sábado, 24 de abril de 2021

LA “SUERTE DEL SOLDADO” FUENTEALAMEÑO JOSE MARIA CANO CASTILLO

       


        En el sorteo de quintos de 1841 que solía celebrarse en el Ayuntamiento de Alcalá la Real el primer domingo del mes de abril -según establecía la ley de 1837-, el fuentealameño José María Cano Castillo, hijo de Vicente y María Mercedes, tuvo “la suerte del soldado” con el número veinte y dos, por lo que debería ser uno de los 100.000 hombres que formarían la quinta de aquel año. En el mismo sorteo corrió similar suerte José Cano y Giménez, vecino del Partido de Charilla e hijo de María Juliana, con el número doscientos treinta y cuatro. Aunque, realmente no fue la misma suerte, pues al ser un número más alto, la probabilidad de ser llamado a filas era menor, sin embargo sería su condición social la que le diría que la suerte estaba echada, incluso antes del sorteo.

El 16 de noviembre de 1841, comparecieron Vicente Cano, padre de José Cano, (fuentealameño) y María Juliana Giménez (madre de José Cano Giménez) ante el escribano de Alcalá la Real D. José Antonio Núñez a fin de reflejar en escritura pública el acuerdo al que habían llegado ambos progenitores con el beneplácito de sus respectivos hijos, que no era otro que cambiar o permutar los números que habían correspondido a cada uno en el mencionado sorteo, cosa que permitía por primera vez la Ley para el Reemplazo del Ejército de 1837. Esto se hizo bajo una serie de condiciones y bajo pago de unas cantidades de reales:

1ª Por el referido cambio, Vicente Cano ha de dar a José Cano, mozo de Charilla, la cantidad de tres mil quinientos reales de vellón. Mil reales a entregar en el momento del convenio.

2ª Que dado que era posible un segundo sorteo y la posibilidad que fueran de nuevo sorteados, y José Cano, hijo de Vicente, tuviera que cubrir la que correspondía a José Cano y Giménez, en este caso se rebajaría mil reales de la expresada cantidad de dos mil quinientos que se deben, y en el caso de que saliera libre se le aumentaría y deberá pagarle otros mil reales más de los dos mil quinientos reales.

Vicente Cano Gutiérrez, hijo de José Cano y de Rafaela Gutiérrez, aparece empadronado en Fuente Álamo ya en 1825, donde consta que estaba casado con María Mercedes Castillo Mesa, y por entonces tenían un solo hijo, José, de dos años de edad, aunque después de unos años vendrían cuatro hijos más. Era una familia propietaria  que vivían en el cortijo familiar de la Pilas de la Fuente de la Encina y poseían tierras en las inmediaciones del referido cortijo. En el año de 1841, ante el grave perjuicio económico que suponía la incorporación a filas de su hijo José de tan solo 18 años de edad y la alta probabilidad de que no volviese, intentaron evitarlo pagando la considerable cantidad de dinero que se refleja en la mencionada escritura pública de convenio. 


Pese a la legalidad del acuerdo, se trataba de un mercadeo de personas y un sistema totalmente injusto del cumplimiento de un deber, pues el sorteo podía ser desvirtuado con un acuerdo en el cambio de números y con las consiguiente sustitución de un quinto por otro, de tal forma que las clases pudientes podían evitar la pérdida temporal o total de un hijo, mediante pago de una cantidad alta, que a veces suponía el endeudamiento familiar. Es cierto que el riesgo de no volver, debido más a las enfermedades que a la propia guerra, era alto, por lo que se daba por bien pagado las altas cantidades que se exigían a cambio.

La ley vigente en aquel momento era la Ley para el Reemplazo del Ejército de 2 de noviembre de 1837, que establecía el tiempo que duraría el servicio militar y el número de soldados necesarios (ya en 1835 se decretó la quinta de 100.000 hombres). Fijó la edad de los mozos sorteables entre los dieciocho y los veinticinco años, una franja menor que en las anteriores leyes. Reconoció la redención en metálico y la sustitución, siendo como hemos dicho el primer reconocimiento legal de la figura del sustituto.

En la referida escritura pública de convenio hay una nota marginal de fecha de 24 de septiembre de 1843, algo ilegible, que recoge el cumplimiento del pacto y el pago del mismo, pues se puede leer que Juliana Giménez nada tiene que reclamar. Podemos decir casi a ciencia cierta el destino que corrió José Cano, quien no llegó a incorporarse a filas, ya que también consta que a finales de los años 40 del siglo XIX ya había formado una familia y su primera hija Josefa Cano Cuenca ya había nacido. Después tuvo otros tres hijos, José, Alejandra y Rafael, quedando viudo joven[1]. La familia siguió asentada en el Cortijo de las Pilas en la Fuente de la Encina hasta los años 70 del siglo XX, siendo sus últimos moradores su biznieta Cándida Cano casada con Julio García. 


