lunes, 29 de agosto de 2016

JUAN IBÁÑEZ SÁNCHEZ “EL ANDALUZ”



Nació en Fuente Álamo, en una casa adosada a la Iglesia, en el seno de una familia medio acomodada, un 14 de marzo de 1928. Hijo de Lorenzo y de María, es el tercero de los hijos varones y dos hermanas, si bien una niña llamada Puri, murió a corta edad en plena Guerra Civil en Castro del Río. La madre de su padre era Francisca Jiménez Jiménez, quien su marido, según cuenta, la abandonó. Recuerda que su abuela tenía unas  Imágenes de Santos que ella misma vestía. La familia vino a menos, pues sus antepasados dilapidaron el capital (al parecer mediante los juegos de azar) y él desde que era un joven tuvo que trabajar junto con sus hermanos para el sustento de la familia.
Tiene buenos recuerdos de la niñez, antes de que la Guerra Civil dividiera la aldea en dos partes, pero lo que más recuerda de esos trágicos momentos fue cuando pocos meses después del inicio de la Guerra, su madre le impidió presenciar, como uno de los muchos niños que había allí alrededor de aquella algarabía, la quema de la imagen de San Antonio. Recuerda también, cómo en los primeros días del inicio de la Guerra, vio morir un caballo en la Plaza de la Fuente, consecuencia de un tiro que le habían pegado en la puerta de la casa de Juan “Ninas”, al parecer los rojos, desconociéndose el motivo o la causa. Pero su último recuerdo de Fuente Álamo mientras lo abandonaba, al verse  obligada su familia a marcharse, camino del molino de la Torre, dirección al Cortijo del Coto, fue cuando quiso pillar un colorín, y su padre le dijo “anda y tira para adelante” y no le dejó que pudiera pillarlo. Su buena memoria nos hace recordar pequeños detalles de su infancia.
Como hemos dicho, su familia fue una de las muchas que tuvieron que dejar Fuente Álamo a los pocos meses de iniciarse la Guerra Civil, si bien su abuela Francisca se quedó en Fuente Álamo y le contó que en su casa paraban los milicianos. Tuvieron que hacer un largo peregrinaje, que les llevó hasta el Cortijo del Coto, donde les acogió su tío Rafael Sánchez, quien paraba en la Gorriona. Recuerda que para que no le pillasen los rojos, cuando bajaban a comer subían sus primos al pecho para avisarle, y por la noche les llevaban al Cortijo Lopera. Antes de que anocheciera, su tío Rafael y Rafalíco Zalameas se colocaban, cada uno con un retaco, en la puerta de la entrada y decían que por allí no pasaba nadie. Entonces habló su padre con los Carboneros y se fueron con Rafalico Zalameas y sus hijos al cortijo de Lopera y de Pernales de Brácana, y desde allí a Cuesta Blanca. Estando allí, faltó poco para que les pillasen, y pasaron un día o dos en  la Campana debajo de una chaparra. Se fueron con su tío José Sánchez. Ellos, que tenían un mulo, se lo llevaron a Castro del Río, donde pasaron toda la Guerra. Allí no se escuchaba nada, tan sólo dos bombas cayeron cuando al parecer los aviones iban de paso. En Castro conocieron a Don Alfredo, con quien trabajaban. De Fuente Álamo, estaba allí Joaquín y Justa, quien sería la mujer de José el de la Cabrera. Allí se murió una hermana suya, siendo Justa la que le hizo la mortaja.
A primeros de mayo del 1939, volvieron a Fuente Álamo acabada la guerra.  Recuerda que en la casa de Matías Candio, se rejuntaron todos los objetos y enseres de los fascistas que los rojos se habían apropiado, como camas, colchones, sillas… y recuerda que había una bicicleta, la cual Joseillo Carrillo “Terreras” le ofreció, pero que su padre no dejó que la cogiese porque no era suya, teniendo que devolverla finalmente.
 Cuando se acabó la Guerra, traían los mulos cargados de trigo a la panadería de Fuente Álamo y repartían el pan sólo a los fascistas, quedando el resto para los rojos. Reconoce que ellos tuvieron suerte, pero que era una cosa mal hecha.
Cuando se hizo un mozuelo estuvo 6 años conduciendo un carro y arando con su tío Cayetano Frías, con quien vivía en el Cortijo de Montenegro. Tres años antes de irse a la mili y tres años después de volver. Pero como sólo le pagaba 10 pesetas, se tuvo que ir al Cortijo del Coscojar donde le pagaban 16,93 pesetas.
Se fue a la mili con 21 años, y  estuvo 22 meses en Lérida.  Su  quinta es la del 49, de la que forman parte otros fuentealameños como Luis Cano Nieto (Seu d’Urgell), Antonio Aguilera Valverde (Alhucemas-Villa Sanjurjo), Santiago Cano Muñoz (Seu d’Urgell), Antonio Anguita Montañez (Voluntario en la Legión), Juan Jiménez Pérez, Francisco Expósito Nieto, Manolito González Palomino (Lérida) y Emilio Malagón Ochoa (no se incorporó al ser hijo de viuda). Manolito coincidió con él y otro amigo suyo apodado “Pestazos” que también estuvo sirviendo en la primera compañía de armas pesadas. 
Después de licenciarse, estaría otros 6 años en el Cortijo del Coscojar de mulero. Recuerda que los muleros del Coscojar eran: su hermano Feliciano Ibáñez y él, Francisco Expósito, Pepe Aguilera “Florio”,  Víctor de Cañahonda,  Juanele “Cuilla”, Antonio Cano “Rubio Ramalilla”, Lore “Tabarrón” y Nardo de las Caserías. El  mulero mayor era Víctor, que era quien cortaba la besana y era el manigero de los muleros. Zamora y Matías Candio eran los manigeros de los obreros y José Pedro, el que fuera alcalde pedáneo, pesaba los kilos y los pagaba todos los días. También estuvo de cagarrache en el Molino de Don Pago. En una temporada lo estuvo explotando Julián y Bonifacio Aguilera, después sería Rafael Jiménez, con quien estuvo 7 u 8 temporadas. Eran compañeros Silverio Salazar, su hermano Alberto, Francis el de Clavijo, Miguel el Zapatero y Manuel Carrillo “Terreras”. Tenían que estar 18 horas casi continuas.
A estos años les siguieron un periplo de al menos 20 años de emigración, en los pinos, las patatas, y en la carretera, Burgos, Santander, Logroño… Nunca emigró al extranjero.  La primera vez que emigró fue en el año 70, una vez que murió su padre (1969), a un sitio que se llamaba San Antonio, donde recuerda que había una cristalera, que impedía pasar los camiones grandes y el capataz los denunciaba.
En su experiencia en la rehabilitación de carreteras, reconoce que  tenía una buena técnica a izquierdas a la hora de repartir gravilla sobre el alquitrán.  Recuerda a compañeros  como Juan Ramírez “Mandurria”, que junto con unos pocos se los llevaron a la Lectrora, a Santa María de Cayón. Ismael, que era el encargado, les dijo: “vosotros ya no sois de la cuadrilla, sino de la Panera”, que era de la misma compañía. Otros años volvieron, pero algunos no lo hicieron porque tuvieron conflictos, y a Chele le dijo Ismael que se montara en la Caldera que venía de Santa María de Cayón o de un pueblo de abajo, y le respondió que no se subía porque “eran muy caritativos”, que habían despedido a otro compañero y no le habían dado nada. Feliciano Pérez y Antonio Jiménez se fueron y él les dejó 1.000 pesetas. Hablaron con el patrón Lauro y les dio permiso para marchar,  le pidieron la cuenta a Ismael y, cuando se marchaban, quería abrirle las maletas para ver si se llevaban algo, negándose ellos rotundamente. Estaban 12 horas diarias, aunque si llovía se los llevaba a casa. Si hacía bueno por la tarde iba a recogerlos, todo esto sobre el año 1971. Su Feliciano se fue después porque estaba trabajando en el campo con Luis Montes “Pacheque”. Allí se estaba muy a gusto, hora que trabajabas, hora que pagaban. Estando la cuadrilla en un sitio que se llamaba La Horca (Burgos) llegó el capataz, y les preguntó si no había trabajo o es que no les apetecía; aunque se podían poner a la sombra hasta que no llegara el camión. Un día hacía mucho calor y Pedro Malagón estaba enfermo y le dijo el patrón que le daba lástima y que  si no fuera por los camiones, lo llevaba a la casa. Estando en el Puerto del Escudo, se lió a llover y los metieron en los coches y en los camiones para que no se mojaran.
 Fue uno de aquellos que tuvo la desgracia de sufrir el trágico accidente de 1973, ya relatado, del que resultó afortunadamente ileso. Él iba sentado a la mitad del autobús. Fue en Valdepeñas. Él no vio lo que pasó, pues iba durmiendo. Tuvo que quedarse en el hospital, donde le preguntaron si era familiar y dijo que él era amigo de los accidentados. Después de la comunión de su sobrino Feliciano se fueron otra vez.
Después estuvo en Burgos en las patatas unos 5 años. De estos años de emigración le viene el apodo de “El Andaluz”, en concreto, cuando estuvo trabajando en la provincia de Burgos, en Agüera de Montija, con una cuadrilla de Ávila. Al ser el único andaluz, se lo puso fácil al capataz, siendo Falito “Pandehigo” y otros, los encargados de difundirlo.
Se puede considerar el soltero de oro de Fuente Álamo, si bien tuvo una novia no formal (que también forma parte de una de las historias aquí contadas), llamada Antonia Pérez Bolivar, quien reconoce que intercambiaron correspondencia durante un poco tiempo, pero que  la emigración rompió la relación. Él dice que tal relación apenas existió.

