domingo, 8 de mayo de 2016

MERCEDES RAMÍREZ VERA. MUJER MULTIUSO DE FUENTE ÁLAMO




      El servicio doméstico en Fuente Álamo en la Posguerra y hasta finales de los años 50 era gratuito y de 24 horas. Estaba formado por niñas y mozuelas que trabajaban por la comida y por los cuatro harapos o trapos que les daban sus amos como vestido. Eso sí, con derecho a pernoctar encima de la paja  o en cualquier apartado anexo a la cuadra destinada para los mulos.  Las niñas de las familias pobres desde corta edad, 8 ó 10 años, comenzaban con esas tareas, mientras que los niños guardaban cochinos, pavos o cualquier otro animal que necesitara de cuidado. La escuela era algo secundario o inexistente. Son numerosos los casos de niñas, ahora octogenarias, que nos cuentan sus experiencias en aquellos menesteres, coincidiendo todas en lo básico: el sueldo era un trozo de pan y algo de matanza, que tenían que compartir a veces con el resto de su  familia y otras, tenían que comer a hurtadillas. Pero no solo se trataba de servicio doméstico propiamente dicho, sino que a veces tenían que colaborar en las labores agrícolas, o como recaderas, costureras, cuidadoras de niños o enfermos; mostrando en general una disposición total y absoluta. Muchas jóvenes fuentealameñas y algunas aún niñas, eran empleadas en las casas y cortijos de las familias más acomodadas, o quizás no tanto, pues ya en los años 40, 50 ó 60, no tenían que ser tan ricas para disponer de criadas. En Fuente Álamo podrían ser  más  de una veintena, las familias que disponían de criada, moza, o empleada del hogar. Eran las llamadas “mozas”, que además cogían el nombre de la casa donde trabajaban, “la moza de...” Un buen ejemplo de “moza” multiuso es la protagonista de esta historia. 
De Mercedes “la de Paulos Román” se podrían destacar muchas virtudes, pero una resalta sobre las demás, la de ser servicial. Su vida la ha dedicado a servir, a cuidar, a ayudar y satisfacer a los demás, y especialmente a toda su familia. Desde que era una niña estuvo al servicio doméstico ajeno, sin remuneración alguna, a excepción quizás de un trozo de pan o algo que llevarse a la boca. Al propio tiempo hacía las tareas domésticas de su casa. Cuidó de su hermana mayor que estaba enferma hasta sus últimos días, después de sus padres, de sus hijos hasta que se hicieron mayores, y hasta hace poco de sus nietas; pero como estaba predestinada para ello, estos últimos años, el destino le reservó otro servicio más, el cuidado de su marido, impedido de movilidad. Su continua preocupación por las cosas y por los demás ha hecho que se olvide de vivir su propia vida, y como ella misma reconoce nunca tuvo grandes aficiones. Siempre estuvo pendiente de los problemas de los demás, y lo que es más importante, anteponiéndolos a los suyos propios. Mercedes siempre tiene tendida una mano para ayudar y la otra escondida para evitar que alguien se la pueda coger para ayudarle. Hasta tal punto la extendió en una ocasión, que en una disputa de niños entre mi hermana y yo, evitó que una china impactara sobre la frente de mi hermana, haciéndolo en sus dedos.
 Como veremos sus miedos y sus temores le han acompañado y perseguido toda su vida, condicionando su forma de ser, lo que ha provocado en ella, sacar el valor de donde no lo había para poder enfrentarse a ellos.

