miércoles, 29 de junio de 2016

EL HABLA EN FUENTE ÁLAMO. I PARTE.



     Aunque el habla o la pronunciación de algunas palabras en Fuente Álamo es muy similar a la de los pueblos de su entorno, siempre hay matices que la diferencian, como ciertas entonaciones características que se han producido por la transmisión oral, y algunas deformaciones en la pronunciación que se han ido gestando a lo largo del tiempo. Esto es debido fundamentalmente a que la transmisión oral no ha ido unida a la transmisión escrita, dada la alta tasa de analfabetismo de nuestros antepasados. Recuerdo que de niño, cuando preguntaba a mi madre qué íbanos a comer me decía: “hoy clanflainas, en lugar de chanfainas; sin saber ni ella ni yo, lo que eran realmente, pero habiendo deformado ya la palabra. Hoy yo por lo menos sí sé cómo se escribe y pronuncia, aunque todavía no sé a que saben.
 A esto hay que unirle el hecho de haber ido recogiendo palabras y entonaciones de los lugares por donde hemos pasado, y que han influido en nuestra riqueza lingüística: la emigración, que fue ampliando, enriqueciendo y variando nuestro acervo lingüístico. Eso sí, siempre le resultó al fuentealameño, pedantes y cursis los intentos de “hablar fino o finolis” de aquellos que volvían de la emigración, pues solíamos meter “la patas” y se nos pillaba en algún fallo o error lingüístico grave, como aquello de “segúnmente”, el “bacalado de Bilbado”, o que en Madrid los perros hacían “guadus”. Sin saberlo, habíamos caído en la ultracorrección.                                                                              Hay que decir que no todos nos adaptamos lo mismo a la pronunciación del lugar donde habíamos emigrado, incluso éramos bastante reacios sobre todo a aprender el catalán. Pero a veces sí que utilizábamos expresiones o palabras sueltas del catalán o del Norte de España, como aquello de “la mare de deus”, “adeu”, “cuyons”, “voy a plegar”, o “la órdiga”, que se emplea cuando algo te sorprende. Digamos que “me cago en la órdiga” es una palabrota suave. También del francés: “Olalá” o Ça bien? con el que me saluda mi vecino Daniel.
Muchas veces ese “habla materna” nos ha llevado a cometer errores de pronunciación “garrafales”, otras veces simplemente se producen variaciones dialécticas. Recuerdo que en una ocasión, y esto me marcó muy mucho, cuando estudiaba 2º de BUP, en una clase de Geografía Económica y Humana, cometí una “grave falta de pronunciación”. En ese empeño de suprimir de mi discurso cualquier “d” en cualquier posición de la palabra en que se encontrase, dije a la profesora Doña Carmina que: “Japón había surgido de la na”, comenzando la profesora a dar votes, como una histérica, haciendo aspavientos y a llevarse las manos a la cabeza, alarmada, a la vez que repetía: “de la nada, de la nada, de la nada…”, impidiendo que pudiera completar mi argumentación a la pregunta que me había hecho sobre la economía del País del Sol Naciente. Lo mismo se me hubiese escapado también “¡hay ca una!”.
Esto no quiere decir que todos los fuentealameños hablen y cometan los mismos errores en pronunciación; hay casos más extremos, sobretodo entre los mayores, pero conforme se ha ido aprendiendo a leer y escribir, los fallos han disminuido, influyendo en esa corrección los nietos o los hijos, ya más estudiados. Esta publicación no es una crítica, pues nada se tiene que reprochar, e incluso habría que valorar esa idiosincrasia que nos hace diferentes y esa transmisión oral de nuestros antepasados. Quiero dar a conocer, más bien recordar, la utilización de algunas expresiones y palabras utilizadas en el día a día en nuestro pueblo, siendo consciente de que son una mínima parte de las utilizadas y de que no se trata de un estudio profundo de la lingüística fuentealameña.
En ese afán de recortar la pronunciación de las palabras, los fuentealameños hemos llegado a casos extremos con la supresión casi total del fonema “d”, no solo la del final de las palabras, sino sobre todo la de sílabas intermedias, caso de “bail”, en vez de badil, “suor” por sudor, “caío” por caído “rueo” por ruedo, “rebaillas” por rabadillas, o la del principio de palabra, como “onde esta’s” y así un sinfín de palabras que todos nosotros conocemos. A veces, incluso  suprimimos “dr” y decimos “pae” o “mae” en vez de padre o madre, o cuando las palabras empiezan por el prefijo des, “esollar” por desollar, y hasta doblemente como “esnuar” por desnudar. Pero no solo lo hacemos con la “d”, también con la “r”: “velo” en vez de verlo, “paece” por parece;  incluso la n en “berejena” y a veces tan exageradamente “b” como “tamién” por también; quitamos la “y” de muy y decimos “mu bien”, que en este caso está “mu mal dicho”. En otras ocasiones, sin embargo, añadimos sílabas, consonantes o vocales y decimos “amoto” en vez de moto, “trompezar” por tropezar, “asín” por así, “escarrigüela” por carrihuela; o las cambiamos por otras “efaratar” por desbaratar. Muchas veces distorsionamos las palabras y las deformamos hasta extremos insospechados llegando a “dalear”, la palabra hasta ser admitida como un vulgarismo del verbo ladear, pero lo que no cuela “otavía”, es “almondiga” por albóndiga, “acendría” por sandía, “estréberes” por trébedes, “muliar” por muladar, “naiden” por nadie, “Alminilla” por Almedinilla, “ruilla” por rodilla, “billota” por bellota, “pisebre” por pesebres, “cuncursilla” por curcusilla  “porfiar” por desafiar… Yo he oído decir hasta “mortelada”, por mortadela, “estógamo”, por estómago.
A veces incluso les quitamos la “d” a los nombres propios  o apellidos y rebautizamos a las personas; en vez de decirle Padilla, decimos “Paillas”, “Caejo” por Cadejo o en vez de Matías Cándido decimos Matías “Candio”, o lo hacemos a nuestro gusto y decimos “Costo”, “Costorillo”,  por Custodio, así como o “Luardo” por Eduardo o “Lonardo” por Leonardo, sin embargo un nombre que está bien dicho como “Mandurria” va el Ayuntamiento de Alcalá la Real y la cambia y pone Calle Bandurria, que también está bien dicho pero no hace honor a Manuel “Mandurria”. Tenemos la costumbre de poner el artículo “la” o “el” delante del nombre propio y decimos “La Conchi”, o “La Loli”, para que no “me se” enfade o “El Quisco”.
El afán de recordar nos hace que la terminación de las palabras con las consonantes “s” o “d” o “z” no se pronuncia. “lapi”, por lápiz, “cali” por cáliz…
Los fuentealameños sin embargo, a diferencia de los alcalaínos o prieguenses, no seseamos, ni tampoco ceceamos, como los castilleros o mureños.
Utilizamos el sufijo diminutivo “illo” o “ico” en vez de “ito”: así decimos “pequeñillo” que no está mal dicho, en vez de pequeñito. Y algunas veces hasta inapropiadamente como para disminuir los efectos de “mismo” o “exactamente”,  “ahora mimitico…” o me da  “exatamentico igual”
La “f” la solemos sustituir por la “j”, y en vez de decir Fuente Álamo, lo hacemos más nuestro y decimos “Juente Álamo”, o “se jue” en vez de se fue…
La “hue” o la “bue” la pronunciamos a veces como “güe”, “güevos” por huevos, “güeso” por hueso, “güeno” por bueno, agüelo por abuelo y si exageramos decimos “Agüelajo”, o “güele” por huele, llegando la deformación incluso a la raíz del verbo “oler” para decir “goler”.
“Haiga”, sin embargo, pese a que estar mal dicho,viene del castellano antiguo y que ha previvido en las zonas rurales, lo correcto es haya. “Hogaño”, está bien dicho, viene del latín “hoc anno”, este año, son tan cultas que parecen incorrectas, así como “vide”, palabra del castellano antiguo y culto
 Decimos yerba, que también está bien dicho, pero los demás “hie” los convertimos en “ye, y decimos “yerro” en vez de hierro, “yelo” en vez de hielo…
La “h” inicial la aspiramos y la sustituimos por la “j” así decimos “jarapos” por harapos, “jongona” por hongona o “jocico” por hocico…
La “v” por la “g” “gorver” por volver. “degober” por devolver. Decimos “Regoltillas” en vez de Revueltillas, para denominar al cortijo que fue de Francisco Expósito.