Como hemos visto se le puede considerar un muy buen trabajador. Es una persona afable al trato, familiar y hogareño. No se molesta por muchas bromas que le gasten. Juan es toda una institución en la Fuente, le gusta la charla con los amigos y vivir la vida tranquilamente. Nunca le han gustado los vehículos a motor, si bien una vez tuvo un ciclomotor marca Peugeot, que apenas utilizó. Siendo pues buen caminante, nunca ha permitido que en sus paseos por las orillas de la carretera le montase nadie en su coche, ni siquiera osaba mirar al conductor, solamente levantaba la mano y seguía hacia delante. 

sábado, 30 de julio de 2016

EXPRESIONES Y DICHOS MÁS UTILIZADOS EN FUENTE ÁLAMO. II PARTE.



      Aparte de todas aquellas palabras recogidas en la anterior publicación y muchas más mal pronunciadas, que no mal dichas, hay expresiones o frases hechas por fuentealameños como Cristino Mesa: “Un vamos, toda la vida de Dios han sido dos de pan y una de queso…” con la que el dueño del Cortijo de la Erilla recriminaba a los albañiles que le habían hecho una reforma en el cortijo, entre ellos Justo Gutiérrez, pues se habían comido el queso que guardaba en la orza, en la proporción de dos de queso y una o ninguna de pan. “Cuchar la Jongona”, como diría Mariquilla de Flora, o el típico “Cago hostia” de Juan Aguilera, o aquello que decía José Ramírez: “Te lo dice Pepe…” o la de Luis Montes: “Me cachi en los mengues…”, con aquel sosiego con el que lo decía. Aquella frase “Yo ya sé pa mi apaño”, con la que se despidió Antonia Pérez Vera de la escuela de adultos, cuando aprendió a poner escasamente su nombre. “Redios, Redios, ni los propios” que exclamó aquel padre fuentealameño, cuando se encontraban segando mano a mano con su hijo, al coincidir, sin saberlo, una sonora ventosidad propia con otra sorda de su hijo, para quien tal acto estaba muy mal visto, por lo que no tuvo otro remedio que aprovechar la ocasión. Aquí no funcionó el dicho “Ningún hijo es feo, ni le huelen los…” También aquel dicho que Francisco Pérez González, si le venía alguna adversidad: “No pasa na, vendo una cabra”. Hablando de cabras, también se puede escurrir el bulto de la manera que lo hizo Antonio Ortega “Rayo”, cuando le recriminó Pepe Aguilera “Mercé” que sus cabras le habían comido los olivillos, respondiendo Antonio: “Échale la culpa a la chica, que la grande no ha sido”.
También hay muchas expresiones que se suelen utilizar por toda la zona y otras autóctonas de Fuente Álamo. “Meter la burra de culo”, esta expresión se emplea para manifestar que algo se ha hecho mal. “Más ennortao que la cabra de Cristino”, “Más loco que la Lea”, para calificar a alguien de alocado. “Más apañao que un jarrillo de lata”, esto no solo lo son los fuentealameños/as, sino otros muchos y muchas. “Más guarro que la Leles”, que no tuve el gusto de conocerla, pero seguramente existió. “Viajas más que Amalia” ya quedó explicado en este blog su sentido, “Más perro que la chaqueta de una guarda”, cuando alguien es “vaguete”, “Más de campo que un arao”, “Dar peos a una lata hasta que se bolle”, es para mandar a alguien a que cumpla un misión imposible.  “Olivos al cinco de oros”, para aprovechar el terreno se plantaban cuatro olivos y uno en el centro, y así sucesivamente. “Vas arder como un pajar”, “Dar palos hasta en el cielo de la boca”, son amenazas imposibles de cumplir. “Has metio el chocho en los fideos”, recriminación que se hace cuando alguien se equivoca. “Más oscuro que la boca de un lobo”, ”Se está poniendo el cielo panza burra”, “Tiñosa oscura, lluvia segura”, o “Tiñosa con montera, agua espera, quiera Dios o no quiera”, son expresiones para decir o predecir el tiempo, o frustraciones cuando el viento era molesto para la colocación de los faldos de aceitunas y Pedro Cervera decía: “Cómo le pegue una patá en los güevos al viento, verás”. “Anda y traspón por el Tajo Grajo” como maleficio deseado. “Ya traspuso por la Piedra Gorda”, expresión de duelo, cuando alguien de Fuente Álamo hacía el último viaje camino el cementerio de San José de la Rábita. Así otras muchas que se pueden ir añadiendo, pues “No se puede estar en misa y “replicando”, yo diría, repicando. “Lo tiró como una espuerta de barro”, que respondía al gesto de tirar algo al suelo de un golpe seco y de forma totalmente desentendida. “Fumas más que un tío sacando estiércol” cuando alguien paraba muy a menudo de trabajar para hacer descansos; en este ejemplo, era debido a que el olor de la cuadra hacía que se interrumpiese continuamente la faena para tomar aire. Daremos una pausa y decimos: “No corras, ni trillando”. Hay que recordar que uno de Fuente Álamo, “perdió todas sus tierras plantadas de olivos de cuatro pies”, lo mismo por eso se le marcharon. Otras veces hacemos los refranes o supersticiones a nuestra medida y decimos: “Quien tira la sal, tira el capital”