Nació en Fuente Álamo el 8 de mayo de 1938, pocos meses después de la Batalla de la Cornicabra y durante los esporádicos bombardeos sobre la aldea. La guerra impidió que su nacimiento fuese inscrito en el Registro Civil, acto que no se produciría hasta 1958, mediante expediente promovido por su padre. Cuando ella nació, sus padres vivían en la casa que había en el lugar que ocupa actualmente el Centro Social de Fuente Álamo, propiedad de la familia Ramírez. Después, sus padres se fueron a vivir a una casa cercana a la Escuela, que después sería de Pepe y de Genara.  Sus primeros recuerdos son de cuando vivían en la actual casa de Eulalia, con unos 8 ó 10 años. Siempre vivieron de alquiler.
Su padre Pablo Ramírez, hijo de Román, de ahí el sobrenombre de “Román”, era natural de Sileras, y conoció a principio de los años 30 a su madre Juliana, ella fuentealameña, formando pareja hecho, hasta que se casaron en Las Grajeras ya en los años 50, por lo que cuando Mercedes nació no estaban casados, al igual que sus otros dos hermanos Irene y Juan. Los padrinos de sus padres fueron el maestro D. Manuel López y su esposa Patrocinio González.
La Guerra Civil la pasaron en Fuente Álamo, aunque estando ella recién nacida, corrieron para refugiarse hacía la zona de Las Grajeras y a su abuelo materno Fernando Vera, que no quiso correr, se lo llevaron y lo mataron al parecer en Priego de Córdoba. Recuerda que su madre le contó como anécdota que en la Guerra los milicianos le traían gallinas para que se las guisara, y que en una ocasión apartó las mejores tajadas de carne para cuando su padre volviese, yendo entre esa carne las higadillas o “durillas” de las gallinas sin limpiar, pues se le había olvidado limpiarlas o se le habían escapado con la carne; así que cuando su padre comenzó a comer, vio cómo se habían abierto y toda la comida estaba llena de excrementos, por lo que pasó bastante miedo y vergüenza pensando o temiendo que los milicianos hubiesen creído que lo había hecho a propósito, por lo que al final se alegró de haberlas apartado para su padre. Esto ocurrió viviendo en una casa que ocupa actualmente el Centro Social.
Hizo la comunión vestida de corto, natural, es decir, sin vestido de comunión. Vivían por entonces en la casa que actualmente pertenece a  Eulalia, cuando tenía 7 años. Recuerda a esa edad que cuando no quería hacer algo que le mandaba su hermana mayor, llamada Irene, que estaba enferma, siempre le decía: “como no me hagas lo que te digo, cuando me muera vengo y te arrastro”, por lo que cuando murió, ella siempre arrastró ese mensaje y fue uno de sus muchos miedos. Su hermana nació en 1932. Murió con 21 años.
Siendo una niña guardaba el huerto que Matías “Candio” tenía en Los Callejones, casi todo el día. Recuerda que cuando bajaba por los Callejones iba tirando piedras para espantar los numerosos lagartos y serpientes que merodeaban por los alrededores. Un día, estaba sentada debajo de la higuera, donde había una poza para regar la huerta, cuando de pronto vio una bicha enroscada en su vestido que estaba extendido; al moverse del susto la serpiente afortunadamente se marchó.
Comenzó a servir en las casas a temprana edad, con unos 10 ó 12 años, después de morir su hermana, cuidando los niños de Ceferina Nieto. Después sirvió en casa del maestro D. Manuel y Patrocinio, para cuidar los niños, a la vez que estaba en la escuela. No solo cuidaba a los niños del maestro, sino que hacía todas las labores de la casa, recordando cómo Patrocinio le ponía un cajón para que se subiera al fregadero. Pese que su madre le decía al maestro que tenían que darle de leer, recuerda que cada poco tiempo iba la mujer del maestro, y decía: “Manolo, dile a Mercedes que se venga, que se han cagado los niños”, y recuerda que cada noche cuando se marchaba tenía que decir “Buenas noches, ¿me necesitan ustedes para algo?” y se despedía diciendo “Bueno, hasta mañana, buenas noches”.
 Nadie le pagó nunca nada, solo comida. La última casa en la que sirvió fue la de Frasquita. En casa de Hipólita, prima de su madre, no servía, sino que iba con las hijas de ella porque era familia. No se acuerda muy bien  del momento en que dejó de servir, pero sería ya mozuela, con 18 ó 20 años.
Después de mozuela, estuvo aprendiendo a coser con la llamada Casera de Sierra y en el Cortijo del Llano con una mujer llamada Enriqueta. Esta cosía ropa de mujer y de hombre, enseñándola a coser pantalones, chaquetas, chalecos, etc. Su madre habló con ella para que echara los hilillos, pero  no llegó  a aprender a cortar ropa de hombre o de mujer. Los encajes de bolillos los aprendió de la hermana de Mercedes Pareja,  llamada Vivi, en el Cortijo de los Bujeos donde iban con unas cuantas jóvenes para que le dejase los dibujos. Aprendió y hacía encajes para sus parientes de la Dehesa, quienes se lo compraban para el juego de ropa interior, saya, camisón y bragas. En total hacía 7 metros de encaje que era lo que se necesitaban para el ajuar. Su madre le compraba una sábana, una mantelería, y ella se hizo todo su ajuar, del que todavía tiene alguna saya con encaje. Después aprendió a bordar velos negros, por los que le pagaban algo por hacerlo, y por último los abrigos de lana, esto ya en los años 80 y 90.
 Su madre quiso que aprendiera a sembrar, escardar, “pintar”, y todas las labores del campo. Estuvo trabajando en las tierras de Cornicabras, Pacheque, Genaro, Frasquito…
 Al Cortijo de Ardales se fueron cuando ella era mozuela, en donde había una casa, y junto a la de ellos otras dos o tres más; donde vivían otras familias fuentealameñas. Siempre vivieron de alquiler, hasta que sus padres compraron su casa actual.
Se casó a los 29 años el 14 de octubre del 1967, con José Pérez, de cuya unión nacieron dos hijos. Su hija mayor María Josefa nació en 1968 y José Antonio, en 1971. Vivieron en el Cortijo del Praillo y en la casa que fuera de Joaquín de la Sancha, hasta que se asentaron en la casa que actualmente habitan, heredada de sus padres y que antes había sido de Blas Zamora y que en 1971 reformaron.

