sábado, 29 de junio de 2013

CASAS Y CALLES DE LOS AÑOS 60 Y 70 EN FUENTE ÁLAMO

viernes, 31 de mayo de 2013

HISTORIAS DE LOS CORTIJOS DE FUENTE ÁLAMO (Revisada el 18 de febrero de 2017)


PÁGINA EN PROCESO DE REVISIÓN





               

sábado, 4 de mayo de 2013

PRIMERAS COMUNIONES EN FUENTE ÁLAMO



       Durante este mes de mayo, tradicionalmente vienen celebrándose las primeras comuniones; sin embargo, esto no siempre ha sido así en Fuente Álamo. Tal evento ha ido celebrándose, dependiendo de las circunstancias,  en tres épocas del año; que eran: el propio mes de Mayo, coincidiendo con un fin de semana; el día de San Antonio, cuando era considerada fiesta mayor de la aldea y por último, el día de la Virgen del Rosario. Esto podía deberse fundamentalmente al fenómeno de la emigración temporal de los padres (a lo que ya dedicamos una entrada), aunque a veces, podía deberse a causa individuales o personales, como una enfermedad, u otros motivos, tal y como ocurrió  el 6 de junio de 1976,  una de las celebraciones más grandes por el número de comulgantes.
Las Primeras Comuniones en Fuente Álamo a primeros de los años 40, con el triunfo de los nacionales y la declaración de la religión católica, apostólica y romana como única del estado, eran multitudinarias. Ello era debido al intento de “recuperarlos para el catolicismo”, haciendo comulgar por primera vez a todos aquellos niños que en los años de la Segunda Republica, no lo habían hecho, al haberse declarado la aconfesionalidad del estado y al haberse producido un paréntesis religioso durante la Guerra Civil en Fuente Álamo, que durante toda la contienda se mantuvo en Zona Republicana, en la misma línea del frente. Se celebraban con cierta solemnidad, en el sentido que era Doña Casilda Sierra Montanez quien invitaba a los niños a una merienda consistente en un hornazo, que era un pan con un huevo cocido duro dentro, y una taza de chocolate, que se solía tomar en la antigua escuela.  El edificio tenía dos plantas, la superior estaba destinada a la enseñaza y la parte de abajo  era la casa del maestro de Manuel.

 A primeros de los años 50, para algunas familias pobres y no muy convencidas católicamente, las primeras comuniones eran poco solemnes e improvisadas en algunas ocasiones. Es el caso de Matías Pérez, que en el día de su primera comunión estaba guardando cochinos y tuvo que ser relevado por sus hermanos para ir a tomarla, o el caso de Antonio Pérez “Nono”, que reclamaba insistentemente al maestro don Manuel, que se habían olvidado de darle la primera comunión cuando todos ya la había tomado.  El maestro  entonces acudió al cura y le dijo: “Este niño no ha tomado la primera comunión”, a lo que respondió el cura: “Bueno, que no se preocupe, ahora mismo se la damos. ¿Cuantos pecados tienes?, ¿Te has peleado con tus hermanos?  Y se la dio.
La tradición de entregar una estampita de recuerdo se fue generalizando en Fuente Álamo a partir de mediados los años 50, conservando alguna de 1955, aunque  la tradición venía de atrás. Como recuerdo de la Primera Comunión celebrada el 21 de mayo de 1966 se emitió una estampita colectiva de los niños y niñas de las Escuelas SA-FA.
   Entre los años 50 y 60 se solían celebrar, como hemos dicho anteriormente, en tres épocas del año, y por poner algunos ejemplos, tenemos durante el mes de Mayo, los años 1955, 1962, 1963, 1966, 1967; el día de San Antonio  los años 1957,1958, 1969, 1970 y menos habitual el día de la Virgen del Rosario que se celebraron algunas en 1958,  debido a la emigración de los padres que impedía a los niños, celebrarla con sus compañeros. Por esa razón, la celebraran en solitario una vez que regresaba el padre.
Eran comuniones muy sencillas, en las que, continuando con la tradición, se daba una taza de chocolate y un bollo en la escuela, llegando a formarse grupos de 15 a 20 comulgantes primerizos.

