martes, 11 de abril de 2017

HISTORIAS DE LA FLORA DE FUENTE ÁLAMO



              La historia de un pueblo quedaría incompleta sin recordar los árboles, plantas o arbustos, y en general  toda la flora que se ha desarrollado en su territorio. Forma parte de su paisaje natural e histórico y nos trae a la memoria vivencias ocurridas directamente con ellos o alrededor de estos seres vivos. No se  pretende hacer un estudio botánico, sino simplemente un pasaje histórico-descriptivo de aquellos arboles o plantas que nos traen especiales recuerdos por lo emblemáticos que fueron y en algunos de los casos, todavía son. Sería una larga lista: los álamos del Pilar, las higueras de Pedro González “Cañuelos”, los granados de Los Callejones, el moral del Cortijo de Cabrera, los cipreses de los Baños, el álamo del Terrero, el ciprés de las Amoladeras, la higuera del Rocastro,  las encinas de Clavijo y del Peñón, las chaparras de la Marchena, los terebintos de la Cornicabra, los álamos del Silillo, la higuera del Higuerón, los álamos y los cañicas de la Erilla, la higuera de la familia Malagón, los cerezos de la Haza de Granada, el acerolo de la Casa de la Huerta, los mal llamados árboles “pan de pastor” de La Torre, el esparto y los almendros de la Coronilla, los tarajes de Salado, las retamas y gayumbas de nuestros montes… y en general todos y cada uno de nuestros olivos centenarios.
Encontramos los primeros datos en el Catastro del Marqués de la Ensenada elaborado entorno al año 1753 donde se recoge que las características del terreno y los árboles que abundan en Fuente de la Encina, Cornicabra y Fuente del Álamo son encinas y quejigos.
 Fuente Álamo era, a mediados del siglo XIX, un partido de campo eminentemente productor de grano, en terrenos de segunda y tercera clase. Así, dos terceras partes (1.500 fanegas) del terreno era tierra de secano, tierra calma en donde se sembraba fundamentalmente trigo, cebada, escaña, habas, garbanzos, lentejas, yeros, gijas, habichuelas, maíz. La otra tercera parte (500 fanegas) era tierra de monte destinada a la producción de bellota para el ganado y al pastoreo de ovejas, cabras y cerdos.

                                           Conocemos otros datos sobre el terreno del partido de campo de Fuente-Álamo que también se hallan en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Volumen VIII, Edición de 1830,  escrito por Pascual Madoz y  en cuya  página 223,  dice: El terreno de su campo es en lo general de inferior calidad, aunque hay algunos pedazos buenos y tiene muy poco arbolado.” También describe: por bajo del cual hay unos pequeños huertos que se riegan con las aguas sobrantes de aquel, recogidas en una alberca”. Los huertos reutilizaban el agua derramada de la fuente y era una de las escasas zonas húmedas de Fuente Álamo donde prosperaron árboles frutales, higueras y granados. 
Siendo Fuente Álamo actualmente tierra de olivar, paisaje que ha ido tomando ese color verde oliva durante los pasados siglos XIX y XX, y existir tantos olivos,  algunos ya centenarios (olea europaea) y emblemáticos, no tengo predilección por ninguno de ellos, salvo los que me dan su aceite. Sí recuerdo especialmente aquel olivo, o más bien aquel troco de olivo, que había en la puerta de la Camarilla, donde Juan La Rosa, tenía instalada su zapatería, actual Centro Social. Lo recuerdo con su tronco retorcido y duro, al que apenas le habían salido 8 ó 10 varetillas, y en sus ramas le quedaban un puñado de hojas que se habían escapado del pulgón. En aquel tronco medio ahuecado se escondían nuestros muñequillos o pistoleros, o más bien se refugiaban del fuego enemigo que se cruzaba desde la puerta de la Camarilla.
Creo que me ha traicionado el subconsciente y debería haber comenzado recordando los álamos blancos,  pues uno solo de ellos, junto con el manantial, compusieron el nombre de la Aldea. Los álamos como la misma fuente han ido apareciendo y desapareciendo. En mis recuerdos de los primeros años 60,  no había ningún álamo en las inmediaciones de la fuente, pero en mis sueños o en mi imaginación siempre he visto al lado del caño de agua de la izquierda un álamo blanco (populus alba); quizás me lo contaron alguna vez, porque los más viejos del lugar recuerdan haberlos visto alrededor del pilar. Sería a primeros de los años setenta del siglo pasado al remodelarse el pilar y la fuente, derribándose el lavadero y la alberca, cuando se plantasen alrededor de la plaza una media docena de los llamados álamos blancos o comunes “chopos blancos”, que después de dos décadas sucumbieron atacados por las plagas. Así, ya a principio de los años noventa, solo se podía ver sus altos troncos pelados. La nueva remodelación de la fuente, con la supresión del pilar, finales los años 90, hizo que se replantaran otros nuevos álamos intercalados con otros árboles menos autóctonos y que le dan el aspecto actual.
ACEROLO DE LA CASA DE LA HUERTA.

“¡¡Venid nenes, que sus voy a enseñar mis patillos!!”. Un mal día de finales de verano de mediados los años 70 del siglo pasado, nos dio a un grupo de niños, que no nombraré para no delatarles dado el escaso tiempo transcurrido, por probar las ricas acerolas que caían conforme maduraban o por el impacto de las piedras que lanzábamos sobre las ramas de aquel árbol (crataegus azarolus) situado en la parte alta de la carretera a unos 100 metros del Cortijo de la Huerta.  Tuvimos la mala suerte de no percatarnos  que desde el Cortijo del Llano su guardiana nos estaba observando, algo ya bastante difícil, dada la distancia. Continuábamos nuestra ruta, con los bolsillos llenos y saboreando aquellas bolillas, cuando de pronto escuchamos a Domingo, que a voces nos llamaba para enseñarnos sus patillos. Nosotros tan ilusionados y a la vez tan ingenuos llegamos hasta el cortijo de Antonio Ortega, “Rayo”, para atender el requerimiento que nos hacía su hijo, y recrear nuestra vista en aquellos plumíferos. Sin llegar a ver ningún palmípedo, de pronto apareció Mercedes, la del Llano, que con una libreta en mano, y tras ser identificados uno a uno por nuestro joven delator, nos fue apuntando, al propio tiempo que nos advertía que lo comunicaría a cada uno de nuestros respectivos padres, circunstancia que nos tuvo en vilo unos cuantos días. Finalmente, pareció no trascender  la lista de delincuentes o al menos mi padre  nunca  se enteró, el de Beni no lo sé y José Antonio al tener sólo madre, quizás fuera más benevolente, pues desgraciadamente su padre  ya había fallecido.
Esta historia va dedicada a mi amigo Domingo Ortega Serrano.