Su marido en 1969 se fue a trabajar a Alemania. Ella como muchos fuentealameños también tuvo que emigrar, en concreto estuvo en Francia durante 4 ó 5 temporadas en la recolección de la fresa y de la manzana, donde recuerda que para pedir huevos al patrón tenía que ir cada día con un huevo en la mano. En la Mancha estuvo en la vendimia, en Gurrea de Gallegó, provincia de Huesca, recolectando espárragos, y en Lucena en la aceituna. En los cortes de Fuente Álamo ha estado en la recolección de aceitunas con los Curas, en los cortijos de la Cabrera y del Coscojal.
Pero no solo fueron el servicio doméstico, el campo o la costura las actividades que desarrolló Mercedes, sino que también, como algunos otros en el pueblo, hizo de practicante y ponía inyecciones como el/la mejor profesional. En alguna ocasión se le fue la mano a la hora de relajar el músculo del glúteo de la paciente, y en vez de dar una pequeña palmada, pegó un verdadero cachete, que hizo que su sobrina Loli Pérez, diera tal grito, que la enfermera se asustó y  no fue capaz de atinar con la aguja.
No ha tenido una vida fácil por lo aquí visto, pero dice que lo más malo, ha sido cuando su marido enfermó. También su hija de muy niña estuvo mala.  Recuerda que cuando estaba su marido en Alemania, la llevó al Santo Manuel, y éste le preguntó que si la había llevado al médico; ella le dijo que a los médicos de  Alcalá la Real, y el Santo le recomendó que la llevase a los de Granada, al tiempo que también la tranquilizó diciéndole que no tenía nada del corazón, que era lo que ella más temía. Ni cree, ni deja de creer, pero aquello la tranquilizó, pues en Granada fue donde la curaron. Por eso piensa que “el Santo” le ha hecho cosas para creer. Otra cosa que le hizo el Santo Manuel, fue cuando su marido se tenía que operar de un oído, del que apenas oía. Él no quiso ir al Santo  y ella fue con otras amigas, y le dijo el Santo Manuel que si se le había metido en la cabeza en operarse y él quería, que le dejase, pero que no iba a tener beneficio. Y efectivamente perdió el oído. Insiste en que no es creyente, pero “ha ido a la precisión”, tiene fe en Dios y a veces se enfada con él sobre todo ahora cuando ve lo que está pasando su marido, con esos ataques de tos.
Recuerda que no le gustó que le dijera su suegra que llamase a su marido que estaba en Alemania, diciéndole que como la niña se muera, incluso le dijo su suegra a la Venturilla de Brígido, “que la niña estaba muy mala y no quiere llamar su marido” y la Ventura le dio ánimos le dijo: “que va a estar mala la niña y tiene mejor cara que yo” y eso le dio muchos ánimos. Tampoco le gustó que le dijese su suegra que su marido estaba con otra mujer en Alemania, porque quería que lo llamase para que se viniese, estuvo dos años, ella estaba tranquila pues pensaba que con otra no podría estar porque el dinero de todas las mensualidades se lo mandaba íntegro.
Otro de los conocimientos que tiene, que se lo enseñó su pariente llamada Elisea y que antes practicaba era el decir El Rosario. Lo ha echado muchos años en Fuente Álamo. Dice que, por echar el Rosario no cree más en los Santos, o en la Virgen. Nunca tuvo creencias o aficiones fuertes. Recuerda que si no la dejaban sus padres ir a alguna fiesta, ella no se disgustaba. Eso sí, le hubiese gustado de mozuela estar más gordita, pues se llevaba en aquella época y ella siempre tuvo complejo de ser alta y delgada. Ha ido a la playa pero ya de mayor, le gusta ver el mar pero no tomar el sol; sobre todo a raíz de que una vez fue y se echó aceite en vez de protector solar y se quemó gravemente. Según ella se “achicharró”.
Como hemos dicho ha pasado muchos miedos, así recuerda que en una ocasión un coche conducido por su cuñado Marcelino dio una vuelta de campana, resultando ambos ilesos, también recientemente ha tenido otro percance similar.
Sus mejores amigas de mozuela eran Dorotea de José Pérez Lizana, Josefilla de Expecta, pero como esta era más baja, no se podía juntar con ella para formar pareja en los bailes. Dorotea, Encarnita, la Mercedes de la Genara, ect.. eran otras de sus amigas. Dice que tuvo muchos pretendientes, casi uno en cada baile. Pero novios formales tuvo a Amador Pérez, solo que por poco tiempo, pues se fue a Barcelona. Luego, por carta estuvieron más tiempo correspondiéndose. Después conoció a su actual marido, su “Nene”, con quien lleva felizmente casada 50 años.

viernes, 22 de abril de 2016

MIS LUGARES FAVORITOS DE FUENTE ÁLAMO. VII PARTE.


LAS AMOLADERAS

A un kilómetro aproximadamente de Fuente Álamo, por la antigua carretera que va serpenteando dirección a Las Chozas de Vizcántar y San José de la Rábita, en su margen izquierdo en sentido descendente, semiocultas entre retamales aparecen unas rocas anaranjadas, otras tirando color marrón, dependiendo de lo que las inclemencias meteorológicas hayan actuado sobre ellas. Los trozos pequeños desgajados de esas rocas en otros tiempos fueron utilizados como piedra para amolar todo tipo de utensilios cortantes: navajas, cuchillos, hachas…. Eran los llamados asperones, que mi abuelo me enseñó a utilizar, haciéndome ver que la naturaleza fuentealameña nos puede proporcionar montones de accesorios y utensilios, que los tenemos a nuestro alcance, pero no lo sabemos utilizar. De ahí le viene el nombre a la zona: “Amoladeras”.
Entre sus retamales y matorrales brotaba algún que otro espárrago, que aunque finos, no por ello se dejaban de cortar. Así mismo brotaban hierbecillas que daban pasto a nuestras cabras, las cuales llevábamos a carear al lugar cuando éramos niños.
Se trataba de un paraje natural en la vertiente de un barranco, en cuyo margen derecho se criaba la retama, la esparraguera, los cardos y las plantas aromáticas, junto a los conejos que campaban a sus anchas. Sin embargo,  a finales de los años 80, se cometió un gran error ecológico y parte de la zona de Las Amoladeras se convirtió en escombrera pública, donde eran vertidos todo tipo de basuras, desde las orgánicas hasta chatarrería de vehículos completos.  Recuerdo como algunos de aquellos niños con las escopetillas de plomos acudían al lugar, no a cazar pájaros, sino ratas que se habían apoderado de la zona.