En los años 70 la primera comunión era el segundo acto social religioso en las familias de Fuente Álamo después de las bodas, y se le daba gran importancia. Suponía un gran día de ilusión para el niño, que en algunos casos, al hacerse con la edad de 6 a 7 años, se tenía que aprender a leer en el catecismo. Una vez confesados todos los pecados, (aquellos típicos: me he peleado con mi hermano, no he obedecido a mis padres, he dicho palabrotas…), que ya todos teníamos aprendido antes de confesarnos, le seguía una taza de chocolate y un bollo en la escuela.  Tras la merendola, cada familia se marchaba a su casa, donde los familiares más cercanos eran invitados a la comida. La estampita se entregaba a los familiares o amigos, quienes a cambio daban dinero, pero nada de regalos. Recuerdo que el 13 de Junio de 1969, fue el día de mi primera comunión. Habíamos sido preparados para ello durante el curso de parvularios, llegando a aprender a leer en el propio catecismo, siendo en la misma escuela donde se impartía la catequesis, y solía darla uno de los alumnos mayores más aventajados. En nuestro caso, nos sacaban al pasillo central que dividía las dos alas de la escuela y Juan Pedro Pareja, en una banqueta con listones de madera, nos sentaba a los 7 niños varones y nos daba catecismo. Las niñas eran formadas o preparadas separadamente.
    Era un día de nervios y de ilusión a la vez, sin ser muy consciente de lo que significaba en sí tal acto, aunque muy concienciado de que ya no podía cometer pecados. No lo recuerdo muy alegre por la tensión que provocaba el miedo a poder cometer algún pecado y a tener que portarse obligatoriamente bien, pero como íbamos a recibir por primera vez a Jesús, era un día de ilusión. No se pensaba tanto en regalos, más bien en la taza de chocolate y dulce que nos tomaríamos en la escuela, aunque  también en el dinero que podíamos recibir.  Recuerdo que fue mi abuelo y mi tío Nazario quienes más dinero me dieron: 20 duros de papel. Aunque creo que sólo llegué a verlos, porque fueron destinados a otras necesidades familiares, no se muy bien cuales; pues, hasta el traje era prestado de Antonio Expósito “Nenillo”, y encima me dejaron el pernil corto y las magas largas; no sé lo que Fotos Sánchez de Frailes cobraría por  las cuatro fotos de recordatorio. En cuanto a lo religioso, el miedo o temor a confesar los pecados era lo que más me preocupaba, pero como ya teníamos aprendida la lección de los pecados a confesar que nos habían enseñado los niños mayores. Con decir tres o cuatro pecados ya estaba bien (no fuera que nos pasáramos de malos, sin pensar en el secreto de confesión), y fueron el de haberme peleado con mis hermanos, con mis amigos, y haber dicho palabrotas.
  A partir de los años 70, por poner algunos ejemplos, se celebraron durante el mes de Mayo, en los años 1975, 1976, 1992, 1995, 2000; el día de San Antonio en los años 1970, 1990  y lo que sí se generalizó, fue el día de la Virgen del Rosario en los años  1976, 1977, 1979, 1982,1983, 1985, 1995.
En Fuente Álamo, imagino que al igual que en otros lugares, se iba a misa ese día, y disimulando poco a poco, durante el mes siguiente, se iba dejando de acudir. Algunos sólo fueron a misa ese día.
 A partir de los años 80, llegaron las primeras comuniones con sus grandes regalos y su celebración en salones o restaurantes. Se invitaba a familiares y amigos, donde la comunión del niño era el pretexto, y siendo los padres los que tenían que hacer un gran sacrificio económico. Se cambió el diseño de la estampita de recuerdo, donde en el reverso ya no se imprimía ningún tipo de
recordatorio y era en el anverso dónde se ponía tanto el dibujo gráfico o una foto como el recordatorio. En estos años hay que destacar la labor desinteresadas de las catequistas, que eran las propias jóvenes de la aldea; posteriormente se hicieron cargo de esta formación un grupo de mujeres desinteresadas, en colaboración con las religiosas que venían de La Rábita.
En los años noventa se generalizó el mes de mayo como día de las primeras comuniones, siendo la preparación, la ceremonia y la invitación similares a las actuales.
Esta entrada queda abierta, como todas, a que cada fuentealameño que lo desee pueda contar alguno recuerdo del día de su primera comunión y si quiere puede mandar su foto para ser publicada en esta u otra entrada.
http://www.parlamentodeandalucia.es/opencms/export/portal-web-parlamento/contenidos/multimedia/2013_concurso/Tercer_Premio_Mxsica_xAlma_andaluzax.wma

sábado, 6 de abril de 2013

CREENCIAS, FE Y RELIGIÓN EN FUENTE ÁLAMO.


Los fuentealameños, por lo general, han sido y  son un poco agnósticos, más los hombres, que las mujeres, y en épocas, como en la II República y durante la Guerra Civil, algunos demostraron el ateísmo propio de la época, llevando a sus últimas consecuencia el Art. 3º de la Constitución de 1931, que  recogía que “El Estado español no tiene religión oficial”. Se cuenta que en estos tiempos, la otra imagen que había de San Antonio, tallada en madera, fue atada con cuerdas y arrastrada por el pueblo y mojada en el pilar, a la vez que se le decía “como eres Santo no te ahogarás”, y según se cuenta finalmente quemada para hacer unas migas, se le atribuye el “acto vandálico”, muy corriente en la época republicana, entre otros a Vicente Aguilera Castillo, que era el alcalde  y a Matías Pérez Lizana,  el secretario, quienes después de la Guerra tuvieron que “penar” por “sus pecados”.
Hubo un cierto tiempo, entre los años 40 y 80 del siglo pasado, en que los fuentealameños, sobretodo las  mujeres, creían o tenían fe en los “santos”, fundamentalmente en el Santo Custodio o el Santo Manuel. Estos “falsos santos” o curanderos, tuvieron bastante seguimiento y devoción por parte de las fuentealameñas, suponiendo esta fe, un tanto ciega, en algún caso, hasta la ruptura sentimental, al decirle al novio, que ese día había ido a ver al Santo Manuel y no a él. A Fuente Álamo venía un “santo”, llamado José Sánchez González, o “Santo Pacheque”, pues era familia y trabajaba en la recolección de aceitunas con Luis Montes González. Se cuenta y el mismo llegó a decirlo, que algunos “milagrillos” había hecho, la verdad es que tenía cara de buen hombre. Según Costorillo, todo lo que le predijo a él, se está cumpliendo, era su tío, y cuenta que en la Hoya del Salobral, en la pequeña cueva donde rezaba el Santo Custodio, vio como su tío, hizo andar a un enfermo que estaba cojo.
También se  creía y en algunos casos, se sigue creyendo en otros santos o más bien, curanderos, como Solanillo de las Chozas, al que se acudía para curarse del “mal de ojo”, quien recurría a oraciones a la Virgen o al Señor o a otro tipo de rituales, para alejar el mal.
Los fuentealameños procesan devoción a de San Antonio de Padua, su patrón, a quien las mujeres le decían una oración para pedirle un buen marido:
San Antonio, bendito,
dame un marido
que no fume tabaco
ni beba vino.
San Antonio, bendito,
ya me lo has dado,
jugador y fumador
y enamorado.

