jueves, 11 de diciembre de 2025

NOVIEMBRE 2011- DICIEMBRE 2025: MEMORIA DE CATORCE AÑOS DE UNA ALDEA UNIVERSAL

Santiago de Córdoba///   Historiador
      Como historiador social, lo más importante de la historia de un pueblo, de una aldea o de un barrio no son los que ocupan un lugar privilegiado que dan los estamentos políticos y económicos, sino son su gente, sus vecinos, las familias. Es lo que Miguel de Unamuno definía como la intrahistoria, aquella que "... los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas horas del día... se levantan a una orden del sol, y van a sus campos a proseguir la silenciosa labor cotidiana y eterna...esa vida intrahistórica, silenciosa y continua...es la sustancia misma del progreso, la verdadera tradición eterna".

         Es desde este concepto que tengo sobre la historia de los pueblos que titulo «Noviembre 2011- Diciembre 2025: Memoria de catorce años de una aldea universal». No obstante, el historiador ha de justificar el relato por las fuentes primarias de los hechos, aquellas  que se plasman en los documentos y por las fuentes orales.

     Cuando en noviembre de 2011, Domingo Pérez inicia su blog “para la reconstrucción de la Historia de una aldea olvidada: FUENTE ÁLAMO”, desde ese momento Fuente Álamo entró en Internet dejando  de ser solo un lugar físico y pasa ser también un lugar accesible para los habitantes de cualquier parte del mundo.

         Hasta 2011, la memoria de la aldea vivía sobre todo en tres sitios: en las casas (álbumes, cartas, relatos), en los archivos y en la conversación entre vecinos. Con el blog, esa memoria se publica, se ordena y se comparte, y por tanto se vuelve universal: puede leerla un emigrante en Francia, un nieto en Cataluña, una investigadora en Londres, o alguien que nunca ha pisado Fuente Álamo pero busca comprender la vida rural, la emigración, la guerra, los cortijos, las fiestas o los Baños de Ardales.

     “Universal” no significa “famosa”; significa ser y estar en la Tierra. Significa que la historia local ya no depende de estar presente en el pueblo o de conocer a alguien que te la cuente. Significa que Fuente Álamo entra en el mapa digital del mundo y puede ser consultada, citada, compartida y transmitida. Internet convierte una aldea pequeña en una aldea abierta.

     Además, el título funciona como una segunda lectura: Fuente Álamo es “universal” porque lo que cuenta el blog —familia, trabajo, emigración, patrimonio, memoria, pérdidas y esperanza— no es solo de Fuente Álamo. Es la historia de muchos pueblos, y por eso cualquier lector puede reconocerse. Lo local, cuando se narra con verdad y detalle, se vuelve universal.

         Una vez que he justificado el porqué Fuente Álamo es “universal”, también el por qué es la “Memoria de catorce años de una aldea”, resumiendo los días, meses y años que el titular del blog, Domingo Pérez Pérez ha dedicado a la que fue su cuna: Fuente Álamo.

 

         El mes de diciembre de todos los años es el mes que siempre llega con su manera particular de poner orden en la memoria: el frío aprieta, el calendario se estrecha y, casi sin darnos cuenta, buscamos en los cajones —los de casa y los de la cabeza— aquello que no queremos que se pierda. En Fuente Álamo, donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo, esa necesidad de rescate se vuelve todavía más urgente, porque lo que no se escribe se desvanece, y lo que no se nombra corre el riesgo de no haber existido. 

Cuando Domingo Pérez abrió este blog el 26 de diciembre de 2011, lo hizo con una idea sencilla y obstinada: dejar constancia. No para “contar historias bonitas”, sino para reconstruir, pieza a pieza, la historia de su aldea que durante demasiado tiempo ha vivido en la periferia del relato. Desde aquella primera entrada, el gesto fue mucho más que escribir: fue rescatar. Rescatar nombres, fotos, historias, documentos, paisajes y costumbres; rescatar, en definitiva, la certeza de que una aldea también merece relato, y de que el paso del tiempo no tiene por qué llevarse lo esencial. Con los años el blog ha sido, sin pretenderlo Domingo, una casa abierta: una ventana para quien está cerca, una brújula para quien se fue y un pequeño faro para quien un día querrá saber de dónde viene. 

A lo largo de estos años el blog ha crecido con una constancia admirable: el archivo muestra un recorrido continuado desde 2011 hasta 2025, con años especialmente fecundos y una variedad temática que habla de trabajo y de amor por lo propio. Y esa variedad no es dispersión: es una forma de mirar. Escribir sobre Fuente Álamo exige mirarla entera: lo íntimo y lo colectivo, lo cotidiano y lo excepcional. Por eso Domingo siempre que ha escrito es como quien recorre un álbum familiar y un archivo histórico a la vez: lo doméstico y lo público van de la mano, y de ahí nace el valor del conjunto. 

El titular del blog ha intentado que Fuente Álamo aparezca en todo aquello que es vital para la conciencia social de sus habitantes: no solo en sus fechas señaladas, sino en su vida diaria; no solo en sus monumentos, sino en su gente; no solo en lo que ocurrió “arriba”, sino en lo que pasó aquí abajo, en los cortijos, en los caminos, en las cocinas, en las celebraciones y en las ausencias. Porque la historia de un lugar pequeño no es pequeña: es íntima, y por eso mismo duele y enseña. En un pueblo, una fecha no se recuerda por el día del calendario, sino por la cara de quien la vivió, por el sitio donde se dijo, por el trabajo que había en el campo, por la lluvia que no llegó o por la carta que vino de fuera.

        Quizá el corazón del blog esté en “Gente de Fuente Álamo”. Ahí la historia deja de ser abstracta para volverse humana, con biografías que conservan lo que en los pueblos se pierde con demasiada facilidad: la vida concreta de cada persona, sus circunstancias, sus caminos, su dignidad cotidiana. En el décimo aniversario del blog Domingo recordó que ya se habían publicado “más de 230 artículos”, y que una parte importante estaba dedicada precisamente a la vida y obra de fuentealameñas y fuentealameños. Y fue así: poner nombres y apellidos a lo vivido es una forma de justicia. Es también una forma de cariño. Escribir para que nadie se borre del todo.

         Pero no todo en esta memoria es amable. Otro de los grandes pilares —quizá el más delicado— es la Guerra Civil y la posguerra, donde el blog se convierte en memoria y en documento. Domingo ha abordado el conflicto desde lo local (que es donde más duele y más enseña), y también el movimiento obrero agrario anterior, con referencias concretas a la organización en la aldea —como aquella sociedad obrera “La Espiga Floreciente” (1931)— y a las sombras posteriores: incautaciones, violencia, represión y silencios que duraron décadas. Esa mirada no busca reabrir heridas: busca nombrar lo que existió, porque lo innombrado se repite y lo documentado, al menos, se entiende.