  Afortunadamente, ya en nuestro siglo XXI, se cerró y se prohibió arrojar basuras; sin embargo el daño ecológico ya estaba causado y hoy en día todavía se puede ver multitud de restos de escombros (incluyendo vehículos desguazados). Se trata, pues, de  un entorno natural que costará recuperar. Los retamales y pequeños arbustos que quedaron sepultados hoy intentan renacer…


LA EXPLANDA FRENTE A LA ESCUELA

Aunque ya he hablado en alguna ocasión de este lugar, han sido tantas las horas que he pasado en él, debido a la proximidad de mi casa, que me trae innumerables recuerdos. Este sinfín de vivencias van desde mi infancia, o desde que tengo uso de razón, pues mis primeros recuerdos son de los 3 ó 4 años de edad, hasta nuestros días,  lo que hace que lo vuelva a compartir. Mis primeros recuerdos son de unas casas hundidas y montones de escombros, que los mayores del pueblo me cuentan que eran las ruinas de la Casa de Alba  y de la Casa de Ariza. Según ellos, esta última tenía una entrada con unos portones por la parte que da frente a la escuela y ambas estaban separadas por un patio. En una de esas casas vivió el que fuera Alcalde de Fuente Álamo de primeros de siglo XX, D. Antonio Alba Muñoz. Durante la Guerra Civil sus últimos moradores desaparecieron, tanto los Alba, como Antonio “Marineta”, aunque éste después de la Guerra volvió reclamando sus pertenencias y estuvo habitando la casa junto a su esposa Sra. Mesa, quien murió en aquella casa de parto mediados los años cuarenta. Su hija fue amamantada por Brígida Castillo, pero no pudo sobrevivir y también falleció al poco tiempo. La familia se marchó definitivamente a Porcuna.
 Estas casas, durante la construcción del actual edificio de la escuela a mediados los años 40, sirvieron de escuela provisional y como almacén del queso americano. El tiempo poco a poco las fue derribando y amontonando sus escombros, sirviendo mucho tiempo de muliar o estercolero, donde se tiraba todo tipo de objetos, incluso botellas de cristal.  En una ocasión, Florentina Nieto lanzó una al azar y llegó a impactar sobre la cabeza de Jesús, quien estaba haciendo sus necesidades. También recuerdo aquellas higueras bravías que caían casi al vacío del callejón de la Iglesia.
 A principios de los años 70 el lugar se adecentó con el dinero obtenido de la venta de entradas de las representaciones de obras teatrales dirigidas por Juan de la Cruz Ruiz Aguilera, y en las que intervenían como actores un grupo de jóvenes, quienes donaron la recaudación para hacer una explanada que sirviera como zona de ocio y recreo. De esta forma, todo fue posible gracias a la colaboración de la juventud fuentealameña, tal y como indicaba el rulo de piedra para moler yeso que fue utilizado para allanar el terreno y  que después  se colocó al fondo junto a la pared de la iglesia como símbolo. Las letras estaban pintadas con color naranja y rezaban “Juvenidad”: que significaba Juventud Unida. Antonio Pérez “de Manino” y Luis Aguilera “del Alcalde” plantaron un árbol de los llamados “pan de pastor” originario de la zona de la Torre y que perduró casi 4 décadas. Llegó por primera vez a Fuente Álamo un tiovivo, que se puso en funcionamiento en la parte alta de la explanada, con la ayuda de Teodoro Ibáñez, que dada la novedad no llegó a dar muchas vueltas. Se les dijo a los participantes en la obra, que el dinero que se recaudase se duplicaría o triplicaría por la Extensión Agraria y el Ayuntamiento de Alcalá la Real, con lo que se consiguió elevar el muro hasta allanar y cerrar la explanada. Las obras de cerramiento posteriormente fueron ejecutadas por el albañil fuentealameño Juan Pérez Vera “Capullo”. Fue uno de los gestos más solidarios de la juventud fuentealameña, y con ello se pudo hacer una zona de ocio y juegos de balón, tan necesitada en aquella época y que ha sido el referente para las generaciones posteriores. Se reutilizó como puerta de entrada al recinto la barandilla de forja que había en el interior de la Iglesia. 
El acondicionamiento de la explanada frente a la Escuela hizo que esta fuera durante mucho tiempo el lugar de entrenamiento y de celebración de partidos locales de fútbol sala. Sobre todo sirvió de patio de colegio, del que estuvo falta la escuela más de dos décadas. En aquel local se comenzaron a celebrarse las fiestas locales, tapándose con unos faldos de las aceitunas para evitar el frío, sin que se pudiera evitar el agua de lluvia. En alguna ocasión se celebró alguna misa al aire libre, así como celebraciones vecinales.
Sobre los años 80 se pudo techar y se colocaron unos pilares de hierro en el centro que sin duda impidió cualquier carrera por la explanada. ¿Qué puedo contar de esta zona de recreo, si allí pasé más horas que en mi casa?
LA NORIA DE PATROCINIO