También se veneran pequeñas imágenes de la Virgen, que por grupo de familias, más bien de mujeres, se la van pasando de casa en casa, por un turno establecido. Es una pequeña imagen, dentro de una ermitilla de madera, con una pequeña rendija en la parte posterior, por donde introducíamos “gordas” o como mucho, una peseta, en los años 60, a la vez que le hacíamos plegarias a la Virgen.
La religiosidad católica, en cierta forma impuesta, propia de la época franquista y la devoción que se tenía a la Virgen del Rosario, hicieron que en 1959, al constituirse la cooperativa agrícola, adoptase el nombre de la patrona del pueblo Nuestra Señora del Rosario, iniciándose los actos de constitución de la misma con una oración en honor a la Virgen, sin que resultara paradójico que algunos de los agricultores que participaron en aquella oración, en tiempos de la II República se habían declarado profundamente ateos.
También Fuente Álamo tiene calles o plazas relacionadas con la religión como la calle Sacristán, en honor a Luis Valverde, “el Sacristán”, que le sirvió de sobrenombre, pese a que nunca lo fue y  el apodo le vino por otros motivos.
El hecho de que la escuela, desde 1948 fuese propiedad de la fundación Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia (SAFA), hizo que el adoctrinamiento en la educación cristiana en Fuente Álamo, fuese doble, el propio del franquismo y el propio de la institución religiosa que la dirigía. La religión católica se procesaba en la propia escuela, donde el alumno más aventajado daba la catequesis a los que niños que iban a hacer la primera comunión, y donde el maestro D. José Oria explicaba la ubicación de Dios, con gestos, dando vueltas a las manos, a la vez que preguntaba, ¿dónde estaba Dios?, respondiendo Francisco, que Dios estaba dando vueltas.
Los actos religiosos son normalmente fusionados, por no decir confundidos, con los actos festivos y lúdicos, que son numerosos a lo largo del año, desde la Navidad, pasando por la Semana Santa, la Romería de la Virgen de la Cabeza, Las Flores de Mayo, la Romería de San Isidro, San Antonio, hasta la fiesta mayor en honor a la Virgen del Rosario. La Navidad se celebraba casi al margen de la religiosidad, y se representaba con el canto de villancicos por la murga, en casas o cortijos. La Semana Santa, en Fuente Álamo, consistía en ayunar el Viernes Santo, y nos decían que no se podía mostrar ningún tipo de alegría o júbilo, con cantos o escucha de música, que no podíamos pelearnos, y a comer los platos típicos del Viernes Santo, como era el potaje de garbanzos y habichuelas, tortilla de espárragos trigueros o de collejas, bacalao rebozado, y flan o arroz con leche de cabra, pero lo que era la pasión cada uno llevaba su penitencia como podía, pues en la misa eran 15 ó 20 mujeres, los demás a las procesar en Alcalá la Real o en Priego de Córdoba. Con ello no quiero decir que no exista una verdadera fe católica, sino que cada uno la lleva a su manera. También, hasta los años 70, se le daba más solemnidad a los actos religiosos y las jóvenes se vestían incluso de mantilla en las Flores de Mayo.