    Cuando ya no quedan testigos directos, la responsabilidad pasa a los papeles, a los archivos, a los recuerdos dispersos y a quienes quieran reunirlos sin odio y sin miedo.     
    En paralelo, el blog ha ido levantando un mapa sentimental y patrimonial: monumentos, lugares, cortijos, caminos, aquello que sostiene una identidad. La Torre Almenara Atalaya, declarada Bien de Interés Cultural, aparece como símbolo del patrimonio que no debe resignarse a la ruina: no basta con describirla; hay que defenderla. Porque la Torre no es una piedra vieja: es un testigo. Y los testigos, si se dejan caer, dejan al pueblo sin espejo. Del mismo modo, el cuidado del patrimonio religioso y artístico (con la Virgen de las Mercedes y otras piezas necesitadas de atención) se convierte en una llamada a la responsabilidad compartida; y ese compromiso ha continuado en 2025 con el seguimiento de la restauración de cuadros en colaboración con el taller universitario especializado. A veces, conservar una pintura o un marco es conservar un trozo de la vida que pasó por la iglesia: bautizos, bodas, funerales, fiestas patronales… El arte, en un pueblo, no es solo arte: es memoria en forma de imagen. 

        Si hay un asunto que atraviesa el blog como una corriente subterránea, es el de los Baños de Ardales: su auge, su importancia social y económica, y su desaparición. Ya desde el inicio el tema se situó en primer plano, y después se amplió con datos, propietarios, descripciones, y hasta con el peso de lo material: comunicaciones malas, caminos difíciles, abandono… Los Baños son, en el fondo, una metáfora de Fuente Álamo: lo que pudo ser, lo que fue, lo que se perdió, y lo que aún puede recuperarse al menos como conocimiento y memoria. Hay pérdidas que no se pueden reparar con ladrillos, pero sí con verdad, con investigación y con relato.     
    Y junto al patrimonio, la vida: la emigración (con listas, destinos, apodos, familias), la infancia, las mujeres, las fiestas, las primeras comuniones y bodas, la mili… En esas entradas Domingo ha ido investigando y, algunas veces, descubriendo el pasado de sus ancestros: que la historia de un pueblo no está solo en los grandes hechos, sino en las rutinas, en las celebraciones, en las palabras que se dicen y se repiten. Por eso también hay espacio para el lenguaje popular, para expresiones y dichos que guardan carácter y época, como un pequeño diccionario vivo de la aldea. Porque la forma de hablar también es una forma de ser; y cuando se pierde una palabra, muchas veces se pierde un modo entero de mirar el mundo.

         Con el tiempo, este trabajo constante de Domingo ha dado un paso más: salir de la pantalla y tomar forma de libro. No como un “capricho de autor”, sino como una manera de fijar y ordenar, de poner un lomo en una estantería para que el conocimiento no dependa solo de una conexión a Internet. Un libro, además, permite algo que el blog a veces no consigue: darle continuidad lineal a un tema, juntar piezas que estaban repartidas, sostener una lectura larga, ofrecer un cuerpo completo.

     Y así fueron naciendo cuatro publicaciones que, de algún modo, resumen también el itinerario del blog y el propio latido de Fuente Álamo en estos años. En dos de ellas he participado: en un prólogo y en un epílogo

 

1)      “Baños de Ardales de Fuente Álamo” (2016): el patrimonio perdido que aún puede contarse 

Este fue el primer salto al papel. Y no es casual que naciera de los Baños: allí confluyen memoria, economía, paisaje y ruina. El libro reconstruye con detalle la historia de aquel balneario que funcionó durante los siglos XIX y XX, con una cronología sostenida por documentación y por referencias que permiten situarlo en el tiempo con precisión. Su mérito principal es haber tomado un lugar casi desvanecido —del que quedan ruinas y recuerdos sueltos— y haberlo convertido en un relato coherente, comprensible y verificable.

         La obra muestra que los Baños no fueron “una anécdota” ni un rincón pintoresco: fueron un espacio curativo y social, un foco de actividad que atrajo visitantes, generó vida económica, y dejó huella en la zona. Al describir su materialidad —capilla, hospedería, pilas, distribución— el libro logra que el lector “vea” lo que ya no ve. Y al reunir documentos, fotografías, referencias y reconstrucciones, consigue lo más importante: que el patrimonio perdido no se convierta en fantasía. En ese sentido, su valor es doble: histórico y moral. Histórico, porque fija hechos. Moral, porque demuestra que la desmemoria también es una forma de abandono. Si tuviera que hacer una crítica “en positivo”, diría que la obra tiene una virtud rara: levanta un edificio de palabras donde el edificio real ya no está, y lo hace con respeto, con rigor y con un tono que no cae en la melancolía vacía. No idealiza: explica. Y explicando, salva.

 

2)      “Patrimonio Cultural Material de Fuente Álamo” (2019): inventario, conciencia y llamada a la responsabilidad

Si el libro de los Baños habla de lo perdido, este habla de lo que todavía puede salvarse. Su publicación tuvo algo de declaración de intenciones: ordenar el patrimonio material de la aldea, ponerlo en valor y, sobre todo, recordarnos que un pueblo sin memoria visible acaba pareciéndose a cualquier lugar, hasta desaparecer del todo.

         La obra funciona como un inventario con alma. No se limita a enumerar: contextualiza, compara, señala riesgos, sugiere caminos. En sus páginas el lector comprende que el patrimonio de Fuente Álamo no es un “lujo cultural”, sino un capital identitario que puede educar, unir, atraer y sostener. Se insiste en la idea de “marcar” lo que somos: desde la Torre Atalaya a la villa romana y otros restos, pasando por edificios y elementos vinculados a la historia reciente. Y hay un detalle que me gusta porque dice mucho: la referencia a “siete maravillas” fuentealameñas como recurso pedagógico y emocional, para que el patrimonio no sea un listado frío, sino una forma de orgullo bien entendido. Un orgullo que no presume: cuida.

         Este libro, además, interpela. Nos obliga a preguntarnos por qué lo evidente (conservar lo propio) acaba siendo siempre una tarea de unos pocos. Y enlaza con un problema que atraviesa el siglo XXI rural: despoblación, envejecimiento, falta de relevo. Cuando no hay manos jóvenes que reciban, la memoria se queda sin manos. Por eso “Patrimonio Cultural Material…” es también un libro sobre el futuro: sobre lo que aún el gobierno municipal de Alcalá la Real y los pocos habitantes que quedan de la vaciada aldea de Fuente Álamo están a tiempo de hacer, y sobre lo que perderán si no lo hacen.