Recortamos expresiones y decimos: “contrimás se arrima…” por cuanto más se quiere, o “lo menos” en vez de por lo menos, “pa tó” en vez de “para todo”,  “ca” por cada, “da quí” por desde aquí, “to er santico día” por “todo el día”. Ese “Nene, venacapacá”, fuentealameño, que equivale a un “Come here” de nuestros vecinos ingleses, pero con más genio.  “Socorro acuir to er mundo”, por S.O.S, “al laico” por al lado, “está cebao” por estar gordo, “está seco” por estar delgado o decimos que “habla recio”, para decir que está hablando alto…
Se utilizan muchas palabras que ya están en desuso, como el añadir a los verbos el prefijo “a” y decimos “acarrear” por carrear, ablentar por aventar. Sin embargo decimos “bollar el coche” por abollar, que también existe “bollar” pero significa otra cosa.
A las abuelas antes para nombrarlas se anteponía el sustantivo “mama” o “papa” al nombre propio: “Mama Antonia”, “Papa Sandalio”…, o a los tíos y tías y se decía “Tío Monje” o “Tía Pepa”… No sé porque se ha ido suprimiendo lo de “chacha” o “chache”, (“Chacha Sencie” o “Chache Juanele) por tita o tito, seguramente por los tiempos modernos que vinieron.
Cuando alguien dice: Voy “ase” mi tita …” , está utilizando la expresión parecida a la francesa de “chez..”, que significa  “en casa de”.  Sin saberlo, nuestra riqueza lingüística coincide con un idioma tan culto como el francés.
El otro día escuché esta frase: “Otavía no se ha comío las almondigas, ni la acendría y ya se ha limpiao el jocico con la ruilla”. Como éstas las que quieras.
 Recuerdo que esta publicación no es una crítica, pues nada se tiene que reprochar, e incluso habría que valorar esa idiosincrasia que nos hace diferentes y esa transmisión oral de nuestros antepasados. Solo quiero dar a conocer, más bien recordar, la utilización de algunas expresiones y palabras utilizadas en el día a día en nuestro pueblo, siendo consciente de que son una mínima parte de las utilizadas y de que no se trata de un estudio profundo de la lingüística fuentealameña, y como me ha apuntado mi amiga Mari Carmen, hubiese sido más fácil poner las palabras bien pronunciadas y acabaríamos antes, para terminar diciéndome: ¿Es qué hay alguna bien dicha?
A continuación reseñamos una serie de palabras o términos que se utilizan en la aldea y que pueden coincidir con los que se utilizan en otros muchos pueblos, sin ser una lista exhaustiva y sólo a título de ejemplo, que se puede ir completado “por to´s uste’s, o vusotros”, si “sus” da la gana o si os apetece:
Abanto patuo: expresión para descalificar a alguien en forma de broma.
Ablentar: también se puede decir aventar el trigo
Acarrear: transportar en carro.
Acuesta: llevar algo o alguien subido en nuestras espaldas
Andurrial: lugar retirado
Apontocar: apoyar sobre algo
Arregostar: acostumbrar 
Arrendar: imitar o hacer burlas a otro (o hacer arriendos).
Borombillos: llevar alguien en los hombros
Buscar la navajilla: escaquearse en el trabajo en el campo
Cardancha: Cardencha
Carrañaca: instrumento navideño de palo con estrías
Cascaravito de billota: cascara de bellota que se utilizaba como dedil para recoger aceitunas
Carámbalo: trozo de hielo
Cachucho: Cualquier recipiente pequeño (En Fuente Álamo)
Chilancos: cilancos
Chuchurrío: mustio
Crujir el hato: pegarle a alguien
Destajo: lugar de trabajo en la recolección de aceitunas o siega.
Enmallaico: niño hambriento
Ennortao: sin norte, alocado.
Encriscollar: elevar el cuello
Egollante: califica a una persona desagradable en el trato,
Esento: travieso, pillo, revoltoso. El sustantivo es esentura y podemos usarlo como sinónimo de travesura.
Esgobernar un pie: torcedura de tobillo
Fumar: hacer un descanso en el trabajo. “Vamos a echar una jumailla…”
Gallillo viejo: orificio que comunica con la tráquea, por donde suele introducirse accidentalmente pequeñas partículas que producen tos.
Hacer la gata: en la recolección de la aceituna, parar intencionada y disimuladamente al final de la hilera para que otra cuadrilla doble antes, con el fin de que cojan una hilera más dificultosa.
Hacer la maleta: Sinónimo de emigrar
Hilá: hilada o hilera de olivos
Jarapos: trapos o harapos
Jerga: Conjunto de utensilios necesarios para la recolección de la aceituna o la siega (faldos, varas, sacos, ramales…)
Jonguillao: dícese de una cosa cuando está deformada o aplastada.
La vística!: expresión de asombro
La orden, machooo!: expresión de más asombro
Lengua zapatua: estado áspero que se queda la lengua.
Mamia: cabra con una sola teta
Murga “regaera”: murga navideña informal
Muliar: muladar, lugar donde se arroja basura y heces de animales.
Pecho: terreno pendiente
Pingo: salto brusco que da un mulo o caballo
Pingolé: juego de niños, unos salta sobre otros
Pintar: sembrar cereales o leguminosas.
Pirina: especie de gallina pequeña o enana.
Piquera, pajareta: puerta por donde se introduce la paja al pajar
Pleita de esparto: base de esparto para hacer objetos o utensilios de esparto
Porfiar: aportar o desafiar
Posla (portland): superficie lisa hecha de cemento
Raleta o realeta: Cagueta, heces de cochino blandas
Rajuñar: arañar o rasguñar
Renegrura: gran oscuridad
Registros: recortables de las cajetillas de cerillas que se utilizaba para jugar como cromos
Roña, Roña: palabra que se aclamaba para solicitar a los padrinos de los bautizos los caramelos.
Ruilla: servilleta o rodilla
Remanecer: hacer referencia al lugar de donde se es natural o nacido.
Senagüillas: Enaguas pequeñas para la mesa camilla.
Tornas: intercambio de trabajo por trabajo sin dinero de por medio
Tufo: se refiere al flequillo
Turruntera: terreno dificultoso, quizá  por torrentera
Vará de aceitunas: temporada de recolección aceitunas.
Verraquera: Barraquera
Zamanza palos: quiere decir una buena paliza.
Zarcillo: colgante que se pone en las orejas.    
            Hay un montón de palabras recogidas en el diccionario del Real Academia de la Lengua Española, que tuvieron un gran uso en Fuente Álamo y en otros pueblos, pero que actualmente ya no se usan como:
Gaveta: cajón o recipiente de albañilería
Artesa: recipiente cuadrilongo  de madera
Besana: primer surco que se abre en la tierra.
Ubio: yugo
Zafa: utensilio para lavarse, se recoge por la Real Academia pero en otros lugares se le llama, jofaina