También se tiene cierta devoción a la Virgen de la Cabeza, que en pequeños grupos y en romería acuden el último domingo del mes de abril, al Cerro del Cabezo en Sierra Morena. No con la intensidad propia de los alcalaínos, los fuentealameños acuden el 15 de Agosto a venerar la Virgen de las Mercedes, patrona de Alcalá la Real,  si bien, la Virgen solamente ha acudido una vez en su historia a Fuente Álamo el día 12 de septiembre de 2010, siendo multitudinaria su acogida por sus vecinos.
Sean más o menos creyentes, todos los fuentealameños contribuyen cuando se le requiere para ayudar o colaborar con la iglesia, así con las pequeñas aportaciones de los hermanos y con la iniciativa de Pepi Jiménez, se han podido restaurar recientemente las figuras de San Antonio, de la Virgen del Rosario y el Sagrado Corazón de Jesús, finalmente en 2012.
La llegada de familias inglesas o los matrimonios con extranjeros que profesaban religiones distintas a la católica, ha hecho que exista cierta diversidad religiosa en Fuente Álamo. Por otra parte los fuentealameños por lo general son receptivos y escuchan cuando llegan a la aldea  los Testigos de Jehová, aunque sea sólo por cuestión de educación y no devoción.
    MISTERIO DE LA CRUZ DEL ROCASTRO.-  Durante la noche de un día de los años 70 apareció misteriosamente una cruz de piedra en la parte superior de un montículo situado al lado de la higuera de Francisca “La Pasta”. La autoría no se supo nunca, pero todo el mundo sospechaba o apuntaba a Matías Aguilera Anguita, “Matías Candio” pues era quien todas las tardes, en sus últimos años, acudía a rezar situándose de rodillas frente a dicha cruz. La leyenda cuenta que sobre los años 20 ó 30 una niña se encontraba en dicho lugar y una piedra comenzó a rodar y la aplastó, y que se debió a una imprudencia de un labrador, mientras araba, aunque el misterio seguirá sin desvelarse, creo que fue otro el motivo.
    HISTORIA DE LOS GATOS QUE SE HICIERON ATEOS.- Cuenta que el señorito del Coscojar Alto, apodado “Caracordel” al parecer viene del  apellido Caracuel, era muy religioso, al sentarse a la mesa rezaba y daba gracias al Señor por los alimentos, mientras que sus gatos se colocaban a su alrededor, esperando las migajas. Comoquiera que el Sr. Caracordel  tuvo que hacer un viaje, dejó al encargado del cortijo, al cuidado de sus gatos. El cortijero le quiso gastar una broma y continuó con la ceremonia ante la mesa, rezando igual que su amo, pero con la excepción, de que  al decir la palabra “amen”, comenzaba a gritar y a pegar a los gatos, espantándolos. Cuando volvió el Sr. Caracuel, continuó con la misma ceremonia, de tal forma, que al terminar con la palabra “amen”, saliendo todos los gatos en estampida, sin explicarse el motivo de dicha reacción, diciendo: “Dios mío, estos gatos se han vuelto ateos”.

sábado, 16 de marzo de 2013

ASOCIACIONISMO EN FUENTE ÁLAMO. I PARTE. DIVERSAS ASOCIACIONES.



Las asociaciones de todo tipo, siempre se han ido produciendo a lo largo de la historia en Fuente Álamo, así se formaban cuadrillas de aceituneros o segadores, normalmente entre familiares, con el fin de recoger las aceitunas o de segar a destajo. Se daban “tornas” que consistían en cambiar, jornal por jornal, un día con uno, otro día con el otro, sin intercambio de dinero. Se asociaban dos muleros para formar una yunta con sus respectivos mulos, y en general en una aldea tan pequeña, siempre fue necesario aunar las fuerzas entre los vecinos para conseguir los objetivos, formándose sociedades agrarias, de albañiles, deportivas, vecinales y religiosas.

Según los archivos de la UGT de las Sociedades obreras y movimiento obrero de Jaén,  aparece en Fuente Álamo durante la II República, en concreto en el año 1932, la  Sociedad Obrera de Trabajadores de la Tierra «La Espiga Floreciente» afiliada a la  FNTT-UGT. En el Art. 1 de su Reglamento se establece que la Sociedad Obrera de Agricultores “La Espiga Floreciente” creada el 13 de mayo de 1931,  tiene por objeto agrupar a los trabajadores agrícolas y de varios oficios de esta aldea, con el fin de mejorar la condición moral y material de sus asociados y luchar por la emancipación de la clase. Entre sus fines tenía el de crear en donde se creyese conveniente, Cooperativas de agricultores. Aunque dicha Sociedad continuó con cierta actividad durante la Guerra Civil, pues los socios seguían pagando sus cuotas, con el franquismo, quedó truncado el movimiento sindical obrero fuentealameño.

Otros dos intentos frustrados de asociaciones para explotación agrícola de la tierra, se constituyeron en los años setenta y se repitió de nuevo en los años ochenta, donde se estableció una cuota única de 1.000 pesetas por socio, con la intención de colonizar las tierras de los cortijos del Coscojar Alto y Pineda, propiedad de la institución benéfica “Fundación Mármol” de Priego de Córdoba, a la que fueron donadas por sus anteriores propietarios. Sí, se consiguió la parcelación, pero a título individual, de las tierras del cortijo Clavijo, propiedad del Ayuntamiento de Alcalá la Real, primero, en régimen de arrendamiento y posteriormente su adquisición por parte de los arrendatarios que lo quisieron.

La <<Sociedad Cooperativa agrícola Nuestra Señora del Rosario>>,  creada en 1959, fundamentalmente para la producción y elaboración de aceite, ha fomentado la actividad económica de la aldea durante más de cincuenta años, dando cierta estabilidad y seguridad a los pequeños y medianos agricultores desde los años 60, si bien, en sus inicios formaron parte como socios fundadores, grandes propietarios o arrendatarios, como Bonifacio Aguilera Carrillo o Antonio y Narciso Ramírez Sánchez. Se ha mantenido siempre activa a pesar de los altibajos sufridos desde su puesta en funcionamiento, con la fluctuación de bajas y readmisiones de socios interesados, que parafraseando la frase de la película Casablanca, “siempre nos quedará la Cooperativa”. La constitución de la Cooperativa y Caja Rural Ntra. Sra. del Rosario, supuso la reordenación y agrupación de pequeños y medianos agricultores frente al monopolio del molino de aceite que explotaba D. Francisco Serrano del Mármol “Don Paco”, que circunstancias de la vida, fallecería el 16 de diciembre de 1959, justo al inicio de la recolección de la cosecha con la  que comenzaría su puesta en marcha y que por tanto no pudo ver el funcionamiento de la competencia, si bien, continuó su explotación D. Rafael Jiménez, quien adquirido el referido molino-vivienda, aunque ya, con la competencia propia de la Cooperativa.

