernia de hiato, le han operado de la vejiga y ahora no quiere operarse más de próstata, pues su médico de cabecera no se lo ha aconsejado, padece una sordera, valiéndose de un aparato, y tiene una paguilla 800 Euros, con la que se apaña muy bien. Todos los días juega sus partidas de dominó y le gusta pasear por el barrio.

A la pregunta utópica, ¿se iría a vivir a Fuente Álamo? Contesta que no, sólo para dar una vuelta.

lunes, 15 de septiembre de 2014

INAUGURACIÓN DEL “COTO” POR LOS ESCOLARES DE FUENTE ÁLAMO.



               Ahora que comienza el nuevo curso escolar 2014/15 haremos un pequeño recordatorio, 45 años después, del curso 1969/70 en el que los niños de Fuente Álamo se incorporaron a los Colegios Nacionales Comarcales (El Coto) de Alcalá la Real. Supuso un gran avance en la enseñanza, en la educación y en las relaciones humanas para aquellos escolares fuentealameños. Hasta entonces sólo se habían relacionado entre compañeros aldeanos y sólo habían conocido un maestro o maestra, además para algunos era la primera vez que salían de la aldea. En definitiva fue un hito cultural, un antes y un después, que a muchos nos costó un poco asimilar y adaptarnos con nuestros miedos, complejos y curiosidades al nuevo sistema educativo.
Mediante Orden del Ministerio de Educación de 11 de marzo de 1968 (B.O.E. n.º 77, de 29 de marzo) se crean en Alcalá la Real nuevas escuelas nacionales de Enseñanza Primaria, en concreto los tres Colegios Nacionales Comarcales. En el Colegio Nacional Comarcal nº 2, (16 unidades: ocho de niños y ocho de niñas) estaba previsto reubicar a los niños de Fuente Álamo y en consecuencia, suprimir según la misma orden la unidad de niños de Fuente Álamo (por error material se transcribe Puente Álamo, B.O.E. pag.  4.721).
 El proceso de incorporación a las nuevas escuelas fue paulatino, así ya iniciado el curso 1968/69, se fueron incorporando alumnos de Santa Ana, Fuente del Rey, Las Riberas Alta y Baja, las Grajeras, La Rábita, la Venta de Agramaderos (que se instalaron en la Comarcal n.º 2) y durante los meses de marzo y abril de 1969, continuaron las incorporaciones al Comarcal n.º 3 desde Mures, La Pedriza, Villalobos…
Pero con lo que respecta a los niños y niñas de Fuente Álamo, la referida norma no llegó a aplicarse materialmente y la incorporación no se produjo hasta el curso 1969/70 (un año después de lo previsto); ni en los términos establecidos, pues se suprimió una unidad de niños y otra unidad de niñas y se convirtió en escuela mixta la de niñas; ni tampoco nos ubicaron en el Comarcal nº 2, sino que como veremos fuimos dispersados entre los tres “Grupos”. En mi caso, recuerdo el intento baldío de mis padres y mi hermano, no sé si con el beneplácito de D. Leovigildo, de escolarizarme ese mismo curso en dichos Colegios, en concreto en el Colegio Comarcal nº 3, pues pensarían que iba más adelantado que los niños del curso que se quedó en Fuente Álamo. No sé si debido a la edad, cosa que no creo pues había niños de mi misma edad escolarizados en dichos colegios, o debido a mi estatura (con 7 años era un “renacuajo”), que tampoco lo creo, o porque continuaba impartiéndose mi curso (de 1º) en la escuela de Fuente Álamo, cosa que sí creo que fue el motivo principal, que a pesar de haber hecho acto de presencia, me devolvieron a los corrales. Todavía recuerdo cómo mi hermano intentaba convencer a Don Joaquín Martín Villanueva (por entonces director interino) y como éste me miraba y se negaba rotundamente. El siguiente curso 1970/71 sí puede entrar por “méritos propios”.
