LAS
CASAS
LAS
CALLES
Durante este mes de mayo, tradicionalmente vienen
celebrándose las primeras comuniones; sin embargo, esto no siempre ha sido así
en Fuente Álamo. Tal evento ha ido celebrándose, dependiendo de las
circunstancias, en tres épocas del año;
que eran: el propio mes de Mayo, coincidiendo con un fin de semana; el día de
San Antonio, cuando era considerada fiesta mayor de la aldea y por último, el
día de la Virgen del Rosario. Esto podía deberse fundamentalmente al fenómeno de
la emigración temporal de los padres (a lo que ya dedicamos una entrada),
aunque a veces, podía deberse a causa individuales o personales, como una
enfermedad, u otros motivos, tal y como ocurrió el 6 de junio de 1976, una de las celebraciones más grandes por el
número de comulgantes.
Eran comuniones muy sencillas, en las
que, continuando con la tradición, se daba una taza de chocolate y un bollo en
la escuela, llegando a formarse grupos de 15 a 20 comulgantes primerizos.

Era un día de nervios y de ilusión a la
vez, sin ser muy consciente de lo que significaba en sí tal acto, aunque muy
concienciado de que ya no podía cometer pecados. No lo recuerdo muy alegre por
la tensión que provocaba el miedo a poder cometer algún pecado y a tener que
portarse obligatoriamente bien, pero como íbamos a recibir por primera vez a
Jesús, era un día de ilusión. No se pensaba tanto en regalos, más bien en la
taza de chocolate y dulce que nos tomaríamos en la escuela, aunque también en el dinero que podíamos
recibir. Recuerdo que fue mi abuelo y mi
tío Nazario quienes más dinero me dieron: 20 duros de papel. Aunque creo que
sólo llegué a verlos, porque fueron destinados a otras necesidades familiares,
no se muy bien cuales; pues, hasta el traje era prestado de Antonio Expósito
“Nenillo”, y encima me dejaron el pernil corto y las magas largas; no sé lo que
Fotos Sánchez de Frailes cobraría por
las cuatro fotos de recordatorio. En cuanto a lo religioso, el miedo o
temor a confesar los pecados era lo que más me preocupaba, pero como ya
teníamos aprendida la lección de los pecados a confesar que nos habían enseñado
los niños mayores. Con decir tres o cuatro pecados ya estaba bien (no fuera que
nos pasáramos de malos, sin pensar en el secreto de confesión), y fueron el de
haberme peleado con mis hermanos, con mis amigos, y haber dicho palabrotas.
A partir de los años 80, llegaron las
primeras comuniones con sus grandes regalos y su celebración en salones o
restaurantes. Se invitaba a familiares y amigos, donde la comunión del niño era
el pretexto, y siendo los padres los que tenían que hacer un gran sacrificio
económico. Se cambió el diseño de la estampita de recuerdo, donde en el reverso
ya no se imprimía ningún tipo de
La religiosidad católica, en cierta forma
impuesta, propia de la época franquista y la devoción que se tenía a la Virgen
del Rosario, hicieron que en 1959, al constituirse la cooperativa agrícola,
adoptase el nombre de la patrona del pueblo Nuestra Señora del Rosario,
iniciándose los actos de constitución de la misma con una oración en honor a la
Virgen, sin que resultara paradójico que algunos de los agricultores que
participaron en aquella oración, en tiempos de la II República se habían
declarado profundamente ateos.
Los actos religiosos son normalmente fusionados, por no decir confundidos, con los actos festivos y lúdicos, que son
numerosos a lo largo del año, desde la Navidad, pasando por la Semana Santa, la
Romería de la Virgen de la Cabeza, Las Flores de Mayo, la Romería de San
Isidro, San Antonio, hasta la fiesta mayor en honor a la Virgen del Rosario. La
Navidad se celebraba casi al margen de la religiosidad, y se representaba con
el canto de villancicos por la murga, en casas o cortijos. La Semana Santa, en
Fuente Álamo, consistía en ayunar el Viernes Santo, y nos decían que no se
podía mostrar ningún tipo de alegría o júbilo, con cantos o escucha de música,
que no podíamos pelearnos, y a comer los platos típicos del Viernes Santo, como
era el potaje de garbanzos y habichuelas, tortilla de espárragos trigueros o de
collejas, bacalao rebozado, y flan o arroz con leche de cabra, pero lo que era
la pasión cada uno llevaba su penitencia como podía, pues en la misa eran 15 ó
20 mujeres, los demás a las procesar en Alcalá la Real o en Priego de Córdoba.
