domingo, 4 de enero de 2026

FUENTEALAMEÑO DE LEY, AHORA FUERA DE LA JUSTICIA

 

En Granada, a 22 de diciembre de 2025. Sumario instruido por la comisión de un delito continuado por hechos cometidos durante una vida profesional de 36 años, que van conexos a otros actos personales, familiares o similares (amigos), en el que el acusado se confiesa culpable.

 

Pide  perdón a todo aquel compañero, jefe, profesional o justiciable, asumiendo las responsabilidades por los perjuicios causados, en todo caso por imprudencia u omisión, nunca dolosamente y fruto del estado de inimputabilidad o semi-enajenación que produce el estrés laboral o la fuerza mayor, que a veces, nos anula y hace que solo nos veamos a nosotros mismos.

 

En todo caso, pide a sus señorías que sean benévolos y le apliquen alguna eximente o atenuante por el estado de reciente  jubilación.

 

De todas formas cree que se va con la satisfacción del deber cumplido, de haber sido profesional en el trabajo y humano en el trato, al menos eso cree, pero lo deja a vuestro juicio, de quienes tan agradecido y orgulloso está por haberle enseñado tanto y por vuestra paciencia.

 

 

 

Juro o prometo decir la verdad y toda la verdad.

  

 

I PARTE.- INICIO. JUZGADO DE LO PENAL Nº 2 DE JAÉN.


Juro o prometo el cargo de Agente Judicial el 16 de junio de 1990, solicitando seguidamente el permiso de  servicios especiales por prestar el Servicio Militar Obligatorio. Realmente fue fuera de plazo, el 17 de junio, en la mili uno no se entera de nada. Debo agradecer al Secretario sustituto el detalle de falsear la fecha, de lo contrario quizás me hubiesen dado por renunciado al cargo o hubiese tenido que tomar posesión en Madrid en el Ministerio de Justicia.

Casi un año después el 28 de mayo de 1991, una vez licenciado, tomo posesión del destino que me correspondió por oposición en el Juzgado de lo Penal nº 2 de Jaén, situado en Puerta Barrera. Experiencia ilusionante y vivida con aquel compañerismo especial que produce los inicios de la carrera profesional, acompañado de dosis de inocencia, distensión en lo personal y celo excesivo en lo profesional. También alimentado del inconformismo por estar  ejerciendo una categoría profesional inferior a la titulación poseída.


Con Raimundo, Manuela, Joaquín, Pilar, Mari Carmen, Esperanza, y Emilia y nuestra Secretaria judicial Dª  María Luisa, con los magistrados D.

Fernando y D. José Antonio, di mis primeros pasos como Agente de la Autoridad en el ejercicio del cargo, o sea Agente Judicial, es decir, lo que algunos llamaban antes “Alguacil” o “Mozo del juez”.


Tenía el encargo de “guardar y hacer guardar la sala”, como si alguien quisiera robarla. Eso lo sabía hacer bien, pues en la mili estuve diez meses guardando una antena de Transmisiones en el Cerro San Miguel de Granada, como cabo primero de Ingenieros, nada más y ni nada menos. 

En aquella misión judicial  recuerdo algunas anécdotas:

- Creo que fruto de los nervios que produce subir a los estrados  o a causa de una traba en la lengua, un abogado de Martos le solicitó a Su Señoría el turno de palabra: “Con la venia de su Señorita”. El Magistrado quedó sorprendido y le dijo que era la primera vez que le cambiaban el sexo.

- Una vez finalizado el acto de juicio oral y justo al pronunciar S.Sª.:¡¡Visto para sentencia!!, eso sí, sin martillazo, se derrumbó el banquillo de los acusados y cayeron al suelo varios tablones con un ruido que sorprendió la silenciosa sala. La suerte fue que el acusado estaba en rebeldía, de lo contrario de indemnizar podría haber sido indemnizado por funcionamiento anormal de la justicia.

 - En un juicio por “estafa de la estampica” o “toco mocho”, finalizado el acto, el juez nos comentaba que tenía sus dudas sobre a quién debía condenar, si  al estafador o al estafado por avaricia. Aunque este tipo no era penalmente perseguible.


 - En una vista oral un letrado le insistió con tanta rotundidad a su cliente con la expresión hecha y no comprensible para el común de los mortales: ¡Diga si no es más cierto! refiriéndose a que si había estado en el lugar de los hechos, respondiendo el acusado, que sí era cierto. Por lo que más que echarle un cable, le echó un ancla con estas palabras tan enrevesadas del argot judicial.

- Pude contrastar in situ con el Secretario del Juzgado de lo Penal nº 1 la veracidad de una noticia que se había publicado en Diario Jaén, que decía que en los servicios de los Juzgados de lo Penal había jeringuillas usadas de inyectarse droga y di fe de que el Secretario con sus propias manos enguantadas las sacaba detrás de la cisterna del váter. Siempre nos quedará la duda de donde partió la fuente de información.

- Mi primera “Diligencia de calle” fue la notificación de sentencia a un condenado por malos tratos, para lo cual, redacté tal cual: En Jaén a… “Yo el Agente Judicial me constituí en un puestecillo con ruedas de venta de artículos variados para niños…, recuerdo que le entregué el papel con varios meses de condena y multa, y me quiso regalar un juguete, a lo que accedí previo pago, que espero que le sirviera para el pago de la multa, pero quien hizo buen uso del regalo fue mi hija Ana, que tenía un año de edad y  disfrutó de su “correpasillos con palo”.