Con la implantación de ley 14/1970, del 4 de agosto, General de Educación y Financiamiento de la Reforma Educativa, se instauró la Educación Preescolar (voluntaria y hasta los 5 años) y la Educación General Básica (EGB), (obligatoria hasta los 14 años). Ello suponía escolarizar a los niños y niñas de Fuente Álamo conforme a lo establecido en la misma (párvulos 4 y 5 años y ocho cursos de primaria de 6 a 13 años) lo que era materialmente imposible en la escuela de Fuente Álamo, por tal y como estaba concebida o estructurada, ya que sólo había un maestro, D. Leovigildo, y una maestra, Dª Visitación, para todos los niños y niñas desde los 6 años a 13 años (desde Párvulos hasta 6º  de Bachiller). Pero este problema había quedado solucionado afortunadamente antes de su entrada en vigor, pues como hemos visto, ya en el curso 1969-70, los escolares a partir 2º de primaria fuimos reubicados en los Colegios Nacionales Comarcales “El Coto” en Alcalá la Real. La previsión de la implantación del nuevo sistema educativo provocó también, desde mi punto de vista, que al llegar al “Coto" nos rebajasen un curso a casi todos, sin ningún criterio objetivo, sino a dedo del maestro D. Leovigildo o de la maestra Dª Visitación, que también tuvieron que marcharse con el grueso de la tropa ya que entendían que nuestro nivel educativo era inferior. En dichos centros ya estaba reubicado D. José Oria, quien también colaboró en las recalificaciones.
            El criterio para la ubicación no fue como hemos dicho conforme a la norma (Comarcal nº 2), sino pienso que al azar, distribuyéndonos entre los tres edificios, llamados “Grupos Comarcales”, al antojo de los maestros, dándose la paradoja de que a los hermanos nos ponían en distintos Grupos, o la asignación nada tenía que ver con el orden alfabético. Así, de mi edad más o menos y de niños fuimos al Tercer Grupo: Paco Aguilera, Domingo Pérez y Juan José Carrillo (éste un año después); al Segundo Grupo: Isidoro Vega, Manuel Arévalo, Antonio Ramírez, Romualdo Vera, José y Justo Gutiérrez; y al Primer Grupo: José Antonio Serrano, Benito Vera, Julio La Rosa, Pedro Vega, Vicente Martín Arévalo, Francisco Arenas, José Luis Arenas, Vicente Aguilera Pérez y Antonio Jiménez (estos llegaron un curso después). Toda esta separación provocó al principio confusión y cierta indefensión, y evitó la organización de pandillas fuertes, a la vez que fortaleció las relaciones entre los fuentealameños que el azar quiso que cayesen en el mismo Grupo.
            En aquellos dos primeros cursos (1969/70 y 1970/71), se podían contabilizar entre niños y niñas más de 50 alumnos de Fuente Álamo de edades comprendidas entre los 8 años y los 14 años, distribuidos entre los tres Comarcales, que de alguna forma los “inauguraron”, sirviendo de pequeño recordatorio la nominación que sigue: Antonio Pérez Pérez, Jesús Aguilera, José Aguilera Cervera, Enrique Zuheros, Francisco Aguilera Valverde, Domingo Pérez, Vicente Aguilera Cervera, Isidoro Vega, Manuel Arévalo, Antonio Ramírez, José y Justo Gutiérrez, Antonio Pérez (Uge), Domingo Ortega, Remualdo Vera, Gregorio Martín, Juan Valverde, Antonio Luis Aguilera, José Luis Montes, Francisco Ángel Aguilera, Francisco Martín Arévalo, Rafael Cano Vera, Eduardo Aguilera, Manuel Jiménez, Antonio Expósito, Juan Aguilera Pérez, Marcelino Pérez, Antonio y Francisco Cobo, Domingo Ortega; en cuanto a las niñas mi memoria me falla algo más y recuerdo a Mercedes Pérez, Luisa Pérez Aguilera, Josefa Jiménez, Mercedes Fuentes, Luisa y Carmen Cano, Francisca Malagón, Aurora y Carmen Cano Haro, Antonia y Nieves Anguita, Maritrini Montes, Juana Vera, Manuela Ramírez Peinado, Julia Valverde, María Rosa Martín, Dolores Aguilera, Feliciana y Antonia Salazar, Antonia Pareja Jiménez, Mercedes Escribano, María Dolores Aguilera Pérez, Angeles Bailón, Inés Vera, Mercedes Pérez Aranda, María Dolores Pérez Aguilera, Maria José y Francisca Lara, Visitación Peinado, Maria del Carmen y Mercedes Pulido, Andrea y María del Carmen Valverde, ect…  pido disculpas de ante mano por si se me ha pasado alguien, o me he pasado yo al poner alguien que no inauguró el Coto, pero como siempre la lista está abierta para que cada uno que quiera que se apunte y cuente su experiencia.
            En próximas entrega intentaremos describir como era un día normal de escuela para los niños y niñas de Fuente Álamo, desde por la mañana hasta el regreso: el transporte, la escuela, el comedor, el recreo, la relación con los niños de otras aldeas y sobretodo con los niños alcalaínos, que no fue del todo pacífica.

 CONTINUARÁ…

viernes, 5 de septiembre de 2014

TRAVESURAS DE NIÑOS DE FUENTE ÁLAMO. JOSÉ AGUILERA CANO “MACARRÓN”. SU INFANCIA.