            Pude verla ya en su decadencia, sin apenas funcionamiento. Como un curioso que pasaba por allí tuve la tentación y le di alguna vuelta al palo que hacía de palanca, haciendo subir y bajar aquellas cubetillas rectangulares de latón y oyendo ese chirrido del engranaje. Aquella noria de agua, de la que apenas quedaban unas cuantas latas y un palo, aún giraba con un ruido de latón chirriante. En la zona de las Cuevas, en la tierra que fuera de Patrocinio González, había desde tiempos desconocidos una de las pocas norias que funcionaron en la zona de Fuente Álamo. Esta en concreto dejó de hacerlo llegados los años 70. Un palo la unía a aquel engranaje, al que se le ataba a un mulo, que daba vueltas alrededor y sacaba agua suficiente para sembrar hortalizas, pues antes lo olivos no se regaban…

lunes, 28 de marzo de 2016

SEMANA SANTA 2016 EN FUENTE ÁLAMO




       La Semana Santa 2016 en Fuente Álamo ha trascurrido como en años anteriores, quizás con menos gente. Por lo que aquí os dejo el enlace. http://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com.es/2015/04/semana-santa-en-fuente-alamo.html












    Durante la mañana del Viernes Santo tuve la suerte de hacer con mi familia un “vía crucis” particular, por las calles de la Aldea, recorriendo los barrios más típicos, que casualmente coincidió con las 15 estaciones de penitencia: Piquera, Centro Social, Cantera, Cortijillo, Calle Sacristán, Cerro, Era de Lázaro, Era de Manolito, Zona de la Mina, Escalerilla, Casa de Pedro, Fuente, Iglesia, Escuela y Casa de Mariana (mi madre). Por unas calles casi desiertas, nos acompañaron en el recorrido algunos perros que con sus ladridos, nos recordaron que éramos forasteros. La primera estación la hicimos en casa de mi hermana Loli, en la Piquera, donde pudimos degustar unos ricos pestiños. Continuamos nuestro viaje y nos encontramos con unos vecinos británicos: Kevin y Sue, preparando el remolque de caballos, y nuestra vecina Mercedes “La Correa” a quien su hija Ángeles la estaba peinando para la ocasión, cerca del Centro Social, donde hicimos otra estación, para leer algunos de los carteles antiguos fijados en su tablón de anuncios, así como para contemplar las preciosas vistas en dirección a La Rábita. Llegamos a la zona de la antigua Cantera, donde hay instalado un panel indicativo con el letrero de “FUENTE ÁLAMO”, que reluce flamantemente, y que nos recuerda dónde nos encontrábamos. Llamamos a nuestra vecina Paquita, pero no respondió a nuestro requerimiento, seguramente estaba de viaje con sus hijos. Continuamos nuestro especial recorrido, ahora acompañados del perro de Juan y Feliciana, que no sé cómo se llama pero que fue muy amable y nada peligroso. Al subir camino del Cortijillo, decidió abandonar el recorrido, pero nosotros seguimos hasta coronar la zona donde Expectación vivió, pudiendo observar las preciosas vistas dirección a Las Grajeras, así como algunas gallinas y gallos, seguramente sucesoras de aquellas gallinas de Expecta que antaño camparon libremente y a sus anchas por El Cortijillo. Bajando nos encontramos con una jauría de perros que decidieron ladrarnos al compás,  como si quisieran hacernos un acompañamiento musical al paso. Llegamos al final de la Calle Sacristán y subimos dirección al Cerro, donde conversamos con nuestros vecinos Quisco “Richar”, Sergio y Javier de Mandurria, asimismo pudimos disfrutar de las vistas hacía las Aldeas de Priego de Córdoba... Hicimos una nueva parada estacional casa de mis tíos Nono y Filo, donde de nuevo degustamos unas tapas típicas de Semana Santa, aquello del bacalao y los crustáceos. Pero no pudimos aprovisionarnos mucho, porque nos quedaba bastante recorrido. Así que llegamos a la Era de Lázaro, con sus magníficas vistas a las Chozas de Vizcántar; luego bajamos hasta encontrarnos la casa de Feliciano y Manuel, con quienes charlamos unos momentos y les dimos las felicitaciones para su hija y nieta Estefanía. El camino continuó hasta llegar a la Era de Manolito, hoy de Antonio Carrillo, donde hicimos una parada para descansar, al mismo tiempo que escuchábamos una especie de saeta canina interpretada por los perros de Carrillo. Habíamos llegado casi a la Zona de la Mina desde donde se observan unas vistas magníficas de la Hortichuela y otra más cercada de La Torre. Nos quedaba el pronunciado descenso de calvario por las Escalerillas. No estaban los vecinos Luis y Consuelo, ni Antonio Carrillo y Conchi,  pero sí a un vecinillo llamado Dani, quien nos informó de su paradero. Llegamos a la Casa de Pedro Vega, hoy abandonada, pero en la que aún permanecen restos de antiguas lámparas de luz eléctrica pública. Descendimos hasta La Fuente, donde quisimos refrescarnos y aliviar nuestras penas, pero no pudimos, pues apenas tenía agua. Así que continuamos hasta la Iglesia de San Antonio de Padua, llegando por fin a la Casa del Señor, donde recordamos el día que estábamos viviendo. Continuamos hasta la antigua Escuela, y subimos por el callejón hasta la Casa Mariana, quien nos estuvo enseñando sus flores y nos ofreció cobijo y comida.



