miércoles, 15 de abril de 2026

ALCAYDÍA DE LA TORRE DE FUENTE ÁLAMO. D. FERNANDO DE TAPIA.

   

 D. Fernando de Tapia y Castilla de la Cruz[1], Regidor perpetuo y Decano del Ayuntamiento de la ciudad de Alcalá la Real el 27 de mayo de 1815  solicita mediante escrito[2] al Rey (Fernando VII) a través del Ministro de Guerra el Excmo. Sr. D. Francisco López Ballesteros (que había sido quien estuvo al mando de las tropas españolas en la zona durante la ocupación francesa) le conceda un grado honorífico de:…., con fuero militar, y uniforme correspondiente a la Alcaydía de la Torre de Fuente del Álamo, afirmando que ya posee,  con extensión a sus sucesores y sin gravamen del erario y ello por su actuación o colaboración con las tropas españolas en la Guerra de la Independencia frente a los franceses. En su solicitud el Excmo. Señor D. Fernando deja en puntos suspensivos el grado honorífico que solicitaba, quizás en un intento de no sobrepasarse, ni tampoco de quedarse corto. Así lo hace constar: “o la distinción que más estime la Real beneficencia” y ello en relación a la Alcaidía de la Torre de Fuente Álamo. Lo haría con una sola intención: “a que únicamente aspiro para perpetuar en mi casa la memoria de unos servicios hechos a costa de tantos trabajos, sustos y sobresaltos como padecí entonces con mi familia por amor a S.R.P. y a la Patria”, refiriéndose a la ocupación francesa, que paradójicamente le había nombrado Corregidor.

    Su petición la fundamenta en un escrito de 3 ó 4 páginas, y en ella argumenta que cuándo le pidió el General Digeon, que estaba al mando de las tropas francesas de ocupación en Alcalá la Real, que le aportase dos hombres seguros bajo su responsabilidad, para que en la madrugada del 12 de septiembre de 1812 salieran por diversos puntos a observar la situación del General Ballesteros, al mando de las tropas españolas, Fernando le propuso a Francisco Fernández y a Félix de Arébalo, quienes marcharon con sus instrucciones secretas. El primero busca al General Ballesteros en Alhama para hacerle presente de lo ocurrido, pero sin encontrarle allí; y el segundo, Félix de Arébalo, vuelve la mañana del día 13, expresando que el General Ballesteros estaba en Loja, y sus tropas extendidas hasta cerca de Íllora. También dice que se había introducido con los soldados y había oído que venían a cortar el paso a los de Alcalá por los Quejigares. El  General Digeon creyó a Arébalo  porque lo expresó con su disimulada sencillez, y le regaló ocho duros. El General francés hizo reunir a los de su plana mayor, y llamaron a D. Fernando de Tapia para que les informara del sitio; lo hizo diciéndoles que era muy peligroso, y que si se verificaba el dicho del Sr. Arébalo, se aventuraba el equipaje acaso con pérdida de mucha gente por la espesura del monte y aspereza del terreno; y fue la resolución despachar una posta al Conde de Erlon que se hallaba en Martos con su división francesa, provista también de Artillería…

Con esta información malintencionada y falseada, se consiguió distraer a las tropas francesas, teniendo una importante participación el Sr. Tapia. Desorientaron al General francés al decirle que los soldados españoles venían a cortar el paso a las tropas francesas situadas en Alcalá la Real.

Si bien, la página Web de de la Real Academia de la Historia,  https://historia-hispanica.rah.es/biografias/48899-fernando-de-tapia-y-castilla, recoge: "Actuación que le valió el título de  "Alcaide de Fuente Álamo" en 1815 cuando Ballesteros ocupó el Ministerio de la Guerra"; y que también en el Acta Municipal del Ayuntamiento de Alcalá la Real de 1 de agosto de 1816[3]: “Se vio un expediente formado a instancia de Don Fernando de Tapia, regidor, por el que consta haver tomado la posesión de la alcaidía de la Torre de la Fuente del Álamo y el amparo que se le dio sin contradizión de persona alguna y por providencia de su señoría el señor corregidor se mandó el veinte y nueve de julio traer a este Ayto. para que hiziese notoria la citada posesión y amparo, y enterado acordó quedarlo y se guarden las regalías que por ello le corresponden”,  lo más cierto es que el título lo poseía, al menos en papeles, desde mucho tiempo atrás, pues mediante escritura pública del día 2 de agosto de 1794 ante el escribano D. Felipe José Núñez otorgó testamento D. Manuel de Sevilla[4], quien declara que es Alcayde de la Torre de la Fuente del Álamo por dicho inmemorial de sangre, cuyos papeles con otros respectivos a la hidalguía corresponden a su familia y los da en poder de su sobrino D. Fernando de Tapia.

Por los documentos analizados no hemos podido saber de quién heredó Manuel de Sevilla el título de Alcaide de la Torre de Fuente Álamo y como declara en su testamento lo tiene por “inmemorial de sangre”, queriendo decir que es tan antiguo que se ha perdido el recuerdo de su origen. Todo apunta a que le pudo venir de su tío paterno Bernabé de Sevilla Linares Alba (cirujano)[5], de quien recibió cinco vínculos, y que falleció sin descendencia nombrando heredero a su hermano Andrés de Sevilla Linares Alba y padre de Manuel, y que en el testamento otorgado por Andrés el 6 octubre 1739 ante el escribano D. Juan Miguel de la Guardia declara: “que cuando salió la nobleza de esta ciudad a el servicio de Su Majestad, D. Bernabé  de Sevilla Linares y Alba, su hermano, salió con los demás caballeros hijos Dalgos de esta ciudad con armas y caballo a su propia costa e hizo su campaña con todos los demás caballeros que salieron de esta ciudad para lo que presentamos a la ciudad nuestros papeles de hidalguía y se nos admitió por esta Muy Noble ciudad conforme a las órdenes de su Majestad por tales hijos Dalgos, y los referidos papeles que presentamos para este fin para otros varios en poder del dicho D. Juan Ignacio Navarro Malo,  mi yerno,  con otros asimismo de la nobleza y limpieza de la dicha Dª María Carrillo de los Ríos, mi segunda mujer y otros en poder de D. Fausto Alfonso de Ortega escribano de esta ciudad”.

Con esta declaración testamentaria Andrés de Sevilla Linares Alba, abuelo materno de D. Fernando de Tapia,  quiere poner de manifiesto que la familia pertenece a la hidalguía alcalaína que luchó en la Guerra de Sucesión a favor del rey Felipe V en 1706, e incluso a la nobleza por parte de su esposa.