Ect, ect, ect,…
Ah! me acabo de acordar de otra que decía: "Escupes más que una bicha en un majano"
Ya está disponible. No te quedes si él y colabora con la publicación.

miércoles, 29 de junio de 2016

EL HABLA EN FUENTE ÁLAMO. I PARTE.



     Aunque el habla o la pronunciación de algunas palabras en Fuente Álamo es muy similar a la de los pueblos de su entorno, siempre hay matices que la diferencian, como ciertas entonaciones características que se han producido por la transmisión oral, y algunas deformaciones en la pronunciación que se han ido gestando a lo largo del tiempo. Esto es debido fundamentalmente a que la transmisión oral no ha ido unida a la transmisión escrita, dada la alta tasa de analfabetismo de nuestros antepasados. Recuerdo que de niño, cuando preguntaba a mi madre qué íbanos a comer me decía: “hoy clanflainas, en lugar de chanfainas; sin saber ni ella ni yo, lo que eran realmente, pero habiendo deformado ya la palabra. Hoy yo por lo menos sí sé cómo se escribe y pronuncia, aunque todavía no sé a que saben.
 A esto hay que unirle el hecho de haber ido recogiendo palabras y entonaciones de los lugares por donde hemos pasado, y que han influido en nuestra riqueza lingüística: la emigración, que fue ampliando, enriqueciendo y variando nuestro acervo lingüístico. Eso sí, siempre le resultó al fuentealameño, pedantes y cursis los intentos de “hablar fino o finolis” de aquellos que volvían de la emigración, pues solíamos meter “la patas” y se nos pillaba en algún fallo o error lingüístico grave, como aquello de “segúnmente”, el “bacalado de Bilbado”, o que en Madrid los perros hacían “guadus”. Sin saberlo, habíamos caído en la ultracorrección.                                                                              Hay que decir que no todos nos adaptamos lo mismo a la pronunciación del lugar donde habíamos emigrado, incluso éramos bastante reacios sobre todo a aprender el catalán. Pero a veces sí que utilizábamos expresiones o palabras sueltas del catalán o del Norte de España, como aquello de “la mare de deus”, “adeu”, “cuyons”, “voy a plegar”, o “la órdiga”, que se emplea cuando algo te sorprende. Digamos que “me cago en la órdiga” es una palabrota suave. También del francés: “Olalá” o Ça bien? con el que me saluda mi vecino Daniel.
Muchas veces ese “habla materna” nos ha llevado a cometer errores de pronunciación “garrafales”, otras veces simplemente se producen variaciones dialécticas. Recuerdo que en una ocasión, y esto me marcó muy mucho, cuando estudiaba 2º de BUP, en una clase de Geografía Económica y Humana, cometí una “grave falta de pronunciación”. En ese empeño de suprimir de mi discurso cualquier “d” en cualquier posición de la palabra en que se encontrase, dije a la profesora Doña Carmina que: “Japón había surgido de la na”, comenzando la profesora a dar votes, como una histérica, haciendo aspavientos y a llevarse las manos a la cabeza, alarmada, a la vez que repetía: “de la nada, de la nada, de la nada…”, impidiendo que pudiera completar mi argumentación a la pregunta que me había hecho sobre la economía del País del Sol Naciente. Lo mismo se me hubiese escapado también “¡hay ca una!”.
Esto no quiere decir que todos los fuentealameños hablen y cometan los mismos errores en pronunciación; hay casos más extremos, sobretodo entre los mayores, pero conforme se ha ido aprendiendo a leer y escribir, los fallos han disminuido, influyendo en esa corrección los nietos o los hijos, ya más estudiados. Esta publicación no es una crítica, pues nada se tiene que reprochar, e incluso habría que valorar esa idiosincrasia que nos hace diferentes y esa transmisión oral de nuestros antepasados. Quiero dar a conocer, más bien recordar, la utilización de algunas expresiones y palabras utilizadas en el día a día en nuestro pueblo, siendo consciente de que son una mínima parte de las utilizadas y de que no se trata de un estudio profundo de la lingüística fuentealameña.
En ese afán de recortar la pronunciación de las palabras, los fuentealameños hemos llegado a casos extremos con la supresión casi total del fonema “d”, no solo la del final de las palabras, sino sobre todo la de sílabas intermedias, caso de “bail”, en vez de badil, “suor” por sudor, “caío” por caído “rueo” por ruedo, “rebaillas” por rabadillas, o la del principio de palabra, como “onde esta’s” y así un sinfín de palabras que todos nosotros conocemos. A veces, incluso  suprimimos “dr” y decimos “pae” o “mae” en vez de padre o madre, o cuando las palabras empiezan por el prefijo des, “esollar” por desollar, y hasta doblemente como “esnuar” por desnudar. Pero no solo lo hacemos con la “d”, también con la “r”: “velo” en vez de verlo, “paece” por parece;  incluso la n en “berejena” y a veces tan exageradamente “b” como “tamién” por también; quitamos la “y” de muy y decimos “mu bien”, que en este caso está “mu mal dicho”. En otras ocasiones, sin embargo, añadimos sílabas, consonantes o vocales y decimos “amoto” en vez de moto, “trompezar” por tropezar, “asín” por así, “escarrigüela” por carrihuela; o las cambiamos por otras “efaratar” por desbaratar. Muchas veces distorsionamos las palabras y las deformamos hasta extremos insospechados llegando a “dalear”, la palabra hasta ser admitida como un vulgarismo del verbo ladear, pero lo que no cuela “otavía”, es “almondiga” por albóndiga, “acendría” por sandía, “estréberes” por trébedes, “muliar” por muladar, “naiden” por nadie, “Alminilla” por Almedinilla, “ruilla” por rodilla, “billota” por bellota, “pisebre” por pesebres, “cuncursilla” por curcusilla  “porfiar” por desafiar… Yo he oído decir hasta “mortelada”, por mortadela, “estógamo”, por estómago.
A veces incluso les quitamos la “d” a los nombres propios  o apellidos y rebautizamos a las personas; en vez de decirle Padilla, decimos “Paillas”, “Caejo” por Cadejo o en vez de Matías Cándido decimos Matías “Candio”, o lo hacemos a nuestro gusto y decimos “Costo”, “Costorillo”,  por Custodio, así como o “Luardo” por Eduardo o “Lonardo” por Leonardo, sin embargo un nombre que está bien dicho como “Mandurria” va el Ayuntamiento de Alcalá la Real y la cambia y pone Calle Bandurria, que también está bien dicho pero no hace honor a Manuel “Mandurria”. Tenemos la costumbre de poner el artículo “la” o “el” delante del nombre propio y decimos “La Conchi”, o “La Loli”, para que no “me se” enfade o “El Quisco”.
El afán de recordar nos hace que la terminación de las palabras con las consonantes “s” o “d” o “z” no se pronuncia. “lapi”, por lápiz, “cali” por cáliz…
Los fuentealameños sin embargo, a diferencia de los alcalaínos o prieguenses, no seseamos, ni tampoco ceceamos, como los castilleros o mureños.
Utilizamos el sufijo diminutivo “illo” o “ico” en vez de “ito”: así decimos “pequeñillo” que no está mal dicho, en vez de pequeñito. Y algunas veces hasta inapropiadamente como para disminuir los efectos de “mismo” o “exactamente”,  “ahora mimitico…” o me da  “exatamentico igual”
La “f” la solemos sustituir por la “j”, y en vez de decir Fuente Álamo, lo hacemos más nuestro y decimos “Juente Álamo”, o “se jue” en vez de se fue…
La “hue” o la “bue” la pronunciamos a veces como “güe”, “güevos” por huevos, “güeso” por hueso, “güeno” por bueno, agüelo por abuelo y si exageramos decimos “Agüelajo”, o “güele” por huele, llegando la deformación incluso a la raíz del verbo “oler” para decir “goler”.
“Haiga”, sin embargo, pese a que estar mal dicho,viene del castellano antiguo y que ha previvido en las zonas rurales, lo correcto es haya. “Hogaño”, está bien dicho, viene del latín “hoc anno”, este año, son tan cultas que parecen incorrectas, así como “vide”, palabra del castellano antiguo y culto
 Decimos yerba, que también está bien dicho, pero los demás “hie” los convertimos en “ye, y decimos “yerro” en vez de hierro, “yelo” en vez de hielo…
La “h” inicial la aspiramos y la sustituimos por la “j” así decimos “jarapos” por harapos, “jongona” por hongona o “jocico” por hocico…
La “v” por la “g” “gorver” por volver. “degober” por devolver. Decimos “Regoltillas” en vez de Revueltillas, para denominar al cortijo que fue de Francisco Expósito.