 

3)      “Genealogía de Fuente Álamo. Nuestros primeros antepasados” (2023): raíces, vínculos y el hilo que cose el tiempo

Hay aldeas que pierden su gente por la emigración; pero hay una forma de traerla de vuelta, aunque sea simbólicamente: devolverle su apellido, su origen, su lugar en la cadena. Domingo lo escribió a partir de esa necesidad, que también era una realidad: en un pueblo pequeño, los apellidos son caminos; y seguirlos es recorrer la historia social de la aldea.

     La metodología es clara y, a la vez, emocionante: partir del padrón de 1825 —como primer padrón específico del partido de campo de Fuente Álamo— y descender, escalón a escalón, hasta el presente, siguiendo decenas de apellidos y conectando aquellos primeros pobladores con descendientes actuales. El libro no se queda en la lista: intenta reconstruir vínculos, desplazamientos, incorporaciones de nuevas familias, y contextualiza hitos documentales que ayudan a comprender cuándo y cómo Fuente Álamo va teniendo entidad y vida administrativa reconocible. Su mérito es enorme porque la genealogía, cuando se hace bien, exige paciencia, comprobación, cruces de datos y humildad ante el error posible.

         Lo más valioso —y aquí está mi  crítica positiva— es que la obra no pretende cerrarlo todo: pretende abrir. Está pensada como punto de partida para que cada familia continúe su árbol, para que hijos y nietos tengan un mapa, para que quien vive lejos pueda volver con una brújula. En un mundo donde la identidad se vuelve líquida, tener raíces no es mirar atrás con nostalgia: es saber desde dónde se camina. Y para un pueblo con tanta emigración acumulada, este libro cumple una función afectiva: repara distancias. No devuelve a la gente a vivir aquí, pero la devuelve a pertenecer.

 

4)      “Guerra Civil en Fuente Álamo. La Batalla de la Cornicabra” (2024): memoria difícil, precisión necesaria y reparación 

La Guerra Civil suele contarse desde arriba: grandes frentes, nombres de generales, fechas de manual. Pero la guerra se entiende de verdad cuando baja al terreno: cuando toca las casas, divide a los vecinos, altera la vida diaria y deja un miedo que dura generaciones. Este libro se construye desde esa convicción y lo hace desde un episodio concreto, la batalla del 30 de marzo de 1938 en el Cerro de la Cornicabra y Las Albarizas, presentada como un hecho con relevancia militar y con consecuencias en la zona. A partir de ahí, el estudio se abre: contexto previo, movimientos, retaguardia, vida cotidiana bajo tensión, y, sobre todo, la sombra posterior.

 Hay un elemento que considero esencial y que distingue este trabajo: la unión entre memoria y responsabilidad presente. El libro se vinculó a una iniciativa de reparación material de obras de arte dañadas durante la guerra: un lienzo con señal compatible con impacto y otras piezas con desperfectos visibles. Ese gesto convierte la memoria en algo tangible: restaurar también es recordar, y recordar también es cuidar. La historia, cuando se narra sin cuidado, se vuelve arma; cuando se documenta y se acompaña de acciones de reparación, se vuelve advertencia y aprendizaje. Tuve el honor de prologar el libro y decir:

 

«Desde la Introducción ―pórtico que abre este libro― hasta el final, Domingo Pérez muestra buena vecindad con todos los que habitan o se fueron de Fuente Álamo. Personalmente le felicito por haber expuesto la verdad sobre los hechos que sucedieron durante la Guerra Civil (1936-1939) y la Dictadura (1939-1975). Hubo vencedores y vencidos, pero denuncia que no puede existir equidistancia en las causas que provocaron la Guerra Civil. Con sus palabras:

     “Aunque intento establecer cierta equidistancia, me es imposible mantenerla”.

     Viene a decir, pero con otras palabras, lo que escribió François Mauriac (1885-1970), francés de profundas convicciones católicas y premio Nóbel de Literatura en 1952:

     “En las múltiples guerras de la vieja Europa nunca hubo una más injusta y un final más injusto que el de la guerra civil española”.

     Domingo, a pesar de no ser equidistante en las causas y sus consecuencias, sí guarda equidistancia emocional con las víctimas nacionalistas y republicanas. No me extraña en él la humanidad mostrada, concepto filosófico por el que hombres y mujeres tienden a compartir y actuar socialmente en sus respectivos ámbitos, que en su caso, en el 2023, es en Fuente Álamo, aldea despoblada con 137 habitantes, entre los que existen, sin duda, una diversidad compleja en aspectos económicos, políticos y sociales-religiosos-culturales-éticos».

    En 2025, con jornadas culturales y visitas al propio cerro, el libro ha seguido generando conversación, lecturas y aportaciones. Y mi “aproximación para la lectura” que publiqué en el blog añadiendo un marco útil para interpretar correctamente la historia y sobre todo hechos determinados: desigualdades rurales, nacimiento de organización obrera local, fases del conflicto, represión, posguerra y memoria. Esa aportación ayuda a situar el relato en un paisaje social más amplio, sin perder el anclaje local. La crítica amplia que haría de este libro es doble: por un lado, su valor histórico (poner nombre y contexto donde suele haber rumor o leyenda); por otro, su valor humano (recordar sin convertir el pasado en arma arrojadiza, sino en aprendizaje y advertencia). Esa es, quizá, la parte más difícil de cualquier historia de guerra contada desde un pueblo: mantener la precisión sin perder la compasión. 

Y ahora, al cerrar 2025, vuelvo al origen. Este blog no lo ha sostenido solo Domingo; también ha contado con la presencia —aunque sea mínima, conviene decirlo con honestidad— de algunos vecinos y lectores. Donde esa participación se ha hecho verdaderamente visible ha sido en los actos que Domingo ha convocado: presentaciones, jornadas y encuentros en los que la palabra se convierte en comunidad.     Por eso, este no ha sido un blog encerrado en sí mismo: ha sido un espacio de conversación e impulso cultural, con momentos en los que la investigación sale de la pantalla y se vuelve abrazo y encuentro. Cuando un pueblo conversa sobre sí mismo con respeto, gana futuro; y cuando lo hace con documentos, fotografías y memoria, gana además dignidad. 

        No sé qué traerá 2026. Sí sé lo que me gustaría: que Fuente Álamo tenga más manos jóvenes para sostener lo que queda; que el patrimonio no sea un “tema”, sino un deber compartido; que la memoria no se convierta en un lujo; y que quienes viven lejos sientan que, de algún modo, aquí siguen teniendo una casa. Porque un pueblo no desaparece solo cuando se vacía: desaparece cuando deja de contarse.  