 En este caso la “suerte del soldado” no se la dio el sorteo de quintos, sino el dinero de su padre.

Para tener una referencia del gran desembolso que la familia Cano tuvo que hacer para evitar la incorporación de su hijo al ejército,  traemos como ejemplo la venta real que se realizó por aquellos años, en concreto el  30 de enero de 1843, por la que Joaquín Serrano Santaella, morador de Fuente Álamo, compra a Manuel Jiménez y su consorte María Dolores Peláez, una haza de tierra calma, llamada de Cano, en sitio de Fuente Álamo, de cuya finca se vende un pedazo de seis fanegas, conviniéndose al efecto el precio de mil seiscientos reales de vellón en que fue tasada por peritos electos de una conformidad. Otra venta de Francisco Arjona a favor de Francisco Giménez de fecha 27 de agosto de 1843 por la que el tal Francisco de Arjona del Partido de la Ortichuela que era dueño de una haza en al partido de Fuente Álamo, cuya tierra linda con otra de Juan Bermúdez y del Caudal de propios y siendo tratada su enajenación con Francisco Jiménez, morador en el partido de la Fuente del Álamo por la cantidad de novecientos reales de vellón.

 Viendo estos ejemplos con la cantidad pagada por Vicente Cano para libar a su hijo de la mili, pudo adquirir 12 ó 15 fanegas de tierra.

Pocos años después en concreto en el año 1848, cuando Vicente contaba con 46 años de edad, compareció ante Escribano Público, junto a su mujer María Mercedes Castillo de 42 años de edad, para otorgar testamento a favor de sus cinco hijos,  aunque José ya había contraído matrimonio con Josefa Cuenca, al ser el único hijo mayor de edad le nombra albacea  de sus otros cuatro hijos menores de edad: Rafaela, Francisco, Vicente, y María.


 

Mi agradecimiento a Rafael Burgos por la aportación de los documentos.

 

 

https://www.infonortedigital.com/portada/gentes-e-historia/item/88088-como-evitar-la-mili-en-la-arucas-del-siglo-xix-y-xx-la-redencion-de-la-familia-marrero-dominguez



[1]En el padrón de 1878 aparece José María Cano Castillo, 55, propietario, viudo. Alejandra Cano Cuenca, 20  y Rafael, 14. A su cargo Gregorio Zamora Aguayo, 5 y Pedro Arenas Rodríguez, 60, viudo.   Vicente Cano Cuenca, 28,  pegujalero,  con María Arévalo López, 31. María de la Cabeza, 5, Sixta, 3 y Justa, 6 meses.

 

sábado, 20 de marzo de 2021

DOMINGO CANO RUIZ. OTRO FUENTEALAMEÑO EN EL OLVIDO.


     Siguiendo líneas de investigación, y en un intento de identificar a los fuentealameños que por un motivo u otro tuvieron cierta relevancia en nuestra historia, encontramos a Domingo Cano Ruiz.  Una persona, que como otros muchos fuentealameños, ha  pasado desapercibido, quedando incluso en el olvido para las generaciones futuras, y sin aflorar la relevancia que pudo tener en su tiempo.

La redacción del Reglamento de la Sociedad Obrera de Trabajadores de la Tierra «La Espiga Floreciente» de Fuente Álamo nos lleva a su penúltima página in fine: “Fuente Álamo, 13 de mayo 1931. Por la Comisión organizadora, Domingo Cano”.  Siempre tuvimos la curiosidad de saber quién fue el director de esta comisión organizadora, pues solamente constaba su nombre y primer apellido,  pero  no encontrábamos ningún documento posterior que nos sirviese de guía investigadora. Es cierto que hace algún tiempo el historiador y amigo D. Santiago de Córdoba Ortega, nos proporcionó un documento recortado del Diario “El Socialista” en el que Domingo Cano de Alcalá la Real desde enero de 1919 estaba suscrito a varios ejemplares de dicho periódico; no obstante por falta de pago de 12,15 pesetas al 25 de septiembre de 1927, el periódico lo incluyó en la primera lista de morosos. Todo apuntaba a que se trataba de nuestro Domingo, pero teníamos ciertas dudas que eran necesario despejar, pues no conseguíamos el nexo de unión, ni ningún otro documento que alimentase esta teoría. Estudiamos la posibilidad de que se tratase del frailero  Domingo Cano Ballaltas, hojalatero, miembro de la UGT y  coetáneo al nuestro, pero pronto lo descartamos al no encontrarle ningún vínculo con Fuente Álamo. Seguimos buscando a un Domingo Cano con raíces en nuestra aldea. La investigación nos llevó al Registro Civil de Alcalá la Real