Esto no se acaba aquí, así que podéis añadir unas cuantas más… 

miércoles, 1 de junio de 2016

TRÁGICO ACCIDENTE EN LA EMIGRACIÓN DE FUENTE ÁLAMO. FRANCISCO MALAGÓN CASTILLO.



    Fue triste y doloroso para todo el pueblo y especialmente para su familia, la muerte trágica de uno de los jóvenes más trabajadores y aplicados en sus estudios que tuvo la aldea. Había nacido en Fuente Álamo el 3 de abril de 1952 en el seno de una familia humilde y religiosa, hijo de Pedro y de Pilar. Vivió su infancia y juventud en una casa que la familia tenía en El Cerro, si bien a principios de los años 70 se marcharon a Alcalá la Real, en concreto a la Calle Real. Como hemos dicho era buen estudiante; se le propuso costear una carrera, y de hecho sus estudios de bachiller le fueron sufragados en la SAFA. Le recuerdo, aunque vagamente, tocando la campanilla en las eucaristías procesadas en la iglesia de Fuente Álamo, siguiendo la tradición de sus abuelos maternos, Pedro y Eugenia, quienes eran los sacristanes del pueblo.
Francisco Malagón Castillo, falleció a los 21 años de edad a consecuencia de un trágico accidente ocurrido en una noche de la primavera del año 1973 (mayo). Sería sobre las 12 y cuarto de la noche, por lo que la mayoría de los viajeros dormitaban, aunque Antonio Aguilera Valverde iba despierto y pudo ver el suceso con la exactitud que le permitió la noche. Juan Ibáñez estaba sentado por la mitad del autobús, durmiendo. Juan Pérez Hinojosa iba despierto y sentado sobre el caparazón que recubría el motor del autocar, hablando con el conductor, y así evitar que éste pudiera dormirse, al tiempo que reposaba unos chorizos que habían comido en un bar de carreteras de la provincia de Jaén. En aquellos años se viajaba de otra forma, la gente se podía levantar y sentarse junto al conductor. Nuestro malogrado paisano ocupaba el asiento individual situado a la izquierda del conductor. En aquel autocar de la empresa de Pepe de Charilla viajaba un grupo 15 ó 20 emigrantes fuentealameños destino al Norte de España (Burgos) para trabajar en el acondicionamiento y construcción de carreteras. El accidente tuvo lugar en una recta de la Mancha, en la antigua Nacional IV a la altura de Valdepeñas, y según recuerda José Pérez Pérez, a la derecha se podía ver la escultura de un ángel (1). Allí ocurrió el impacto con un camión tráiler marca Pegaso procedente de las llamadas por entonces Vascongadas, que viajaba cargado de azulejos destino a Sevilla. El camión circulaba de frente, mientras que un turismo Seat 850, 4 puertas, color amarillo intentó adelantar al autocar, pero como el tráiler venía en sentido contrario, su conductor dio un volantazo para evitar el turismo y se cruzó en la carretera, el turismo se metió debajo en la caja del camión y el chofer del autobús en un intento de evitar el choque frontal tuvo que dar  otro volantazo a la derecha en un instinto de salvarse, chocando el autocar con su parte derecha con la caja del camión. Como consecuencia, Francis quedó atrapado con la puerta del autobús y el asiento. El techo del autocar saltó hacia arriba y se fue hacia atrás y esa fue la salvación de los demás viajantes. En el  accidente también influyó el que la carretera estaba mojada, según comenta Juan Ibáñez. También pudo tener consecuencias más graves si hubiese llegado otro vehículo por detrás, pues el camión se cruzó de carril, quedando éste totalmente atravesado en la carretera, según relatan algunos de los viajeros accidentados.