    El Viernes Santo, después de la degustación de los platos típicos tradicionales, sobre las 17 horas se hizo el verdadero Vía Crucis en la propia Iglesia de San Antonio, con el recorrido de  las 15 estaciones interiores, además de la participación de algunas mujeres de fuentealameñas y la colaboración especial de dos hermanas religiosas de Cristo Rey. 
    Por la tarde, gracias a una escapada recordé lugares que no había visitado desde que era un niño. Aunque perteneciente al término de San José de la Rábita, lo vemos tan cerca de frente, que siempre tiene uno la tentación de visitarlo; se trata del Cerro de Juan Cano, donde quedan restos de trincheras de la Guerra Civil y de la Casa Encantanda. Numerosas historias nos contaron sobre ella, como aquella de la Vieja de los Higos con la llueca. La búsqueda de espárragos no fue muy fructuosa, solo encontré 10 ó 12 muy endebles y un olivo acebuche, que espero que rebrote en mi maceta. Coroné el cerro y disfruté de sus pinares y de las vistas en circunferencia, sobre todo dirección a Fuente Álamo. Aparte de las plantas autóctonas, pude ver un gazapillo, unas palomas torcaces, un nido enorme, y un ave rapaz que no llegué a identificar, así como un mochuelo.
   El resto de la tarde la dediqué a charlar con mis amigos en el Bar Padi. Con José y Kevin, jugué un chinchón y perdí.  Con Vicente Martín tomé un gintonic y charlé con Feliciano Ibáñez, quien cuenta con 92 años de edad, y su mujer Justa, ambos celebrando el cumpleaños de ésta, el octogésimo creo recordar. También compartí unas cuantas horas con otros muchos vecinos y amigos: Vicente Padilla, Quisco Aguilera, Daniel Fuentes, Lee e Irene Young, Vicente Cervera, Vicente Ibáñez, Juan Aguilera Viana…

Conforme la tarde caía, aproveché para visitar a mis familiares cercanos, especialmente a mi tío Pepe…