El hecho de que D. Fernando de Tapia presente expediente ante el Cabildo de su toma de posesión de la Alcaidía de la Torre de Fuente Álamo el 29 de julio de 1816 se pudo deber, bien a que previamente la había perdido, o bien al acto de hacer visible su título honorífico y tomarlo materialmente, así como los demás títulos de hidalguía, pues por lo que hemos visto, ya poseía el título desde que lo heredó por testamento de su tío Manuel Sevilla en agosto de 1794, que se dio la hijuela.

Pudo haberlo perdido junto a los demás títulos de la hidalguía en el Cabildo celebrado de 15 de abril de 1801[6] que se decide no anotar en la clase de hidalgos otros que los ya anotados en anteriores actas, en base a la real ejecutoria de la Real Sala de Hidalgos de 20 de septiembre de 1790, que declaraba nulos y de ningún valor ni efecto las distinciones de hidalgos acordadas en los años 1768 y 1783, mandando que no se hiciese modificación en los mismos hasta la nueva resolución de dicho Regio Tribunal, que hasta la fecha no había recaído; y también la Real Ordenanza de Reemplazos de 27 de octubre del pasado año (1800) manda que no se anoten los hidalgos sino a los que resulten gozar de dicho estado, según los últimos padrones, que en Alcalá la Real parecen ser y entenderse el referido al año 1791. D. Fernando de Tapia protesta contra la resolución del corregidor, en concreto consultar a la Real Sala de Hijosdalgos, sobre si debe aplicarse su providencia (en la que también reconoce algunos títulos de nobleza por notorios) o la últimamente dada por el Real Consejo, que manda no se haga novedad en los últimos estados y padrones de 1768 y 1783. Así mismo protesta la novedad hecha por esta ciudad, en todos los caballeros hijosdalgos que han acreditado serlo y consta a la ciudad por notoriedad desde mucho antes del pasado año de 1752, pues como consta del capítulo primero, folio 41 de la Real Ordenanza en que se mandó que los hijosdalgos en los pueblos de su naturaleza que estén en el goce se mantengan en él sin hacer novedad. Y como en concepto de D. Fernando se deshace por este cabildo, causándole despojo y dando motivo a que empeñe en gastos y litigios, por lo que protesta y pide testimonio. Solicita la nulidad del cabildo y se le entreguen los papeles de los que hizo demostración y sobre los que nada se ha acordado. Asimismo siendo uno de los que se han excluido en este cabildo pide la nulidad del mismo porque entiende que lo que se trata de su interés y de sus parientes debe haber lugar, solicitando testimonio en pública forma que de fe para hacer uso de la superioridad correspondiente y  le devuelvan los papeles que presentó.

        En 1808 sigue reclamando sobre la posesión de hidalguía, así consta documentada en la Real Chancillería de Granada una Real provisión de 13 de febrero de 1808[7] de Fernando de Tapia y Castilla, vecino de Alcalá la Real, en el pleito con el consejo de Alcalá la Real, sobre su hidalguía. Alega que es una de las personas que por no haberse puesto en el Padrón de la única contribución que se hizo en el año de 1752 en Alcalá la Real, que para la Real Chancillería y para el Supremo Consejo se tomó conocimiento del estado de la Hidalguía de las familias en Alcalá la Real y se formó el padrón de Mag  y  se mandó que no se pusieran en él a D. Fernando hasta que acudiese a la Superioridad a hacer constar su calidad y nobleza. En este caso solicita la posesión de hidalguía y al no estar puesto como noble en el Padrón que se ha formado por la Real Ordenanza de Remplazo del Ejército y así poder disfrutar  de prerrogativas y honores que corresponden a la noblezas siendo libres y exentos de gravámenes y contribuciones que sufren y toleran los llanos pecheros (pecherijos).       

             
Aunque hemos analizado el testamento de D. Fernando de Tapia otorgado el 19 de diciembre de 1831 ante el escribano D. José Antonio Núñez y por el que nombra como sucesores universales a sus siete nietos y en concreto a su nieto Antonio de Tapia Rivilla, por ser mayor, le nombra sucesor en de sus once vínculos, y le transmite el oficio de relojero con todas las herramientas, nada se dice de sus títulos de hidalguía y menos aún del de la Alcaydía de la Torre de Fuente Álamo.

Hemos hecho consulta al  Archivo Histórico de la Nobleza acerca del título de Alcaide de D. Fernando de Tapia, tras revisar la base de datos, nos comunican que no han logrado encontrar ninguna documentación que haga referencia a lo que estamos buscando.

El título honorífico de Alcaide  le venía a D. Fernando por línea materna de los Sevilla, y al tener yo, ancestros con el apellido Sevilla por parte de Antonia Sevilla, madre de mi trastatarabuelo Diego Cano Sevilla, y al ser de Fuente Álamo me estoy planteando reivindicar el título de Alcaide de la Torre de Fuente Álamo. 

Es una broma!!!!!




[2] Excmo. Sr.: D. Fernando de Tapia y Castilla, Regidor perpetuo y Decano del Ayuntamiento de la Ciudad de Alcalá la Real con fecha  27 de mayo de 1815 por el que expone: que hallándose al tiempo en de evacuar los enemigos las Andalucías,  de Corregidor interino de ella, como primer Municipal nombrado por el pueblo,  con el desconsuelo y la opresión de mantener a la fuerza como unos catorce mil hombres de ellos que se habían reunido en esta Ciudad, bajo el mando del General Digeon, Gobernador que era de los Reynos de Córdoba y Jaén, con diez y ocho piezas  de Artillería, y un considerable número de transportes, y Españoles de todas clases que les seguían, recibo en la mañana del 7 de septiembre de 1812 por un propio de la Justicia de Montefrío, la noticia agradable de que las victoriosas armas del mundo de V.E. les habían arrojado de Loja con precipitación,  incluyendo la orden original dada en aquel cuartel general del día antes, para que y yo diera parte a V.E. todos los días de la dirección que llevaba la División enemiga que había salido de Córdoba, y mandaba el Conde Erlon, haciéndome responsable de los perjuicios que resultaran a la Patria por falta de mi puntualidad; con inclusión también de una consulta al comandante francés,  sobre si debían dar las raciones que se le pedían para los Españoles por las ordenes que la acompañaban a V.E., temeroso sin duda de que por la inmediación de tres leguas cortas podrían experimentar el destrozo de sus hogares.