Aparte de la muerte de Francis, hubo varios heridos graves como Juan Pérez Hinojosa, cuya cabeza se introdujo entre los barrotes del volante quedando atrapada entre ellos, y otros muchos sufrieron heridas leves como Juan Aguilera Cervera, quien recibió varios puntos o grapas, o Antonio Aguilera Valverde, quien iba sentado sobre el medio del autobús y recibió un golpe en la nariz con el cenicero del respaldo del asiento. Algunos resultaron ilesos, pero casi todos con pequeños cortes producidos por los cristales o con hematomas como Juan Ibáñez Sánchez, Feliciano Ibáñez Sánchez, Juan y Miguel La Rosa Rodríguez, José Pérez Pérez, Rafalillo Castillo “Pandehigo”, Juan Aguilera Cano “Cascorro”, Emilio Malagón Ochoa, Luis Valverde Pérez, el Agüelo de Puertollano, Chele de Dorotea, cuñado de la Boni, o el propio padre del fallecido Pedro Malagón Ochoa, “Pere”, ect…. Por el lugar del accidente pasó un primer coche, y su conductor no quiso montar a los accidentados porque no quería que lo mancharan de sangre; la Guardia Civil después les diría que si hubiesen tomado la matrícula, no hubiese conducido más, según manifiesta Juan Ibáñez. Antonio Aguilera cuenta que cuando vio que Juan Pérez Hinojosa no hablaba, comenzó a pedir ayuda para bajarlo y él lo alargó a los que estaban abajo. Pararon un coche y se fue con él al hospital de Valdepeñas. Cuando llegaron al hospital, vieron que había olvidado su carnet de identidad, por lo que la Guardia Civil le pidió los datos. En el cuartel, al otro día, le hicieron unas preguntas sobre cómo habían ocurrido los hechos. Los accidentados fueron evacuados en distintos coches a varios hospitales de la zona, tal y como comenta José Pérez, quien coincidió en el hospital con la esposa del conductor del turismo. Chele, “el cuñado de la Boni”, comentó que al conductor del turismo, quien falleció en el acto, no se le conocía nada de la cabeza. Al ser un choque lateral los que iban situados a la derecha sufrieron el impacto más violento. El autocar se quedó en el lugar y todas las maletas esparcidas por el suelo. Sólo se quedaron allí Juan Ibáñez y Emilio Malagón, hasta que llegó una máquina retroexcavadora para arrastrar el autobús, que a pesar de todo, arrancó a la primera, llevándolo a un aparcamiento cercano. Juan Ibáñez se fue con el conductor de la retroexcavadora hasta hospital, donde le preguntaron si el accidentado grave era familiar, diciendo que era su amigo.
 Francisco no murió en el acto, estuvo cuatro o cinco días en la UVI del hospital, según manifiesta Juan Pérez, quien también tuvo que quedarse en el hospital al menos un mes más. Juan dice que le dijeron (él no recuerda, pues estaba inconsciente) que en su estancia en el hospital, Francis le decía: “Juan no chilles, que yo estoy peor que tú y no me quejo”, pues estaban en la misma habitación.
El mismo día del accidente a Juan Ibáñez y a Emilio Malagón, les dijo Pepe Charilla, que si querían volver no les iba a cobrar nada y  que podían ir a ver a sus familiares. Al otro día fue otro autocar y les trajo a todos a Fuente Álamo, excepto a Juan Pérez y a Francisco Malagón. Estuvieron 3 ó 4 días en Fuente Álamo y después del sepelio de Francis se marcharon de nuevo a Burgos, eso sí, ahora en tren.

(1) En el Cerro de las Aguzaderas, 2 km al norte de Valdepeñas y visible desde la antigua Nacional IV (actual A4), el Ángel de la Victoria y la Paz, un monumento dedicado a «los mártires de nuestra cruzada», obra de Juan de Ávalos. La obra consistía en la figura de un ángel de 15 m de altura con una espada en forma de cruz de 10 m realizada en chapa de cobre repujada recubriendo una armadura interior de hierro, y dos hitos de 25 m de alto que representan una puerta de la paz. El 18 de julio de 1976, 40.º aniversario del Alzamiento Nacional, un atentado con bomba del FRAP destruyó parcialmente el Ángel. Finalmente se dejó la escultura como había quedado, adecentándose los alrededores. Con el tiempo el Ángel fue deteriorándose, perdiendo la espada y quedando solo la empuñadura en forma de cruz.

domingo, 8 de mayo de 2016

MERCEDES RAMÍREZ VERA. MUJER MULTIUSO DE FUENTE ÁLAMO




      El servicio doméstico en Fuente Álamo en la Posguerra y hasta finales de los años 50 era gratuito y de 24 horas. Estaba formado por niñas y mozuelas que trabajaban por la comida y por los cuatro harapos o trapos que les daban sus amos como vestido. Eso sí, con derecho a pernoctar encima de la paja  o en cualquier apartado anexo a la cuadra destinada para los mulos.  Las niñas de las familias pobres desde corta edad, 8 ó 10 años, comenzaban con esas tareas, mientras que los niños guardaban cochinos, pavos o cualquier otro animal que necesitara de cuidado. La escuela era algo secundario o inexistente. Son numerosos los casos de niñas, ahora octogenarias, que nos cuentan sus experiencias en aquellos menesteres, coincidiendo todas en lo básico: el sueldo era un trozo de pan y algo de matanza, que tenían que compartir a veces con el resto de su  familia y otras, tenían que comer a hurtadillas. Pero no solo se trataba de servicio doméstico propiamente dicho, sino que a veces tenían que colaborar en las labores agrícolas, o como recaderas, costureras, cuidadoras de niños o enfermos; mostrando en general una disposición total y absoluta. Muchas jóvenes fuentealameñas y algunas aún niñas, eran empleadas en las casas y cortijos de las familias más acomodadas, o quizás no tanto, pues ya en los años 40, 50 ó 60, no tenían que ser tan ricas para disponer de criadas. En Fuente Álamo podrían ser  más  de una veintena, las familias que disponían de criada, moza, o empleada del hogar. Eran las llamadas “mozas”, que además cogían el nombre de la casa donde trabajaban, “la moza de...” Un buen ejemplo de “moza” multiuso es la protagonista de esta historia. 
De Mercedes “la de Paulos Román” se podrían destacar muchas virtudes, pero una resalta sobre las demás, la de ser servicial. Su vida la ha dedicado a servir, a cuidar, a ayudar y satisfacer a los demás, y especialmente a toda su familia. Desde que era una niña estuvo al servicio doméstico ajeno, sin remuneración alguna, a excepción quizás de un trozo de pan o algo que llevarse a la boca. Al propio tiempo hacía las tareas domésticas de su casa. Cuidó de su hermana mayor que estaba enferma hasta sus últimos días, después de sus padres, de sus hijos hasta que se hicieron mayores, y hasta hace poco de sus nietas; pero como estaba predestinada para ello, estos últimos años, el destino le reservó otro servicio más, el cuidado de su marido, impedido de movilidad. Su continua preocupación por las cosas y por los demás ha hecho que se olvide de vivir su propia vida, y como ella misma reconoce nunca tuvo grandes aficiones. Siempre estuvo pendiente de los problemas de los demás, y lo que es más importante, anteponiéndolos a los suyos propios. Mercedes siempre tiene tendida una mano para ayudar y la otra escondida para evitar que alguien se la pueda coger para ayudarle. Hasta tal punto la extendió en una ocasión, que en una disputa de niños entre mi hermana y yo, evitó que una china impactara sobre la frente de mi hermana, haciéndolo en sus dedos.
 Como veremos sus miedos y sus temores le han acompañado y perseguido toda su vida, condicionando su forma de ser, lo que ha provocado en ella, sacar el valor de donde no lo había para poder enfrentarse a ellos.