lunes, 14 de marzo de 2016

RELACION ENTRE ÁLCALA LA REAL Y FUENTE ÁLAMO





Intentaré reflejar la relación que a lo largo del tiempo ha mantenido Fuente Álamo con la ciudad a la que pertenece administrativamente: Alcalá la Real, fundamentalmente en el periodo que yo he conocido. Lo haré siempre desde mi punto de vista, que puede coincidir o no con la percepción que cada uno tenga. Lejos de crear polémica, mi intención es la de mejorar dichas relaciones, si es que es necesario, y desterrar esa concepción  asociada a los fuentealameños de  súbditos o ciudadanos de segunda.
En tiempos ya históricos, la Torre de Fuente Álamo, como las demás atalayas, cumplía la función de vigilar y controlar las líneas fronterizas, para proteger a los habitantes de la Fortaleza de la Mota (moros o cristianos según la época). En tiempos de paz, con el dominio cristiano de la zona, dejó de tener esa función; y muy posteriormente, ya a partir  del siglo XIX, al desaparecer el alcaide encargado del cuidado y mantenimiento, sumado a la despreocupación de los organismos públicos (entre ellos, el Ayuntamiento de Alcalá la Real), el abandono ha sido total.
 Ni la declaración de Bien de Interés Cultural  por el Ministerio de Cultura  con la asignación del código de registro R-I-51-0007862 del Registro General de Bienes de Interés Cultural, ni la inclusión con la categoría de Monumento, en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz  por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía mediante Orden de 10 de marzo de 2003, han servido para que el Ayuntamiento de Alcalá la Real, titular del declarado bien, dedique ni un solo real, peseta o euro, para su rehabilitación y puesta en valor. Nadie recuerda en la Aldea que para mantenimiento, rehabilitación o restauración se hayan destinado recursos materiales o humanos. El dinero y recursos humanos van destinados al “Monumento de la Mota”, sin tener en cuenta que La Torre forma parte de dicho monumento y que sin ella no se puede entender el Conjunto Monumental de la Mota, en torno a la cual  formaba parte de un cinturón protector.
Fueron muchos los factores que influyeron en la desaparición de los Baños de Ardales, pero uno de los principales fue las malas comunicaciones que conducían a ellos. Así en los informes sobre los baños de Fuente Álamo en 1877,1878 y 1879 se reseñaba: “… pésimas condiciones de los caminos que conducen al establecimiento…” “…necesita en primer lugar una carretera que empalmara con la de Alcalá la Real, porque los caminos que hoy conducen al establecimiento son pésimos y peligrosos”. “…estos baños distan una legua larga de Alcalá Real a cuyo partido judicial pertenecen, por un camino de herradura de pésimas condiciones…” Como se puede ver, tenemos en el siglo XIX un partido de campo de Fuente Álamo mal comunicado a través de caminos de herradura mal acondicionados, y que distaba una legua larga de Alcalá la Real de la que dependía.
El arrendamiento del Cortijo de Clavijo, propiedad del Ayuntamiento de Alcalá la Real, se convirtió en el principal objetivo de los movimientos obreros fuentealameños de la II República. Desgraciadamente el intento quedó frustrado con el inicio de la Guerra Civil, si bien, en ese periodo dicha propiedad fue incautada para ser explotada por la Colectividad que se había creado en Fuente Álamo. Hasta finales de los años 70 del siglo pasado no pudieron acceder 21 fuentealameños en régimen de aparcería, por la que tenían que pagar una renta anual de 6.500 pesetas al Ayuntamiento de Alcalá la Real. Después, finales de los años 90, pudieron acceder a la propiedad mediante compra.
Durante los tres años que duró la Guerra Civil, o más exactamente, desde la toma de Alcalá la Real el 30 de septiembre de 1936 hasta el final de la Guerra, la ciudad y la aldea quedaron separadas y en bandos contrarios. Hubo un periodo de tiempo, ya casi al final de la Guerra, en que los órganos municipales republicanos (Comisión Gestora Municipal) se instaron en La Rábita, desde donde era administrado civilmente Fuente Álamo, mientras que la Zona Nacional era administrada desde Alcalá la Real.  Esto hizo que una vez concluida la Guerra Civil se volviera a castigar a los “súbditos rebeldes” y la Guardia Civil instalada en el cuartel de San José de la Rábita se encargase de ejecutar la represión. Los súbditos continuaron solicitando el “perdón”, y las venganzas se  aplicaban unas veces de forma solapada y otras de forma directa.  Fuente Álamo, desde mi punto de vista, al igual que las otras aldeas que habían quedado en zona republicana, sufrió mayor castigo y marginación que las aldeas que quedaron en zona nacional gobernada desde Alcalá.
En épocas más cercanas a la actual, el olvido hacia la aldea continuaría, sobre todo durante las décadas de los 60 y 70 e incluso de los 80 del pasado siglo. Aquella carretera de piedras, por la que el autobús transitaba durante una hora hasta Alcalá; no fue asfaltada hasta los años 70. El tiempo pasaba y todo permanecía igual, apenas se producían cambios en las infraestructuras. Por poner algunos ejemplos, hay que decir que los saneamientos y el agua corriente en las viviendas no se instalaron hasta ya finalizados los setenta; se tardó en construir un campo de fútbol una década (desde 1979), que después sería destruido para instalar pistas deportivas en medio, y hasta 2008 no se construyó una buena carretera que enlazara la aldea con la ciudad, cuyas obras estaban “proyectadas” desde 1991, tal y como cuenta el que por entonces era alcalde pedáneo D. Santiago Cano. Veamos estas diferencias desde distintos campos.
En lo social, siempre ha habido cierta relación de vasallaje entre los “ciudadanos” de Alcalá la Real y los “cortijeros” de Fuente Álamo, o al menos esta es la sensación que uno tiene, a veces corroborada con hechos que se han ido produciendo y prolongando a lo largo del tiempo. Los fuentealameños éramos los cortijeros que acudíamos a la ciudad a por “mandaos” o al médico, aprovechando un día de lluvia que impedía trabajar en el campo. Éramos los que de feria en feria aparecíamos por la ciudad para ver alguna actuación de variedades, una película de Manolo Escobar en los años 70, montarnos en alguna atracción, retratarnos, comernos un pollo en el asador de la feria o pasear por la feria de ganado viendo cambiar o comprar algún mulo u otro equino. Los que por El Llanillo paseábamos, carpetilla de papeles bajo el brazo, con una mano metida en el bolsillo y la otra balanceándola, o las mujeres con el bolso debajo del brazo; nos reencontrábamos casi todos, una vez realizadas las gestiones oportunas, en un lugar determinado, que en la década de los 60, 70, 80 y casi 90 era el “Bar Pireo”. Este era el lugar de encuentro cuando ya habíamos hecho todos los mandados y las gestiones administrativas y donde se echaba la penúltima copa antes de coger la combinación que nos permitiera regresar al pueblo, pues a diferencia de otras aldeas no se disponía de línea de autobús. Era en las tiendas y en los bares donde realmente nos trataban como verdaderos alcalaínos, o incluso mejor. Sin embargo, en las administraciones la situación era bien distinta