Esto no se acaba aquí, así que podéis añadir unas cuantas más… 

miércoles, 1 de junio de 2016

TRÁGICO ACCIDENTE EN LA EMIGRACIÓN DE FUENTE ÁLAMO. FRANCISCO MALAGÓN CASTILLO.



    Fue triste y doloroso para todo el pueblo y especialmente para su familia, la muerte trágica de uno de los jóvenes más trabajadores y aplicados en sus estudios que tuvo la aldea. Había nacido en Fuente Álamo el 3 de abril de 1952 en el seno de una familia humilde y religiosa, hijo de Pedro y de Pilar. Vivió su infancia y juventud en una casa que la familia tenía en El Cerro, si bien a principios de los años 70 se marcharon a Alcalá la Real, en concreto a la Calle Real. Como hemos dicho era buen estudiante; se le propuso costear una carrera, y de hecho sus estudios de bachiller le fueron sufragados en la SAFA. Le recuerdo, aunque vagamente, tocando la campanilla en las eucaristías procesadas en la iglesia de Fuente Álamo, siguiendo la tradición de sus abuelos maternos, Pedro y Eugenia, quienes eran los sacristanes del pueblo.
Francisco Malagón Castillo, falleció a los 21 años de edad a consecuencia de un trágico accidente ocurrido en una noche de la primavera del año 1973 (mayo). Sería sobre las 12 y cuarto de la noche, por lo que la mayoría de los viajeros dormitaban, aunque Antonio Aguilera Valverde iba despierto y pudo ver el suceso con la exactitud que le permitió la noche. Juan Ibáñez estaba sentado por la mitad del autobús, durmiendo. Juan Pérez Hinojosa iba despierto y sentado sobre el caparazón que recubría el motor del autocar, hablando con el conductor, y así evitar que éste pudiera dormirse, al tiempo que reposaba unos chorizos que habían comido en un bar de carreteras de la provincia de Jaén. En aquellos años se viajaba de otra forma, la gente se podía levantar y sentarse junto al conductor. Nuestro malogrado paisano ocupaba el asiento individual situado a la izquierda del conductor. En aquel autocar de la empresa de Pepe de Charilla viajaba un grupo 15 ó 20 emigrantes fuentealameños destino al Norte de España (Burgos) para trabajar en el acondicionamiento y construcción de carreteras. El accidente tuvo lugar en una recta de la Mancha, en la antigua Nacional IV a la altura de Valdepeñas, y según recuerda José Pérez Pérez, a la derecha se podía ver la escultura de un ángel (1). Allí ocurrió el impacto con un camión tráiler marca Pegaso procedente de las llamadas por entonces Vascongadas, que viajaba cargado de azulejos destino a Sevilla. El camión circulaba de frente, mientras que un turismo Seat 850, 4 puertas, color amarillo intentó adelantar al autocar, pero como el tráiler venía en sentido contrario, su conductor dio un volantazo para evitar el turismo y se cruzó en la carretera, el turismo se metió debajo en la caja del camión y el chofer del autobús en un intento de evitar el choque frontal tuvo que dar  otro volantazo a la derecha en un instinto de salvarse, chocando el autocar con su parte derecha con la caja del camión. Como consecuencia, Francis quedó atrapado con la puerta del autobús y el asiento. El techo del autocar saltó hacia arriba y se fue hacia atrás y esa fue la salvación de los demás viajantes. En el  accidente también influyó el que la carretera estaba mojada, según comenta Juan Ibáñez. También pudo tener consecuencias más graves si hubiese llegado otro vehículo por detrás, pues el camión se cruzó de carril, quedando éste totalmente atravesado en la carretera, según relatan algunos de los viajeros accidentados.