Nació en Fuente Álamo el 8 de mayo de 1938, pocos meses después de la Batalla de la Cornicabra y durante los esporádicos bombardeos sobre la aldea. La guerra impidió que su nacimiento fuese inscrito en el Registro Civil, acto que no se produciría hasta 1958, mediante expediente promovido por su padre. Cuando ella nació, sus padres vivían en la casa que había en el lugar que ocupa actualmente el Centro Social de Fuente Álamo, propiedad de la familia Ramírez. Después, sus padres se fueron a vivir a una casa cercana a la Escuela, que después sería de Pepe y de Genara.  Sus primeros recuerdos son de cuando vivían en la actual casa de Eulalia, con unos 8 ó 10 años. Siempre vivieron de alquiler.
Su padre Pablo Ramírez, hijo de Román, de ahí el sobrenombre de “Román”, era natural de Sileras, y conoció a principio de los años 30 a su madre Juliana, ella fuentealameña, formando pareja hecho, hasta que se casaron en Las Grajeras ya en los años 50, por lo que cuando Mercedes nació no estaban casados, al igual que sus otros dos hermanos Irene y Juan. Los padrinos de sus padres fueron el maestro D. Manuel López y su esposa Patrocinio González.
La Guerra Civil la pasaron en Fuente Álamo, aunque estando ella recién nacida, corrieron para refugiarse hacía la zona de Las Grajeras y a su abuelo materno Fernando Vera, que no quiso correr, se lo llevaron y lo mataron al parecer en Priego de Córdoba. Recuerda que su madre le contó como anécdota que en la Guerra los milicianos le traían gallinas para que se las guisara, y que en una ocasión apartó las mejores tajadas de carne para cuando su padre volviese, yendo entre esa carne las higadillas o “durillas” de las gallinas sin limpiar, pues se le había olvidado limpiarlas o se le habían escapado con la carne; así que cuando su padre comenzó a comer, vio cómo se habían abierto y toda la comida estaba llena de excrementos, por lo que pasó bastante miedo y vergüenza pensando o temiendo que los milicianos hubiesen creído que lo había hecho a propósito, por lo que al final se alegró de haberlas apartado para su padre. Esto ocurrió viviendo en una casa que ocupa actualmente el Centro Social.
Hizo la comunión vestida de corto, natural, es decir, sin vestido de comunión. Vivían por entonces en la casa que actualmente pertenece a  Eulalia, cuando tenía 7 años. Recuerda a esa edad que cuando no quería hacer algo que le mandaba su hermana mayor, llamada Irene, que estaba enferma, siempre le decía: “como no me hagas lo que te digo, cuando me muera vengo y te arrastro”, por lo que cuando murió, ella siempre arrastró ese mensaje y fue uno de sus muchos miedos. Su hermana nació en 1932. Murió con 21 años.
Siendo una niña guardaba el huerto que Matías “Candio” tenía en Los Callejones, casi todo el día. Recuerda que cuando bajaba por los Callejones iba tirando piedras para espantar los numerosos lagartos y serpientes que merodeaban por los alrededores. Un día, estaba sentada debajo de la higuera, donde había una poza para regar la huerta, cuando de pronto vio una bicha enroscada en su vestido que estaba extendido; al moverse del susto la serpiente afortunadamente se marchó.
Comenzó a servir en las casas a temprana edad, con unos 10 ó 12 años, después de morir su hermana, cuidando los niños de Ceferina Nieto. Después sirvió en casa del maestro D. Manuel y Patrocinio, para cuidar los niños, a la vez que estaba en la escuela. No solo cuidaba a los niños del maestro, sino que hacía todas las labores de la casa, recordando cómo Patrocinio le ponía un cajón para que se subiera al fregadero. Pese que su madre le decía al maestro que tenían que darle de leer, recuerda que cada poco tiempo iba la mujer del maestro, y decía: “Manolo, dile a Mercedes que se venga, que se han cagado los niños”, y recuerda que cada noche cuando se marchaba tenía que decir “Buenas noches, ¿me necesitan ustedes para algo?” y se despedía diciendo “Bueno, hasta mañana, buenas noches”.
 Nadie le pagó nunca nada, solo comida. La última casa en la que sirvió fue la de Frasquita. En casa de Hipólita, prima de su madre, no servía, sino que iba con las hijas de ella porque era familia. No se acuerda muy bien  del momento en que dejó de servir, pero sería ya mozuela, con 18 ó 20 años.
Después de mozuela, estuvo aprendiendo a coser con la llamada Casera de Sierra y en el Cortijo del Llano con una mujer llamada Enriqueta. Esta cosía ropa de mujer y de hombre, enseñándola a coser pantalones, chaquetas, chalecos, etc. Su madre habló con ella para que echara los hilillos, pero  no llegó  a aprender a cortar ropa de hombre o de mujer. Los encajes de bolillos los aprendió de la hermana de Mercedes Pareja,  llamada Vivi, en el Cortijo de los Bujeos donde iban con unas cuantas jóvenes para que le dejase los dibujos. Aprendió y hacía encajes para sus parientes de la Dehesa, quienes se lo compraban para el juego de ropa interior, saya, camisón y bragas. En total hacía 7 metros de encaje que era lo que se necesitaban para el ajuar. Su madre le compraba una sábana, una mantelería, y ella se hizo todo su ajuar, del que todavía tiene alguna saya con encaje. Después aprendió a bordar velos negros, por los que le pagaban algo por hacerlo, y por último los abrigos de lana, esto ya en los años 80 y 90.
 Su madre quiso que aprendiera a sembrar, escardar, “pintar”, y todas las labores del campo. Estuvo trabajando en las tierras de Cornicabras, Pacheque, Genaro, Frasquito…
 Al Cortijo de Ardales se fueron cuando ella era mozuela, en donde había una casa, y junto a la de ellos otras dos o tres más; donde vivían otras familias fuentealameñas. Siempre vivieron de alquiler, hasta que sus padres compraron su casa actual.
Se casó a los 29 años el 14 de octubre del 1967, con José Pérez, de cuya unión nacieron dos hijos. Su hija mayor María Josefa nació en 1968 y José Antonio, en 1971. Vivieron en el Cortijo del Praillo y en la casa que fuera de Joaquín de la Sancha, hasta que se asentaron en la casa que actualmente habitan, heredada de sus padres y que antes había sido de Blas Zamora y que en 1971 reformaron.