Sin pérdida de tiempo comuniqué a V.E. mi situación, por medio de Miguel Pérez, mi criado fiel con cuanto dejo expuesto, y otros por menores, aunque de palabra porque de otro modo era exponer su vida y la mía sin utilidad alguna; y así lo comunique todos los días alternando con Francisco Fernández, que lo era también de mi confianza, habiéndome para ocultar mejor esta disposición, y que pudiesen salir y entrar, sin susto ni recelo, del modo de pedir por escrito raciones y bagajes a todos los pueblos comarcanos. Y a seguida hice entrega de la consulta a los franceses, disimulando el gozo de mi corazón, y aparentando miedo y sobre salto les despido el corregimiento: no lo admiten, y desalojando en la mayor parte la Ciudad, se acampan, doblan las Guardias, y aumentan mis quehaceres con una inmensidad de pedidos.

Ya previa yo los futuros acontecimientos, y para poner a cubierto a los vecinos, hice publicar mi bando en que se condenaba a cada uno de los que faltasen al apronto de sus caballerías y carros cuando les fuera embargados, con cuatro ducados de multa, y, fue tan saludable esta disposición que todos casi insensiblemente se fugaron a los Montes y casas de campo con que libertaron sus caballerías, y solo dos de la Aldea de Frayles que pagaron la multa se les devolvió,  idos que fueron los enemigos. Crece en estos el sobresalto al paso de que consideran a V.E. cerca de sus alcances. Su general me pide una descripción del terreno, le contesto ser todo montañoso, y a seguida despachan a Granada como unos cuatro mil hombres, incluso el Regimiento 55 de Infantería, y hacía la parte de Montefrío una descubierta de 200 Dragones de caballería, dudando de que suerte porque no vuelve uno, dispone el General le apronte dos hombres seguros bajo mi responsabilidad para que en la madrugada del 12 salgan por diverso puntos a observar la situación de V.E. y de sus tropas. Propongo al Fernández, y á Felix de Arébalo, y marchan con mis instrucciones secretas a saber: el primero en busca de V.E. hasta Alhama para hacerle presente lo ocurrido y no tiene la fortuna de encontrarle allí; y el segundo vuelve la mañana del 13 expresando que V.E. quedaba en Loja, y sus tropas extendidas hasta cerca de Íllora, y que introducido con los soldados había oído venían a cortar el paso a los de Alcalá por los Quejigares. Cree el General al paysano por lo que expresa con su disimulada sencillez, y lo regala con ocho duros. Hace reunir a los de su plana mayor, y me llaman para que les informe del sitio; lo hice de que era muy peligroso, y que si se verificaba el dicho el paysano se aventuraba el equipaje acaso con pérdida de mucha gente por la espesura del monte y aspereza del terreno; y fue la resolución despachar una posta al Conde Erlon que se hallaba en Martos con su división, provista también de Artillería, para….

Me ha parecido ocasión oportuna de representarlos a V.E.

                    Suplicándole rendidamente que siéndole gratos, y  mereciendo su aprobación, se digne elevarlo a S.M. interponiendo su poderoso patrocinio para que sin gravamen del erario logre yo de la piedad del Rey el grado honorífico de:…., con fuero militar, y uniforme correspondiente a la Alcaydía de la Torre de Fuente del Álamo que poseo,  con extensión a mis sucesores; o la distinción que más estime la Real beneficencia, a que únicamente aspiro para perpetuar en mi casa la memoria de unos servicios hechos a costa de tantos trabajos, sustos y sobresaltos como padecí entonces con mi familia por amor a S.R.P. y a la Patria.

                    Así lo espero de la bondad y justificación de V.E. …

[3] AMAR de 1 de agosto de 1816 (A-86 Tomo 1º folio 87 vto.), D. Fernando de Tapia presenta en el Cabildo un expediente en el que consta que ha tomado posesión de la Alcaidía de la Torre de Fuente Álamo, el 29 de julio.

[4] Hijo legítimo de D. Andrés de Sevilla y de Dª María Luisa de los Ríos y Padilla. Hermano de María Bonifacia de Sevilla, abuela materna de D. Fernando de Tapia.

[5] Alcalá la Real en sus documentos (II), 2025, págs. 289 y 290, San Martin Vadillo, R. Autoedición.

 

[6] Acta del Cabildo transcrita en las  pags. 354-356  del libro “Alcalá la Real, padrones del XVIII” de Francisco Toro Ceballos-Isabel y Carmen Toro Muñiz. 

[7] ES.18087/F0001.9.1.01//4658 ARCHIVO DE LA REAL CHANCILLERÍA DE GRANADA. Real provisión de Fernando de Tapia y Castilla, vecino de Alcalá la Real, en el pleito con el concejo de Alcalá la Real, sobre su hidalguía. C4658-055

 

lunes, 30 de marzo de 2026

MÉDICOS DE BAÑOS EN FUENTE ÁLAMO (1834-1897). II. NORMATIVA APLICADA.

 

La normativa legislativa que se aplicó a los distintos médicos que pasaron por el Balneario de Fuente Álamo fue variando debido a los cambios legales que se iban produciendo con frecuencia y dependió, como es obvio, de la temporada en que prestaron sus servicios dentro del periodo estudiado (1834-1897).

A  principios del  siglo  XIX, Fernando VII firmó los Reales Decretos de 29 de junio, 19 de julio, 16 de agosto y 17 de septiembre de 1816, para la regla­mentación de balnearios, crean­do el Cuerpo de Médicos  de Baños.  El  primero de estos  Reales Decretos  establecía: “Que en cada uno de  los  baños  más acreditados  del reino  se establezca  un  profesor   de suficientes   conoci­mientos de  las  virtudes   de  sus  aguas, y  de  la parte médica necesaria  para saber determinar su  aplica­ción  y  su  uso.”


La base legislativa para todos los facultativos que ejercieron en los establecimientos hidrológicos fue sin duda alguna el Reglamento de 28 de mayo de 1817, primer reglamento sobre aguas mineromedicinales. En su capítulo segundo: “De los  Directores  particulares  de aguas minerales”,  establecía  sus  obligaciones, su autoridad  y competencia.

 La idea sobre la explotación del Balneario de Fuente Álamo estaba aún muy incipiente, pues hasta el 29 de diciembre de 1824 no se aprobó por el Ayuntamiento de Alcalá la Real la concesión al provisor y vicario general de la Abadía de Alcalá la Real D. Joaquín María Suárez la propiedad de las aguas de Ardales y además el terreno para construir unos baños y casas con la cualidad de hacer habitaciones para seis pobres que se curasen de balde[1].


En 1827 comenzó a beneficiar y explotar las aguas medicinales D. Joaquín Suárez, construyendo los baños.