CEREZOS DE LA HAZA DE GRANADA
En la Haza de Granada había un extensa plantación de cerezos (Cerasus) que producían una fruta tan golosa como pintoresca en aquellos campos fuentealameños. A mediados de los años 80, era una práctica habitual la entrada de un turno de noche para “trabajar a destajo” en la recogida de cerezas. Era un trabajo que solo se remuneraba con especie y sin beneficios para el dueño de la explotación. Una de aquellas noches de verano, cuando se encontraba en plena faena un grupo de no asalariados, de pronto irrumpió otro grupo de cuatros jóvenes dando grandes voces por cada una de las cuatro esquinas de la Haza Granada, alentando y espantando, produciendo la confusión al grupo anterior que no sabía por dónde huir o a qué cerezo subirse. De poco sirvió gritar que se trataba de una broma. Este segundo turno estaba formado por Eduardo Aguilera Cervera, Antonio Ramírez Peinado, Rafael Cano Vera “Rafalín” y el que les relata. El grupo saliente y nunca mejor dicho, estaba formado por otro grupo de “fuentes-alameños” de mayor edad. Nosotros jugábamos con la gran ventaja de haber escuchado en el bar, cómo habían preparado secretamente el ataque, lo que aprovechamos, sabiendo que teníamos el camino libre y expedito de guardianes, para gastarles aquella broma de mal gusto, que solo se endulzaría con un puñado de cerezas.  Por suerte para nosotros, no nos llegaron a identificar, o quizás prefirieron no contar la mala experiencia pasada, pues la estampida hizo que algunos cayesen en los surcos de tierra calma que rodeaba aquellos cerezos, salvo Enrique que se quedó escondido en lo más alto de uno de ellos.
 Esta historia está dedicada a nuestros queridos amigos Rafalín y Enrique, con los que tanto nos reíamos al recordarla.
CIPRÉS DE LAS AMOLADERAS

Árbol centenario, solitario, esbelto, puntiagudo, verde oscuro. Contraste puro con olivos que lo rodeaban, redondos, pequeños, acompañados, verdes olivas. Criado y enterrado en tierras recias de los Ardales. Veía pasar el tiempo…