Su marido en 1969 se fue a trabajar a Alemania. Ella como muchos fuentealameños también tuvo que emigrar, en concreto estuvo en Francia durante 4 ó 5 temporadas en la recolección de la fresa y de la manzana, donde recuerda que para pedir huevos al patrón tenía que ir cada día con un huevo en la mano. En la Mancha estuvo en la vendimia, en Gurrea de Gallegó, provincia de Huesca, recolectando espárragos, y en Lucena en la aceituna. En los cortes de Fuente Álamo ha estado en la recolección de aceitunas con los Curas, en los cortijos de la Cabrera y del Coscojal.
Pero no solo fueron el servicio doméstico, el campo o la costura las actividades que desarrolló Mercedes, sino que también, como algunos otros en el pueblo, hizo de practicante y ponía inyecciones como el/la mejor profesional. En alguna ocasión se le fue la mano a la hora de relajar el músculo del glúteo de la paciente, y en vez de dar una pequeña palmada, pegó un verdadero cachete, que hizo que su sobrina Loli Pérez, diera tal grito, que la enfermera se asustó y  no fue capaz de atinar con la aguja.
No ha tenido una vida fácil por lo aquí visto, pero dice que lo más malo, ha sido cuando su marido enfermó. También su hija de muy niña estuvo mala.  Recuerda que cuando estaba su marido en Alemania, la llevó al Santo Manuel, y éste le preguntó que si la había llevado al médico; ella le dijo que a los médicos de  Alcalá la Real, y el Santo le recomendó que la llevase a los de Granada, al tiempo que también la tranquilizó diciéndole que no tenía nada del corazón, que era lo que ella más temía. Ni cree, ni deja de creer, pero aquello la tranquilizó, pues en Granada fue donde la curaron. Por eso piensa que “el Santo” le ha hecho cosas para creer. Otra cosa que le hizo el Santo Manuel, fue cuando su marido se tenía que operar de un oído, del que apenas oía. Él no quiso ir al Santo  y ella fue con otras amigas, y le dijo el Santo Manuel que si se le había metido en la cabeza en operarse y él quería, que le dejase, pero que no iba a tener beneficio. Y efectivamente perdió el oído. Insiste en que no es creyente, pero “ha ido a la precisión”, tiene fe en Dios y a veces se enfada con él sobre todo ahora cuando ve lo que está pasando su marido, con esos ataques de tos.
Recuerda que no le gustó que le dijera su suegra que llamase a su marido que estaba en Alemania, diciéndole que como la niña se muera, incluso le dijo su suegra a la Venturilla de Brígido, “que la niña estaba muy mala y no quiere llamar su marido” y la Ventura le dio ánimos le dijo: “que va a estar mala la niña y tiene mejor cara que yo” y eso le dio muchos ánimos. Tampoco le gustó que le dijese su suegra que su marido estaba con otra mujer en Alemania, porque quería que lo llamase para que se viniese, estuvo dos años, ella estaba tranquila pues pensaba que con otra no podría estar porque el dinero de todas las mensualidades se lo mandaba íntegro.
Otro de los conocimientos que tiene, que se lo enseñó su pariente llamada Elisea y que antes practicaba era el decir El Rosario. Lo ha echado muchos años en Fuente Álamo. Dice que, por echar el Rosario no cree más en los Santos, o en la Virgen. Nunca tuvo creencias o aficiones fuertes. Recuerda que si no la dejaban sus padres ir a alguna fiesta, ella no se disgustaba. Eso sí, le hubiese gustado de mozuela estar más gordita, pues se llevaba en aquella época y ella siempre tuvo complejo de ser alta y delgada. Ha ido a la playa pero ya de mayor, le gusta ver el mar pero no tomar el sol; sobre todo a raíz de que una vez fue y se echó aceite en vez de protector solar y se quemó gravemente. Según ella se “achicharró”.
Como hemos dicho ha pasado muchos miedos, así recuerda que en una ocasión un coche conducido por su cuñado Marcelino dio una vuelta de campana, resultando ambos ilesos, también recientemente ha tenido otro percance similar.
Sus mejores amigas de mozuela eran Dorotea de José Pérez Lizana, Josefilla de Expecta, pero como esta era más baja, no se podía juntar con ella para formar pareja en los bailes. Dorotea, Encarnita, la Mercedes de la Genara, ect.. eran otras de sus amigas. Dice que tuvo muchos pretendientes, casi uno en cada baile. Pero novios formales tuvo a Amador Pérez, solo que por poco tiempo, pues se fue a Barcelona. Luego, por carta estuvieron más tiempo correspondiéndose. Después conoció a su actual marido, su “Nene”, con quien lleva felizmente casada 50 años.

viernes, 22 de abril de 2016

MIS LUGARES FAVORITOS DE FUENTE ÁLAMO. VII PARTE.


LAS AMOLADERAS
PÁGINA EN PROCESO DE REVISIÓN

lunes, 28 de marzo de 2016

SEMANA SANTA 2016 EN FUENTE ÁLAMO




       La Semana Santa 2016 en Fuente Álamo ha trascurrido como en años anteriores, quizás con menos gente. Por lo que aquí os dejo el enlace. http://historiadefuentealamo-jaen.blogspot.com.es/2015/04/semana-santa-en-fuente-alamo.html