En 1828 se publicó un nuevo reglamento, y en él se dice que: ... “serán  jefes   inmediatos  y privativos   de  sus  respec­tivos   establecimientos  sin   que   puedan interferirles las justicias o autoridades; muy  por el contrario,   éstas deben  apoyar,   las   providencias  de  los  facultativos,   so pena  de   ser   castigadas.”

Sería D. Diego Suárez, abogado residente en Sevilla y hermano de D. Joaquín, quien en 1831 definitivamente levantó el edificio para hospedaje de los enfermos.

El 3 de febrero de 1834, la Regente María Cristina firma el “Re­glamento para  la  dirección y gobierno de los Baños y aguas minerales del reino”. Posteriormente sufriría algunas preci­siones por el Real Decreto Orgánico de Sanidad de  1847  y  la  Ley de Sanidad  de  1855. En este reglamento no se apoyaba tanto a los médicos y no les confiere tanto poder como los reglamentos anteriores, pues antes amenazaba a las justicias o autoridades que no apoyasen las providencias de los facultativos, ahora solo hace un estrecho encargo. Es el primero de los reglamentos que se aplicó directamente a médicos en Fuente Álamo, en concreto a su primer médico el Dr.  Caldas Cabrera  (1834) y su vigencia se aplicó también a los médicos D. José María Barraca, D. Rafael Azopardo, D. José Ariza Medina, D. Francisco Ferrandis, D. José Fernández de la Peña y D. José María de Rueda, en su primera y segunda temporada (1867).

En el supuesto de que no se presentase el médico nombrado por la Dirección General de Beneficencia y Sanidad, como ocurrió en la temporada de 1860, una vez comunicada que se hallaba vacante la plaza de médico Director de los baños interinos de Fuente Álamo, se acordó hacerlo público a través del Boletín Oficial de la Provincia de Jaén con objeto de que los aspirantes a la mencionada plaza y que reunieran los requisitos necesarios pudieran presentar sus solicitudes en la Secretaría del Gobierno de la provincia en el preciso término de diez días a contar desde la fecha de la publicación, acompañadas de documentos bastante para acreditar la aptitud y circunstancias que favorezcan a cada interesado, y en su vista proponer al Gobierno de S. M. para el referido destino el que considere más conveniente.[2]

Hasta 1868 no se publicaría un nuevo Regla­mento. Mediante Real Decreto    de  11 de marzo de 1868 se aprobó el "Reglamento  Orgánico para los Establecimientos de  aguas minerales”. Fue mucho más amplio que el  de  1834 (siete Capítulos y 163 artículos). Como novedades  im­portantes inició la  libertad balnearia “confirien­do  la facultad  a  cualquier Médico­ cirujano de visitar a  sus  enfermos  en los balnearios sin la condición exigida de hacerlo en consulta o con el consentimiento del Médico­ director”. Clasificó los balnearios en tres categorías, siendo de segunda categoría cuando la concurrencia excediera de 100 y no pasara de 400 bañistas. Los de primera servidos por médicos de oposición, gracia especial o haber servido interinamente una misma plaza durante seis temporadas, los de segunda y tercera deben ser servidas por directores interinos. Los de segunda serían nombrados por la Dirección General de Beneficencia y Sanidad y en calidad de interinos, a diferencia de los de tercera que eran nombrados por los propietarios y los de primera por Real Orden.  Estas novedades motivaron numerosas quejas por parte de los  médicos  del Cuerpo.  La aplicación de este Reglamento le afectó a los médicos D. José María de Rueda en su última temporada (1868), a D. Nazario Noriega (temporadas 1869-1871). En la temporada de 1868 se clasifica expresamente el balneario de Fuente Álamo como de segunda clase.

Se derogó el anterior y, para llenar el  vacío existente, se promulgó  en 1871 un Real Decreto, firmado por Amadeo I, en el  que se aprobó un  Reglamento provisio­nal de Baños y Aguas Minerales. Constaba de siete  capítulos con  84  artículos,  pero  faltaba todo  lo  relativo a  la  manera de  llevar a  cabo las oposiciones. Se establecen también tres categorías de balnearios, elevando la concurrencia en 100 bañistas más la anterior clasificación: los de primera y segunda se consideran de planta y están servidos por Médicos Directores en propiedad nombrados por Real Orden, o interinos de nombramiento por la Dirección General de Sanidad y con carácter transitorio, los de tercera se denominarán provisionales y se nombraran por la Dirección General a propuesta del propietario del establecimiento. La falta de médico era comunicada por la autoridad local al Gobernador Civil y éste a la Dirección General quien emitirá su resolución. Dicho organismo se encargará de nombrar interino para las vacantes en temporada, prefiriendo a los que hayan servido en el tramo sin nota desfavorable. En este periodo prestan sus servicios en Fuente Álamo D. Manuel Trullás (1872-1873), la primera temporada como provisional y la segunda como interino.


El  12 de  mayo  de  1874, se aprobó el Reglamento de Baños y Aguas Minero ­Medicinales de la Península e Islas ad­yacentes. Divide los establecimientos de aguas minerales en cuatro clases: corresponden a la primera clase o de término aquellos cuya concurrencia anual alcance a 1.000 bañistas o enfermos; a la segunda o de ascenso los que excedan de 500 y no lleguen a 1.000; a la tercera o de entrada los que pasen de 200 y no alcancen a 500; y corresponden a la cuarta o provisionales, aquellos cuya concurrencia, no exceda de 200. Los establecimientos comprendidos en las tres primeras clases, o sea de entrada, ascenso y término, estarán dirigidos por Médicos Directores en propiedad, nombrados por oposición, por concurso libre o por concurso cerrado del cuerpo, según dispone este reglamento; no pudiendo durar las interinidades que ocurriesen más que una temporada. Los comprendidos en la cuarta clase se denominarán provisionales, y los Médicos Directores, excepto en los casos determinados, se nombrarán por el propietario del establecimiento, comunicándolo oportunamente a la Dirección General. Este reglamento se aplicó a los médicos desde Matías Palacios Salafranca (1875), Francisco Moreno Pareja, Luis Ramón Gómez de Torres, Norberto Castillo Ortiz, Pedro López de Pedro, Francisco García Repeto, Manuel Elías Herrero, José Sánchez Morata, Gerardo Requejo Baranda, Manuel Méndez Gómez, Francisco Javier Ortiz Carpio, José del Toro Calatrigo, Eduardo Ramírez y  Rafael Ramírez Vílchez (1897). En el caso de la temporada de 1877 como médico de entrada o tercera categoría estuvo Gómez de Torres y en los demás casos fueron médicos interinos, siendo el balneario de cuarta categoría, asistido por los médicos denominados provisionales.