       Para que nada desaparezca, mientras pueda, como vecino adoptivo de Fuente Álamo, seguiré participando de la única forma que sé hacerlo: escribiendo sobre Fuente Álamo y sus gentes, y acompañando —en la medida de mis fuerzas— el trabajo de Domingo Pérez Pérez, titular de este blog. Desde 2011 hasta este 2025 que termina, él no solo ha querido recordar el pasado para que no se olvide, sino procurar que el futuro de su aldea, Fuente Álamo, no nazca huérfano.

Andújar,  diciembre  de 2025

jueves, 25 de septiembre de 2025

INICIO DEL CURSO 2025-26. ESTADO DE RESTAURACIÓN DE LOS CUADROS DE FUENTE ÁLAMO

 


Hoy, día 25 de septiembre, siguiente al día de la Virgen de las Mercedes, hemos realizado una visita de inicio del curso 2025-2026 (trimestral) al Taller de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada. Nos ha atendido el Prof. D. Luis R. Rodríguez Simón, como siempre muy amablemente.

El proceso de restauración de los dos cuadros “Virgen de la Mercedes y el Niño Jesús” y “Cristo de la Tres Caídas y la Verónica”  de la Iglesia de San Antonio de Padua de Fuente Álamo continúa un curso (trimestral) más y por su curso normal y minucioso. El proceso es lento por los motivos que hemos ido explicando a lo largo de los dos cursos anteriores.

Para este curso (tercero) se va a proceder a limpiar el estucado sobrante que se les aplicó el curso pasado para rellenar las faltas de pintura y material que presentaban, tal y como ya explicamos en otros cursos. Seguidamente se procederá a la restauración propiamente dicha, que consiste en aplicarles retoques con pinturas especiales y reconstruir todas las faltas de material que tienen, que son muchas, y finalmente protegerlos con un barniz.

El cuadro de la Virgen de las Mercedes, al ser más pequeño, el trabajo está más avanzado, y sin que D. Luis nos pueda garantizar nada, puede que este curso (trimestral) o quizás el que viene, esté acabado. Durante este curso está trabajado en el proceso un nuevo alumno de Jaén, que lo ha elegido por tratarse de la Virgen de la Mercedes. Está muy ilusionado con el proyecto y le deseamos que le sea de provecho y obtenga buenas calificaciones.

El cuadro del Cristo y la Verónica, como hemos dicho, está un poco más atrasado el trabajo, pero también lo ha cogido un nuevo alumno, al que deseamos lo mismo, y está  con la limpieza del estucado, en este caso, según el Profesor va a ser difícil que se termine en este curso y el siguiente aún no lo sabe.  

En diciembre que finaliza el curso realizaremos una nueva visita, sin embargo quienes quieran visitarlos solo tiene que decirlo, tiene que ser los jueves por la mañana.

Muchas gracias a los que habéis colaborado con la adquisición del libro sobre la Guerra Civil en Fuente Álamo o aportado vuestra donación, que está sirviendo para sufragar los gastos de material tal y como se indicaba en la solapa del libro, los que todavía queráis podéis colaborar en la medida que cada uno quiera o pueda, pues para rematar el trabajo a lo mejor tenemos que acudir a restauradores privados, si quisiéramos aventajar el trabajo. 

lunes, 14 de julio de 2025

DON JOAQUÍN MARÍA SUÁREZ. PROMOTOR DE LOS BAÑOS DE FUENTE ÁLAMO. “EL CURA DEL PUENTE SUÁREZ ”

 


D. Joaquín María Suárez Ponce nació en Puebla de Guzmán[1], en el Condado de Niebla de la provincia de Huelva (perteneciente por entonces al Arzobispado de Sevilla). Era uno de los tres hijos legítimos de D. Juan Bautista Suárez  y de Dª María Ponce.  Sus hermanos eran el abogado D. Diego  Suárez, vecino  de Sevilla y D. Miguel Suárez, vecino de Cumbres Mayores (Huelva), militar de profesión.

Sin que tengamos constancia exacta de su establecimiento en Alcalá la Real, hemos podido consultar algunos documentos que nos hacen pensar sobre el momento de su traslado desde el Arzobispado de Sevilla[2] a la Abadía de Alcalá la Real. Seguramente, en base a dicho traslado, concede poderes a sus dos hermanos para que le gestionen sus negocios en Sevilla. Entre ellos están los otorgados ante el escribano D. José de Solá Hernández el 14 de octubre de 1815 y el 2 de diciembre de 1816. Dichos documentos son firmados en el cuarto habitación que ocupaba en el Palacio Abacial como presbiterio, siendo por entonces Secretario de Cámara y Gobierno del Ilustrísimo Sr. Obispo Abad de la Real Abadía de Alcalá la Real. En el primero concede poderes a sus hermanos D. Diego Suárez, vecino de Sevilla y a D. Miguel Suárez, para que recauden, perciban y cobren las cantidades que por varios sujetos morosos le son debidas.  El segundo de ellos compareció y dijo que es apoderado de D. Juan del Valle, vecino de la Villa y Corte de Madrid, en virtud del que le tiene conferido para percibir y cobrar los maravedíes correspondientes a la Prestanza de Monte Agudo que D. Juan del Valle goza en el Arzobispado de Sevilla (en San Lúcar de Barrameda), de la Tesorería del Iltmo. Cabildo de dicha ciudad o cualquier otro fondo de donde deba salir. Pudiendo el otorgante por su ausencia de la referida ciudad de Sevilla practicar las correspondientes gestiones relativas a dichas cobranzas para que haya persona que a su nombre lo pueda hacer, y en uso de las facultades le confiere el poder que tiene de D. Juan del Valle para poderlo sustituir en la persona que por bien tenga. Por lo que con este documento otorga  poder a su hermano Diego Suarez, vecino de Sevilla, para que a nombre del otorgante y su propia persona y acción, se pueda presentar en la Tesorería del Ilmo. Cabildo y donde corresponda y recaude, perciba y cobre los intereses que sean pertenecientes.


Según la Guía del Estado Eclesiástico Seglar y Regular de las Españas para el año 1822, los  cargos de la Ilustre Abadía de Alcalá la Real, se componían de un cabildo de 26 individuos y competente número de otros ministros. La Abadía comprendía 12 pilas bautismales, y en las 5 principales parroquias se hallan erigidos 12 beneficios, cada uno servido por 2 tenientes. Dr. Don Joaquín María Suárez era presbítero, beneficiado propio de dicha Santa Iglesia; siendo por entonces presbítero provisor y vicario general el Licenciado D. Ildefonso Cejalvo y Pineda, cargo que ocuparía posteriormente D. Joaquín.

Dentro del cargo de Principales Familiares de S.S.I. y como Secretario de Cámara y Gobierno tenemos, como dijimos, a Dr. Don Joaquín. Además de ser Visitador General por S.S.I. en el Juzgado y Rentas decimales, era uno de los jueces por las vicarías de Priego y Carcabuey. También formaba parte de los Sres. Jueces de Cruzada.