    Durante la mañana del Viernes Santo tuve la suerte de hacer con mi familia un “vía crucis” particular, por las calles de la Aldea, recorriendo los barrios más típicos, que casualmente coincidió con las 13 estaciones de penitencia: Piquera, Centro Social, Cantera, Cortijillo, Calle Sacristán, Cerro, Era de Lázaro, Era de Manolito, Zona de la Mina, Escalerilla, Casa de Pedro, Fuente, Iglesia, Escuela y Casa de Mariana (mi madre). Por unas calles casi desiertas, nos acompañaron en el recorrido algunos perros que con sus ladridos, nos recordaron que éramos forasteros. La primera estación la hicimos en casa de mi hermana Loli, en la Piquera, donde pudimos degustar unos ricos pestiños. Continuamos nuestro viaje y nos encontramos con unos vecinos británicos: Kevin y Sue, preparando el remolque de caballos, y nuestra vecina Mercedes “La Correa” a quien su hija Ángeles la estaba peinando para la ocasión, cerca del Centro Social, donde hicimos otra estación, para leer algunos de los carteles antiguos fijados en su tablón de anuncios, así como para contemplar las preciosas vistas en dirección a La Rábita. Llegamos a la zona de la antigua Cantera, donde hay instalado un panel indicativo con el letrero de “FUENTE ÁLAMO”, que reluce flamantemente, y que nos recuerda dónde nos encontrábamos. Llamamos a nuestra vecina Paquita, pero no respondió a nuestro requerimiento, seguramente estaba de viaje con sus hijos. Continuamos nuestro especial recorrido, ahora acompañados del perro de Juan y Feliciana, que no sé cómo se llama pero que fue muy amable y nada peligroso. Al subir camino del Cortijillo, decidió abandonar el recorrido, pero nosotros seguimos hasta coronar la zona donde Expectación vivió, pudiendo observar las preciosas vistas dirección a Las Grajeras, así como algunas gallinas y gallos, seguramente sucesoras de aquellas gallinas de Expecta que antaño acamparon libremente y a sus anchas por El Cortijillo. Bajando nos encontramos con una jauría de perros que decidieron ladrarnos al compás,  como si quisieran hacernos un acompañamiento musical al paso. Llegamos al final de la Calle Sacristán y subimos dirección al Cerro, donde conversamos con nuestros vecinos Quisco “Richar”, Sergio y Javier de Mandurria, asimismo pudimos disfrutar de las vistas hacía las Aldeas de Priego de Córdoba... Hicimos una nueva parada estacional casa de mis tíos Nono y Filo, donde de nuevo degustamos unas tapas típicas de Semana Santa, aquello del bacalao y los crustáceos. Pero no pudimos aprovisionarnos mucho, porque nos quedaba bastante recorrido. Así que llegamos a la Era de Lázaro, con sus magníficas vistas a las Chozas de Vizcántar; luego bajamos hasta encontrarnos la casa de Feliciano y Manuel, con quienes charlamos unos momentos y les dimos las felicitaciones para su hija y nieta Estefanía. El camino continuó hasta llegar a la Era de Manolito, hoy de Antonio Carrillo, donde hicimos una parada para descansar, al mismo tiempo que escuchábamos una especie de saeta canina interpretada por los perros de Carrillo. Habíamos llegado casi a la Zona de la Mina desde donde se observan unas vistas magníficas de la Hortichuela y otra más cercada de La Torre. Nos quedaba el pronunciado descenso de calvario por las Escalerillas. No estaban los vecinos Luis y Consuelo, ni Antonio Carrillo y Conchi,  pero sí a un vecinillo llamado Dani, quien nos informó de su paradero. Llegamos a la Casa de Pedro Vega, hoy abandonada, pero en la que aún permanecen restos de antiguas lámparas de luz eléctrica pública. Descendimos hasta La Fuente, donde quisimos refrescarnos y aliviar nuestras penas, pero no pudimos, pues apenas tenía agua. Así que continuamos hasta la Iglesia de San Antonio de Padua, llegando por fin a la Casa del Señor, donde recordamos el día que estábamos viviendo. Continuamos hasta la antigua Escuela, y subimos por el callejón hasta la Casa Mariana, quien nos estuvo enseñando sus flores y nos ofreció cobijo y comida.



    El Viernes Santo, después de la degustación de los platos típicos tradicionales, sobre las 17 horas se hizo el verdadero Vía Crucis en la propia Iglesia de San Antonio, con el recorrido de  las 15 estaciones interiores, además de la participación de algunas mujeres de fuentealameñas y la colaboración especial de dos hermanas religiosas de Cristo Rey. 
    Por la tarde, gracias a una escapada recordé lugares que no había visitado desde que era un niño. Aunque perteneciente al término de San José de la Rábita, lo vemos tan cerca de frente, que siempre tiene uno la tentación de visitarlo; se trata del Cerro de Juan Cano, donde quedan restos de trincheras de la Guerra Civil y de la Casa Encantanda. Numerosas historias nos contaron sobre ella, como aquella de la Vieja de los Higos con la llueca. La búsqueda de espárragos no fue muy fructuosa, solo encontré 10 ó 12 muy endebles y un olivo acebuche, que espero que rebrote en mi maceta. Coroné el cerro y disfruté de sus pinares y de las vistas en circunferencia, sobre todo dirección a Fuente Álamo. Aparte de las plantas autóctonas, pude ver un gazapillo, unas palomas torcaces, un nido enorme, y un ave rapaz que no llegué a identificar, así como un mochuelo.
   El resto de la tarde la dediqué a charlar con mis amigos en el Bar Padi. Con José y Kevin, jugué un chinchón y perdí.  Con Vicente Martín tomé un gintonic y charlé con Feliciano Ibáñez, quien cuenta con 92 años de edad, y su mujer Justa, ambos celebrando el cumpleaños de ésta, el octogésimo creo recordar. También compartí unas cuantas horas con otros muchos vecinos y amigos: Vicente Padilla, Quisco Aguilera, Daniel Fuentes, Lee e Irene Young, Vicente Cervera, Vicente Ibáñez, Juan Aguilera Viana…

Conforme la tarde caía, aproveché para visitar a mis familiares cercanos, especialmente a mi tío Pepe…