 Este reglamento de 1874 estuvo vigente  (salvo lo  dispuesto  en  la  Instrucción General de Sani­dad de 1904) hasta  1928. Posteriormente  se organizó el  Escalafón de Médicos­ directores por Real  Orden de 19 de fe­brero de 1877. También se regularizó el acceso mediante Real Orden de 27 de Marzo de 1875 y Real orden aclaratoria de la Real orden de 27 de Marzo.[3] Se reorganizó   el  Cuerpo,  por  Real Decreto  de 5 de  julio   de 1877,   pasando a cons­tar  de  100   médicos   numerarios  y  24  supernu­merarios. Estos   últimos  fueron  suprimidos    por el  Real   Decreto   de  21  de febrero   de   1899.

  Hay que decir que si bien el último médico oficial que llegó a Fuente Álamo fue en la temporada de 1897, ello no quiere decir que posteriormente el Balneario no tuviese cierta actividad y que su apertura se prolongase hasta finales de los años veinte del siglo XX. De hecho en determinadas temporadas (1899, 1900) se presentaron datos de asistencia y siguió ofertándose la plaza hasta 1921, quedando vacante.

Posteriormente, la Real Orden  de  22 de abril  de  1924,  constituyó el  Escalafón  del  Cuerpo de  Médicos Habilitados de Baños,   que  se  refundió    con el  Escalafón de Médicos ­directores  en  uno  solo,  por  Real  Or­den   de 27 de junio  de 1925, en la que el núme­ro 1 de los  Habilitados  pasaba a ser  el   número 33 del  Escalafón  único.

El   Real    Decreto  Ley núm.  743  de 25 de abril de  1928  (Gaceta   de  26  de  abril),   firmado   por Alfonso   XIII,   aprobó el  «Estatuto   sobre la explo­­tación    de  manantiales de  aguas   minero­medici­nales», que en ninguno de los anexos (ni con médico, ni sin médico) se incluye al Balneario de Fuente Álamo.

 


BIBLIOGRAFÍA:

-DE DIOS  MATEO,   R.    (1969) «La   creación   del  Cuerpo  de Médicos   de  Baños».    Tesina    de   Licenciatura.     Facultad de  Medicina.    Salamanca.

-GARCÍA ­TALAVERA   FERNÁNDEZ,    J.   (1971)  (Historia  del Cuerpo  de  Médicos   de  Baños. Siglo   XIX».  Cuadernos de  Historia    de  la   Medicina   (1971),   213­281.

-SOCIEDAD   ESPAÑOLA  DE HIDROLOGÍA    MÉDICA.    (1944) «Legislación    Balnearia».    J.   Cosano.  Madrid.

-VILLAR    EZCURRA,     J.    (1980)    «Régimen   jurídico    de   las aguas    minero medicinales»,     Ed.    Montecorva.    Madrid.

-MARTÍNEZ REGUERA; L. Bibliografía Hidrológico-Médica Española. Manuscritos y Biografías. Madrid: Tip. Sucesores de Rivadeneyra, 1897, Tomo II.



[1] Acta del AMAR  de 29 de diciembre de 1824

[2]Boletín Oficial de la Provincia de Jaén. 29/8/1860.  Circular Beneficencia y Sanidad. Jaén, 25 de agosto de 1860.

 [3] Gaceta de Madrid de 30 de marzo de 1875, se publica la Real Orden de 27 de Marzo de 1875, determinando en quienes se han de proveer interinamente las plazas de Médicos-Directores de baños que existen en la actualidad vacantes.

Ministerio De La Gobernación Iltmo.. Sr.: En vista de las muchas dificultades que impiden a la Administración atender desde luego con equidad estricta las reclamaciones de los Profesores de Medicina, aspirantes a las Direcciones en propiedad de las fuentes minero-medicinales, y de los dueños de estas, invocando aquellos en su derecho, ya el reglamento de 11 de Marzo de 1868, ya la calificación que alcanzaron ante el concurso libre, ya también el lugar conquistado en las últimas oposiciones; y siendo preciso, por lo cercana que está la temporada oficial, preparar lo antes posible para todos los establecimientos balnearios la distribución del servicio facultativo, sin perjuicio de hacer en su día la definitiva proclamación de derechos respectivos, según lo aconsejen los fueros de la justicia y el voto del Real Consejo de Sanidad en el expediente general que le ha sido consultado, S. M. el Rey (Q. D. G.) ha tenido á bien disponer lo siguiente: Las plazas de Médicos Directores de baños que existen en la actualidad vacantes, se proveerán interinamente por la Administración en los Médicos á quienes ampara el reglamento de 11 de Marzo de 1868, en los que han sido propuestos para premio mediante el concurso libre, y en aquellos cuyos ejercicios fueron aprobados por el Tribunal de oposiciones últimamente verificadas en esta Corte. De Real orden lo digo á V. I. para su conocimiento y efectos oportunos. Dios guarde á Y. I. muchos años. Madrid 27 de Marzo de 1875. FRANCISCO ROMERO Y ROBLEDO. Sr. Director general de Beneficencia, Sanidad y Establecimientos penales.

Gaceta de Madrid: núm. 89, de 30/03/1875, página 844. Real orden determinando en quienes se han de proveer interinamente las plazas de Médicos-Directores de baños que existen en la actualidad vacantes.

Gaceta de Madrid: núm. 161, de 10/06/1875, página 691. Real orden aclaratoria de la Real orden de 27 de Marzo último, concerniente á la provisión interina de las plazas de baños minero-medicinales que existían á la sazón vacantes. MINISTERIO DE LA GOBERNACIÓN R E A L ORDEN. Ilmo. Sr.: Habiendo ocurrido algunas dudas sobre la inteligencia de la Real orden de 27 de Marzo último concerniente á la provisión interina de las plazas de baños minero-medicinales que existían á la sazón vacantes; S. M. el R e y (Q. D, G.) ha tenido á bien ordenar que lo prevenido en aquella Real orden alcanza también á cuantas clasificaciones se hubieren hecho de los baños mineromedicinales de la Península hasta el día en que fue publicada la referida disposición. De Real orden lo digo á V. I. para su conocimiento y efectos correspondientes. Dios guarde a V. I. muchos años. Madrid 36 de Mayo de 1876. ROMERO Y ROBLEDO. Sr. Director general de Beneficencia, Sanidad y Establecimientos penales.