Como Beneficiado Propio poseía el derecho a disfrutar del beneficio y obligación de ejercerlo. Será durante los años 20 del S. XIX cuando D. Joaquín adquiera un gran patrimonio, sobretodo en fincas rústicas, molino de harina y de aceite; llegando a ocupar altos cargos eclesiásticos como Presbítero del Consejo de S.M., Beneficiado propio de la Santa Iglesia de Alcalá la Real, Provisor y Vicario principal de esta Real Abadía, SS de esta ciudad, tal y como se describe en su propio testamento de 1833. Cargo en el que se mantuvo tras el nombramiento de  Don Antonio Sánchez Mata en enero de 1827 como nuevo Prelado en la Abadía de Alcalá la Real, pese a que no era del agrado de los gobernantes municipales del Ayuntamiento de Alcalá la Real por sus ideas carlistas, siendo  considerados por Guardia Castellano[3] como un personaje siniestro y protegido por el Sr. Obispo-Abad durante el periodo de 1823 a 1835 pues “había procurado manejar todos los negocios públicos y colocar en cuantos destinos había en la Ciudad y su Abadía a sus parciales y amigos persiguiendo a cuantos no sucumbían a sus ideas”

A su fallecimiento, tal y como consta también en su testamento, acumuló gran patrimonio; así se habla de un molino harinero en el Salado con la casa cortijo, unida a él las tierra de la Mesa y las tres hazas que llaman de Zaballos, Cervera y Trujillo, a quienes las compró y tienen riego en el expresado sitio del Salado, lindan con el arroyo y Cortijo del Salado, también de su propiedad; “Cortijos de la Almedinilla y del Molino de Aceite”,  “Cortijo de Zalamea”, “Molino aceitero que posee en Zamoranos”,  “Cortijo y olivar de la Almedinilla”


    Todas estas propiedades las fue adquiriendo en cuestión de un lustro. Así, una de las primeras adquisiciones en el término de Alcalá la Real, de las  que tenemos constancia, la realiza el 2 de enero de 1821  a  D. Antonio María Rivilla, a quien  compra  un cortijo con su casa de teja, pajar, tinado, tierra y monte con la cabida de 150 fanegas: - 127 fanegas  bajo una cuerda que linda  por un lado con el Arroyo del Salado, que divide el término  de esta ciudad y el de la villa de Priego; por otro lado con tierras del Cortijo de la Cuesta y por otro, con  tierra de la Capellanía que disfruta el mismo;  - La haza de las 18 fanegas en otro sitio de la Rábita que linda con tierras del Cortijo de Fresnera, con olivar de D. Juan Antonio González;  y - 5 fanegas del Solvito, que linda con tierra de dicho Cortijo del Salado, con las Obras Pías y con las de D. Manuel Tejeiro.  El 6 de mayo de 1821 compra  la Capellanía que fundó  en la Santa Iglesia D. Fernando García de Toledo, compuesta por 26 fanegas de tierra al sitio de Fuente del Álamo, que se encontraba en decadencia por falta de labores, y con el fin de labrar en dicha tierras  por el precio de 2.080 reales. El 14 de agosto de 1821  compra a Dª Josefa Dolores Serrano y D. Antonio Trujillo  una haza de 3 fanegas y 9 celemines en el sitio del Salado,  que linda por lo alto con tierras del Marqués de Cadimbo y tierras del cortijo del comprador, por lo hondo con el Arroyo y por los lados con tierra de Antonio Cavallos y Cristóbal Cervera  por precio y cuantía de 1.150 reales. El 30 de diciembre de 1822 compra  las tierras que fueron de Juan José Nieto de cabida de  9 fanegas y 4 celemines de tierra e al sitio del Salado y Cruz, lindan con tierras de capellanía de él, tierras del Marqués de Cadimbo y camino que divide el término y la Villa de Priego y que pasa el mismo camino por medio de las tierras, por 1.300 reales.

El 7 de marzo  de 1825 compra un molino de dos paradas[4] en el Saladillo, término jurisdiccional de Alcalá la Real, linda el camino que se dirige a esta y libre de toda pensión a Dª Ana de la Cruz Pacostales y D. Miguel Navarro Díaz su marido, y a  Dª María Manuela Navarro y D. Miguel Ortiz Ruiz Carbonero su marido, recibidas por herencia de  de su padre y abuelo D. Vicente Antonio de la Cruz Pacostales. Otorgaron poder a D. Enrique Navarro Díaz escribano numerario de Priego para que pasase a la ciudad de Alcalá la Real, ajustase y conviniese  con  D. Joaquín, el dicho molino en la cantidad que más pudiese conseguir según su actual estado de estimación y justo precio. Linda con tierra del Marqués del Cadimbo, Arroyo de dicho sitio y Tierra del Convento de Religiosas de Nuestra Sra. de la Encarnación, en precio de 8.000 reales.

El referido cortijo aparece recogido en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Volumen VIII, Edición de 1830,  escrito por Pascual Madoz, en su  página 223,  describe a Fuente Álamo ó Fuente del Álamo como:

“Aldea. con ale. ped. en la provincia de Jaén. Es uno de los 12 partidos de campo en que se halla dividido el término de la ciudad de Alcalá la Real (V.), y por tanto corresponde á su partido judicial y abadía, distando de ella una legua larga al Oeste. En su término se encuentran otras 29 casas, entre las cuales son las más principales las siguientes el cortijo Loma de Zalamea, Suárez, el Palio, Casa-sola, Coscojar Alto y Bajo, Cornicabra, Gallardo, Valenzuela, Fuente de la Encina Alta y Baja, Clavijo, La Cuesta y Árdales;

En base a todas estas propiedades, incluido el Cortijo de Zalamea y teniendo en cuenta la zona donde se encontraban, aún existen referencias locativas como el llamado Puente Suarez o antiguo Cortijo Suárez y entre los lugareños se sigue hablando de las tierras del Cura. Todas ellas situadas en el actual límite de las provincias de Jaén y Córdoba, separadas por el Arroyo del Saladillo.

Posteriormente, hemos analizado varios documentos que nos sirven para conocer  otros negocios de D. Joaquín.  Así, el 26 de septiembre de 1829, otorga poder especial a su hermano D. Diego Suárez, para que le administrarse en la ciudad de Sevilla y otros pueblos inmediatos varios bienes, créditos y otras deudas que le corresponden, con el fin de que haya persona que pueda correr con el manejo y cuidado de dichos bienes, administrándolos, tomar cuenta de los arrendadores, percibir cantidades, etc.…  lo que nos indica que por Sevilla también poseía bastantes bienes.