jueves, 23 de marzo de 2017

EL SOMBRERO DE JIPIJAPA. MANUEL CASTILLO PADILLA. GUERRA CIVIL EN FUENTE ÁLAMO



                Manuel Castillo Padilla, nació el 14 de mayo de 1911 en el Castillo de Locubín. Su padre Francisco Castillo Aguayo y su madre Petronila Padilla Rueda fomaron un matrimonio de castilleros que se habían establecido en Fuente Álamo. En una familia de agricultores, Manuel continuaría con la  profesión, hasta que la Guerra Civil le hizo militar profesional con el grado de sargento. Sabía leer y escribir, de estatura 1,650 m,  de pelo negro, barba poblada, cejas al pelo, color natural, ojos azules, siendo hombre de gran corpulencia. Casado con Catalina, una de las tres hijas de Pedro apodado “La Muerte” y de Dulcenombre, tristemente fallecida a consecuencia de la  metralla que las bombas esparcieron por Fuente Álamo durante la Guerra Civil.
La Guerra Civil le sorprendió con 25 años de edad y como un mozuelo ilusionado por evitar la sublevación militar; pronto se integró en las milicias que hacían guardias en Fuente Álamo, teniendo una participación bastante activa. Una vez movilizada su quinta, se incorporó al 170 batallón denominado “Voluntarios de Jaén”, que se integró en la 45ª Brigada Mixta con actividad en el Frente de Madrid y en donde alcanzó como hemos dicho, el grado de sargento, con efectos de 1 de junio de 1938, según nombramiento en Diario Oficial del Ministerio de Defensa Nacional de 17 de septiembre 1938 núm. 240  PAG 1083-1084 que publicó los ascensos de cabo primero a sargento, una relación donde se encuentra Manuel, por ascenso de cabo primero.
El 26 de abril de 1939 se presenta denuncia contra Manuel Castillo ante la FET y de la JONS por parte de D. Francisco Serrano, conocido en Fuente Álamo como Don Paco. Cuando éste se disponía a entrar al establecimiento de Juan Muñoz Jiménez, sito en Alcalá la Real se encontró con Manuel, a quien le preguntó si sabía sobre lo acontecido en la Aldea de Fuente Álamo durante la Guerra Civil y si conocía al Alcalde de Fuente Álamo, negando Manuel las preguntas. Ante lo cual el Sr. Serrano supuso la mala intención de ocultar todo lo malo que había ocurrido en la Aldea.  Le preguntó además que de dónde procedía el sombrero jipi que llevaba, por no corresponder según el interpelante a la posición que tenía Manuel antes de la guerra, contestando éste, que se lo habían dado por ahí, por lo que D. Paco supuso que era robado. Continúa con el interrogatorio, manifestando Manuel que fue voluntario de las milicias rojas desde el día 12 de septiembre de 1936 hasta la finalización de la Guerra. No habiéndose presentado a las autoridades hasta que hoy ha sido obligado a ello por los vecinos D. Gregorio M. y D. Bartolomé L., miembros de la FET y de la JONS. Con esta denuncia se inicia el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia nº 44.810 contra Manuel Castillo Padilla.
En su declaración como testigo, A. P. R. manifiesta que amenazó con las armas a D. Ángel Custodio y a su madre y les robó varias ovejas. Que marchó voluntario a las milicias rojas, alcanzando el grado de Sargento.
En la declaración de E. M. S., manifiesta que perteneció al partido socialista, que se lanzó a la calle con una escopeta, que intervino en la destrucción de la Iglesia y en la quema de Santos a los que emprendió a tiros, además de participar en muchos robos y saqueos. Que amenazó a Ángel Custodio y a su madre robándole ovejas. En el mismo sentido declara P. P. V.
I. L. R. I. dijo que se presentó un día en su cortijo de Las Mimbres con una escopeta y se llevó cabezas de ganado, algunas gallinas y un jamón, amenazándola con matarla si gritaba.
En su declaración en Alcalá la Real el 23 de febrero de 1940, manifiesta que antes del 18 de julio perteneció a la UGT. Que es cierto que al venir la revolución se lanzó a la calle, provisto de una escopeta haciendo guardias como miliciano. Contesta que no es cierto que interviniera en la destrucción de la Iglesia y en la quema de santos. Que tampoco intervino en los saqueos y robos de caballería en los cortijos. Contesta que convirtieron la Iglesia en un granero. Contesta que no es cierto que amenazase a Ángel Custodio, ni a su madre. Que no le arrebató una escopeta, ni robó cabezas de ganado. Que sí es cierto que marchó voluntario con las milicias, alcanzando el grado de Sargento.
El 13 de mayo de 1940, se dicta sentencia que considera como hechos probados: Que el encartado, 28 años, socialista, cuando surgió la guerra tomó las armas a favor de la causa roja, interviniendo en la destrucción de la Iglesia e Imágenes sagradas. Amenazó de muerte al vecino Ángel Custodio, para obtener la entrega de una pistola y a la madre de aquel con idénticas amenazas, logró robarle cabezas de ganado, un jamón y gallinas. Ingresó voluntario en el Ejército Rojo alcanzando la graduación de Sargento. Fallo: Que debemos condenar y condenamos al procesado MANUEL CASTILLO PADILLA, a la pena de veinte años de reclusión temporal como autor responsable de un delito de auxilio a la rebelión militar con las agravantes apreciadas.
Estamos ante otro de los procesos injustos contra personas de la Aldea  por pensar de otra manera y por luchar por unas ideas que creían más justas. Hay que tener en cuenta que los hechos que se le imputan y por los que fue condenado se desarrollan en el contexto de una guerra civil, y que el hecho más grave, aparte de ser socialista, pudo ser robar con amenazas unas ovejas, unas gallinas y un jamón, que seguramente fueron entregados a la Colectividad y consumidos por todas las familias de los milicianos. También debemos tener en consideración a las otras víctimas de aquella situación, caso de la familia de Isidora, que con tanto esfuerzo habían criado aquellas ovejas y gallinas, pero la situación era el que era: una Guerra Civil; y las necesidades de los pobres, muchas.
 El procedimiento, como casi todos los procesos abiertos contra los derrotados, este también está lleno de irregularidades, desde la detención e interrogatorio inicial por un particular, como el no recibirle declaración al principal perjudicado Ángel Custodio, la declaración de testigos en base a indicios o comentarios y no por haber presenciado los hechos que habían ocurrido tres años antes, ect…
Es curioso que Manuel, finalizada la Guerra Civil, no huyó ni se ocultó, y un mal día a los veintitantos de terminar la guerra se desplazó desde Fuente Álamo a Alcalá la Real, por donde paseaba tranquilamente con su sombrero jipijapa, quizás queriendo aparentar una situación social más alta y no levantar muchas sospechas (simulación que también pudo delatarle), con la mala fortuna que se encontró con quien seguramente fue su señorico antes de la guerra. Como si el antiguo “dominus” hubiera conservado la potestad de enjuiciar los actos responsables de su esclavo, le sometió a un interrogatorio sobre el transcurso de la Guerra Civil en Fuente Álamo y sobre la actuación que tuvo su alcalde pedáneo, y como no le convencieron las respuestas o no respondió  lo que él quería, presenta una denuncia formal ante la dirección de la Falange Española Tradicionalista y de la JONS. Luego lo presentarían ante las autoridades públicas, siendo inmediatamente detenido e ingresado en prisión, de la que no saldría hasta bien mediados los años 40. Enfermó de tuberculosis, la cual acabó con su vida pocos años después de salir del presidio, por lo que desde mi punto de vista, puede considerarse otra víctima mortal de la represión franquista.