 

domingo, 1 de marzo de 2026

INCÓGNITAS SOBRE EL CUADRO DE LA VIRGEN DE LAS MERCEDES DE FUENTE ÁLAMO. LUIS DE MELGAR (mayor).


                El lienzo que representa a la Virgen de las Mercedes y al Niño ubicado en la Iglesia de San Antonio de Padua de la aldea de Fuente Álamo, (actualmente en el taller de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada) es obra atribuida  a don Luis de Melgar y Valladolid[1] (mayor), hijo de Luis de Valladolid y de Clara del Sol de Melgar. Nacido en Granada, es bautizado en la Iglesia de San Pedro y San Pablo, no constando la fecha de su nacimiento, si bien, en base a que contrae matrimonio en el año 1685, debió nacer a mediados del siglo XVII[2]. Se casó con Mariana García del Barco Roldán, viuda de Salvador de Tapia e hija  de Blas y Tomasa Roldán, con la que tuvo cuatro hijos: Luis (menor), Juan Agustín (fraile), María y Mariana. Será su hijo Luis quien continuará en el oficio de pintor dorador.  En cuanto a su fallecimiento, sabemos que otorgó testamento, ya enfermo, el 8 de mayo de 1736 y que se dio su hijuela (partición de bienes) el 19 de agosto de ese mismo año, lo que nos lleva a la conclusión de que pudo fallecer por esa fecha[3].  En la calle del Pintor, en el padrón de  1725 en Alcalá la Real aparece inscrito tanto Luis de Melgar, como su hijo Luis, quien se establecerá en Valdepeñas de Jaén. En padrones posteriores (1753) ya no aparecen censados en Alcalá la Real.    

 
A don Luis se le atribuyen otras representaciones de la Patrona de Alcalá la Real, como la recientemente restaurada y conservada en la Iglesias de Santa María la Mayor, la conservada en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Alcalá la Real, dos pequeños lienzos pertenecientes al Convento de la Encarnación de Monjas Dominicas y algunas que pertenecen a familias particulares. También, por las características de la obra y sus similitudes, puede atribuírsele otra imagen de la Virgen de las Mercedes, que se conserva restaurada en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fuente Tójar (Córdoba).
 Entre otras muchas obras que debieron elaborarse en su taller de Alcalá la Real, sabemos a través de su testamento de 1736 los encargos pendientes o los últimos trabajos realizados. Así al mercader alcalaíno Juan Muñoz Puerta Molinos entregó un lienzo de vara y media de largo y vara y cuarta de alto aprox. 1,25 cm. x 1,04 cm. de la hechura de Jesús Nazareno con su marco dorado todo y para el Santo Cristo de metal; para el mercader de Priego don Vicente Cavillo Gámiz un lienzo de Ntra. Sra. de Concepción de tres varas de alto poco mas y dos de ancho con el marco dorado y estofados[4] los campos y no se había ofertado y valía cuatrocientos y cincuenta reales de vellón lo menos; y cuatro lienzos de vara y media de largo, y lo mismo de ancho con marcos dorados estofados y plateados que valían trescientos reales. Y porque estos cuatro no fueron a su gusto le debía dar otros cuatro de diferentes hechuras con marco dorados y estofados que valían cada uno a doscientos y cincuentas lo menos. Para la Cofradía de Ntra. Señora del Rosario y para rematarla de todo, le debía de dar dos lienzos, y para ello es del cargo de dicha Cofradía el entregar el oro para los marcos. En la Iglesia Mayor del Carmen de Montoro (Córdoba) 
doró el Retablo de ella y sale le deben doscientos reales, los cuales aplicó a doscientos y diez que debía a la hija  de Don Francisco Meléndez;  tiene un vale suyo de trescientos reales.

...

        Son varias las incógnitas en torno a la obra de la Virgen de las Mercedes de Fuente Álamo, las cuales seguramente se queden siempre sin despejar, entre ellas la propia autoría. Aunque hay bastantes indicios que  señalan a D. Luis, en base al estudio comparativo con otras obras suyas o atribuidas a él,  también hay algunas dudas, como la que tiene el profesor de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada D. Luis R. Rodríguez Simón, también basadas en esas mismas comparativas.
               Quizás nunca sabremos cómo y cuándo llegó al destino actual, o quién la llevó o la donó, pese a que en alguna ocasión hemos jugado con hipótesis imaginarias[5]. Lo que sí sabemos es que fue creada con anterioridad a la construcción de la propia ermita que la cobija, que es del siglo XVIII. Tampoco descartamos la posibilidad de que la donase los benefactores D. Francisco Serrano y su esposa Dª Casilda Sierra en los años 40 del siglo XX, cuando donaron las Imágenes elaboradas en escayola de San Antonio de Padua o la Virgen del Rosario. En este caso debió de venir ya con el agujero por impacto de bala de la Guerra Civil. Hipótesis poco probable.

 En el estado actual del trabajo realizado en el Taller de Restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada dirigido por el Prof. D. Luis R. Rodríguez Simón y llevado a cabo por sus alumnos de los cursos 2023-2024, 2024-2025, 2025-2026 (cuatrimestrales), y el próximo curso 2026-2027 que queda hasta su total restauración,  al limpiarla de suciedad y de residuos  y al recobrar parte del colorido y barnices, se ha despejado levemente la incógnita sobre su autoría. Podemos afirmar que no aparece firmada por su autor. Por otra parte a diferencia de las otras representaciones de la Virgen de las Mercedes atribuidas a Luis de Melgar, en este caso el autor sí que le pone título a su obra, apareciendo la inscripción “Nª Sª DLAS MERCEDES”  e incluso el año de su creación  “Aº de 17-8”. La actuación humana por acción u omisión, la climatización (humedad, frío, calor), los insectos y el paso del tiempo se encargaron de borrar a medias el año y nos han dejado con la incógnita de saber el año exacto de su creación. Este puede ir desde 1708 a 1798. Aquí entran de nuevo las hipótesis, ya que si el cuadro pertenece al Barroco tardío, debería poder fecharse entre 1708 a 1758. Si el autor es Luis de Melgar Valladolid (mayor) solo puede ser desde 1708 a 1728, pues falleció en 1736. Si el autor es Luis de Melgar Valladolid (menor)  debería ser de 1728 a 1778, teniendo en cuenta que prolongó su actividad al menos hasta los años 70 del siglo XVIII. Sin embargo, todo esto son conjeturas.


Con la pérdida cromática, las imágenes difuminadas, los cortes o agujeros en el lienzo, producidos por lo comentado anteriormente; ni su propio autor la reconocería como obra propia, por lo que si tuviésemos la oportunidad de contar con su opinión en cuanto a la autoría, seguramente la negaría, por vergüenza ajena, o en este caso propia, al no haberla conservado en su poder, con lo que  seguiríamos teniendo la misma duda en cuanto a su atribución.