Aparte de la muerte de Francis, hubo varios heridos graves como Juan Pérez Hinojosa, cuya cabeza se introdujo entre los barrotes del volante quedando atrapada entre ellos, y otros muchos sufrieron heridas leves como Juan Aguilera Cervera, quien recibió varios puntos o grapas, o Antonio Aguilera Valverde, quien iba sentado sobre el medio del autobús y recibió un golpe en la nariz con el cenicero del respaldo del asiento. Algunos resultaron ilesos, pero casi todos con pequeños cortes producidos por los cristales o con hematomas como Juan Ibáñez Sánchez, Feliciano Ibáñez Sánchez, Juan y Miguel La Rosa Rodríguez, José Pérez Pérez, Rafalillo Castillo “Pandehigo”, Juan Aguilera Cano “Cascorro”, Emilio Malagón Ochoa, Luis Valverde Pérez, el Agüelo de Puertollano, Chele de Dorotea, cuñado de la Boni, o el propio padre del fallecido Pedro Malagón Ochoa, “Pere”, ect…. Por el lugar del accidente pasó un primer coche, y su conductor no quiso montar a los accidentados porque no quería que lo mancharan de sangre; la Guardia Civil después les diría que si hubiesen tomado la matrícula, no hubiese conducido más, según manifiesta Juan Ibáñez. Antonio Aguilera cuenta que cuando vio que Juan Pérez Hinojosa no hablaba, comenzó a pedir ayuda para bajarlo y él lo alargó a los que estaban abajo. Pararon un coche y se fue con él al hospital de Valdepeñas. Cuando llegaron al hospital, vieron que había olvidado su carnet de identidad, por lo que la Guardia Civil le pidió los datos. En el cuartel, al otro día, le hicieron unas preguntas sobre cómo habían ocurrido los hechos. Los accidentados fueron evacuados en distintos coches a varios hospitales de la zona, tal y como comenta José Pérez, quien coincidió en el hospital con la esposa del conductor del turismo. Chele, “el cuñado de la Boni”, comentó que al conductor del turismo, quien falleció en el acto, no se le conocía nada de la cabeza. Al ser un choque lateral los que iban situados a la derecha sufrieron el impacto más violento. El autocar se quedó en el lugar y todas las maletas esparcidas por el suelo. Sólo se quedaron allí Juan Ibáñez y Emilio Malagón, hasta que llegó una máquina retroexcavadora para arrastrar el autobús, que a pesar de todo, arrancó a la primera, llevándolo a un aparcamiento cercano. Juan Ibáñez se fue con el conductor de la retroexcavadora hasta hospital, donde le preguntaron si el accidentado grave era familiar, diciendo que era su amigo.
 Francisco no murió en el acto, estuvo cuatro o cinco días en la UVI del hospital, según manifiesta Juan Pérez, quien también tuvo que quedarse en el hospital al menos un mes más. Juan dice que le dijeron (él no recuerda, pues estaba inconsciente) que en su estancia en el hospital, Francis le decía: “Juan no chilles, que yo estoy peor que tú y no me quejo”, pues estaban en la misma habitación.
El mismo día del accidente a Juan Ibáñez y a Emilio Malagón, les dijo Pepe Charilla, que si querían volver no les iba a cobrar nada y  que podían ir a ver a sus familiares. Al otro día fue otro autocar y les trajo a todos a Fuente Álamo, excepto a Juan Pérez y a Francisco Malagón. Estuvieron 3 ó 4 días en Fuente Álamo y después del sepelio de Francis se marcharon de nuevo a Burgos, eso sí, ahora en tren.

(1) En el Cerro de las Aguzaderas, 2 km al norte de Valdepeñas y visible desde la antigua Nacional IV (actual A4), el Ángel de la Victoria y la Paz, un monumento dedicado a «los mártires de nuestra cruzada», obra de Juan de Ávalos. La obra consistía en la figura de un ángel de 15 m de altura con una espada en forma de cruz de 10 m realizada en chapa de cobre repujada recubriendo una armadura interior de hierro, y dos hitos de 25 m de alto que representan una puerta de la paz. El 18 de julio de 1976, 40.º aniversario del Alzamiento Nacional, un atentado con bomba del FRAP destruyó parcialmente el Ángel. Finalmente se dejó la escultura como había quedado, adecentándose los alrededores. Con el tiempo el Ángel fue deteriorándose, perdiendo la espada y quedando solo la empuñadura en forma de cruz.