La sociedad formada por tres albañiles y un camionero <<Los Cuatro>>, integrada por Justo Gutiérrez, Juan Pérez Vera, Eugenio Pérez y Juan Aguilera, promovió la construcción y rehabilitación de casas en la aldea durante los años setenta, sin embargo, la andadura de la sociedad fue corta, pero adquirieron un pequeño camión, que fue el medio de transportes de materiales y cosas, en la aldea, durante tres o cuatro décadas.

Otro asociacionismo, tipo deportivo, se produjo en los años setenta con la creación del coto de caza o <<Sociedad deportiva de caza “Casasola”>>, fue el primer intento de concienciación de los fuentealameños en protección de la fauna autóctona (conejo, perdiz, libre, zorzal, tórtola, paloma torcaz, incluso, codorniz, en los primeros años, y cuando se sembraba grano), y supuso el controlar, en cierta forma, el furtivismo, que era lo que había imperado hasta su creación, pero sin poder llegar a erradicarlo, pues era un medio de vida de los no cazadores o no socios.  Entre sus primeros socios estaban Marcelino Pérez Aguilera, Juan Aguilera Castillo, Manuel Arévalo, ect… quienes llegaron a poseer su propia máquina de montar cartuchos.

En los primeros años del Siglo XXI, se constituyó la <<Asociación de Vecinos La Torre de Fuente Álamo>> que tiene su domicilio en calle Carretera, núm. 8, siendo su presidenta actual, Francisca Pérez González. Dicha asociación ha conseguido unir a casi todos los vecinos, llegando incluso a integrar en la misma a familias inglesas residentes en la aldea. Entre la multitud de actos culturales y festivos podemos decir que ha organizado curso de inglés, actividades de aeróbic, senderismo, baile de salón, ect…, las cabalgatas de Reyes Magos, los Carnavales, Día de Andalucía, ect…,  diversos viajes y en general muchos eventos de tipo cultural y lucrativo y sobre todo ha dado un gran impulso al asociacionismo vecinal, separándolo de la política. Está formada fundamentalmente por mujeres fuentealameñas, pues sus cargos representativos están ocupados por mujeres y casi todas sus actividades están organizadas y realizadas por ellas, “al cesar lo que es del cesar”.

La <<Hermandad de la Virgen del Rosario>>, asociación de tipo religioso encargada de organizar las fiestas mayores en honor a la Virgen del Rosario y de San Antonio de Padua y otras menores en torno a la Santa Cruz  o las Flores de Mayo. Contribuye al mantenimiento de la iglesia de San Antonio de Padua. Cada año nombra a sus hermanos/as mayores, anteriormente salían voluntarios, o en caso contrario, se hacía por orden del que nunca lo había sido, podía haber algún caso que por diversos motivos rechazaba el nombramiento, entre ellos el tener luto por la muerte de algún familiar, pero por lo general cada uno asumía el cargo el año que era “echado”. Actualmente existen dificultades para su elección, dada la escasa población joven que se mantiene en la aldea.
Hasta finales de los sesenta también existió la Hermandad de la Santa Cruz, que desapareció por motivos de la emigración.
Otras pequeñas hermandades las formaban la de la Cruz de Clavijo (24 de mayo) y la de la Cruz de la Setilla (11 de mayo), que han celebrado sus fiestas en honor a las respectivas cruces hasta tiempos recientes, que ha coincidido con el abandono de los cortijos instalados en sus cercanías.

martes, 19 de febrero de 2013

VIDA SOCIAL Y ECONÓMICA EN CORTIJOS DE FUENTE ÁLAMO (Revisada 17/02/17)




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martes, 5 de febrero de 2013

NIÑOS DE LOS AÑOS SESENTA Y SETENTA EN FUENTE ÁLAMO. I PARTE.



PRIMERA PARTE

Con esta entrada intentaremos conocer, fundamentalmente a través de sus juegos, cómo eran los niños y niñas fuentealameños en las décadas de los sesenta y setenta, pues, desde mi punto de vista, anteriormente a estas décadas, no existieron niños, sino que ya nacieron siendo hombres, o en todo caso, los juegos y las diversiones propios de los niños quedaban para los “ratos libres” que pudieran dejar las faenas de la casa o del campo. La escuela era algo secundario, las tareas escolares no existían y solamente podían estudiar los hijos de las  familias “más acomodadas”, dígase los González, los Ramírez, los Ruiz, ect…, salvo que algún niño de las familias pobres destacase e iniciase los estudios de teología, que eran sufragados por la familia Sierra.
Antes de los años sesenta, incluso a primeros de estos, la mayoría los niños y niñas servían en las casas o cortijos de familias más pudientes o trabajaban en el campo, o se dedicaban a cuidar de hermanos menores, a carear los mulos, las cabras, los cochinos o los pavos, que siendo un trabajo remunerado por la comida, a la vez servía de distracción y en algún caso que otro, de diversión, así se divertían, luchando para ver quien era el más valiente, quien tenía el mulo más veloz, la cabra que mejor trompaba y ganaba a las otras, el perro que era más valiente para las peleas, ect… El tener una pequeña navaja o trinchete en el bolsillo, era un utensilio, a la vez que un juguete. Era una situación propia de la posguerra, donde para pelarse, no había que tener otro motivo que el pintar dos rayas en el suelo, que representaban al padre de cada uno y el primero que fuera más atrevido y pisase la raya del otro, ya era motivo suficiente para liar la pelea. 