Las travesuras de los niños fuentealameños han sido muchas y muy variadas a lo largo de la historia, a las típicas en los años del hambre de meterse en los huertos para hurtar habas, melones, hortalizas, frutas, almendras, ect…, o para bañarse en las albercas prohibidas, le siguieron las peleas o disputas por cosas o valores hoy sin importancia. Por ejemplo, bastaba pintar dos rayas en el suelo que representaban el padre de cada uno y si uno pisaba la del otro, ya estaba liada la pelea, así como una serie de bromas unas de buen gusto y otras más pesadas, sobre todo con los animales, que hoy se consideraría falta de maltrato animal, como echarle “mosca de mulo” en la cola a una burra, echarle gasolina en el culo o atarle latas en la cola a un perro, echar a pelear dos perros o dos cabras… carreras con mulos, bicicletas o motos, emborrachar una lagartija con el humo de un cigarro…, alcanzar objetivos variados con tirachinas o escopetilla de plomos… O las típicas bromas a nuestros semejantes, como pegar un susto con algún disfraz (soldado en la mina de Dorotea) o con un melón hueco iluminado, echar gachas en la cerradura de una puerta el Día de los Santos, cambiar de ubicación las macetas de las vecinas,  dar de comer o beber algo raro, dar una colleja al de delante de la fila, el “bautizar” o poner motes a otros, o la de lanzar piedras normalmente sin objetivo alguno, pero que casi siempre lograban alcanzar la cabeza de alguien, o colocar una cuerda invisible atada a dos extremos para cazar algo o “alguien”…. O el caso de Sánchez el de La Solana que cuando era joven, cogió un canutero, metió tábarros cuando estaban helados y los llevó al casino de Alcalá la Real y cuando se calentaron, abrió el canutero y los soltó.
            Serían muchos los ejemplos de travesuras que se cometieron en Fuente Álamo, pero muchas no estuvieron identificadas con su nombre y apellidos, y era muy fácil asignárselas siempre al mismo cuando no se sabía el autor. Es por ello que, si a alguno de los fuentealameños el pueblo le debiera un reconocimiento, Pepe Aguilera pudiera estar el primero de la lista. Bueno, no sería un reconocimiento como tal porque para ello se deben hacer méritos valorados socialmente como “positivos”, pero sí creo que se le deben unas disculpas, que pueden ser mutuas. Y todo ello porque “Macarrón”, como se le conoce en el pueblo y que a su edad reconoce que no le importa que le llamen así, fue objeto de muchas injusticias cometidas contra él y en cierta forma contra su familia. Fue un fruto recién nacido de la Guerra Civil, que maduró en la calle y sin árbol donde cobijarse durante la postguerra, pues su padre fue encarcelado cuando contaba con 6 años de edad y liberado del destierro cuando ya tenía 12 años (hecho un mozuelo), lo que hizo que junto con sus cinco hermanos, tuviera que salir adelante en unos años tan difíciles y tan señalados para los hijos del que había sido alcalde pedáneo de Fuente Álamo durante la Segunda República y la Guerra Civil. Todo ello le llevó a hacer “méritos”, a ser “señalado” o etiquetado, pues como el mismo reconoce, era un niño travieso de su época, pero lo que no acepta es que le quisieran “meter siempre en el ajo” y culparle de todo lo que pasaba en el pueblo. Así, cada vez que ocurría algo en la aldea, el culpable o el señalado era él, cuando muchas veces habían sido otros niños, como él dice: “pagando cosas que no las hacía, pero tenía que ser él por cojones”. No reconoce el dicho: “No se conocieron en Fuente Álamo niños más <<esentos>> que Capullo, el de la Sancha, Charraga y Macarrón”, y ello, entre otras cosas, porque Juan Pérez Vera, “Capullo” era más joven que ellos. Reconoce travesuras y peleas de niños sobre todo con Antonio Jiménez “Añillos”, como cuando al tirar piedras por encima de La Alberca le llegó a dar una pedrada a la Ventura de Arévalo y a su hermana Gregoria y tuvo que salir corriendo por los huertos de su tía Merced. Reconoce cómo el hambre hacía que le diera vueltas a la cabeza, y cómo el desprecio por los pobres o los “señalados” se sentía en la escuela por parte del maestro D. Manuel, lo que provocó que no pudiera aprender a leer ni a escribir, aparte de que él reconoce que no era aplicado; o el hecho de que pudo tener un futuro mejor cuando le propusieron de niño una carrera de teología y su abuela Segunda, “echó un grito al cielo y se puso como endemoniada” y sin embargo tuvo que irse a los cortijos a trabajar por la comida y por cuatro ropas viejas, y no aprendió a leer ni escribir; ahora piensa que aquello no estaba para él. Reconoce que fue él quien bautizó al maestro con el apodo de “Don Gargajito”, pero el apodo se lo ganó el maestro, pues escupía al suelo y decía que antes que se secara la saliva, tenían que estar allí todos los niños. Ahora, después de tantos años, se le ve un hombre dolorido por todo aquello, y con cierto rencor a todo lo que representaba el fascismo que tuvo que soportar.