También era un gran prestamista o avalista, así el  7 de octubre de 1831, otorga fianza a favor de D. Joaquín Portero vecino de Granada en la cantidad de 35.000 reales para comprar una plaza de escribano de número, para lo cual Joaquín hipoteca el cortijo llamado del Salado con dos casas, tinados y pajares, 156 fanegas  de tierra de labor y además 30 aranzadas de viña y 2.250 olivos, cuya posesión se hallaba situada en el partido de Fuente Álamo y lindaba por el poniente con el arroyo llamado del Salado, por mediodía y poniente tierras del Cortijo llamado de Zalamea de su propiedad también y por el levante tierras del Convento de Religiosas de Nuestra Sra. de la Encarnación  y tierras de Joaquín Tejeiro vecino de la villa de Cabra. Se pagaba anualmente 72 reales a la Casa de Niños Desamparados  y una pensión de cinco fanegas de trigo todos los años a dicha Casa.

Pero será a través de su testamento otorgado el 3 de enero de 1833, entendido como la prolongación de su obra y vida, como conoceremos mejor a D. Joaquín Suárez. En dicho documento público manda que se diga por su alma nada más y nada menos que mil misas rezadas, dando limosna en cada una de 4 reales. A las Obras Pías del Santísimo Sacramento Casa Santa de Jerusalén y Redención de Cautivos, 24 reales a cada una por una sola vez. Que se diga la misa de San Vicente,  otra misa al patriarca bendito Sr. San José, que se dé al cura o Hermano Mayor del Santo Cristo de Paño, otra misa en  Ntra. Sra. de las Angustias, en su iglesia y altar, de esta ciudad.

     Instituye, nombra  y señala por su legítimo, único y universal heredero a su padre D. Juan Bautista Suárez, para que pueda disponer de sus bienes mientras viva a su voluntad del modo que tenga por conveniente como suyos propios; y por su fallecimiento quería y era su voluntad que los hereden sus dos hermanos  D. Miguel y D. Diego Suárez.  Mejora a Miguel en el tercio de todos ellos y al D. Diego lo mejora con todos los hábitos de afeitar de plata y la escribanía del mismo metal. Todo lo demás lo dividen entre sí por iguales partes, así como la plata; suplicando además que le encomienden a Dios.

Pero lo más relevante del testamento es lo dejado por la vía de legado. Da en posesión de usufructo a las hermanas Salvadora y a Juana Armenteros, sus criadas, si al tiempo de su fallecimiento permaneciesen en su servicio, el molino harinero del Salado con la Casa Cortijo unida a las tierra de la Mesa y las tres hazas que llaman de Zaballos, Cervera y Trujillo a quienes las compró, y disfruten de por vida sus rentas y productos en los términos que tengan por convenientes, sin que puedan disponer de otra finalidades de ningún modo; esto es que no puedan enajenarlas, cambiarlas ni gravarlas, y por su fallecimiento pasen a los herederos de D. Joaquín. Este legado vendrá con la condición de que ambas han de permanecer siempre en el estado en que se encuentran, la Salvadora de viuda y la Juana de soltera, pues si alguna mudase de estado o falleciese,  pasarán en los mismos términos a la que sobreviva y por fallecimiento de la última pasarán dichas fincas a los herederos del Sr. Suarez; y si las dos cambiasen de estado, se entenderá como si hubiesen fallecido y han de cesar la obligación mientras vivan y disfruten esposadas. De mantenerlas en el ser y estado que las mismas sin que por su culpa se les cause deterioro. A parte de estas rentas, les deja numerosos utensilios, granos, aceite, vinagre, animales y dinero en metálico.

Hace otros  legados menores  a D. Florencio Quintero, su paje, de  3.300 reales que por sus herederos se le darán de sus bienes por una vez, para que los inviertan en tomar el estado que le acomode. También le deja un catre, dos colchones con henchimientos de lana, almohadas, fundas, dos sillas de las que tiene en su cuarto, un sillón de anea, un baúl y toda la ropa de su uso, un cubierto de plata, un chico con rabo de huesos, dos vasos grandes y dos chicos de cristal de los comunes, una copita de cristal, una porcelana para lavarse, una escupidera y un servicio, seis gallinas, un gallo, dos fanegas de escaña, seis fanegas de trigo, dos arrobas de aceite en su orza y una de vinagre, una hoja de tocino completa, dos libras de manteca, una docena de chorizo y media fanega de garbanzos, más cuatro breviarios comunes, las láminas de la Virgen Santísima, de Santa Rita y otros dos pequeñitas que hay en el dormitorio de D. Joaquín, entendiéndose lo legado y mandado si se hallase en mi servicio al tiempo de su fallecimiento.

A Antonio García, su criado, lega 640 reales y, además, 4 fanegas de trigo y 4 de cebada. A  Manuel Armenteros con la misma condición de estar a su servicio, 170 reales para que los invierta en lo que le acomode, y en los mismos términos a su hijo Francisco Armenteros,  170 reales. A Juan García y a Josefa de Mesa que están de caseros en su cortijo, 40 reales a cada uno. Igual a Antonio de Vera y a Manuela Aguilera su mujer, fuentealameños que viven en su Cortijo de Zalamea, 81 fanegas de trigo a cada uno. A Juan Tirado, guarda en su cortijo y olivar de la Almedinilla, 40 reales y media fanega de trigo. A los fuentealmeños  Antonio Ariza y a María de Mesa su mujer, se les den 15 reales y media fanega de trigo a cada uno, aún cuando no estén a su servicio.

    A su muerte, sería su hermano Diego quien gestionara su patrimonio, y en  24 de septiembre de 1844 compareció Cristóbal Malagón, vecino de Almedinilla, y Julián Ramírez, también de Almedinilla, como fiador; recibiendo en renta y arrendamiento del Doctor D. Diego Suárez, vecino de ciudad de Sevilla y a su nombre de Manuel de Córdoba, su administrador apoderado, un molino con dos paradas, una blanca y otra “bara” llamado del Saladillo, situado en el camino de la expresada Villa y término de esta población, por tiempo y espacio de dos años, pagando de renta fija 13 fanegas de trigo bueno, limpio y de recibo y de adehalas un caíz de yeso  y 3 gallinas ponedoras. Julián Ramírez hipoteca una haza que posee en la Ortichuela, lindando con otras de José y Felipe Ramírez.

….


                En relación con el Balneario de Ardales de Fuente Álamo, en el  Libro de Acta del AMAR de 29 de diciembre de 1824, se recoge que previa solicitud, se le concedió por el Ayuntamiento de Alcalá la Real al Provisor y Vicario General de la Abadía de Alcalá la Real D. Joaquín María Suárez, la propiedad de las Aguas de Ardales, además del terreno para construir unos baños y casas con la condición de hacer habitaciones para seis pobres que se curen de balde.