, donde encontramos una partida de nacimiento de Domingo Cano Ruiz, quien había nacido el 12 de mayo de 1894. Esto no nos decía nada nuevo, pues situaba a sus padres Manuel Cano Molina y de Atanasia Ruiz Expósito, al tiempo de su nacimiento,  en la aldea de las Caserías. Después rastreamos  en los padrones de vecinos de Fuente Álamo tanto el nombre de Domingo, como los apellidos Cano y Ruiz y al principio tampoco veíamos ninguna luz, pues en los padrones hay ciertos errores y no nos daba fiabilidad. Así encontramos en el que pudiera ser el padrón de 1885 a Domingo Espósito, de 2 años de edad, hijo de Atanasia Ruiz Espósito, soltera,  lo cual me descolocaba, pues el Domingo que buscaba era el nacido en 1894 y tenía padre según la certificación consultada. En el padrón de 1888 aparecía: Manuel Cano Molina de  30 años de edad casado con Atanasia Ruiz Mesa de 26 años, y con un hijo llamado Domingo de 5 años, con lo cual lográbamos casi identificar a los progenitores, que coincidían con los de la partida de nacimiento,  pero teníamos la misma duda, pues Domingo todavía no había nacido, como hemos visto en su acta de nacimiento de 1894. Dejamos esta línea y comenzamos a investigar el apellido Ruiz y Mesa, encontrando en el padrón de 1825 a Antonio Ruiz, casado con Antonia Mesa, con un hijo llamado Antonio Ruiz Mesa de 8 años edad. En el padrón de 1833 el mismo resultado, pero Antonio con 16 años. Hay que decir que ya no hay más padrones hasta 1878, en el que encontramos a Antonio Ruiz Mesa ya con 60 años de edad, casado con Dolores Espósito de 51 años y con dos hijos: Atanasia de 18 años y Antonio de 14 años. Es aquí donde conseguimos identificar plenamente las raíces maternas fuentealameñas de Domingo, pudiendo ser las paternas de las Caserías de San Isidro.

 En los otros padrones posteriores se cometen nuevos errores, así, en el de  1889, aparece Manuel Cano Molina de 35 años, casado con Atanasia Ruiz Mesa de 30, con tres hijos: Mercedes, 11 años, Dolores, 8 años y Cándido, 2 años, que pudiera tratarse de Domingo. En el de 1892, Julián Carrillo Mesa 1865, soltero, tiene a su cargo: Antonia Espósito 1873, (pudiera ser Antonio tío de Domingo) y Domingo 1890. En 1893 Julián Carrillo Pérez, (Mesa) 1867 y  Antonio  Ruiz 1869. Estos son los últimos datos, pues ya no vuelve a aparecer más en los padrones de Fuente Álamo, hasta que su nombre aparece en el Reglamento de la nombrada Asociación.

Con estos datos podemos barajar la hipótesis de que Atanasia,  la madre de Domingo, fuese madre soltera al tiempo de nacer Domingo, y que al casarse  con Manuel Cano se cambió el segundo apellido de Expósito por el de Mesa (segundo del padre), recibiendo Domingo el apellido de su padre de adopción, y por eso pudo ser inscrito en el Registro Civil en 1894, algunos años después de su nacimiento. También pudo ocurrir que quedase, siendo aún un niño, a cargo de un pariente (Julián Carrillo Mesa), junto a su tío Antonio Ruiz Expósito.


Estudios posteriores de los Registros Civiles nos llevan a localizarlo en la localidad de Martos, donde falleció en la Residencia de Ancianos, el 13 de junio de 1969 de asma gripal.

Poco más sabemos, ya que no tuvo descendencia y  era de estado civil soltero.

     La Sociedad Obrera de Trabajadores de la Tierra «La Espiga Floreciente» de Fuente Álamo, según consta en sus Estatutos, fue creada el 13 de mayo de 1931, un mes después de la proclamación de la Segunda República, pero antes de la promulgación de la Constitución Republicana de 1931 (9 de diciembre). El director de la Comisión Organizadora encargada de su creación y la redacción de sus estatutos y reglamento, fue D. Domingo Cano[1], estableciendo su domicilio en calle Fuente, nº 21. Domingo al menos desde primero de enero de 1919 estaba suscrito a varios ejemplares de “El Socialista”, que repartía o vendía a los simpatizantes de la aldea como corresponsal; no obstante por falta de pago de 12,15 pesetas adeudadas entre el 1 de enero de 1919 a fin de diciembre de 1926,  el 25 de septiembre de 1927, el periódico lo incluyó en la lista de morosos[2]