En los años sesenta había que diferenciar muy mucho los juegos de los niños y de las niñas, sobre todo porque no se podía participar en los juegos de ellas, de lo contrario te podían tildar de “mariquita” o cosas así, y si eran  las niñas las que se mezclaban en los juegos de los niños, las llamaban “marimacho”.
 Las niñas jugaban en grupos de 3 ó 4, a la rayuela, que se pintaba con tiza en el pequeño patio de entrada a la escuela, a la comba, a la cinta elástica, a los cromos o en algunos casos a las muñecas, pero menos, porqué no se tenían, salvo, que cualquier palo lo vistiesen con cuatro trapos.
Las niñas jugaban a saltar la comba, con la soga de esparto que servía para  cinchar los mulos, cantando canciones, que como dicen sus letras eran específicas para ellas:

Al pasar la barca 
Me dijo el barquero
Las niñas bonitas
No pagan dinero
Yo no soy bonita
Ni lo quiero ser
Yo pago dinero
Como otra mujer
La volvió a pasar
Me volvió a decir
Las niñas bonitas
No pagan aquí
Al volver la barca
Me volvió a decir
Esta morenita
Me ha gustado a mi
Al pasar la barca
Me dijo el barquero
Las niñas chiquitas
No pagan dinero
Al pasar de nuevo
Me volvió a decir
Las niñas bonitas
No pagan aquí
Yo no soy bonita
Ni lo quiero ser
Arriba la barca
1,2 Y 3. (Bis)
Al pasar la barca
Me dijo el barquero
Las niñas bonitas
No pagan dinero
Yo no soy bonita
Ni lo quiero ser
Yo pago dinero
Como otra mujer. (Bis)
 Jugaban al corro, cantando:
Al corro de la patata
comeremos ensalada,
lo que comen los señores
naranjitas y limones.
Achupé, achupé
sentadita me quedé.

Los niños se agrupaban en pandillas, al frente de ellas estaba un líder y se formaban por barrios, el Cerro, La Piquera, La Fuente, los Cortijos…, aunque a veces se unían, pues, los niños necesitaban asociarse para poder jugar a juegos colectivos, eran grupos de 5, 6 o más niños. Cada grupo jugaba al juego elegido entre todos y se cambiaba según el cansancio o gusto de los que perdían.
 Eran juegos como la conducción de aros de llanta de las bicicletas, guiados por un gancho de alambre o por una vareta de olivo, el clavo, el trompo, la tita, los cartones o registros, el escondite, policías y ladrones, la lata, el lápiz corrido, el burro mondado, etc…  y sobre todo los pistoleros, intentando imitar a los héroes valientes americanos de las series que se emitían por la tele, como Bonanza, Cimarrón, Daniel Boone y demás Western. Las ganas de emular a dichos héroes nos llevó a tener un día la feliz y fugaz idea, no sé de quien, de asaltar la tienda de juguetes que Antonio Anguitas “Braguetas” tenía en la casa que actualmente es de Mariana, entrando por la piquerilla que tenía en el cerro, de tal suerte que mientras, yo vigilaba, sentado en la puertecilla de entrada, los niños mayores, daban el atraco, llevándose pistolas y espadas de pasta o plástico duro, sombreros de pistoleros de plástico, ect..., pero el disfrute fue corto, apenas unas horas, pues, la operación estuvo siendo vigilada en todo momento, por Bonifacia Escribano, la vecina de arriba, quien dio el alerta y fuimos identificados uno a uno, teniendo que deponer las armas y entregarnos al propietario de las mismas, como viles delincuentes. ¿Te acuerdas, Jesús?
      La falta de juguetes hacía que el ingenio trabajase y se construyesen carretillas con dos palos, cuatro tablas que se unían a los dos palos, un clavo o cualquier barra metálica que servía de eje y una rueda de hierro, incluso las de un trillo. Se hacían tómbolas formadas con un trozo de viga colocada verticalmente, un clavo que sujetaba una ruleta de cartón dividido en varia porciones pintadas con diversos colores y un alambre fijo. Se hacía instrumentos musicales como una batería o tambor, con dos cajas de cartón, dos latas de aceite de motor y unas tapaderas de cocina metálicas, o una guitarra con una tabla, cuatro puntillas y cuatro hilos de plástico, y a cantar aquello de “Porqué no engraso los ejes me llaman abandonao…”  Nuestros columpios eran una soga atada por sus dos extremos a una rama fuerte de una higuera o un olivo; el no va más de nuestro ingenio y las ganas de diversión, nos llevó a doblar unos álamos en el barranco de la Erilla, para ello hubo que atar un soga a la copa del álamo y tirar hasta que doblegase poco a poco sin partirse, del forma que la comba que se produjo en ellos, hizo que domasen y con nuestro peso, subiesen y bajasen como la mejor columpio de la feria de Alcalá la Real.