En lo económico, Fuente Álamo era un núcleo rural exclusivamente, por lo que existía dependencia administrativa y comercial de Alcalá. La balanza comercial no era equilibrada, y el dinero obtenido por la emigración y la agricultura era gastado en la adquisición de productos elaborados y en la utilización de servicios alcalaínos, cuyos beneficios no siempre eran revertidos a la aldea. La relación entre pago de impuestos y la prestación de servicios públicos en muchos casos no eran totalmente correspondida. En los años 80 llegó a decir un político alcalaíno que la luz eléctrica que se consumía en Fuente Álamo para el alumbrado público, costaba más que una calle principal en Alcalá la Real. ¿Qué querría decir? El mantenimiento y el cobro de recibos del agua y alcantarillado era gestionado directamente por una comisión de aguas de Fuente Álamo, de la que formaba parte el Alcalde pedáneo D. Santiago Cano, el fontanero Marcelino Pérez y el administrativo Teodoro Ibáñez hasta los años 90, en que el agua llegó  trasvasada desde la Rábita; y el Ayuntamiento de Alcalá decidió gestionar un servicio que había funcionado autónomamente y más barato.
            En lo político, al igual que ocurre en las demás aldeas, el nombramiento de alcalde pedáneo viene impuesto por el Alcalde de Alcalá la Real, ¿dónde está esa democracia directa de los fuentealameños? Solo recuerdo dos votaciones populares para la designación de alcalde pedáneo: en 1979, cuando el por entonces alcalde de Alcalá, D. José Marañón, se vio obligado a ello, rectificando el intento de quitar a dedo al pedáneo Santiago Cano, cosa que no fue aceptada por el pueblo, derivando en una votación popular; y por último, en el año 2000, cuando se eligió por votación popular al actual pedáneo. Además, en más de 40 años de democracia solo ha habido un concejal originario y residente en Fuente Álamo, Pedro Pareja Anguita en la corporación formada tras las primeras elecciones municipales de 1979. Es más, los políticos alcalaínos,  solo se dejan ver por la Aldea cuando hay elecciones o cuando hay algún acto festivo.
            En lo lingüístico, nos diferencia el habla seseante típica alcalaína y su entonación, pues estamos más cercanos a los cordobeses. Siempre me he preguntado, si Fuente Álamo hubiese pertenecido a la provincia de Córdoba, ¿Cómo nos hubiese ido?
            En lo cultural, nos diferencia todo; es necesario que desde Alcalá se proyecte una mayor difusión del teatro, cine y música en la aldea, pues hasta ahora nada de nada. No sería mala idea trae “alguna vez” a la Aldea la banda municipal para dar algún concierto, alguna pequeña actuación teatral, cine al aire libre, ect…
Pienso que de alguna forma los poderes políticos consciente o inconscientemente, entre ellos el Ayuntamiento de Alcalá la Real, intentaron ir cerrando y estrangulando a Fuente Álamo. No se hacían carreteras ni se acondicionaban las existentes: hasta el año 2008 la aldea no tuvo una buena carretera que enlazara con su ciudad. En 2010 se cerró la escuela por falta de niños, la gente prefería irse a vivir a Alcalá para ser un ciudadano de primera. Se destruyó el campo de fútbol, partiéndolo por la mitad para hacer una pista deportiva, porque no había jugadores.  Así, antes de que  llegase el boom inmobiliario, se desvalorizaron las casas en Fuente Álamo, mientras que se revalorizaban las viviendas en Alcalá, o al menos así se creía; no interesaba hacer un plan urbanístico como se hizo en aquellos años en La Rábita.
A finales de los años 90 del siglo pasado, se desmanteló el histórico pilar-abrevadero-fuente. Pese a que hubo cierta oposición por los aldeanos, fue otra decisión en la que no se contó con el pueblo para nada y que nunca se les perdonaría a los gobernantes de Alcalá, pues dejaron sin seña de identidad a la aldea. Se alegó la pérdida progresiva de agua en la aldea, pero nunca intentaron buscarla con nuevas perforaciones, pues era un gasto más.
 Nos expoliaron la Villa Romana, sin saber dónde fueron a parar los objetos y los restos de  los cuerpos humanos aparecidos o qué estudio se han realizado con ellos.
Se llevaron el molino de harina de principios del siglo XX para restaurarlo y exhibirlo en el Museo Municipal de Alcalá la Real, en la Sala de la Harina, si bien, podría haberse convertido en un reclamo para los turistas que visitaban la aldea, o destinado al propio disfrute de los fuentelameños.
En definitiva, nos han ido lavando el cerebro de tal manera, que derribaron el histórico pilar porque no había agua, sin llegar a buscarla; cerraron la escuela y destruyeron el campo de fútbol porque no había niños, cuando previamente se habían llevados a sus papás y posibles futuros papás; nos arrebataron el molino de la harina, porque era más rentable su exhibición en la Ciudad; se llevaron los restos humanos y arqueológicos de la Villa Romana, porque supieron expoliarlos para meterlos en un cajón; se apropiaron de  la administración y mantenimiento del agua, para subirnos el precio; no nos hacían carreteras y no nos decían que los gastos del alumbrado eléctrico eran más caros que la principal calle de Alcalá. Todo ello, con el fin único de concentrarnos en la Ciudad, para abaratar gastos y recaudar más impuestos. Por llevarse, se llevaron hasta la pedanía a Alcalá. Eso sí, nos hicieron una escombrera en la zona de Las Amoladeras para dejarnos la basura en el pueblo, (“la mierda” no interesaba llevársela) y cargarse el medio ambiente en una zona de retamales que tardará mucho tiempo en recuperarse.  Y ahora van y nos dicen que no restauran la Torre, porque no está en peligro de caerse, y  eso por muchos acontecimientos que pasen por su alrededor.
Por último y aquí con la Iglesia hemos topado, ¿Dónde estarán restaurándose los cuadros de Melgar que habían en la Iglesia de San Antonio?
Pienso que actualmente, los poderes municipales se han dado cuenta de que algo hicieron mal y ahora que desafortunadamente apenas queda gente en la Aldea y que todo está controlado y que apenas hay oposición, más que esa dependencia jerárquica y de vasallaje, afortunadamente existe una interrelación sumisa y no se sabe hasta qué punto da una más que por la otra. Si bien es cierto, que muchos tuvimos que emigrar porque necesitábamos abrirnos paso, no menos cierto es, que los poderes públicos han hecho poco por evitarlo.
Quiero insistir, que todo lo relatado aquí es visto desde mi punto de vista, si alguien tiene otra opinión que la exprese libremente.

Hay que decir que se han hecho muchas cosas buenas, entre ellas, un Centro Social, pero es necesario dotarlo de medios para ser utilizado.