- Jaén era por entonces, ahora no sé, ya que no he vuelto después de más de treinta años, un pueblo grande, y era normal que por sus calles te encontraras a los justiciables reincidentes. Así un día,  un tal Donoso Cámara, me preguntaba que cuando tenía su juicio;  otro día de Semana Santa observaba en la Procesión del Abuelo a un conocido con la tentación de la sustracción; o cuando visitabas en la  Prisión Provincial de Jaén ubicada al final de Paseo de la Estación, que por cierto cerró ese año de 1991,  te decía un condenado al “requerimiento de pago” que él era “indigente” o “disolvente” para no hacerse cargo de la multa impuesta o de las responsabilidades exigidas.

- Para las Diligencias de calle, en los barrios conflictivos como la Magdalena, íbamos dos Agentes de la Autoridad, como la guardia civil en pareja, a quienes nos identificaban desde abajo a voces diciendo: ¡Qué suben los de la lavadora!,  que sería la contraseña que tenían para que no quedase ningún justiciable sin advertir nuestra presencia. Yo no vi ninguna lavadora en aquel barrio con tantas necesidades.


- De poca confianza fue aquel día en que ningún compañero fue capaz de advertirle a la Secretaria judicial, nuestra jefa, que al salir del servicio se había dejado la falda pillada por detrás con los pantis y que no debía de pasearse por la sala con medía falda alzada. Siempre me quedará en el debe no haber cumplido con aquel deber.

Fue un tiempo en el que la solemne frase que más repetí fue: “Yo, el Agente Judicial, me constituí…” con la que comenzaban las Diligencias de Citación, Notificación, Emplazamiento… que también por las tardes intentaba enseñar a redactar a mis alumnos en la preparación de oposiciones.

Cerré esta etapa el 3 de enero de 1994.

 

II PARTE. CERTIFICACIONES. REGISTRO CIVIL DE GRANADA (JUZGADO DE 1ª INSTANCIA Nº 5 DE GRANADA)

 


    Como regalo anticipado de Reyes Magos, el 4 enero de 1994, me traslado por concurso al Juzgado de Primera Instancia nº 5 de Granada (Registro Civil de Granada), donde permanecí  un año y nueve meses.

Fue una etapa breve pero también muy enriquecedora, donde tomé contacto con antiquísimos y empolvados libros de inscripciones de más de un siglo (1870). Tuve entre mis manos los libros donde estaban inscritas la muerte de Federico García Lorca por arma de fuego, o el nacimiento del cantautor Carlos Cano, y que en varias ocasiones nos solicitó quien decía ser su padre mediante cartas acompañadas de recortes de prensa, remitidas desde una residencia de ancianos en Lucena. Se presentaba como un mago que sus compañeros no creían ser quien decía.

Era aún un Registro Civil donde quedaban reminiscencias pasadas de dejar sobre el mostrador el pago por el servicio prestado, y a lo que nos oponíamos, a veces sin éxito y donde había un señor que “caritativamente” rellenaba la solicitud de petición a los que no sabían ni poner su nombre.  También, en una ocasión, la cayada o bastón de un administrado sonó o bailó en aquella barra sin cristales. Era usual que al pedir una partida por  correspondencia no solo se metieran los sellos de franqueo sino también algún billete español o extranjero. Me sirvió para aumentar mi colección de sellos matasellados, no tuve la suerte de abrir ningún sobre con  billetes, bueno, uno sí de 50 francos franceses que aún conservo.

Era un trabajo en equipo, el mío casi exclusivamente mecánico, fotocopias de libros, y en alguna ocasión de búsqueda en el archivo, para lo cual tuve que aprenderme el nombre de todas las iglesias de Granada y su ubicación, pues para determinada época (antes de 1974) donde existían tres Registros civiles en Granada, la parroquia de bautismo te llevaba al registro  de inscripción y por tanto al libro del registro. Esto me sirvió para aprender cultura monumental granadina; ya no era turismo a pie de calle, sino turismo virtual o mejor dicho en papel. Una vez localizada la inscripción  tocaba la confección mecánica de certificaciones de partidas de nacimiento, defunción, matrimonio. También expedíamos libros de familia e inscripciones de defunciones y eventualmente de nacimientos. Así tuve el honor con mi propio hijo Domingo, un 29 de abril de 1995, estampándolo con mi puño y letra en uno de aquellos libros.

- En un artículo de Ideal sobre el origen de los nombres, me volvieron a renombrar o bautizar  en el titular de la foto, junto a mi compañero José Luís Morillas, como: “Don Lucifer y Don Tigre”,  aludiendo a la posibilidad de inscribir como válido el nombre de Tigre, al igual que León, que tantos Papas había en la Iglesia, como el actual. También el nombre del demonio “Lucifer” ó Lucas-Mefístoles que por error pusieron a un inscrito bien nacido.

- Vi algunos expedientes de rectificación o cambio de nombre, como  aquella chica, llamada Vanessa, que al solicitar una partida para DNI, quedaba sorprendida al comprobar cómo estaba inscrita, pues sus padres debieron pronunciar mal el nombre que verdaderamente querían para su hija y dijeron: “Va-eza” con ese ceceo tan de pueblo granadino y el escribiente debió entender “Baeza” y así la recogió en el acta.