No se entiende muy bien cómo a pesar todas estas transgresiones, la imagen ha sobrevivido, aunque en este lamentable estado. Por suerte, gracias a los trabajos en la Facultad de Bellas Artes de Granada se está recuperando con el tratamiento dado al lienzo. Podría pensarse que guarda algo de divino, o que algún ángel de los que deberían aparecer en la parte inferior la cuida, porque en lo que respecta al ser humano, solo ha recibido la omisión o la acción negativa con el corte que presentaba el lienzo en la cabeza de la Virgen o con el tiro sobre la medalla que cuelga sobre el vestido de la Virgen. Aunque es cierto, como hemos comentado ya, que a finales del siglo pasado se cambió su ubicación. Se trasladó desde uno de los muros laterales del templo hasta el fondo, lugar que ocupa actualmente, quizás algo menos húmedo y más aireado al estar cerca de la entrada, pero no pensando en su conservación, sino para postergarlo a un lugar de menor relevancia. 


No pretendemos utilizar esta publicación como plataforma reivindicativa, puesta ya en marcha, de lo que habrá tiempo y lugar adecuado, sino para dar a conocer que en la aldea de Fuente Álamo “se conserva” una obra de arte cuyas dimensiones con el marco son  93×75 cm. y sin marco de 84 cm. (vara) de alto x 67 cm. de ancho (pudiera estar recortado), lienzo enmarcado en cuatro listones de madera con borde labrado y un travesaño trasero, que representa a la Virgen de las Mercedes y su Niño, pintada en óleo, con escasos barnices y cuyo valor en su día pudo estar  entre los 250 reales o 300 reales (precio medio de sus obras según el testamento de su posible autor).  Analizar la iconografía o historia del cuadro es tarea de los profesionales. Mi opinión se queda sobre el estado de conservación y lo que me sugiere la imagen, destacando la ternura que expresa la cara de la Virgen, y la distracción divina del Niño, poco más puedo aportar. En estos casos siempre tenemos el comodín de los amigos, por lo que me he permitido solicitarla a expertos.

Aquí os dejo el análisis pictórico del cuadro “Ntra. Sra. de las Mercedes y el Niño” de la Iglesia de San Antonio de Padua de Fuente Álamo, de la profesora de Historia del Arte, Dª Piedad Sánchez Vico:


 

FICHA TÉCNICA


 

TÍTULO: NTRA. SRA. DE LAS MERCEDES Y EL NIÑO


AUTORIA: SE ATRIBUYE AL PINTOR D.LUIS DE MELGAR Y VALLADOLID (mayor) natural de Granada (16--/1736), hijo de Luis Valladolid y Clara del Sol. El pintor nace en Granada a mediados del siglo XVII, y es bautizado en la Iglesia de San Pedro y San Pablo, y en cuando a su fallecimiento sabemos que otorgó testamento, ya enfermo, el 8 de mayo de 1736 y que se dio la hijuela el 19 de agosto de ese mismo año, lo que nos lleva a la conclusión de que falleció por esa fecha.

En la obra no se aprecia con claridad la firma ni la fecha exacta de su ejecución y, en consecuencia, no es posible concluir sobre su autoría. Podría ser obra del citado autor o de su entorno familiar o laboral. Se sabe que en su taller de Alcalá la Real se producían obras para las aldeas vecinas y para la propia la ciudad. Estas se pintaban en serie con algunas variaciones por encargo de personas, cofradías, hermandades etc.

     Luis de Melgar y Valladolid fue un pintor y decorador de retablos y escenas religiosas con una trayectoria artística muy vinculada a Alcalá la Real. Son muchos los trabajos de los que es autor o se le atribuyen, aunque por el año de la restauración podrían ser obra de su hijo D. Luis de Melgar Valladolid (menor) entre ellos nos consta que en 1759 trabajó en la restauración del Retablo de la Capilla de los Ángeles en la Catedral de Jaén. En 1769 realizó el dorado del Retablo del altar de San Benito de la Iglesia de San Ildefonso de Jaén por 14.000 reales. También sabemos que en 1771 figura como restaurador del Retablo Mayor de la iglesia de Santa María la Mayor en Torreperojil (Jaén).

ESTILO: BARROCO TARDIO  (1680-1750)- posible influencia colonial-


LOCALIZACIÓN: IGLÉSIA DE SAN ANTONIO DE PADUA.ALDEA DE FUENTE ÁLAMO. ALCALÁ LA REAL (JAÉN)

 

CRONOLOGIA-DATACIÓN DE LA OBRA: 1680-1750 (finales del siglo XVII-primera mitad del siglo XVIII)

La datación es aproximada y se sustenta en los materiales y en su contexto histórico-artístico y social.

Gracias a la reciente restauración de 2025, llevada a cabo por el profesor D. Luis R. Rodríguez Simón y sus alumnos del taller de restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada, podemos apreciar nuevos indicios para su posible datación o autoría.

En la parte frontal inferior derecha de la obra se aprecian los símbolos A⃝ que podrían corresponder a la abreviación de la palabra Año tal y como se usaba en el barroco.

También se intuye una fecha: 17_8, no obstante estas observaciones  podrían corresponderse con partes de los trazos de la caligrafía original al escribir el nombre de la Virgen N.S de las Mercedes o podrían también ser parte de la firma del autor.

En conclusión, con estas cuestiones sin respuesta unívoca lo que podemos asignar a la obra es una aproximación en la fecha y en la autoría.

 

TÉCNICA: ÓLEO SOBRE LIENZO (posible soporte pictórico: caballete)

Esta técnica pictórica mezcla pigmentos con aceite de linaza u otros y se aplica sobre un lienzo tensado.

Es una técnica que seca muy lentamente pero permite crear bellas veladuras y transparencias y consigue colores muy intensos y duraderos.

 

MEDIDAS:   84 x 67 cm. -formato vertical-

Es posible que su tamaño original se haya visto reducido, bien por el encargo al que obedeció, persona concreta o cofradía o por restauraciones anteriores a la última de 2025.

 

TEMA: RELIGIOSO. DEVOCIÓN MARIANA DEL CULTO MERCEDARIO

Culto popular propio de Alcalá La Real y sus aldeas vecinas donde hay una fuerte tradición de advocación mercedaria y donde existe, desde 1615, una de las primeras cofradías de Andalucía.