Con ello no quiero decir que no exista una verdadera fe católica, sino que cada
uno la lleva a su manera. También, hasta los años 70, se le daba más solemnidad
a los actos religiosos y las jóvenes se vestían incluso de mantilla en las
Flores de Mayo.
También se tiene cierta devoción a la
Virgen de la Cabeza, que en pequeños grupos y en romería acuden el último
domingo del mes de abril, al Cerro del Cabezo en Sierra Morena. No con la
intensidad propia de los alcalaínos, los fuentealameños acuden el 15 de Agosto
a venerar la Virgen de las Mercedes, patrona de Alcalá la Real, si bien, la Virgen solamente ha acudido una
vez en su historia a Fuente Álamo el día 12 de septiembre de 2010, siendo
multitudinaria su acogida por sus vecinos.
Sean más o menos creyentes, todos los
fuentealameños contribuyen cuando se le requiere para ayudar o colaborar con la
iglesia, así con las pequeñas aportaciones de los hermanos y con la iniciativa
de Pepi Jiménez, se han podido restaurar recientemente las figuras de San
Antonio, de la Virgen del Rosario y el Sagrado Corazón de Jesús, finalmente en
2012.
MISTERIO DE LA CRUZ DEL ROCASTRO.- Durante la noche de un día de los años 70
apareció misteriosamente una cruz de piedra en la parte superior de un
montículo situado al lado de la higuera de Francisca “La Pasta”. La autoría no
se supo nunca, pero todo el mundo sospechaba o apuntaba a Matías Aguilera Anguita, “Matías Candio” pues era quien todas las tardes, en sus últimos años,
acudía a rezar situándose de rodillas frente a dicha cruz. La leyenda cuenta
que sobre los años 20 ó 30 una niña se encontraba en dicho lugar y una piedra
comenzó a rodar y la aplastó, y que se debió a una imprudencia de un labrador,
mientras araba, aunque el misterio seguirá sin desvelarse, creo que fue otro el motivo.
Las asociaciones de todo tipo, siempre se han ido
produciendo a lo largo de la historia en Fuente Álamo, así se formaban
cuadrillas de aceituneros o segadores, normalmente entre familiares, con el fin
de recoger las aceitunas o de segar a destajo. Se daban “tornas” que consistían
en cambiar, jornal por jornal, un día con uno, otro día con el otro, sin
intercambio de dinero. Se asociaban dos muleros para formar una yunta con sus
respectivos mulos, y en general en una aldea tan pequeña, siempre fue necesario
aunar las fuerzas entre los vecinos para conseguir los objetivos, formándose
sociedades agrarias, de albañiles, deportivas, vecinales y religiosas.
La <<Sociedad Cooperativa agrícola Nuestra
Señora del Rosario>>, creada en 1959, fundamentalmente para la
producción y elaboración de aceite, ha fomentado la actividad económica de la aldea durante más de cincuenta años, dando
cierta estabilidad y seguridad a los pequeños y medianos agricultores desde los
años 60, si bien, en sus inicios formaron parte como socios fundadores, grandes
propietarios o arrendatarios, como Bonifacio Aguilera Carrillo o Antonio y
Narciso Ramírez Sánchez. Se ha mantenido siempre activa a pesar de los altibajos sufridos
desde su puesta en funcionamiento, con la fluctuación de bajas y readmisiones de
socios interesados, que parafraseando la frase de la película Casablanca,
“siempre nos quedará la Cooperativa”. La constitución de la Cooperativa y Caja
Rural Ntra. Sra. del Rosario, supuso la reordenación y agrupación de pequeños y
medianos agricultores frente al monopolio del molino de aceite que explotaba D.