jueves, 2 de marzo de 2017

EULALIA GARCÍA BAILÓN. UNA VIDA POR LOS CORTIJOS DE FUENTE ÁLAMO



En este blog hemos dedicado varias publicaciones a los cortijos de Fuente Álamo y a la actividad desarrollada en su entorno. Contamos algunas anécdotas y también unas pocas desgracias ocurridas, la delimitación y el origen de su denominación, ect... Dejo los enlaces correspondientes.
Pero el tema quedaría incompleto sin reflejar algún ejemplo de las personas que los habitaron, y unas de ellas es la protagonista de esta historia. La vida de “Ularia”, como la llaman en el pueblo, ha estado vinculada a varios cortijos de los alrededores de Fuente Álamo. Tanto es así que no recuerda en cuál de ellos nació, aunque recuerda en cuáles de ellos pasó su corta infancia. Todo ello porque su familia iba arrendando o labrando tierras, de cortijo en cortijo, sin tener una vivienda fija. Al parecer nació en el Cortijo de Pineda, donde sus padres cultivaban las tierras en aquellos años anteriores a la Guerra Civil. Sí, recuerda bien, que en aquellos tiempos su padre estuvo también en el Cortijo Culón y Cortijo de la Mojas de las Caserías de San Isidro. Su niñez y adolescencia, si las tuvo, las pasó en el Cortijo del Coto. Su juventud, en el Cortijo La Cantaria, propiedad de las Señoritas De Córdoba. A los 19 años de edad, el destino le tenía preparado otro cortijo, y ello ocurrió cuando se fue con quien sería su marido Antonio Fuentes, estableciéndose en Cortijo Los Tajos, propiedad del padre de su esposo: Gabino Fuentes. 
 Como antecedentes familiares podemos decir que su padre se llamaba Cipriano García Zamora y su madre Luciana Bailón Gallardo, de cuyo matrimonio nacieron: Mercedes, Dionisio, Juliana y ella. Su padre tenía 5 hermanos: unos vivían en Las Grajeras y otros en la Higuera de Calatrava. Uno de estos hermanos, llamado Guillermo, formó parte como vocal de la sociedad creada para la colectivización del campo en la Guerra Civil en Fuente Álamo, por lo que fue procesado y finalmente absuelto. La familia de su madre también tenía su origen en Las Grajeras, aunque muchos de ellos se establecieron en Fuente Álamo y le apodaban “Pinchos”, formada por Luisa, Eugenia, Julián, Casimiro y Pascasio.
Eulalia nació en Fuente Álamo el 2 de noviembre de 1933; aunque no lo sabe con exactitud cree que fue en el  Cortijo de Pineda. No recibió la primera comunión ni estuvo en la escuela, cree que a consecuencia de la Guerra Civil, unido a su vida cortijera. Solo aprendió a firmar y leer un poquillo, ya  mozuela y con novio, con la ayuda de un vecino del Cortijo Rajuña llamado Manuel Calistro, quien le dio unas clases. En esos años sus padres iban labrando tierras y estuvieron en varios cortijos, entre ellos los de  de Culón y  Las Mojas, en el partido de las Caserías. De la Guerra no se acuerda, pero en el Cortijo de las Mojas, le contó su padre que le habían dado un tiro en una pierna y se lo llevaron al hospital.
Siendo una jovenzuela, de su estancia durante 10 años en el Cortijo El Coto propiedad de Cayetano Frías y Luisa Sánchez, recuerda su dedicación a guardar pavos y los duros trabajos del campo que realizaba su familia, también de la buena convivencia de las familias que lo habitaban: Rafael Sánchez Arenas que tenía 12 hijos y su hermano José quien solo tuvo una niña que vivía en Castil de Campos. Estando en aquel cortijo recuerda que un día se escondió en una camarilla en una troj y se tapó con paja, pero la encontró su hermano y le dijo que le iba a dar su padre una paliza; al final salió su hermano por ella y dijo: “hoy no se le toca siquiera”. Su hermano era muy bueno, se casó joven.
Con quince años recuerda que se fueron a vivir al Cortijo de la Cantaria, a cultivar las tierras (16 fanegas) de Cayetana y Francisca de Córdoba, conocidas como las “Señoricas de la Torre”, teniendo como vecinos los hermanos José y Rafael “Zalameas”, Eusebia la mujer de Julián “Los Isalicos” y la suegra de su hermano llamada Anica; en el Cortijo de los Grillos vivía su hermana Mercedes quien se casó con Pablo “Terreras”. Todos aquellos cortijos formaban parte de La Colonia, que se extendía desde la Carretera de las Vegas hasta lo más alto del Cortijo de los Floríos, haciendo límite con la tierras del Cortijo del Coscojar (Loma de Zalamea, Casasola, la Cantaria, Los Grillos, Los Martillos, Rajuña, Los Bujeos, Los Cerinos, Los Florios, La Cabrera, los Tajos…); sin embargo, puntualiza que el Cortijo de Ardales no se mencionaba como perteneciente a La Colonia. No sabe el origen del nombre de La Colonia, pero quiero pensar que se debió al establecimiento de colonos en la zona en otras  épocas.
En el cortijo de La Cantaria estuvo hasta los 19 años. Tiene los mejores recuerdos de su vida. Lo que más le gustaba eran los bailes y cuando saltaban en el Carnaval. Los bailes se formaban en las propias casas. Para el camino se llevaban unos zapatos que guardaban en lo alto de un olivo antes de llegar al baile y otros para el baile. En su cortijo de La Cantaria se hacían fiestas, los jóvenes le pedían a su padre la casa para el baile, pero si se peleaban los hombres les daba un palo al candil y se acababa la fiesta. Su hermano tenía un laúd y era el músico. Otras veces cuando había más dinero llevaban a músicos con más prestigio como los Capitines y los Guardillas y se hacía en locales más grandes. En el Cortijo de Los Isalicos, hacían grandes  carnavales y tocaba Antonio Padilla “Caejo” con un acordeón. Otros músicos de la época eran Juan Antonio “Zorrerro” a la guitarra con Enrique “El Zapatero” al  laúd.  Le gusta cantar al coro, su hermano tocaba y ellas cantaban canciones como esta:

Canta tú, canta yo, cantaremos a porfía,
Tú le cantas a tu novia y yo le canto a la mía.

Eres más feo que un loro, más negro que una tormenta
Que la que se acuerde de ti, en la primera noche revienta.

Si quieres que yo te quiera, ha de ser a condición
Que lo tuyo ha de ser mío y lo mío tuyo no.

Anda y vete con la otra, supuesto que tienes dos
La otra tiene dinero, pero es más fea que yo.


               Su hermano tocaba con el laúd pasodobles y una canción llamada “La Punta y el Tacón” que decía así:

La punta y el tacón se baila con la pata,
Primero con la derecha y luego con la zocata,

Manuel del alma mía, Manuel del mi corazón
Bailar contigo quiero, la punta y el tacón.