 

FUNCIÓN DE LA OBRA

Concebida para la veneración de los fieles, la Virgen de las Mercedes es patrona de pueblos, cofradías y hermandades de Andalucía.

Cumple su función devocional de reforzar la fe mercedaria para la que fue creada y, al margen de su interés artístico, es reflejo del contexto histórico y social de su época y en consecuencia tiene un gran valor documental y patrimonial para la aldea de Fuente Álamo.

 

CONTEXTO HISTÓRICO Y ARTÍSTICO

BARROCO TARDÍO-XVIII-

EL barroco de los siglos XVI y XVII tiene una localización muy precisa en Italia y más concretamente en Roma pero, entrado el siglo XVIII, se aparta de la exuberancia italiana y adopta formas más academicistas.

A finales del siglo XVII, España muestra una cierta estabilidad política con la corte de los Habsburgo (Austria) y con el posterior reinado de los Borbones (Francia). Con el reinado de Fernando VI (1746-1759) se produce una importante recuperación económica y un cambio por el gusto artístico dentro de lo que se llamó el primer reformismo borbónico.

El barroco tardío en Andalucía (1680-1750) presenta una estética recargada con matices más detallados y delicados en la ornamentación que en periodos anteriores del barroco. 

Por su ubicación fronteriza Alcalá la Real siempre ha tenido una importancia estratégica en el ámbito social, político, cultural y artístico.

El clero, la nobleza y la burguesía urbana, financiaban la actividad artística que en su mayoría eran de marcado carácter religioso. La economía de la época sigue siendo agrícola basada en el cultivo del olivo y los cereales y aunque no son suficientes para financiar grandes obras si lo son para  financiar pequeños proyectos religiosos y ornamentales de carácter local.

La iglesia es el principal mecenas de estas obras y quien tiene un mayor interés en promover la devoción intensa y la exaltación de los santos a través de las imágenes y retablos.

La pintura que nos ocupa es una versión popular del barroco tardío de la imagen de la Virgen de las Mercedes y el Niño.

 

DESCRIPCIÓN FORMAL

 

COMPOSICIÓN: La obra se caracteriza por su composición estática, equilibrada y de presentación frontal, simétrica y cerrada. Las figuras ocupan prácticamente todo el espacio.

En el eje central se observa el diálogo gestual entre la Virgen y el Niño reforzado por la inclinación de sus cabezas en un mismo sentido. El fondo oscuro acentúa la importancia de las figuras y concentra la atención del fiel.

El cortinaje crea un marco teatral que aporta profundidad, un recurso muy utilizado en el barroco y que, de forma simbólica, separa lo profano de lo divino. No se trata de una escena narrativa sino de una imagen de culto destinada a la contemplación y la oración.

El uso de la orfebrería y la imaginería procesional, muy propia de las cofradías locales, refuerzan la puesta en escena.

La composición presenta el carácter teatral y emotivo, propio del barroco que busca implicar al espectador ante la conmovedora escena que ven sus ojos.

 

PINCELADAS: La pincelada es suelta pero a la vez contenida en finas capas. La obra presenta un modelaje suave sin fuertes contrastes. Esta técnica pondera la eficacia devocional frente a la perfección pictórica.

 

CROMATISMO: Otro recurso propio del barroco es el uso decorativo del color, que predomina sobre el dibujo. Abundan los tonos cálidos basados en colores rojos, ocres y dorados muy asociados a la realeza.

Los mantos de la Virgen y del Niño han sido elaborados con motivos florales a modo de bordados, lazos y joyas propias de la ornamentación devocional del barroco tardío.

Su reciente y precisa restauración de 2025 permite apreciar perfectamente la policromía y con ello las características estéticas de la época.


VOLUMEN: En esta obra el volumen no se consigue por la organización espacial sino por la utilización del claroscuro, los cortinajes y la vestimenta. Los mantos de la Virgen y el Niño proporcionan la apariencia de volumen y movimiento necesarios.

 

ICONOGRAFIA: La Virgen, coronada y en majestad, está situada en un plano superior para poner de manifiesto su poder; un poder que no es terrenal sino espiritual y intercesor entre Dios y los hombres.

Mantiene la cabeza inclinada hacia el Niño en un gesto de protección y ternura maternal. Su rostro, de líneas idealizadas, forma ovalada, nariz recta y ojos almendrados aportan un dramatismo propio de las imágenes votivas. Su expresión es serena y melancólica.

En su lado izquierdo sostiene un cetro o vara que es el símbolo regio del poder y la autoridad ya que la Virgen es la reina del cielo. Al pie de su manto luce una medalla como símbolo de distinción social.

El Niño, coronado y en un plano inferior, tiene su cabeza inclinada en simetría con la Virgen, su madre.

Viste cuello de lechuguilla o gorguera, un adorno textil propio de los siglos XVI y XVII muy frecuente en el barroco. Se trata de una prenda hecha de lino blanco, rígido y plisado con ondas que sugieren las hojas de una lechuga, de ahí su nombre popular. Aunque en el siglo XVIII esta moda ya está en desuso se replica en las imágenes sagradas como atributo de distinción social. El color blanco de la gorguera simboliza la pureza, inocencia y santidad del Niño.

En la parte derecha del vestido del Niño pende una campana que simboliza la humanidad y ternura propias de un niño. En  la cultura popular las campanas se usaban para alejar el mal de manera que con ellas el Niño protege a los fieles.  En la parte izquierda de su vestido cuelga  una cornucopia con cinco campanillas que invitan a los fieles a la oración y al recogimiento. En el centro de su pecho luce una medalla que, en este caso, simboliza protección y amparo.

La medalla y la corona son símbolos reales ya que el Niño es el rey celestial.

                                                  Marzo de 2026




[1] 

[2] Datos obtenidos de su testamento de 8 de mayo de 1736 ante el escribano Monte Lezcano.. Consultado el Archivo Diocesano de Granada el pasado 15 de febrero, después de hacer un barrido de más de 50 años  (1625-1675)  no hemos encontrado su partida de bautismo.

[3] A pesar de que hemos consultado los archivos parroquiales tanto de Santo Domingo de Silos como de Santa María la Mayor, no hemos encontrado ni la partida de su matrimonio ni la de su fallecimiento.  En cuanto al fallecimiento, el primer libro comienza en  1859. Hay un índice que incluye la fecha de 1736 pero no aparece en  ningún año ni anterior ni posterior. En cuanto al matrimonio, el primer libro que existe comienza en 1753, y no hay más índices.

[4] Técnica en madera policromada.

[5] https://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com/2022/06/enigmas-sobre-cuadro-de-la-virgen-de.html