[2] El Socialista de 25 de septiembre de 1927 

sábado, 6 de febrero de 2021

FUENTEALAMEÑOS EN RUSIA. LA DIVISIÓN ESPAÑOLA DE VOLUNTARIOS (DIVISIÓN AZUL)



De los casi 50.000 voluntarios españoles que combatieron con Hitler en la II Guerra Mundial en el frente de Rusia
[1], que tengamos constancia tan solo se enrolaron en la División Azul dos ó tres fuentealameños, incluyendo a uno de ellos, que pese a remanecer de la Hortichuela, pasó largas temporadas en Fuente Álamo, donde tenía fuertes vínculos familiares. Los tres se alistaron desde el ejército donde prestaban el servicio militar, coincidiendo los tres en el tiempo de alistamiento en la División, aunque no en los Regimientos de destino. Marcharon en el verano de 1942 y regresaron en noviembre de 1943 a raíz de las órdenes de retirada de tropas que había acordado el Dictador Franco.

Sin entrar a valorar los motivos que indujeron a cada uno de los voluntarios españoles, pienso que la razón principal que llevó a los fuentealameños a Rusia fue la económica, aunque pudiesen estar incitados por el fascismo que los reclutó y otros prejuicios sociales de aquel Fuente Álamo de la posguerra. Tanto Hilario, Domingo, como Prospero eran jóvenes pertenecientes a familias humildes. Hilario era el sustentador principal de la familia, su madre era viuda a cargo de hijos menores; mientras que Domingo estaba casado y tenía un hijo pequeño que alimentar. Como hemos dicho, los tres tomaron su decisión cuando estaban prestando sus servicios en el ejército: Hilario en Canarias (Batallón de Infantería Independiente nº 12 Gran Canaria), Domingo en Cádiz (Regimiento de Infantería nº  33  Cádiz) y Próspero (Infantería nº 47 La Línea de la Concepción). Sin embargo, el motivo principal que llevó a este último y que nos ha revelado la familia a quienes el propio Prospero se encargó de contárselo para que lo tuviesen siempre presente,  fue muy distinto y todo un gesto de valentía y honradez. Cuando prestaba el servicio militar en la Línea de la Concepción, los soldados pasaban mucha hambre debido a que la comida y el carbón eran vendidos por el cocinero, en complot con uno o varios oficiales. Además de esto, mandaban a la tropa a coger carrascas a Sierra Morena, debido a la falta del carbón defraudado. Harto de la situación, Próspero denunció aquello al General del cuartel, a pesar de las consecuencias que le podían acarrear y que el propio General le advirtió. Aquello fue desmentido por el cocinero y el resto de oficiales, por lo que fue condenado, cumpliendo la pena en el calabozo y a hacer guardia todas las noches durante un periodo de tiempo. En una de esas noches, un compañero (amigo suyo) le advirtió que tuviera cuidado, porque en el mismo momento en que saliera del recinto tenían órdenes de matarlo (el mismo compañero era uno de los que recibió la orden, y por ello pudo enterarse y advertirle). Tras la noche, pensando en cómo salir del problema, fue al cuartel del General y le dijo que quería apuntarse en la División Azul como voluntario (un camión salía aquella misma mañana, según contó Prospero). El general declinó al principio (ya que querían asesinarlo), por lo que Prospero le advirtió que, bajo su responsabilidad, contactaría con un superior y le contaría que el General a su cargo quería impedir que se alistara en la División Azul (aquello le traería malas consecuencias al General). Finalmente tuvo que aceptar su petición y, de esa forma, acabó en la División Española de Voluntarios.

            DOMINGO ORTEGA SERRANO[2]



           Nació el 21 de agosto de 1921 en Fuente Álamo, era hijo de Juan Antonio apodado “Rayo”  y de Balbina 1894 (hija de Francisco Serrano y de María Ariza). Juan Antonio provenía de La Rábita,  y al casarse con Balbina, se instalaron en la Dehesilla. Balbina y sus padres ya estaban censados en Fuente Álamo en el padrón de 1909.
Estuvo casado con Gregoria Pérez Díaz, con la que por aquel tiempo tenía una hija de corta edad, viviendo junto con la familia en la Dehesilla.  Domingo, a los 21 años de edad, fue llamado a filas en los primeros meses de 1942, incorporándose al Regimiento de Infantería nº  33 de Cádiz  con chapa o ficha de identidad nº 12088. Sabía leer y escribir. De oficio era barbero. Sus características físicas: pelo negro, cejas al pelo, ojos negros, nariz regular barba clara, boca regular, color sano. Desarrolló su especialidad en Ametralladoras, donde prestó sus servicios durante 6 meses, con  empleo de soldado. Procedente del Regimiento de Infantería nº 33 de Cádiz, causó alta en la División Española de Voluntarios en la revista de comisario del mes de agosto de 1942, incorporándose el 19 de septiembre, siendo destinado al Regimiento 263, 14 Bon. 4ª Cía.  Ametralladoras (14 Batallón, 1º Villalba, Plana Mayor 263), donde prestó sus servicios hasta el día 19 de noviembre de 1943 en que fue repatriado por relevo.