lunes, 14 de marzo de 2016

RELACION ENTRE ÁLCALA LA REAL Y FUENTE ÁLAMO





Intentaré reflejar la relación que a lo largo del tiempo ha mantenido Fuente Álamo con la ciudad a la que pertenece administrativamente: Alcalá la Real, fundamentalmente en el periodo que yo he conocido. Lo haré siempre desde mi punto de vista, que puede coincidir o no con la percepción que cada uno tenga. Lejos de crear polémica, mi intención es la de mejorar dichas relaciones, si es que es necesario, y desterrar esa concepción  asociada a los fuentealameños de  súbditos o ciudadanos de segunda.
En tiempos ya históricos, la Torre de Fuente Álamo, como las demás atalayas, cumplía la función de vigilar y controlar las líneas fronterizas, para proteger a los habitantes de la Fortaleza de la Mota (moros o cristianos según la época). En tiempos de paz, con el dominio cristiano de la zona, dejó de tener esa función; y muy posteriormente, ya a partir  del siglo XIX, al desaparecer el alcaide encargado del cuidado y mantenimiento, sumado a la despreocupación de los organismos públicos (entre ellos, el Ayuntamiento de Alcalá la Real), el abandono ha sido total.
 Ni la declaración de Bien de Interés Cultural  por el Ministerio de Cultura  con la asignación del código de registro R-I-51-0007862 del Registro General de Bienes de Interés Cultural, ni la inclusión con la categoría de Monumento, en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz  por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía mediante Orden de 10 de marzo de 2003, han servido para que el Ayuntamiento de Alcalá la Real, titular del declarado bien, dedique ni un solo real, peseta o euro, para su rehabilitación y puesta en valor. Nadie recuerda en la Aldea que para mantenimiento, rehabilitación o restauración se hayan destinado recursos materiales o humanos. El dinero y recursos humanos van destinados al “Monumento de la Mota”, sin tener en cuenta que La Torre forma parte de dicho monumento y que sin ella no se puede entender el Conjunto Monumental de la Mota, en torno a la cual  formaba parte de un cinturón protector.
Fueron muchos los factores que influyeron en la desaparición de los Baños de Ardales, pero uno de los principales fue las malas comunicaciones que conducían a ellos. Así en los informes sobre los baños de Fuente Álamo en 1877,1878 y 1879 se reseñaba: “… pésimas condiciones de los caminos que conducen al establecimiento…” “…necesita en primer lugar una carretera que empalmara con la de Alcalá la Real, porque los caminos que hoy conducen al establecimiento son pésimos y peligrosos”. “…estos baños distan una legua larga de Alcalá Real a cuyo partido judicial pertenecen, por un camino de herradura de pésimas condiciones…” Como se puede ver, tenemos en el siglo XIX un partido de campo de Fuente Álamo mal comunicado a través de caminos de herradura mal acondicionados, y que distaba una legua larga de Alcalá la Real de la que dependía.
El arrendamiento del Cortijo de Clavijo, propiedad del Ayuntamiento de Alcalá la Real, se convirtió en el principal objetivo de los movimientos obreros fuentealameños de la II República. Desgraciadamente el intento quedó frustrado con el inicio de la Guerra Civil, si bien, en ese periodo dicha propiedad fue incautada para ser explotada por la Colectividad que se había creado en Fuente Álamo. Hasta finales de los años 70 del siglo pasado no pudieron acceder 21 fuentealameños en régimen de aparcería, por la que tenían que pagar una renta anual de 6.500 pesetas al Ayuntamiento de Alcalá la Real. Después, finales de los años 90, pudieron acceder a la propiedad mediante compra.
Durante los tres años que duró la Guerra Civil, o más exactamente, desde la toma de Alcalá la Real el 30 de septiembre de 1936 hasta el final de la Guerra, la ciudad y la aldea quedaron separadas y en bandos contrarios. Hubo un periodo de tiempo, ya casi al final de la Guerra, en que los órganos municipales republicanos (Comisión Gestora Municipal) se instaron en La Rábita, desde donde era administrado civilmente Fuente Álamo, mientras que la Zona Nacional era administrada desde Alcalá la Real.  Esto hizo que una vez concluida la Guerra Civil se volviera a castigar a los “súbditos rebeldes” y la Guardia Civil instalada en el cuartel de San José de la Rábita se encargase de ejecutar la represión. Los súbditos continuaron solicitando el “perdón”, y las venganzas se  aplicaban unas veces de forma solapada y otras de forma directa.  Fuente Álamo, desde mi punto de vista, al igual que las otras aldeas que habían quedado en zona republicana, sufrió mayor castigo y marginación que las aldeas que quedaron en zona nacional gobernada desde Alcalá.
En épocas más cercanas a la actual, el olvido hacia la aldea continuaría, sobre todo durante las décadas de los 60 y 70 e incluso de los 80 del pasado siglo. Aquella carretera de piedras, por la que el autobús transitaba durante una hora hasta Alcalá; no fue asfaltada hasta los años 70. El tiempo pasaba y todo permanecía igual, apenas se producían cambios en las infraestructuras. Por poner algunos ejemplos, hay que decir que los saneamientos y el agua corriente en las viviendas no se instalaron hasta ya finalizados los setenta; se tardó en construir un campo de fútbol una década (desde 1979), que después sería destruido para instalar pistas deportivas en medio, y hasta 2008 no se construyó una buena carretera que enlazara la aldea con la ciudad, cuyas obras estaban “proyectadas” desde 1991, tal y como cuenta el que por entonces era alcalde pedáneo D. Santiago Cano. Veamos estas diferencias desde distintos campos.
En lo social, siempre ha habido cierta relación de vasallaje entre los “ciudadanos” de Alcalá la Real y los “cortijeros” de Fuente Álamo, o al menos esta es la sensación que uno tiene, a veces corroborada con hechos que se han ido produciendo y prolongando a lo largo del tiempo. Los fuentealameños éramos los cortijeros que acudíamos a la ciudad a por “mandaos” o al médico, aprovechando un día de lluvia que impedía trabajar en el campo. Éramos los que de feria en feria aparecíamos por la ciudad para ver alguna actuación de variedades, una película de Manolo Escobar en los años 70, montarnos en alguna atracción, retratarnos, comernos un pollo en el asador de la feria o pasear por la feria de ganado viendo cambiar o comprar algún mulo u otro equino. Los que por El Llanillo paseábamos, carpetilla de papeles bajo el brazo, con una mano metida en el bolsillo y la otra balanceándola, o las mujeres con el bolso debajo del brazo; nos reencontrábamos casi todos, una vez realizadas las gestiones oportunas, en un lugar determinado, que en la década de los 60, 70, 80 y casi 90 era el “Bar Pireo”. Este era el lugar de encuentro cuando ya habíamos hecho todos los mandados y las gestiones administrativas y donde se echaba la penúltima copa antes de coger la combinación que nos permitiera regresar al pueblo, pues a diferencia de otras aldeas no se disponía de línea de autobús. Era en las tiendas y en los bares donde realmente nos trataban como verdaderos alcalaínos, o incluso mejor. Sin embargo, en las administraciones la situación era bien distinta