Las aguas se usaban en bebida por los naturales del lugar, hasta que en 1827 comenzó a beneficiarlas y explotarlas D. Joaquín Suárez, construyendo los baños. Sería su hermano D. Diego Suárez, como apoderado, quien levantó el edificio en el año 1831 y a quien pertenecían como apoderado las aguas, baños y hospedería. Por lo cual el establecimiento o casa-hospedería para los bañistas fue construido y acondicionado este año de 1831.



Con estos documentos públicos analizados y los escasos datos encontrados en los Tratados Generales de aguas minerales de España, hemos podido documentar como primer propietario a Don Joaquín  María Suárez Ponce. Su hermano Don Diego Suárez, abogado residente en Sevilla, sería quien en 1831 levantó el edificio primitivo. Don Miguel Suárez, oficial del Regimiento de Caballería Dragones Villaviciosa, también hermano y vecino de Cumbres Mayores, aparece como propietario en 1846, recibidos por su herencia, pues serían sus hijos quienes transmitirán la propiedad a la familia De Córdoba. Tenía como administrador a Don Manuel de Córdoba y Torres, residente en Alcalá la Real, pero vinculado con Sevilla como administrador de posesiones y maritalmente. Esta relación entre los Suárez y los De Córdoba produjo el traspaso de la propiedad de una familia a otra; así hemos encontrado en una escritura pública donde se hace referencia a que Manuel compró a la familia de los Suárez las tierras de Baños de Ardales el 19 de julio de 1852.  La venta, previa subasta pública con cesión de remate por parte de Rafael Escribano, se hizo por un total 34.000 reales de los que en el acto  se entregan 17.000 reales y  los otros 17.000 reales en dos plazos: el primero de 10.000 reales a finales de septiembre de ese año y el segundo de 7.000 reales en junio de 1853, o lo que es lo mismo con hipoteca constituida en garantía de las 4.250 pesetas, (17.000 reales) y de las que debían satisfacerse 2.500 pesetas finales de septiembre de ese año y el resto en junio de 1853, tal y como figura como hemos dicho en escrituras posteriores. Los vendedores fueron los hermanos Suárez, hijos de Miguel Suárez y Rosa Elena Ventura Barriga, en concreto Félix Suárez Barriga, natural de Cumbres Mayores, en representación de sus hermanos Miguel, Diego, Amparo, Juana y Esperanza. Se recoge en la expresa escritura: “…luego de cómo se constituyó en esta Ciudad y visitó los predios que corresponden a expresados Señores entre ellos una posesión nombrado a los Baños de Ardales, sitio de Fuente Álamo de este término con agua propia y casa de teja con veinte y cuatro habitaciones, determinó sacarlas a subasta pública como medio que podía proporcionar mayores  ventajas, accedió al efecto a este Juzgado oportuno escrito en el que interesaba la admisión de la subasta, la fijación de edictos y el señalamiento de día para el remate….

 La finca estaba grabada con un censo a favor de Propios del Ayuntamiento de Alcalá la Real que fue redimido en 1857.

Con estos datos sabemos que los hijos de D. Miguel Suárez que habían recibido por herencia de éste el Balneario, fueron los últimos propietarios de la familia Suárez antes que la propiedad pasase a la familia De Córdoba.

 Esto ocurrió como hemos dicho el 19 de julio de 1852 cuando compareció D. Feliz Suárez y Barriga, vecino de Cumbres Mayores y residente en esta ciudad y dijo que sus hermanos D. Miguel, D. Diego, Dª Amparo, Dª Juana y Dª Esperanza Suárez poseen por el título de herencia de su Sr. tío D. Joaquín diferente fincas radicados en este y otros términos, la cuales por justa causa determinaron vender y al efecto consideraron a su hermano Feliz, para que en su nombre y como interesados practicara las gestiones oportunas. Aceptado el expresado encargo y deseando obtener en la proyectada enajenación los mejores vendedores, se constituyó en esta Ciudad y visitó los predios que corresponden a expresados Sres., entre ellos una porción nombrada los Baños de Ardales, sitio de la Fuente del Álamo, con agua propia y casa de teja con veinte y cuatro habitaciones. Determinó entonces sacarlas a subasta pública como medio que podía proporcionar mayores ventajas; acudió al efecto a este Juzgado con el oportuno escrito en el que interesaba la admisión de la subasta, la fijación de edictos y el señalamiento de día para el remate. Accedido a ello, tuvo efecto dicho remate en el día 16 de junio anterior a favor de D. Rafael Escribano de esta vecindad, quien fue el mejor postor de los expresados Baños en 36.500 reales y con las cualidades de poder ceder y de que de dicha suma se dedujera los gravámenes que afectasen a las fincas. Los seis hermanos le facultaron para que formalizase la oportuna escritura de venta mediante poder otorgado en Cumbres Mayores el 4 de julio de 1852, los hermanos y los maridos de las hermanas D. Hermengildo Espinosa de los Monteros, marido de Dª Esperanza, y también compareció el Licenciado D. Narciso Suarez en la ciudad de Sevilla. Poder para vender  o permutar todas la fincas rusticas, urbanas, censos y diezmos que les pertenecen y puedan corresponderles como adjudicatarios a su difunto padre en las particiones del caudal quedado por el fallecimiento del presbítero D. Joaquín María Suarez, provisor que fue de la Abadía de Alcalá la Real, cuyos bienes radican en esta ciudad y en las villas de Priego, Zamoranos, la Almedinilla, Fuente Álamo, Fuente Tójar y otras.

Por lo que, D. Feliz Suarez por sí mismo y en nombre de sus hermanos otorgó tanto en su propio nombre como en nombre de sus hermanos y vendió y dio en venta real y enajenación perpetua  a D. Manuel de Córdoba vecino de esta ciudad, a quien Rafael Escribano había cedido el remate a la que corresponde un canon de 7 reales a favor del Caudal de Propios que el comprador satisfacerá desde ese día en adelante y por la cantidad y plazos antes dichos.

 


Documentación y Bibliografía:

- https://www.familysearch.org/search/catalog

-Escritura pública de poderes otorgados ante escribano  D. José de Solá y Hernández el 14 de octubre de 1815 y el 2 de diciembre de 1816.

-Guía del Estado Eclesiástico Seglar y Regular de las Españas para el año 1822.

-Escritura pública otorgada ante el escribano D.  Felipe José Núñez y Ortega el 2 de enero de 1821. 

-Escrituras públicas otorgadas ante el escribano D.  Domingo Antonio Sáenz de Tejada el  6 de mayo de 1821, 14 de agosto de 1821  y 30 de diciembre de 1822.

-Libro de Acta del AMAR de 29 de diciembre de 1824.

-Escritura pública otorgada ante el escribano D. José de Solá y Hernández de 7 de marzo  de 1825.