Volvió a Fuente Álamo, donde nacieron otros hijos: Domingo, Custodio, Hipólita… Emigró en los años 60 del pasado siglo al barrio de Torre Baró en  Barcelona.

            El 8 de mayo de 1963, pide que se le remita la documentación justificativa de su actuación y servicios en la División Azul.  Lo que se le certifica el 14 de mayo de 1963, que según los antecedentes que existen.

            HILARIO CASTILLO PEREZ[3]

           Nació el 21 de noviembre de 1918 en Fuente Álamo. Hijo de Juan Castillo conocido como “Canastas” y Cándida Pérez Vera. Era soltero por aquel tiempo. Ingresó en el ejército el 8 de septiembre de 1941, prestando servicios en el  Batallón Independiente nº 12 de Gran Canarias, con chapa nº 6.799- Jaén. Con la expedición de llegada 9ª causó alta en la División Española de Voluntarios en la Revista del comisario del mes de junio de 1942. Con el empleo de soldado fue destinado al Regimiento 262, 3er Batallón, donde prestó sus servicios hasta el día 9 de noviembre de 1943, en que fue repatriado por relevo a España. Arrecife de Lanzarote  Bon. Independiente nº 33.

Hilario era un joven de la aldea que sabía perfectamente leer y escribir, y en los años de posguerra, escribía las cartas a las mujeres de los presos republicanos encarcelados. En concreto, a Antonia Pérez Vera le escribía las cartas y notas que acompañarían al envío de embutidos a su marido Matías Pérez, preso  en la Prisión Provincial de Jaén. Después se casó con Josefa Vera Moreno. Estuvo destinado como guardia civil en Cambil (Jaén) desde el 1 de enero de 1950. Se jubiló en 1974. Falleció en 1975, un año después de haberse reenganchado.

El 14 de noviembre de 1968 solicita como Guardia Civil 2º  con destino en 232 Comandancia certificado en que conste el tiempo que como soldado permaneció en el frente de Rusia, combatiendo en la División Española de Voluntarios, desde el 1 de junio de 1942, a fin de documentar petición en solicitud de abono de tiempo de servicio, por no figurarle anotado en su documentación militar.

Se le responde el 5 de octubre de 1968  solicita certificado acreditativo de dicho tiempo  Certifica como soldado de 2ª clase permaneció en los frentes de Rusia combatiendo con la División Española de voluntarios desde primeros de junio de 1942 hasta finales de diciembre de 1943, a fin de documentar.

Dicho guardia ingresó en el ejército el 8 de septiembre de 1941 y en este cuerpo (Guardia Civil) el 1 de enero de 1950.

Se certifica el 21 de noviembre de 1968. Que según los antecedentes que obran en esta Sección, el voluntario Hilario, procedente del Batallón de Infantería Independiente nº 12 causó alta en dicha Gran Unidad en la Revista del comisario del mes de junio de 1942, siendo destinado al Regimiento 262, 3º Batallón, donde prestó sus servicios hasta el día 9 de noviembre de 1943 en que fue repatriado a España.

            PROSPERO CERVERA ORTEGA[4]

Nació el 29 de julio de 1921. Hijo de Domingo y de Ana Ortega. Su madre falleció pocos años después de su nacimiento y su  padre el 30 de enero de 1941.  Solamente tenía como familia de convivencia a su hermana Inés Cervera López 1928. Sin que conste la fecha de su ingreso en el ejército su quinta es la de 1942. Se le reseñó de profesión  labrador, soltero, con domicilio Ortichuela.  Cuerpo de procedencia Infantería nº 47 La Línea de la Concepción. Destino Rgto. granaderos 262, 14 Cía nº chapa 21175, Expedición de llegada 23ª.

Se extiende Certificado de Pagaduría en el que consta que  prestó servicios en la División Española de Voluntarios 250  Rgto. Granaderos 262 14 Cía.

Ha percibido sus sobras hasta el día 30 nov. 1943

Ha percibido su plus de Frente hasta el día 20 de nov. 1943

Ha sido abastecido hasta el día 27 de nov. De 1943

Ha percibido durante su permanencia en la División un total de 470 R.M.