En lo económico, Fuente Álamo era un núcleo rural exclusivamente, por lo que existía dependencia administrativa y comercial de Alcalá. La balanza comercial no era equilibrada, y el dinero obtenido por la emigración y la agricultura era gastado en la adquisición de productos elaborados y en la utilización de servicios alcalaínos, cuyos beneficios no siempre eran revertidos a la aldea. La relación entre pago de impuestos y la prestación de servicios públicos en muchos casos no eran totalmente correspondida. En los años 80 llegó a decir un político alcalaíno que la luz eléctrica que se consumía en Fuente Álamo para el alumbrado público, costaba más que una calle principal en Alcalá la Real. ¿Qué querría decir? El mantenimiento y el cobro de recibos del agua y alcantarillado era gestionado directamente por una comisión de aguas de Fuente Álamo, de la que formaba parte el Alcalde pedáneo D. Santiago Cano, el fontanero Marcelino Pérez y el administrativo Teodoro Ibáñez hasta los años 90, en que el agua llegó  trasvasada desde la Rábita; y el Ayuntamiento de Alcalá decidió gestionar un servicio que había funcionado autónomamente y más barato.
            En lo político, al igual que ocurre en las demás aldeas, el nombramiento de alcalde pedáneo viene impuesto por el Alcalde de Alcalá la Real, ¿dónde está esa democracia directa de los fuentealameños? Solo recuerdo dos votaciones populares para la designación de alcalde pedáneo: en 1979, cuando el por entonces alcalde de Alcalá, D. José Marañón, se vio obligado a ello, rectificando el intento de quitar a dedo al pedáneo Santiago Cano, cosa que no fue aceptada por el pueblo, derivando en una votación popular; y por último, en el año 2000, cuando se eligió por votación popular al actual pedáneo. Además, en más de 40 años de democracia solo ha habido un concejal originario y residente en Fuente Álamo, Pedro Pareja Anguita en la corporación formada tras las primeras elecciones municipales de 1979. Es más, los políticos alcalaínos,  solo se dejan ver por la Aldea cuando hay elecciones o cuando hay algún acto festivo.
            En lo lingüístico, nos diferencia el habla seseante típica alcalaína y su entonación, pues estamos más cercanos a los cordobeses. Siempre me he preguntado, si Fuente Álamo hubiese pertenecido a la provincia de Córdoba, ¿Cómo nos hubiese ido?
            En lo cultural, nos diferencia todo; es necesario que desde Alcalá se proyecte una mayor difusión del teatro, cine y música en la aldea, pues hasta ahora nada de nada. No sería mala idea trae “alguna vez” a la Aldea la banda municipal para dar algún concierto, alguna pequeña actuación teatral, cine al aire libre, ect…
Pienso que de alguna forma los poderes políticos consciente o inconscientemente, entre ellos el Ayuntamiento de Alcalá la Real, intentaron ir cerrando y estrangulando a Fuente Álamo. No se hacían carreteras ni se acondicionaban las existentes: hasta el año 2008 la aldea no tuvo una buena carretera que enlazara con su ciudad. En 2010 se cerró la escuela por falta de niños, la gente prefería irse a vivir a Alcalá para ser un ciudadano de primera. Se destruyó el campo de fútbol, partiéndolo por la mitad para hacer una pista deportiva, porque no había jugadores.  Así, antes de que  llegase el boom inmobiliario, se desvalorizaron las casas en Fuente Álamo, mientras que se revalorizaban las viviendas en Alcalá, o al menos así se creía; no interesaba hacer un plan urbanístico como se hizo en aquellos años en La Rábita.
A finales de los años 90 del siglo pasado, se desmanteló el histórico pilar-abrevadero-fuente. Pese a que hubo cierta oposición por los aldeanos, fue otra decisión en la que no se contó con el pueblo para nada y que nunca se les perdonaría a los gobernantes de Alcalá, pues dejaron sin seña de identidad a la aldea. Se alegó la pérdida progresiva de agua en la aldea, pero nunca intentaron buscarla con nuevas perforaciones, pues era un gasto más.
 Nos expoliaron la Villa Romana, sin saber dónde fueron a parar los objetos y los restos de  los cuerpos humanos aparecidos o qué estudio se han realizado con ellos.
Se llevaron el molino de harina de principios del siglo XX para restaurarlo y exhibirlo en el Museo Municipal de Alcalá la Real, en la Sala de la Harina, si bien, podría haberse convertido en un reclamo para los turistas que visitaban la aldea, o destinado al propio disfrute de los fuentelameños.
En definitiva, nos han ido lavando el cerebro de tal manera, que derribaron el histórico pilar porque no había agua, sin llegar a buscarla; cerraron la escuela y destruyeron el campo de fútbol porque no había niños, cuando previamente se habían llevados a sus papás y posibles futuros papás; nos arrebataron el molino de la harina, porque era más rentable su exhibición en la Ciudad; se llevaron los restos humanos y arqueológicos de la Villa Romana, porque supieron expoliarlos para meterlos en un cajón; se apropiaron de  la administración y mantenimiento del agua, para subirnos el precio; no nos hacían carreteras y no nos decían que los gastos del alumbrado eléctrico eran más caros que la principal calle de Alcalá. Todo ello, con el fin único de concentrarnos en la Ciudad, para abaratar gastos y recaudar más impuestos. Por llevarse, se llevaron hasta la pedanía a Alcalá. Eso sí, nos hicieron una escombrera en la zona de Las Amoladeras para dejarnos la basura en el pueblo, (“la mierda” no interesaba llevársela) y cargarse el medio ambiente en una zona de retamales que tardará mucho tiempo en recuperarse.  Y ahora van y nos dicen que no restauran la Torre, porque no está en peligro de caerse, y  eso por muchos acontecimientos que pasen por su alrededor.
Por último y aquí con la Iglesia hemos topado, ¿Dónde estarán restaurándose los cuadros de Melgar que habían en la Iglesia de San Antonio?
Pienso que actualmente, los poderes municipales se han dado cuenta de que algo hicieron mal y ahora que desafortunadamente apenas queda gente en la Aldea y que todo está controlado y que apenas hay oposición, más que esa dependencia jerárquica y de vasallaje, afortunadamente existe una interrelación sumisa y no se sabe hasta qué punto da una más que por la otra. Si bien es cierto, que muchos tuvimos que emigrar porque necesitábamos abrirnos paso, no menos cierto es, que los poderes públicos han hecho poco por evitarlo.
Quiero insistir, que todo lo relatado aquí es visto desde mi punto de vista, si alguien tiene otra opinión que la exprese libremente.

Hay que decir que se han hecho muchas cosas buenas, entre ellas, un Centro Social, pero es necesario dotarlo de medios para ser utilizado.