 -También aquella mujer que presentaba escritos solicitando insistentemente y frustradamente que quería cambiarse de nombre, argumentando  que en el pueblo había otra que se llamaba igual y que una de las dos sobraba en el pueblo.

- Comprobé otros errores de inscripciones y cómo se había registrado la defunción del médico, que era quien certificaba, en lugar del difunto, quien anduvo un poco  tiempo más vivo a efectos legales y el médico mientras tanto en el hoyo. 

- Un administrado fue a solicitarnos su partida de nacimiento, y a nuestro requerimiento de que nos dijese su fecha de nacimiento, nos contestó de forma brusca,  que la buscásemos nosotros, que para eso estábamos allí, y que él y otros como él  eran los que nos pagaban, a lo que mi compañero, le solicitó que le subiera el sueldo, que lo teníamos congelado.

Mis compañeros de certificaciones eran Manolo, Lucía y Juan Carlos.

Siempre tendré un buen recuerdo de mis jefes, el Magistrado D. Enrique y el Secretario D. José, a quien en alguna ocasión, fuera de horario de trabajo,  fui a buscar al bar de enfrente para que me firmase una certificación urgente.

En plantilla estábamos veintitantos, entre el departamento de Civil y del Registro Civil. Recuerdo a todos mis compañeros con cariño, algunos como José Manuel del Barco, que ya nos ha dejado, o Aurora; Alfonso, María Pía, María José, Jorge, Ana María, … o  María Jesús y su generosidad con los necesitados y “los chicos de la barra” como nos llamaban los jefes. En otro departamento estaban las compañeras de expedientes: Paqui, Encarnita, Marian y Belén. Después mi destino estaría en Almería.

 

III.- PARTE. FASE DE INSTRUCCIÓN.  JUZGADO DE 1ª INSTANCIA E INSTRUCCIÓN Nº 6 DE ALMERIA. (JUZGADO DE INSTRUCCIÓN Nº 3).


El 4 de octubre de 1995, por promoción al Cuerpo de Auxiliares de la Administración de Justicia, cambio de nuevo de capital de provincia y llego a Almería, en concreto al Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción nº 6, que se transformaría poco después de mi llegada en el Juzgado de Instrucción nº 3 de Almería. Fueron 7 años y 27 días de aprendizaje, de estrés, de inseguridad, de funcionario quemado, de juzgado de guardia casi permanente, de lentitud en el paso del tiempo, de miles de Diligencias Previas, de trabajo extra por las tardes sin remunerar, sin desayunos, (aunque esto fue tónica general en mi carrera profesional) y sin comidas de Navidad, de compañerismo no sólido, de responsabilizarte a ti de lo malo y de vanagloriarse otros de los logros, de jefes autoritarios y poco asertivos y menos empáticos, que decían que si querían tomarse una cerveza lo hacían con su mujer, de falta de confianza, hasta el término de ofrecerme la posibilidad de no tomar posesión si no me consideraba preparado para el cargo. Sin embargo, pude demostrar en menos de un mes, a costa de mi salud emocional y falta de autoestima, que estaba sobrado (creo); aunque el nuevo puesto ya requería conocimientos bastantes en mecanografía, que al ser de promoción, no era mi fuerte. Si a todo ello, le sumamos que al poco tiempo de mi llegada me robaron, frene a la tapia del Cuartel de la Guardia Civil, un flamante Volkswagen Golf, del que no tuve noticia ni indemnización, tenemos el cóctel prefecto para pensar para qué había ido yo a Almería. Después, el tiempo me demostraría que no me equivoqué.

Tiempos en donde mi eslogan era: “para que el trabajo no te domine,  tienes que dominarlo tú a él”, aunque me estaba engañando y lo que realmente  producía era un sobre esfuerzo para ir al siguiente día medio relajado y poder planificar el trabajo que nunca salía como habías planeado, y realmente aquello nunca se acababa y cada vez había más Juicios de faltas, Diligencias previas, P.A. y Sumario Ordinarios.

A mitad de mi llegada el diazepan me dio otra vida, pues la motivación, la inseguridad por donde caminaba y el nerviosismo, me llevó a no coordinar lo rápido que se debían golpear las teclas de la máquina de escribir.

Fueron tiempos de continuos cambios y modernización de los mecanismos de trabajo, pasamos en poco más de un lustro (1996-2001) de corregir textos con el borrón de tipex, hacer copias con papeles de calco o teclear en las últimas Olivetti y con ese “tableteo” que tanto molestaba a aquel juez, hasta utilizar un programa informático con base de datos (Adriano) e impresora, conectado a un servidor. Entremedias tuvimos las primeras máquinas de escribir eléctricas o un programa informático básico con solo tratamientos de textos, que al cerrarlo su última palabra era “login”, y yo que no era de inglés, entendía que ya me podía ir a casa, o al menos con eso bromeaba cuando comentaba con mis compañeros que me iba a poner en login.  