En Campaña 24 de noviembre de 1943

Aunque era natural de la Hortichuela, estuvo muy vinculado a nuestra  aldea, donde se estableció con su familia antes de la Guerra Civil (hasta que se incorporó al ejército), trabajando en el campo, al igual que sus hermanos Pedro, María, Inés y su hermanastro Eduardo. Vivían en Fuente Álamo, donde se habían establecido con su madrastra Ana López Muñoz (Ana del Bar Royal), quien en segundas nupcias se había casado con su padre. La Guerra Civil produjo mucho daño a esta familia, su padre víctima de ella, falleció el 30 de enero de 1941, a los 48 años de edad en la Prisión Central de Celanova, provincia de Orense, y según se certificó a consecuencia de un cáncer de estómago. Su hermano Vicente, víctima también, fue fusilado por el bando nacional, sin que haya aparecido el cadáver. Su madre Ana Ortega también murió trágicamente en la preguerra.

Como hemos dicho, esta historia está llena de justicia y de valor, que transcurriendo en la época en que aconteció,  se debe magnificar y ensalzar mucho más.  Hombres como él  pocos hubo, hay o habrá, no solo en aquella difícil época, sino en cualquier momento de la historia. Existen muchos héroes anónimos, que hicieron posible muchos cambios en aquella España. Si bien, lo mismo él con su denuncia, no consiguió evitar la corruptela;  sí dio un toque de atención sobre la injusticia que se estaba cometiendo, lo que le ocasionó muchos perjuicios, entre ellos el tener que alistarse para luchar en una guerra que para nada era la suya. Sin embargo debió sentirse orgulloso contándoselo a sus hijos y nietos.



[1] La actuación de los Divisionarios españoles en Rusia en el periodo que les tocó a los fuentealameños se puede seguir en el  artículo de Libertad Digital de Eduardo Fungairiño: https://www.libertaddigital.com/cultura/historia/2017-03-23/eduardo-fungairino-division-azul-rusia-no-es-cuestion-de-un-dia-81737/

Hemos extraído el siguiente párrafo: “En agosto de 1942 la División Azul fue trasladada más al norte, para asegurar el cerco de Leningrado. La línea del frente seguía de oeste a este desde Pushkin (la antigua Tsarskoye Selo) hasta Krasny Bor pasando por el sur de Kolpino y paralela al ferrocarril Moscú-Leningrado. Se trataba de un frente de 30 km cubierto, de oeste a este, por los Regimientos 263, 269 y 262. La División quedaba ahora integrada en el XXVIII Cuerpo (Kleffel) siempre dentro del Decimoctavo Ejército (Lindemann)”.

 

[2] AGMAV,C.4329,45 / J_AGMAV_DOC_04329_00045_00000_00000

 

[3] AGMAV,C.4183,68 / J_AGMAV_DOC_04183_00068_00000_00000

 

[4] AGMAV,C.4186,31 / J_AGMAV_DOC_04186_00031_00000_00000

  

sábado, 9 de enero de 2021

MOLINO DE ACEITE DE FUENTE ÁLAMO (1895). FRANCISCO JAVIER DE CÓRDOBA Y BAQUERO. “MOLINO DE DON PACO”


A finales del Siglo XIX Fuente Álamo contaba con una población cercana a los 300 habitantes (según  padrón de 1892 eran 289 habitantes) y con una población activa dedicada casi exclusivamente al campo
; en donde el mayor terrateniente por entonces era D. Francisco Javier de Córdoba Baquero.

Como antecedentes previos a su construcción, según consta en escritura pública de 1868, Juan Bermúdez González[1] había vendido  a su cuñado José Julio Jiménez Cuenca la denominada Haza Castillo, que bien podría tratarse de la finca donde se ubicaría el molino de aceite, dada su proximidad entre esta haza y la posterior ubicación de la fábrica. Así mismo consta, que por escritura pública de compraventa de 13 de noviembre de 1869, José Julio Jiménez Cuenca (nacido en 1829 Sileras, natural de Almedinilla) y su consorte María Mercedes Bermúdez González[2] venden a D. Francisco de Córdoba y Torres una casa cortijo y tres pedazos de un total de 10 fanegas y 11 celemines. La casa-cortijo está situada en uno de los pedazos de dos fanegas que linda al Levante con el camino, a Mediodía tierras de Don José Oria, con quien también linda por Poniente, y a Norte el camino de la Rábita.

A la muerte de Francisco de Córdoba Torres en 1891, deja en herencia  a su sobrino Francisco Javier de Córdoba Baquero tres pedazos de tierra de un total de  5 fanegas y 3 celemines (la casa cortijo y tierras de Fuente Álamo). La casa cortijo está ubicada en un terreno con tres fanegas 9 celemines, divididas en dos pedazos. El primero, donde se halla enclavada la dicha casa, consta de dos fanegas iguales a 71 aéreas 32 ca, linda D. José Oria, hoy sus herederos, al norte Guillermina Villuendas; y el segundo pedazo en el ruedo es de tres fanegas y 3 celemines, linda  tierras de Gregorio Abril, hoy de Cristobalina Abril, al poniente huerto de Guillermina Villuendas, al mediodía al norte Vicente Calvo[3] , hoy su hija Elena Calvo[4].