domingo, 8 de mayo de 2016

MERCEDES RAMÍREZ VERA. MUJER MULTIUSO DE FUENTE ÁLAMO




      El servicio doméstico en Fuente Álamo en la Posguerra y hasta finales de los años 50 era gratuito y de 24 horas. Estaba formado por niñas y mozuelas que trabajaban por la comida y por los cuatro harapos o trapos que les daban sus amos como vestido. Eso sí, con derecho a pernoctar encima de la paja  o en cualquier apartado anexo a la cuadra destinada para los mulos.  Las niñas de las familias pobres desde corta edad, 8 ó 10 años, comenzaban con esas tareas, mientras que los niños guardaban cochinos, pavos o cualquier otro animal que necesitara de cuidado. La escuela era algo secundario o inexistente. Son numerosos los casos de niñas, ahora octogenarias, que nos cuentan sus experiencias en aquellos menesteres, coincidiendo todas en lo básico: el sueldo era un trozo de pan y algo de matanza, que tenían que compartir a veces con el resto de su  familia y otras, tenían que comer a hurtadillas. Pero no solo se trataba de servicio doméstico propiamente dicho, sino que a veces tenían que colaborar en las labores agrícolas, o como recaderas, costureras, cuidadoras de niños o enfermos; mostrando en general una disposición total y absoluta. Muchas jóvenes fuentealameñas y algunas aún niñas, eran empleadas en las casas y cortijos de las familias más acomodadas, o quizás no tanto, pues ya en los años 40, 50 ó 60, no tenían que ser tan ricas para disponer de criadas. En Fuente Álamo podrían ser  más  de una veintena, las familias que disponían de criada, moza, o empleada del hogar. Eran las llamadas “mozas”, que además cogían el nombre de la casa donde trabajaban, “la moza de...” Un buen ejemplo de “moza” multiuso es la protagonista de esta historia. 
De Mercedes “la de Paulos Román” se podrían destacar muchas virtudes, pero una resalta sobre las demás, la de ser servicial. Su vida la ha dedicado a servir, a cuidar, a ayudar y satisfacer a los demás, y especialmente a toda su familia. Desde que era una niña estuvo al servicio doméstico ajeno, sin remuneración alguna, a excepción quizás de un trozo de pan o algo que llevarse a la boca. Al propio tiempo hacía las tareas domésticas de su casa. Cuidó de su hermana mayor que estaba enferma hasta sus últimos días, después de sus padres, de sus hijos hasta que se hicieron mayores, y hasta hace poco de sus nietas; pero como estaba predestinada para ello, estos últimos años, el destino le reservó otro servicio más, el cuidado de su marido, impedido de movilidad. Su continua preocupación por las cosas y por los demás ha hecho que se olvide de vivir su propia vida, y como ella misma reconoce nunca tuvo grandes aficiones. Siempre estuvo pendiente de los problemas de los demás, y lo que es más importante, anteponiéndolos a los suyos propios. Mercedes siempre tiene tendida una mano para ayudar y la otra escondida para evitar que alguien se la pueda coger para ayudarle. Hasta tal punto la extendió en una ocasión, que en una disputa de niños entre mi hermana y yo, evitó que una china impactara sobre la frente de mi hermana, haciéndolo en sus dedos.
 Como veremos sus miedos y sus temores le han acompañado y perseguido toda su vida, condicionando su forma de ser, lo que ha provocado en ella, sacar el valor de donde no lo había para poder enfrentarse a ellos.

Nació en Fuente Álamo el 8 de mayo de 1938, pocos meses después de la Batalla de la Cornicabra y durante los esporádicos bombardeos sobre la aldea. La guerra impidió que su nacimiento fuese inscrito en el Registro Civil, acto que no se produciría hasta 1958, mediante expediente promovido por su padre. Cuando ella nació, sus padres vivían en la casa que había en el lugar que ocupa actualmente el Centro Social de Fuente Álamo, propiedad de la familia Ramírez. Después, sus padres se fueron a vivir a una casa cercana a la Escuela, que después sería de Pepe y de Genara.  Sus primeros recuerdos son de cuando vivían en la actual casa de Eulalia, con unos 8 ó 10 años. Siempre vivieron de alquiler.
Su padre Pablo Ramírez, hijo de Román, de ahí el sobrenombre de “Román”, era natural de Sileras, y conoció a principio de los años 30 a su madre Juliana, ella fuentealameña, formando pareja hecho, hasta que se casaron en Las Grajeras ya en los años 50, por lo que cuando Mercedes nació no estaban casados, al igual que sus otros dos hermanos Irene y Juan. Los padrinos de sus padres fueron el maestro D. Manuel López y su esposa Patrocinio González.
La Guerra Civil la pasaron en Fuente Álamo, aunque estando ella recién nacida, corrieron para refugiarse hacía la zona de Las Grajeras y a su abuelo materno Fernando Vera, que no quiso correr, se lo llevaron y lo mataron al parecer en Priego de Córdoba. Recuerda que su madre le contó como anécdota que en la Guerra los milicianos le traían gallinas para que se las guisara, y que en una ocasión apartó las mejores tajadas de carne para cuando su padre volviese, yendo entre esa carne las higadillas o “durillas” de las gallinas sin limpiar, pues se le había olvidado limpiarlas o se le habían escapado con la carne; así que cuando su padre comenzó a comer, vio cómo se habían abierto y toda la comida estaba llena de excrementos, por lo que pasó bastante miedo y vergüenza pensando o temiendo que los milicianos hubiesen creído que lo había hecho a propósito, por lo que al final se alegró de haberlas apartado para su padre. Esto ocurrió viviendo en una casa que ocupa actualmente el Centro Social.
Hizo la comunión vestida de corto, natural, es decir, sin vestido de comunión. Vivían por entonces en la casa que actualmente pertenece a  Eulalia, cuando tenía 7 años. Recuerda a esa edad que cuando no quería hacer algo que le mandaba su hermana mayor, llamada Irene, que estaba enferma, siempre le decía: “como no me hagas lo que te digo, cuando me muera vengo y te arrastro”, por lo que cuando murió, ella siempre arrastró ese mensaje y fue uno de sus muchos miedos. Su hermana nació en 1932. Murió con 21 años.
Siendo una niña guardaba el huerto que Matías “Candio” tenía en Los Callejones, casi todo el día. Recuerda que cuando bajaba por los Callejones iba tirando piedras para espantar los numerosos lagartos y serpientes que merodeaban por los alrededores. Un día, estaba sentada debajo de la higuera, donde había una poza para regar la huerta, cuando de pronto vio una bicha enroscada en su vestido que estaba extendido; al moverse del susto la serpiente afortunadamente se marchó.
Comenzó a servir en las casas a temprana edad, con unos 10 ó 12 años, después de morir su hermana, cuidando los niños de Ceferina Nieto. Después sirvió en casa del maestro D. Manuel y Patrocinio, para cuidar los niños, a la vez que estaba en la escuela. No solo cuidaba a los niños del maestro, sino que hacía todas las labores de la casa, recordando cómo Patrocinio le ponía un cajón para que se subiera al fregadero. Pese que su madre le decía al maestro que tenían que darle de leer, recuerda que cada poco tiempo iba la mujer del maestro, y decía: “Manolo, dile a Mercedes que se venga, que se han cagado los niños”, y recuerda que cada noche cuando se marchaba tenía que decir “Buenas noches, ¿me necesitan ustedes para algo?” y se despedía diciendo “Bueno, hasta mañana, buenas noches”.
 Nadie le pagó nunca nada, solo comida. La última casa en la que sirvió fue la de Frasquita. En casa de Hipólita, prima de su madre, no servía, sino que iba con las hijas de ella porque era familia. No se acuerda muy bien  del momento en que dejó de servir, pero sería ya mozuela, con 18 ó 20 años.
Después de mozuela, estuvo aprendiendo a coser con la llamada Casera de Sierra y en el Cortijo del Llano con una mujer llamada Enriqueta. Esta cosía ropa de mujer y de hombre, enseñándola a coser pantalones, chaquetas, chalecos, etc. Su madre habló con ella para que echara los hilillos, pero  no llegó  a aprender a cortar ropa de hombre o de mujer. Los encajes de bolillos los aprendió de la hermana de Mercedes Pareja,  llamada Vivi, en el Cortijo de los Bujeos donde iban con unas cuantas jóvenes para que le dejase los dibujos. Aprendió y hacía encajes para sus parientes de la Dehesa, quienes se lo compraban para el juego de ropa interior, saya, camisón y bragas. En total hacía 7 metros de encaje que era lo que se necesitaban para el ajuar. Su madre le compraba una sábana, una mantelería, y ella se hizo todo su ajuar, del que todavía tiene alguna saya con encaje. Después aprendió a bordar velos negros, por los que le pagaban algo por hacerlo, y por último los abrigos de lana, esto ya en los años 80 y 90.
 Su madre quiso que aprendiera a sembrar, escardar, “pintar”, y todas las labores del campo. Estuvo trabajando en las tierras de Cornicabras, Pacheque, Genaro, Frasquito…
 Al Cortijo de Ardales se fueron cuando ella era mozuela, en donde había una casa, y junto a la de ellos otras dos o tres más; donde vivían otras familias fuentealameñas. Siempre vivieron de alquiler, hasta que sus padres compraron su casa actual.
Se casó a los 29 años el 14 de octubre del 1967, con José Pérez, de cuya unión nacieron dos hijos. Su hija mayor María Josefa nació en 1968 y José Antonio, en 1971. Vivieron en el Cortijo del Praillo y en la casa que fuera de Joaquín de la Sancha, hasta que se asentaron en la casa que actualmente habitan, heredada de sus padres y que antes había sido de Blas Zamora y que en 1971 reformaron.