En aquel Juzgado tramité desde un Sumario Ordinario por asesinato hasta una falta de daños porque un perro que se había meado en una prenda de un puesto del mercadillo de Regiones.  Curioso fue el caso de nuestra clienta habitual Josefa, quien sustrajo un monedero en el Mercado Central y en el juicio oral lo negaba tan rotundamente diciendo que había sido la paya la que le quería quitar el monedero a ella. Eso sí pudo ser verdad, pero una vez que Josefa ya lo tenía en su posesión y su dueña quería recuperarlo. Pero no llegó a convencer al juez, seguramente por la escasa credibilidad y quizás porque Josefa no llevaba nunca monedero,  lo que sí llevaba siempre era un carrillo sin  bebé abordo, y tres o cuatro churumbeles a su alrededor. También era habitual una podre señora que iba a denunciar a un hijo que decía que era “cuchifrénico”.

Como he dicho, fue una etapa de aprendizaje, que me llevó a realizar funciones que no eran propias de mi cargo, como  sustituir al Secretario judicial en Sala en una ocasión y otras a las que me negué, alegando posibles nulidades. En otra ocasión volví a usurpar, por imperativo, las funciones de secretario judicial en una declaración a un detenido contagiado de SIDA e ingresado en el Hospital Provincial, donde se trasladó la Comisión Judicial compuesta por S.Sª, el Letrado de la defensa y yo el fedatario usurpador, que tenía que dar fe de algo esperpéntico: la comisión judicial  nos ataviamos con plásticos en cabeza, cuerpo, pies y manos, en el pasillo de la habitación hospitalaria. Nos situamos estratégicamente protegidos, el juez al principio del pasillo, en zona intermedia el letrado Solís, en la puerta de la habitación quien dice que daba fe y el justiciable en una cama al fondo de la habitación, alegando a voces que él no había hecho nada, y como no cesaba de gritar, de pronto siento una voz del otro lado del pasillo: “Dígale que se calle, que le voy a poner en libertad”. Lo que no supe es si pudo salir del hospital.


Fueron tantas anécdotas que es difícil relatarlas todas. Algunas me impactaron, como el  caso de la señora  que fue al Juzgado a poner una denuncia contra Sevillana porque le cobraban mucho en el recibo de la luz, después de recogerle la denuncia durante casi una hora, pero al no tener la solución inmediata, y en señal de protesta sin saber yo lo que hacía, se quitó las medias y ató con ellas sus pies a los pies de la silla donde estaba sentada. Después pude comprobar que no estaba bien síquicamente. Las súplicas de la mujer continuaban y una vez se desató, se tiró al suelo. S.Sª nos dijo que cuando cerráramos ya se iría. Se localizó a la familia, la cual se hizo cargo.

Vi como un justiciable (Escamilla) una vez puesto en libertad se llevaba del propio Juzgado (oficina de Procuradores) una cabinilla telefónica con sus monedas, arrancándola de la pared, y alegando, a requerimiento de una compañera que lo había reconocido, que se la llevaba para repararla. Eso me llevó a pensar que podría haber más ladrones dentro que fuera. También  siempre pensé que “si no hubiera chorizos, que íbamos a comer los funcionarios”.

Tiempos de los que también guardo buenos recuerdos tanto de jefes como de compañeros: María Dolores, José Saldaña, y especialmente al equipo de Penal o Instrucción, José María, Carmen, Cecilio, Miguel Ángel, Antonia, Isabel, Juanma,  Rosa o Fernando Yanguas, a quien todavía debo una disculpa como algunos otros, aunque creo que ya no será posible dárselas. También de los que vinieron después como Amador, Manoli, Pilar, Mari Ángeles, Luisa, José Antonio o Juan Carlos, quien no pudo resistir la presión de las guardias y el estrés y abandonó el trabajo para irse al campo. Al menos eso decía, aunque intenté convencerle de lo duro que era el trabajo en el campo; afortunadamente luego me enteré que volvió a justicia. También de  los que se dieron de baja o pidieron traslado y me dejaron al final solo con José Antonio para hacer el alarde de cese del Magistrado, que fue casi a la vez que la mía.

 

IV. PARTE. FASE INTERMEDIA. JUZGADO DE INSTRUCCIÓN Nº 2 DE ALMERIA.


Siempre lo recordaré como un hecho insólito y que quizás nunca se haya producido en la Administración de Justicia el día que trabaje en tres Juzgados en la misma jornada: el 31 de octubre de 2002.  Ese día, nuevamente por promoción interna, ascendí una planta del edificio de la calle Gerona y de paso al cuerpo de Oficiales de la Administración de Justicia. Entre las 8 de la mañana y el medio día estuve en el Juzgado de Instrucción nº 3, que por cierto dejé el armario a cero expedientes en tramitación, para lo cual requerí al Secretario Judicial, quien lo constató, pero no me felicitó. Entiendo que era mi obligación. Sobre las 12 horas tomé posesión del nuevo destino en el Juzgado de Instrucción nº 2 de Almería y directamente pase a tomar contacto con el negociado. La jornada de la tarde la dediqué al Juzgado de Instrucción nº 1 de Almería, donde llevaba unos meses de refuerzo.

En el nuevo Juzgado con la seguridad adquirida por  la experiencia laboral y avalada por los nuevos jefes y compañeros, cogí confianza en mi trabajo y autoestima en lo personal,  asumiendo responsabilidades que siempre eran respaldadas por los que tenían que firmarlas. Como siempre ha sido tónica en nuestra trayectoria laboral,  hemos ido asumiendo funciones que nos delegaban y que en la mayor parte de los casos no nos correspondían, como declaraciones a los imputados…  

En este Juzgado se tramitaba en aquel momento un caso de envergadura como el envenenamiento de la niña de Los Almendricos, que tanto impactó a la sociedad almeriense. También me sobrecogió cuando me contaron que poco antes de mi llegada, un detenido que prestaba declaración intentó clavarle al magistrado el abre cartas que tenía sobre la mesa, cosa que no consiguió por la intervención rápida de la policía de conducciones.