También había juegos que se practicaban en los trancos de las puertas de las casas y en la tierra de las calles, como era, jugar con pequeños muñecos pistoleros o camiones de plástico, donde las carreteras se hacían sobre la tierra empolvada de la calle. Recuerdo que alguien “encontró” debajo de olivo un camión de plástico de bombonas de butano, con el que pude jugar unos minutos, me lo dio al terminar la jornada de aceitunas sobre la cinco y media y a las siete, estaban los dueños en mi casa para recogerlo, pues adivinaron quien pudo tener tal suerte, al ser Los Cierzos, el lugar de paso y donde se encontraban recogiendo aceitunas. El camión resultó ser de Manolín, un primo de Enrique.
SEGUNDA PARTE


            Durante los calurosos veranos de mediados los años sesenta, una de las distracciones o la diversión principal de los niños fuentealameños, consistía en localizar alguna alberca o el arroyo del Salado, que por entonces hasta llevaba peces, ahora casi ni agua, para darse un buen chapuzón. Caminaban dirección Las Amoladeras abajo, descamisados, buscando refrescarse en un lugar sin prohibiciones, pues estaba prohibido bañarse en los estanques del Ruedo, en la alberca de la Sagradera, en el estanque de Ardales y en todos los lugares que pudiera suponer un peligro de ahogamiento o corte de digestión. Era una época en que la mayoría de los niños, no sabíamos nadar y teníamos que aprender en albercas o pequeños estantes a medio llenar, como era el estanque de Sinforiano en el Llano, el de Santiago en el Barranco Muriano o la piscinilla de Marcelino. Si te arriesgabas a bañarte en algún estanque prohibido, como el del Ruedo, y tenías la mala suerte de que te cogía el guarda Juan Aguilera, te crujía el hato, aunque en este caso no había hato, pues estabas desnudo, hasta que conseguías engancharte al borde y salir corriendo, con o sin ropa, esto se lo pueden preguntar a Quisco Pérez “Cantares” y a otros más. Tiempo después, solamente podías ir a bañarte con los hijos del alcalde José Pedro, que era el encargado, por cierto, que fría estaba el agua del estanque del Ruedo.  En otra ocasión, ya en el mes de junio de 1970, aprovechamos incluso el recreo de la escuela, para ir a darnos un chapuzó en la alberquilla de la Sangradera, que guardaba Feliciano Carrillo, quien al percatarse de que cuatro o cinco niños estábamos allí zambullidos, cogió nuestras ropas, y tuvimos que identificarnos uno a uno, a cambio de poder recuperarlas, llevando la lista de bañistas a la maestra Doña Toñi, quien nos impuso el consiguiente castigo, de las manos en cruz. ¿Os acordáis, Jose, Pedri…? 
La confección de tirachinas, arcos de fechas y hondas era manual, personal y transmitida de generación en generación. Así, casi todos los niños en Fuente Álamo, tenían su propio tirachinas, elaborado con materiales reciclados, como era las gomas de las recámaras de las bicicletas, el cuero de los zapatos rotos, la guita de atar las morcillas y una vareta de olivo en forma de horquilla simétrica. El arco de la fecha era una vara de olivo o almendro que se doblaba hasta darle forma arqueada, tensada con una cuerda de los capachos del molino, que se ataba a cada extremo, siendo las fechas una varetillas de olivo terminadas en punta o algún carrizo al que se le acoplaba una punta metálica. La honda se hacía de pleita de esparto, con doble cordón cosido en el centro y con una obertura en uno de los extremo para meter la mano. Cada vez que la girábamos para tirar una piedra, pensábamos cómo pudo David derribar a Goliat, con aquel instrumento.
Con estas “armas” realizábamos otra de las distracciones del verano, como era la de buscar nidos de tórtola entre los extensos olivares, si se daba caza a la madre, la crianza de los tórtolos se continuaba en la casa, aunque siempre se dijo que traía mala suerte, pero era sólo para los supersticiosos; También se correteaba a los perdigones, con o sin recompensa. Eran épocas en que la protección de la naturaleza no era tan necesaria, todavía no habían llegados a los campos de Fuente Álamo los insecticidas, plaguicidas, herbicidas, ect…, y todos los niños tenían de 30 a 40 trampas, llamadas “costillas”, en lugares donde los zorzales y demás pájaros insectívoros, pudieran ver el cebo, que era una aluda y caer atrapados entre alambres. Esta caza se realizaba en los otoños, cuando regresaban los zorzales y comenzaba a madurar la aceituna  y fundamentalmente durante los fines de semana o los días sin escuela, así se iban colocando las trampas en hileras salteadas de olivos, en lugares de monte donde habían escarbado los zorzales buscando insectos, en árboles frutales o en agüeros, pero casi siempre en un lugar donde se pudieran vigilar, pues, si bien, en aquellas épocas no estaba prohibido por las leyes, si era fácil, que otros niños, no sólo se llevasen la presa, sino también la trampa. 
Cuando íbamos de excursión en la escuela, a los baños de Ardales, con el maestro Don Leovigildo, durante el trayecto, nos enseñó o no hizo aprender canciones propias de la época franquista, así en 1.969, cantábamos aquello de:


En pie, camaradas, y siempre adelante
cantemos el himno de la juventud
el himno que canta la España gigante
que sacude el yugo de la esclavitud.
De Isabel y Fernando el espíritu impera
moriremos besando la sagrada bandera
Nuestra España gloriosa
nuevamente ha de ser
la Nación poderosa
que jamás dejó de vencer.
El sol de Justicia de una nueva era
radiante aparece en nuestra Nación.
Ya ondea en los aires la pura bandera
que ha de ser el signo de la redención.
En pie, camaradas, y siempre adelante
cantemos el himno de la juventud
el himno que canta la España gigante
que sacude el yugo de la esclavitud.
De Isabel y Fernando el espíritu impera
moriremos besando la sagrada bandera
Nuestra España gloriosa
nuevamente ha de ser
la Nación poderosa
que jamás dejó de vencer.
No siempre se jugaba, sino que a veces las diferencias por los juegos se convertían en peleas, así a primeros de los años  setenta, las peleas entre barrios se generalizaron y sobre todo entre los niños de las aldeas y de los cortijos, con quienes siempre existieron diferencias por aquello de sentirse superior. En cierta ocasión se libró una batalla a pedradas entre el Cerro y la Fuente, o lo que es lo mismo entre los partidarios de “Gorillo” y los de Jesús, eso sí, no hubo ningún herido.