Francisco Serrano del Mármol “Don Paco”, que circunstancias de la vida,
fallecería el 16 de diciembre de 1959, justo al inicio de la recolección de la
cosecha con la que comenzaría su puesta
en marcha y que por tanto no pudo ver el funcionamiento de la competencia, si
bien, continuó su explotación D. Rafael Jiménez, quien adquirido el referido
molino-vivienda, aunque ya, con la competencia propia de la Cooperativa.
Con esta entrada intentaremos conocer,
fundamentalmente a través de sus juegos, cómo eran los niños y niñas
fuentealameños en las décadas de los sesenta y setenta, pues, desde mi punto de
vista, anteriormente a estas décadas, no existieron niños, sino que ya nacieron siendo hombres, o en todo caso, los juegos y las diversiones propios de los niños quedaban
para los “ratos libres” que pudieran dejar las faenas de la casa o del campo. La
escuela era algo secundario, las tareas escolares no existían y solamente
podían estudiar los hijos de las familias “más acomodadas”, dígase los
González, los Ramírez, los Ruiz, ect…, salvo que algún niño de las familias
pobres destacase e iniciase los estudios de teología, que eran sufragados por
la familia Sierra.
Antes de los años sesenta, incluso a
primeros de estos, la mayoría los niños y niñas servían en las casas o cortijos
de familias más pudientes o trabajaban en el campo, o se dedicaban a cuidar de
hermanos menores, a carear los mulos, las cabras, los cochinos o los pavos, que
siendo un trabajo remunerado por la comida, a la vez servía de distracción y en
algún caso que otro, de diversión, así se divertían, luchando para ver quien
era el más valiente, quien tenía el mulo más veloz, la cabra que mejor trompaba
y ganaba a las otras, el perro que era más valiente para las peleas, ect… El
tener una pequeña navaja o trinchete en el bolsillo, era un utensilio, a la vez
que un juguete. Era una situación propia de la posguerra, donde para pelarse,
no había que tener otro motivo que el pintar dos rayas en el suelo, que
representaban al padre de cada uno y el primero que fuera más atrevido y pisase
la raya del otro, ya era motivo suficiente para liar la pelea.
En
los años sesenta había que
diferenciar muy mucho los juegos de los niños y de las niñas, sobre todo porque
no se podía participar en los juegos de ellas, de lo contrario te podían tildar
de “mariquita” o cosas así, y si eran
las niñas las que se mezclaban en los juegos de los niños, las llamaban
“marimacho”.
Eran juegos como la conducción de aros de
llanta de las bicicletas, guiados por un gancho de alambre o por una vareta de
olivo, el clavo, el trompo, la tita, los cartones o registros, el escondite,
policías y ladrones, la lata, el lápiz corrido, el burro mondado, etc… y sobre todo los pistoleros, intentando
imitar a los héroes valientes americanos de las series que se emitían por la
tele, como Bonanza, Cimarrón, Daniel Boone y demás Western. Las ganas de emular
a dichos héroes nos llevó a tener un día la feliz y fugaz idea, no sé de
quien, de asaltar la tienda de juguetes que Antonio Anguitas “Braguetas” tenía
en la casa que actualmente es de Mariana, entrando por la piquerilla que tenía en
el cerro, de tal suerte que mientras, yo vigilaba, sentado en la puertecilla de
entrada, los niños mayores, daban el atraco, llevándose pistolas y espadas de
pasta o plástico duro, sombreros de pistoleros de plástico, ect..., pero el disfrute fue
corto, apenas unas horas, pues, la operación estuvo siendo vigilada en todo
momento, por Bonifacia Escribano, la vecina de arriba, quien dio el alerta y
fuimos identificados uno a uno, teniendo que deponer las armas y entregarnos al
propietario de las mismas, como viles delincuentes. ¿Te acuerdas, Jesús?