 El 1 de enero de 2004 los Oficiales de la Administración de Justicia pasamos a ser Cuerpo de Gestión Procesal y Administrativa (Grupo A-2), lo que suponía solo un aumento de sueldo y categoría profesional. Antes, en 2003, nos trasladaron desde la calle Gerona a la nueva sede judicial en la calle Canónigo Molina Alonso. Pasamos de convivir con las palomas a ver desde grandes cristaleras un parque lleno de verdes árboles y fuentes, desde donde pude visualizar a un justiciable ilocalizable tranquilamente tomando el sol y que inmediatamente solicité a la policía que amablemente lo acompañaran a sede judicial y así se hizo.

El trabajo se informatizó, la Diligencias Previas iban en aumento, a 11.000 llegamos un año, aunque la mayoría fueron “archivadas en la papelera de su razón”, la pateras también entraban cada vez más, las guardias cada 6 semanas al crearse el Juzgado de Instrucción nº 6. Tramité muchas causas secretas con intervenciones telefónicas que duraba años la instrucción y fase intermedia.  En aquellos años todavía coleaba el Caso Asensio, y una ramificación me tocó: la muerte de su ex guardaespaldas a cargo de uno de los hijos del empresario almeriense, quien una vez puesto en libertad provisional venía a presentarse ante el Juzgado y se sentaba frente a mí, y me comentó que le había ocurrió aquello porque le provocaron y yo le contesté que a mí no me hubiese ocurrido, puesto que yo no llevaba pistola. 

El magistrado D. Andrés Vélez, que en paz descanse,  fue condecorado con una medalla de la Policía Nacional, el decía que aquella no daba dinero, pero nos hacía partícipe de esos logros, y las invitaciones a los actos y comidas eran extensibles a los funcionarios. Eran tiempos en los que me ponía el “traje de luces” el día la Benemérita, pasando por los Santos Custodios (Policía Nacional) y me lo quitaba después la comida de Navidad. Recuerdo las comidas de empresa, que era donde dejábamos las tensiones del trabajo y realmente nos conocíamos los compañeros.

En 2006 llego una nueva magistrada y la confianza que me había dado el anterior jefe la perdí, y con ello dejé también de tramitar las causas de mayor complejidad. Nos llegó al Juzgado el “Caso Poniente”, contra la cúpula del Ayuntamiento de El Ejido, que tuvo sentencia finalmente en 2023, unos quince años después y que sin duda alguna repercutió en nuestro trabajo, a pesar de ser un Juzgado que iba medio bien.

Durante el tiempo que estuve en los Juzgados de Instrucción, tuve conocimiento de la fuga de tres presos en sede judicial, uno en la sede de calle Gerona, que salió como “Pedro por su casa”, le dejaron la puerta del calabozo entornada y sin echar el cerrojo, otro en Canónigo Molina, del que tuvimos noticia por la irrupción de un policía de conducciones en nuestra oficina, quien buscaba la llave de los servicios en vez del preso, quizás por quedársele el cuerpo descompuesto. El tercero en sede Carretera de Ronda, al que captaron las cámaras de seguridad saliendo por una ventana, tan tranquilo el tío.

También me convertí en héroe por un momento, pues en el rellano de la sala de juicios se engarzaron en el suelo dos jóvenes y ante la pasividad de los asistentes, entre los que había algún policía, instintiva e imprudentemente, cogí a uno de ellos y lo arrastré hasta una de las oficinas, mientras seguían intercambiando golpe, que uno me impactó en el brazo. Le cerré la puerta y se acabó el espectáculo, luego me fui a mi oficina y continué con mi trabajo, como si no hubiese pasado nada, para evitar después las testificales y pérdida de tiempo. No supe más en lo que acabó aquello, lo que sí sé es que allí no se pelearon más aquel día.


Estando en este Juzgado de sede Canónigo Molina Alonso, declarada aquella pandemia de la gripe A (2009)  por lo que al ir al Puerto de Almería a recibir declaración a los inmigrantes que venían en  pateras, una compañera prudente se puso mascarilla en prevención a las posibles enfermedades que podía traer los inmigrantes, los cuales la miraban con recelo por si la que pudiera estar contagiada era ella y no al contrario.

 También anecdótico fue cuando el fiscal me exhortaba a que quitara de la declaración su nombre para no mezclarlo con la chusma o cuando a este fiscal le llevaron los primeros ordenadores y ordenó que los retirasen de allí porque eran antiestéticos.

Mis compañeros al principio eran Amparo, Paqui, Antonio, Julia, Emilio, María Ángeles, María del Carmen (Meli), Pepi, después Montserrat, Isabel, Tomás, Paqui, Loli, Irene, Marisabel, María, Rafa, Paco Rajoy, Ángel, Lola o María Josefa y otros muchos a los que tuve que enseñar a “darse los lotes” con las Diligencia Previas, y que con mucho gusto que lo hacía, pues cuanto antes aprendieran mejor para mí y para ellos.