Su marido en 1969 se fue a trabajar a Alemania. Ella como muchos fuentealameños también tuvo que emigrar, en concreto estuvo en Francia durante 4 ó 5 temporadas en la recolección de la fresa y de la manzana, donde recuerda que para pedir huevos al patrón tenía que ir cada día con un huevo en la mano. En la Mancha estuvo en la vendimia, en Gurrea de Gallegó, provincia de Huesca, recolectando espárragos, y en Lucena en la aceituna. En los cortes de Fuente Álamo ha estado en la recolección de aceitunas con los Curas, en los cortijos de la Cabrera y del Coscojal.
Pero no solo fueron el servicio doméstico, el campo o la costura las actividades que desarrolló Mercedes, sino que también, como algunos otros en el pueblo, hizo de practicante y ponía inyecciones como el/la mejor profesional. En alguna ocasión se le fue la mano a la hora de relajar el músculo del glúteo de la paciente, y en vez de dar una pequeña palmada, pegó un verdadero cachete, que hizo que su sobrina Loli Pérez, diera tal grito, que la enfermera se asustó y  no fue capaz de atinar con la aguja.
No ha tenido una vida fácil por lo aquí visto, pero dice que lo más malo, ha sido cuando su marido enfermó. También su hija de muy niña estuvo mala.  Recuerda que cuando estaba su marido en Alemania, la llevó al Santo Manuel, y éste le preguntó que si la había llevado al médico; ella le dijo que a los médicos de  Alcalá la Real, y el Santo le recomendó que la llevase a los de Granada, al tiempo que también la tranquilizó diciéndole que no tenía nada del corazón, que era lo que ella más temía. Ni cree, ni deja de creer, pero aquello la tranquilizó, pues en Granada fue donde la curaron. Por eso piensa que “el Santo” le ha hecho cosas para creer. Otra cosa que le hizo el Santo Manuel, fue cuando su marido se tenía que operar de un oído, del que apenas oía. Él no quiso ir al Santo  y ella fue con otras amigas, y le dijo el Santo Manuel que si se le había metido en la cabeza en operarse y él quería, que le dejase, pero que no iba a tener beneficio. Y efectivamente perdió el oído. Insiste en que no es creyente, pero “ha ido a la precisión”, tiene fe en Dios y a veces se enfada con él sobre todo ahora cuando ve lo que está pasando su marido, con esos ataques de tos.
Recuerda que no le gustó que le dijera su suegra que llamase a su marido que estaba en Alemania, diciéndole que como la niña se muera, incluso le dijo su suegra a la Venturilla de Brígido, “que la niña estaba muy mala y no quiere llamar su marido” y la Ventura le dio ánimos le dijo: “que va a estar mala la niña y tiene mejor cara que yo” y eso le dio muchos ánimos. Tampoco le gustó que le dijese su suegra que su marido estaba con otra mujer en Alemania, porque quería que lo llamase para que se viniese, estuvo dos años, ella estaba tranquila pues pensaba que con otra no podría estar porque el dinero de todas las mensualidades se lo mandaba íntegro.
Otro de los conocimientos que tiene, que se lo enseñó su pariente llamada Elisea y que antes practicaba era el decir El Rosario. Lo ha echado muchos años en Fuente Álamo. Dice que, por echar el Rosario no cree más en los Santos, o en la Virgen. Nunca tuvo creencias o aficiones fuertes. Recuerda que si no la dejaban sus padres ir a alguna fiesta, ella no se disgustaba. Eso sí, le hubiese gustado de mozuela estar más gordita, pues se llevaba en aquella época y ella siempre tuvo complejo de ser alta y delgada. Ha ido a la playa pero ya de mayor, le gusta ver el mar pero no tomar el sol; sobre todo a raíz de que una vez fue y se echó aceite en vez de protector solar y se quemó gravemente. Según ella se “achicharró”.
Como hemos dicho ha pasado muchos miedos, así recuerda que en una ocasión un coche conducido por su cuñado Marcelino dio una vuelta de campana, resultando ambos ilesos, también recientemente ha tenido otro percance similar.
Sus mejores amigas de mozuela eran Dorotea de José Pérez Lizana, Josefilla de Expecta, pero como esta era más baja, no se podía juntar con ella para formar pareja en los bailes. Dorotea, Encarnita, la Mercedes de la Genara, ect.. eran otras de sus amigas. Dice que tuvo muchos pretendientes, casi uno en cada baile. Pero novios formales tuvo a Amador Pérez, solo que por poco tiempo, pues se fue a Barcelona. Luego, por carta estuvieron más tiempo correspondiéndose. Después conoció a su actual marido, su “Nene”, con quien lleva felizmente casada 50 años.