Francisco Javier de Córdoba Baquero había nacido el 4 de diciembre de 1843 en Alcalá la Real. Era el único hijo varón fruto del matrimonio entre Manuel de Córdoba y Torres  y María Francisca Baquero Fernández.

Francisco Javier, a la muerte de su padre en 1855, y siendo aún un adolescente, heredaría los Baños de Ardales y demás propiedades, conjuntamente con sus dos hermanas.

            Se  casó a los  21 años de edad, el 10 de septiembre de 1864, con Dª María del Carmen Villuendas Arjona, instalándose el matrimonio en una casona situada en  la calle Espinosa, según nos informa su nieto Tomás.

Francisco Javier, al fallecimiento de su tío Francisco en 1891, se había convertido, gracias a los bienes heredados o transmitidos en venta real, en un gran terrateniente con numerosas yuntas de labranza y con tierras en el término de Alcalá la Real, en concreto en la zona de la Mata con 100 fanegas aproximadamente, en el Cortijo del Rosalejo con otras 100 fanegas, Fuente de la  Encina Baja de 353 fanegas (su hermana Manuela lo había comprado el 21 mayo 1864 a D. José Albarracín Pérez de Vargas y D. José María Valenzuela y Lassús, Marques de Puente de la Virgen), las tierras de Ardales de unas 400 fanegas, además de las tierras en la Pontanilla, las Peñón de los Empiristas, San Bartolomé... En Fuente Álamo, sus propiedades abarcaban desde la salida de la aldea dirección al Balneario, incluido el molino de aceite, la Torre y los Baños de Ardales, hasta los límites con la Colonia.


Falleció el 27 de febrero de 1902  y, según  testamento que había otorgado el 25 septiembre 1895, los hijos de Francisco Javier y María del Carmen (ya fallecida) heredarían sus tierras: Manuel, Francisca, Eulalia, María del Carmen, María Teresa (fallecida al momento de abrir testamento y casada con Adolfo Carrillo Luque), Asunción (Monja dominica), Tomás (sin descendencia) y Francisco (Paquito de Córdoba).

En su testamento ordena que su cuerpo, vestido con ropa y colocado en una caja de madera, sea sepultado en el cementerio público de esta Ciudad.


Una vez adquirida la propiedad por herencia de las tierras y de la casa-cortijo, Francisco Javier inició las obras para la construcción del molino aceitero anexo al cortijo. Sin que tengamos constancia exacta de la fecha de su inauguración que rezaba en una placa que había a la entrada del molino
. Sí constan los permisos previos para tomar agua para la molienda, aprobados por el Ayuntamiento de Alcalá la Real, que no dejan duda que su puesta en funcionamiento fue en la temporada de 1895, pues  en la sesión celebrada en el Ayuntamiento de Alcalá la Real del día 13 de noviembre de 1895, se da cuenta de la instancia que presentó D. Francisco Javier de Córdoba Baquero, para que se le permitiese tomar de la arquilla, o desde el depósito de la misma fuente, agua suficiente para surtir a un grifo, de manera temporal pero continua,  la caldera del molino aceitero que había construido. Catorce días más tarde, se le concede el agua para la caldera del molino aceitero, ya que se considera que no hay perjuicio para los intereses municipales; pero si en algún momento es necesaria para el surtido del vecindario, quedará suspendida la concesión.[5]

También consta documentalmente que el 14 de agosto de 1895 se le envía a D. Francisco de Córdoba Baquero el Proyecto de Reglamento de la Asociación Andaluza de Cosecheros de Aceite, cuyo presidente era el Marqués de Villalta y el Secretario Feliciano del Río. Con fecha del mismo día se le envía también una circular invitándole a que se constituya en la localidad el Comité de Defensa Olivarera ante el estado de insoportable decadencia en que se encuentra la riqueza olivarera. Reflejado en último término en la falta de precio remunerador de los aceites, se proponen cinco puntos principales para gestionar la situación insostenible:


1º.- Que se graven todos los aceites y grasas distintas del de oliva, con los derechos que proceda, al efecto de que los 100 kilogramos de ellos, resulte un 25 por 100 más caro que los 100 kilogramos de aceite de oliva, calculado su valor en 90 pesetas.

2º.- Que se eleve el arancel del petróleo en bruto al tipo necesario para que su diferencia con el arancel del refinado, no sea mayor de cinco pesetas.

3º.- Que se obtenga del Gobierno, haga su pacto con el Banco de España, extendiendo sus operaciones al crédito agrícola.