Durante este largo tiempo en un Juzgado de Instrucción, quince años, se me produjo cierta deformación profesional, en el sentido de que cuando iba por la calle veía a determinados individuos con cara de “Previas” o cuando escuchaba la alarma de una ambulancia, ya estaba pensando en un atestado para el día siguiente en la guardia. La Voz de Almería solía ser la antesala del Juzgado de Guardia, lo que hacía que antes de llegar ya sabíamos algunos de los “clientes” que iban a pasar por en la guardia.

 

V. PARTE. ACTOS DE FE PÚBLICA. JUZGADO DE 1ª INSTANCIA Nº 2.  JUZGADO DE LO MERCANTIL DE ALMERIA.


En este periodo de Instrucción nº 2 tuve dos paréntesis en 2008 y 2009 como Secretario Judicial Sustituto en el Juzgado de Primera Instancia nº 2 de Almería (6 meses en 2008) y en el Juzgado de lo Mercantil (2 meses en 2009).  Nueva experiencia y ahora verdadera responsabilidad avalada con mi firma. Era jefe de mis compañeros, quienes supieron respetarme. Ahora verdaderamente las actuaciones eran “Ante mi”. Fueron los últimos días en los que los Letrados de la Administración de Justicia todavía tenían presencia en las salas de audiencia. De todas formas no hacíamos gran cosa, más que dar fe de algo que se estaba grabando. En alguna ocasión la magistrada me pasaba notas en pósit, para manifestar su descuerdo con la extensión argumentaría del letrado en su exposición oral. También tuve mi momento de gloria televisivo y la grabación de las cámaras de sala me captaron al levantarme para separar a las partes que se habían engarzado en una discusión, con cayada o bastón de por medio.

Guardo especial recuerdo de la Diligencia de  Deslinde y Amojonamiento en Los Escullos en un día de ventolera en el Parque Natural de Cabo de Gata, donde S.Sª estaba más pendiente del impacto del viento sobre su falda, y yo además de que no volase el acta de la fe que estaba dando de todo lo que el viento se llevaba. Se amojonó a simple vista, porque en el acta nada se pudo anotar.

En el Juzgado de lo Mercantil tuve que soportar las extravagancias y rarezas del juez de turno, de tal manera que cuando íbamos en Comisión judicial (Juez, Secretario, Médico forense) a visitar a los incapaces para los internamientos, pensaba a veces que quien debía ser internado, a lo mejor, era el mismo a sí mismo. Lo que sí llevé muy bien fue el trabajo con la ayuda de mis compañeros, pese a que me propusieron un nuevo reparto de asuntos, de los que tengo buenos recuerdos de todos, como de los del Juzgado de Primera Instancia nº 2, que no voy a nombrar por la brevedad del tiempo que pasé con ellos.

 

VI PARTE.- SERVICIO COMÚN DE NOTIFICACIONES Y EMBARGOS DE ALMERIA.


Volví al Juzgado de Instrucción nº 2 de Almería, permaneciendo hasta octubre de 2010, dado que al haber perdido la plaza, me traslado al Servicio Común de Notificaciones y Embargos de Almería, y con ello dejé de llevarme mentalmente el trabajo a casa y liberarme de pensar en mis presos y en los que tenían “cara de Previas”.

En noviembre de 2010 tomé posesión y tras tres años en el Servicio de Presentación de Escritos, y el contacto diario, directo y amable con Procurador@s, donde las bromas y el buen ambiente se respiraba. Tuve de compañeros a Luis López Bustos, que al enterarme hace unos días de su pérdida me he quedado sobrecogido, a María del Mar, Julia, Paqui, Beatriz,  Ana,  Pedro y una “compañera” que me llevó, como castigo, de nuevo a la calle donde empecé y que me dio la oportunidad de recorrer  y conocer turísticamente la Almería profunda. Mi puesto de trabajo estaba en el Puche, Los Almendricos, Piedras Redondas, el Quemadero, y ocasionalmente en Pescadería o la Chanca que Juan Goytisolo había descrito y Pérez Siquier fotografiado. También conocí muchos pueblos de Almería: Huércal de Almería, Benahadux, Viator, Rioja, Gádor, Canjayar y todos los de la Alpujarra almeriense y zona de Tabernas y Sorbas, llegando incluso a Fiñana a 70 km. de Almería para hacer una simple diligencia, eso sí, previa adquisición de pan de leña y desayuno incluido.

Fueron días de perros, en el sentido material, pues en alguna ocasión tuvimos que salir por patas, aunque Juan Carlos intentaba apaciguarlos y mostrar serenidad y yo intentaba “quitarle tensión” a él para lo cual iba por detrás, haciendo que le mordía con mis uñas en su pantorrilla a la vez que imitaba el ladrido del can. Lo que no me esperaba el brinco que dio, que casi salta la valla. El perro no, Juan Carlos.  Con él tengo algunas anécdotas que contar, especialmente aquella notificación que la Súper Comisión realizamos en un concesionario de vehículos de alta gama en Huércal de Almería. En Comisión entramos los dos que no llegamos al metro sesenta, y de pronto vemos que la chica de la oficina se quedó parada al comprobar que detrás nuestra había otra persona. Al girarnos vimos que era nuestro conductor, que nos había seguido, y que apodaban “El Chiquitín”, pues rondaba el metro cincuenta. No todos los compañeros del servicio común éramos así de pequeños, estaba el malogrado Cecilio o Francisco que daban la talla.