-Escrituras públicas otorgadas ante el escribano D. José García Ibáñez de 26 de septiembre de 1829 y  7 de octubre de 1831

-Escritura testamentaria ante el escribano D. José García Ibáñez de 3 de enero de 1833

-Escritura pública de 19 de julio de 1852 ante el escribano D. José Antonio Núñez.

-“Baños de Ardales de Fuente Álamo”  Domingo Pérez Pérez. 2016

-Otra escritura pública de 24 de septiembre de 1844

-“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar”, Volumen VIII, Edición de 1830,   Pascual Madoz

- “Notas para la Historia de Alcalá la Real” Antonio Guardia Castellano. 1913. En las páginas 253-258



[1] Hemos realizado gestiones en el pueblo natal del protagonista de esta historia para conseguir su acta de nacimiento pero no ha sido posible obtenerla a día de esta publicación. Así mismo hemos tenido algunas limitaciones de tiempo en cuanto al acceso de archivos eclesiásticos que nos hubiese situado más concretamente en el espacio y tiempo. Por ello este trabajo siempre estará abierto a ser ampliado.

[2] Pleito para que se restablezca en Xerez la antigua Silla Asidonense entre Cabildo de  Jerez y la iglesia colegial  y Ayuntamiento de Jerez contra  y Arzobispado de Sevilla cabildo de la iglesia metropolitana y Ayuntamiento de Sevilla de 1783, aparece como testigo Joaquín Suarez, presbítero de 66 años, aunque no está contrastado que se trate de la misma persona.   

 [3] En cuanto las ideas políticas de Don Joaquín Suárez quedan claras leyendo a Antonio Guardia Castellano en “Notas para la Historia de Alcalá la Real” 1913. En las páginas 253-258 dedicadas al Iltmo. Sr. Don Fray Antonio Sánchez Mata, nombrado en enero de 1827 como nuevo Prelado en la Abadía de Alcalá la Real, intenta justificar el arresto del referido Prelado en agosto de 1835 por la Suprema Junta Revolucionaria de Málaga y trasladado temporalmente a Melilla por las supuestas quejas entorno a las actuaciones políticas y morales del Sr. Suárez. Guardia Castellano piensa que el nombramiento como Provisor que este Prelado hizo recaer en el presbítero Don Joaquín Suárez considerado como “carlista furibundo”, se hizo sin atender las indicaciones del Ayuntamiento, que incluso en acuerdo de 19 de enero de 1833 se le pidió que lo removiera del empleo, sin que se hiciese caso, y ello pudo crear rencores. Construye un relato entorno a la figura de D. Joaquín Suárez, como el mismo reconoce, en base a indicios, para lo cual utiliza expresiones como “parece ser” que el referido provisor era un agente activo de la causa del Pretendiente y su casa  era un foco de conspiración carlista. Sin embargo esos indicios los documenta en base a los acuerdos municipales de 7 de mayo de 1833 y 3 de noviembre de 1835 en los que queda acreditado que el Sr. Suárez profesa a los Señores Regidores una enemistad manifiesta y se le acusa de hacer propaganda electoral y política seduciendo a sencillos e ignorantes labradores para el triunfo del rey carlista. Más concretamente en la sesión municipal de 25 de enero de 1837 se dice: “ que Don Joaquín María Suárez, auxiliado de sus parciales, a la vuelta del régimen absolutista, y en los primeros días del mes de julio de 1823, arrancó tumultuosamente y con la mayor ignominia la lápida de la Constitución, signo de nuestro sistema, y arrastrándola con una cuerda, fue conducida hasta sus últimos fragmentos a un calabozo de la cárcel pública, de cuya cuerda tiraban algunos capellanes que después se dedicaron a insultar y perseguir a los desgraciados patriotas y de las disueltas Milicias Naciones, etc.”  También nos dice Guardia Castellano, que la opinión señala con el dedo, “aunque sin pruebas”, al Cura Suárez de dos hechos delictivos, uno, ocurrido el 11 de enero de 1822 en que apareció el retrato de Fernando VII destrozado a golpe de espada o bayoneta y el otro el 1 de julio de 1822 que aparece la lápida de la Constitución embarrada con humano estiércol, roto el marco y con un letrero que decía “Viva el Rey y la Religión y muera el que quiere Constitución: Rey queremos”.

Guardia Castellano considera a Suárez como un personaje siniestro y protegido por el Sr. Obispo-Abad durante el periodo de 1823 a 1835 pues “había procurado manejar todos los negocios públicos y colocar en cuantos destinos había en la Ciudad y su Abadía a sus parciales y amigos persiguiendo a cuantos no sucumbían a sus ideas” y que “en los primeros albores de la libertad se había fugado de la Ciudad, para eludir la orden de prisión y captura que no había podido elevarse porque se le había avisado. Todo ello alcanzando a la venerable figura del Obispo-Abad, por lo que alguien pudiera acusarle con razón o sin razón, de favorecer la causa del Pretendiente, contribuyendo con las rentas de la Abadía al sostenimiento de la guerra civil en las provincias del Norte. Sin embargo Guardia Castellano indica que no ha podido hallar un dato concreto que venga a afirmar su hipótesis y el hecho de que Obispo-Abad  D. Antonio Sánchez Mata fuera detenido en agosto de 1835.

[4]Las presas o azudas de estos molinos eran conocidas como “paradas, en relación a la retención de aguas justo antes del molino.

 

    SIEMPRE NOS HEMOS PREGUNTADO DÓNDE ESTARÁ LA COLUMNA AL PARECER DE ORIGEN ROMANA QUE SOSTENÍA EL BALNEARIO PROPIAMENTE DICHO. 

martes, 1 de julio de 2025

EL SUPLEMENTO DOMINICAL “LA SEMANA” DE DIARIO JAÉN HABLA DE FUENTE ÁLAMO

 


El artículo del historiador y colaborador  Santiago de Córdoba Ortega publicado en el Suplemento dominical “La Semana” del  Diario Jaén el pasado 15 de junio,  me he dejado sorprendido por la presentación y maquetación tanto del texto como de las imágenes seleccionadas. 



Una página completa, con lo difícil que es publicar cualquier línea en prensa escrita. Aunque aquí os presento la versión digital.





En cuanto al contenido de la colaboración poco puedo decir o nada, está también expresado que si digo algo puedo estropearlo, sólo que todas las letras e imágenes impresas en el mismo son muy acertadas y no porque sean halagos a Fuente Álamo y a mí como divulgador de su historia, sino porque dicen la pura verdad y la expresan de esa manera tan especial que le  sale a Santiago del corazón y del amor que tiene por nuestra aldea.


Este artículo suma un punto más al trabajo que llevamos haciendo para poner a Fuente Álamo en el contexto mundial.


Mis felicitaciones a Santiago, Diario Jaén y a todos los fuentealameños.