 A primeros de los años 70, las bicicletas BH fueron sustituyendo a las Orbea que eran de ruedas más grandes y de las que ya quedaban pocas y la mayoría sin frenos, las varillas metálicas de los frenos se habían estropeado, habían perdido los guardabarros y la suela del zapato tenía que hacer de freno, hasta el punto de que a veces llegaba la cubierta de la bicicleta hasta la planta del pie, que se ponía ardiendo. La primera BH en llegar a Fuente Álamo fue un regalo a Pepe Luis de su abuelo, quien fue a mercarla a Alcalá. La bici de Paco Arenas, era plegable y de piñones fijos, y vino de la Costa Brava, le siguieron la de Benito (roja), la de José Antonio (azul), la mía era naranja y me la compraron ya en 1974, creo que por unas 4.500 pesetas, le siguieron otras hasta casi una veintena. Eran bicicletas con una dinamo que producía luz delantera y trasera, frenos de cable, guardabarros y portabultos, con manillar en forma de “U”. A veces, se prestaban para dar paseos a cambio de onzas de chocolate.
Después de la lluvia, cuando las calles estaban embarradas, se jugaba al clavo, que consistía en marcar sobre el barro unos recuadros dobles, especie de rayuela, e ir lanzándolo por turnos, desde una línea inicial para intentar clavarlo en las diferentes casillas, según lo lejano que estuviese la dificulta era mayor y  ganaba quien primero hiciere el recorrido.
La tita, era un trocillo de ladrillo o de azulejo triangular, que colocada a cierta distancia, junto con los “registros” o “cartones” recortados de cajetillas de cerillas, había que derribar y lanzarla lo más lejos posible con una tejuleta o con una plancha de hierro, que cada jugador tenía, llevándose los “registros”, el jugador que pusiera el tejo más cerca de ellos, sin que la tita estuviese por medio. Este juego era muy similar a la petanca, pues se podía alejar el tejo del contrario con un golpe del tejo de otro jugador.
Los juegos de pelota no estaban en la mente de los niños fuentealameños, ni a su alcance hasta ya entrados los años setenta, y aparte del fútbol al que ya dedicamos una entrada completa, se limitaban al “juego de matar” o “el quemado”, que era ritual habitual sobre todo los Viernes Santos, los equipos  ya eran mixtos, y los niños se mezclaban con las niñas.
Con las siguientes reglas:
1ª) Se marcaba el terreno de juego con una tiza o trozo de teja.
2ª) Alguien lanzaba la pelota hacia atrás y los dos primeros jugadores que la cogiesen, formaría su equipo y serían los que se colocasen a cada uno de los extremos del campo, mientras que los demás jugadores tendrían que colocarse en el centro del campo de juego, dividido por otra línea para separar cada equipo.
3ª) Se sorteaba la primera posesión de la pelota. El jugador que iniciaba el juego trataba de "matar" a alguno de jugadores de manera que al tirarle, la pelota, ésta le tocase en cualquier parte del cuerpo y cayese al suelo. Si aquel a quien apuntaba el tiro de pelota reaccionaba, podía moverse o correr por el campo para esquivarlo.
4ª) Un jugador no se consideraba "muerto" si la pelota, tras tocarle, es recogida por él mismo o por algún compañero del equipo antes de que caiga al suelo.
5ª) En los lanzamientos de la pelota no se podía pisar ni atravesar las líneas que dividía el campo.
6ª) Si se "mataba" a un jugador, éste quedaba eliminado, pasando al otro lado del campo.
7ª) Si lograba su objetivo de coger la pelota, se reincorporaba a la zona inicial de su campo y dejaba de estar "muerto", teniendo otra vida.
8ª) El juego finaliza cuando tenía a todos sus jugadores "muertos".


En este trabajo que hemos dividido en dos partes, se han reflejado algunos de los juegos y diversiones practicados en Fuente Álamo con la intención de conocer mejor a los niños de mediados los  60 hasta mediados los 70, pero, como siempre, queda abierta a que cada uno de los fuentealameños pueda contar sus propias experiencias de niño, sus juegos o diversiones, para saber como eran los de los niños de su época. El hecho de que no mencione mucho las distracciones y juegos de las niñas en la época reflejada, es debido a que con edades más tempranas que los niños se hacían verdaderas mujeres, y sus juegos estaban pensados en los costureros, en el punto de cruz o en el bordado y en faenas propias de la casa, más que en los juegos de la calle, que por esas épocas estaba hasta mal visto, aunque como muchas cosas de esos tiempos, no tuviera mucho sentido y la igualdad era impensable.