También como dije anteriormente en los Juzgado hay más riesgo de robo que fuera de ellas y un día de frío me fue “subllevado” en la propia oficina un plumón que estrenaba y que la mejoría del tiempo quiso que no lo sacara de paseo. 

Estuve en dos Comisiones, la 5-6 y la 3-4 con  Ismael,  Manuel  y con José Alberto, en la  otra con Juan Carlos  y Fátima.

Siempre se ha dicho que la calle te enseña la vida, y nunca mejor dicho, fueron tres años de patearla materialmente, de dejar avisos de notificaciones debajo de una piedra,  de aciertos y errores en los lanzamientos y desahucios y entrega de posesiones. Una vez, por error del Procurador y los datos registrales, tras llamar a la puerta sin resultado, solo ladridos, abrimos la vivienda equivocada, y el perro que había dentro fue desahuciado y llevado por la Protectora de animales. Tuvimos que pedir disculpas al dueño y  entregarle la nueva llave de su casa;  la protectora  hizo lo mismo con el animal. Por suerte,  se lo tomó “bien” y fue compresible y el animal a penas sufrió maltrato sicológico por desahucio temporal sufrido.

La despedida fue a lo grande, no se esperaban que al año volviese, creo que jamás se había visto en el Servicio Común a todo el personal en el mismo acto de comunicación, lo normal es que estuviera cada uno escaqueado en su comisión, asistió hasta la Letrada de la Administración de Justicia, y jefa de personal. Mis mejores recuerdos para María del Mar, Encarna y Ángel (7-8), Vicente, Francisco, Cecilio (1-2) Fran, José Alberto, María (3-4), los ya recordados de mi comisión (5-6) y después (3-4) y los oficinistas Manolo, María Ángeles, Javier, Ángela y Salvador.

 

VII PARTE. FASE FINAL. JUZGADO DE LO SOCIAL Nº 6 DE GRANADA. JUZGADO DE INSTRUCCIÓN Nº 3 DE ALMERIA.

Como dice la canción de Miguel Ríos, casi 20 años después, vuelvo a Granada, fue en  octubre de 2016, al Juzgado de lo Social nº 6, a una plaza que no sabía que nadie quería y por eso me la dejaron a mí. Volvía a las andadas de la tensión, del mal rollo generalizado con la jefa, y que solo lo salvaba el compañerismo y la piña que hicimos frente al autoritarismo. Todo ello entre supuestas “bacanales”, denominadas así por la jefa, consistentes en tomar a media mañana un trozo de chocolate y poco más.

Fue un año duro, hasta que mediante comisión de servicios y por motivos familiares vuelvo a Almería y ahora como cantaba Manolo Escobar “tierra querida por mí”. Mi destino estaba en el mismo Juzgado donde comencé hacia  20 años, Juzgado de Instrucción nº 3, donde aún permanecían antiguos compañeros como Amador y Mari Ángeles, con la sorpresa de que se avecinaba una inspección del CGPJ, y cuando llegué al negociado casi tuve que saltar por encima de los expedientes para ocupar mi asiento. En cuestión de dos meses y más de una tarde como meritorio, puse al día la situación, y la Inspección me resaltó personalmente con nombre y apellido, cosa de la que no era partidario pero que tampoco fue a iniciativa mía.

 Volvieron las fiestas y las copas jurídicas del viernes. Eran una familia más que un grupo de trabajadores. Me hicieron la comida de despedida, aunque yo alegué que no era necesario, pues solo había estado un año y ya me había despedido una vez de Almería, contestándome que daba igual, que la iban hacer incluso sin mí, por lo que no tuve otro remedio que comparecer al acto, para lo cual prepare 6 folios de despedida, y que evidentemente no me dejaron leer.


De vuelta a las andadas, regreso a mi destino en el Juzgado de lo Social nº 6 una vez finalizada la comisión de servicio. Ahora ya con la situación más tensa, pues se había abierto injustamente expediente a tres compañeras y que afortunadamente no quedó en nada.  La situación se fue enrareciendo y la solución del conflicto acabó con la marcha de la juez, según ella por motivos personales y familiares.He hecho un reseteo mental y he borrado lo malo de aquella etapa.

Tras el tiempo de pandemia,  en febrero de 2021, por fin llegaron las aguas a su cauce y el Juzgado se convirtió en una balsa de aceite, pudiendo trabajar con cierta calma, seguridad y satisfacción del deber cumplido que me ha llevado a no querer en demasía la merecida jubilación. Ha sido la mejor etapa en lo laboral de mi vida, donde por fin iba sobrado en el trabajo y aquel eslogan de dominar el trabajo para que no te domine a ti, ya no tenía sentido. Este Juzgado ha sido mi cementerio de elefantes, mi paz y mi retirada digna de la profesión y creo que merecida. Siempre echaré de menos a mis primeros compañeros, Juan Miguel, Lola, Carmen, María Ángeles, Leticia, y Nati. También a los que vinieron después: Miguel Ángel, María Ángeles, Javier Bertos, Rafa, Mari Carmen, y especialmente Nuria  o los magistrados Paco Benegas y Oscar, y los letrados Miguel Ángel y  Chema, y de los compañeros que me despido hoy, que sois vosotros: Nina, Laura, Antonio, Joaquín, Oscar, Emilia y Miguel Ángel, sin olvidar a mis jefas-compañeras que sois Pilar y muy especialmente a Isabel, por todos los momentos buenos y no tan buenos por los que ha pasado.