En aquellos bailes conoció a quien fuera su marido Antonio. Se fue con 19 años a vivir con él al Cortijo de Los Tajos. Se juntaron, pero antes del año se echaron las bendiciones y se casaron por la iglesia. Ello porque iban al Cortijos Los Tajos los guardias civiles de San José, que eran muy beatos y le aconsejaron que se casaran por la iglesia. Fue en una iglesia en lo alto de la Calle Real en Alcalá la Real, cree que San Juan. Se casaría sobre el año 1954. Estuvieron viviendo en Los Tajos desde los 19 años (1952) hasta finales de los años 70, que se vinieron a vivir a Fuente Álamo. Allí han pasado gran parte de su vida, y es donde han nacido sus dos hijos.
Aquellos cortijos se surtían de agua del Pozo de Rajuña, aunque había otro pozo de Patrocinio para lavar. Se apañaba con los candiles y se acostaban temprano para no gastar mucho aceite. Su trabajo eran las tareas diarias de la casa y cuidado de animales de corral y cuando hacía falta echaba una mano en el campo. Estuvo trabajando fundamentalmente en el destajo de “Los Curas”, con los Córdobas y con Baldomero. Solo emigró una temporada a la vendimia a Francia donde estuvo unos 16 días, de la que le ha quedado una paguilla.
Desde que murió hace unos años su marido, se encuentra algo más sola, pero siempre tiene la compañía de sus dos hijos, sus tres nietos y otros dos biznietos.

Le gustaba la costura, hasta le hizo un vestido de madrina a su hija. Domina el punto y las mallas.  No le gusta ver lo que ella llama las” tontás”  de la tele. Ahora pasa el tiempo como ella dice hablando con sus vecinas “culos de sombrero” o “culos de alcuza”. Dice que no tiene miedo a nada. Solo le da miedo una tormenta, los temporales o  los fríos. Piensa que no ha sido mala para nadie, y que  ha sido una buena vecina, de lo que yo puedo dar fe.

jueves, 16 de febrero de 2017

MARCOS MORENO MONTES. UN FUENTEALAMEÑO EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN NAZI DE MAUTHAUSEN (AUSTRIA)




        Las familias apellidadas “Moreno” estuvieron muy vinculadas a Fuente Álamo. Aunque hubo varias ramas, actualmente el apellido ha desaparecido de la Aldea. Tuvieron especial protagonismo e influencia sobre todo durante la Segunda República y la Guerra Civil. La metralla de la Guerra Civil acabaría con la vida del progenitor de una saga, Manuel Moreno Pérez, nacido el 1 de Enero de 1862,  hijo de José y Francisca, quienes eran de La Rábita. Viudo en primeras nupcias de Dominga Sánchez Zamora, de cuyo matrimonio tuvo un hijo llamado Eustaquio (padre Marcos Moreno), se casó en segundas nupcias con Dominga Zamora, sin que de ésta tuviera descendencia. Dedicado al campo, falleció el 17 de Septiembre de 1937, (Reg. Civil de Alcalá la Real, Tomo 122,  Pag. 264 vto.) en su domicilio, durante el bombardeo aéreo en Fuente Álamo, en concreto, en los olivos situados en la parte baja del pueblo que fueron propiedad de Luis Montes “Pacheque”.
Muchos de los mayores de la aldea, antes niños, recuerdan cómo vieron transportar su cuerpo destrozado con las vísceras fuera en unas narrias llevadas por cuatro hombres.
Otra rama del apellido, sin que se conozca el vínculo con la anterior, es la formada por Rafael Moreno Ibáñez, conocido en su tiempo por “Rafalillo Perote”, quien fue presidente de la Filial Cooperativa de la Sociedad de Agricultores “La Espiga Floreciente” en 10 abril de 1936. De profesión agricultor, ejercía de  barrenero en el pueblo. Estuvo casado con Encarna Martos (Perejila). Era padre de Manolo, Mateo (tocaba el clarinete), Rafalillo, (heredó la profesión y le explotó un barreno en la mano), Paquito, Ángel (tocaba la batería), Victoria y Sara. Rafael era hermano de Josefa Moreno, casada con el tío Eusebio, quienes formaron otra familia prolífera: Josefa, Sancha, Antonia, Eusebio, y Vicente, fallecido en la Guerra Civil. Como hemos dicho, en la familia había dos músicos: Mateo y Ángel, quienes amenizaron los bailes de los años 50 y 60 en Fuente Álamo.   
           

       Antonio Moreno Vera, hijo de Antonio y de María, naturales de Fuente  Álamo. Soltero y profesional del campo, sus señas personales eran: estatura alta, pelo negro y barba cerrada, cejas al pelo, color cano y ojos claros. Como señales particulares cabe destacar la falta de la pierna derecha. Desde 1937 hasta finalizar la Guerra fue Secretario de sindicato para la colectivización de la tierra en Fuente Álamo, por lo que fue enjuiciado y finalmente absuelto. Según él, aceptó el cargo de secretario por la necesidad que había en su casa.
               Pero el protagonista de esta historia es Marcos Moreno Montes, quien nació en La Rábita-Alcalá la Real el 18 de octubre de 1915. Era hijo de Eustaquio y de Araceli, él natural de La Rábita y ella de Almedinilla. Aunque no se puede precisar cuándo, pero antes de que comenzase la Guerra Civil, se trasladaron a Fuente Álamo y se establecieron en la casa que hay en la parte alta del antiguo Pilar en la Plaza de los Álamos, donde antes estuvo establecido el Bar Royal. Marcos era el hijo varón de la familia, junto con dos hermanas, quienes estuvieron muy vinculadas también con la Aldea: Elena, mujer de Eulogio, y Dominga, mujer de Antonio Pérez La Rosa.
               De su niñez se conoce poco, tan solo los avatares propios de una familia obrera y humilde, pues su padre era bracero de campo, por lo que pronto tuvo que ponerse en marcha, y ya con tan solo 20 años de edad ocupaba el cargo de vocal, (en concreto 10 abril de 1936), de la Sociedad Cooperativa afiliada a la U.G.T “La Espiga Floreciente” que en esa fecha firmó un acta para solicitar el arriendo de las tierras del Cortijo de Clavijo propiedad del Ayuntamiento de Alcalá la Real. El estallido de la Guerra Civil frustró sus aspiraciones sindicales y las de otros muchos, y seguramente su reemplazo se puso en marcha, pues no se conoce ninguna actividad propia en la Aldea en aquellos años de revolución. Se sabe de oídas por las personas mayores de la Aldea, que formó parte durante la Guerra Civil de la guardia del Presidente de la Republica D. Juan Negrín, sin que tal extremo haya podido ser contrastado. Finalizada la Guerra Civil se exilió a Francia, donde fue internado en un centro de prisioneros de los españoles que buscaban refugio en el país vecino.
            