José Aguilera Cano nació el 12 de abril de 1933, en Fuente Álamo, hijo de Vicente y Dolores, el menor de los dos varones de los seis hijos del matrimonio. Nació por tanto un año después de la proclamación de la Segunda República y cuando ejercía como alcalde pedáneo su padre, del que quedó huérfano temporalmente (6 años) a los 6 años de edad. Su infancia la recuerda sin padre, con mucha hambre y yendo a comer al cortijo de la Solana, (iban 8 familias) pues una vez finalizada la Guerra Civil fueron despojados de todos sus bienes, como de las cabras que estaban guardadas durante la Guerra en la piquera-corral de Faustino y el mulo que se llevó su tío Pepe. Aquel día, su madre cogió una cabra y la metió para el corral, diciendo que esa no se la llevaban, y entonces Blas Zamora le pegó una pedrada a su hermano Juan en la barriga. O cómo el hambre hizo que se metiese en el horno de Faustino bajo recompensa de que si cogía el pan sería para él, mientras que le decían que tuviera cuidado con la cabeza para que no se diese en el techo del horno pues se quemaría, y las suelas de las alpargatas se iban derritiendo, quedando la huella de la goma pegada en el suelo horno conforme iba saliendo. Una infancia de peleas de niños sobre todo con Antonio Jiménez pues le querían pegar los niños de La Rabita a un hermano de Jarico, se fueron a los callejones, llegó Félix Carrillo y se lo quitó y aprovechando aquel para tirarle una piedra en la cabeza y tuvieron que darle puntos en la cabeza. Otra vez Antonio le dio un puñetazo y se hizo daño en un labio, y su padre después además le pegó una gran paliza por pelearse.
            Pero toda esa infancia pudo ser peor si no hubiese sido porque su padre salvó del fusilamiento a D. Francisquito Sánchez. Como hemos dicho, su padre  era alcalde de Fuente Álamo, en la zona roja,  y para evitar la muerte del señorito en manos de los rojos, reventó una yegua corriendo para llegar a tiempo a Alcalá la Real desde Los Martillos, (donde había una comandancia de la zona roja), y se presentó diciendo que Sánchez no había hecho nada. Después de la Guerra, en recompensa les dio aceite, harina, y les quitó muchas hambres. En el cortijo de Sánchez (La Solana) se daba de comer a niños pobres. Cuentan en el pueblo que fue él el único niño que en los años del hambre se atrevió a enfrentarse a Don Paco Serrano, llevándose las manos a sus partes, por lo que dijo D. Paco que allí (en el molino) no comía más ese niño. Por si eran pocas las desgracias, aquí tienes dos platos. El dice que no es cierto, que cómo se iba atrever a hacer eso a un señorito en aquellos años y que de hecho él y sus hermanos estuvieron comiendo en el Molino.
En la escuela no aprendió a leer ni a escribir, el maestro le pegaba con una vara de almendro y con la tableta de la pizarra y le hacía chichones, y solo le daba de leer a las “riquillas” del pueblo, como eran las niñas de Matías, a las que las ponía delante. A los hijos de los pobres no les daba de leer y los mandaba a hacer tareas del campo y de la casa de su familia.
Ya con 15 años iba a escardar cereales y Matías Candio le pagaba de hombre, ya que decía que ese muchacho se lo merecía, mientras que Sancha se quejaba de que a su hijo no lo llamaban para trabajar.
            Estuvo de cagarrache en el molino de Don Paco, de ayudante con Ceballos (que tenía dos hijos, uno es obispo), donde llenaban los sacos de orujo y los cargaban al camión, y al terminar la molienda, limpiaban las tinajas y el molino. Se acuerda de cuando D. Paco Serrano se peleó con Baldomero Córdoba y en la pelea perdió la sortija, mandando a Joseíco (su chófer) a buscarla.
Su mejor amigo era Antonio Puche Ramírez, con quien iba de novias con el mulo y en la moto; una vez se les fue la luz de la moto y tuvieron una caída en la Venta Regalo, pero arrearon otra vez para Fuente Álamo. Iban a la Almedinilla, con buenos trajes, y dice que no se acuerda de lo que dicen en el pueblo de que fue a comprar “un traje de 3.000 pesetas” sin preguntar por la calidad, y que el tendero le sacó el primero que pilló, (pero que no le gustó, por lo que volvió y le mostró otro) y le dijo aquí tienes el tuyo y le cobró las 3.000 pesetas; según él es verdad que tuvo muchos trajes y que uno de ellos de color verde y de buena lana se lo hizo Felisa a medida, pero que todo lo demás son habladurías del pueblo.

CONTINUARÁ….