Pero también tengo algunas anécdotas, como aquella de un justiciable, pienso que de aquellos “indigentes” o “disolventes”, que como siempre pendían información en nuestro juzgado de donde tenían que ir, pero cuando le dijimos que aquello era un Juzgado del trabajo o para trabajadores, se quedó parado o sorprendido y dio inmediatamente media vuelta. Como si fuese alérgico al trabajo o más bien adicto a pensar para no trabajar, pues su destino estaba justo enfrente, en el Juzgado de lo Penal. También la de aquel letrado que llegó un día de lluvia y descargó sobre mi mesa, el paraguas, la cartera, la gabardina, el sombrero, vamos que le faltó quitarse los zapatos mojados y ponerlos encima de la mesa. A mi requerimiento del porqué, me contestó que si aquello era mío. Le dije que la mesa no era mía, simplemente la usaba, pero si alguna vez yo fuera a su despacho e  hiciese lo mismo, qué tal le parecería.


Es una etapa tan reciente que seguramente será analizada y valorada  mucho más y  profundamente con el paso del tiempo.

Ha sido tiempo de despedida laboral y “de lo social” y no personal, que me ha llegado el 22 de diciembre de 2025, día de la lotería personal y no nacional, que esa aún no me ha tocado y sí me ha caído la condena por despido procedente.

En Fuente Álamo a 5 de enero de 2026, un fuentealameño al que la justicia le dio la oportunidad de salir de su pueblo y de llevarlo como embajador oficioso por las ciudades de Jaén, Granada, Almería y nuevamente a Granada, donde tiene su retiro. Certifico.

 

 

 

Firmado: Domingo Pérez Pérez

 

5 comentarios:

  1. Domingo, he leído tu despedida “en forma de sumario” y, como buen fuentealameño de ley, has sabido convertir el cierre de una vida profesional en un ejercicio de humanidad y de humor: te declaras “culpable” de 36 años de oficio, pides perdón por lo que pudo quedar a medias —por imprudencia u omisión, nunca por dolo— y solicitas, con toda intención, que se te aplique la atenuante más justa: la de la reciente jubilación. Si me permites, yo también pido a “sus señorías” que sean benévolos y dicten una sentencia ejemplar: que te condenen a disfrutar de tu familia, a descansar con la conciencia del deber cumplido y a vivir sin guardias ni prisas, pero sin apagar la curiosidad que te ha traído hasta aquí.

    Porque si hoy sales “fuera de la Justicia”, ojalá sigas dentro de esa otra justicia más callada y necesaria: la de rescatar del olvido la memoria de los tuyos. Que no se archive, por tanto, la causa más hermosa: FUENTE ÁLAMO (ALCALÁ LA REAL), Blog para la reconstrucción de la Historia de una aldea olvidada. Que la llama siga viva, que continúen tus diligencias de la memoria —con tus anécdotas, tus nombres propios y tu manera de contar— y que esa jubilación sea, en realidad, un nuevo comienzo.

    Domingo, como dijo M.K. Soni, director ejecutivo y decano de ingeniería en la Universidad Internacional Manav Rachna en India: "Retírate del trabajo, pero no de la vida". Por tanto, a vivir y a cumplir nuevos sueños.

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  2. Amigo y compañero mío, ahora empiezas una nueva etapa, la de las " conclusiones ", la etapa del " fallo "esperemos que se dicte lo más tarde posible, pues como buenos españoles nos gusta disfrutar de la libertad.
    Y sí, amigo mío, los dos años y pico que trabajamos juntos juntos, en la Almería profunda y por los pueblos perdidos almerienses y no tan perdidos, de la misma, fueron excelentes y por lo tanto, inolvidables. ¡ Los echo de menos !.
    Pero todo tiene que seguir pa'lante, siempre, pa'lante, mirando hacia atrás, lo justo para saber qué seguimos vivos en un mundo que cada día se parece menos a aquél al que describes muy bien en tu despedida.
    Amigo mío, Domingo, disfruta de la " libertad condicional ".
    Desde aquí, un fuerte abrazo y un grito muy fuerte de ¡ Viva la amistad ! ¡ Vivan los hombres como tú ! y por último y lo más importante ¡ Viva la Libertad !

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    1. Muchas gracias, amigo y compañero, sabía quién eras desde que empecé a leer el comentario. Gracias por tus palabras cariñosas y cargadas de tanta razón, pues el trabajo a veces nos absorbe y nos quita cierta libertad, pero el trabajo en equipo, en nuestro caso en comisión, nos dio la oportunidad de fomentar esa amistad y yo también lo echo de menos, para mí está en la etapa de “conclusiones” que a modo de despedida laboral, pero nunca en lo personal, pues la amistad es eterna.
      Un abrazo

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  3. Nota: supongo que sabes quién soy, pero por si acaso, y viendo que no ha salido mi nombre al publicarlo, te digo Juan Carlos Linares, siempre amigo

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  4. **Antonio Esteban**
    Hola Domingo -- Enhorabuena por tu incorporación al club de los jubilados.
    Te deseo que lo aproveches, ahora que vas a tener todo el tiempo del que hasta ahora no te dejaba el trabajo. Saludos.

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