    Como nos relata el historiador Francisco Martín Rosales en la página de su blog: http://pacomartinrosales.blogspot.com.es/2017/01/presos-alcalainos-en-los-campos-nazis.html: “Fueron alcalaínos que pasaron la frontera en dirección hacia Francia en febrero de 1939; con el estallido de la Guerra mundial en septiembre de 1939, Francia se hundió ante el empuje de la invasión alemana, cayeron en manos de su  ejército como prisioneros de guerra de La Wehmacht alemana. Desde agosto de 1940 hasta principios de 1942 fueron enviados al campo de concentración de Mauthausen. Formaban un extenso grupo de republicanos españoles por haber luchado en contra de las tropas franquistas”. En esa relación de alcalaínos en campos de concentración nazi, debe incluirse también a Marcos, como bien puntualizó en las redes sociales D. José Manuel Rosales.
Después de tres años de dura guerra en España, Marcos tuvo que refugiarse, como más de 500.000 españoles republicanos, en Francia, dónde le esperaba un campo de prisioneros, los cuales fueron entregados a los nazis, debido a la invasión alemana. Fueron trasladados a territorio alemán; en el caso de Marcos, al campo de prisioneros Stalag o prisión: XI-A (Altengrabow) situado al este de la localidad de Altengrabow y en el sur de Dörnitz en Sajonia-Ahhalt  a unos 90 kms. al sur-oeste de Berlín. Desde dicho campo de prisioneros fue deportado al campo de concentración de Mauthausen (Austria), donde ingresó con el número 3.318 el 26 de abril de 1941, dos años después de haber terminado la Guerra Civil Española. Allí permaneció hasta el 5 de mayo de 1945, día en que fue liberado por las tropas aliadas. No solo tuvo que soportar los duros trabajos sin remunerar y sin descaso, sino también la deficiente alimentación y los hacinamientos en las barracas, sin contar el hecho de tener  que convivir con el desprecio y la humillación nazi. Durante estos cuatro años estuvo trabajando como un esclavo, al parecer en la elaboración de material bélico relacionado con la fabricación de aviones, pues este fue su oficio después de abandonar el siniestro lugar y establecerse de nuevo en Francia.
Fue una experiencia tan dura que no le gustaba recordar, y apenas contó algo a su familia, tal y como nos apunta su sobrino Antonio Pérez Moreno, quien visitó el lugar de cautiverio del que pudo salvarse su tío, piensa que gracias a la fortaleza física que tenía. Después de estos 6 años de cautiverio, por fin pudo comunicarse con su familia, y un día recibió una carta su madre, quien ya le había dado por desaparecido.
 Como hemos dicho, Marcos regresó a Francia, estableciéndose en la zona de París, donde trabajó como tornero en la fabricación de piezas para aviones. Circunstancias de la vida, en el momento en que iba a montar una empresa propia, o más bien quedarse con la empresa para la que trabajaba, junto a un amigo íntimo, este falleció y no se llegó a materializar su sueño. Poco después se jubiló a consecuencia de una afección en la garganta, que le agravó la voz y le produjo dificultades para hablar. Entonces se estableció en la zona de los Pirineos Orientales, en concreto en Prades, hasta que regresó a España. Sin que se pueda precisar la primera vez que pudo volver, lo cierto es que el 7 de noviembre de 1997 obtiene el D.N.I., por lo que se estableció definitivamente a finales de los años noventa en Alcalá la Real, donde falleció a los 86 años de edad un 3 de febrero de 2002 en la casa que tenían sus padres en la calle General Lastres, llevándose con él una triste experiencia vivida.

Fue un hombre de gran presencia física y buena apariencia, lo cual no solo le sirvió para salir vivo del holocausto nazi, sino que le permitió durante su estancia en Francia la libertad para estar siempre bien acompañado de amigas, pero sin llegar a  casarse con ninguna de ellas.