4º.- Que se aumente el número de estaciones etnológicas en el extranjero, y éstas y las existentes gestionen activamente mercados para nuestros aceites, como lo hacen para los vinos.

5º.- Que se obtenga de las compañías ferroviarias la unificación de tarifas para los aceites por unidad de peso y recorrido, rebajando el 25 por 100 del término medio que hoy arrojan los existentes.


Tras la muerte en 1902 de Francisco Javier de Córdoba Baquero consta en las escrituras de herencia: “Casa Cortijo y Molino de aceitero y fincas de tierra están inscritos a nombre del causante al tomo 174, folio 43 vto. Finca nº3.560, duplicado inscripción 5ª”, que heredarán sus hijos: Manuel, Francisca, Eulalia, María del Carmen, María Teresa (fallecida al momento de abrir testamento y casada con Adolfo Carrillo Luque), Asunción (Monja dominica), Tomás  y Francisco, quienes venderían al prieguense Francisco Serrano del Mármol la casa cortijo, el molino aceitero y algunas fincas colindantes a finales de los años 10 ó inicios de los años 20 de siglo pasado.

D. Francisco Serrano explotaría el molino antes y después de la Guerra Civil. Durante la Guerra Civil fue incautado y explotado por la Colectividad,  y desde este molino se llevaron 6.000 arrobas de aceite para abastecer a las tropas en  Alcaudete, sirviendo de aprisco para acuartelamiento de una brigada roja. El 10  de enero de 1937 allí se adopto la decisión que llevó al trágico desenlace de Leocadio Anguita López.


Don Paco, como era conocido entre los fuentealameños el Sr. Serrano, mantuvo la actividad aceitera con el paréntesis de los tres años que duró el conflicto, hasta su muerte en 1959. Después continuaría con la gerencia del molino durante unos años su sobrino político Don Luis Berbel.  A principios de los años sesenta fue adquirida por D. Rafael Jiménez Funes, quien continuaría con la explotación hasta mediados los años setenta
, y teniendo como encargado a Domingo Aguilera. Cagarraches fueron los hermanos Ibáñez Sánchez, los hermanos Juan Aguilera Cano  (maestro prensa) y José Aguilera, Luis Aguilera “Calonge”… y de Alcalá la Real venía el Sr. Víboras, que era maestro molino. Después se convertiría en local de almacenamiento y pesaje de aceituna.

La casa cortijo anexa al molino se convertía en la vivienda veraniega de Dª Casilda Sierra y después de la familia Jiménez y Sánchez-Cañete.

Fueron muchos sucesos y anécdotas ocurridas entre sus paredes, como la ya contada de la Guerra Civil. Sonadas fueron las disputas entre “Pichichi”  y Baldomero de Córdoba por los derrames de alpechín, hasta el punto de  llegar en alguna ocasión a las manos, con la pérdida de la sortija de Don Paco en una de ellas. Trágica fue la mutilación de dedos de la mano de Ascensión Jiménez Funes, que siendo una niña sufrió la pérdida de varios dedos al querer coger un poquito de aceite del molino de empiedro en funcionamiento, y que hasta que no llegó la democracia no se le reconoció una pequeña indemnización.


Se cuenta también como Sandalio Pérez regalaba a D. Paco un par de pavos,
para así evitar que fuera engañado en el peso de la aceituna y en la calidad del aceite que en dos cántaras le ofrecía por la molienda de sus aceitunas.

Actualmente ha sido rehabilitado y es la vivienda de la familia Aguilera-Cañadas.




[1] Según el padrón de 1825, Juan Bermúdez estaba casado  con María González, hijos: María, Josefa, Antonio, 10, María Mercedes, Francisco, 4, Juan 2.

[2] En el padrón de 1837, Juan Bermúdez, 56, labrador, casado con María González, 40, h, María Josefa, 24, Mercedes, que sabe escribir, 18, Francisca, 16, Juan, 14 y Micaela.

[3] Vicente Calvo Giménez 1824, pegujalero, natural de Almedinilla, tiempo de residencia en Fuente Álamo desde 1848, casado con Micaela Bermúdez González 1828. Hijos: Carmen 1849, Francisco 1849, Pablo 1855, Elena 1858 y Antonio 1860.

[4] Elena Calvo Bermúdez 1858, casada con, José Carrillo Padilla 1858 hijos: Clemente Carrillo Moya 1883, Dionisio Carrillo Calvo, 1891.

 [5] Actas del Segundo Congreso Homenaje a Francisco Martín Rosales, Alcalá la Real Estudios. Núcleos Rurales. Fuente Álamo. El Agua que da vida. María Teresa Murcia Cano  y Carlos Calvo Aguilar.