domingo, 15 de enero de 2017

PÁRROCOS DESDE LA POSTGUERRA EN FUENTE ÁLAMO



         Los fuentealameños, por lo general, han sido y  son un poco agnósticos desde mi punto de vista, y más los hombres que las mujeres. En épocas, como la II República y durante la Guerra Civil, algunos demostraron el ateísmo propio de aquellos tiempos, llevando a sus últimas consecuencias el Art. 3º de la Constitución de 1931, que  recogía que “El Estado español no tiene religión oficial”. Se cuenta que en estos tiempos, la otra imagen que había de San Antonio de Padua, tallada en madera, fue atada con cuerdas y arrastrada por el pueblo y mojada en el pilar, a la vez que se le decía “como eres Santo no te ahogarás”, y según se cuenta finalmente quemada para hacer unas migas, “acto vandálico” muy corriente en la época republicana.
Su feligresía perteneció desde su creación, así como las ermitas de los partidos rurales de Charilla, Ermita Nueva, Val de Granada, las Caserías y Hortichuela, a la parroquia de Santa María la Mayor, que estaba situada en la explanada de la Fortaleza de la Mota, y que al ser quemada por los franceses en 1812, fue traslada a la Iglesia de Consolación, así sus documentos relativos a bautismos y matrimonios, que no fueron destruidos por el referido incendio. Posteriormente en 1893 pasó a depender de la Parroquia de San José de la Rábita, inscribiéndose allí todos los asientos sacramentales relativos a los fuentealameños.
Han sido muchos los párrocos que han predicado y oficiado la eucaristía en la iglesia de Fuente Álamo desde su construcción en el siglo XVIII, salvo el intervalo de la Guerra Civil, que fue utilizada como granero o como prisión. Con una simple consulta de los archivos parroquiales, podríamos puntualizar el tiempo y su sucesión. Los asientos que se conservan en la Parroquia de San José datan de 1893, sin que sepamos donde se conservan los anteriores a esta fecha, aunque, como hemos dicho, se encuentren seguramente en la Parroquia de Santa María la Mayor. Este trabajo está fundamentado en base a los recuerdos propios y los trasmitidos por los fuentealameños y abarca a partir de la Guerra Civil hasta nuestros tiempos.
La doctrina católica se ha ido predicando por misioneros o por sacerdotes que a lo largo del tiempo han pasado por el mundo rural fuentealameño. Traían los aires dogmáticos que corrían en cada época. Los hemos visto con sombrero, con sotana, con alzacuellos, sin sotana y con chaquetilla vaquera. Algunos siguiendo los cánones eclesiásticos de los años 50, negaban el matrimonio católico a los fuentealameños porque “se habían llevado la novia”, (ante tal negativa le respondió Pablo, en el bar de Domingo Aguilera, que si él no quería le daba igual, que “curas había para apestar”); hubo otros de corte más liberal en los años 90 del siglo pasado que llegaron a renunciar al celibato y abandonó el sacerdocio para casarse.
Muchos fuentealameños recuerdan en esos años 40, 50 y 60 como los párrocos venían desde San José de la Rábita. Para ello, Pedro González “Cañuelos” o el alcalde pedáneo José Pedro, solían mandar con un mulo a uno de sus hijos. Se les veía asomar por la Piedra Gorda, al párroco a lomos de la bestia y al mulero con el cabestro en la mano y el mulo a la reata. Así, después de la Guerra Civil aparece como párroco D. Diego Galán Martos, quien fue sucedido en el cargo por D. Emilio Gondra Cigorraga en agosto de 1940 hasta 1944, quienes tuvieron bastante trabajo, pues tuvieron que cristianizar a los fuentealameños que la II República y la Guerra Civil les dejó la libertad de optar.
Luis Cano Nieto, recuerda después de la Guerra Civil a D. Manuel  Armenteros Guerrero (1944-1953). Aunque otros como Antonio Aguilera e Iluminada Valverde nombran a Don Santiago Cozar López (1953-1958) como el cura que les casó en 1958. Don Cristobal Merino Almagro (1959-1966) debió ser el cura que casara a Santiago Cano y María Haro en el año 1959, y no lo hizo porque los novios se retrasaron y se marchó a San José de la Rábita. Tuvieron que echar mano a nuestro cura local Don José Zamora Jiménez, el hijo de Blas, quien fue el que al final les echó las bendiciones; si bien el hermano de Santiago le reprochó aquel desplante diciendo que curas había muchos… Con Don Cristóbal hicieron mi hermana Loli y sus amigas en 1961 la Primera Comunión, así como mi hermano Antonio en 1963. En 1962 también caso a Feliciano Ibáñez y Justa Aguilera.
Desde mediados de los años sesenta, el párroco que procesaba misa en Fuente Álamo, se llamaba D. Antonio Marín Sánchez (1966-1971). Fue el último cura que usó sotana en Fuente Álamo. Junto con los maestros D. José o D. Leovigildo y el alcalde José Pedro, representaban la autoridad en el pueblo. Con él hice la Primera Comunión en 1969, pero mis recuerdos son un tanto vagos, pues sólo tenía 6 años, de tal forma que tuve que aprender a leer en el catecismo. Mi continuidad o asiduidad a la eucaristía, al igual que otros trece niños que hicimos la primera comunión aquel año, no sería más de tres o cuatro veces después de comulgar por primera vez.
D. José Lomas Maya (1971-1973), nacido en Noalejo (Jaén), el 19 de febrero de 1945, realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Jaén y en el de Granada. Fue ordenado sacerdote en Jaén el 11 de julio de 1971. Entre otros puestos ocupó los de párroco de Campillo de Arenas y Noalejo, de la Asunción de Martos y fue vicario episcopal y párroco de Santa María y San Pablo de Úbeda (hasta 2003). Falleció en Jaén, a la edad de 67 años; en el momento de su muerte, el 12 de Junio de 2012, era párroco de San Bartolomé de Jaén y consiliario de la Agrupación de Cofradías de la capital jienense.  Llegó a Fuente Álamo a primeros de los años setenta, donde trajo aires predemocráticos, ya sin sotana. Supo unir a la juventud fuentealameña entorno a la Iglesia, de quienes obtuvo un apoyo multitudinario para intentar evitar su traslado, que fue manifestado con la exhibición de pancartas ante el Obispo de Jaén durante su visita a Las Caserías de San Isidro, sin que se consiguiera dicho propósito. Fuente Álamo fue su primer destino, estando vinculado al pueblo hasta que se marchó, allá en el año 1977. 
D. Bernardo Velasco Valenzuela (1973-1975) en su breve paso, creó un clima de integración de los niños en la misa, asimismo produjo una cierta revolución en la forma de decir las misas, llamando la atención a los feligreses cuando dejaban de prestar atención al sermón. Fue el primero que dijo una misa fuera de la iglesia, en concreto en la Explanada de la Escuela, y animó a los niños a ir a misa (nosotros éramos los monaguillos y los que pasábamos el cepillo). Unió en aquel verano de 1975, junto a Doña Concha delegada de la Extensión Agraria, a todo el pueblo para colaborar en la limpieza del mismo; en aquella época que en cada rincón había un muladar. Incluso se atrevió a gastar en aquella época alguna broma, preguntando a M.B. si la mujer que le acompañaba era su esposa, diciéndole que le acompañaba en el sentimiento.
Le sustituyó D. Antonio Sánchez Garzón (1975-1977), con quien en alguna ocasión jugamos al fútbol en la explanada de la escuela, pero fue en un corto espacio de tiempo.
D. Juan Quiles Clajer (1978-1989) estuvo en la parroquia más de una década, siendo el párroco que más tiempo ha permanecido en ella.  Se marchó creo que a Arjonilla. Recuerdo que nos llamaba “fuentelameros”. Tuve la suerte de tenerlo como profesor de religión en el Instituto de Bachillerato “Alfonso XI”. Se acercó a la taberna y con ello a los hombres de la aldea, llevando a cabo aquello de que si la montaña no iba a Mahoma, Mahoma iba a la montaña. Hasta se atrevió a jugar a los chinos, “pida Ud. primero D. Juan…”
D. José Antonio García Romero (1989-1991) quien debió casarme, al no poder venir D. Juan Quiles; haciéndolo el párroco de la Iglesia  de Santa María la Mayor de Alcalá la Real a nuestra iniciativa.
Hubo un periodo de interinidades hasta que llegara con aires modernísimos, chaquetilla vaquera, D. Giner Mata Amaro (1991-1994), quien tomó la decisión de dejar el sacerdocio, decisión por supuesto muy respetable, pero en las aldeas cercanas donde predicaba fue motivo de comentarios y la consiguiente polémica con las Religiosas de La Rábita por algún comentario seguramente mal interpretado. Debió bautizar a mi hija mayor, pero le sustituyó otro párroco en aquel día de fin de año de 1991.
D. Julio Ángel Delgado Navas (1994-1999) fue conocido por sus misas polémicas, quejándose de la poca participación y escasa colaboración de sus feligreses. Por no haber llevado el laurel que él había pedido, dijo en forma de metáfora, que si él ahora no quería, no salía San Antonio de Padua en procesión.
D. José Villén Gallego (1999-2000)
D. Antonio Ramírez Pardo (2001-2007)
D. Juan Ángel Delgado (2007-2010)
Otro buen párroco que predicó en la Aldea durante un lustro fue D. Manuel Luís Anguita, (2010-2014) quien organizó varios viajes culturales y religiosos, dejando buenos recuerdos. Ahora desde la Parroquia de la Virgen de las Angustias tiene siempre presente nuestra Aldea, conservando y cuidando nuestros archivos parroquiales.
El 19 de Septiembre 2014 se incorporó para la eucaristía nuestro nuevo párroco D. Manuel Ángel Castillo Quintero (2014-2015) que un año después nos abandonaría.
D. Javier Delgado Patón es el párroco que actualmente procesa los actos religiosos, aunque a menudo es sustituido.
Actualmente, el párroco quiere poner cierto orden entre sus feligreses, y el día 26 de Diciembre de 2015, impuso la norma de la que llegase tarde le negaba la comunión. Hay que decir que desde hace tiempo la eucaristía se viene practicando con intermitencia y ausencias prologadas.
Hay que hacer mención a las personas que colaboraron como sacristanes, monaguillos o simples seglares con la iglesia. Eugenia Bailón fue la sacristana hasta que falleció por los años 70, al igual que su marido Pedro Castillo Palomino, apodado como “Pedro XIV”.
La Hermandad de la Virgen del Rosario, asociación de tipo religioso encargada de organizar las fiestas mayores y el mantenimiento de la Iglesia de San Antonio de Padua. Cada año nombra a sus hermanos/as mayores; anteriormente salían voluntarios, o en caso contrario, se hacía por orden del que nunca lo había sido. Podía haber algún caso que por diversos motivos rechazaba el nombramiento, entre ellos el tener luto por la muerte de algún familiar, pero por lo general cada uno asumía el cargo el año que era “echado”. Actualmente existen dificultades para su elección, dada la escasa población joven que se mantiene en la aldea.
Hasta finales de los sesenta también existió la Hermandad de la Santa Cruz, que desapareció por motivos de la emigración.
Otras pequeñas hermandades las formaban la de la Cruz de Clavijo y la de la Cruz de la Setilla, que han celebrado sus respectivas fiestas en honor a las respectivas cruces hasta tiempos recientes el 11 de mayo.
La religiosidad en la Aldea la representó en los años de la Postguerra, en su máxima extensión Dª Casilda Sierra Monteñez y D. Francisco Serrano del Mármol, quien al fallecer donó parte de sus propiedades agrícolas que poseía en Fuente Álamo a la Fundación Sagrada Familia (SAFA) y según se dice dejó dicho que era para que los niños del pueblo pudieran estudiar carreras, así entre otros estudiaron José Zamora Jiménez. Que tengamos conocimiento, como curas originarios de la Aldea solo tuvimos al mencionado hijo de Blas Zamora, quien después dejaría el sacerdocio. Fue catedrático de latín en Sevilla, donde reside actualmente, disfrutando de su jubilación. Formó parte del Tribunal nº2 de Madrid en el año 1979 para la provisión de plazas en el Cuerpo de Profesores Agregados de Institutos Nacionales de Bachillerato turno restringido.
  
Listado cronológico de párrocos que ha pasado por Fuente Álamo después de la Guerra Civil hasta ahora:

D. Diego Galán Martos
D. Emilio Gondra Cigorraga (agosto-1940-1944)
D. Manuel Armenteros Guerrero (1944-1953)
D. Santiago Cozar López (1953-1958)
D. Cristóbal Merino Almagro (10-1959- 2-1966)
D. Antonio Marín Sánchez (3-1966 – 9-1971)
D. José Lomas Maya (11-1971 a 8-1973)
D. Bernardo Velasco Valenzuela (8-1973 a 8-75)
D. Antonio Sánchez Garzón (10-1.975 a 12-1977)
D. Juan Quiles Clajer (01-1978 a 9-1989)
D. José Antonio García Romero (9-1989 a 6-1991)
D. Giner Mata Amaro (6-1991 a 6-1994)
D. Julio Ángel Delgado Navas (9-1994 a 9-1999)
D. José Villén Gallego (9-1999 a 6-2000)
D. Antonio Ramírez Pardo (2000-2007)
D. Juan Ángel Delgado (2007-2010)
D. Manuel Luis Anguita (2010-2014)
D. Manuel Ángel Castillo Quintero (2014-2015)
D. Javier Delgado Patón (2016- )